220620 En los Pirineos.

Cuando ya había recogido todo, había sacado la bicicleta de la furgoneta y fumado al menos un par de cigarrillos abrieron el comedor del sitio donde me había alojado la noche anterior y pude desayunar. Comentado con uno de los propietarios del lugar lo de que en la noche anterior no había nada abierto en el pueblo me comentó que es que se celebraba la Patum en Berga y la gente se había ido a esa popular fiesta. Y yo había estado por la tarde en Berga y podía haber disfrutado de esa fiesta. En cualquier caso, no pude tomar café por la noche y tampoco disfruté de la fiesta.

Aunque el desayuno estaba incluido en el precio de la habitación decidí desayunar lo mismo que cualquier otro día. A las 8:15 horas ya estaba circulando por la vía verde del Nicolau. Era un ferrocarril maderero que existió en aquella zona. El paisaje es espectacular, está razonablemente señalizada, pero tengo que hacer constar que no es una vía verde para recorrer en familia.

Se pasa por zonas bastante estrechas, hay pendientes mas pronunciadas que lo habitual en la vía verde.

Como curiosidades de la vía verde decir que tiene una pasarela colgante en la que no pare ni para mirar, mi vértigo me persigue. Y al final de la vía verde tuve que poner el pie en tierra, había pendientes muy pronunciadas y unas escaleras en paralelo. Subí por las escaleras y arrastre la bici por las pendientes, tras apartar unas vacas que habían tomado la vía verde.

Al final se supone que hay un campamento juvenil – que estaba cerrado – y una fuente. Ya tenía agua en los bidones. Vuelta al inicio.

Desde donde tenía la furgoneta fue un viaje de más de una hora por carreteras de montaña hasta llegar a RIPOLL que es donde comenzaba mi siguiente etapa. La vía verde del Ferro i Carbo. Entre RIPOLL y Ogasa. Los diez primeros kilómetros son lo más de lo más de las Vias Verdes. Buen paisaje (Pirineos), magnífica señalización, todo asfaltado, una sombra de árboles maravillosa. Todo perfecto.

Y podía quedar la vía verde en esos 10 kilómetros, pero esta gente no se detienen ante nada, y hay un recorrido de cinco kilómetros hasta lo que fueron las minas de Ogasa. Caramba con la ultima parte del recorrido. Pendientes imposibles. Son tan pronunciadas que cuando a la vuelta las vi desde arriba pensé que me podía matar en el descenso. El firme cambia a Zahorra y en tres puntos donde la inclinación es más pronunciada han puesto un asfalto donde puede agarrar los tacos de la rueda. El paisaje pese al esfuerzo merece la pena. Llegas hasta el final del recorrido y salvo dos bares donde unos paisanos me dijeron que se podía comer no había nada especial.

Vuelta a RIPOLL y furgoneta hasta Olot donde tenía mi siguiente cita. La vía verde del Carrilet de Olot a Girona. Hice una pausa para comer, aparque la furgoneta y me puse en marcha. Parece que hay un túnel por el que no se puede pasar y han realizado un recorrido alternativo subiendo un puerto, que no es especialmente duro, la vía verde da mas vueltas de las necesarias, siempre prevalecen los intereses de las carreteras, de las industrias o de cualquier otra actividad. Por eso las vías verdes dan tantas vueltas.

Subido el puerto se entra en el trayecto original del Carrilet, dentro de un bosque increíble y encima bajando y bajando, la mayoría del trayecto es increíble. Merece la pena recorrer toda la vía verde solo por ese tramo. Que bien se circula por esa vía verde. Hay poca gente y la naturaleza lo da todo: frescura, banda sonora y paisaje. Que maravilla.

Ahora bien, no todo puede ser maravilloso, a unos diez o quince kilómetros de Girona vuelve la vía verde a circular paralela a la carretera. Nadie puede diseñar con más saña un trazado. Todo está fatal, que despropósito de recorrido.

Aún así llegué a Girona. Para mi sorpresa la ciudad estaba bloqueada por unas celebraciones deportivas. Habían ascendido los equipos de básquet y fútbol de la ciudad. Todos y todas la ciudadanas estaban en la calle.

Llegué muy tarde al hotel y encima tuve que llevar la bicicleta a otro hotel pues en el que yo dormía no había sitio para la bicicleta. Otra vez a driblar a los que estaban de festejo deportivo.

Hasta las nueve de la noche no pude salir del hotel. Tome una cerveza, conseguí cenar después de dar un poco la brasa en el bar elegido. En google figuraba que cerraban a la 1 de la mañana y me dijeron a las 22:15 horas que tenían la cocina cerrada.

Pues cené y vi como se recogían los aficionados de los clubes deportivos de Girona. Un cafecito y otra vez al hotel y a dormir, tenía trabajo por hacer al día siguiente.

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3 comentarios

  1. Joderrrrrr Mariano el primer plato de comida de la derecha, deja mucho que desear, espero que estuviera bueno….ya el segundo de la izquierda es otra cosa……un par de huevos…je,je,je….me encanta que hayas protestado para que te den de cenar….Y efectivamente el Girona subió a primera, esa fiesta no te la has perdido como las de Patum de Berga. Bonitas fotos de los paisajes. Disfruta

  2. «Ahora bien, no todo puede ser maravilloso, a unos diez o quince kilómetros de Girona vuelve la vía verde a circular paralela a la carretera. Nadie puede diseñar con más saña un trazado. Todo está fatal, que despropósito de recorrido.»
    Tu desparpajo me gusta, pero esta frase tiene delito. Nadie diseñó con más saña este trazado ya que es el mismo que la compañía ferroviaria hizo en el siglo XIX. Sólo han cambiado la variante de Anglès (nuevo) y la nueva entrada a Salt y Girona por las refrescantes arboledas de la Devesa.
    Haber conservado la explanación original del Carrilet Girona-Olot es uno de sus muchos aciertos, nada de «diseñar con saña».

    1. Como ves hablo del desconocimiento y te agradezco tú información. En cualquier caso coincidirás conmigo que la situación actual, con todo lo que le han puesto alrededor no es la más agradable. Cuando vienes de disfrutar de unos paisajes tan maravillosos. Gracias por tu enseñanza.

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