230329 Hortensia ya está en casa.
Ha sido una experiencia muy interesante. Colaborar con el servicio público de Correos para determinados traslados de la bicicleta y otros bultos, y de la empresa en la que he trabajado tantos años para mis desplazamientos complementarios.
Cuando las cosas funcionan razonablemente bien es un autentico gusto. Llegué ayer a Madrid y hasta ya comí, cené y dormí en mi casa después de tantos días.
Cuando dejé a Hortensia en la oficina de Correos de Santiago de Compostela en manos de una empleada ejemplar lo hice mucho más relajado que cuando la mandé desde Madrid a Cádiz. La gran profesionalidad de esa empleada me dio mucha seguridad.

Como Hortensia tiene un GPS que le he puesto para saber donde está en cada momento, comprobé mientras estaba en Santiago que había salido de la oficina de correos, que había pasado por un centro de distribución que deben tener cerca del Aeropuerto Rosalía de Castro de Santiago y la fui viendo como pasaba por Medina del Campo y su llegada al ensanche de Vallecas.
Cuando ayer me levanté y bajé a desayunar en el Hotel Entrecercas, Julio me preparó inmediatamente mis dos cafés habituales y mi medía tostada.




Como me había dicho que desde el hotel hasta la estación solo había 900 metros emprendí el camino y dado que lo hice con bastante parsimonia casi llego tarde a mi tren que salía a las 10:20 horas de la mañana. En mi descarga hay que decir que las obras en la estación de Santiago hacen que el acceso al edificio está un poco complicado.
En cualquier caso a la hora adecuada estaba montado en el tren y Hortensia llegaba a la sucursal de Correos a donde yo la había enviado.
El viaje duró más o menos lo previsto, cinco o diez minutos más, y yo hice todo lo que se puede esperar de un viajero habitual de un tren en estos tiempos. Oí música, dormité, leí un buen rato, hice como que me volvía a dormir, comprobé por las ventanillas los lugares por los que había pasado previamente con la bicicleta, me tomé otro café y ya estábamos saliendo de Segovia.
En la Estación de Chamarín – Clara Campoamor lo de las obras también son importantes. A ambos lados del andén donde llegamos las máquinas se dedican a perforar donde antes estaban las vías para localizar algo que solo los ingenieros que lo han diseñado saben lo que es.








Cargando con la alforja y las empanadas que traía me desplacé hasta las vías de cercanías donde tampoco te lo ponen muy fácil.
Llegué a casa a eso de las 14:30, bajé a comprar pan y a diferencia de cuando estoy de viaje, me hice la comida. Dormí la siesta y pasé la tarde salvando las fotografías realizadas durante todo el viaje.
Según venía en el tren me llamó el propietario del hotel de Santiago diciéndome que me había olvidado las llaves de la bicicleta en el establecimiento. Me hizo el favor de enviármelas.
Al fin dormí en mi casa y esta mañana he estado esperando hasta las 12:00 para que Correos – Express me trajeran las llaves olvidadas.
Alba me ha dado una agradable sorpresa presentándose en casa a eso de las 11:00 horas. Tenía cosas que hacer en las proximidades de nuestra casa y ha aprovechado.
En vista de que no llegaban las llaves me he ido a correos a por Hortensia. Me han atendido perfectamente pero sin la especialización que tienen en la oficina de Santiago.
He llevado las llaves Ale, la navaja para abrir las cajas y en un rincón de la oficina he conseguido volver a montar la bicicleta. También he aprovechado para recuperar la ropa sucia que había enviado desde Cáceres. De una tacada Bicicleta, Alforja y bolsa. No esperaba nada más.

El resto de la mañana la he dedicado a cortarme el pelo, hacer algunas compras que tenía pendiente para casa y cuando estaba en esa fase me llamó el de Correos – Express diciendo que estaba en casa con las llaves. Gracias, como siempre, a la peluquera que hay debajo de casa que ha recogido el envío, previo pago del porte. He vuelto lo más rápido posible a casa y allí estaba Alba preparándose una ración de la empanada de Zamburiñas que había traído.
Han sido muchos días de viaje y he pasado por muchos sitios, unos me han interesado más, a otros he llegado probablemente con menos “inspiración” y me han gustado menos.
Pero pasar por Cádiz, Puerto Real, Lebrija, Utrera, Guillena, Castillblanco de los Arroyos, Almadén de la plata, Zafra, Mérida (donde estuve con dos grandes amigos), Cáceres, Plasencia, Béjar, Salamanca, Zamora (donde me encontré con otros amigos), Tábara, Puebla de Sanabria, A Gudiña, Ourense, Silleda y Santiago de Compostela. Solo he citado los lugares de pernoctación. Ha sido una experiencia muy interesante. No creo que como dicen los adictos al Camino, que me vaya a cambiar la vida, pero tampoco está mal vivir la experiencia.












Ahora no queda nada más que empezar a organizar la próxima ruta y disfrutar con Tere de los días de Semana Santa.
Es posible, por tanto, que no vuelva a escribir otra entrada en este blog hasta pasadas esas fechas, que será cuando Hortensia y yo volvamos a los caminos.
Por cierto el lugar donde guardo a Hortensia cuando estoy en Madrid estaba disponible para que la bicicleta también descanse de las palizas que nos damos. Han sido 1.189 kilómetros y no quiero saber el desnivel acumulado.


Hola Mariano. Ha sido una satisfacción seguir el camino de Santiago contigo. Y más satisfacción aún que correos te haya tratado bien a ti y a hortensia…. Tus comentarios los he compartido con mis compañeros de Santander y te Dan las gracias en nombre de la compañera gallega. Ojalá pudiese trasmitirle también a ella…. Gracias… Un abrazo… Esperando ya tu siguiente aventura
Cuando las cosas se hacen bien hay que contarlo. En caso contrario todos pareceríamos igual.
Mariano, disfruta estos días de Semana Santa con tus chicas, perooooooooo no nos olvides. Deseando que compartas tus nuevas aventuras. Que buen porte tu Hortensia y tú en la Plaza del Obradoiro. Un abrazo de tu groupie favorita