240925 LA SOLEDAD.

Siempre me ha sorprendido los nombres de las funerarias. LAS ANGUSTÍAS, LA SOLEDAD, LA DOLOROSA, en Galicia, se llamán Ramón Perez o Juana López. También en Albacete se llaman Laureano Zafrilla, La Patria, Ibáñez, Hijos De Francisco Santacreu, etc.

La historía no va de funerarias, va de SOLEDAD. Volveré sobre el tema.

Dije ayer que no tenía intención de visitar los múseos del lugar, me permití ver las Iglesias del lugar, la torre antigua, la plaza mayor y el resto de monumentos, no conseguí ir hasta el “supuesto” puente romano y nadie me dio señas del paraje de Ruz.

En cualquier caso la visita cultural fue interesante. Por alguna razón la mayoría de restaurantes en San Clemente cierran los martes. Me toco volver al rincón de la nueva y darme a la chacina y al queso. No estuvo mal.

Previamente conseguí en un estanco jugar al EUROJACKPOT y al CUPONAZO. En la plaza mayor me tomé una cerveza.

Sentí bastante fresco. Me había puesto una camiseta y un cortavientos, llevar las sandalias habituales me produjo un poco de frío. Tras la cena me dirijí a la calle Molina para volver al hotel Milán. Seguía dando vueltas al tema de la ducha.

Está mañana cargué los bidones de agua en una fuente que había en el hotel y dado que el restaurante Milán estaba cerrado me fui hacía el final del pueblo y conseguí desayunar en un bar de la calle principal. El paisano del Bar que llevaba dos pulseras con franjas rojas y gualdas no supe decirme como llegar hasta Villarrobledo por el Camino Viejo. Lo solventé con Google.

Un ciclista, a la altura del cementerio de San Clemente me insistió en que cogiera el camino de El Provencio. No le hice caso.

Hasta Villarrobledo el discurrir fue entre pinares y tierras de viñas y frutales. Buen recorrido. De Villarrobledo solo he visto zonas industriales y un pueblo sin mucho interés.

Un tractorista me indicó que el camino hasta Ossa de Montiel era recto desde donde estaba. Bien. Varias rotondas inmensas hasta conseguir llegar al kilómetro 34 de la carretera hacia el pueblo donde pretendía pernoctar.

Según avanzaba por la carretera comprobé dos cosas. La primera y más importante, las rachas de viento me impedían avanzar. Pedaleaba, intentaba recorrer un par de cientos de metros y cuando llegaba hasta el siguiente hito me parecía que estaba anclado en la carretera.

Todo el camino era ascendente. Creo que ese impedimento no era el principal, lo terrible eran las rachas de hasta 60 kilómetros por hora en contra que esa carretera me deparaba. Veía como las baterías se iban agotando. Yo trabajaba como cualquier día. No avanzaba.

Recorrí de los 34 kilómetros que me distanciaban de Ossa del Montiel 22. Me planté en la carretera y estaba dispuesto a cualquier cosa.

A los diez minutos vi aparecer una furgoneta. El propietario era Bienvenido Cano, un empresario dedicado a las estructuras metálicas. Paró donde le indiqué y sin ninguna duda decidió acercarme hasta el pueblo de mi destino.

Hortensia entró perfectamente en la furgoneta. Las alforjas hicieron de contención de la bicicleta. No había pensado en ningún momento en las subidas que había que realizar para llegar hasta el pueblo, eran 12 kilómetros y un desnivel acumulado de 300 metros. Menos mal que existe gente como Bienvenido Cano.

Hablando con él me ha confesado que es ciclista los domingos. Entiendo que esa actividad le ha aconsejado socorrerme. Menos mal.

Me ha dejado en la puerta del Hostal La Paz. Ha sido desconcertante, una paisana me ha dicho que quería atenderme. Hay dos Hostales La Paz. Han discutido dos señoras donde debía alojarme. Al final, y por el tamaño de Hortensia me han acoplado en la habitación 210 de uno de los Hostales.

Garaje para Hortensia, ascensor hasta la habitación y un grupo de yayos que estaban en el alojamiento. Me han dejado dormir la siesta.

El pueblo no dá muchas opciones, he ido hasta el restaurante DON QUIJOTE y la oferta era la habitual en estos sitios. No me ha disgustado el sitio. Andando estaba muy lejos.

Un paté de pato, que podía ser de cualquier cosa. Estaba frío y no sabía a nada. Los panecillos de “fabrica”. Luego he pedido unas croquetas. Bien. Inmensas y la bechamel mejorable.

He vuelto tranquilamente hasta el Hostal la Paz y me he tomado el tiempo adecuado para dormir la siesta. El resto de los paisanos y paisanas que duermen en el hostal la paz no me han molestado.

Mañana tengo pesamiento descubrir nuevamente las lagunas del ruidera y dormir en Manzanares, como me “joda” excesivamente el viento estoy dispuesto a buscar otro Bienvenido.

Tengo que comprar un boleto del euromillón. Mañana tendré opción de ese trabajo.

CAPÍTULO XXII

 Donde se da cuenta de la grande aventura de la cueva de Montesinos, que está en el corazón de la Mancha, a quien dio felice cima el valeroso don Quijote de la Mancha[1] Grandes fueron y muchos los regalos[2] que los desposados hicieron a don Quijote, obligados de las muestras que había dado defendiendo su causa, y al par de la valentía le graduaron la discreción,[3] teniéndole por un Cid en las armas y por un Cicerón en la elocuencia. El buen Sancho se refociló[4] tres días a costa de los novios, de los cuales se supo que no fue traza comunicada con la hermosa Quiteria el herirse fingidamente,[5] sino industria de Basilio, esperando de ella el mismo suceso que se había visto: bien es verdad que confesó que había dado parte de su pensamiento a algunos de sus amigos, para que al tiempo necesario favoreciesen su intención y abonasen[6] su engaño. —No se pueden ni deben llamar engaños –dijo don Quijote– los que ponen la mira en virtuosos fines. Y que el de casarse los enamorados era el fin de más excelencia, advirtiendo que el mayor contrario que el amor tiene es la hambre y la continua necesidad, porque el amor es todo alegría, regocijo y contento, y más cuando el amante está en posesión de la cosa amada, contra quien son enemigos opuestos y declarados la necesidad y la pobreza; y que todo esto decía con intención de que se dejase el señor Basilio de ejercitar las habilidades que sabe, que aunque le daban fama, no le daban dineros, y que atendiese a granjear hacienda por medios lícitos e industriosos, que nunca faltan a los prudentes y aplicados. —El pobre honrado (si es que puede ser honrado el pobre)[7] tiene prenda en tener mujer hermosa, que cuando se la quitan, le quitan la honra y se la matan. La mujer hermosa y honrada cuyo marido es pobre merece ser coronada con laureles y palmas de vencimiento y triunfo. La hermosura por sí sola atrae las voluntades de cuantos la miran y conocen, y como a señuelo gustoso se le abaten las águilas reales y los pájaros altaneros; pero si a la tal hermosura se le junta la necesidad y estrecheza, también la embisten los cuervos, los milanos y las otras aves de rapiña: y la que está a tantos encuentros firme bien merece llamarse corona de su marido.[8] Mirad, discreto Basilio –añadió don Quijote–: opinión fue de no sé qué sabio que no había en todo el mundo sino una sola mujer buena, y daba por consejo que cada uno pensase y creyese que aquella sola buena era la suya, y así viviría contento. Yo no soy casado, ni hasta ahora me ha venido en pensamiento serlo, y, con todo esto, me atrevería a dar consejo al que me lo pidiese del modo que había de buscar la mujer con quien se quisiese casar. Lo primero, le aconsejaría que mirase más a la fama que a la hacienda, porque la buena mujer no alcanza la buena fama solamente con ser buena, sino con parecerlo,[9] que mucho más dañan a las honras de las mujeres las desenvolturas y libertades públicas que las maldades secretas. Si traes buena mujer a tu casa, fácil cosa sería conservarla y aun mejorarla en aquella bondad; pero si la traes mala, en trabajo te pondrá el enmendarla, que no es muy hacedero pasar de un extremo a otro. Yo no digo que sea imposible, pero téngolo por dificultoso. Oía todo esto Sancho y dijo entre sí: —Este mi amo, cuando yo hablo cosas de meollo y de sustancia, suele decir que podría yo tomar un púlpito en las manos y irme por ese mundo adelante predicando lindezas; y yo digo de él que cuando comienza a enhilar sentencias y a dar consejos, no sólo puede tomar un púlpito en las manos, sino dos en cada dedo, y andarse por esas plazas a ¿qué quieres, boca?[10] ¡Válate el diablo por caballero andante, que tantas cosas sabes! Yo pensaba en mi ánima que sólo podía saber aquello que tocaba a sus caballerías, pero no hay cosa donde no pique y deje de meter su cucharada.[11] Murmuraba esto algo Sancho, y entreoyole su señor y preguntole: —¿Qué murmuras, Sancho? —No digo nada, ni murmuro de nada –respondió Sancho–; sólo estaba diciendo entre mí que quisiera haber oído lo que vuesa merced aquí ha dicho antes que me casara, que quizá dijera yo ahora: «El buey suelto bien se lame».[12] —¿Tan mala es tu Teresa, Sancho? –dijo don Quijote. —No es muy mala –respondió Sancho–, pero no es muy buena: a lo menos, no es tan buena como yo quisiera. —Mal haces, Sancho –dijo don Quijote–, en decir mal de tu mujer, que en efecto es madre de tus hijos. —No nos debemos nada –respondió Sancho–, que también ella dice mal de mí cuando se le antoja, especialmente cuando está celosa, que entonces súfrala el mismo Satanás. Finalmente, tres días estuvieron con los novios, donde fueron regalados y servidos como cuerpos de rey. Pidió don Quijote al diestro licenciado[13] le diese una guía que le encaminase a la cueva de Montesinos, porque tenía gran deseo de entrar en ella y ver a ojos vistas si eran verdaderas las maravillas que de ella se decían por todos aquellos contornos. El licenciado le dijo que le daría a un primo suyo, famoso[14] estudiante y muy aficionado a leer libros de caballerías, el cual con mucha voluntad le pondría a la boca de la misma cueva y le enseñaría las lagunas de Ruidera, famosas asimismo en toda la Mancha, y aun en toda España; y díjole que llevaría con él gustoso entretenimiento, a causa que era mozo que sabía hacer libros para imprimir y para dirigirlos a príncipes.[15] Finalmente, el primo vino con una pollina preñada, cuya albarda cubría un gayado tapete o arpillera.[16] Ensilló Sancho a….

Pues en estos lugares donde Sancho es protagonista estoy. Mañana, si el viento lo permite recorré los lugares Cervantinos hasta Manzanares.

Vuelvo a la SOLEDAD. En el camino desde Villarrobledo hasta donde me ha recogido Bienvenido, he sentido que no había nadie a mi alrededor. No oía nada, no veía a nadie. Me jodía un camino sin opciones de de socializar. Vaya recorrido.

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Un comentario

  1. Mariano, interesante la visita a San Clemente, tiene su encanto. Me alegro que por fin hoy hayas podido dormir la siesta sin que las malditas moscas te la arruinasen.
    Me descojono, dos hembras discutiendo por ti, para decidir a que hostal llevarte. Las viandas del paté y las croquetas, un poco rancias.
    Tú con lo de las chanclas, no aprendes, estamos en otoño, ponte por lo menos unos calcetines, aunque visualmente deje algo que desear, te abrigarán algo..je,je,je,.
    Tenemos que querer a Bienvenido Cano, por haberte ayudado en esos caminos ventosos, en fin, voy a destacar un párrafo de la lectura del Quijote, que me ha chirriado:
    «pero si la traes mala, en trabajo te pondrá el enmendarla», cuánto trabajo, según ellos tendrían conmigo…..En fin, algo hemos avanzado.
    Cuídate mucho Mariano, y recuerda, hagas lo que hagas, ponte calcetines.
    Besazos de tu grupee favorita.

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