210717 La entrada más larga del blog. (2)
VÍA VERDE MINA LA JAYONA
La última mañana de mayo empezó oscura. La habitación era tan interior que no llegaba ninguna luz a las 7 de la mañana. Estaba bastante nublado, pero me levanté de noche en aquella habitación.
Como ya tengo alguna experiencia, la noche anterior antes de acostarme, había sacado un par de cápsulas de café de las máquinas de vending del hotel para poder despejarme esa mañana. Cuando tenía todo recogido en el coche, me tomé el segundo de los cafés en la calle con un cigarrillo y me dirigí hasta Fuente del Arco que es dónde empieza la vía verde.
Cuando llegué al pueblo, el primer edificio que encontré era la estación, pero continué hasta el “centro” del pueblo. En el primer bar que había entré y pude tomar además del tercer café, media tostada con aceite que siempre son reservas para andar en bici.
Pregunté allí por las características de la vía verde y un paisano que estaba jugando a la maquina tragaperras, se presentó como el que hacía el mantenimiento de la misma y me dio todo tipo de explicaciones y hasta se ofreció a acompañarme. Decliné la invitación y de sus explicaciones deduje que hay dos partes de la vía verde. La vía verde propiamente dicha, que va desde la estación de Fuente del Arco hasta Azuaga, y lo que en su momento se hacía por transporte aéreo que llegaba desde Fuente del Arco hasta la propia Mina y dónde nunca hubo ferrocarril.
Emprendí el viaje hacía la mina en el IBIZA y comprobé rápidamente que esa subida no está preparada para mis piernas. Los desniveles eran muy pronunciados y el camino era realmente malo. A la primera valla que había que traspasar para seguir el camino di la vuelta al IBIZA y volví hasta la Estación dónde realmente empezaba el camino que yo había ido a hacer ese día.

El primer tramo de esta vía verde va en paralelo a la vía del tren que une Sevilla con Extremadura. Estaba en bastante regular estado. Cuando se pasa ese tramo te encuentras con una vía verde asfaltada.
Al kilómetro o kilómetro y medio del recorrido me encontré con el paisano de mantenimiento con el que había hablado esa misma mañana, que andaba desbrozando las malas hierbas de la vía verde.
Una vía verde con información suficiente para no despistarte. A lo largo de la misma hay muchos vestigios del ferrocarril que por allí pasó. Estaciones, edificios anejos, pozos, herrumbe de material ferroviario e higueras que siempre nos han dado fruto y sombra a los ferroviarios.
El camino, haciendo bastantes paradas para hacer fotos, me resultó cómodo y tenía dos zonas muy diferenciadas.
La primera, pura dehesa de encinas, con un paisaje típico de la dehesa. Muchas puertas canadienses para evitar el paso del ganado entre una zona y otra. Por cierto, no vi nada de ganado, seria por la hora.
Y una segunda, de campos de cultivo de cereal. Tampoco puedo decir qué cereal, desde luego no era trigo, que ese si me le sé. En este tramo el panorama era más llano y los paisajes más lineales. Había dos cruces con carreteras muy bien señalizados, y otros muchos para el paso de tractores que también están señalizados pero que no son tan necesarios.
Al final de este segundo tramo y casi ya en la carretera que se dirige a AZUAGA, vuelven a verse zonas de Encinas.
Como ya no es fin de semana, la gente que se mueve por estos caminos es prácticamente nadie. Un ciclista (con bici de carretera) en sentido contrario cuando hacía el primer recorrido y dos paisanos con su perro casi al final del trayecto.
Llegado ese día hasta el final del trayecto y pese a que había oído que era el día sin tabaco encendí un cigarrillo y bebí un poco de agua. Y a empezar el camino de vuelta.
No saqué una conclusión clara de esta vía verde. Debía ser bastante llana, ya que tanto a la ida como a la vuelta encontré la misma dificultad en el pedaleo.
Antes de llegar a la estación de Fuente del Arco, a un kilómetro vi la furgoneta del de mantenimiento, en la única sombra que en ese momento había en cinco kilómetros a la redonda. Del paisano no pude despedirme. No le vi por allí.
Ya en la estación hablé un rato con un paisano que limpiaba la maleza de su huerto a mano para evitar herbicidas y me fui hasta Villanueva de la Serena.

Tras la comida en un gastrobar recién abierto, tarde tranquila: siesta, visita cultural y alguna compra.
VÍA VERDE VEGAS DEL GUADIANA.

Iniciar el mes de junio en Villanueva de la Serena no es mala cosa. La Vía Verde de la Vega del Guadiana empieza en la Estación actual de Villanueva y llega hasta Logrosán. Un total de 57,7 kilómetros por trayecto.
Empieza el camino paralelo a la vía actual unos pocos de metros y discurre después, por caminos urbanos durante dos o tres kilómetros. Después, por alguna razón que se me escapa, hay un desvío permanente que abandona el trazado de la vía férrea durante más de tres kilómetros. Este desvío pasa junto a fábricas, casas y sobre todo zonas con mucho polvo que levantan los coches con los que coincides en el trazado y que además se molestan por coincidir contigo.
Pasado este primer tramo que no es la mejor imagen de una vía verde, cruzamos el río Guadiana dividido en dos en ese punto y empieza realmente la vía verde. Te vas encontrando con campos de arroz que en esa fecha estaban plantando.
No es la vía verde mejor cuidada, pero si está bien señalizada.
Durante todo el trayecto de los arrozales vamos viendo nidos de cigüeñas al lado de la vía verde, como ya indicaba el manual sobre esta vía que publicó la Fundación de los Ferrocarriles Españoles.
Acabados los campos de arroz que están en las proximidades del río Guadiana por la que vas avanzando, encuentras ya una zona donde se cultivan frutales. Acabada la zona frutícola se pasa a la dehesa extremeña. Se parte como ya he dicho de Villanueva de la Serena y se recorre parte de los municipios de Don Benito, Rena, Villar de Rena, Torviscal, Madrigalejo, Campo Lugar, Navalvillar de la Pela y por supuesto Logrosán que es el final de la etapa.
Comprobé por la poca gente que se movía por esta vía verde que cuando hay algo de animación es los fines de semana. Entre semana, los pocos locos que tenemos tiempo y algún lugareño. Quedan pocos vestigios de su pasado ferroviario en esta vía verde. Al llegar al final del trayecto si se veía algo más de lo que fue la estación de Logrosán. Una aguada y algo más.
Después de descansar apenas 20 minutos. No aguanté la media hora que había decidido descansar, volví al camino. Llegué nuevamente a Villanueva de la Serena a eso de las 4 y media de la tarde y eso que había salido a las 8 y medía. Me costó encontrar un sitio donde me dieran al menos un bocadillo para salvar la situación. En el Bar La Plaza me pusieron un bocadillo de jamón, no sin antes protestar.
Acabada la frugal comida otra vez a la carretera. Destino Malpartida de Plasencia. Otros 175 km para el pobre IBIZA y para mí que conducía.

El pueblo tampoco mostraba demasiadas cosas pero pasamos la tarde entretenidos.
VÍA VERDE DE MONFRAGÜE
El 2 de junio estaba previsto recorrer la vía verde de Monfragüe. Tenía especial interés ya que el inicio de la vía estaba en el municipio de Malpartida de Plasencia, cerca de la estación de Monfragüe, anteriormente llamada como el municipio y mucho antes llamada Palazuelo Empalme. Y tenía especial interés ya que allí nació Mercedes Fernández Martín, alguien realmente importante en mi vida.
El día se levantó un poco raro, no hacía demasiado calor y la etapa era bastante corta, por lo que tenía tiempo suficiente.
Me acerqué hasta la zona de la estación y como pasa ahora en tantos sitios, nadie sabía nada del pasado de la estación y de lo que fue la vida de sus gentes en los años 50 del siglo pasado, que es cuando la estación era un núcleo importante de ferroviarios.
El personal de la estación era gente de paso que no sabía muy bien donde estaba, los trabajadores, que hacían mantenimiento en la vía tampoco eran de la zona. Lo que más me sorprendió era que el que cuidaba una huerta de las que habitualmente están situadas en el entorno de las estaciones, era un marroquí que no había oído hablar de que aquello antes se hubiera llamado Palazuelo Empalme y hubiera estado habitado por un número muy importante de trabajadores del ferrocarril.
Ya estaba a punto de tirar la toalla y me encontré un taxista que había ido a la estación para recoger a alguien. Sin mucha esperanza le pregunté las dudas que tenía y tuve una suerte enorme. El taxista no vivía allí pero había nacido en el lugar. Lo sabía todo, me describió con detalle a que se dedicaba cada edificio de los que allí había en los tiempos de bonanza de la estación. De esa manera entendí la estructura de ese núcleo ferroviario. Y no se quedó en eso, también me explico que la vía verde de Monfragüe empezaba en el restaurante “La Habaza” que estaba a un kilómetro más o menos de la estación.
Con toda esa información pasé un rato visitando la zona y me fui hasta el restaurante citado. La vía verde estaba bastante bien cuidada, pero la información era en ese momento un autentico desastre. No señalizaba el inicio de la vía ni su final. Las distancias que marcaban en sus márgenes eran confusas. En dirección al Caserío de Urdimalas, que es dónde finaliza la vía verde podían valer, pero a la vuelta hacían indicaciones de lo que faltaba hasta el restaurante y poco después indicaciones de lo que faltaba a la estación. En señalización esta vía obtuvo un suspenso considerable.
El recorrido es paralelo a la actual vía del ferrocarril, unas veces por la izquierda de la misma y otras por la derecha. Vas cruzando por encima del ferrocarril varias veces.
El paisaje en esa zona no podía ser otro. Dehesa extremeña en estado puro. Dehesa y ganado vacuno. No pretendo minusvalorar el paisaje. Eran 20 kilómetros de dehesa extremeña con sus arboles y sus toros sueltos. Nada más y nada menos.
En un punto del recorrido vi como sobrevolaban por encima de mí cabeza un grupo considerable de lo que yo entendí que eran buitres. Ya sabéis que no soy experto en aves, pero como volaban y como se movían, eran Buitres. La vía verde concluía poco después en una valla con alambre de espinos. Traspasado el alambre de espinos, llegabas ya por carretera a una finca denominada Casa Haza con mucho más ganado vacuno. Hay sitios en la página de vías verdes que dice que llega hasta la estación de La Bazagona. No vi nada relacionado con esa estación.
Repito que es una vía verde muy transitable, aunque un poco peculiar, las subidas y bajadas de la misma no se asemejan en nada a lo que pudo ser una vía férrea que daba servicio entre Palazuelo Empalme y la Bazagona pero como casi todas, merece la pena ser recorrida.
A las 12:30 de la mañana había concluido esta vía verde y parecía tener todo el día libre y eso cuando estás recorriendo “mundo” no es lo más habitual. Cambié de planes y en vez de irme directamente a Casas del Monte, que es donde comenzaría mi siguiente vía verde, me dirigí hacía Hervás para ver ese bonito pueblo, con la intención de comer algo allí y dormir finalmente en Béjar.
Cuando llegué a Hervás comprobé que estaban cerrando todo para ir a comer a sus casas. Breve visita y me acerqué hasta Béjar con la intención de comer allí y buscar alojamiento. La primera parte (comida) no fue un éxito, no encontré ningún sitio a mano. Lo de pernoctar fue todavía más complicado. De los dos lugares que tenía vistos; en el primero me pedían que antes de hacer la reserva me tenía que inscribir en su página, cosa que obviamente deseché, y el segundo me ofrecía una buhardilla a un precio desorbitado para lo que era. Tuve que desistir y volver a Casas del Monte. Otra vez hacia Extremadura.


El alojamiento en Casas del Monte no estaba mejor que en Béjar. Hay como cincuenta casas rurales pero solo las alquilan enteras y por semanas. Por lo que un viajero solo y para una noche no encuentra alojamiento.
Opté por la solución definitiva. Un Hostal de Carretera. Allí donde duermen los camioneros, tenemos nuestro sitio los viajeros solitarios. No son excesivamente caros, no son nada buenos, pero sirven para aparcar tu cuerpo por una noche.
Comí ya sin muchas ganas en el hostal. Hablé un rato con un ciclista que recorría la vía de la Plata desde Salamanca hasta Mérida y con unas peregrinas que hacían el Camino de Santiago por la Ruta de la Plata.
Tras la siesta y un rato de lectura y escritura, como soy perseverante, me fui a cenar al pueblo. Otra vez pinche en hueso. No había dónde cenar en todo el pueblo por lo que tuve que volver al hostal. Es la virtud que tienen los hostales de carretera, que como los camioneros pueden llegar en cualquier momento, tienen la cocina abierta mucho tiempo. No es una comida para recordar, pero te alimentas a un precio razonable.
En la charla posterior a la cena, uno de los camareros me contó que la vía verde de la ruta de la plata que pretendía hacer al día siguiente llegaba justo enfrente del hostal. Aunque me dijo que lo que había por aquella zona eran las obras que se están haciendo en ese recorrido para alargar la vía verde hasta Plasencia.


















































