230619 Feliz Cumpleaños.

Ya dije ayer que tenía muchas visitas por hacer en Comillas. Algunas, como el Capricho de Gaudi, me la tuve que ahorrar. Faltaba solo media hora para el cierre, estaba en obras y el precio era de 7 euros. Obviamente, si ya ha lo has visto una vez y encima no te va a dar tiempo para disfrutar del edificio y sus jardines. Te abstienes.

Si visité el cementerio, el puerto, las plazas y las Iglesias. Sigue pareciéndome un pueblo bastante bonito.

Como tengo costumbre mientras me dedico a peregrinas huyendo De Santiago, me levanté bastante pronto y a las ocho de la mañana ya estaba en la plaza de la Constitución de Comillas para intentar desayunar. Era el único lugar que abría algo pronto. Aunque en el horario de la puerta figuraba como hora de apertura las 8:30 horas la paisana nos ha dado cancha a partir de las ocho y cuarto. Se agradece. Los parroquianos habituales hicieron como yo, esperar. A ellos, según abrió el establecimiento ya les tenía preparados sus desayunos. Bastantes peregrinos andariegos pasaron por allí sin orientarse muy bienvenidos . No puede ayudarles, yo había accedido al pueblo por carretera y ellos buscaban los caminos que yo no recorro.

Finalizada la operación desayuno y el rellenado de bidones me puse en marcha. La etapa de hoy estaba dividida en dos tramos y tenía que concluir el primero lo más pronto posible.

Al poco de salir de Comillas comenzó a llover. Menos mal que siempre llevo en la parte de arriba de una de las alforjas. Bajé de Hortensia, me puse la prenda impermeable y continué la marcha. El primer pueblo al que llegué era Santillana Del Mar. Está bien pero salvo dos o tres edificios que he visto al pasar no he encontrado nada especial. Seguro que como avanzaba deprisa no me he demorado lo suficiente para buscar algún rincón que me impactase.

He tomado otro café, lo de que te esté cayendo agua encima durante un buen rato te destempla un poco. En el mismo bar estaba un ciclista vasco que vive en Huesca y que avanzaba hacía la tumba del apóstol. No se lo he dicho, me he quedado con ganas. Llevaba unas alforjas de un tejido, más o menos, y tenía que ponerle preservativos a las alforjas. Entre alforjas, condones y el tiempo que se tarda en montar y desmontar ese tipo de alforjas y que encima se acaba mojando lo que va dentro sale más caro que las dos que llevo yo y que realmente son impermeables. Pero no se lo he dicho.

En la calle mayor principal de Santillana había una señora con un perrito bastante ladrador y “coñazo” que cobraba por aparcar allí. Dos euros la hora y 10 euros la noche. A mi me ha mirado muy mal. He aparcado la bicicleta enfrente de donde ella estaba y no le he dado opción a cobrarme por Hortensia.

A pocos kilómetros de Santillana está Barreda. Con la fábrica de Solvay, muchas chimeneas y bastantes humos. Ese pueblo lo he pasado sin parar.

Han seguido las montañas castigándonos a Hortensia y a mi. Muchas subidas y bajadas. La mayoría de los paisajes montañosos muy bonitos pero cansados.

Después de Barreda me quité el chubasquero, ya no era necesario y daba demasiado calor.

En una de esas bajadas, en la que la bicicleta se lanza y tienes que controlarla pues no conoces las curvas y contra curvas que te vas ha encontrar me ha atacado una avispa. Yo he decidido que ha sido una avispa. No me gustaría culpabilizar a una pobre abeja.

Se ha tirado directamente a la parte inferior de mi ojo y no solo he sentido el golpe, también el picotazo. Con mucha serenidad he reducido la velocidad y he parado.

No podía hacer nada. Intuía que me había hinchado el ojo pero tampoco era cosa de hacerme una foto para ver los daños.

La entrada a Santander como en todas las ciudades. Polígonos industriales, zonas dedicadas al transporte y un empeño genuino para que cojas la S-20. Me he resistido y siguiendo las indicaciones de cuatro caminos he llegado hasta el muelle santanderino.

No me ha dado tiempo a nada. He llegado a las 11:50 y el barco hacía Somo salía a las 12 de la mañana.

Casi siete euros me ha costado el viaje. Montar a Hortensia en “Las Reginas” no ha sido fácil. Esta gente no pone ni un puente entre el lugar de amarre y el barco. Es verdad que uno de los empleados ha ejercido de mozo de carga y me ha ayudado a meter la bici en el barco y luego en Somo a bajarla.

El viaje ha sido tan agradable como yo recordaba. Venían en el barco una familia de extremeños que viven en algún pueblo de Madrid. Era una pareja y su hijo Lucas. El muchacho que debía tener 9 o 10 años estaba aterrado al montar en el barco, según avanzábamos por la bahía santanderina solo le faltó hacer piruetas dentro del mismo. Si persiste en la navegación puede convertirse en un buen marinero.

Los billetes del barco.

En Somo empezaba la segunda parte del recorrido. Ya solo quedaban 30 kilómetros y además los montes parecían más suaves.

Aquí dice que desde Santiago he recorrido casi 600 kilómetros. Será verdad.

Sin parar prácticamente, he avanzado hacia el destino de hoy. Santoña. Aunque ya digo que las montañas parecían más suaves, no he dejado de subir y de subir. Bastantes peregrinos en el sentido natural del peregrinaje, no en el sentido inverso que no deja de ser un esnobismo.

El ojo seguía molestando pero creo que la avispa sufrió mas que mi ojo. El golpe que se dio seguro que la convirtió en cadáver.

Al final y a eso de las dos de la tarde he llegado a Santoña. En ese momento he recibido un Watch donde me decían como acceder a la habitación. Creo que estaba bien durante el COVID, pero a estas alturas de la fiesta me parece un poco exagerado.

Sin más explicaciones.

Como no podía ser de otra manera en la comida de hoy me he dado a las anchoas y al queso cántabro. Muy buenos ambos productos. Tampoco lo regalan.

Una comida muy Cántabra.
Algunos cántabros son un poco especiales.

Siguiendo a pies juntillas las normas del Watch he subido a la habitación. He organizado todo y después he subido a Hortensia en el ascensor. Órdenes del propietario.

Como la habitación no reúne las mínimas condiciones para estar en ella (espacio, mesa de trabajo y wifi) después de una mínima siesta he salido a realizar la visita cultural.

Las calles principales, el paseo marítimo, el monumento al insigne marinero de la ciudad y la iglesia románica de la virgen del puerto o algo así. Según realizaba el paseo ha empezado a diluviar. Menos mal que ya no salgo sin el chubasquero. En cualquier caso me he empapado. La visita a la iglesia ha resultado limitada, estaban celebrando una misa o cualquier otra ceremonia y no me ha parecido pertinente hacer fotos en el lugar.

Durante mi caminata por el paseo marítimo me he acercado hasta el lugar de donde salen los barcos hacía Laredo y me han dicho dos cosas importantes. La primera, que el primer barco sale a las nueve de la mañana, la segunda, que no van hasta Laredo, que se quedan en “el puntal”. Con esos elementos emprenderé mi viaje mañana. No podré salir muy pronto de Santoña y me tocará hacer veinte o veinticinco minutos más de recorrido.

Eso, hoy, me preocupa. He quedado con mis amigos Belén y José para comer y tendré que apurar mucho la marcha para llegar a Bilbao a una hora razonable. Veremos como se nos va dando.

Son las ocho y veinticinco de la tarde y todavía tengo que buscar un sitio con wifi para poder subir esta entrada. Es el trabajo de un cronista itinerante.

Recorrido del día.
Pues eso, el mar de Santoña.

Y ahora lo más importante del día. Hoy Ruth, mi hija mayor, cumple años. Muchas felicidades. Siento ciertamente no estar cerca para darle un buen achuchón. En próximas fechas solucionaremos este tema.

Cumpleaños Feliz.

Que la horchata cumpleañera te haya sentado muy bien.

Para mi amigo del blog José Ángel. Mañana estaré en Bilbao, si te va bien nos vemos por la tarde. En el inicio del blog está mi teléfono. Un abrazo.

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