230606 He llegado. No he acabado el viaje.
El final del camino era el cabo de Fisterra o de Finisterre, dependiendo del idioma en el que se diga. Y ciertamente he llegado hasta el lugar donde en la edad medía se decía que acababa la tierra. La etapa de hoy ha sido bastante de cuestas tanto de subida como de bajada, pero no ha sido especialmente dura. Parece que desde que salí de Muros se percibía hasta donde tenía que llegar. Si algún día he disfrutado Del Mar (sin bañarme) ha sido hoy. Que playas más bonitas. Que acantilados y cuantos peregrinos y peregrinas que hacían un último esfuerzo en su camino.






Ayer llegué desde Villagarcía de Arosa hasta Muros. Desgraciadamente el camino no era por la costa y hubo que recorrer el camino hasta Padrón. Allí llegué poco antes de las 10 de la mañana y no pude dar cuenta de ningún pimiento del lugar. El paisano del Bar Pepe II me mando en dirección contraria a la que iba, pero se pudo subsanar.
Desde Padrón y hasta Noia el camino tiene una subida que casi me recordó la de O cebreiro. Pero conseguí llegar arriba y empezar una bajada maravillosa. Los olores del camino, como casi siempre que andas por Galicia es de eucaliptos, no me gustan los eucaliptos, pero me encanta el olor.




En Noia paré un rato y todos los paisanos y paisanas del lugar me indicaron que hasta Muros solo había unas pequeñas cuestas. Falso como siempre. Pero solo quedaban 17 kilómetros y se pudo soportar.
El alojamiento en esa ciudad estaba en el centro, centro del lugar y es un sitio realmente bonito. Se llama Pensión Casa Pedro y está montado con un gusto excelente. Cómodo y con vistas a dos lugares. El teatro Mercedes, que desgraciadamente es desde hace 50 años un bar y una lavandería en la que aproveché para reponer la reserva de calzoncillos, que ya estaba casi en números rojos.




Dediqué una hora larga entre el lavado y el secado de las prendas. Y casi 8 euros. Había comido en el Bar Pescadería unas zamburiñas riquísimas y cené en el mismo sitio unos buenos boquerones.



Cuando vas llegando al final de un viaje empiezas a sentir una especie de nostalgia sobre lo pasado y te pones a pensar sobre lo acontecido en el viaje. En Muros, ya sabía que me quedaba poco del viaje y me atacó esa nostalgia.
Esta mañana, cuando he bajado, la señora de la pensión, a la que no había conocido el día anterior, me dijo que rápidamente me habría la puerta para sacar a mi Hortensia que había pernoctado en un local que parecía un bar.
No supo decirme donde desayunar pero un hombre que pasaba por el lugar me dijo que la pizzería que estaba a la vuelta de la pensión ya daba desayunos.
Le pedí mi media tostada habitual y me colocó dos rebanadas de hogaza gallega que no había por donde cogerlas. Desayuné una y abandone el resto del condumio.
Como ya he dicho la etapa de hoy entre Muros y el Faro de Fisterra ha sido permanentemente por la costa. Seguía habiendo eucaliptos y pinos en el camino, pero el olor era a Mar.






He llegado hasta Carnota, que era mi objetivo para ayer, pero que por falta de alojamiento no pude llegar. Las playas de ese municipio son realmente espectaculares. Seguro que la temperatura del agua no acompaña. Pero son bonitas a rabiar. Después Caldebarcos, O Pinxo, Cee, Corcubión, Sardiñeiro y una vez en Finisterre seguir subiendo. Quedaban tres kilómetros más para llegar hasta el objetivo del viaje.
Ya había estado en el lugar. Las vistas realmente espectaculares y muchos peregrinos y peregrinas que hacían su último esfuerzo del camino.
Es verdad que había más que habían subido tranquilamente en un autobús y se hacían fotos en el lugar como si hubieran recorrido medio mundo andando.
Los puestos de recuerdos habituales en esos lugares. Un bar donde un grupo de motoristas celebraban su llegada hasta el Faro más famoso de la península. También estaban un músico con un sinfín de flautas, un gaitero que no paraba de interpretar la misma melodía y un paisano que te ponía el sello en la credencial del peregrino por la voluntad. Me ha aclarado que entre unas cosas y otras, eso le ayuda para poder vivir.

También me ha dicho que le gustaba hacer eso. Que parte de eso es verdad, no lo sé. Pero estaba tan cómodo en la punta del faro con su sello y su lugar para recaudar la voluntad de los que hasta allí llegábamos.
La bajada hasta la ciudad de Finisterre casi la hago sin encender la bicicleta. Según indicaba la carretera en la subida eran 2,5 kilómetros con una pendiente media del 6%, pues la bajada como os digo. A tope.
He parado en el puerto y después me he dedicado a buscar el apartamento donde me alojo. Entre el puerto y el lugar donde me alojo estaba puesto el mercadillo correspondiente. Cuando he atravesado los puestos en bicicleta (dos veces), las miradas de los vendedores no han sido de simpatía.
He atravesado dos veces el mercadillo porque por mucho que me lo propusiera no encontraba el apartamento donde me alojo. Al final he tenido que llamar a la propietaria y me ha indicado que la llave estaba en el cajetín y que la volviese a dejar en el mismo sitio mañana.






Con la bicicleta dentro del apartamento y la batería cargándose en el salón del lugar he bajado a comer. Otra vez pulpo y algunos cachelos. Ha llegado un Austriaco que venía andando desde el puente de Santiago en Irún. Se ha pedido una gran jarra de cerveza y me ha pedido que le hiciera una foto celebrando la llegada hasta aquí con la jarra en la mano.


He subido hasta el apartamento y he dormido tranquilamente una siesta. Al tener toda la casa para mí, me he sentado en el salón cocina con Hortensia al lado a escribir la entrada del día.
No se me olvida, el domingo se certificó que el equipo de Mi Pueblo, Valladolid. Fue el mas torpe y de cinco que se jugaban el descenso a segunda división la competición la ganó el Real Valladolid y se salvaron los otros cuatro equipos. Que generosidad la de los vallisoletanos.
Mañana tocará ir hacía el interior para volver a ver en un par de días al Santo Apóstol. Es otra forma de viaje. No cumplir con lo previsto. Primero el Santo y luego el fin de la tierra. Yo he llegado al fin de la tierra y luego veré al Santo. No sé que será lo mejor. Pero es como lo he programado.


Que playas más bonitas y qué buenas viandas. La pensión Casa Pedro, una chulada y la fachada del teatro Mercedes una pasada. Entiendo tu nostalgia, ya no te queda nada. Un abrazo de tu groupie.