2109 VÍAS VERDES DEL FERROCARRIL SANTANDER – MEDITERRÁNEO.
Recorriendo una Quimera.
A lo largo del siglo XVIII se proyectó en nuestro país una obra de ingeniería para intentar unir Castilla con Santander a través de un canal que permitiría que los productos castellanos se pudieran exportar a través del puerto Santanderino. Fue un trabajo ingente y un enorme gasto de dinero y esfuerzo que no concluyó. Acabó el Canal de Castilla en Alar del Rey sin llegar jamás a Santander. La aparición del ferrocarril impidió que esa quimera llegara a realizarse.
A lo largo del siglo siguiente, el XIX, se hicieron muchos proyectos para unir Santander (otra vez Santander) con el Mediterráneo a través de un ferrocarril que no tuviera que pasar por Madrid para unir los distintos territorios de nuestro país. Esos proyectos se concluyeron a principios del Siglo XX con la creación de la sociedad “Santander-Mediterráneo, Compañía del Ferrocarril Estratégico Santander-Burgos-Soria-Calatayud, S.A. Que se llamaría S.M.
Bueno pues esta quimera del Siglo XIX y principios del XX tampoco llegó nunca a Santander y por tanto tampoco se unió el puerto levantino de Sagunto con el de Santander.
Imagino perfectamente cómo determinadas fuerzas (las de siempre) de este país, influyeron para que nunca se lograra ese objetivo, esa quimera que hubiera permitido vertebrar España de otra forma muy diferente (al menos con infraestructuras) de la actual.
El proyecto se quedó en las puertas de Cantabria, en el túnel de la Engaña. Cuentan los atrevidos que dicen haberle recorrido que entrando en la provincia de Burgos sales en Cantabria. El caso es que nunca llegó a funcionar.
Viene todo este rollo a que durante los días 6, 7, 11 y 12 de este mes he recorrido las distintas vías verdes que se han creado aprovechando la infraestructura preexistente de este ferrocarril inconcluso.
Ya había estado por aquella zona en el mes de octubre del año 1984 viajando en un tren remolcado con una locomotora de vapor (la Escatrón) acompañando a un grupo de Ingleses amantes del ferrocarril que recorrieron parte importante de lo que estaba en funcionamiento de esa quimera. Aquel viaje lo hice como parte de mi actividad profesional de aquel momento y guardo algunas fotografías de las que se hicieron durante aquel viaje. Fue interesante el trabajo, aparte del combustible la locomotora de vapor había que alimentarla con agua y allí estábamos mi amigo «Valdés» (que me acompañaba) y yo buscando camiones de bomberos que desde un puente metieran agua a la locomotora. Ya habían desarticulado todas las aguadas del camino. Nada tenía aquello que ver con recorrer las vías verdes con bicicleta y por partida doble como todas las que voy recorriendo.
El día 6 de Septiembre me fui en el “IBIZA” hasta Santelices desde Valladolid que es donde había dormido la noche anterior.

Es el punto mas al norte donde llegó el ferrocarril y mi idea era hacer el recorrido de Norte a Sur, tal como estaba concebido el ferrocarril.
El recorrido de este tramo es de tan solo 6 kilómetros y como suele ser habitual, los lugareños me mandaron por donde no era. Supongo que nunca me explico bien cuando digo que quiero recorrer la vía verde. Es un problema de la poca capacidad que tengo para expresarme.
En cualquier caso me mandaron por una carretera -nada transitada-, pero que no era la vía verde. Como la carretera llegaba hasta el túnel de la Engaña desde allí si pude hacer el recorrido elegido por mí hasta Santelices. Ese tramo de la vía verde esta muy bien, el firme es transitable perfectamente, la información adecuada y bastante cuidada y el paisaje de verdad que muy bonito. Es verdad que en el firme había “boñigas” de vaca que tienes que sortear, vamos lo normal en el campo. Si tengo que calificarla (nadie me lo ha pedido) le pondría un 9 sobre 10.
La siguiente etapa ese mismo día es la que denominan en la guía de las vías verdes:
V.V. FC. Santander. Mediterráneo (Alfoz Burgos-La Bureba)

Que según esa guía va desde Villarmero hasta Salas de la Bureba. Como ya he dicho yo las había planteado recorrer de Norte a Sur, por lo qué me dirigí hasta Salas de la Bureba, donde me informaron que allí no empezaba ni terminaba ninguna vía verde.
Sorpresa y no especialmente agradable. La del bar del pueblo me explicó que por allí pasaba la vía verde, pero que en realidad empezaba mas al norte. Uno o dos kilómetros más arriba de Oña.
Como mi objetivo era recorrerla entera esto no era más que un pequeño contratiempo y pregunté por que lugar del pueblo pasaba. Me indicaron que siguiera la calle principal del pueblo y al llegar al “pilón” tuerza a la izquierda y baje hasta el final de la calle que concluye en la vía verde. Fue fácil.
En vez de encaminarme hacía Villarmero como tenía previsto inicialmente me dirigí hasta donde me llevara la vía verde. Pese a que ese tramo no figura en la guía de las vías verdes está bastante bien. Castellanos de Bureba, Terminón, Oña y un kilómetro más, quizás no llegue, hay un túnel en obras donde concluye ese tramo del Santander – Mediterráneo. En el recorrido hay dos túneles y para no “existir” ese tramo, está muy bien. Son algo más de 10 kilómetros que uno no tenía previsto. Información poca. Pero como los datos importantes me los había dado la del bar de Salas de Bureba me bastó para hacer esa parte.
De vuelta a Salas de Bureba mi siguiente objetivo era acercarme lo más posible hasta Villarmero, pero ya sabía que no podría hacer todo. Los 20 kilómetros que había añadido al recorrido me impedían, por fuerzas y por la hora que era, hacer otros 88 kilómetros que es el recorrido hasta ese posible objetivo.
Me puse en marcha y el paisaje del recorrido era el característico de la Comarca de la Bureba en el mes de Septiembre. Muchos campos recogidos y por tanto amarillos y la zona que en este momento está en cultivo es con girasol. Las montañas de la Bureba a ambos lados del camino y un firme bastante bueno (zahorra) pero buen firme. Algunos carteles explicando por donde circulabas y algunos más diciendo los kilómetros recorridos y los que te faltaban hacía alguno de los puntos que venían a continuación. Nunca un información completa. Tampoco estaba mal. No es de 9 pero un 7 se le puede adjudicar.
A la derecha según viajas hacía el sur y a lo lejos, ves Poza de la Sal y a la altura del pueblo hay algunos carteles indicando que de allí era Félix Rodríguez de la Fuente y la ingente labor que hizo por el naturalismo.
El siguiente pueblo es Lences. El paisaje el mismo. Sigues en una vía verde con las mismas características y llegas hasta Arconada. Los edificios de todas esas estaciones están en un estado deplorable. Podían tomar ejemplo de otras zonas donde han sido rehabilitados para servicio del pueblo o como explotación hostelera para los habitantes de la zona y los que recorremos la vía verde. En cualquier caso es solo una opinión.
El siguiente pueblo es Quintanarruz y la estación se llama LERMILLA-QUINTANARRUZ. Bueno pues hasta ese punto llegué. Según paré para fumar un cigarro y ver si me daba la hora para poder seguir un poco más adelante sin que a la vuelta se me hiciera de noche comprobé que había pinchado en la rueda trasera. Como llevo liquido antipinchazos no se desinfló, pero no es cuestión de hacer kilómetros y jugártela. Vuelta otra vez hacía el norte, hasta Salas de Bureba.
Lo del pinchazo aguantó y pude llegar hasta el IBIZA sin mayor percance. Habían sido otros 40 kilómetros más de vía verde sobre los que fue la quimera del Ferrocarril Santander – Mediterráneo.
Ese día me quedaban tres cosas por hacer:
- Encontrar un taller que me cambiara la cámara pinchada. Llevaba cámaras de repuesto, pero no quería quedarme sin ellas el primer día.
- Encontrar un alojamiento en la zona donde estuviera el taller.
- Aclarar la situación de mi hija que había puesto un WhatsApp muy preocupante.
Las dos primeras cosas se resolvieron viajando en el IBIZA hasta Burgos, eran 50 kilómetros más o menos y se suponía que llegaba a tiempo para que el taller de bicicletas estuviera abierto. Así fue. Encontrar alojamiento en Burgos siempre es más fácil que en alguna población menor.
El mensaje que había puesto mi hija (que viajaba desde Santiago hasta Madrid en coche) era el siguiente:
“Ha habido un accidente”. “Me retrasaré 50 minutos”. Sin más detalles.
De entrada yo no sabía a la hora que tenía previsto llegar, por lo que la información si ella no estaba afectada por el accidente no me aportaba nada de interés.
Bueno, pues mientras hice los 20 kilómetros en bicicleta hasta Quintanarruz y los otros 20 hasta Salas ella no cogía el teléfono ni contestaba a los mensajes.
Cuento esto para que entendáis que no pude disfrutar mucho de esta parte del viaje.
Cuando llegué a Burgos y me estaban reparando la bicicleta hablé ya con mi hija y estaba bien. Había sido un problema de interpretación por nuestra parte.
Bien está lo que bien acaba.
Cerca del hotel donde me alojaba encontré en Google un Bar (LA PLANCHA, Calle Andrés Martínez Zatorre) – que tenía 4,6 en valoraciones de Google en sitios para cenar. O las valoraciones las hace el dueño o mis gustos son muy diferentes de los del resto de mortales. Lo que ofrecían era muy malo. Pero malo, malo.
El día 7 tenía que recorrer lo que me había dejado sin hacer el día anterior, me levanté bastante pronto y me dirigí hasta Villarmero para recorrer esos 23 kilómetros que me faltaban del Alfoz Burgalés. Pasé cerca de Quintanilla de Vivar, Vivar del Cid, Sotopalacios, Quintanaortuño, Villaverde-Peñahorada, Cobos Junto a la Molina, la Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles y por fin llegué hasta el punto del pinchazo.
Desande el camino realizado y volví hasta el punto desde donde había partido por la mañana. Y novedad, tampoco allí finalizaba la vía verde, continua sin “interrupción” hasta lo que en la guía de las vías verdes llaman:
V.V. FC. Santander-Mediterráneo (Burgos-Cascajares de la Sierra)
Es decir, se puede hacer con las paradas adecuadas para descansar, los 108 kilómetros que van desde Oña hasta Cascajares de la Sierra.
Pues como el objetivo del día, antes de tener que recorrer lo no realizado el día anterior, era recorrer esa vía verde, me puse a ello.
Para el paso por Burgos el ayuntamiento ha dispuesto de un carril bici (bidegorri que dicen los vascos) perfectamente asfaltado, de color verde y maravillosamente señalizado. Ese es el camino. En algún momento me falto a mí atención o al ayuntamiento de Burgos presupuesto y me perdí, me costó cerca de media hora volver a encontrar la vía verde.
El estado de esta parte de la vía verde es bastante lamentable, muchas piedras, mal señalizado y algo que nadie puede evitar un paisaje más aburrido y “picando para arriba el camino”. Pasé por Cardeñadijo, Cojobar, Revillarruz, Los Ausines, Revilla del Campo y llegué hasta el cruce de Quintanalara. En ese punto, el viento en contra, el paisaje que en mi opinión no me aportaba grandes novedades y el cansancio me hizo detenerme y volver al punto de partida.
Me quedé a unos 20 kilómetros de acabar ese tramo y sinceramente creo que hice lo mejor. Volví al punto de partida, con las mismas piedras pero con dos cosas importantes en ese momento, el camino era descendente y el viento era a favor. No era poco el cambio.
Llegué hasta el IBIZA a eso de la 17:30 y en mi programación estaba no seguir al día siguiente con la vía verde Santander – Mediterráneo, por tanto me dirigí al punto de partida de la siguiente etapa. Eso ya lo contaré cuando corresponda.
El día 11 de septiembre, pese a mi empeño de hacer el recorrido de norte a sur y dado donde había finalizado mi anterior etapa (no Santander-Mediterráneo) opté por empezar en Soria y finalizar el camino en Hontanares del Pinar. Llevaba ya varios días de pedaleo y cuando me levanté en Soria el cuerpo me empezó a indicar que me cuidase y que no hiciera demasiadas tonterías.

Era sábado y cuando me levanté empecé a buscar desesperadamente un lugar (el que fuera) para desayunar. A las 8:15 y cerca del Paseo del Espolón Soriano encontré un bar, ni bueno, ni malo. Abierto. Pedí mis dos cafés habituales y media tostada con aceite. No se lo que pensarán los expertos en ciclismo pero en mi opinión me va bastante bien añadir ese plus antes de empezar una etapa. En el bar estábamos el camarero, una señora mayor y yo. A esa hora de la mañana la señora estaba metiendo sus últimas monedas en una maquina tragaperras, se le acabaron y desesperadamente pidió que le cambiaran su ultimo billete de 5 euros. Quizás por propia estupidez y ante la negativa del camarero le di 5 monedas de euro a cambio del billete. Me arrepentí inmediatamente. En cualquier caso son juicios de valor.
Como ya he dicho el cuerpo empezaba a pasar factura, así que en vez de empezar en Soria me fui en el IBIZA hasta Ocenilla que está a 15 kilómetros de la capital Soriana y me permitía recorrer menos camino y sobre todo empezar en un lugar más amistoso que donde se encuentra el principio de la vía verde en Soria.
Aparqué cerca del bar de Ocenilla que en ese momento estaba cerrado y como ya llevaba provisión suficiente de agua me puse en marcha.
Al partir desde Ocenilla comprobé que había que subir si quería llegar hasta el final, también que entraba en un Pinar inmenso, prácticamente todo el recorrido y son bastantes kilómetros lo realizas dentro de un pinar. Hay tramos, ya los comentaré, que son impresionantes, pero en general es un Pinar perpetuo.
También es importante constatar que aunque hay pequeñas piedras en el camino el firme es bueno y la información adecuada.
Dejamos a la derecha el pueblo de Cidones y Villaverde del Monte y nos encontramos con las estaciones de Cidones y Herreros. Por el mismo camino llegamos hasta Abejar, por cierto es la parte de la vía verde que está en peor estado. Nadie ha pasado por allí una desbrozadora y los “cardos” y otras malas hierbas te atacan tanto por la derecha como por la izquierda.

Paré en Abejar para evocar mi propia “infancia”. Veía ahora un apeadero semi derruido y recordaba una estación que a mis 13 o 14 años había conocido cuando me llevaron desde Valladolid hasta allí durante un viaje nocturno en tren y en donde nos recogieron en autobuses para llevarnos hasta Covaleda para hacer el curso de Jefe de Centuria de la organización para – fascista O.J.E de la que formaba parte. Cuando lo escribía pensaba que todo lector o lectora debían tener mi edad y saber de que organización estaba hablando, luego he pensado que por suerte hay muchas generaciones en nuestro país que no sufrieron la dictadura y no saben que era la única organización juvenil legal en aquellos años. No puedo aportar fotos de aquel momento, no era habitual en las familias, al menos las de mi entorno, tener cámaras fotográficas.
En mi evocación recordé a algunos compañeros de aquel viaje: Angelito Allué, Pedro de Toro, El Nazi que vivía en el caño de argales de Valladolid y si me esfuerzo alguno más. Llegamos a esa estación que ahora me parecía ridícula de madrugada sin haber dormido nada en los trenes que nos llevaron hasta Burgos y desde Burgos hasta Abejar y si queréis que os diga la verdad no recuerdo nada del viaje de vuelta.
Estaba en Abejar. No confundir con Béjar en la provincia de Salamanca de la que ya he hablado en este blog.
Si hasta ese momento había estado rodeado de pinares y algunos cultivos, desde ese punto entras en un pinar infinito. Mires donde mires hay pinos. Y si consigues elevarte un poco ves pinos mucho más lejos de lo que te podías imaginar.
Pasas después por Cabrejas del Pinar y sobre todo PINAR GRANDE, que llamen a una estación así tiene que indicar que donde estás no es un bosque cualquiera. Son 12.000 hectáreas de pinos. No digo nada más.
Para mí fueron 20 kilómetros por sentido sin ver otra casa que pinos. También eso aportaba un punto de frescor que era de agradecer.
La siguiente estación y el siguiente pueblo es SAN LEONARDO. Me niego a escribir el nombre que la gente del lugar le dan, contraviene cualquier principio democrático de nuestro país. Aquí seguiré llamando a esa estación y pueblo como SAN LEONARDO.
Antes de llegar al pueblo y siempre en un “mundo pinar” increíble te encuentras un lugar que resalta los orgullos «patrios» del pueblo. Habían filmado en ese punto de la vía férrea, vía verde, parte de una película en el siglo XX, en concreto en 1964. Mantienen las vías donde se grabaron determinadas escenas, hay unos paneles informativos con escenas de la película y considera el ayuntamiento del lugar que es el mayor atractivo turístico que pueden ofrecer. Ellos sabrán.
Se me olvidaba contar que en un momento del trayecto, antes de SAN LEONARDO, hay un desvío sobre el trazado original. La vía sigue en su sitio y dado que no puedes circular por la vía te desvían hacia la izquierda del trayecto en dirección SAN LEONARDO.
Lo sorprendente de que la vía siga allí es que está dentro de una finca particular. Que cosas pasan.
Pasado SAN LEONARDO la siguiente estación es el final de esta parte de la vía verde Ferrocarril Santander – Mediterráneo. HONTORIA DEL PINAR.
Desde el final de la etapa hay un pequeño tramo hasta el pueblo y allí te encontrarás un par de bares. Como era sábado y estábamos a la hora del Vermut no tenían nada para comer salvo un bocadillo de chorizo mejorable.
Vuelta hasta Ocenilla. El día 11 de septiembre y el recorrido por la vía verde del ferrocarril Santander – Mediterráneo y otra que en su momento contaré, acababa con 110 kilómetros según mi bicicleta y no había estado nada mal. Hubo momentos en los que me hubiera gustado que el agua de los bidones estuviera algo más fresca. No fue tan grave.
Aún siendo sábado, la vía verde en este tramo no estaba demasiado transitada, algún ciclista en una dirección o en la otra, también algún caminante (con o sin perro) y poco más.
Al llegar a Ocenilla, el bar que en la mañana estaba cerrado, disfrutaba del momento álgido del día. Su partida de los habituales, sus tres o cuatro mirones y otra mesa ocupada con gente del pueblo.
Pese al bocadillo de chorizo anterior y como todavía era posible decidí comerme otro bocata, esta vez de lomo al que añadieron incomprensiblemente mayonesa. Disfrutando de la charla de la partida y del bocata consumí el tiempo suficiente para buscar alojamiento para la noche.
Calatayud que era mi objetivo estaba completo. RECOMIENDO, pese a que a veces salga más caro, RESERVAR con algo de tiempo. Después del bocadillo y el café correspondiente me fui hasta Olvéga, donde quería recorrer otra vía verde. (Ya contaré).
Esa noche dormí en OLVÉGA y el día 12 pretendía acabar mi periplo ciclista por lo que fue una quimera del siglo XIX y principios del 20.
El domingo 12 de septiembre llegué a Calatayud a eso de las 9 de la mañana, había conseguido desayunar en Olvéga antes de salir pese a que el día anterior celebraron las fiestas locales.
Busqué aparcamiento para el IBIZA en las proximidades del río Jalón, descargué la bicicleta y empecé a buscar las dos vías verdes que con el nombre:
VV FC Santander – Mediterráneo (Tramo Calatayud)

Figuran en la web de vías verdes. El Tramo Ribota, entre Calatayud y el límite municipal con Torralba de Ribota y el tramo Jiloca, entre Calatayud y el límite municipal con Paracuellos de Jiloca.
Quizás porque fuera domingo, quizás porque en Calatayud se acuerdan más de alguna copla que de ese ferrocarril, cada una de las personas con las que hablaba me mandaba para un sitio distinto. Me dirigí hasta la estación actual del ferrocarril y allí un taxista me indicó con bastante precisión el comienzo de cado uno de los tramos.
Volví hacía donde había aparcado y a un kilómetro más o menos de allí, siguiendo el curso del río empezaba el tramo Ribota. Las indicaciones del taxista me mandaban hasta un GR que comenzaba muy cerca del Alcampo de Calatayud y desde allí se llega hasta una zona deportiva que es donde comienza el tramo del que ahora me ocupo.
Son poco más de 7 kilómetros de vía verde y lo que tuve que recorrer hasta encontrar el principio de la misma. Pese a lo que dice Google Maps es todo subida, una primera parte bastante animada de gente que andaba en una dirección o en otra y el resto por una subida con un firme bastante bueno pero irregular. No tiene ni mojones kilométricos, ni información alguna del recorrido o del ferrocarril que por allí pasaba. Todo bastante árido salvo una zona con frutales bien arropados con unos plásticos negros.
Esa es la tónica del camino. Buen firme, falta de información y poco transitado. Hay una salvedad, al principio de la vía verde y para salvar una carretera hay pequeñas pendientes de subida y bajada del 8%, nada que al principio de la mañana no pudiera salvar.
El final de este tramo de la vía verde está a 1,7 kilómetros del pueblo, como estoy recorriendo vías verdes me abstuve de seguir hasta el centro del pueblo por caminos que en principio para mí eran ignotos.
Vuelta, esta vez de bajada, hasta Calatayud. Es verdad que había más gente pero decidí en ese momento preguntar a SIRI como llegar hasta Paracuellos de Jiloca y me mandó nuevamente hasta la estación y a seguir el camino de Campsa. Al final de ese camino empieza ese tramo de vía verde.
Mi opinión sobre este tramo es la siguiente. Empieza en un sitio donde nadie tiene interés en ir y acaba a unos dos kilómetros del pueblo. El paisaje similar al otro tramo. Como el tramo no llega a dos kilómetros poca gente pude ver, un par de amazonas al paso y algún grupo de paseantes. En este caso si me acerque hasta el centro del pueblo para poder volver por la carretera en vez de por el tramo un tanto insulso de la vía verde.
Ese día 12 de septiembre de 2021 me quedaba otro tramo de las vías verdes con denominación Santander – Mediterráneo, la llamada:
VV FC Santander-Mediterráneo (Tramo Campo de Daroca)
En el mapa que pongo en esta entrada, la vía verde de la que estoy hablando ahora está al sur de Calatayud y de Paracuellos de Jiloca por lo que entiendo que era el camino que empezando en Calatayud y pasando por Daroca, Caminreal, Caudiel y Segorbe llegaba hasta Sagunto y que en realidad era parte del ferrocarril Central de Aragón, pero si los que saben la denominan Santander-Mediterráneo quien soy yo para corregir esa denominación.
Ya en Murero que es el punto más al norte de esa vía verde, en el pueblo pregunté por la vía verde. Me mandaron hasta la Estación. Lleva cerrada más de 30 años, está derruida, pero en el pueblo siguen considerando esa zona “SU ESTACIÓN”, que desastres económicos y sociológicos han provocado los regidores que hemos tenido.
En la estación la vía verde parte tanto al norte como hacía el sur. Hay que recorrer primero el tramo que va hasta el túnel de Murero que son solo 1,7 kilómetros. En el camino está la Ermita de San Mamés y según avanzas por ese tramo vas dejando el río Jiloca a la derecha de tu camino con el frescor que en un día como ese proporciona el bosque de ribera perfectamente distinguible en todo el recorrido.
De vuelta a la estación comprobé que la misma no se había caído sobre el IBIZA que había dejado aparcado a su “poca sombra”. Tal es el estado de la estación. Exagero un poco, pero queda bien como figura.
Ya hacía el Sur y cruzando un par de veces el río pero manteniéndome siempre dentro del bosque de ribera fui pasando por Manchones, Daroca y llegué hasta Villanueva de Jiloca. Montes un poco alejados del camino con bastante arbolado.
Al llegar hasta Villanueva había una muchacha plantada en el edificio que da acceso al pueblo y me indicó que la vía verde seguía. En realidad era un kilómetro más o menos donde figura un cartel donde ponía FIN DE TRAMO CAMPO DAROCA, está casi en San Martín del Río.
Vuelta por tanto hacía de donde había venido. La muchacha seguía en el mismo lugar con su bicicleta. Esta vez me indicó que había pinchado y que si podía hacer algo. Actué como “buen samaritano” o como “buen macho hispano”, cada uno o una de los que lean esto pueden opinar lo que quieran.
La rueda estaba pinchada, yo no tenía parches de bicicleta, ni cámaras del tamaño de su bicicleta. Saqué una bombona de CO2 de las que llevo por si pincho e inflé la bicicleta de la muchacha. En esa operación estaba cuando apareció el hermano que había ido a buscar ayuda. La rueda tenía bastante aire, pero yo sabía que duraría lo que un caramelo a la puerta de un colegio. Todo dependía del tamaño del pinchazo.
Ambos hermanos emprendieron su viaje de vuelta hacia Daroca de donde eran vecinos. Yo me fui hacia el centro de Villanueva de Jiloca para intentar comer.
Digo centro hablando de la calle del pueblo. Un par de paisanos me dijeron que si hubiera ido durante el mes de agosto habría encontrado el bar, en septiembre y a esa hora ya no.
Vuelta hacía Daroca, que era camino de bajada, poco antes de llegar al pueblo alcance a ambos hermanos y les pedí un favor a cambio del inflado de la bicicleta, que me indicaran donde podía comer. La muchacha que era la que llevaba la voz cantante me indicó uno en la plaza que estaba cerrado por vacaciones y otro cerca de las piscinas del pueblo, Hostal Legido. Bastante flojo.
La rueda de la bicicleta cuando me despedí de ellos en el pueblo estaba totalmente deshinchada y el hermano le indicó a la muchacha que se bajara. Me sirvió para mirarle las piernas otra vez que eran largas, muy largas. (He aquí mi punto machista).
La vuelta hasta Murero desde Daroca la hice por carretera había dos pasos algo complicados en la vía verde y preferí evitarlos.
La Avenida Daroca como se llama en Murero o el Camino Manchones como se llama en Daroca tiene algunas subidas y bajadas más que la vía verde pero estuvo bien, esa carretera va paralela en todo momento a la acequia de las Monjas y la de Monteagudo.
Otra vez en la estación de Murero comprobé que no había caído ningún cascote sobre el IBIZA, pero tampoco estaba fresco, por lo que podría haber aparcado un poco más lejos del edificio de la estación y no haber corrido riesgos.
Lo que cuento a continuación tiene que ver con el ferrocarril Santander – Mediterráneo y no tiene nada que ver. Quería el día 13 de septiembre empezar a recorrer la vía verde de Ojos Negros que comienza en Santa Eulalia (Teruel), que era un ferrocarril que nada tiene que ver con el Santander – Mediterráneo pero que circulaba paralelo en todos sus tramos a este, pero eso lo contaré en la entrada al blog correspondiente.
Cogí el IBIZA y me desplace hasta el punto de partida del día siguiente. Pinchazo total, no había alojamiento. Plan “B” Cella, que está a 20 kilómetros. Pinchazo total, había una feria taurina y estaban completos en los dos establecimientos. Plan “C” BOOKING y alojamiento de emergencia en Teruel que está a 35 kilómetros, en este caso si conseguí alojamiento y allí, haciendo fotografías tontas del “torico”, como tantas veces concluyo mi viaje por una de las QUIMERAS importantes que tuvieron nuestros antepasados en el siglo XIX y que termino en fiasco. ¿Cuántas más quimeras de progreso podremos permitirnos perder?

Creo sinceramente que estamos en un momento crucial donde sería bueno apostar por el futuro, por nuestros descendientes y su porvenir, sería una estupidez volver a caer en la torpeza de boicotear el futuro como tantas veces ha pasado en nuestro país.
Aparte de la charla. Merece la pena recorrer las vías verdes del Ferrocarril Santander – Mediterráneo, ya sea por tramos o de la forma más continuada posible. Espero volver cuando existan más tramos habilitados.








































































































































