230321 Cien horas con HORTENSIA.
Anoche, después de publicar la entrada, si pude cenar a base de pinchos en Zamora. Muy buenos y a precios realmente asequibles. Silla de Bacalao con piñones, Blinis de Foie, Tortilla con salsa de callos y pata de ternera. Todo eso sin problemas nasales.





Volví al hostal Don Rodrigo y a dormir como cada día. Cuando llevas tanto tiempo fuera de casa y cada noche en un sitio, no acabas de enterarte en donde estás, efectos del viaje.
Esta mañana me he levantado un poco tarde, tenía prevista una etapa razonablemente corto y aproveché para descansar un poco más.
Recogí todo, saqué a Hortensia del aparcamiento y ya con todo montado me fui a la cosa del desayuno. Justo al lado de los juzgados zamoranos. Desde allí, el camarero me indicó como empezar mi camino el día. El primer pueblo que he encontrado ha sido Róales del Pan, podía haber salido desde allí si hubiera aceptado la invitación de Nati y Rafa para dormir en su casa. Preferí, como la mayoría de las veces, no molestar. Los agradezco de todo corazón.



Acometí mis últimos kilómetros por la carretera que durante tantas horas me ha acompañado en estos días. Llegué hasta Montamarta y en la parada correspondiente volvió el problema que estos días me ocupa. Entre en el Bar Rosi, que además hacía de estanco para pedir unas tijeras para cortar una gasa y taponar la hemorragia. La señora del bar, puede que también se llamara Rosi, Salió de la cocina con unas servilletas, me ordenó que me sentara en un silla y me indicó que hiciera presión con ellas sobre la nariz. A los cinco minutos comprobamos como había cesado. Me desinfecto las manos y me deseo un buen camino. Siempre hay gente que sabe lo que hace y además es buena gente.



Al poco de pasar Montamarta, y dado que en esta ocasión he optado por el camino Sanabrés cambié la N-630 por la N-631, pasé de una carretera con muy poco tráfico a otra un poco más animada y sin arcén. A través de esa carretera llegué al embalse de Robayo en el río Esla. Comenzaban las subidas, pero nada que no se pudiera soportar.





Acabada la zona del embalse entré en la Comarca de Tábara, pasamos por Pozuelo de Tábara y llegué hasta la capital de la Comarca: Tábara.
Visité en su exterior la Iglesia Románica que es bien de interés cultural desde 1931. La Torre es realmente espectacular.





Como ya eran más de la una de la tarde decidí comer un bocata en el lugar y aprovechar para empezar a poner un sello a medio del camino para “ganar el cielo”. Son las normas del peregrino.
Pedí un bocadillo de jamón y una cerveza. Me puse a curiosear lo que me quedaba por delante en el móvil y apareció la paisana del bar con un bocadillo que era una barra entera. No podía ni creermelo. Aquello habría dado de comer a varias personas. La convencí de que me diera solo la mitad. Tomé un café y total siete cincuenta.

Solo quedaba abordar los ultimos 22 kilómetros de la etapa hasta Santa Croya de Tera, donde tenia previsto pernoctar. Pasando por Litos tomé una carretera comarcal que con subidas y bajados me fue llevando hasta Villanueva de las Peras y al final de la etapa.
Más subidas, alguna bajada y a las tres de la tarde ya estaba en Santa Croya. Me paré en las proximidades del ayuntamiento y del parque existente en el pueblo. Dado la hora no había nadie por la calle y por supuesto nada abierto.
Comprobé que había errado y no había ningún alojamiento salvo el albergue de peregrinos, por lo que tenía que buscar un hostal en algún pueblo próximo. Recorriendo el mapa encontré un hostal en Camarzana de Tera, seis kilómetros y medio más de camino por la N-525. Tampoco ha sido tremendo. A eso de las cuatro ya había llegado y Hortensia ha sido guardada en un lugar privilegiado del Hostal.
El paisaje del camino ha ido cambiado según dejaba atrás la ciudad de Zamora y me iba acercando a las Tierras de Tábara y al valle del río Tera. Hoy solo me ha preocupado una cosa del paisaje. He recorrido parte de los territorios calcinados el verano pasado en la provincia de Zamora, lo tenía en mi memoria pero no lo tenía presente. Cuando he visto los efectos que ocho meses después de los incendios sufre El Monte me he quedado realmente “acojonado”. No es la primera vez que veo los efectos de un incendio en El Monte, pero siempre, siempre, me parece que tendríamos que hacer bastante más para evitar esas gravísimas perdidas.





Probablemente es lo que hay que hacer para que El Monte se regenere, pero ver que desde entonces no se ha realizado absolutamente nada, sorprende cuando menos.
Ojalá este verano no se vuelvan a producir incendios tan impresionantes como los que sufrieron en esta zona el verano pasado. Desgraciadamente, solo es un deseo.
Justifico el título. En una de las aplicaciones de la bicicleta te dice las horas que has pedaleado con ella. Hoy hemos llegado Hortensia y yo a las 100 horas juntos. Para lo que hemos hecho juntos no está mal. Hemos marcado una media de 18,8 km/h. Vamos bien.

En el hostal he pretendido dormir la siesta, pero quizás por que no había madrugado mucho no ha sido posible. He recorrido el pueblo en busca de algo interesante que ver y salvo el paisaje que hay en el exterior del mismo y unas ruinas romanas que hay en él, nada que reseñar.





Por cierto, las ruinas De la Villa Romanda de Orpheus estaban cerradas.

Mañana tengo la intención de acometer parte del recorrido Sanabrés, veremos hasta donde llego.

Mariano… qué envidia me das con esas viandas…tortilla con salsa de callos…hummm… Me alegro que la determinación de la camarera del bar Rosa terminara con tu hemorragia.
Verdaderamente es un espectáculo la torre de Tabara y benditos precios populares los del bokata y cerveza.
Con respecto a Sierra Culebra, no me extraña que se te encoja el corazón… qué necedad la del ser humano….Y… felicidades por esas
200 horas junto a Hortensia…por cierto… parece el título de una novela… Cuídate mucho…un besazo de tu groupie favorita..
Querida amiga, son 100 las horas con Hortensia, pero también puede ser un título de novela u obra de teatro. Que tal va nuestra obra. Un beso para los dos.