230928 Soy un miserable.
Acabé la jornada en el Bar El Niño de la Venta del Charco. Era el que había, no había otra opción. Una terraza sin nadie sentado y un bar (especie de chiscón) sin público. Me senté en la terraza y me pedí una cerveza, tampoco había opción. Cruzcampo. Visto el panorama le pregunté a la paisana que atendía el Bar sobre la hora de cierre, me comentó que sobre las nueve y media y las diez. También me advirtió que no había cocina, que solo me podía dar de cenar cosas frías. Acordé con ella que a eso de las nueve y cuarto me pusiera media ración de Lomo de Orza y otra media de Queso.



Allí estuve leyendo un buen rato y viendo como entraban un par de parroquianos al establecimiento.
Cuando apareció con la cena la temperatura había bajado un poco. Me puse el cortavientos y cené tranquilamente en la terraza. Después de tomar un descafeinado me despedí de la paisana hasta este mañana. Me dijo que a primera hora estaba la propietaria del establecimiento. Estaba claro que no la volvería a ver.
Dado que estaba absolutamente solo en el apartamento dejé puesta la cadena ser toda la noche. No podía molestar a nadie y ni siquiera me enteré de la parte que no me interesa. No me enteré ni del comienzo ni del final de la página deportiva.
Esta mañana a las seis (es lo que tiene acostarse pronto), ya estaba despierto. He vuelto a acostarme y he aguantado hasta las siete de la mañana.
Ya no había opción. Me tenía que levantar. No había amanecido del todo. Organice las alforjas con el objetivo de deshacerme de parte del equipaje en el primer pueblo donde encontrara una oficina de correos.
He ido hasta el Bar El Niño, la señora que lo atendía, no estoy exagerando, tenía por encima de los 90 años. Tampoco había nadie allí. Le he pedido mis dos cafés matinales y la tostada. De entrada me ha dicho que ella no sabía hacer una tostada. Se lo ha pensado y atendiendo a mis sugerencias a cogido un trozo de pan y lo ha puesto a tostar en algún sitio. Luego me la ha puesto en un plato y me ha dado un recipiente que no sabía si era aceite u otro líquido. Entre su vista y mis cataratas hemos decidido que si era aceite. Los dos cafés, de aquella manera. Luego el precio no se ha ajustado al servicio. 4,4 € por los cafés y la tostada.
Hasta Cardeña, que es el municipio del que forma parte la Venta del Charco, he subido bastante. No tanto como me ahorré ayer desde Marmolejo al alojamiento. Han sido casi diez kilómetros, no eran cuestas imposibles, pero había que subir. El paisaje básicamente de encinas a un lado y otro de la carretera. Ni me han adelantado muchos coches, ni me he entrado a casi nadie de frente. Seguía con el corta vientos, la temperatura matinal lo recomendaba.





Cardeña ha pasado sin pena ni gloria, no me ha parecido un municipio interesante. Hoy tocaba mercadillo y lo que había eran unas fruterías y quizá (no lo he visto bien) algún puesto de ropa.
Como me estaba quedando sin tabaco he comprado un par de paquetes en el pueblo, aunque no eran de mi gusto.
El camino era fácil. Una carretera de unos cincuenta kilómetros hasta Pozoblanco, pasando por Villanueva de Córdoba. Las piernas respondían y ni siquiera he entrado en Villanueva de Córdoba. He visto las indicaciones hacía la Estación de Alta Velocidad del pueblo pero he decidido no visitarla.




He parado a fumar un cigarro en un lugar donde vendía productos ibéricos, pero he preferido no tener curiosidad. No he entrado.
Otros tantos kilómetros hacía Pozoblanco. El paisaje muy similar. Subidas, bajadas, pero nada espectacular.
He llegado hasta Pozoblanco y he cumplido con los objetivos que tenía previsto. La oficina de correos estaba (como siempre) bastante céntrica y he mandado un paquete con la ropa sucia. Ya puedo cerrar las alforjas. Que no es poco.
Después y ante el resto de la etapa que tenía por delante he ido a un bar y he pedido el favor de que me dejaran recargar la batería de la bicicleta. La muchacha, ciertamente muy amable, ha accedido a mi petición. Me he sentado en la terraza a beber una botella de agua. Luego me he ido hasta el estanco próximo donde no me han podido servir el producto que demandaba. He vuelto al bar. Me he vuelto a sentar en la terraza a comer una tostada de bacalao ahumado, una cerveza y un café. He pagado y ni siquiera se me ha ocurrido dejar una propina en agradecimiento. Veis la razón del título de esta entrada. No me lo perdono, pero ni se me ha ocurrido.



Habiendo satisfecho las necesidades de un medio almuerzo-comida, me he vuelto a poner en marcha. La batería había subido hasta un 83% de carga y cuando la puse a cargar tenía el 61%, había ganado un 22% y me había asegurado llegar al objetivo.
Hasta Alcaracejos tenía por delante once kilómetros. En ese pueblo estuve cuando intenté recorrer la vía verde del Guadiana y Los PEDROCHES. Fue una aventura que ya conté en su momento. Me perdí, si hubiese tenido cobertura hubiera llamado al 112, tuve suerte, no había cobertura. Acabé saltándole alguna valla y alguna señal de prohibido el paso y volví a encontrar la vía verde. Hice lo que pude en aquel momento.
Hoy había decidido obviar ese camino. No tenía el cuerpo para aventuras inútiles. La documentación que figura en la web de las vías verdes hay distintos tramos en obras. Meterme por esos montes, por el monte de Belmez y llegar a Peñarroya-Pueblo nuevo a una horas intempestivas no me atraía nada.
En Alcaracejos ni siquiera paré. El hotel dónde pernocté ni siquiera le vi. Seguí adelante hasta Villanueva del Duque y allí paré para tomar un segundo café (esta vez con hielo).





Fue rápido. Cometí un error de bulto, no rellené los bidones y cuando en el camino he bebido estaba el agua para lavarse la cabeza. Que temperatura.
Como en el camino (30 kilómetros) no había absolutamente ningún lugar para pararse y recargar los bidones, he tenido que llegar hasta el destino bebiendo agua caliente. Lo importante es hidratarse, aunque el agua te dé un poco de asco.
Solo he parado una vez en esos 30 kilómetros para hacer unas pocas fotos, no encontraba ninguna sombra donde poder descansar. El paisaje seguía siendo dehesa, quizás menos poblada, pero siempre llena de encinas. Debía ser la hora y el calor, pero bajo las encinas no he visto prácticamente ningún “bicho”. Ni toros, ni cerdos, ni ovejas.
Una última subida larga y finalmente, para llegar a Peñarroya-Pueblo Nuevo. Una bajada impresionante. Seis kilómetros y un desnivel del 9%. Bajamos Hortensia y yo como si tuviéramos prisa.
Llegué al lugar. Me paré a tomar un agua “fresquita” e intenté que la muchacha del bar y una amiga suya me dieran indicaciones para recorrer las dos vías verdes que me quedaban por recorrer en esta población.
La vía verde del Cerco y la vía verde de Peñarroya-Pueblo Nuevo. No tenían ni idea. Siguiendo las indicaciones de la página de las Vías Verdes he conseguido recorrer ambas. Como ya estaba avisado he recargado uno de los bidones para hacer el recorrido pendiente.






En realidad las dos vías verdes son los carriles bicis del pueblo. Sin información. Una de ellas con vistas a los vestigios de la zona industrial del siglo XIX, la otra no tiene ningún interés.

Venía sin alojamiento reservado y según google estaba el Hotel Sol. Debió ser moderno en los años 60 del siglo pasado. Hoy está absolutamente obsoleto. Pero puedo pernoctar.
Hoy el tonto de mi reloj me ha dado una medalla por hacer el recorrido más largo en bicicleta desde que lo controlo con el reloj: 107,730 kilómetros. La carga que hice en Pozoblanco no hubiera sido necesario. He llegado casi con un 50% de batería.

Si Hortensia aguanta, de momento las piernas de Mariano también.
Según lo que tengo previsto para mañana debo entrar en algún momento en Extremadura. Luego seguiré hacia la Sierra Norte Sevillana. He realizado reservas para mañana y pasado. Es fin de Semana y siempre hay más demanda.

Veremos cómo se nos da.


Mariano, me hubiera gustado verte dándole instrucciones a la camarera nonagenaria, de como tostar un trozo de pan, que despropósito, aunque en esa edad está todo perdonado.
He cogido carrerilla y voy a ver si me pongo al dia con tus blogs.
Lo de la propina, ha estado fatal…… aunque para miserable, tampoco.; aunque si yo hubiese sido la camarera, el recorrido lo hubieras hecho pitàndote los oídos, peroooo ya sabes de mi carácter dulce y agradable 🤣🤣🤣.
Has hecho bien en evitar saltar vallas, que entonces la aplicación te hubiera dado medalla platino, peroooo la guardia civil o los propietarios de los campos allanados te hubiera dado otro tipo de medalla.
Razón tienes con el Hotel Sol,…….y ¿en medio de un polígono? Qué vistas más feas, ¡¡ volvemos al amianto!!!!!!
Cuidate amigo, un achuchón de tu groupie.