231004 Aíres difíciles.
El titulo está robado de una de las mejores novelas de Almudena Grandes. Quede ese título como mi modesto homenaje a su magnífica obra literaria.
Ayer, alojado como estaba en una habitación casi de lujo comparada con la del día anterior, casi que no salí del hotel hasta la hora de cenar. Miento un poco, baje a comprar tabaco a uno de los estancos del Puerto de Santamaría.
En la habitación tenía internet que funcionaba, mesa y silla cómoda y vistas a una plaza muy agradable, que más podía necesitar.
Hortensia estaba guardada en la oficina del hotel.
Todo el viaje por la provincia de Cádiz estaba condicionado por como lo había concebido inicialmente. Había organizado todo para que cuando llevara cerca de quince días dando vueltas por Andalucía hacer una parada relajante en Cádiz junto a Tere. Ya conté aquí que esa parte del viaje tuve que anularla y entonces, como no era para estar acompañando y descansando decidí que no entraba en la ciudad de Cádiz.
Decidido eso, y después de mi inutilidad para recorrer treinta kilómetros de arena, acabé en El Puerto.
Habíamos comido bastante bien en una de nuestras visitas anteriores al Puerto en un restaurante bastante nuevo que se llama La Pescadería. Quise repetir. Seguía estando bien, pero ya no me gustó tanto como la primera vez.
Las tortillitas de Camarones no eran tan ligeras y las ortiguillas tenían, en mi opinión, demasiada harina. La cena estuvo bien.



La operación de hoy era complicada. Desayunar, ir a la estación, coger un tren de cercanías dirección Cádiz, bajarme en Río Arillo, coger un tranvía hasta Pelagatos y empezar el recorrido ciclista.
La cosa empezó normal. Desayunó y agua en el Hotel, recorrido normal a la estación y allí estaba a las 8:30 horas. Salía un tren a las 8:40. Perfecto. Había que pasar hasta la vía dos. El ascensor que está en el vestíbulo perfecto, entramos Hortensia y yo del tirón.
El ascensor que hay para la vía de donde salía mi tren era la mitad que el otro. He tenido que quitar las alforjas de la bici, coger a Hortensia en brazos y cerrar como he podido el elevador.
Por los pelos llegué al tren y eso que había diez minutos desde que llegué a la estación hasta que salía.
En el cercanías todo perfecto. Llegamos a la estación de intercambio en el modo de transporte y también perfecto. El tranvía estaba esperándonos. Salió quince minutos después, todo como había concebido el viaje.
Yo no había calculado que el recorrido del tranvía dura una hora, por lo que no hemos llegado al final de CHICLANA hasta las 10 de la mañana.



Aparte de apropiarme del título de Almudena Grandes por lo que me gustó la novela es porque hoy venía al pelo. Soplaba el Levante con velocidades de entre 35 y 50 kilómetros. Una dificultad añadida que se ha producido por mi falta de memoria. Si el paraíso de los surferos de Europa es esta zona como no iba a hacer aire.
Según me bajaba del tranvía encontré un paisano que me indicó el camino y nos contamos mutuamente nuestros Caminos De Santiago en bicicleta.
He cogido el carril bici que me ha indicado y a los cuatro o cinco kilómetros la carretera que me llevaba hasta Conil de la Frontera.
La señora del estanco de la carretera me ha indicado que el mejor camino lo tenía que “pillar” en el pueblo. Hay un carril bici, me dijo, (muy bueno – digo yo) que ha construido la Junta de Andalucía que lleva hasta los Caños de Meca. Es en su mayoría muy llano y se puede recorrer en una media. Salvo días como hoy que el viento te frenaba y amenazaba con tirarte.



En los “Caños” se acaba, sin explicación alguna. He bajado hasta la playa y he visto como el viento, como todas las cosas, estaba siendo muy adecuado para los que “saltan olas”. Estaba la playa con bastante gente practicando las distintas variedades de ese deporte. Se les veía encantados.






He seguido las indicaciones que me decían por donde ir a Barbate y cuando ya estaba a punto de coger la carretera he visto un nuevo carril bici, con la misma factura que el anterior. He comprobado que ese nuevo camino me llevaba hasta Barbate y he comenzado a subir.
Las cuestas son suficientemente suaves como para hacer el recorrido con facilidad. El “puto” viento hacía que no avanzara nada en las subidas y muy poco en las bajadas.
Cuando la racha era menor, me parecía a mí, que estaba lanzado.





Después de cincuenta kilómetros y a la una y cuarto de la tarde he conseguido llegar a Barbate. Una playa espectacular, pero aquí los del deporte acuático no estaban. Hacía demasiado viento.
He dado una vuelta por el lugar y al final me he parado a comer en el primer restaurante que vi. Casa Oscar. Puse a cargar la batería, por si acaso, y me senté a evaluar las posibilidades que tenía para concluir la etapa. Conozco un poco esa zona y sabía que según me fuera acercando hacia Tarifa el viento me daría de frente y toda esa parte se caracteriza por ser de subidas más o menos pronunciadas. Comprobé los horarios de autobuses entre Barbate y Tarifa y “sorpresa”, no había ninguno por la tarde.





Llamé a un taxi de Barbate y el paisano me dijo que estaba en Italia de crucero, me dio el teléfono de Boni, que es otro taxista barbateño, con bandera en el salpicadero de su vehículo.
Comí tranquilamente un ración de ventresca de atún rojo, exquisita, tomé café y un poco más tarde de la hora acordada se presentó Boni.

Empezamos el camino hacía Tarifa y el viento no solo movía los arboles de forma exagerada, veía al taxista agarrando el volante como si pudiera llevárselo el viento.
No tenía reserva de alojamiento en Tarifa y las previsiones de viento en el estrecho para mañana predecían vientos igual de intensos que hoy.
También conocía el recorrido entre Tarifa y Algeciras de uno de mis viajes en furgoneta y sabía que hay dos o tres. El conductor me ha sugerido que podía ahorrarme el viento de mañana y esas subidas. Me he resistido y cuando estábamos llegando a Tarifa le he dicho que siguiera hasta Algeciras. En realidad no me apetecía pasar una noche en Algeciras, sigo pensando que no es una ciudad bonita, pero daba un pequeño impulso en el tour que estoy haciendo y sobre todo me quitaba esta parte dura. Me quedan por recorrer todas Las Alpujarras, pero de eso hablaremos en su momento.
Así que estoy en “la provincia de Algeciras”, es una broma muy particular mía con mi amigo Domingo Bartolomé. Y alojado en el Hotel Don Manuel. Ha tenido tiempos mejores. En booking me decían que la habitación 40€, me he desplazado hasta allí y el recepcionista me ha dicho la misma cifra. Cuando le he dicho que me marchaba me ha ofrecido una habitación (sin aire acondicionado) por 25€. Muy mejorable, pero se puede usar.
He intentado dormir la siesta, la estridencia del sonido de la radio en el televisor me lo ha impedido. Como había intentado sacar un billete hasta Ronda para empezar la etapa allí con la aplicación de Renfe y ha sido un desastre, después de una ducha agradable me he marchado andando hasta la estación. Después de dos intentos ha sido posible. Tengo el billete hasta Ronda para mañana.
Ahora valoro la posibilidad de irme hasta Antequera en el mismo tren y partir la etapa del día siguiente en dos. Dependerá de si consigo alojamiento y de como vea el panorama. Esto de los viajes, por mucho que los planifiques, siempre sufren sorpresas. Benditas sorpresas.
Un detalle ridículo, cuando paro a comer o a cualquier otra cosa no apago el reloj en la aplicación entrenamiento.

Cuando he subido en el coche de Boni se ha puesto en marcha como si estuviera pedaleando. Al final me ha dado una medalla nueva cuando solo he recorrido 50 kilómetros. Las máquinas pueden ser casi tan tontas como nosotros.
Mariano te tengo abandonado, pero prometo ponerme al día. Tomaré nota de la novela de Almudena para leerla, aunque todavía tengo una pendiente del verano. Qué buena pinta esa ventresca, aunque claro estás en la zona del atún. Me alegro que hayas encontrado una alternativa para quitarte esos vientos tan cómodos para los surferos y tan incómodos para el resto. Lamento que no pueda Tere compartir unos días en Cádiz contigo.
Un besazo de tu gropiue.