220610 YA LO DIJE: ¡QUE PEREZA!
Cerraba mi anterior entrada en este blog, en la que describía mi viaje por LA VÍA VERDE DEL TREN BURRA y el ramal Sur del Canal de Castilla, afirmando que desde que sé de su existencia y pretendía recorrer esta vía verde me daba bastante PEREZA.
Era el último recorrido por las Vías Verdes de Castilla y León y por razones que intentaré explicar había ido demorando ese recorrido.
El itinerario es de Segovia a Olmedo o viceversa y claro, el paisaje de la zona es puro páramo Castellano. Si lo recorres en invierno lo pasas mal por el frio, si por el contrario lo acometes en primavera-verano no encuentras una sola zona de sombra para guarecerte.
Recorridos como ese ya había realizado, quizás no tan largos, pero los había realizado. Entonces mi “pereza” debía buscarla en algún otro sitio. Creo que lo sabía desde el principio pero no quería confesármelo a mí mismo.
Cuando en el año 1982 “ascendí” en Renfe a la categoría de Interventor en Ruta mi destino fue Madrid – Chamartín (entonces no había atisbos de que se llamara Clara Campoamor). Los viejos del lugar decidieron que quienes llegábamos nuevos a Chamartín nos dedicáramos a trabajar en los trenes menos apetecibles, en concreto los cercanías Madrid – Guadalajara, Madrid – Cantoblanco, Madrid – El Escorial, Madrid – Segovia y algunos trenes abandonados a su suerte por Renfe desde el mismo momento en que se pusieron en marcha.
Dentro de ese grupo, además de ir a Calatayud, Soria y Torralba, había uno que era incomodo de hacer aunque fuese uno de los más tranquilos que recuerdo.
El Tren que partía de Madrid – Chamartín hacia Ávila, seguía hasta Medina del Campo y precisamente por lo que ahora es vía verde continuaba hasta Segovia para llegar cerca de las once de la noche a Madrid – Chamartín. Como se puede suponer el tren paraba en todas las estaciones y apeaderos de su recorrido con lo que tenías que ir pendiente de si se montaba o bajaba alguien. Ciertamente no había muchos viajeros y por tanto, aunque estuvieses pendiente, no sufrías muchas interrupciones en la labor que yo hacía cada vez que me tocaba trabajar en ese tren. Salía de Chamartín leyendo un libro y dependiendo de por donde fuera con la lectura o de su grosor volvía a Madrid con ese libro leído e incluso gran parte de otro.
Como he intentado contar, si no te buscabas un buen entretenimiento, el tren podía ser aburrido hasta decir basta. En los años 82-83 que es cuando trabajé en ese tren no había tabletas ni móviles para ver series o películas.
Por ese motivo, el paisaje le conocía bien, el estado que hace cuarenta años ofrecía las estaciones y apeaderos, así como la vía de ese tramo del tren ya era “manifiestamente mejorable”, por lo que temía ver lo que me iba a encontrar entre Olmedo de Adaja y Segovia, que era el recorrido elegido para realizar la vía verde.
Después de llegar el día 9 de junio a Valladolid, descansar y escribir la entrada al blog en la terraza del Café del Teatro Zorrilla aproveché para cenar y comer un buen helado en Iborra (lugar de culto vallisoletano para helados y turrones). Me fui razonablemente pronto al hotel y creo que me dormí.
Tenía el despertador a las 5:45 y conseguí que no sonara, me había levantado antes. Había buscado un “pequeño” atajo para no hacer los 50 kilómetros que separan Valladolid de Olmedo en Bicicleta.
Hay un tren que va desde Valladolid hasta Salamanca, sale a las 7:35 horas y para en la estación de Matapozuelos, con este “pequeño atajo” el recorrido hasta Olmedo es de 17 kilómetros. Parecía de entrada una buena medida para no empezar la vía verde cansado.
Llegué a la estación antes de las 7 de la mañana, tomé un café, y el tren solo tenía un pequeño inconveniente, NO ADMITE BICICLETAS, por tanto tenía que hablar con el Interventor para ver si permitía que subiera la bicicleta al tren.
En el andén donde estaba situado el tren estaba plantado a las siete y cinco de la mañana, con el objetivo de hablar con el Interventor del tren.
Allí estuve plantado hasta las 7:32 horas y no apareció ningún Interventor ni personal de Renfe que le sustituyese, cargué la bicicleta en el tren y cruce los dedos para no tener ningún problema.
Antes de las ocho de la mañana ya estábamos la alforja, la bicicleta y yo en la estación de Matapozuelos dispuestos para recorrer 17 kilómetros por una carretera local que no tenía tráfico alguno.

A las 9 de la mañana ya me estaba tomando mis dos cafés de rigor y mi tostada con aceite para acometer la vía verde.
Al final de Olmedo, siguiendo el Camino de la Estación, empieza la vía verde del Río Eresma. Que “arraigado” está en muchos de estos pueblos el ferrocarril. Desde el año 93 sin tren ni estación y sigue llamándose Camino de la Estación.
Es verdad, y lo comentaba antes en esta entrada, que durante los años 70 y 80 del siglo XX los habitantes de esos pueblos dejaron de utilizar el ferrocarril para sus desplazamientos y para el transporte de sus cosechas. Alguien se empeño en venderles que lo “moderno” era viajar en coche y transportar en camiones, los habitantes de la zona se lo creyeron y abandonaron el tren, o ese medio de transporte les abandonó a ellos. Ya se percibía cuando yo iba trabajando en ese tren que le llamábamos “coloquialmente” la Vuelta a Castilla, que los pueblos se despoblaban, que los jóvenes se trasladaban a vivir a Valladolid para trabajar en la Renault y que toda esa zona podía quedar desierta como ahora vemos que ha quedado.
Bueno, decía que donde acaba el camino de la estación empieza la vía verde. Como se ve en las fotos que acompañan este texto el cereal ya había amarilleado y la descripción de páramos que comenté antes no se aparta nada de la realidad.





Cerca de lo que hoy es la vía verde, en muchos momentos en paralelo, discurre la vía de alta velocidad Madrid – Valladolid, unas veces a derecha de la vía verde, otras por el lado izquierdo y para hacer esos cambios tienes que cruzar la infraestructura nueva por arriba o por debajo de la misma.

El firme de la vía verde es bastante bueno y muy amplio: zahorra prensada, asfalto, tierra dura y además en la mayor parte del recorrido han pasado la desbrozadora o han utilizado herbicida que ha resuelto el problema de las malas hierbas. Quedan tramos por solucionar este problema, no muchos.
Avanzando por la vía verde pasamos por los municipios de Fuente-Olmedo, Fuente de Santa Cruz de Coca (donde tenemos que cruzar la vía del ave por la parte de arriba). En todos los casos en que nos cruzamos con esa infraestructura de transporte el camino primigenio ha sido modificado y la vía verde pasa por algún “andurrial” que otro.
Llegamos hasta Ciruelos de Coca donde todavía los edificios de la estación están en un estado bastante aceptable. Mejor sería que encontrasen pronto una utilidad para estos edificios en beneficio de la comarca antes de que acaben siendo un esqueleto como tantos que hemos visto en muchas vías verdes y veremos a lo largo del recorrido en esta.


En Coca cambia un poco el paisaje, entramos en zona de pinares, no son excesivamente frondosos pero al menos pedaleas durante un buen trecho entre árboles. De los edificios que había en la estación queda poco más de los cimientos. En esa parte del camino cruzamos el río Voltoya por un magnífico puente de nueva factura.





El siguiente pueblo en esta vía verde es Nava de la Asunción, acaba de momento la zona de pinares, pasamos nuevamente a cultivos de cereal; los edificios de la estación – para preservarlos – están vallados.





Hacia Ortigosa de Pestaño me encontré con el área de descanso de la Virgen del Pozo, que está próxima a un nuevo pinar y por tanto había algo de sombra. No digo que refrescara, solo que había sombra. Aproveché para comerme dos plátanos que había comprado en Valladolid y que en todos los blog de salud para los ciclistas los recomiendan mucho y volví nuevamente al camino. Llevaba la mitad de la vía verde y era un buen lugar para hacer un pequeño paréntesis.




La estación de Ortigosa de Pestaño – Santa María de Nieva ya está en la fase inicial de desaparecer, le faltan puertas, ventanas y cualquier elemento que se pudiera arrancar del edificio; a partir de este momento poca esperanza le queda al edificio si alguien no toma medidas. Cerca del lugar sigue existiendo un Silo de los de antes y algún que otro nido de cigüeña.





Avanzando hacia el final del recorrido llegamos a la estación de Armuña-Bernardos, sin pistas de edificio ferroviario alguno; eso sí, hay un amago de túnel, se cruza el río Eresma por un puente muy similar al del río Voltoya y el paisaje cambia por la existencia de algún montículo que otro que no afectan especialmente al recorrido por la vía verde.





A la altura de Yanguas de Eresma – Carbonero el Mayor además de los pequeños cerros que nos vienen acompañando por la izquierda de la marcha aparecen los bosques de ribera indicando que circulamos muy próximos al río que da nombre a la vía verde. La estación que era un edificio de dos plantas está ya como tantas otras de las que he hablado en esta y en otras entradas del blog. Una pena.





En los últimos tramos del recorrido la sombra ya había desaparecido, estábamos a mediodía y encontrar algún sitio para parar era prácticamente imposible, a lo lejos se divisaba la Ermita de Nuestra Señora de las Vegas y aunque hay zonas en las proximidades del río de álamos y chopos, no son sombras que se puedan utilizar para parar.

El último edificio que vemos en la vía verde es el de Hontanares de Eresma, más de lo mismo. Y seguimos avanzando camino de Segovia y si en el camino pudiera encontrar una sombra para beber un poco del agua caliente que llevo en los bidones mucho mejor. Encontré unas encinas en el termino de Valverde de Majano, que ni tenía estación ni nada que ver con el ferrocarril, pero las encinas daban sombra y allí paré un rato.





Después de esa parada y fruto de un nuevo desvío de la vía verde a la que obliga el Ave acabé en la carretera que lleva directa a Segovia, volver a buscar el camino me pareció más complicado que llegar al destino aunque fuera por carretera.
Del tramo de carretera recorrido (menos de seis kilómetros) quiero decir que lo primero que vi fue el “tanatorio” – suelo encontrar bastantes por estos caminos que recorro -, unas cuestas hasta el hospital de Segovia considerables y una vista de la Catedral muy buena, pero como no hago fotos cuando voy por carretera os la habéis perdido.
Desde el hospital es bajada hasta la estación (vieja) de Segovia. Tenía yo especial interés en llegar pronto a Segovia por el número de trenes que unen esa ciudad con Madrid. Es verdad que hay bastantes trenes por la vía del Ave pero por la vía histórica de Villalba de Guadarrama solo había visto dos: uno a las 14:40 y otro a las 20:46 horas. Prefería este primero para llegar a casa a una hora diurna.

Lo de comentar el número de trenes que circulan no es un antojo personal de llegar a una hora u otra a casa, pensaba en los ciudadanos de Navas de Riofrio, Ortigosa del Monte, Otero-Herreros, Los Ángeles de San Rafael, El Espinar, San Rafael, Gudillos, Tablada, Cercedilla, Los Molinos, Collado Mediano, Alpedrete y Los Negrales que con esa frecuencia de trenes los habitantes de esos pueblos utilizarán otro medio de transporte, la empresa cerrará la línea y dentro de unos pocos años alguien podrá recorrer la vía verde que he realizado yo desde Olmedo hasta Villalba de Guadarrama. La España abandonada.
Con eso de acabar el recorrido por carretera me perdí el famoso puente de hierro de Segovia. Comprobé que el bar y hostal que había enfrente de la estación cuando realizaba viajes como interventor y donde yo comía sigue allí. Ahora se ha especializado en tener alojados a 60 Ucranianos de los que estamos acogiendo a través de las distintas ONG’S.

Comí allí un bocata, tomé un café y me fui a la estación. De la actividad que había cuando yo la frecuentaba no queda nada. No hay personal salvo una muchacha que vendía billetes a la hora de la salida de los trenes, el bar que daba comidas también está cerrado y en esta ocasión están haciendo un intento para que el edificio no desaparezca, han puesto planchas de hierro en todas las ventanas y puertas.


El tren a Cercedilla, pues eso, una siesta hasta el final del camino y luego deprisa y corriendo pasar de un tren a otro por unas escaleras bastante empinadas. Los ascensores les tienen condenados y hay que hacer el trasbordo por las escaleras. Viva la atención al cliente. El viaje desde Cercedilla a Madrid dentro de lo habitual de un Cercanías.
Creo haber traslucido a lo largo de la entrada las razones que me provocaban “pereza” para realizar este viaje. Sabía que lo que vería a lo largo del recorrido no me gustaría y así ha sido.
Aunque como ya he dicho la vía verde está bien diseñada, está cuidada y hay bastante información a lo largo de la misma, en cualquier caso pesaban más mis recuerdos de esa línea y el conocimiento de lo que había pasado con toda esa infraestructura.


Al margen de eso, como ahora estoy en Madrid por algunas obligaciones, ya estoy aprovechando para planificar el siguiente viaje. Espero en la próxima salida dar un buen empujón a mi objetivo de recorrer todas las vías verdes de la península.
Reblogueó esto en Mariano en Bicicleta.