230504 Con las manos mojadas.
Anoche rompí con la dieta de pulpo y directamente me pasé para compensar a una carta a la piedra. Llevaba tantos olores del camino acumulados (incluido el del tabaco) que añadir el “pestazo” a carne de ternera quemándose no me preocupo.


Andando volví hasta la pensión P… . Explico a mi amiga Maribel lo de las iniciales. La pensión G… en Triacastela es la única que con esa inicial existe en el pueblo y como pretendía meterme con ellos me pareció más prudente llamarla así. Una vez que había empezado en Triacastela he seguido en Palas del Rei con la única que figura en booking que empieza con “P” aunque en esta ocasión no tuviera intención de meterme con ellos.



Desde donde cené había casi un kilómetro hasta la pensión y pocas ganas tenía yo de andarles pero o lo hacía o dormía en la puta calle.
La noche ha sido especialmente lluviosa, lo sé porque las dos veces que me he levantado al baño estaban callendo “chuzos de punta”.
A las 7 de la mañana parecía que había amainado un poco y en el menor tiempo posible me preparé para ir a desayunar con la bici.
En la “mini” recepción de la pensión no se podía ni poner un pie. Todos los peregrinos y peregrinas que habían dormido en ella habían dejado sus equipajes para que se los trasladaran con alguna de esas empresas de transporte que atiende a los caminantes.
Recogí a Hortensia que me confesó que no había pasado mala noche pese a la lluvía y enseguida estaba en la plaza do Concello para desayunar.
Lo poco que estaba abierto estaba lleno de gentes como yo que tenían intención de coger fuerzas antes de emprender la etapa del día. A muchos de los andarines les quedaban dos o tres días para llegar a Santiago y para los ciclistas era ya nuestra última etapa.
Me había puesto el maillot con motivos del camino y encima el maillot de manga larga que he venido usando estos días. Nada más salir de Palas tuve que parar para ponerme entre el maillot de estreno y el de manga larga un “polar” ya que hacía un frío que te “jodías”. Mucho viento y las nubes no presagiaban nada bueno.
Antes de llegar a Mellid por la N-547 tuve que poner nuevamente el pie en tierra para sacar mi discreto chubasquero. Había empezado a “jarrear” agua y por esta zona se sabe cuando empieza el diluvio pero no está claro cuando finalizaría.



Con el chubasquero escurriendo agua sobre mis pantalones no había forma ni de secarme las manos en ellos para poder utilizar el teléfono y hacer fotos. Soy un usuario intensivo del teléfono, pero los que le inventaron eran tan de secano como yo. Con agua no puedes ponerle en marcha y por tanto no puedes hacer fotos. Eso que os ahorráis.
La lluvia ha sido bastante intermitente. Una chaparrada gorda, parabas en algún sitio para guarecerte de la misma y cuando el cielo se despistaba y dejaba de llover, otra vez en marcha.
Como he realizado prácticamente todo el viaje por carretera no he coincidido mucho con los andarines, lo que si me he dado cuenta cuando ellos confluían conmigo en la carretera es que todos se habían equipado con una capa contra el agua de esas que no protegen nada. Los lugareños han conseguido una buena caja con esas prendas.
Pasamos por Penas, Boente, Arzúa, Penedos, A Salceda y de golpe la carretera que yo venía siguiendo concluía en una autovía que por supuesto no he utilizado.



Me ofrecía el camino un camino un poco peculiar, la N-634. Desde un determinado punto han puesto un carril bici que me alegró la vida, pero solo tenía una longitud de 300 o 400 metros. Luego por la vía de servicio de la autovía y avanzando. No estaba por la labor de parar demasiado ya que mi objetivo era llegar a Santiago antes de que también se me mojaran los calzoncillos que creo que era la única prenda que traía seca.



Ya que circulaba por la vía de servicio de la autovía me metí por probar por el camino que está preparado para los peregrinos. Rápidamente desistí. Estaba todo embarrado, andaban por allí demasiadas personas y tenías que pararte cada 10 metros. A la siguiente oportunidad que tuve volví a la carretera y poco a poco, con lluvias y sobre todo con un viento que amenazaba con tirarte de la bicicleta pasé el aeropuerto De Santiago y el pueblo de la Lavacolla. Subí hasta un monte que yo creía el del Gozo, bajé un poco y desde allí salía una nueva subida hasta el famoso Monte. Me abstuve. Mi camino estaba casi concluido y no quería jugarme el recorrido con más lluvias o mas vientos.
Con un último empujón y siguiendo la estela de las caminantes he llegado hasta el centro De Santiago por segunda vez este año. Cuando empecé a callejear me encontré con un importante grupo de peregrinos a los que escoltaba la policía municipal. Eran de una asociación de discapacitados psíquicos, delante de mí iban dos bicicletas adaptadas para llevar a un total de cuatro personas que debían tener dificultades motoras. He llegado hasta la plaza del Obradoiro y me he realizado la fotografía de rigor. Las manos las había conseguido en ese momento tener secas.

Al grupo le ha recibido en la plaza unos gaiteiros para darles la bienvenida. Ha sido bastante emocionante. Por razones obvias he evitado hacerles fotos.
Me he desplazado hasta el hotel donde dormí en mi viaje anterior para saludar a Julio y que me dijera donde me había reservado habitación para este noche. Creo que a ambos nos ha dado alegria volver a vernos.
Según escribo, no recuerdo el nombre del lugar, pero ya os digo que no es igual que el hotel de la vez anterior. Está en un primer piso en el que una puerta es mi habitación y la otra la cocina del restaurante que está abajo.
Cuando me he secado, me he cambiado de ropa y he preparado todo para enviar la alforja y a Hortensia me he ido a comer al Gato Negro que la anterior vez me recomendó Alba y no pude ir por que era el día de descanso del bar.
Una empanada excepcional de congrio, una necora y unos mejillones. Bien.



La siesta para reponer fuerzas y un viaje andando de 150 metros hasta correos. Lógicamente la empleada que está por las mañanas no estaba esta tarde y me he encontrado con una un “pelín” más estricta. Me ha deshinchado la rueda de la bicicleta y me ha obligado a quitar el guardabarro delantero. Ya veremos como salimos de esta. En cualquier caso Hortensia ya está camino de Madrid y yo me he quedado con una camiseta, unos calzoncillos, unos calcetines y lo puesto.


No hay marcha atrás, mañana tengo que volver a Madrid.
Pasaré la mañana en Santiago para obtener la famosa Compostela de este segundo viaje (el centro de atención al peregrino estaba cerrado cuando he acabado en correos) y perderé el tiempo en la ciudad como hacen el resto de los que han llegado hasta ella andando o pedaleando.
No solo ahora que viajo en bicicleta, siempre he pensado que lo importante es el viaje no el destino. Creo que he disfrutado y he sufrido como corresponde este viaje y ahora lo importante será pensar en el siguiente. Seguiré contándolo en este blog. Gracias por el viaje que cada día hacemos juntos.











Al margen de todo y siguiendo una de mis tonterías. Os pongo unas fotos de los baños a los que voy accediendo.




Y de cena una de Orella. Como la añoraba.

Gracias Mariano por quutarme la duda de las iniciales. Me alegro que hayas terminado sin ningún contratiempo tu segundo «camino». Estáis arrrrrrebatadores Hortensia y tú en la fachada de la catedral. Buenas viandas esta vez. Feliz regreso a casa, ya te estoy echando de menos. Un gran abrazo amigo de tu grooie favorita.
Enhorabuena Mariano por completar de tu camino de Santiago .
He leído todas tus entradas diarias y me has dado bastante envidia, no tanto por el camino en si, como por el ánimo de viajar sólo atreviéndote a cualquier vicisitud que te pueda surgir. Me alegro de que existan personas que lo hagan sin que les tiemble el pulso y, sobre todo, que nos lo cuenten a los demás. Por si algún día de estos yo mismo me sumo a ello… gracias por todo.
Un fuerte abrazo 👏👏👏👍🏻🤗
Mariano, gracias por viajar por nosotros…. Algún día… a lo mejor… quizá…. puede que…. también nosotros nos animemos. Para mí eres un ejemplo. Suerte en la vuelta y hasta la próxima. Ya la estamos esperando