240501 es difícil rendirse.
Una vez que había dado una vuelta por A Coruña que sigue pareciéndome bonita, pero de la que tantas avenidas en pendiente y tanto edificio alto mi distancian un poco, pase a la fase final del día 29 de abril. Había caminado bastante por la parte próxima al mar y decidí parar a tomar una cerveza en las proximidades del hotel donde me alojaba. Lloviznaba un poco, pero tanpoco era trascendental. Concluida esa parte de la clásica ceremonia vespertina busqué en el señor google un sitio donde cenar y me volvió a recomendar el lugar donde había comido. Hasta allí me desplacé y estaba completo. La ventaja que tiene disponer de tiempo es que puedes esperar hasta que se queda una mesa vacía.










Sentado en una mesa alta comprobé que además de la cocina que tenían dentro del establecimiento había un pulpeiro que situado en la calle preparaba las raciones de pulpo.
Me pedí una y constaté dos cosas, la primera que los tradicionales platos de madera en los que se sirve el pulpo son cada vez mas pequeños. La segunda que el pulpo estaba realmente delicioso. Manifesté mi aprobación por lo bien cocinado que me había parecido el pulpo y el pulpeiro se puso de charla un rato conmigo. Me reconoció que todavía tenía las ollas de cobre pero que cocinaba en las de acero inoxidable por alguna prohibición sanitaria sobre el uso de la olla tradicional.



Entre unas cosas y otras se me hicieron las once de la noche y me retiré hasta el hotel. Tampoco, pese a ser una zona bastante céntrica vislumbré que hubiera mucho ambiente. Estoy seguro de que mis sentidos, desarrollados en otra época de mi vida para encontrar la marcha de los lugares, se han atrofiado ante la falta de uso. Así que antes de las doce de la noche me acosté en A Coruña. La tarde y el principio de la noche había transcurrido entre momentos de claros y chubascos cortos.
En el amanecer del día 30 de abril, cuando me desperté y preparé las alforjas para emprender la marcha tuve la ocurrencia de mirar por la ventana, hasta ese momento como estaba en un cuarto piso de nueve veía gris el día, pero no me había percatado de que estaba diluviando.
Bajé tranquilamente a desayunar al bar más próximo al hotel y en los diez metros que había desde la puerta del hotel al bar, y pese a bajar con el chubasquero puesto, me empapé.
Como soy especialmente terco, sobre todo cuando estoy de viaje con la bicicleta, no había querido hacer caso a los dos señores o señoras del tiempo que tengo alojados en el teléfono. Llevaban mas de una semana diciéndome que en la zona de Galicia por donde yo me iba a mover la climatología indicaba que se producirían lluvias intensas. Que razón tenía yo para pensar que acertarían con sus previsiones. Solo la realidad me situó en la disyuntiva necesaría en ese momento. Seguía adelante y por tanto recorría todos los kilómetros que tenía como objetivo para ese y los siguientes días bajo la lluvía, me buscaba un alojamiento en donde estaba y esperaba tranquilamente en un hotel hasta que cambiara el tiempo o la que al final decidí tomar. ME RENDÍA y volvía a casa sin cumplir el objetivo marcado.
Obviamente, con la poca sensatez que debe quedarme, decidí que me volvía a casa. Y a partir de ese momento empezaron las dificultades para volver.
Primero pensé en mandar a Hortensia por una empresa de transporte y volverme tranquilamente en tren. Ya recogería la bicicleta el día 3 de mayo en Madrid.
Me puse en contacto con SEUR (que anuncian un servicio de transporte de bicicletas en su página WEB), y telefónicamente me dijeron que me costaba unos 120 euros el traslado de la bici. Me hicieron una confesión (supongo que bajo cuerda) que si lo contrataba en la página web me costaba la mitad. Pues a contratar el servicio en la página de SEUR. Seguía diluviando. Cuando me pregunta la página por las dimensiones del paquete y le decía el tamaño de Hortensia me indicaba que no estaban permitidos los paquetes mayores de un metro. Opción SEUR abandona a las 9:30 horas de la mañana.
Segundo movimiento, me voy en tren hasta Santiago, que siendo la capital de Galicia tendrá mejores comunicaciones que el resto de las ciudades de esa comunidad. Subí a la habitación, cargué con las alforjas y monté la bicicleta en posición de marcha.
Pese a ir pertrechado con todas las prendas impermeables que me había llevado, en el kilómetro y medio que hay desde el hotel a la estación, llegué con necesidad de cambiarme completamente de ropa. No lo pude hacer.
Conseguí un billete para la bici y para mi en un tren que salía de A Coruña hacía Santiago de Compostela a las once de la mañana. En la taquilla donde compré el billete para ese tren me dijeron que en ningún tren que realizara el viaje desde Galicia a Madrid se admitían bicicletas. Empecé a ponerme nervioso.
Descarté la opción correos, en un viaje anterior la empleada de correos De Santiago ya me había dicho que mi bici no cabía en las cajas que tienen preparadas al efecto y que por tanto no podían trasladar a Hortensia.
En ese momento se me ocurrió recurrir a una compañera y un compañero que tuve cuando trabajaba en Renfe y que todavía siguen en la empresa. Hicieron algunas gestiones y me aseguraron que en un determinado tren podía existir plaza para una bicicleta en ese día.
Al ir a montar en el tren camino De Santiago el paisano del escáner me dijo que llevaba bombonas de CO2 en la alforja y que no podían pasar. Otra pequeña dificultad. (Aclaración: las utilizo en vez de la bomba de la bicicleta).
Nada más llegar a Santiago me coloqué en la taquilla para sacar el billete en el tren recomendado por mis excolegas. Después de una buena medía hora de espera me toco el turno y la mujer que me atendió se lo curró maravillosamente y a las 12 de la mañana tenía mi billete de tren para la bici y para mí en un tren que salía De Santiago a las cinco menos cuatro minutos.
La compañera y el compañero con los que había hablado de Renfe hicieron algunas llamadas para que la “interventora” del tren no me pusiera ningún problema.
Resuelto el problema de la evacuación De Santiago. Había también consultado horarios y disponibilidad de plazas en los Alsa y hasta había mirado alquilar una furgoneta para hacer el viaje por carretera. Lo había mirado todo antes de recurrir a las amistades.
Podía dedicarme a otra cosa. Decidí ir a por las COMPOSTELAS que había ganado haciendo los caminos de invierno e inglés. Como ya, por experiencia, se donde está la oficina del peregrino me dirigí directamente al lugar.


Tuve suerte, seguía lloviendo, por tanto, el número de peregrinos que se acercaban en ese momento era escaso y me atendieron rápidamente. Otra cosa fue que según ellos el camino inglés no lo había realizado como dice el señor Obispo y solo me dieron (me vendieron) una COMPOSTELA. Peor para ellos, el señor nuestro señor, como dicen ellos sabe que yo he recorrido bastantes Caminos y por lo tanto me llevará al cielo o donde le de la gana en su momento. Digan lo que digan los papeles que concede el obispado.
A la una en punto de la tarde estaba a la puerta del establecimiento donde pensaba comer. He llegado a un acuerdo con el dueño del lugar para no citar el nombre, me aseguró que no necesitan publicidad y a mi me viene bien que cuando vuelva a Santiago tenga un pequeño sitio en ese bar. El establecimiento me le recomendó Alba, pero de mi boca no volverá a salir el nombre del mismo.
Una ración de empanada de xoubas, una nécora y unas pocas cigalas fue la comida. Maravillosa comida.



Ya tenía resuelto todo lo que tenía que hacer en Santiago y por tanto me dirigí hacía la Estación para tomar café y hacer tiempo hasta la salida del tren.
En el control de acceso se repitió un episodio que ya había narrado en un viaje desde Córdoba. Aplicando la “supuesta” normativa, hay que desmontar la bicicleta antes de pasar el control y luego arrastra la bicicleta y el resto de los bultos hasta la puerta del coche que te corresponde. Cargar en el tren la bici embalada, la rueda delantera por separado y en mi caso las dos alforjas, el casco y los guantes.
Los mesopotanicos cuando inventaron la rueda hace ya más de 6000 años ya sabían que cualquier elemento que lleva ruedas se mueve con más facilidad que aquellos que no las llevan. Al final, otra vez a sacar el carnet de Renfe para que me dejaran pasar. ¿No sería más adecuado que modificaran la normativa y se permitiera pasar con la bicicleta montada hasta la puerta del tren?
Desmonté la bicicleta la coloqué en el lugar procedente y me fui a sentarme al asiento que me correspondía. Pude leer y escuchar música con toda la tranquilidad que te proporciona un tren con niños, pero mucho mejor que seguir embarrancado en Galicia y con lluvia era.
Llegamos a Madrid – Chamartín Clara Campoamor a eso de las 20:30 horas. Monté la bicicleta y dejé pasar delante de mí a las personas que habian necesitado una silla de ruedas para desplazarse por la estación. Cuando vi que habian subido en el ascensor de la vía 15 me acerqué hasta el mismo con todo organizada para volver a casa pedaleando. Última dificultad del día, el “puto” ascensor funciona con llave y tienes que buscar al empleado o empleada que tiene la llave del ascensor. Lo resolví con bastante rapidez.
Saco varias conclusiones de todo lo contado. Que el día 30 de abril no era mi día, que los medios de transporte no están concebidos para la gente que hace el Camino De Santiago en Bicicleta y mucho menos en otros sitios y que es terrible tener que recurrir a las amistades para la cosa más normal del mundo. Es difícil rendirse en este mundo.






Hoy, pues como siempre que he podido, a la manifestación del PRIMERO DE MAYO. Sigue pareciéndome que la marcha se hace cada año mas lenta por la edad de la mayoría de gente que participamos en ella y que como el publico no se renueve en unos años nos llevarán a los participantes con andador. Allí he estado esta mañana. Y esta vez he dejado descansar a Hortensia.














Bueno, no hay mal que por bien no venga, así ves a hija y a nieta☺️
Mariano ya lamento tu contratiempo con la metereologia peroo efectivamente..eres muy terco. Como buen jubilado. Aunque como dice hija mayo, así las ves antes….las viandas de esta entrada son manjares….Yo tampoco logro entender lo de las bicicletas en Renfe, menos mal que continuas teniendo contactos……Este año mis días de playa no me han permitido ir a la «manifa»….pero en sentimiento y lucha estaba. Bienvenido…ya estoy deseando volver a leerte.
Un abrazo de tu groupie favorita.