240623 feliz noche de San Juan 2024.

Recuerdo que el pasado año disfruté de la noche de San Juan en una maravillosa playa de Donostia. Había llegado hasta allí después de recorrer el camino de Santiago del Norte en sentido inverso, es decir, de Santiago a Hendaya. Los problemas que en aquel viaje tuve con la lluvia ya les conté en su momento, las alegrías de encontrarme con distintos amigos en Bilbao también.

La noche en la playa, con las hogueras, con la puesta de sol y con unas buenas sardinas del Cantábrico fue maravillosa.

Esta vez, esta noche especial estaré en casa con Tere, Ruth e Irene, estoy casi seguro de que no tendremos hogueras, que tampoco la puesta de sol será como en las playas de Donostia, pero estaré en mejor compañía.

Cuento todo esto por la razón de que al final llegué ayer por la tarde a Madrid.

Sabiendo que la estación de Tarragona estaba a dos minutos andando del hotel donde había pernoctado remoloneé todo lo que pude en la habitación y no salí hasta casi las nueve quince de la mañana. Paré en el bar de la esquina para desayunar y comprar un par de bocadillos para el camino. El croissant (ya me había acostumbrado) había sido recalentado en horno, incomestible, los cafés pasables y dada la experiencia temí lo peor para los bocadillos de tortilla francesa y butifarra. La propietaria y cocinera en ese momento del bar era claramente racionalizada de antecedentes orientales.  Verla preparar una butifarra me mosqueó, sobre todo después de como había trabajado la bollería fina.

En cualquier caso, salí disparado hacia la estación y me encontré el andén número uno, que era del que salía mi tren, totalmente atestado. Bajaron muchas personas provenientes de Barcelona y las estaciones intermedias en Tarragona. Subimos muchos más. Conseguí meter a Hortensia en la plataforma del tren y una madre y una abuela me miraron bastante mal por si arrollaba con la bicicleta el coche de su bebé. Aguanté estoico las malas miradas y según bajaron en la siguiente estación algunos de los viajeros me hice un lugar en plaza asignada a los viajeros con movilidad reducida y allí realizó el viaje todo el camino nuestra Hortensia.

La aglomeración existente cuando nos montamos quedó reducida a unos pocos viajeros a la media hora del viaje.

Ya pude colocarme tranquilamente en dos asientos. Uno para la bolsa de viaje y todas las tonterías que llevo habitualmente en ella y otra para mis posaderas.

Suelo del tren en el que viajé ayer. Este símbolo de Renfe que nosotros llamábamos la pelota desapareció de la iconografía de la empresa hace más de quince años. Imaginar el tipo de tren.

Al ser un tren regional no habían sabido darme billete de ferroviario en la estación y me monté sin titulo valido de transporte.

Pasó el primer interventor y no hubo problemas.  Como una hora antes de Zaragoza, por las noticias que nos dieron, se había averiado un tren que circulaba delante y teníamos que esperar o su evacuación o su reparación. Fueron cuarenta minutos en los que obviamente no abrieron ni las puertas (estábamos en mitad del campo), mal momento para seguir fumando.

Arrancamos pasado ese tiempo. Llegamos con ese retraso a las distintas estaciones de Zaragoza y me puse con los bocatas comprados por la mañana. Estaban fríos y la cerveza caliente, pero dada la experiencia del día anterior, me parecieron comestibles.

Había montado un nuevo interventor en Zaragoza, volvió a mirar los viajeros que íbamos en el tren y tampoco me dijo nada de mi viaje sin billete y con Hortensia.

Ambos baños del tren estaban “condenados”, no se podía acceder a ellos y el viaje realmente es largo. Entre el interventor consiguieron habilitar uno de los baños a la altura de Calatayud. Aproveché el tiempo de esa parada para bajarme al andén y fumar un cigarro.

Al poco alguien volvió a trastear y volvió a joder el acceso al único baño usable. El personal del tren tiró la toalla y decidió que hacían una parada extraordinaria en Sigüenza para que los viajeros pudiéramos mover las piernas, fumar algún cigarro e ir al baño de la estación. Mientras el maquinista volvió a resolver el problema existente.

Dos muchachas, tampoco niñas, bajaron conmigo a lo del cigarro solo que ellas se fumaron unos canutos que quisieron compartir.

A los diez minutos nos indicaron que subiéramos al tren y se volvió a poner en marcha con destino a Madrid – Chamartín Clara Campoamor.  Subieron y bajaron algunos viajeros en Baides, Jadraque y los pueblos que nos separaban de Guadalajara. Luego directos hasta la estación final del trayecto.

Llegamos con más de cuarenta minutos de retraso pero que le vamos a hacer. Comprobé que habían acabado las obras de muchos de los andenes de Chamartín y casi me sentí un extraño en la forma de uso de las vías de cercanías. Hay que descender a un vestíbulo inferior -el ascensor de la vía donde habíamos llegado no funcionaba- y tuve que bajar a Hortensia por las escaleras mecánicas. Las muchachas de los canutos se despedían afectuosamente consumiendo un nuevo cilindro en el andén y al final conseguí salir de la estación por la vía uno que yo sabía que tenía un acceso al aparcamiento de Agustín de Foxá.

Desde allí y por el Paseo de Castellana hacía casa. Tere ya me había llamado y sabía que estaban ella e Irene esperando en casa.

Solo reseñar dos cosas del camino por la Castellana, el ayuntamiento había realizado solo una parte de las seis de las que se compone el futuro carril bici norte-sur de la ciudad. Bueno pues esa pequeña inaugurada hace unos tres meses ya está levantada a la altura del Santiago Bernabéu. Muestra inequívoca del afecto que el ayuntamiento madrileño tiene hacia la movilidad sostenible. Es verdad que al ser sábado ayer no había mucho tráfico y se podía bajar envuelto entre los coches.

La segundo y esta me sorprendió más se produjo cuando llegué a la altura de Neptuno.  A la derecha cerca donde acaba la Carrera de San Jerónimo había un grupo como de cien personas gritando a voz en grito: “campeones, campeones”, iban todos vestidos con sus mejores galas y llevaban una bandera del Atlético de Madrid. Pegados a la fuente una pareja de recién casados. Esta ciudad nos ofrece sorpresas por doquier.

Llegué por fin a casa y hoy ha sido un día de parque y juegos con Irene. Me tocará bajar dentro de un rato otra vez a disfrutar de la bicicleta ajena. Hoy descanso.

Voy a ver si puedo meter un par de enlaces a dos canciones con la que todos los años comienzo la noche de San Juan. Una de una obra del grupo catalán Dagoll Dagom de 2010: La Noche de San Juan y que interpretaba Jaume Sisa.

La otra de Joan Manuel Serrat: Fiesta.

Creo que ambas recogen perfectamente lo que supone una noche como esta para todos nosotros.

No quiero añadir más canciones. Ahora a preparar algún nuevo viaje.

Mañana cumpleaños un buen amigo vallisoletano: Jesús Anta, muchas felicidades.

También hubiera cumplido años mi madre.

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Un comentario

  1. Joder Mariano, vaya periplo, te creía ya en casa. A ver si ahora que has cambiado el mollete por el cruasán, no los vas a encontrar de tu agrado. Con respecto a las miraditas de las dos porteadoras del carrito de bebé, que coraje me dan, ya veremos cunado su retoño vaya dando por el culo al resto personal con que caras se encontrarán ellas. Me alegro que ya estuvieran parte de tus chicas esperándote y que Irene te cambie las rutinas de estos días. Este finde estamos en Madrid Tato y yo, por si os apetece que nos paguemos las apuestas. Me imagino que el próximo viaje será ya para la vuelta de las vacaciones estivales, en fin ya nos irás contado. Me gustan las «coplillas» que nos has puesto.
    Bienvenido amigo. Un abrazo de tu grupee favorita.

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