230404 Mi “Tío Pepín”.
Mi madre (Magdalena de la Fuente) tuvo tres hermanos varones: Arturo, que siempre le recuerdo trabajando en Renfe en Madrid y que cuando en alguna ocasión fui a pasar algunos días con él y su familia siempre fue especialmente afectivo.
Juan (al que mis padres llamaban Juanito), que vivía en Valladolid, primero en la calle del Conde de Ribadeo y cuando su casa la declararon en “Ruina Inminente” consiguió una vivienda en la Calle Sarasate (Barrio del 4 de Marzo). Trabajó en varios sitios pero se jubiló en la Fasa (Renault). Este tío iba a visitarnos al menos una vez cada quince días y como además de hermano de mi madre era amigo de toda la vida de mi padre hacían tertulia cada vez que nos visitaba.
El tercer hermano (era el mayor), era mi tío Leonardo que ya he citado en alguna de estas entradas. Siempre vivió con los abuelos María y Gregorio y cuando estos murieron siguió viviendo en su casa de la calle Serafín en el barrio de la Rondilla de Valladolid. Comía con nosotros todos las sábados y domingos. También en los cumpleaños y fiestas señaladas.
También tuvo una hermana. Mi tía Sara a la que estaba especialmente unida y que cuando ambas podían se pasaban la tarde juntas. Cuando las ocupaciones, sobre todo de mi tía, lo impedían se llamaban por teléfono y aunque en aquellos tiempos las llamadas telefónicas según ellas, costaban un montón, cada llamada duraba más de una hora. Era tan obvio que la conversación iba a ser larga que a mi madre la poníamos una silla para que se sentara mientras hablaba con su hermana de sus cosas.
Debéis entender que con este pequeño apunte no acabo de contar todas las cosas que puedo contar de mi familia materna, pero lo dejo aquí para que sepáis en que entorno nos movíamos.
Mi tía Sara se casó con mí “Tío Pepín”, que obviamente no se llamaba así, pero era como “el todo Valladolid” le conocía. Era copropietario de un concepto innovador entonces de establecimiento en la ciudad: El SALÓN IDEAL. En plena calle Santiago (la mayor principal de la ciudad para aquellos que no la conozcáis). Ofrecía el SALÓN IDEAL Heladería, Confitería, Cafetería y en algunas épocas hasta daba comidas y cenas. Además de ese establecimiento era copropietario de varias fabricas y despachos de hielo (en alguno de esos establecimientos siempre trabajó mi tío Leonardo).

Aunque no he sido muy gráfico en la descripción, por lo poco que he contado, debéis saber que por entonces era uno de los profesionales de la Hostelería de Valladolid con cierto renombre.


La relación con él siempre fue muy afectuosa, quizá por su trabajo o porque nosotros éramos sobrinos directos de mi tía tampoco se dedicaba a darnos muchas contemplaciones en general, eso sí, cuando decidía llevarnos a algún sitio con su Mercedes (entonces era casi único en la ciudad), no paraba de darnos atenciones. Creo recordar que conocí alguno de los sitios interesantes de Castilla y León cuando el “Tío Pepín” nos llevaba en su coche: Segovia, La Granja, Riofrío, Palencia, Burgos y quizás algún sitio más. Si recuerdo que aprendí a tirarme de cabeza en una piscina en Los Ángeles de San Rafael una vez que nos llevó a pasar el día a esa zona. Semanas después ocurrió la tragedia que le costó a Jesús Gil y Gil un pequeño periodo de cárcel.
Cuento todo esto del “Tío Pepín” a la vuelta de mi viaje a Valladolid. Tras visitar a mi hermano me fui al centro de la ciudad y comí un par de cosillas para saciar el apetito.



Después y aunque hacía bastante aire (un poco fresco) me fui hasta IBORRA a comprarme un Helado (mi primer helado del año 2023).

Resulta que cuando tenía el Salón Ideal y después, cuando llevaba la concesión de la marca Avidesa de Helados en Valladolid, mi “Tío Pepín” tenía como objetivo empezar a vender Helados el día 19 de Marzo, día del Padre, pero también su santo. Cuando estaba en el establecimiento comentado organizaba todo para tener plantilla suficiente para elaborar los Helados y ponerlos a la venta. Eso le permitía que aunque la Semana Santa se celebrase muy pronto, el ya ofrecía ese producto en el SALÓN IDEAL.
Por cierto, en aquellas épocas (años 60 del siglo pasado) el jueves y el viernes santo cerraban los establecimientos de ocio y como la PROCESIÓN GENERAL DE LA SAGRADA PASIÓN DEL REDENTOR pasaba por la calle Santiago, allí en primera fila la veíamos sentados en las sillas de la terraza.
Por supuesto, mientras existió el Salón Ideal los helados y los pasteles que mi familia consumía (pocos), se compraban en ese sitio y nunca nos planteamos la existencia de otra heladerías o confiterías en la ciudad.
Después cuando distintas circunstancia que no conozco en profundidad y por tanto no puedo narrar, el “Tío Pepín” gestionaba AVIDESA en Valladolid se empeñaba en que todos los Quioscos de Helados de esa marca estuvieran abiertos en la fecha que os he dicho. Como mi padre (que fue electricista) era el que se ocupaba de montar la parte eléctrica de esos quioscos se pasaba los primeros dieciocho días de marzo conectado a la corriente todos los puestos de venta de esa marca. Recuerdo que según fui siendo mayor también me toco colaborar en ese trabajo “familiar”.



Lo de comer mi primer helado el día 4 de abril este año ha sido un poco homenaje a mi tío. Era la primera vez que me desplazaba a Valladolid después de la fecha comentada.
En realidad, el “Tío Pepín” se llamaba JOSÉ PASCUAL y tras muchos años de trabajo y alguna grave enfermedad que no debo contar en esta entrada, se convirtió en un jubilado al que te encontrabas muchas veces por la calle y siempre eran memorables esos encuentros. Al principio iba acompañado de su perro “Tim” y cuando este perro faltó le veías por la calle cumpliendo con sus hábitos de jubilado.
A Algunos les parecerá baladí, pero entonces, donde en mi casa y en otras muchas no había demasiados libros, en casa de D. José Pascual tenían una voluminosa biblioteca que yo envidiaba. Es cierto que ahora puedo tener algo similar, pero para mí era envidiable.
Posteriormente yo me vine a vivir a Madrid y el contacto familiar se desvaneció un poco. Le recuerdo con gran afecto y el helado de hoy me ha dado pie para hablar de él.
Por cierto, en Valladolid ya tienen todo dispuesto para la celebración de la Semana Santa; las gradas para que la gente que pague vea la procesión del viernes, los pendones por las calles de la ciudad, los bares preparados para acoger a todos los visitantes que por allí aparezcan. Además han preparado una feria de artesanía en las proximidades del Campo Grande y como cada año han puesto los carruseles que mi padre llamaba la “Feria del Sudario”, vaya usted a saber de dónde viene ese nombre.








Si os interesa, dado que he vuelto en un tren a las 15:20 horas me he librado de todas las procesiones de la ciudad, ya vi bastantes en mis años jóvenes.
Cuando he llegado a la Estación de Madrid – Clara Campoamor he podido comprobar el “mogollón” que tienen montado. Por la mañana no me dio tiempo de hacer fotografías.
De momento, las incomodidades para todos los viajeros de esa estación son palpables. No digo que cuando finalicen las obras pueda ser una estación confortable, pero ahora mismo es incomoda hasta decir basta.





El año que se acaben esas obras, que no será precisamente en esta década, puede quedar muy bien y algunos especuladores pueden haber realizado el negocio del siglo, pero mientras tanto las conexiones ferroviarias muy deterioradas y los viajeros (si pueden) que eviten la Estación de Chamartín.


Mariano, creo recordar que la nata montada que se compraba en mi casa para acompañar las fresas…..cuando se compraba era de Avidesa…..Bonito homenaje al tío Pepín….y… qué «lechuzo» eres…..Espero que las torrijas de «autor».. aunque pequeñas..estuvieran ricas. Un abrazo de tu groupie.