230902 Dormir en una carbonera.
Vaya día complicado, me levanté a las seis de la mañana aunque el taller para Hortensia no abría hasta las nueve. Preparé todo y a las ocho de la mañana estaba tomando café, no tenía que bajar antes. El taller estaba a cinco minutos del hotel. Desayuné como siempre. Los Asturianos ya habían partido. Al menos sus bicis no estaban en el trastero donde las guardamos.



Llegué al taller justo en el momento en que abrían la puerta. Hablé con David que era el profesional en bicicletas. Desmontó el freno delantero y aseveró que estaba bien. Buena noticia. Luego se puso a trastear y la cosa ya no parecía tan fácil. Desmontó la rueda y comprobó que faltaba una pequeña pieza del “buje”, para mí del eje de la rueda. No tenía recambio. Me tiré a la piscina y le pedí una rueda nueva. Tampoco tenía. Quedarme anclado en Valverde del Camino no entraba en mis objetivos.
Trasteo en sus almacenes y encontró una rueda con la misma medida que la mía y la solución que me ofreció me pareció complicada. Tenía que desmontar los radios de la rueda encontrada, de la mía y poner el eje de la rueda desmontada a Hortensia y volver a poner los radios. Me dijo que el trabajo llevaría una hora y media. Al final han sido dos horas y cuarenta minutos.
He perdido ese tiempo paseando por el pueblo, fumando y caminando hasta Valverde del Camino por la Vía Verde de los Molinos del Agua, tomando otro café y haciendo preguntas estúpidas a David.
Perder más de dos horas y media sin tener nada que hacer en un pueblo como Valverde daba pocas opciones. Al final la rueda delantera de Hortensia ha quedado como nueva. Me ha cobrado el “buje” y la mano de obra.
Como la vía verde pasaba justamente por delante del taller opté por recorrer esta vía para avanzar hacía el destino programado.
La experiencia que había tenido en esa vía verde no había sido nada positiva, pero el viaje de hoy corría prisa.
La señalización de la vía verde había mejorado desde cuando yo la recorrí. Ahora forma parte del Eurovelo 1 y las señales de ese recorrido han mejorado las indicaciones del camino. Tenía pendientes unos 90 kilómetros de recorrido y saliendo a esa hora, nada presagiaba un buen final. Recorrí los 33 kilómetros de la vía verde en una hora y veinte minutos. No paré ni para beber agua. Llegué a San Juan de Puerto y paré en un restaurante. Había intentado beber agua cuando llegué a ese sitio y estaba imposible. Les pedí que me pusieran un par de hielos en cada bidón, así me ahorré una nueva botella.




Me dieron las indicaciones oportunas para realizar el resto del recorrido. Ir por carretera hasta Moguer, continuar hasta Palos de la Frontera y sin parar en ambos pueblos, continue hasta Mazagon. Allí paré, me tomé una cerveza y un pequeño plato de chacina. Tampoco era muy variada. Apuré un café y dado que era lunes y tenían en el Café París máquina de la primitiva, compré los juegos tradicionales de los lunes. Volví a meter hielos en los bidones y emprendí los treinta y un kilómetros finales del recorrido. Me habían contado que hay un carril bici entre ambas poblaciones. Me metí por él y comprobé que la velocidad por la que podía circular era menor que por la carretera. Al principio era un terreno asfaltado, luego se convirtió en una pista forestal por medio del parque natural de Doñana. En algunos tramos la arena del parque había invadido la vía verde y tuve que recortar mucho la velocidad para no terminar en el suelo. Recorrí casi 25 kilómetros por esos caminos y es en el único sitio donde paré para hacer alguna foto.




Esta mañana, cuando empecé a hablar con David me dijo que en el recorrido me encontraría con “donde habían soltado al Mihura”. No entendí nada. Me explicó que hay una base desde la que envían al espacio a un cohete español de ese nombre. Lo he visto. No me he parado, no tenía ningún interés.
A cuatro o cinco kilómetros de Matalascañas volví a la carretera. Había comprobado que el tráfico era escaso y el arcén amplio. Por el camino transitado divise por primera vez el Atlántico.





Esta zona la había recorrido en 2017 con una furgoneta alquilada, acababa de arder y el paisaje era desolador, ahora han empezado a crecer nuevamente los pinos, se nota que son excesivamente jovenes.
Me estaba imaginando cambiar de planes. Como no tenía los datos en ese momento, pensé en llegar hasta Sanlúcar. Los precios de los alojamientos en Matalascañas eran prohibitivos y pensé en irme a dormir a la provincia de Cádiz.
Menos mal que los mapas nos ponen en nuestro sitio. Cuando paré frente al mar y pude sacar el móvil para ver lo que me quedaba hasta Sanlúcar decidí que solo había sido uno de mis desvaríos. Quedaban 30 kilómetros y todos ellos por la playa. Hay que esperar a que el Atlantico esté en bajamar y no era el momento. Otra vez a buscar alojamiento en Matalacañas. Encontré en una de las aplicaciones que uso el Hostal Tamarindo. Estaba solo a 100 metros de donde me encontraba.
Paré a Hortensia (se había comportado como le corresponde) y subí hasta el HOSTAL, un señor con audífonos y sentado en una silla de playa me ha recibido y después de buscar las llaves en unos armarios indescriptibles, me enseñó una habitación por 40 €, dos camas y en una primera planta a la que era complicado subir a Hortensia. Después me enseñó otra por 30€ en la planta baja. Supongo que en algún momento fue el almacén de un bar que hay delante. Una puerta metálica, tuvo que buscar un interruptor en el techo del pasillo y me enseñó el “chiscón” que me ofrecía. No tenía ganas de pelea y acepté la habitación. Es absolutamente impresentable. Los controles sanitarios creo que no han pasado por aquí en ningún momento. En cualquier caso he llegado a destino. Me decía Ruth mientras estaba en Mazagon que estaría pasando mucho calor. La brisa del mar que me ha acompañado según avanzaba paralelo al mar ha mejorado mucho la temperatura ambiente.





Estoy haciendo un estudio sobre las mareas. Si no hay marea baja, los primeros treinta kilómetros de mañana no podré hacerlos.

Luego, al menos mentalmente, el viaje lo he complicado bastante. Si llego a Sanlúcar tendré que llegar hasta El Puerto de Santa María, he decidido utilizar varios medios de transporte púbico para llegar hasta Chipiona. Seguiré el viaje en bicicleta. Ya veremos.
Mariano, cuanto me alego que Hortensia se haya recuperado de su resfriado. Gracias al doctor David que la cogió a tiempo. Buena pinta tiene esa caña de lomo, cosa que no puedo decir del cuchitril donde pernoctaste……Demasiado poco pasa…..¡¡¡¡¡qué pena¡¡¡¡¡. Entiendo que lo de la marea baja es porqué vas a ir pegado al Atlántico??????. Te hubiera recomendando algún sitio en San Juan del Puerto, que es el pueblo de un compañero de trabajo.
Espero que puedas seguir con tus planes. Un besazo de tu groupi.