220609 Un viaje para no fracasar.
Después de mi fracaso sin paliativos en el Valle de los PEDROCHES donde no conseguí finalizar ninguna de las Vías Verdes que tenía previsto realizar estaba obligado a buscar un viaje donde no pudiera meter la pata.
En estos casos, lo conocido te dá un plus de seguridad. Decidí por tanto venirme a Valladolid que es mi tierra y desde esta ciudad acometer los recorridos que podría culminar sin dificultad.
Vine ayer, día 8 de junio, y después de atender mis obligaciones familiares acudí a un concierto de Perico “El Pañero” en el LAVA (vamos en lo que fué el matadero municipal) y muy bien. Lo único que me desconcertó es que al salir del concierto y no era especialmente tarde no había nadie por la calle. Hasta me costó encontrar un lugar donde tomar algo para cenar, por lo menos este miércoles, Valladolid estaba muerto por la noche. Ya no se puede uno ni correr “juergas”. Tampoco es que uno se dedique a ello, pero tenerse que ir al hotel a las 23:30 horas por no encontrar nada abierto es un detalle.

En cualquier caso, como esto va de viajes, esta mañana me he levantado pronto, sabiendo que era un poco tonto, no tenía el tren hasta las 9:55 horas. Pero debe ser la costumbre. Como siempre he bajado a desayunar mis cafés y he comprobado que aquí no es estila la cosa de las tostadas. Me he conformado con un “sobao”, que tenía bastante amistad con el camarero. Debían lleva juntos varios días.
Mucho antes de lo recomendable he bajado la alforja, he cogido la bicicleta y me he dirigido a la estación. Estaba en ella a las nueve menos diez. No había encontrado ni fruterías abiertas para comprar unos plátanos ni estancos para comprar tabaco. Esperé hasta que abrieran el estanco mas próximo a la estación de tren de Valladolid y a las nueve y diez ya tenía la bicicleta montada en el tren. Ganas de perder el tiempo.
Paseos por la estación comprobando la desolación de los Talleres de Renfe que son ahora un cascarón vacío por traslado de los mismos. Veremos como queda la operación urbanística que conlleva liberar miles y miles de metros para la construcción.
Entre un paseo, una charla con un abuelo de Reinosa y un par de cigarros se hizo la hora de montar en el tren. Casi vacío así que me senté muy cerquita de la bicicleta para que no se sintiera muy sola. Ya la había abandonado toda la noche en unas oficinas del hotel.
En Palencia bajé del tren y pregunté como llegar hasta el inicio de la vía verde al vendedor de cupones que estaba por allí. Con buena vista, y no es sarcasmo, me dijo que me metiera por medio de un parque y cogiera una calle que me llevaba directo al río Carrión y que desde allí lo tenía fácil.
Es verdad que tuve que saltarme un par de señales de dirección prohibida, pero el vendedor de cupones no podía estar en todo. Tampoco encontré ninguna frutería a mao para comprar un par de plátanos, que dicen los expertos que es el mejor alimento para el ejercicio prolongado. No quise parar en ningún bar para comprar agua, me tendría que apañar con la que había traído desde Madrid.




La vía verde que estaba buscando era la del “Tren Burra” entre Palencia y Castromocho. Ya había realizado varios tramos del “Tren Burra” el año pasado, también había recorrido esta vía verde cuando recorrí el Canal de Castilla desde Villarramiel a Palencia, pero me quedaba recorrer la vía verde siendo el objetivo del día.
Justo desde el mismo Canal de Castilla parte, con una subida, la vía verde. De entrada está bien. Tiene que gustarte el paisaje castellano, el paramo es paramo (creo que falta el acento) y la vía verde discurre por el páramo Palentino. Cereal, barbechos, algún cultivo de regadío y mucho abandono, sobre todo mucho abandono. Toda la vía verde recorre una parte de la España abandonado, no me creo nada lo de la España vaciada.
En los pueblos quedan cuatro “viejos” y el que se ha quedado con todas las tierras, que ni siquiera cultiva y nada más. Parte de Palencia y recorre los municipios de Grijota, Villamartín de Campos, Mazariegos, Baquerín de Campos, Castromocho y Villarramiel.
Ninguna industria, ningún cultivo que no se hiciera ya hace cien años, el regadío por inundación. Los fondos de “new generation” o como quiera que se llamen debieran, en parte, dedicarse a impulsar el desarrollo de esta España abandonado y no para que el ayuntamiento de Madrid (que es donde lo veo diariamente) se dedique a levantar aceras o calles que ya levantaron con lo anteriores fondos comunitarios y todo quede al final como siempre. Bueno, todo no, los bolsillos de las constructores con mas dinero.
Aparte del cereal, de los barbechos y de que durante todo el trayecto la altitud ha sido de 750 metros, ni más arriba, ni más abajo. Lo único interesante o diferente son los palomares que se encuentran en la proximidad de la via verde. Muchos de ellos en ruinas, seguramente la mayoría en desuso, pero en cualquier caso es una arquitectura tan especifica de la zona que debiéramos intentar preservarlos.








Tenía ganas de llegar a Castromocho, no porque fuera casí el final de la vía verde, sino porqué en anteriores viajes había disfrutado del “cortar” de las cigüeñas allí anidadas. El objetivo era grabarlas y poner aquí el sonido del “cortar”. No ha sido posible, hoy no estaban por la labor.





He llegado finalmente hasta el término municipal de Villarramiel por donde pasa el ramal de Campos del Canal de Castilla, siguiendo una vía verde, había unido el ramal sur con el ramal de campos. Que competencia mas dura fué el ferrocarril para la gran obra que fué y es el Canal de Castilla.





Acabado el recorrido, otra vez de vuelta hacia Palencia. Ya me había pasado en un recorrido anterior, por allí sopla el viento de frente que te frena. Hoy no era tanto como el viaje anterior, pero molestaba.

Palencia casi a las 14:30 y como quedaba recorrido por delante he decidido comer algo antes de continuar. Junto a la Dársena del Canal de Castilla de Palencia está el Bar Pastor, comento el nombre por mi amigo José Luis que se apellida así. No vayáis nunca. El camarero que me ha atendido es el “tipo” más “borde” que he visto en mucho tiempo.
Cerveza, bocadillo de ¿chorizo?, café y botella de agua. Ha sido barato y la calidad ni os la cuento.
Estaba tan poco agusto en el lugar que a las 15:00 horas ya estaba en marcha.
Podía haber vuelto a Valladolid en tren y hubiera realizado un viaje agradable y además dormir la siesta como mandan los cánones, pero no. Como estaba en Palencia, en el Canal de Castilla, que menos que volver a Valladolid por el Canal. Es el ramal del Sur, no es la parte más bonita de esa importante obra, pero tampoco está mal. Ya he dicho al principio que hoy tocaba jugar sobre seguro y el Canal ya lo había recorrido un par de veces, no me podía equivocar.





Ha ido especialmente bien. Los caminos de sirga por los que me he movido estaban muy bien. Baches, alguna zarza que me ha dado, alguna zona con malas hierbas, per en general está muy bien. Seco, pero muy bien.
Como es un recorrido que ya conozco no he parado mucho para hacer fotos, por lo que, el recorrido entre Palencia y Valladolid lo he realizado en dos horas y media. Un buen ciclista diría que vaya tontería, pero para un “viejo” como yo, no está tan mal.
He parado en Villamuriel de Cerrato, está muy arreglado el pueblo. He eludido Dueñas, cada vez que paso me parece que han “jodido” el Canal y el pueblo y la siguiente parada ha sido en mi primer destino ferroviario. Corcos de Aguilarejo. Estación cerrada, edificio abandonado, exclusa con harinera derruida, vamos lo que hay en el resto del recorrido, pero en este caso es Corcos y allí pasé mis tres primeros años de ferroviario.














Desde Corcos directo a Valladolid. Foto a la ultima exclusa del Canal y, como ya sabía, al llegar a la dársela de Valladolid, obras de saneamiento. NO HAY AGUA.





Sin esperar mucho he seguido pedaleando hasta la plaza de San Miguel que es donde he pernoctado estas noches. Un café y a las 18:00 horas en el Hotel. Ciento diez kilómetros muy disfrutados.
Y además no me he equivocado de recorrido en ningún momento. Todo son “parabienes”.
Y esto, ahora, es pasado. Mañana pretendo recorrer la vía verde que siempre me ha dado más “pereza”, la Vía verde del río Eresma. Entre Olmedo y Segovia.
Veremos como se desarrolla el día. Ya contaré lo de la “pereza”.
Mariano, seguro que esta etapa se te da mejor, aunque los paisajes son más secos y por el borde del Bar Pastor ni preocuparse, él se ha perdido conocer a una personaje tan interesante como tú. Cuídate mucho. Un abrazo.