231003 Diez euros y 82 céntimos de diferencia.
Acabé de publicar la entrada correspondiente al día de ayer y bajé hasta la playa a dar una vuelta. El lugar donde me alojaba me estaba agobiando especialmente. Tomé una cerveza en la playa aunque el viento que se había levantado recomendaba ponerse un cortavientos. El del bar me dijo que ellos cerraban los martes por descanso y que ya no tenían nada para ofrecerme para cenar y que me fuera hasta la plaza de Matalascañas a cenar en la Taberna del Tío Paco. Previamente vi una marisquería el color de los productos que tenían en el escaparate me animo a seguir las indicaciones recibidas en la playa.




Llegué y para ser lunes noche me sorprendió que todos los toneles donde la gente cenaba estuvieran reservados. Comprobé que se lo ponen de oficio a todos y según van llegando comensales se los quitan. Tenían sitio y me pude quedar a cenar. Un poco de cecina y unas pocas gambas de Huelva. Buenos productos ambos. No tenían café. Me acerqué hasta una hamburguesería, bocadillería, pub, discoteca que estaba en la misma calle del Hostal Tamarindo y pude tomar un descafeinado. Esperé un poco y cuando ya no había mas remedio me volví “al Chiscón”. Puse la radio para irme durmiendo sin darme cuenta. Eso sí, apagué rápido las luces. Daba mucha más confianza la luz apagada que ver los desconchones de humedad en la paredes.
Algo debía tener yo en la cabeza cuando a las seis de la mañana ya estaba en pie. He concluido rápido todas las cosas que hago con la tableta y rápidamente he encendido la ducha. Coño, el agua salía fría. Ese hostal se ha lucido conmigo. Pero lo gordo es que en la tablilla de la puerta ponía que en temporada alta cobran 70 euros por noche. Que delirio.
Cargué todo en Hortensia y estuve a punto de convertirme en un ser vengativo y llevarme la llave para que nadie pudiera usar esa habitación nunca más. No lo hice.
Volví a la Hamburguesería Boston, la del descafeinado de la noche anterior y allí desayuné y cargué los bidones. El objetivo era especialmente bonito. Recorrer una playa de casi 30 kilómetros en bicicleta.




Empecé por un paseo pegado al mar de unos 3 kilómetros y por allí, con la velocidad adecuada para no atropellar a los del Club del Colesterol que salen bien pronto a caminar todo perfecto.
El paseo se acabó y un empleado de la limpieza me indicó que era por allí por donde tenía que meterme en la playa. No sé si yo soy más torpe que nadie, si no he acertado con la hora de la bajamar perfecta (por cierto, los naturales del lugar tampoco supieron decirme cuando tenía que emprender el camino), o que como me ha dicho luego un paisano las ruedas de Hortensia no son suficientemente anchas para ese tipo de firme.
El caso es que a los quinientos metros (o menos) de intentarlo he tirado la toalla. Recorrer en aquel infierno de arena las distancia que me separaba de Sanlúcar era imposible para mí.





Vuelta atrás, otros quinientos metros, vuelta por el paseo y vuelta a la hamburguesería. Me dijo el paisano de ese establecimiento que los horarios de los autobuses estaban puestos en el estanco que había unos 50 metros más arriba.
No eran ni las nueve y el autobús hacia Sevilla salía a las 10 de la mañana. La parada era un descampado en medio de la avenida donde estaba el Tamarindo y la Hamburguesería. Os podéis imaginar que con tanta antelación no había nadie por allí.
Con la paciencia que nos caracteriza a algunos jubilados he dado paseos por el descampado durante hora y media.
Muy cerca de las 10 de la mañana han aparecido cinco o seis personas con el mismo objetivo que yo, coger ese autobús.
Ha llegado la hora de partir y el vehículo no aparecía. Hemos tenido que esperar casi hasta las 10:30 para vislumbrarlo a lo lejos.
No sé qué paradas había realizado antes pero cuando ha llegado estaba casi lleno. El conductor que no ha hecho amago de moverse del asiento me ha dicho que abriera una de las bodegas y metiera la bici. Gracias a un paisano que ha empujado con más decisión que yo y a que hemos movido varios carros de la compra hemos podido meter las, alforjas y la bici.
Ingenuo yo, pensaba que sería un autobús directo hacía Sevilla. Rápido se me ha pasado la ingenuidad. Hemos parado en todos los pueblos del recorrido de la provincia de Huelva. Cito de memoria, muchos se me abran pasado. El Rocío, Almonte, Hinojos, Pilas, Bollullos de la Mitación. Pero además en medio de las carreteras había paradas donde sorprendentemente se subían y bajaban viajeros. No he averiguado de donde procedían, ni a donde pretendían ir.
Al final no hemos llegado con demasiada demora a Sevilla Plaza de Armas. Cuando vas en un medio publico de transporte no puedes hacer como cuando vas por los caminos, de urgencia a buscar un baño. Los de la estación de autobuses estaban en obras y cerrados.
He tenido que poner cara de incontinencia total para poder entrar en unos baños de un kiosko próxima a la estación.
Resuelto el problema principal había que organizarse. Lo primero el freno trasero no funcionaba. Ponerse uno a probar en medio de la calle Torneo de Sevilla una bicicleta sin frenos era un poco temerario. Pregunté por un taller de bicicletas y en las proximidades había una de Mamut. Fui dando poco a poco al freno y parecía que cogía algo de fuerza. Llegué a la tienda y seguí dando impulsos al freno. Cuando ya casi me iban a atender entendía que se había arreglado. Siguiendo las indicaciones de un paisano que estaba en el taller de bicicletas llegué hasta la Estación de Sevilla – Santa Justa bastante bien y todo el tiempo por carril bici.
Había intentado comprar billete para algún tren con destino a Cádiz en aplicación de Renfe y me figuraban todos completos.
En la taquilla tuve que esperar otros buenos 30 minutos y conseguí un billete para las 16:45 horas. La compañera de taquilla me explicó que son la gente con abonos gratuitos que hacen varias reservas diarias. Me bajé a comer a un bar que recuerdo de cuando realizaba viajes a esa ciudad por trabajo y tras acabar la comida la muchacha que me había atendido en la taquilla me llamó porque había encontrado una plaza para el tren anterior. Se la dejó quitar.



Volví a coger turno y otro taquillero me pilló una plaza para las 15:45, se le olvidó sacar el billete de la bicicleta. Me bajé al andén y hablé con el personal del tren. No tuve problema para subir con Hortensia.
La coloqué como se podía y un paisano me cambio su billete junto a la bicicleta por el mío que estaba en otro de los coches del tren.
Allí he venido sujetando como buenamente podía mi herramienta de viajar. El viaje se ha amenizado por una niña que berreaba durante el primer cuarto de hora y que luego la madre la ha dormido y ha realizado el resto del viaje plácidamente dormida. Subían y bajaban jovenes de ambos sexos con patinetes. Es un elemento de transporte que se ha impuesto en esta zona.
Tenía dos opciones según avanzaba el tren. Seguir en el tren hasta San Fernando Bahía Sur y luego coger un cercanías que me dejara en la estación que se hace transbordo al Tranvía de la zona y seguir luego dando pedales hasta el destino previsto. O bajarme en El Puerto de Santa María y hacer esas maniobras mañana por la mañana.
El calor, el cansancio que provoca las esperas y el mal cuerpo que se te queda después de que lo que planificas no sale como quieres, me recomendó apearme en El Puerto.
He encontrado el Hotel Los Cántaros, en pleno centro del Puerto y con unas instalaciones muy adecuadas. La diferencia de precio entre la carbonera de ayer y el hotel de hoy, es la cantidad que he puesto en el título. Es complicado entender este mundo.







Veremos como mañana recupero o no el recorrido perdido en el día de hoy.

Bueno Mariano los de «la carbonera» me parecen unos sinvergüenzas, qué manera de aprovecharse, que rabia me dan esas cosas….
No entiendo mucho de cecina, pero la está un poco blanquecina…….ahora a esas gambas…no se las puede poner un pero..
Lo que dices de la reserva de las mesas, aquí también pasa, debe ser puro marketing.
70 pavazos por ese cuarto mohoso, aunque sea en temporada alta???????’Denunciable.
Ya lamento que no hayas podido hacer tu recorrido por la playa, aunque creo, que Hortensia para eso tendría que disponer de otros zapatos, los que yo veo en bici, llevan unas ruedas muuuyyyyyy gordas, y no te metas con el club del colesterol al cual pertenezco…je,je,je.
En cuanto a los patinetes de moda, te recuerdo que en tu circulo más cercano de Vera, lo impusiste entre el género masculino.
Igualita la habitación de hoy, y efectivamente por esa diferencia de precio es incomprensible como una está genial y la otra parece la casa de los horrores.
Espero que hayas podido realizar el recorrido organizado y que Hortensia se recupere del todo.
Un abrazo de tu grupee.