230327 Mal día de mercado.
Acabar un viaje de tantos días con una misa del peregrino me ha supuesto todo un shock, no me hicieron nada malo pero siempre queda un poso de las cosas que dicen, y eso que el oficiante parecía un hombre refinado y con idiomas. Se dirigía a los que participábamos en la ceremonia tanto en inglés como en castellano. Evoluciona el clero.
La cena intenté resolverla con algo frugal y no me fue posible. Pedí media de mejillones con salsa de oricios y me pusieron un plato enorme, esta vez sin ninguna cascara. Después casi me paso al vegetal: unos grelos con chorizo. Imposible acabarlos.


A las 22:30 o cerca de las 23:00 que me retire hacia el hotel ENTRECERCAS que está muy próximo a todo y en el que me están atendiendo perfectamente.
Poca lectura y a dormir.
Esta mañana me ha vuelto a costar lo de levantarme. Los viejos parece que nos adaptamos peor a los cambios horarios.
Bajaba a eso de las 9:00 a buscar un lugar para desayunar y el paisano del Hotel me indicó que lo tenía incluido en el precio, tomé mis dos cafés y la media tostada y en ese momento empezaba lo difícil del día.
Sacamos a Hortensia del habitáculo donde había pernoctado y con la alforja dedicada a la bicicleta me fui hasta correos sin montarme en la bicicleta. Está especialmente cerca. Había un paisano empacando su bici y nos reconocimos (sobre todo él) de haber realizado el último tramo hasta Silleda juntos. Me contó que venía de Granada y que había tenido la intención de volver por el camino Portugués. Un dolor de muelas le hacía abortar su objetivo. Que se mejore.
Acabó de facturar su bici y la joven de correos que se ocupa de los peregrinos empezó con Hortensia. Que profesionalidad. No sé cómo llegará hasta Madrid, pero su trabajo ha sido impecable. Ha puesto papel de burbujas en los puntos sensibles de la bicicleta, nos ha prestado todas las herramientas necesarias para desmontar pedales, rueda delantera y manillar y se ha esforzado conmigo en meter la bicicleta en la caja. Cuando alguien hace algo bien hay que contarlo. También me ha facturado la alforja en una caja que llegará a Madrid al tiempo que la bicicleta.




Estoy empezando a pensar que hay servicios públicos que funcionan pese a sus responsables.
Me ha gustado tanto como me han atendido que hasta me he comprado un maillot con los logos del camino De Santiago. También un cupón del día de la madre de la once.


He ido a la oficina de atención al peregrino y no había nadie delante de mí. Me han dado la Compostela y me han vendido el certificado de los kilómetros que había realizado (3€) si añadimos el cilindro para llevar los dos documentos (2€), me gasté un total de 5 por unos papeles que tampoco tienen ninguna importancia.


He vuelto al hotel y he recogido todo lo necesario para dedicar la mañana a un paseo sin destino fijo. He buscado en las distintas farmacias unos cigarrillos de mentol, que no he encontrado, he mirado como el cosmopolitismo De Santiago admite todos los ciudadanos que venimos al lugar. Sobre todo si gastamos dinero. Y a petición De Alba me he dedicado a buscar lugares para comprar una empanada para llevar a casa.
Pensé que el mejor sitio era el mercado de abastos, hasta allí me desplacé, no contaba en que era lunes y el mercado prácticamente estaba cerrado. Cuando no hay pescado en sitios como Santiago, nadie abre en el mercado.





Encontré un lugar para comprar media empanada de Zamburiñas en el mercado y me dieron una dirección para comprar otra media empanada de Bacalao. No había de congrio, ni de Xoubas. La otra opción era la de atún o la de cerdo. No me interesaban esos sabores.
Después he paseado, paseado y mirado. Perder el tiempo en una ciudad como Santiago es algo divertido y maravilloso.







Me había enviado Alba una dirección de un restaurante donde comer: O gato negro.
Después de varios bares donde intenté tomar una cerveza que me apeteciera encontré uno y allí me senté y empecé a escribir esta entrada dedicada a la holganza. El dueño del bar no paró en todo el rato que estuve allí en intentar que la gente que pasaba por el lugar se detuviera a comer en su establecimiento. Que esfuerzo hizo el paisano. Tampoco le fue especialmente mal.
Fui hacia O Gato Negro, que estaba a 40 o 50 metros de la cerveza. Estaba cerrado. Busqué en la proximidad un bar con el nombre de Orellas y desgraciadamente también estaba cerrado.
No me quedó mas remedio que ir a un precursor de las franquicias, sin el concepto de las franquicias. El Bar Sixto, del que hay hasta seis establecimientos en Santiago con ese nombre.

Vi la carta y cuando ya había decidido me ofrecieron un pie de cerdo con grelos, cachelos y chorizo. No me lo pensé.
Tampoco penséis que un pie de cerdo es tanto. Son solo huesos.
Volví a descansar un rato al hotel. Y he conseguido, oyendo la RTVE2, dormir un rato de siesta. Como hoy tengo mucho más tiempo, me dedico a escribir esta entrada. No será la más bonita, pero será la que menos esfuerzo me ha llevado. Tened en cuenta que hoy no he dado ni una sola pedalada.
Me dice Hortensia, a través del GPS que lleva incorporporado, que ya está en un centro de distribución muy próximo al aeropuerto de La Bacoya.

Sigo pensando que la gente de correos está haciendo su trabajo de forma impecable.
He dado un vuelta por la Ruta do Franco, que como cualquiera que haya estado en Santiago sabe, es la calle mayor principal tanto para comer como para hacer compras. He decidido llevar una bobada para nuestra Irene. Cada día me cuesta más estar alejada de ella y de mis otras tres chicas: TERE, Ruth y Alba. (Las he puesto por orden de edad).

Mariano, te habrá costado dormir lejos de Hortensia, precioso paseo por Santiago y ricas y abundantes viandas. Normal que extrañes a Irene…nos pasa a muchos. Tus chicas también te recibirán con los brazos abiertos. Besazos de tu groupi.