210723 Vía Verde de Negrín.

Dice la Wikipedia, que por otro lado no me gusta, que tras el comienzo de la guerra civil durante el otoño de 1936 las fuerzas sublevadas se acercaron a la capital, cortando los ferrocarriles que unían Madrid con Andalucía y Levante. El asedio de la capital se vio reforzado tras la batalla del Jarama.

A iniciativa del presidente del gobierno republicano Juan Negrín -razón por la que se le conoció como vía Negrín – se decidió emprender la construcción de una nueva línea férrea que permitiera enlazar de nuevo a la capital. En torno a 10.000 obreros llegaron a participar en las obras, siendo buena parte de ellos prisioneros sublevados, mientras que el resto eran voluntarios o efectivos del batallón de fortificaciones del ejército republicano. Precisamente por esta razón, la aviación franquista decidió no bombardear los trabajos de construcción de la línea.

Aunque el reto era que las obras se realizaron en 40 días, estas acabaron durando 100 días antes de que quedara operativa. Debido a la fuerte escasez de materiales que existía tras el estallido de la guerra. Para la se llegaron a reutilizar los raíles de otras vías que no estaban operativas o procedían de vías muertas. Con tal fin, llegaron a reutilizarse raíles desmontados que procedían de la de la estación de clasificación de las Matas que poseía la compañía norte en Madrid o de la línea Madrid Ávila.

Esto es lo que cuentan de la Vía verde que he recorrido hoy. Llevaba diez días encerrado en casa por un “maldito” positivo (sin síntomas) de mi hija y hoy finalmente he decidido que volvía al camino.

Por la mañana, una vez que le he dejado el desayuno en la puerta de la habitación de mi hija, he bajado a por la Bicicleta y la he cargado en el IBIZA. Un rato por el túnel de la M30 para salir directamente en la carretera de Valencia. Era el objetivo. Que conste que aunque era bastante pronto y estaba algo nublado el calor ya amenazaba con ser fuerte.

He llegado bastante bien hasta Carabaña. Y nada más entrar en el pueblo he aparcado el coche y me han indicado que justo allí empezaba la vía verde.

Todo el operativo habitual. Bicicleta, alforja, bidones, baterías. Vamos lo habitual para ponerse en marcha poco antes de las 10 y sin ninguna dificultad.

Voy contando cosas de la vía verde. Su construcción debió costar bastante dinero, está totalmente realizada en asfalto de color rojo que ya ha desteñido y en los tramos que no hay asfalto (pocos) es cemento también de color rojo. Los mojones kilométricos están situados al lado izquierdo de la vía y no falta ninguno.

Dicho esto, no hay ningún cartel que haga historia de ese ferrocarril, por eso he recurrido a la Wikipedia, y el mantenimiento del camino deja mucho que desear. A lo largo del camino, hay personas interesadas en que se confunda la vía verde con el Camino al monasterio de Uclés. Que seguro que es muy interesante realizar pero como mucho será coincidente. Ya he dicho que ni un solo cartel que recuerde la gesta de realizar este ferrocarril en tan solo 100 días o como se llama de otra forma en 40 días.

Aunque algunas de las cuestas a mí me han parecido que tenían una pendiente superior a las habituales en el ferrocarril hemos ido avanzando y poco a poco he llegado hasta Estremera que era el final de la vía verde tal como está concebida en este momento. Nada tiene que ver la vía verde con lo que fue el ferrocarril que unía Torrejón de Ardoz con Tarancón, pasando por Mejorada del Campo, Loeches, Pozuelo de la Republica, Nuevo Baztán, Villar Del Olmo, Oruscu de Tajuña, Estremera, Fuentidueña de Tajo y Belinchón.

Ya digo, ahora lo que es la vía verde va desde Carabaña hasta Estremera y se acabó.

Como voy un poco de “sobrado” y me parecía poco el recorrido he decidido llegarme también hasta la playa Del Río Tajo en Estremera y ya que estaba puesto he seguido el recorrido por la carretera hasta Fuentidueña de Tajo. Ya casi eran las 12 de la mañana y aunque el calor apretaba de lo lindo y los bidones estaban cada vez más calientes y decidido seguir hasta Carabaña a través de la Cañada Real Soriana que me llevaba hasta donde había dejado el IBIZA.

Tras las indicaciones de uno de los desocupados que había en la terraza del bar del pueblo he llegado bien al inicio de la Cañada. Ya me indicó el desocupado que había una subida “cojonuda” al poco de salir del pueblo. Había recorrido poco más o menos tres kilómetros y vi que aquella subida debía ser el puerto del que me habían hablado. Puse uno de los piñones más grandes y le pedí a la bicicleta una mayor asistencia. A la mitad o menos de la subida se partió la cadena. No puedo decir la temperatura que hacía, no llevo termómetro en la bici, pero menos de 40 grados ninguno. En la zona no había ni una sola sombra, así que como buenamente pude le puse un eslabón rápido y en marcha.

Vamos, eso creía yo. Por impericia, por intentar hacerlo rápido o por lo que fuera, puse mal la cadena y la bicicleta no andaba. No es que la bicicleta tuviera dificultades para cambiar de un piñón a otro. Simplemente es que no andaba.

Evalúe la situación y como recordaba que desde Fuentidueña había ido subiendo, supuse que la bici, si la dejaba deslizarse me llevaría hasta el pueblo y si había un taller de reparación de bicicletas la arreglaba y seguía mi camino.

Lo que había pensado se cumplió y salvo un tramo de 200 o 300 metros que me toco empujar la bici, fui descendiendo hasta el pueblo sin mayores complicaciones.

Al lado de las pistas polideportivas del pueblo había una sombra y allí me puse a intentar arreglar la bicicleta. Mis conocimientos técnicos no habían mejorado por que estuviera a la sombra, solo era que estaba más cómodo que en la Cañada Real Soriana.

Cuando había cortado nuevamente la cadena para ponerle “bien” un nuevo eslabón rápido, llegó un tal José que se mostró especialmente colaborador. Tampoco tenía ni idea, pero era colaborador y hablador hasta hartar a cualquiera.

También aparecieron por el lugar dos empleados municipales con una camioneta.

A todo esto, el colaborador hacía distintas pruebas con la cadena y aquello no tenía ninguna pinta de que lo pudiera arreglar ni bien, ni mal.

Comenté a los empleados del ayuntamiento que si había alguien en el pueblo que me pudiera llevar a mí y a la bici hasta Carabaña. Llamarón a un taxista y les comentó que el coche se lo había llevado su hijo a Madrid, por lo que el taxista del pueblo no tenía coche para prestar su servicio.

Se dieron una vuelta por el pueblo mientras José, el colaborador, daba una y mil vueltas a la cadena, eso sí, sin conseguir nada como yo.

Al rato, que ya me parecía mucho tiempo, aparecieron los de la camioneta y se presentó un paisano con una furgoneta Peugeot de color Gris, que justamente era el que me había explicado como ir hasta Carabaña.

Harto de que el problema no se resolviera, y viendo la hora que era, hablé con el de la furgoneta, que también se llamaba José y no me quedó claro lo que me pretendía cobrar por el porte. El calor apretaba, aquello no tenía un arreglo fácil y preferí entregarme de pies y manos a la voluntad del “nuevo” José.

Cargamos la Bici en su furgoneta sin mayor dificultad, y mas o menos, me indicó que habría que poner gasoil a la furgoneta y que eso corría de mi cuenta. Llegamos a un surtidor próximo a la fábrica de Cuétara en Villarejo de Salvanés y me indicó que a la furgoneta se le ponían 15 € de combustible (ya debía estar acostumbrada) y que el estaba “pelado” y que le vendrían bien otros 15 €. Le di 20, pague el gasoil y continuamos viaje hasta el IBIZA.

Llegamos ya cerca de las 2 de la tarde, por tanto, nada mas cargar la bici sin cadena en el IBIZA emprendí el viaje de vuelta a Madrid.

He llegado pasadas las 3 de la tarde y con ganas de beber algo fresco y ninguna gana de cocinar. La bici, ni la he bajado del coche. La he tapado con su “mantita” de viaje y allí se ha quedado.

He comido algo frio y he reposado hasta la hora que abrían VUK BIKES, que es donde Armando me repara la bicicleta.

La he dejado a su cuidado, me ha dicho que el cambio ha sufrido un poco y que no había recambio por falta de repuestos de la marca SHIMANO, por lo que ha enderezado el cambio como ha podido y mañana cuando la recoja veré como ha quedado.

Y así ha sido mi vuelta a las vías verdes. Esta vez de la Comunidad de Madrid.

Había empezado a dictar a la tableta esta entrada del blog y mas o menos lo que he copiado de la Wikipedia lo ha realizado correctamente. Cuando era yo el que tenía que ir recordando y pensando lo que quería poner, no he sido capaz de dictar a la tableta. Donde estén unos dedos recorriendo un teclado que se quiten las modernidades.

Veremos como seguimos y que vías verdes vamos recorriendo.

En sus manos encomiendo mi bici.

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Un comentario

  1. Madre mía Mariano….qué despropósito de ruta…..espero que os encontréis bien, putada lo de Covid….cuidaros. Un abrazo.

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