230701 Epilogo a un libro inesperado.

Acabé la noche de San Juan en la playa de Zurriola de Donosti bastante pronto, no me quedé hasta que ardieron las hogueras y tampoco para ver como los distintos espiritosos que la gente consumía hacían sus efectos, eso sí, vi una de las puestas de sol más bonitas y rápidas que he visto nunca. El día 24 (día que hubiera sido el cumpleaños de mi madre) tenía como objetivo llegar a Madrid. Había acabado los recorridos previstos y no debía demorarme en la holganza.

Noche de San Juan en la plaza de Zurriola y la hoguera correspondiente. Por supuesto unas sardinas de cena.

Dado que tengo “un gran dominio de la logística del transporte de viajeros” había elegido el peor día para volver a Madrid. Las vías entre Irún y Andoain estaban cortadas por remodelación. Solución para el experto. Ir de San Sebastián hasta Andoain Centro montado en nuestra Hortensia. Todos a los que consulté me dijeron que había un buen bidegorri y poco más. Mentira. Como salí de Donostia a las 7:30 de la mañana tras tomar dos cafés de máquina llegué con tiempo suficiente a mi estación de partida. Obviamente no había nada ni nadie en la estación y para subir a las vías había unos maravillosos ascensores donde no cabía la bicicleta de ninguna manera.

Volví a la plaza del pueblo y me tomé un café de verdad, no de máquina. Estaban recogiendo en la plaza el resultado de una noche bastante animada. Un paisano del lugar me recomendó un camino para llegar hasta la vía de donde debía partir mi tren. En el bar me prepararon un bocata de tortilla y una cerveza para el viaje. Es verdad que la cerveza en bote era de la marca Keller, pero no había otra opción.

Andoain

Entre unas cosas y otras me planté en el andén correcto a las 10:30 y el tren debía de partir de allí a las 11:36. Un buen rato para ver el paisaje y sobre todo para reflexionar sobre lo divino y lo humano.

Acoplada Hortensia en el lugar adecuado y siguiendo las indicaciones la pulsera de ejercicio me puse a caminar por el andén. Arriba, abajo, arriba. Vamos hasta que llegué a los diez mil pasos previstos.

Pasada la hora en que el tren tenía que llegar a ese lugar ni había anuncio de cuando llegaba ni siquiera si tenía intención de llegar.

Los paneles no decían nada, intenté utilizar el interfono de ADIF para saber cuándo llegaría el tren. Imposible.

Unos paisanos, que siempre son más listos que los foráneos me dijeron que mi tren llegaría seguro. Esperé, esperé y a eso de las 12:10 apareció un convoy que parecía ser el mío.

Nos montamos Hortensia y yo en el tren tras cargar con ella. El andén no estaba adaptado a la altura de los trenes. Supongo que es lo que están remodelando.

Luego, aquello fue un tren de cercanías hasta Vitoria-Gasteiz. Subían, bajaban, las sillas infantiles ocupaban gran parte del espacio y los gorgojeos y lloros de los niños y niñas amenizaban el viaje.

Hortensia acoplada en el tren que me traería a Madrid.

Pasado Vitoria, el tren emprendió un camino más rápido. Miranda de Ebro, Briviesca y Burgos. Una paisana me contó que quiere hacer un camino De Santiago con un primo que la había cuidado en un momento difícil. Que duro es ser empático. Cuando se bajó la señora del primo saqué el bocadillo de tortilla, que tenía una pinta mejorable, y comí. Tras ese momento aproveché para la siesta, pero no me libré de ver Palencia, Venta de Baños y toda la línea ferroviaria que hay hasta Valladolid en la que yo trabajé: Dueñas, Cubillas, Corcos y Cabezón de Pisuerga.

Saqué un libro de la tableta y me puse a leer. Medina del Campo, Arévalo, Ávila, San Lorenzo del Escorial, Villalba de Guadarrama y Madrid Príncipe Pío.

Eran poco más de las siete de la tarde cuando llegué a Madrid. Organicé todo y tras un par de escaleras eléctricas y un montón de gente a los que molestaba conseguí llegar al Paseo de San Antonio de la Florida y fumar mi primer cigarro en seis en siete horas.

Camino a casa comprobé que la temperatura madrileña me sobrepasaba. Llegar a casa desde la estación del Norte (Príncipe Pio) fue una auténtica heroicidad. El calor era ciertamente bochornoso. Llegué.

Reencuentro con TERE y ya estaba en casa.

El domingo día 25, dado que ya tenía la furgoneta que Ruth me prestaba en casa, me fui con la bicicleta BH hasta la casa De Alba. No la molesté. Había estado la noche anterior en un festival. No voy a calificarlo, pero actuaban David Bisbal y King África.

Guardé en el trastero la bici y los trastos varios que había en la furgoneta. La alimenté y volví a casa.

El lunes (día 26) hice un viaje con la furgoneta hasta Valladolid. Tenía que recoger unos sillones de mis padres que habían restaurado en un tapicero Vallisoletano. Como siempre, en estas circunstancias, el paisano no estaba y me tocó buscar la forma de recuperar mis sillones.

Pequeño recorrido hasta donde tenían el material y visita a mi hermano en Laguna de Duero. Vuelta a Madrid. Parada para comer unos montados en el km. 80 de la autovía de Pinares y directo a casa De Alba.

En ese momento empezaron los problemas. No había quién consiguiera meter una velocidad en la furgoneta. Bajamos los sillones y volvimos a cargar en ella los elementos de trabajo que llevaban en ella.

Ni Alba, ni el señor de la Grúa, ni yo conseguimos meter una velocidad. Que mierda, el puto embrague se había roto. La grúa se llevó la furgoneta a Villalba y yo volví a casa en el Honda De Alba.

Dos días en Madrid tontos. Fui a correos a por la credencial del peregrino que había olvidado en Arzúa y no la encontraban. Fui a cortarme el pelo en la barbería habitual y tenía cubierta toda la mañana. Compré embutidos varios y volví a casa.

Al día siguiente me quedaron la cabeza y la cara como una bola de billar y rescaté de correos lo que me habían enviado desde Arzúa. Casi quince euros.

Recorrí medio Madrid hasta Castellana 100 donde había comprado a Hortensia y un par de cosas que les planteé quedaron sin solución. Volví a casa.

Leí el último libro de Donna León y después de cenar y ver gran parte del Intermedio, vi un capítulo de la serie RAPA.

Los días 29 y 30 tuve que volver a Valladolid, pero eso será otra entrada. A la vuelta en la peluquería de Mari José que está debajo de casa me esperaba una gran sorpresa.

Intento contarlo con detalle. Durante toda mi vida laboral en Renfe tuve contacto con muchos compañeros y compañeras, especialmente cuando estaba en la dirección del Sector Ferroviario de CC.OO., acabado el tiempo sindical seguí manteniendo relación con algunos compañeros, con otros menos.

Cuando acabé mi periodo laboral y empecé a publicar tanto en este blog como en Facebook me reencontré con algunos y algunas de mis compañeros del pasado. Creo que nos ha pasado a todos.

Un reencuentro especialmente entrañable se produjo cuando en el mes de enero  y principio de febrero de 2019 recorrí en coche gran parte del Románico Palentino y Burgalés y cuando volvía hacía casa desde Aguilar de Campoo por una tormenta de nieve paré en Venta de Baños e hice una foto que publiqué con error tan gordo que mi amigo Goyo García Hernández  no tuvo más remedio que ponerse en contacto conmigo y “reñirme” por decir que una iglesia menor del pueblo era el Monasterio Visigodo de San Juan de Baños.

Acepté la reprimenda pues había cometido un error fatal. Goyo y yo quedamos en que pasaría por el pueblo en que vive y veríamos detenidamente San Juan de Baños y nos tomaríamos unas cervezas.

Los confinamientos, los viajes de unos y otros y la seguridad de que la iglesia y mi buen amigo no se van a mover del lugar ha impedido hasta ahora el viaje para pasar un buen rato con él.

Interior de la Iglesia de San Juan de Baños. (Imagen «robada» de la Wikipedia.

Cuando realizaba este año el Camino de Santiago Francés quedamos en vernos en Fromista para tomar un café. Circunstancias impidieron ese encuentro. Ya conté luego que me encontré con su hermano Paco en O Gato Negro de Santiago.

Goyo me había pedido la dirección para enviarme algo. Me dijo explícitamente que no preguntara y no pregunté. Bueno, pues como he dicho la peluquera de debajo de casa tenía un voluminoso sobre para mí.

El viaje a Valladolid había ido bastante bien y deshice la bolsa de viaje que era lo único que traía de mi visita de dos días. Solo cuando ya tenía todo recogido y pude hacerme un café me atreví a abrir el sobre.

Goyo había recopilado en un libro todas las entradas que había publicado en marianoenbicicleta.blog sobre mis recorridos por el Camino de Santiago. Me parece un regalo excepcional. Dedicar su tiempo a ir cogiendo cada una de las entradas, ordenarlas, imprimirlas, encuadernarlas y luego enviarme el fruto de su trabajo me parece realmente bonito.

Libro con mis caminos de Santiago editado por Goyo. Muchas gracias.

Creo que esta entrada que ya no va a estar en el libro que me ha mandado Goyo puede ser el epilogo para ese libro que está ya en un lugar de honor de mi biblioteca. En la ficha que hago de cada libro he puesto dos autores: Gregorio García Hernández y Mariano M. Alonso y de la Fuente.

Muchas gracias, Goyo. Ya no tengo excusa para ir inmediatamente a pasar un buen rato contigo en Venta de Baños.

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Un comentario

  1. Ay Mariano, qué regalazo el libro de Goyo, es realmente emocionante. Ahora solo falta editarlo y publicarlo, je,je,je, todo se andará. Me encanta el atardecer desde Andoain. Vaya periplo la vuelta a Madrid y el regreso desde Valladolid. Cuídate mucho, nos vemos pronto.
    Un abrazo de tu grupee.

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