240924 Dulcinea no es mi tipo.

Me pedía Maribel en su comentario sobre la entrada de ayer la receta de duelos y quebrantos. A continuación la tienes:

Ingredientes 

Para 1 personas

  • Huevos 
  • Sesos de cordero 
  • Chorizo fresco 50 g
  • Panceta 70 g
  • Aceite de oliva virgen extra 
  • Sal 
  • Agua con sal

Cómo hacer duelos y quebrantos

Dificultad: Fácil

  • Tiempo total21 m
  • Elaboración4 m
  • Cocción17 m

Como toda pieza de casquería, lo primero que debemos hacer es lavar y preparar los sesitos. Para hacerlo basta con que los escaldemos enteros en agua con sal hirviendo durante cinco minutos y luego los enfriemos en agua fría con hielo.

Mientras tanto, desmigamos el chorizo y lo sofreímos a fuego bajo junto al tocino para cocinarlo y que suelten la grasa, que desecharemos, pues solo nos interesa cocinar las carnes, no la grasa que desprendan.

Fijaros si era un plato importante en la cocina que solo se lo permitía Don Quijote los fines de semana.

El hotel de ayer estaba pelín retirado del centro del pueblo. Como compensación estaba en las proximidades el Bar el Cruce. Cuando acabé de cenar a eso de las once de noche estaba abierto, a las cinco cuando me he despertado para la cosa mingitoría ya estaba abierto. No paran.

Por abreviar el recorrido de ayer no me pasé por el lugar de donde era natural DULCINEA, hoy lo he intentando, pero suponía un desvío de poco más de treinta kilómetros. He decidido que Dulcinea me puede esperar en su pueblo, hoy no era el día de conocer de primera mano a tan insigne dama. Realmente no es mi tipo esa señora.

Después de desayunar en el bar el cruce he tomado el camino hacía Campo de Criptana. He visto los molinos a lo lejos y cuando me acercaba al paraje donde están “los gigantes” he decidido seguir mi camino. Lo mismo me pasó ayer, vi los molinos de Alcazar de San Juan y cuando pretendía fotografiarlos, la vista no era la adecuada.

Desde Campo de Criptana he acometido el recorrido hasta la provincia de Cuenca. He pasado por Pedro Muñoz, Las Mesas, después he cogido un camino que me ha llevado hasta El provencio y desde allí, nuevamente por carretera hasta San Clemente.

Había gente vendimiando, había majuelos a los que todavía no le habían metido mano y tenía el fruto colgado. Los pueblos por los que he pasado están bien para ser de la península vaciada. Poco que ver y desgraciadamente poca gente a la que preguntar por mi camino.

En el camino entre Las Mesas y El Provencio he comprobado como cosechan cebollas por estas tierras. Es momento de acordarse de lo que Don Quijote recomendaba a Sancho en el cuarenta y tres de la novela que nos traemos entre manos.

 

“CAPÍTULO XLIII

 De los consejos segundos que dio don Quijote a Sancho Panza ¿Quién oyera el pasado razonamiento de don Quijote que no le tuviera por persona muy cuerda y mejor intencionada? Pero, como muchas veces en el progreso de esta grande historia queda dicho, solamente disparaba[1] en tocándole en la caballería, y en los demás discursos mostraba tener claro y desenfadado entendimiento, de manera que a cada paso desacreditaban sus obras su juicio, y su juicio sus obras; pero en esta de estos segundos documentos que dio a Sancho mostró tener gran donaire y puso su discreción y su locura en un levantado punto.[2] Atentísimamente le escuchaba Sancho y procuraba conservar en la memoria sus consejos, como quien pensaba guardarlos y salir por ellos a buen parto de la preñez de su gobierno. Prosiguió, pues, don Quijote y dijo: —En lo que toca a cómo has de gobernar tu persona y casa, Sancho, lo primero que te encargo es que seas limpio y que te cortes las uñas, sin dejarlas crecer, como algunos hacen, a quien su ignorancia les ha dado a entender que las uñas largas les hermosean las manos,[3] como si aquel excremento[4] y añadidura que se dejan de cortar fuese uña, siendo antes garras de cernícalo lagartijero,[5] puerco y extraordinario abuso. »No andes, Sancho, desceñido y flojo, que el vestido descompuesto da indicios de ánimo desmazalado,[6] si ya la descompostura y flojedad no cae debajo de socarronería, como se juzgó en la de Julio César.[7] »Toma con discreción el pulso a lo que pudiere valer tu oficio, y si sufriere que des librea a tus criados,[8] dásela honesta y provechosa más que vistosa y bizarra, y repártela entre tus criados y los pobres: quiero decir que si has de vestir seis pajes, viste tres y otros tres pobres, y así tendrás pajes para el cielo y para el suelo; y este nuevo modo de dar librea no le alcanzan los vanagloriosos. »No comas ajos ni cebollas, porque no saquen por el olor tu villanería.[9] »Anda despacio; habla con reposo, pero no de manera que parezca que te escuchas a ti mismo, que toda afectación es mala. »Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina[10] del estómago. »Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra. »Ten cuenta, Sancho, de no mascar a dos carrillos ni de erutar delante de nadie.”

Por lo demás el camino llano y bastante bueno. Me he ahorrado casi 15 kilómetros por ese camino y ha sido mucho más agradable que sufrir el humo de los camiones.

En El Provencio, había tres o cuatro viejos a la puerta De la Iglesia, he visto llegar un coche fúnebre que se acercaba a donde estaban. He huido de allí. Hay cosas que mejor no relacionarse con ellas.

En San Clemente he comido en el Rincón de la Nueva. Un bar sin pretensiones que tenía un magnifico paté de perdiz y un lomo de orza riquísimo. Dos medias raciones hubieran dado para comer y cenar. Se estaba bien en el establecimiento.

Lo del hotel ha sido un poco más complicado. Cuando he llegado estaba todo cerrado. Un teléfono para hablar con la recepción. Al rato apareció por el lugar una señora con su bata de “guatiné”, me ha dado las llaves y una charla sobre la utilidad de cada una de ellas y ha desaparecido.

La habitación está bastante bien, solo hay un problema. Tiene un jacuzzi que no pienso usar y me tocará ducharme a trozos.

No son todavía las seis de la tarde y como las moscas tampoco me han dejado dormir la siesta ya he acabado de escribir la entrada de hoy.

Ahora toca la visita cultural del día. Ya veremos lo que nos depara el lugar.

Según el buscador tengo que ver la plaza mayor, diversos museos (que por supuesto no visitaré) la Iglesia De Santiago Apóstol, la Torre Vieja, el puente romano (que seguramente no sea romano) y el paraje de Rus (que dice google que es un lugar Cervantino). Vamos a recorrer San Clemente.

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Un comentario

  1. Muchas gracias Mariano por la receta de los duelos y quebrantos, creo que no los voy a hacer……los sesitos no son lo mío….saliendo de los callos…poca casquería.
    Tú no eres como «nuestro» Alonso con la cebolla y los ajos, podemos suavizar los olores con un poco de enjuague bucal..je,je.
    Dulcinea seguro que te perdona por no pasar esta vez por su pueblo. Bonitos los molinos de Campo de Criptana, tierra también de «nuestra Saritísima».
    Por cierto que suerte has tenido con el Bar el Cruce, cenar y desayunar temprano….no es lo normal por los parajes que te mueves.
    Buena pinta el lomo y el paté en el Rincón de la Nueva.
    Sin querer ofender a nadie, El Santo Niño de la Bola, tiene que tener un dolor de cuello con esa corona encima, ¡qué desproporción!!!!!!!!
    El hostal Milán no está nada mal, peroooooo efectivamente lo de jacuzzi, sin ducha, un poco peregrino, ten cuidado con los jacuzzis, que los carga el diablo.
    Ya siento lo de las malditas moscas….mira que son «cojoneras» y qué envidia lo de la batita de guatiné, un clásico.
    Ya nos contarás las visitas a San Clemente.
    Un abrazo enorme de tu grupee favorita.

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