Por los valles de los ríos Ega y Deba.

Definitivamente no sé escribir. Cuando estoy de viaje con la bicicleta por esos “mundos de dios” me justifico pensando en que con una Tablet y un móvil y poca cobertura hago lo que puedo. Cuento el viaje del día y añado unas pocas de fotografías.

Pero resulta que vuelvo a Madrid y me queda aún por contar un par de días de viaje, me siento en el ordenador para escribir. Aquí si tengo posibilidades, no hay justificación por falta de medios. Pues con todos los medios llevo varios días para contar mi recorridos de los días 23 y 24 de junio.

Me pasé un día y medio para colocar las fotografías realizadas durante todo el viaje por fecha, vía verde y municipio donde fue captada.

Una vez organizadas las fotografías me pongo a recorrer en Google Maps lo mismo que previamente había realizado con la bicicleta. Compruebo las fotos que he tomado de cada punto que aparece en el mapa y recuerdo lo que he ido viendo. Aprovecho para comprobar que cosas hay alrededor del viaje realizado y así me puedo pasar horas y horas para escribir un par de paginas de la entrada correspondiente y compruebo al día siguiente que me he ido por las ramas y he contado más tonterías de las necesarias. Vamos, que cuando lo hago de viaje salgo del paso por la premura del tiempo y cuando estoy en casa me voy dispersando y dispersando y no acabo de contar el viaje.

Después de este tonto preámbulo paso a contar el recorrido que hice el pasado día 23 entre Estella – Lizarra y Bergara o Vergara (depende la grafía del idioma utilizado). Ese recorrido, que no todo vía verde, corresponde a la VÍA VERDE DEL FERROCARRIL VASCO NAVARRO.

Era un recorrido que había intentado el año pasado y que por inclemencias meteorológicas no la pude realizar. Este año no había opción, tenía que conseguir completar esta vía verde. He recorrido todas las vías verdes de Andalucía, las dos Castillas, Madrid, Comunidad Valenciana, Aragón, Cataluña, Cantabria y Galicia. Había acabado también las vías verdes de Murcia y después se les ocurrió abrir un nuevo trozo de vía verde en Yecla, me quedaban pues dar por terminadas los recorridos de Navarra, Euzkadi y Asturias.

Recorriendo la del Ferrocarril Vasco – Navarro finalizaba las vías verdes de Navarra y casi las de Euskadi, por tanto, bien pronto por la mañana me puse en marcha.

Casi fue un alivio abandonar el Hotel Área 99 de Estella, aparqué junto a la estación del lugar que ahora es la Estación de Autobuses de la Estellesa y a las ocho menos diez de la mañana ya estaba haciendo las primeras fotografías del recorrido.

El kilómetro cero del recorrido está en un parque justo enfrente de la Estación y al estar también señalizado no tiene ninguna perdida, vas recorriendo el parque, empiezas unas pequeñas subidas y rápidamente te vas encontrando con zona de cereal que te acompaña durante buena parte del recorrido por esa Comunidad Foral. Gran parte del recorrido se hace paralelo al curso del Río Ega y pasas por los pueblos de Zubielqui, Zufía, Murieta, Mendilibarri, Ancín y Acedo. En ese recorrido hay varias estaciones de las que pondré fotografías en esta entrada, pero lo más importante es que el cuidado que hacen de la vía verde es impresionante: buen firme, buena señalización, estaciones (la mayoría) muy bien cuidadas, información de la zona y del ferrocarril exhaustiva. Vamos un DIEZ en vía verde.

Pasado Acedo nos encontramos con el túnel de Arquijas de un kilómetro y medio que como el resto de la vía verde en el lado Navarro está especialmente cuidado. No tiene goteras y la iluminación es perfecta. Me dieron ganas de no encender la luz de la bicicleta pero la encendí, para eso la llevo. Una vez que pasas el túnel el paisaje cambia por completo y de la zona de cereal que hemos dejado atrás pasas a una zona boscosa con unos paisajes muy interesantes donde se encuentran el apeadero y el viaducto del mismo nombre que el túnel.

Entrada al túnel de Arquijas.

La estación de Zuñiga que está después de lo comentado se encuentra en estado de casi ruina, pero aún en ese estado se ve el porte que tenía esta y todas las estaciones de la línea que estamos recorriendo.

Poco después de la estación de Zuñiga se cambia de provincia y de Comunidad Autónoma. Se percibe por dos cosas: cambian el color de los carteles informativos y el cuidado de la vía verde no parece tan esmerado en Álava como en Navarra. Quiero decir que en el tramo Alavés no tendría un DIEZ, pero tiene también una buena puntuación.

La primera localidad que hay en el recorrido Vasco de esta vía verde es Santa Cruz de Campezo – Antoñana donde está situado el punto de información más importante de toda la vía verde. Se denomina con palabras “exageradas”:  CENTRO DE INTERPRETACIÓN DE LA VÍA VERDE DEL VASCO NAVARRO Y TURISMO MONTAÑA ALAVESA.

Consta el “Centro de…” De un muelle de la estación transformado en nave diáfana donde se pueden ver cuestiones relacionadas con el ferrocarril, de unos coches de viajeros situados en vía con información tanto en el interior como en el exterior de los mismos, de la Estación – que ahora es una casa particular- y de unos servicios.

Bueno, pues a las once menos cuarto de la mañana del día 23 de junio de 2022 que es cuando hice las fotos en el lugar, después de haber recorrido ya 34,3 kilómetros según el cartel que indicaba la distancia entre ese sitio y Estella, el “Centro…” estaba cerrado a “cal y canto”.

Seguro que un jueves de finales de junio no es un día punta en esa vía verde y eso los gestores del punto de información lo saben y yo lo comprobé pues salvo a la salida de Estella y algunos otros puntos no me encontré con demasiados usuarios de la vía verde. Pero creo que casi a las once de la mañana debería estar abierto. En caso contrario, que cambien los horarios que figuran en la puerta de uno de los coches.

Después de esa parada en Antoñana hay una pasarela que cruza la carretera y pasas al lado derecho de la misma.

Pasas después por Atauri, Arraya-Maestu, Elortza y poco después encontré un desprendimiento en la vía verde que no había visto señalizado. A partir de ese momento me desvié un poco del camino recto. Tendría que haber encontrado unas nuevas indicaciones para proseguir por la vía verde pero después de un par de intentos me dirigí hacía la Mina Laminoria y desde allí me indicaron como continuar. Fue una subida a un puerto que no sé exactamente como se llama pero que era bastante largo y empinado. Debo estar en buena forma, conseguí llegar hasta el final del puerto sin poner pie a tierra.

Tras bajar del puerto donde había llegado por mi mala cabeza recuperé el recorrido y pasé el túnel de Laminoria que es especialmente interesante.

Seguimos por Erentxun, Troconiz y antes de llegar a Vitoria-Gasteiz nos cayo una buena chaparrada. Siempre tendré asociada esta vía verde a la lluvia. A eso de las dos de la tarde llegué finalmente a la capital del País Vasco. Los ciclistas (aunque seamos aficionados) tenemos que ver esa ciudad como ejemplo para todas las demás. Cuantos “bidegorri”, que bien señalizados están, que fácil es recorrer toda la ciudad sin tener que salir del carril bici. Sería bueno que muchos concejales y alcaldes del resto del país se pasaran unos días en Vitoria-Gasteiz aprendiendo de como debe ser una ciudad sostenible.

Estoy seguro de que los Vitorianos tendrán sus quejas sobre la gestión municipal del tráfico, pero como visitante ocasional me pareció un lugar en donde de verdad han pensado en las bicicletas y los VMP como un medio de transporte posible.

Poco después de Vitoria paré a comer un bocata que el camarero me ofreció como de tortilla de jamón y resulto ser tortilla de bonito, tampoco es tan importante el error, para llegar con fuerza hasta el Alto de Arlaban que es donde oficialmente concluye esta vía verde.

Pasé por Urbina, Landa y finalmente llegué hasta al Ato. Tampoco es una subida especialmente dura, todo lo contrario.

En ese momento tenía una duda importante. Volver a Vitoria y pasar la noche en esa ciudad o continuar por el recorrido primigenio del ferrocarril Vasco-Navarro. La primera opción eran 20 kilómetros, que acaba de recorrer y estaba la vía muy bien para recorrerlos y la segunda solo eran 28 kilómetros y no conocía el recorrido.

Obviamente me decidí por la segunda opción, eran más kilómetros y así probaba mi estado físico y además recorrería zonas que antes no había visto.

Junto al Alto de Arlabán está el restaurante Gure Ametsa, donde pregunté por el resto del camino. Una mujer muy amable me indicó que a partir de ese punto no había carril bici hasta el siguiente pueblo: Escoriaza. Tenía dos carreteras para poder ir, la de la izquierda no me la recomendaba por la cantidad de camiones que utilizaban esa carretera. Y la de la derecha no me la recomendaba por su mal estado. Me aseguró que tendría que bajarme en algunos tramos por lo mal que estaba.

En cualquier caso cogí la de la derecha y me debí equivocar nuevamente. Era una carretera muy normal, sin mucho tráfico y con algunos baches, pero después de recorrer caminos preñados de baches y socavones parecía la Gran Vía Madrileña después de la “operación asfalto”. Y encima era toda ella una bajada, partíamos de una altitud de 717 m en el Alto y llegamos a una de 297 m en Escoriaza y ese descenso solo en 11 kilómetros. ¡Como disfruté!, y eso que fui metiendo mano al freno mas veces de las que me apetecía.

Desde Escoriaza parte un “bidegorri” que recorre prácticamente todo el valle del río Deba y en muchos momentos paralelo al río.

Tampoco hay nada reseñable en esa parte del recorrido, se pasa por núcleos urbanos de Arechavaleta, Arrasate y Mondragón, pero sobre todo se pasa por el entorno fabril de esos pueblos. No puedo decir que lo que vi fuera especialmente bonito.

Y al final, un año después de lo previsto, llegué en bicicleta hasta Bergara. Había estado en el año 2021 para al día siguiente recorrer la vía verde de los Ferrocarriles Vascongados, pero había llegado en el IBIZA y no es lo mismo. De esta forma entras en el pueblo como un “señor” a lomos de tu montura. (Es por poner algo de épica).

Donde había comido el bocadillo de tortilla de bonito había aprovechado para hacer la reserva del hotel en Vergara a través de la aplicación Booking.

Según entré en el Vergara me fui recordando de mi anterior estancia en el pueblo, donde había aparcado el Ibiza, la plaza del pueblo, donde había comido algo y hasta el hotel donde había pernoctado la vez anterior, resultó que la reserva que tenía para esa noche era para el mismo hotel que la vez anterior, el Ormazabal. Tenía buen recuerdo de él.

Antes de llegar al hotel y para desengrasar del viaje fui directo a la plaza Joan XXIII que es donde tienen el frontón cubierto de la ciudad. En esa instalación y precisamente ese día celebraban el final del curso de los distintos centros escolares del municipio. Que alborozo más maravilloso con centenares de niños y niñas entregados al papel de lo que tuvieran que hacer en el escenario, y que alborozo menos maravilloso el del doble de padres y madres dedicándose en general a sus cosas y pasando de las demandas de los infantes.

Visto que allí no se podía parar de tanto “alborozo” me fui directo hasta el hotel que está en la plaza donde la gente “potea”.  La plaza y no era demasiado tarde estaba de bote en bote, subí al hotel (tiene unas escaleras por ese lado) y después de las consiguientes identificaciones metí también la bicicleta en el hotel. Esta vez por la otra puerta que no tiene escaleras.

Aseado y cambiado de ropa me encaminé otra vez a la plaza inicial para sentarme a escribir la anterior entrada de este blog. La gente de la festividad infantil se había dispersado en gran medida y en la plaza del hotel no había quien se “agenciara” una mesa.

Conseguí un lugar y me puse diligentemente a realizar el trabajo que me he autoimpuesto, pero a los diez o quince minutos empezó a caer un aguacero que barrio el resto de gente que había en la plaza. Aguanté debajo de una sombrilla otro cuarto de hora, pero al final fue imposible. La sombrilla jarreaba agua.

Guarecido como pude en el bar esperé no que escampara, pero que al menos bajara la intensidad de la lluvia.

Tras media hora o más de perder el tiempo en la barra del bar comprobé que amainaba un poco y ya me fui a la plaza del poteo para cenar algo. No acerté.

Al salir del hotel esa tarde había comprobado que en la plaza del ayuntamiento habían acotado en un circulo un montón de “maderas viejas” para encender la hoguera de la “noche de San Joan”. Vi que en cuanto dejó de llover intensamente habían encendido la hoguera y mucha gente del pueblo tomaba vinos, cervezas o líquidos espiritosos mientras contemplaba la hoguera.

Cuando acabé de cenar y me dirigía al hotel ya solo quedaban las ascuas de la hoguera y los mismos paisanos que antes seguían tomando vinos, cervezas o líquidos espiritosos.

Y así concluí la VÍA VERDE DEL FERROCARRIL VASCO NAVARRO. Con todo lo contado merece la pena recorrerla y pasar un par de días por la zona.

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Un comentario

  1. Mariano qué gusto la lluvia, aquí en Madrid nos estamos deshidratando. Te estás aficionando a los bocadillos de tortillas variadas, je,je. No se si la foto corresponde al túnel de Arquijas., pero efectivamente es preciosso. Un abrazo.

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