240715 dos días de tren.
Lo sé, soy un poco imbecil, hay unos trenes que van desde Madrid – Chamartín Clara Campoamor hasta Santander en poco menos de cuatro horas y me podría haber ahorrado todo el recorrido que hemos realizado Hortensia y yo. Pero había dos elementos que me impedían coger ese tren. El primero era que tenía que parar en Valladolid para estar un rato con mi hermano, el segundo es que, aunque las normas de Renfe digan que se puede viajar en ese tipo de trenes, conozco suficientemente la serie 130 de Talgo como para saber que no hay espacio para las bicis y sería complicar la vida al personal del tren.







Con ese preámbulo innecesario, ayer día 14 de Julio, día de la republica francesa, me monté en un tren que salía de la Estación del Norte de Madrid (Príncipe Pío) y llegaba a la estación del Norte de Valladolid (Campo Grande). Me dio tiempo a leer medio libro de Rosa Rivas: Peces abisales y escribir una entrada que no voy a publicar.
Intenté cambiar de bares donde comer en Valladolid y será por la costumbre o porque los elegidos habitualmente son los buenos, acabé en los mismos de siempre. El Corcho, donde comí una tajada de balao y una croqueta y el GASTROBAR la Pasión, donde pudé comer merluza rellena de Txangurro. Un café y la siesta.









En taxi hasta Laguna de Duero y desde algo antes de las seis hasta pasadas las ocho de la tarde estuvimos tomando algo Luis y yo. Dejé a mi hermano en su casa y volví a Valladolid. Realmente estaba preocupado, encontrar un bar sin televisión para comer algo fue una tarea titánica, hasta el Alhambra donde ponen pinchos de cordero y donde no recuerdo que tuvieran televisión la habían puesto.
Un pincho de bonito en una terraza de la calle de las Angustias, donde no había televisión y corriendo al Hotel Mozart, donde me alojaba. Para evitar el fútbol que era lo único que había en ese momento, podría mentir y decir que puse en la tableta una película porno, sería mentira. Estuve viendo una serie catalana de principios de siglo. No puede existir algo menos motivante.
También mentiría si dijera que no estuve pendiente del resultado. Me enteré en tiempo y forma de que “España” era la mejor y todos decidimos que éramos los campeones de Europa, aunque solo jugaran 26 jugadores.
Contento con la satisfación general me dormí a eso de las once y media o doce.
Esta mañana me he levantado bastante pronto y he disfrutado en la cadena ser de José Luis Sastre como sustituto de la “Barceló”, le ha dedicado todo el tiempo del mundo a lo buenos que somos todos en el fútbol y el “pseudoatentado” al candidato republicano de los Estados Unidos. Tengo una duda sobre lo que han dicho tanto Sastre como los contertulios. Un atentado al candidato a la presidencia de un país se puede considerar “magnicidio” o simplemente es que en ese país están todos locos y han montado esa coreografía para darle mas votos al loco del pelo panocha. Hay lo dejo.







Tenía mucho tiempo y bajé a desayunar a la Chocolatería El Castillo, está en la calle Montero Calvo. Pongo fotos de la esquina de esa calle con Menéndez Pelayo. Justo en esa intersección perdí mis dos paletos superiores. Un encuentro desafortunado con un taxi hizo que tuviera que ir al dentista durante algo más de seis meses y que siempre haya tenido la boca como si fuera prestada.
En la chocolatería no pedí ni chocolate, ni churros. Me conformé con unos cafés y un ocho de chocolate. Pura golosina.
Subí otra vez al hotel que estaba a menos de cincuenta metros y bajé todos los bártulos.
El de recepción me abrió el lugar donde había dormido Hortensia y con algo de arte conseguí ponerla en posición vertical para que entrase en el ascensor.
A la estación del Norte de Valladolid (Campo Grande) llegué con tiempo suficiente para jugar a la primitiva, el EUROMILLÓN, el gordo de la primitiva, el EUROJACKPOT y el CUPONAZO. Total 16,50 €.
Viajaba con Hortensia, llevaba mi pantalón y mis chanclas de Decathlon, la camiseta era de color rojo y pese a esa apariencia absolutamente innoble todo los viajeros que pretendían ir desde Valladolid a cualquiera de las estaciones que hay hasta Santander me preguntaron sobre si ese era el tren. Creo que no me he quitado el uniforme de interventor aunque abandoné esa profesión en 1984.



Coloqué a Hortensia en el lugar previsto dentro del tren. Me acoplé en mi asiento y pudé completar el libro de Rosa Ribas. En las estaciones intermedias pudé recordar aquellas que son importantes en el recorrido del Canal de Castilla: Palencia, Fromista y Alar de Rey. En esta ultima había un cruce con el tren que venía de Santander y pude fumar un cigarro.
El viaje me ha parecido un poco largo, pero ya he comprobado que tengo bastante aguante.
He llegado un poco tarde (quince minutos después de la hora prevista) a Santander. La ciudad tenía ese punto gris de estar nublada, pero especialmente luminosa.
Lo tenía claro, la comida en el barrio pesquero. Aunque hoy es lunes algo tendrían para disfrutar de los productos del mar.
Por un carril bici y presuponiendo donde estaba ese barrio llegué rápidamente al lugar. Era la fiesta grande del barrio. LA VIRGEN DEL CARMEN. Las conversaciones que he oído según comía me han descubierto lo importante que es para alguna gente este tipo de celebraciones. Un paisano había pedido dos días de vacaciones en su empresa para participar en la procesión del día 16 de julio, ese mismo tenía fotos vestido de marinero con un año y participando de la procesión, la señora con la que hablaba le contó que ella parío el siete de julio de un año y el día dieciséis su hija participó en la procesión. No sé si eso es fé o simplemente costumbre, pero a esa gente no les muevas de lo importante: LA VIRGEN DEL CARMEN.







Ayer según me daba una vuelta por Valladolid vi la celebración que se hacía a esa Virgen en la ciudad. Estuve a punto de titular esta entrada como Valladolid ciudad Marinera, pero al final no me he atrevido. Una barca, una vuelta por el Pisuerga y la virgen en la orilla de la “oliva” esperando que alguién cargara con ella. No es lo mismo.
La comida ya he dicho que ha sido en el barrio pesquero. Había varios establecimientos en la calle principal, donde además estaban puestos los puestos de la fería del Carmen. He encontrado un bar en una calle perpendicular. El Vivero. Muy popular y con un producto magnífico. Unas “rabas” y unas sardinas plancha. El cuerpo no me daba para pillar también unas anchoas de Santoña.
Vuelta a la estación y viaje en las “espectaculares” cercanías de Santander hasta Bujedo. Lo que cuento a partir de ahora me lo estoy inventando. Mi madre citaba este pueblo y Los Corrales como unos lugares donde mi padre había tenido que ir a trabajar por falta de personal en ambos lugares. Ella consideraba ese periodo como una especie de exilio innecesario.









Como siempre me he equivocado. He viajado hasta Bujedo en las cercanías y cuando he llegado a la estación he preguntado por el Hotel Los Angeles. Me han indicado como ir. También me han dicho que era mejor que me hubiera bajado en Boo. Cuando no se sabe, no se sabe.
Mañana empieza el viaje con Hortensia. Todo lo que tengo previsto recorrer ya lo he recorrido. Solo que esta vez pretendo “hilvanar” varios recorridos para que tengan algo de sentido. Veremos.
Bueno Mariano, qué sorpresa leerte, me alegro que hayas decidido hilvanar recorridos antiguos. Genial el tiempo pasado con Luis, espero que esté divinamente….Buenas viandas te has echado y el desayuno es de «lechuzos»…je,je,….Has sido de los pocos que has pasado de perfil con los partidos de la Eurocopa, yo como imaginarás me los he «tragado» todos y sus correspondientes celebraciones. Con lo del piercing en la oreja de Trump, yo tengo una teoría parecida…….el «energúmeno» es capaz de cualquier cosa…..argggggg…..
Bueno ya iré disfrutando de tus recorridos/aventuras.
Un abrazo amigo de tu grupee favorita.