210830 Un regalo de cumpleaños adelantado.

Ayer como conté en mi entrada UNA VÍA VERDE A LA PUERTA DE CASA, tuve que inventarme algo del recorrido para que la salida en bicicleta tuviera algo de entidad y no quedar como un vulgar “dominguero” de la bicicleta.

En el recorrido de hoy no he tenido que añadir nada a las dos vías verdes que he recorrido. Vía Verde del Tajuña I en la Comunidad de Madrid y Vía Verde del Tajuña II en la provincia de Guadalajara. Para rematar el viaje había que unirlas por carretera. Desde Ambite – final de la etapa madrileña – y Mondéjar – inicio de la etapa Alcarreña.

Hoy tocaba mover el Ibiza y a eso de las 9 de la mañana cargué la bicicleta, los bidones y demás bártulos en el coche y emprendí la marcha hacía Arganda del Rey punto inicial de la primera vía verde.

Deje el Ibiza en el aparcamiento del Metro de esa localidad y me puse en marcha. Como siempre las indicaciones que da el personal del lugar son confusas, pero pese a todo llegué al inicio del recorrido.

Había leído que esta vía verde tenía una seña de identidad inconfundible y busqué por los alrededores de la estación esa seña de identidad.

Al fin vi el asfalto rojo que identifica el recorrido. Eran las 10 de la mañana y había bastantes ciclistas y paseantes recorriendo la vía verde, parece que esta también es conocida.

Los primeros diez kilómetros (hasta que se ve perfectamente la fabrica de cementos de Portland) son de subida. No muy pronunciada, pero subida.

Se cruza la autovía de Valencia y según vas subiendo se van viendo zonas de pinar a ambos lados del camino. Por allí todavía me iba encontrando con paisanos y paisanos que disfrutaban de la infraestructura.

Vuelvo donde lo dejé ayer. Otra vía verde que la Iglesia Católica aprovecha para hacer publicidad de sus “negocios”. En esta vía verde anuncian el “Camino de Santiago” y la “Senda al Monasterio de Uclés”, con sus cerámicas y todo. Por un lado dicen lo que falta hasta Santiago de Compostela y por el otro lo que falta al citado monasterio. Este tema lo dejo aquí. No quiero convertirme en un “personaje monotemático”, pero es que lo ponen a “güevo”.

Cuando se acaba la subida se entra en zona de olivos, pero siendo importante el número de árboles de esa especie que hay, lo que destaca sobre todo es la inmensidad de la Cementera. Sorprende, o no tanto, que la seña de identidad de la vía verde en esta zona desaparece, el color rojo del asfalto, en las proximidades de esa fabrica se convierte en un gris horroroso. No he querido probar las olivas que están cerca de ese lugar.

Desde ese punto empieza la bajada que tampoco es pronunciada pero que dura prácticamente veinticinco kilómetros. Hasta Carabaña.

El paisaje va cambiando, debido principalmente al riego que se obtiene del río Tajuña y de un canal, entramos en zona de huertas y frutales. Un panorama verde pese a la estación del año en la que nos encontramos. He podido ver cultivos de maíz, almendros, viñedos, varios cultivos que no se identificar y sorprendentemente hasta varios nogales. Como cuando recorría las vías verdes del norte.

Llegué hasta Morata de Tajuña y ese uno de los pueblos donde acaba la vía verde, cruzas el pueblo sin ninguna orientación y si te funciona adecuadamente “el radar” consigues llegar a donde comienza nuevamente el recorrido. A mi no me ha ido mal del todo.

Algunos carteles indicaban distintos elementos (secretos) de la guerra civil que acontecieron en las proximidades o dentro de lo que era la vía férrea. Unos los vi y otros me pasaron desapercibidos. A lo peor hay que volver a recorrer ese camino fijándome mucho más. En cualquier caso eso se hará en una segunda vuelta de vías verdes.

En el camino ya circulábamos menos gente, la distancia hasta Arganda y que hoy era lunes, parece que desanimaba al personal a recorrer el resto del camino.

Con varias paradas para hacer fotos, alguna más para fumar un cigarro llegué hasta Perales de Tajuña y seguí en el camino.

No he dicho hasta ahora que el firme, en general es bueno, hay bastantes tramos compartidos con vehículos a motor, pero no es especialmente grave. La información de la vía deficiente. No hay apenas carteles (salvo los comentados anteriormente) que cuenten algo del ferrocarril y si existen los mojones kilométricos, ahora bien, solo se leen esos mojones en el recorrido de ida. A la vuelta, por el mismo camino, te tienes que parar para poder leer los kilómetros que faltan. Cosas del diseño.

Perales es otro de los pueblos en los que se corta la vía verde y la recuperas uno o dos kilómetros más adelante. Nada grave.

Mas preocupante es que tras pasar el pueblo cruzas la autovía por debajo y te encuentras que no sabes por donde seguir. Por si a alguien le interesa, o por si vuelvo a recorrer esta vía verde. Cuando cruzas la autovía te encuentras una carretera, tienes que circular por ella unos dos metros y en el lado izquierdo de la misma te encuentras una nueva indicación del camino a seguir.

Como el objetivo estaba hoy planteado para recorrer las dos vías verdes comentadas, no hice demasiadas paradas y desde luego no las hice largas. Había que seguir.

Como no me había aprendido todos los pueblos del camino, llegué a un puente que unía la vía verde con una población y encontré una pareja que estaba arreglando una de las bicicletas y me ofrecí a ayudar, se mostraron autosuficientes. También había dos jóvenes a la “cosa de su música” por lo que decidí no interrumpirles. Gracias que justo enfrente, cruzando la carretera, estaban dos paisanas. Me paré con ellas y les pregunté donde estaba. Era solo curiosidad. Me contestaron con bastante orgullo de su pueblo que ese era el puente de Tielmes, obviamente les dije que el paraje era muy bonito y seguí el camino. En ese tiempo aproveché para fumar otro cigarro. Es parte de mis costumbres en el camino.

Entre huertas y con el río Tajuña a la izquierda y el canal de riego comentado a la derecha seguí el caminos hasta Carabaña. Y resulta que en ese pueblo ya había estado. Me costó reconocerlo, ya que no entré en el pueblo, pero como hay un tramo del camino en el que coinciden las vías verdes del Tajuña y la del tren de los 40 días (que ya había recorrido), pues me resulta razonablemente fácil recordar.

Cuando la vía verde del tren de los 40 días se dirige subiendo hacía la derecha del camino, la vía verde que hoy nos ocupa toma el camino del lado izquierdo. También sube, pero menos que la otra.

Seguimos por paisajes de huerta y de bosque de ribera que siempre va acompañando al río Tajuña. Seguía avanzando según lo previsto hasta llegar a Orusco de Tajuña que es el siguiente pueblo. El camino sigue pintado de rojo y como en todo el resto, cada determinados metros aparece la infografía de una bicicleta y las siete estrellas de la Comunidad de Madrid enmarcadas en un rectángulo blanco. Rentabilizando la inversión.

Para finalizar la primera vía verde de la jornada hay que currarse una subida algo mayor entre Orusco y Ambite. También soportable.

Cuando das por finalizada la vía verde, como cuando la recorro es un lunes, pues los establecimientos que hay al final del recorrido. Bar, restaurante, terraza, centro de interpretación, alquiler de bicicletas está cerrado. Lo único que parecía tener algo de vida era el cementerio de Ambite que está justo a los pies del final de la vía verde.

Había recorrido ya 49 kilómetros, pero hay no acababa la fiesta, tenía que seguir por carretera hasta Mondéjar que es donde comenzaba mi siguiente recorrido. Son 9,5 kilómetros por las carreteras M-215 y CM-2029. Son todos de subida y no sé si es que estaba especialmente cansado o que el asfalto es de esos duros de verdad, vamos, que pedaleaba y no avanzaba, así que, tardando algo más de lo previsto avance poco a poco por lo que por esos pagos llaman “La Sierra de Tajuña”.

Cambié de Comunidad Autónoma y de provincia, pero el objetivo era poder hacer la vía verde del Tajuña II. En Mondéjar, como siempre. O no había gente en la calle, o la que había no tenía mucha idea de donde comenzaba la vía verde. Suponiendo que si buscaba la calle de la estación no estaría lejos de mi camino hasta allí me dirigí y había acertado. Había un cartel que indicaba que desde ese punto había 9 kilómetros hasta Ambite y 8 Kilómetros hasta Pozo de Almoguera. Supongo que los kilómetros del cartel debían ser aproximados.

Esta segunda vía verde ya no tenía asfalto rojo, ya no tenía infografía de bicicletas, ni el símbolo de la Comunidad correspondiente. Es tierra y piedras. Un tramo largo subiendo y otro menor (3 kilómetros aproximadamente) bajando.

El paisaje en esta vía verde es bastante más árido y se ven campos que debieron ser de algún cereal que ya está recogido y a lo lejos masas de arboles que conforman algo parecido a un bosque. Quiero pensar que eran encinas.

En cualquier caso, los 8 kilómetros que decía el cartel que me faltaban por recorrer llegaron a su fin y me encontré de frente con una pala excavadora que avanzaba por la vía verde.

Debía estar haciendo obras de mejora en la vía o en las instalaciones deportivas que hay al final del camino. No pude saberlo, el señor de la pala se fue a comer y allí dejo la maquina sin actividad alguna.

Tenía intención de comer algo allí, comprar agua y emprender el camino de vuelta. No fue posible. No se vislumbra nada en el pueblo que pueda satisfacer esas demandas. Otra vez a recorrer la vía verde hasta llegar Mondéjar, donde si fue posible. Tras pasar el arco de la Villa donde tienen la imagen de una virgen presidiendo el “monumento” entré en la calle Mayor, y a la izquierda nada más entrar hay dos bares con sus correspondientes terrazas. Se diferencian en la publicidad de las sillas. Entré en el Bar Kebab Bea, ya veis que el nombre no auguraba nada bueno. Me ofrecieron los bocadillos del catalogo habitual: cinta de lomo, pechugas de pollo, panceta y poco más. Lo más adecuado para seguir con la bicicleta.

Resumo, me tomé un montado de lomo, una cerveza, un café y recargué los tres bidones con agua fresca y cubitos de hielo. Total 8,80 €. Comida barata y …

A eso de las 15 horas emprendí el regreso en serio. Me ajuste los guantes y el casco y a correr. El recorrido hasta Ambite a muy buena velocidad. Al final debía ser que la subida era pronunciada y por eso no avanzaba. Esta vez bajaba hasta la otra vía verde a 30, 40 y 45 km/h.

En Ambite todo seguía cerrado. Parada corta y a seguir. Las horas deben marcar la utilización de la vía verde. Hasta Carabaña no me encontré a nadie, teniendo en cuenta que en esos 14 kilómetros había bajado 120 m de altitud podéis imaginar que el viaje lo hice también bastante rápido.

En unos bancos que hay en Carabaña estaba la pareja que tenía en el viaje de ida problemas con una bicicleta. No les debía preocupar mucho, estaban de PIC-NIC.

A la velocidad que permitían la bicicleta y mis piernas me coloqué en Morata de Tajuña bastante pronto y después de recorrer 34 kilómetros en el trayecto de vuelta me regalé una parada y un cigarro. También bebi de los bidones recargados en Mondéjar. Pero volvían a estar calientes.

Tocaban cinco kilómetros de subida hasta la cementera y luego bajar hasta Arganda. Lo abordé con bastante energía, aunque en ese momento ya las piernas se estaban debilitando quedaba poco recorrido y no era momento para “rajarse”. Una vez que sufrí los efluvios de la Cementera, el camino era cuesta abajo y ya no paré hasta el Ibiza.

Había acabado de golpe las vías verdes de la Comunidad de Madrid (esta era la tercera) y la que existe en la provincia de Guadalajara.

Cuando estaba en fase de desmontar la bicicleta y meterla en el Ibiza comprobé los kilómetros recorridos en el día. Total 132, es decir 2 kilómetros por cada uno de los años que voy a cumplir en fechas próximas. Un buen regalo que me he dado en el día de hoy.

Seguimos en el camino.

 

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