230612 Tráfico de Influencias.
Ya conté que me fui hasta Madrid el pasado jueves. Hoy lunes día 12 de junio he vuelto a Santiago. Me he pasado muchos años relacionado con el sistema de ventas de Renfe, desde que me he jubilado creo que he olvidado como funciona o me lo han cambiado completamente. Resulta que saqué un billete para Santiago y como no había tren directo (no me preguntéis la razón) el sistema de ventas me adjudico una plaza hasta Ourense y luego otro hasta Santiago, pero no en el primer tren disponible. Me dio un tren para dos horas después de la llegada. Veis que ya no tengo ni idea de como funcionan las cosas.
Como el del taller de bicicletas De Santiago me había sugerido que llegara al taller lo más pronto posible me acerqué a la operadora comercial de Renfe (interventora) y le conté mi deseo de llegar cuanto antes a Santiago. No manifesté mi pasado en la empresas pero dije un par de palabras en el argot ferroviario que le hizo preguntarme si era de la Renfe. Humildemente le dije que era un “pobre” jubilado. Sin mayor problema me dijo que me resolvía el problema. Es lo que tiene ser de un gremio. Es verdad que no lo hizo por el sistema de ventas y utilizó aquello de “no te preocupes” y al llegar a Ourense se dirigió al interventor del nuevo tren y me colocó en un tren que llegaba a Santiago a las 13:10 horas en vez del que yo tenía que llegaba a esa ciudad a las 14:53. Me sirvió sobre manera las influencias que todavía uno tiene en esto de los trenes. PURA CORRUPCIÓN POR MI PARTE.

En Madrid muy bien, cada una de mis hijas y mi nieta ya tenían planes para el fin del semana y salvo una video llamada por Watch no las he visto, pero es lo normal. Cada uno tenemos nuestra vida.
Tere y yo en casa y además solos. Aproveche para llevar provisiones de frutas a nuestro frigorífico y recuperé la bicicleta BH del trastero De Alba. El viernes hice unos filetes empanados, el sábado Tere asó medio cochinillo o tostón a baja temperatura y no dimos cuenta completa de él, pero casi. El domingo nos fuimos al rastro para reponer mi bolso de viaje donde llevo la tableta y los cargadores y que se había roto en el anterior recorrido.



Un paseo completo por Ribera de Curtidores con compra de alguna tontería para Irene y después nos fuimos a tomar algo por la zona de las “cavas”. Creo que no vuelvo a esa popular zona de bares madrileños. Un bar de nombre vasco que había enfrente del mercado de la cebada se ha convertido en un libanés y ya no elaboran los maravillosos pinchos de tortilla que tenían. En el “Juana la Loca” que era el otro sitio donde hacían esa tortilla, estaban cerca de veinte personas esperando entrar. Ni nos lo planteamos. En la cava baja fuimos a uno que no conocíamos y utilizaron un sistema que no me gusta nada. Te colocan en una mesa y aunque tengas claro que vas de pinchos, te intentan hacer comer. Dejan de ser bares y “quieren” convertirse en Restaurantes incómodos. Comimos unas croquetas de boletus y trufa bastante buenas. Tere, que tenía muchas ganas desde hace mucho tiempo, se pillo un bocata de calamares con salsa Ali-Olí en pan de Cristal. Dice que estaba bueno. Luego nos fuimos a un vasco que había dos o tres locales después. Mantenían el mismo sistema que he narrado antes. La oferta había cambiado completamente. Ahora ofertaban ceviche y otros productos peruanos. No era lo que esperábamos. Nos pedimos un par de cañas y como de la carta no nos apetecía especialmente nada nos decantamos por una tortilla. Sorprendente. Llevaba bacalao y estaba dulce. No juzgo eso. El precio de auténtico escándalo. Cada cerveza 4,5€, la tortilla en lo que cabe barata 3,5€. Ya sabéis mis razones para pensar en no volver por la zona.
Como he dicho antes, he llegado a Santiago a las 13:10 y rápidamente me he desplazado hasta el taller de bicis. Hortensia estaba bien. Me han cobrado bastante dinero por la cubierta, por las pastillas de freno y por el liquido de los tubeles, pero ha quedado bien. Organicé la alforja que me había traído de Madrid y la que había dejado en Santiago.
Otra vez en la bicicleta y como hoy (lunes) estaba cerrado O Gato Negro me dirigí al bar la Orella para comer una tapa de ese producto. También estaba cerrado.
Tomé una decisión. Me puse el Maillot del camino De Santiago y me fui otra vez a la plaza del Obradoiro. Foto de salida.

Tuve que escaparme. Alguna gente pensó que era un funcionario de la plaza y tuve que hacer al menos tres fotos grupo. Me puse los guantes, la braga que llevo en la cabeza y que me regaló mi amigo José Antonio y el casco. De esa forma conseguí que nadie más me pidiera que dejara constancia de su llegada a Santiago.
Puse el GPS del móvil para que me sacara de la ciudad y salvo que había que subir varias cuestas y se empeñaba en meterme por el medio de un parque todo perfecto. El adelanto en mi llegada a Santiago me permitía salir de la ciudad antes de que la gente que trabaja en ella vive fuera lo hiciera. Andamos Hortensia y yo, guiados por el GPS unos seis o siete kilómetros. Me sacó de la carretera principal y me metió por un camino asfalto de esos por los que no pasa nadie. Perfecto. Tras otros cinco kilómetros se empeñó en meternos en una vereda sin asfalto. Con lo que ha llovido los últimos días por la zona podéis imaginar como estaba. Solo han sido 500 o 600 metros, pero hasta la rueda trasera que es nueva se ha puesto perdida.




Hasta ese momento he aguantado al GPS.
Preguntando a un paisano que hacía deporte y con mi “poca” intuición he pillado la carretera por la que en alguno de mis caminos recorrí esos tramos hacia Santiago y me he olvidado de aparatos inoportunos.
Debí pasármelo bien con las bajadas que hay en esta zona hacía Santiago. Ahora tocaba subir esos mismo trayectos. No es lo mismo.
He llegado hasta Pedrouzo y en un sitio del lugar me he comido un bocata de un jamón bastante mejorable. Estando en ese trabajo, comer, ha comenzado a llover.

Ni el cielo, ni el señor del tiempo de mi móvil auguraban el cese de esa lluvia. Me he puesto en marcha. Eran 21 kilómetros. Por la cantidad de cuestas: una hora y media hasta el destino.
No ha parado en ningún momento de llover. El chubasquero ha aguantado bien. El pantalón de Decathlon se ha empapado, pero como siempre, se ha secado al poco de llegar. Las zapatillas para tirarlas. No he tenido más remedio que comprarme unas nuevas con las que ahora tengo los pies calientes. Un escándalo el precio de las zapatillas. Y todo va sumando.
En esa hora y media me debéis perdonar. No me he parado para hacer fotos. Soy un débil.
Nada más llegar a Arzúa me he parado en un bar a tomar un café, secarme un poco las manos y entrar en calor. Luego he buscado la Pensión Rua. Enfrente tengo un par de edificios coronados por tejados de amianto, pero por lo demás hasta ahora ningún problema.


Cuando califique los servicios en Booking a lo peor me sale otro “indignadito” como el del patio de no se qué en Portugal o el del Hotel Camiño do Mar que me ha estado mandando notas de voz y capturas de pantalla para demostrarme lo bueno que es su hotel durante todo el fin de semana. Bueno, en realidad hasta el sábado. Luego le bloqueé.
Con este recorrido y estas circunstancias poco puedo ilustrar el viaje de hoy y supongo que el de mañana, que también amenaza lluvia irá por el mismo camino. Improvisaremos.




Vistas en mi camino hasta la compra de las zapatillas por la Avda. de Lugo. Arzúa.






En cualquier caso he comenzado el que considero mi último camino De Santiago por ahora. El cuarto. Ya os conté que para el personal de la Catedral de Santiago esto que hago ahora no es camino de Santiago. Cuando se cree en dogmas, hasta la dirección en la que vas es un problema para ellos. Sigo creyendo que ni con los tres anteriores, ni con este camino voy a conseguir el cielo. Son opiniones.

En cualquier caso me siento como un Kamikaze en una autopista. Todos van en dirección contraria. Seguiré tanteando esa sensación.
Ayyyy Mariano, tienes razón en esto de tener que tirar de influencias para poder arreglar un cambio de hora en un billete. Me alegro que hacerte el «chulito» te haya ayudado. Veo que el fin de semana las viandas de casa han sido de calidad, je,jejeje. Por cierto se me olvidó decirte que desde la pandemia el bar de las tortillas donde nos llevaste estaba cerrado. Las cavas están muy bien, pero cada vez es más para «güiris». Por cierto Mariano, efectivamente nuestro jamoncito de verano, tiene bastante mejor pinta que el de la foto, que no llega ni a presunto….Espero que en este camino inverso no aumente mucho el «Club de los ofendiditos de Mariano». Por cierto, estás arrrrrrrebatador en esa plaza del Obradoiro. Cuídate mucho, un abrazo de tu groupie.