230111 Os presento a HORTENSIA.

El día 15 de agosto del año 1959 mi familia se trasladó desde la calle Héroes de Teruel (ahora Doctor Cazalla) hasta la calle Salve Regina (ahora Tierra) en Valladolid. Tenía entonces casi cuatro años, exactamente me faltaban dieciséis días para ese hito personal.

El traslado se hizo ese día por ser festivo y por tanto mi padre pudo tener la ayuda de mis primos Billy (Pedro Miguel), Nandi (Fernando) y Jose Martínez Alonso. Quizás de alguno más que no recuerdo. El vehículo que se utilizó para llevar los muebles y pertenencias que teníamos fue un “carro mano” que consistía básicamente en una plataforma de madera con ruedas y unos largueros para empujar el artilugio. Solo he encontrado una fotografía en internet de ese adelantado medio de transporte.

Imagen encontrada en Internet de un Carro mano.

No sé cuántos viajes tuvieron que hacer para trasladar todo, si recuerdo que en el último viaje yo también me trasladé y debí empeñarme en hacerlo montado en mi triciclo. No tengo fotos del momento pero pongo una fotografía de ese tiempo en la que aparezco en el citado artilugio con ruedas. Debieron acabar hasta las narices de mí tanto mi padre como mis primos. Si era trabajoso hacer el traslado en un “carro mano” hacerlo al ritmo de un niño de menos de cuatro años en triciclo tuvo que ser absolutamente insoportable. Que paciencia tenían entonces las familias.

Foto de marianoenbicicleta.blog en sus comienzos ciclistas.

Supongo que ya viviendo en la calle Salve Regina, a los pocos meses o al año cambiaría el triciclo por una bicicleta “roja” pequeña que tuve mucho tiempo. Del cambio de triciclo a bicicleta no tengo un recuerdo tan preciso como del traslado de casa.

Si recuerdo que como vivíamos al final del barrio de la Victoria de Valladolid y aquello era un descampado sin asfaltar, estábamos casi todo el tiempo en la calle y uno de los entretenimientos mayores era el de montar en bicicleta. También solíamos ir a la Huerta del Tío Chaqueta donde había un moral y un nogal de gran envergadura a la que nos subíamos los muchachos de la zona. Y desde donde también nos caíamos.

Lo de los árboles ha sido para recrear el momento, pero de lo que voy a hablar es de bicicletas que es de lo que se trata habitualmente en este blog.

Yo tenía esa bicicleta pequeña roja y mi padre una bicicleta de caballero negra con transportín donde llevaba su herramental de electricista cuando se trasladaba a trabajar. Mi tío Leonardo que vivió también en el mismo portal tenía una bicicleta de chica verde. Había sufrido la “polio” y tenía un poco de cojera. Le resultaba más cómoda la bici de chica que la de caballero para montarse.

En los años 60 y 70 del siglo pasado, además de ser un divertimento de los muchachos (menos de las muchachas) la bicicleta era el medio de transporte de la clase obrera. No nos había llegado el monetario para otro medio de transporte.

En aquella época como existían tan pocos coches, los ayuntamientos tenían un impuesto municipal para las bicicletas como ahora existe el IVTM (Impuesto de vehículos de tracción mecánica) y eran los propietarios de las bicicletas quienes tenían que abonarle.

Ya he dicho que mi padre utilizaba la bicicleta para ir a trabajar y en su recorrido habitual tenía que cruzar el río Pisuerga por el puente Mayor para ir a la estación de Valladolid Campo Grande, su lugar de trabajo. Cuando el ayuntamiento estimaba pertinente ponía unos controles a primera hora de la mañana (cuando iba a trabajar la gente) en el Puente Mayor que era como un embudo y a aquellos que no habían abonado el impuesto les requisaban la bicicleta hasta que abonaran el impuesto con su correspondiente recargo.

Me contaba mi padre (yo no llegué a verlo) que cuando los trabajadores del barrio de la Victoria se percataban de la existencia de esos controles se movilizaban para ir a trabajar por otro camino evitando así la incautación de su preciada bicicleta. En los años sesenta había solo dos o tres puentes que salvasen el río Pisuerga por lo que tenían que hacer unos recorridos disparatados para ir a su trabajo.

Yo seguía con mi bicicleta pequeña roja a la que no afectaba ese impuesto y para desplazarme al colegio, primero lo hacía andando, luego en una ruta escolar y finalmente andando.

Debía existir también un impuesto para los receptores de radio, recuerdo a mi madre escondiendo debajo de la cama la radio de lámparas que nos había fabricado Leris el compañero de mi padre y que teníamos en la cocina cuando pasaban por la zona unos inspectores con la inútil pretensión de cobrar ese impuesto. Estoy seguro de que mi madre jamás le pago.

Aparato de radio similar al que había en casa. La fotografía esta obtenida en Internet.

Hablando de impuesto que ahora nos parecen absolutamente descabellados, había en las proximidades de casa, en concreto en la carretera de Palencia una caseta con funciones de “fielato” que cobraba por las mercancías que entraban y salían de la ciudad. En cualquier caso, de esto no me acuerdo muy bien y sé que mi amigo Jesús Anta en su blog “La mirada curiosa” ha hablado de los que existían en Valladolid y que función recaudatoria tenían.

Edificio del fielato en Valladolid. Nada tiene que ver con el existente en la Carretera de Palencia y que yo visitaba en mis recorridos infantiles y juveniles en Bicicleta.

Volviendo a las bicicletas como elemento de transporte o de entretenimiento, mi padre finalmente pudo comprarse un “seiscientos”, mi tío Leonardo seguía con su bicicleta verde de chica y yo disfruté de una bicicleta de carrera azul que nos cedió temporalmente una tía mía de Madrid.

En aquella época yo trabajaba de “mancebo” de botica y hacía los recados con ese medio de transporte. Seguía usando bicicleta y ya debía de tener diecisiete o dieciocho años. No recuerdo haber pagado el impuesto municipal de la bicicleta aunque según mis datos estuvo vigente por lo menos hasta el año 1978 (cuando yo ya tenía 23 años).

Cambié de trabajo a uno más estable que el de “mancebo” y abandoné la tracción animal de la bicicleta por el motor de combustión de una “mobylette”. Gané en rapidez y movilidad pero lo perdí en salud. No hacía nada de deporte y encima dejé dos dientes encima de un taxi.

Mobylette similar a la que usé durante un tiempo en Valladolid (llegaron a quemarla los “fachas” del lugar) y una vez reparada en Madrid (hasta que me la robaron). Fotografía obtenida en Internet. No tengo respaldo gráfico de la mía.

Cuando me trasladé a vivir a Madrid en el año 1982 traía como equipaje un par de mudas y el ciclomotor. En Madrid utilicé la Mobylette hasta que me la robaron, una vespa de color azul para la que no tenía carné (entonces no valía el carnet de coche para conducir motos de hasta 125 Centímetros Cúbicos – Soy un precursor) y con distintos coches que tampoco voy a ir detallando en esta entrada.

A principio de los años 90 compré una bicicleta de la cual no recuerdo casi nada, ni color, ni marca, ni características. Solo recuerdo dos cosas: que me costaba media vida hacer cualquier recorrido con ella. Uno de los que hacia habitualmente era ir hasta el lago de la Casa de Campo, dar un par de vueltas o tres por los paseos de los Castaños y de María Teresa y volver a casa. Por esos caminos y a todas las horas del día había un importante comercio sexual. Un día en el que venía por el paseo de María Teresa absolutamente sudoroso y agotado se dirigió a mí una profesional del sexo ofreciéndome sus servicios, nunca he utilizado ese comercio ni le utilizaré, no podía ni con mi alma y le dije a la profesional si creía que estaba en condiciones de hacer algo, fue sincera, me dijo que tuviera suerte y llegara a casa a salvo.

La otra cosa que recuerdo de aquella bicicleta es que estuve mucho tiempo sin usarla y estaba colgada en el garaje de casa molestando tanto a Tere cuando aparcaba el coche como al vecino del aparcamiento de enfrente. Pasado un tiempo más que prudencial mi señora me dio un ultimátum o montaba en bicicleta o me deshacía de la misma. Como era claro que no tenía ninguna intención de montar en bici pretendí venderla en el “segunda mano”, intenté regalarla a conocidos o familiares y no había forma de hacer desaparecer esa bicicleta de nuestras vidas. Finalmente, en un acto de arrojo increíble, cogí la bicicleta salí a la calle con ella y la dejé en una esquina próxima a nuestra casa. Me quedé observando y tardaron casi media hora en llevársela. Espero que la disfrutaran más que yo.

En el año 2017 cuando ya los achaques de la edad empezaron a hacer mella en mí, fui un día a mi médica de cabecera. Tras unos análisis y algunas preguntas decidió que tenía todo mal, colesterol, EPOC, claudicación intermitente y seguramente alguna cosa más. Aparte de tener que dejar de fumar (que desgraciadamente no he cumplido) me prescribió un par de medicamentos, un control alimenticio y la receta mágica para todos los viejos y viejas de este país: “tiene usted que andar mucho”.

De verdad que lo probé, que la medicación me la tomo con regularidad, que he cuidado (en parte) la alimentación, pero me puse a andar y me aburría soberanamente y eso que llevaba siempre música en mis caminatas.

A los pocos días volví al centro de salud (entonces te atendían en el mismo día) y le hice la siguiente proposición a la Doctora: le cambio lo de andar por desplazarme en bicicleta. No le pareció excesivamente bien pero acepto la propuesta.

El día 13 de mayo de 2017 me compré mi primera bicicleta con pedaleo asistido, una Niza plegable y con unas ruedas de 20 pulgadas. La utilice bastante para ir a trabajar desde casa hasta Madrid – Chamartín ida y vuelta (total 27 kilómetros) y para recorrer distintas zonas de la ciudad.

Mi bicicleta Niza el día 10 de Septiembre de 2017 cuando había ya recorrido con ella 3.000 km. A nuestro paso por la depuradora de la China en Madrid.

El uno de febrero de 2018 me jubilé y dejé de realizar esos recorridos por la ciudad de Madrid. Como algo había que hacer para no molestar en casa me propuse recorrer los distintos ríos de la península y con la Niza plegable comencé la tarea en el Canal de Castilla. Se rompió y me tuvo que evacuar del Canal un taxi de la zona.

Hice varios recorridos más y en el mes de julio de 2018 adquirí la bicicleta BH EMOTION con la que recorrí el resto de los ríos y he conocido todas las vías verdes que ya he contado.

La BH EMOTION y yo en la Vía Verde de la Sierra (primera vía verde que recorrimos) el día 26 de mayo de 2021.

Ahora, la BH está dando sus últimos coletazos. Según mis datos cada kilómetro que he recorrido con ella me ha salido a 0,08 céntimos al margen de los gastos de mantenimiento. Creo que está adecuadamente amortizada.

Decidido como estoy a seguir viajando en bicicleta y tenido bastantes recorridos previstos he comprado una bicicleta nueva:

La Giant STOMRGUARD E+.

Que como veis tiene un nombre absolutamente imposible de pronunciar. Cuando contaron en el periódico “20 minutos” mis viajes en bicicleta me preguntaron si había puesto nombre a mi bicicleta y les dije que no y que no pensaba ponerle otro nombre que el que había puesto el fabricante. Ahora con ese nombre imposible he cambiado de opinión y he decidido llamar a la nueva bicicleta HORTENSIA. Porqué Hortensia y no otro nombre. Ni idea, me pareció un nombre un poco en desuso para personas, las casas con esas plantas siempre están en lugares que me parecen muy agradables y sobre todo, no creo que a ningún otro “chiflado” le haya dado por llamar Hortensia a su bicicleta.

Esta es la presentación de mi nuevo vehículo, cuando vaya utilizándola y viendo las capacidades que tenemos HORTENSIA y yo como equipo de viaje os iré contando cosas de este tándem que empezamos ahora mi nueva bicicleta y yo.

A fecha de hoy, el blog ya ha recibido un total de 1235 visitas en lo que va de año, gracias a mi sobrino Juan voy a intentar que sea mas agradable consultar lo que publico y en compañía de Hortensia os prometo alguna entrada más que el pasado año.

Datos de entradas por años en el blog marianoenbicicleta.blog.

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8 comentarios

  1. Bienvenida a Hortensia, me encanta el nombre. Mariano cómo no voy a estar entregada a tí, si me pareces de lo más precioso en ese triciclo.
    Por cierto me parece fatal la quema por parte de los «fachas», y no sabía nada de los impuestos de aquella época.
    Larga Vida a Hortensia.

      1. Menuda gentuza……..Arggggg……Si vas a salir en estos días acuérdate de abrigarte bien….je,je,je…Besazos.

  2. Enhorabuena Mariano por tú nueva bicicleta, que la disfrutes con salud y no la rompas ni te la roben. Por cierto, le preguntaste a Hortensia si puede ser Hortensio o no tiene ni voz ni voto en este tema jejejeje. Un abrazo.

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