230925 recupero la Memoria.
Hubo un momento en el que yo estuve por aquí. Ayer cuando Antonio Hijo me subió a Santiago de la Espada no reconocí nada. Parece que no había estado allí nunca. El pueblo está en un lugar increíble (paisajisticamente) pero lo que vi no causo en mi mucha impresión. Me moví por una calle donde estaban todos los alojamientos De Santiago y nada tenía que mostrar. Si me hubiera dado una vuelta, según las distintas webs que había leído, tampoco hubiera encontrado nada, pero no lo hice.
Me quedé en el Hostal San Francisco escribiendo el blog y tomando una cerveza. Cuando me cansé, pagué la cuenta y me desplacé hasta el otro establecimiento abierto, vi el panorama y como nada de lo que se veía en el nuevo bar me pareció interesante, volví al Hostal donde me alojaba.


Pedí unos huevos fritos, que estaban bien, pero no tenían puntillas. Manías que uno tiene.
Antes de las once de la noche ya estaba en la cama. Como no había televisión puse la radio en el teléfono y así me dormí.
Esta mañana me he levantado un poco tarde, eran las siete y media y tocaba correr, he perdido menos tiempo del habitual y a las 8:45 ya tenía todo montado en Hortensia.
Sorpresa, el Hostal San Francisco estaba cerrado y el otro bar de la calle parecía que pretendían abrirle.
Pedí mis dos cafés habituales y la tostada con aceite. Bien. Fui a por Hortensia que la había dejado a las puertas del hostal donde me había alojado y desayuné.
Ya lo comenté ayer, hay que calentar para que el cuerpo responda correctamente al ejercicio. Bueno, lo primero que me he encontrado han sido cinco kilómetros de subida de un puerto. ¿Dónde coño caliento?.
Pues sin más me he puesto en marcha. Llevaba la cadena ser puesta en el móvil y no había recorrido un kilómetro cuando se ha cortado. Cobertura cero en el móvil. He puesto música y he seguido pedaleando. Ha sido duro pero como tenía las fuerzas de haber descansado bien por la noche y de los cafés y la tostada he podido llegar hasta la cumbre del puerto. Que manía tienen ahora de poner carteles diciendo que puerto era y los metros de altitud. Según Manolo, el del bar donde he desayunado, había pasado de 1300 metros de altitud a 1700 en esos cinco kilómetros. Después comenzaba la bajada. Seguro que era miedo o prudencia. Como la bajada estaba preñada de curvas bastante cerradas fui utilizando los frenos con profusión. La experiencia ha sido aterradora. Sonaban los frenos como si me fuera a quedar sin ellos. Paraba en todos y cada uno de los miradores que encontraba y dejaba que las pastillas descansaran de la presión a la que les estaba sometiendo.




Subiendo, que en ese momento lo agradecía, y bajando que me seguía asustando, he llegado a Pontones. El pueblo no era espectacular, pero estaba bien. La sorpresa es que la Iglesia estaba abierta. La otra sorpresa ha sido que pedían un euro para iluminar la iglesia. No he pagado el euro.




Después de Pontones está Pontón Alto. Un kilómetro hacia arriba. Si Pontones no me ha parecido bonito, en Pontón Alto ni me he parado. No me ha parecido interesante. Otra vez a bajar y a que los frenos crujieran como si les fuese la vida en cada frenada. En algún momento del recorrido, cuando estaba casi abajo de la montaña he visto en la distancia dos cosas, abajo a la izquierda el Embalse del Tronco que por lo que he percibido estaba bastante escaso de agua. Ya había pasado por él en dos momentos. Cuando fui a recoger la BH en Puente Genave y recorrí parte del Río Segura con el Ibiza. En esa ocasión también pasé por los dos Pontones.





La otra cosa que vi no me lo podía creer. Un pueblo esculpido en lo alto de una montaña. Estaba arriba, muy arriba. Pensé, hasta allí no llego.
Bueno, pues la carretera, solo tenía una dirección, llegar hasta el pueblo que estaba en la cumbre. No había otra salida. Sin dudar mucho emprendí la subida. Paisajes también maravillosos. Estaba en la zona de la Sierra del Segura, dentro de todo el conjunto que es la Sierra de Cazorla, Segura y las Villas.

Según me iba acercando al pueblo que había visto en un lugar inalcanzable comprendí que aquello era Hornos. Un pueblo en el que había estado previamente.
Hasta dentro del pueblo había cuestas que no son adecuadas para personas con la edad que yo tengo. Venga a dar pedales y avanzaba casi tampoco como si estuviera en un rodillo de ejercicio.
Al final llegué hasta donde había parado en mi anterior visita. Resulta que cuando me dirigía hacia el nacimiento del Río Segura había llegado a ese pueblo. Allí me dijeron que había dos caminos. Por el que había venido hoy y la carretera antigua. En aquella ocasión elegí la carretera antigua que es donde la bicicleta se estropeó y solo pude llegar a la civilización gracias a un camionero maderero que me bajó hasta Cortijos Nuevos. Desde allí Miguel, el de un taller, me llevó con su grúa hasta Puente Genave. Lo recordé todo.





He vuelto al taller y he sentido que Miguel no estuviera. Soy una persona que agradece siempre las buenas acciones. Quería agradecerle nuevamente su buena acción.
Como también soy un poco aprovechado les he preguntado a los del taller sobre mis frenos y me han dicho que estaban bien y que si sonaban era por puro calentamiento. También me comentaron que tenía cuatro o cinco kilómetros de subir un puerto. No se han equivocado demasiado. Han sido casi seis kilómetros en los que he ido subiendo bastante despacio. No había ni lugares para parar para hacer fotos. Es lo que te vas encontrando en la carretera.
Llegué al final de la subida y según me habían dicho solo me quedaban 15 kilómetros para llegar hasta Beas del Segura que era mi objetivo del día.
He procurado no frenar con tanta intensidad como en el recorrido anterior. Desde el alto del puerto he ido pasando por varios pueblos, según me acercaba iba pensando en pararme un rato para que los dedos de las manos se despertaran. Pero cuando llegaba al pueblo decidía seguir y seguir pedaleando. Quería llegar, en mi subconsciente, cuanto antes al final del viaje. Desde Cortijos Nuevos hasta Beas no he parado.
He llegado y el recorrido por el pueblo ha sido largo hasta que he encontrado una calle que pudiera llevarme hasta el centro del mismo.




Cuando he parado a tomar la cerveza matinal me he puesto a buscar un alojamiento. Hasta hoy los tenía todos reservados, como es lunes esperaba no tener problemas con uno de los establecimientos existentes. Como no quería recurrir a Booking me puse en contacto telefónico con el hotel avenida y me dijeron que estaba completo.
Os podéis imaginar el desconcierto que he sufrido en ese momento. Me he montado en Hortensia y he llegado al Hostal rápidamente.
Me han obligado a esperar un buen rato, pero finalmente, me han atendido y me han dado la habitación 102.
El hostal está muy bien y tiene unas vistas espectaculares. He tomado otra cerveza mientras comía un poco de lomo de orza que estaba realmente delicioso.
El servicio en el bar era un poco lento o yo no dejo de ser un “puto” impaciente. Después del café me he subido a cumplir con mis deberes en la habitación. Dormir la siesta y sentarme en la tableta para contar las peripecias del día. Creo que hoy la etapa ha estado bastante bien planteada. Han sido casi cinco horas de pedaleo constante, subidas, bajadas en las que he tenido que utilizar alguna vez las zapatillas para frenar un poco más. Pero lo visto merece la pena. En mi cabeza quedarán estos paisajes. Con la edad se me irán borrando, he intentado plasmar en algunas fotos lo que he visto.


Ahora estoy en el Hostal oyendo la Ventana de la Cadena SER y escribiendo sobre mi viaje del día.

Ahora me prepararé para dar una pequeña vuelta por Beas. Y mañana veremos cómo se nos da para llegar hasta la Carolina. Veremos.
Mariano, se te van a poner las «patas’ bien duritas en esas sierras andaluzas. No me extraña que lleves las pastillas ardiendo, las bajaditas se las traen. Bonitas vistas desde el hostal. Por cierto, el plato de al lado del lomo, ¿son berenjenas?. Por cierto, los huevos, aunque sin puntillas, no tenían mala pinta. Otro apunte Mariano, aunque no estemos de peregrinos, acuérdate de los donativos a la iglesia para ayudar a Alba a conseguir sus metas. Un abrazo enorme de tu groupie.