230502 Pensión G…. Triacastela.
Acabamos razonablemente bien la visita a Ponferrada, seguro que sería posible disfrutar más del lugar, pero tampoco tanto.
Cuando llegué ayer al Hostal San Miguel estaba entrando un grupo de esos señores y esas señoras que ya se han quedado en casa sin los hijos y todavía no tienen nietos. En torno a los 50 o 55 años. Les oí decir que hoy salían a eso de las 7:30 horas. Como el ascensor del hostal solo admite dos personas estuve haciendo tiempo para que las 20 o 30 personas del grupo se organizasen y pudiera yo bajar alforjas y baterías.

En el bar del hostal todavía me los encontré allí despidiéndose de los dos ancianos que gestionaban el mismo.
Saqué a Hortensia del almacén donde había dormido, me tomé el desayuno habitual y recargué ambos bidones.
A un kilómetro o menos del punto de salida adelante al grupo. Andaban agrupados y charlando. Estoy seguro que pasarán unos buenos días pero que no llegarán excesivamente lejos. Que les quiten lo bailado.
La salida de Ponferrada, como en muchos pueblos y ciudades, por un polígono industrial y todas las rotondas del mundo. Que manía.
La N-VI en ese tramo tiene un buen arcén y no he tenido problema alguno para circular. Sinceramente lo que veía no me llamaba para parar y hacer fotos por lo que de ese primer tramo no tengo información gráfica.
Casi sin darme cuenta he llegado hasta Villafranca del Bierzo. He pasado por varios pueblos pero no he parado con lo cuál una hora después de salir de Ponferrada estaba ya en Villafranca. Según mis datos en ese punto empezaba la subida al puerto que tanto miedo me daba: O CEBREiro. Aunque no entré en el pueblo si hice una parada y ví dos furgonetas de las que trasladan las mochilas y el equipaje de los peregrinos.
Tuve la tentación de “pecar”, pero Santiago y los que llevaban las furgonetas me lo impidieron. Les pregunté que hasta donde iban y me dijeron que hasta O CEBREiro de momento. Entonces les sugerí que no solo llevaran mochilas y equipaje. Que me llevaran a mí y a Hortensia y así me ahorraba la subida temida. Por su normativa de funcionamiento se negaron y así me evitaron “pecar”. Estoy seguro que les inspiró el Santo para que yo me “jodiera” pedaleando.




Así que sin más me puse a pedalear. Un túnel y un tramo de subida bastante suave. Pereje, Trabadelo, La Pórtela de Valcárcel, Ambasmestas, La Vega de Valcárcel, Ruitelán y Las Herrerías. Hasta ese punto pensé que era un ciclista aceptable. Desde allí solo quedaban 8 kilómetros para hacer cumbre. Pero que 8 kilómetros. Las pendientes del 7, del 8 del 10% quien lo sabe. Puse a Hortensia a que me ayudara todo lo que pudiera y me planteé la subida con la máxima tranquilidad. Me habían avisado en uno de los pueblos que lo normal es que tuviera que hacer tramos empujando la bici. Intenté evitarlo. No sabía si tenía que empujar si sería capaz de volver a iniciar el camino. Así que cuando veía que me faltaban las fuerzas hacía la trampa habitual. Ponía los pies en tierra y me dedicaba a tirar fotos sin sentido para recuperar fuerzas.




Hortensia avanzaba mejor que yo, pero en un momento determinado empezó a tener achaques que no estaban previstos. Poniéndole yo que me diera la máxima asistencia cuando le parecía bajaba a la asistencia intermedia y así no había quién subiera ese puerto. Estuve a punto de alcanzar a dos ciclistas que les estaba costando casi como a mí la subida pero hizo una de sus cosas Hortensia y tuve que poner los pies en tierra. Me bajé de la bicicleta y la dejé descansar diez minutos en los que fumé, hice un “pis” y vi pasar varios coches (entre ellos las dos furgonetas que se habían negado a llevarme). El tráfico en esa zona era prácticamente inexistente. Después de esa pausa volví a montar y mal que bien llegué hasta La Laguna. Allí no tiré la bicicleta por mi gran afecto hacía ella. Pasaron unas vacas por el camino que yo tenía que recorrer y tras una buena pausa continué.




Decían los paisanos y paisanas del lugar que solo me quedaban dos kilómetros hasta O Cebreriro y que eran más suaves que lo que ya había pasado. Mentira. Fue también una “putada” de camino. Pero al fin llegué hasta O Cebreiro. Medalla de oro para el sexagenario que se atreve a realizar estos tontos viajes.
Allí estaban los dos ciclista a los que había estado a punto de alcanzar en la subida. Me contó él que trabajaba en una tienda de bicicletas de Doností y le sugerí que, si sabía, me pusiera la pantalla de la bicicleta en kilómetros en vez de en millas. La jodio más. Ya recuperaremos la información.
Paré en el pueblo para tres cosas: comer algo, visitar la arquitectura característica de la zona y cargar algo la batería. Cumplí los tres objetivos. Solo contar que cuando entré en la palloza que tienen como monumento del lugar me agaché y pese a ello me dí un golpe en la cabeza y un buen “chinchón”. Si soy un poco torpe soy un poco torpe.
A las 14:30 horas y tras comer un bocadillo de tortilla francesa me puse nuevamente en marcha. Por alguna cuestión de las que nunca soy consciente, me equivoqué de camino y seguí las indicaciones del Eurovelo3 que me llevó por unos pueblos por los que tenía que pasar.








Eso me hizo que tuviera que subir el puerto de San Roque con una subida de dos kilómetros y medio al 7%. Otra medalla para el sexagenario.
Llegué al final a la carretera que tendría que haber cogido en O Cebreiro y otra vez a subir. Hasta el puerto de O Poio. Era tolerable y conseguí el objetivo de subir tres puertos en una jornada. Había llegado a Galicia y había superado la parte más dura del camino francés.






La bajada hasta Triacastela maravillosa. Tuve que tirar menos de frenos que en el día de ayer e hice medias de 40 kilómetros por hora en los 14 que me faltaban hasta el pueblo.
Como otras veces había reservado por Booking la Pensión G. Y justo está al principio del pueblo. Me dí una vuelta por el mismo que no es tan grande y volví hasta la Pensión.
Me han cobrado 40€ por una habitación limpia, con un baño “razonable”, con un laberinto de escaleras que se te quitán las ganas de salir de la habitación. Tiene Wifi, pero en la habitación no hay ni una mala televisión.
Esta, como muchas otras de las que voy usando en el camino, se aprovechan sin pudor de los peregrinos. Seguro que tienen muchos gastos, que sus costes se han incrementado más de lo que ellos esperan pero cargar de esa manera y con esas instalaciones puede que al final maten a la gallina de los huevos de oro. El chaval que lo regenta parece agradable, pero no hay que tirar tanto de la cuerda.



Cuando estaba bajando las alforjas de la bici pasaron los dos ciclistas de DONOSTI. Parece que yo había forzado más la maquina.
Llevo ocho días desde que salí de Roncesvalles, creo que no he realizado una mala media de kilómetros y según dicen los expertos me queda un itinerario más suave hasta mi llegada a Santiago. Ciento cuarenta kilómetros. Una bagatela.
Hoy me he acordado especialmente de mi amiga Belén de Bilbao por su amor a los animales. Con la presencia de vacas, gallinas y gallos le habría parecido un auténtico acontecimiento. También estaban los mosquitos y otros insectos que me van golpeando y que de vez en cuando me como.

Su Mariano vas a tener más medallas que un general de división.. jejeje..no te enfades con Hortensia, no la vayas a tirar..y prueba a no quitarte el casco cuando te bajes de la bici. Un abrazo de tu groupie