210301 Otra vez en marcha.
Sin bicicleta y sin poder moverme de casa.
Concebí este BLOG para contar viajes en bicicleta. El año 19 fue espectacular, ya que recorrí una parte importante de la península ibérica, siempre condicionado en ese momento por mis viajes a Valladolid a estar con mi madre y algunas veces con mi hermano.
El año pasado (2020) fue un año en blanco. Me monte en la bici, hice kilómetros, disfrute de algunos momentos “entretenidos”, pero no fue igual al año anterior. No pude descubrir sitios nuevos, no me perdí por esos campos o esos montes, simplemente me monté en la bicicleta. Esa es la razón por la que el año 20 y lo que va del 21 no me haya sentado a escribir para este blog. Lo que podía contar era prácticamente lo de todos los días.
Salgo de casa, recorro unos kilómetros, veo como está el “Cerro Garabitas” o el “Cabo Cope”. Visito alguna amistad o simplemente me entrego a la practica del “pedaleo” y poco más.
Empezamos marzo de 2021, aunque hoy haga un día gris en Madrid, se vislumbra (por los árboles, que no por “El Corte Inglés”) que la primavera y el “renacer de la vida” lo tenemos en la yema de los dedos. SE HUELE PRIMAVERA. Es verdad que este año no ha existido el preámbulo de toda primavera, el carnaval. Es verdad también que podría haber escrito sobre “filomena” que nos impidió movernos por la ciudad de Madrid por el desaguisado que el fenómeno atmosférico supuso y supone para la ciudad. El Parque del Retiro sigue cerrado en mas de un 50% y la Casa de Campo poco mas o menos. Pero hablar de ese fenómeno atmosférico supondría que me dedicaba a glosar lo mismo que todo el mundo, a opinar sobre lo “mala” que es la nieve en Madrid y lo poco preparados que estamos para esas circunstancias. Seguramente, si tuviera algún lector fuera de Madrid, habría opinado que los “capitalinos” siempre estamos magnificando nuestras desgracias y que no prestamos atención a los ciudadanos y ciudadanas de otros lugares. Por tanto me dio mucha pereza contar esas cosas.


En cambio hoy, que para todo el mundo es un día normal, el cielo gris, la temperatura próxima a los 10º C. y que aunque la ropa tendida en nuestra casa se esté mojando. Hay algo que me provoca sentarme a escribir, se lo que es, pero no sé cómo contarlo.
Voy a empezar por las cosas nimias, que a nadie salvo al que esto escribe le importa. El día 10 de febrero había recorrido 187,5 km. con nuestra bicicleta y de golpe (sin avisar) decidió dejar de funcionar. Como soy muy insistente en mis cosas, recorrí casi 10 kilómetros hasta que mi cabeza asumiera que la bici estaba rota y que el “Error 12” que marcaba el display decía en serio que para ese medio de transporte tenía dos opciones:
- Limpiarla y dejarla entre los muchos artefactos que mi “síndrome Diógenes” me hace acumular en casa.
- Enviarla al fabricante y ver alguna opción de volver a desplazarme en Bicicleta por el mundo.
Opté por la segunda opción. Me desplacé hasta San Sebastián de los Reyes en Taxi y llevé la bicicleta como si no existiera nada mas importe. Me volví en tren y tampoco fue el “Ocaso de los Dioses” ese trayecto.
Por tanto, estoy sin elemento de transporte. Miento, puedo utilizar el coche de mi señora, el coche de mi hija o mi patinete. Intento evitar la gasolina y por tanto, transporte púbico o VMT (el patinete).
Pero después de contar todas esas tonterías que razón hay para que hoy (1 de Marzo de 2021) me ponga a escribir en este blog.
Lo descubro a partir de este momento. En este tiempo, desde que no escribo en el blog, la vida ha sido un poco anodina. Nos levantamos a las 8:00 horas y según las circunstancias (ahora no puedo) salgo a dar una vuelta con la bici o a la “cosa” de la compra.
En general algo que no interesa a nadie, ni siquiera mí. Pero en este devenir, te van llegando “imputs”, o “noticias” que no se pueden transmitir al mundo mundial.
Hace varios días me llamó el vecino de los últimos 50 años de mis padres en Valladolid. Es un señor de 92 o 93 años. Sus circunstancias personales son de una persona viuda (hace 4 o 5 años), que no ve prácticamente nada y que tenía dos hijos: Rafa y José Joaquín, el nombre de este ultimo hijo era el que he citado si estaba con su padre o hermano o Joaquí a secas cuando se movía en su entorno habitual. Un piso tutelado de la Fundación Personas en Valladolid.



Piso de la Plaza de los Arces en Valladolid donde vivía José Joaquín.
José Joaquín o Joaquín es/era una persona deficiente psíquica que vivía en el mismo piso tutelado en el que había vivido mi hermano Luis Albero. Plaza de los Arces, 1 – Valladolid. Si tenemos en cuenta el tiempo en que mi hermano Luis Alberto y José Joaquín vivieron en casa de sus padres. El tiempo en el que fueron al mismo taller ocupacional y el tiempo que vivieron juntos en la Plaza de los Arces, 1 de Valladolid. Su vida, la de mi hermano y la de Joaquín han sido prácticamente paralelas. Es cierto que nunca fueron íntimos, pero había algo que les unía permanentemente.
Bueno, pues lo que me contó el vecino de mis padres: José, es que José Joaquín o Joaquín había fallecido por culpa del “puto” COVID-19. Y estoy seguro de que en el piso en el que vivía los controles y las medidas de seguridad eran extremas, pero aún así, un muchacho como José Joaquín o Joaquín, de una edad aproximada a los 50 años había fallecido por culpa del “puto virus”. No supe decirle nada a José. Intentaré ir esta semana a verle a Valladolid y darle el pésame, pero cuando le vea seguro que el pasará otro momento “jodido” y yo, pues también mal. Seguro que en casa de mis padre hay alguna foto de José Joaquín, que podría ilustrar este “blog”, he mirado en mi archivo y no he visto ninguna foto.
En cualquier caso va por ti Joaquín. In Memorian.
Y acabo o no los acontecimientos de este blog. Hoy he ido al ambulatorio a pedir cita para Tere, la aplicación de la Comunidad de Madrid no funciona y por lo que me dijo mi mujer el teléfono tampoco. Por tanto el sistema consiste en ir al Ambulatorio, hacer la correspondiente cola. En el nuestro no es mucha y pedir cita con el/la médico. Han decidido que la llamarán mañana. Un día de “baja” que nos cuesta a todos, pero es el sistema.
Después he ido a lo habitual en los jubilados. Jugar al Euro millón, a la Primitiva e incluso al Gordo de la Primitiva. Comprar naranjas y para acabar el recorrido hacerme con un cartón de Herencia, no fuera a ser que no me pudiese drogar adecuadamente.
Cuando he llegado a casa me he encontrado con un grupo de seis u ocho personas. Perdonad la inconcreción, yo venía circulando con mi patinete y lo de contar no estaba entre mis prioridades. Como vamos todos con la mascarilla he reconocido a algunos de los del grupo, pero no a todos. En cualquier caso he reconocido a una de las vecinas de mi casa, en la que llevo viviendo 27 años y ella también. Y a sus hijos, que en su momento jugaron con mi hija.
La relación con ellos, y de eso me arrepiento, ha sido el saludo protocolario de buenos días o buenas tardes, hablar del tiempo y cuando al principio de vivir en esta casa bajábamos a las reuniones de la Comunidad, las cuitas habituales de esas reuniones.


La relación con Luis, el padre de esa familia había sido especial. Es, era un tipo casi de mi edad, tenía la costumbre de ir a trabajar con su traje y sus funciones en el trabajo eran ejecutivas como a mí me tocó durante una buena parte de mi vida laboral.
Sabía por algunas conversaciones que habíamos tenido que era un apasionado de la música, como yo, aunque no puedo decir que tipo de música le gustaba. Y sobre todo me manifestaba su envidia por mi jubilación. Deseaba dejar de usar el traje cada mañana y dedicarse a vivir sin obligaciones como hago yo. No recuerdo bien, pero el año pasado o el 2019, aprovechando que ambos hijos ya se habían ido de casa se decidieron a realizar un obra importante en su piso para adaptarle a las necesidades del matrimonio y probablemente a poder disfrutar del espacio de la forma más cómoda posible.
Además de coincidir con ellos en la escalera o en el ascensor, cada año, a finales del mes de julio. Mas o menos a la altura del día de Santiago, nosotros nos poníamos en marcha hacia Vera. Y coincidía con Luis en la calle con el coche cargado, ellos con destino a la provincia de Cádiz, por lo que también en ese terreno coincidíamos en aficiones. Ellos viajaban a Cádiz en verano, nosotros lo hacíamos siempre que podíamos.
La vuelta de las vacaciones era siempre en fechas similares, no hablábamos de ello, pero coincidíamos. El pasado año, después del confinamiento coincidí con el vecino del que hablo y me contó que por fin había conseguido jubilarse aunque tenía un problema de salud. Le habían detectado un cáncer. Que ya le habían tratado y que de momento todo parecía indicar que podía dar por amortizado ese “mal” y que su objetivo era disfrutar al máximo de su jubilación. Su hija Esther, se me quejaba en el ascensor del sedentarismo de Luis, pero en cualquier caso eran conversaciones de ascensor.


Puerta Tierra – Cádiz.
En estos 27 años de convivencia tampoco nos hemos visto todos los días. Sabíamos unos de otros por la ropa tendida en el patio, o por coincidir comprando en la farmacia o en la panadería.
En cualquier caso, la relación es, era, la que en estos momentos se tiene en los bloque de viviendas de Madrid. Se vive con una gente, se sabe más o menos quienes son tus vecinos. Si hay suerte se sabe el nombre y a que se dedican profesionalmente y poco más.
De la persona de la que estoy hablando si sabía su profesión, no viene a cuento, sabía su nombre y apellidos, dejémoslo en Luis y como ya he dicho sabía sus aficiones y gustos. Tampoco exageremos. Nada tiene que ver con cuando vivía en Valladolid en casa de mis padres y sabíamos en nombre y los apellidos, la profesión del “Cabeza de familia”, las mujeres en aquel entonces siempre tenían la misma profesión: “Sus Labores”. Cuantos hijos tenían, en que colegio estudiaban e incluso los familiares que tenían en el barrio o en la ciudad. Eran otros tiempos.
Bueno, que me pierdo, cuando he coincidido a la puerta de casa con ese grupo familiar se me ha acercado “Rober”, el hijo mayor de nuestros vecinos y me ha dicho que Luis había muerto el pasado sábado. Hoy es Lunes.
El “puto” cáncer, como el “puto” COVID nos había traicionado nuevamente. A Luis no le había dado ninguna oportunidad para que disfrutara de la vida. Había trabajado 11 meses al año, había criado a dos hijos. Había (supongo) pagado un piso donde vivir, También se había ido de vacaciones cada año, pero cuando le llego el tiempo que podía dedicar a sus aficiones o a no hacer nada, la enfermedad maldita le había dicho que su tiempo se había acabado.
Ya sé que he dicho que este blog no se dedica a hechos luctuosos. Pues sencillamente, quería reflexionar sobre la vida. Hoy estoy pendiente de que me devuelvan la bicicleta para poder disfrutar del “camino” y estar preparado para volver a viajar como en el año 19 en cuanto nos abran las distintas comunidades, pero resulta que donde menos te lo esperas te das cuenta de que la vida es “finita”, que si te propones ir de aquí a otro lugar. Que si esperas que tu pareja se jubile para emprender una nueva vida, resulta que circunstancias ajenas a nuestra voluntad pueden “jodernos” la vida.
A lo peor lo que digo a continuación no tiene nada que ver con las conclusiones que los demás sacáis de lo que he escrito hasta aquí, pero a mí me dice: DISFRUTA DE CADA MÍNUTO QUE TE QUEDA. Nadie sabe cuantos son, nadie sabe como van a ser, pero hay una cosa clara si José Joaquín no hubiera disfrutado de recorrer Valladolid a su aire, si Luis no hubiera disfrutado en Cádiz de cada momento que tenía disponible su vida hubiera sido peor.
Hoy, José Antonio, un amigo, publicaba en Facebook un vídeo de “El Moralejo” una pedanía de Caravaca de la Cruz donde el nació. Mi primera reacción ha sido, bueno pues visto ese video, un pueblo o una pedanía que me ahorro de visitar. Pero después, según estaba escribiendo esta entrada en el Blog, le he dicho: Y si en verano, cuando estemos juntos nos vamos a ver a tu pueblo. Estoy seguro de que algo aprenderé en esa visita, estoy seguro de que José Antonio estará feliz de visitar conmigo su lugar de nacimiento y es probable que ambos descubramos que cada minuto hay que vivirlo y claro que nos puede pasar como a Joaquín, como a Luis, pero nuestra obligación es disfrutar de la vida como ellos hicieron.
Por eso, con o sin bicicleta. Con o sin perspectivas de viajes o de hacer cosas diferentes cada día, es importante que cada mañana disfrutemos de estar despiertos y que cada cosa que hagamos sea importante para nosotros. Ya lo decía “Serrat”. HOY PUEDE SER UN GRAN DÍA. Y mañana, y pasado y así hasta que nos llegue la hora como a Joaquín o a Luis.
No nos volveremos a ver, pero estaréis siempre en mi memoria. Cuando mañana (o el día que pueda), tenga Bicicleta y se pueda salir de Madrid y recorrer la península pensaré en vosotros, en lo que teníais pensado hacer y ya no será posible.
Hoy puede ser un gran día
Plantéatelo así
Aprovecharlo o que pase de largo
Depende en parte de ti
Dale el día libre a la experiencia
Para comenzar
Y recíbelo como si fuera
Fiesta de guardar
No consientas que se esfume
Asómate y consume
La vida a granel
Hoy puede ser un gran día
Duro con él
Hoy puede ser un gran día
Donde todo está por descubrir
Si lo empleas como el último
Que te toca vivir
Saca de paseo a tus instintos
Y ventílalos al sol
Y no dosifiques los placeres
Si puedes, derróchalos
Si la rutina te aplasta
Dile que ya basta
De mediocridad
Hoy puede ser un gran día
Date una oportunidad
Hoy puede ser un gran día
Imposible de recuperar
Un ejemplar único
No lo dejes escapar
Que todo cuanto te rodea
Lo han puesto para ti
No lo mires desde la ventana
Y siéntate al festín
Pelea por lo que quieres
Y no desesperes
Si algo no anda bien
Hoy puede ser un gran día
¡Y mañana también!
Joan Manuel Serrat