230617 Noray.

Acabamos ayer la excursión Gijonesa en una plaza donde todo el mundo tomaba sidra. Que poco exportan los asturianos este producto. Así tienen que beber ellos. En un bar que no tenía mala pinta en Google Maps me comí unas parrochas y así fue el día de la sardina. El día anterior me había alimentando exclusivamente de merluza y ayer de sardinas. En cualquier caso, ni la sardina ni la merluza es un mal producto.

Cuando salí del establecimiento estaba lloviendo. No de forma exagerada, pero llovía. Tenía casi un kilómetro hasta el Hotel Begoña y me puse en marcha. Ciertamente la noche estaba animada. Muchos muchachos y muchachas con su clandestinas bolsas de plástico en donde llevaban los productos necesarios para pasar una noche agradable. Si llevaban cosas que no necesitaran de bolsas de plástico no me consta. La carga que llevaban en las bolsas era la adecuada para pasar una buena noche.

Llovía, dejaba de llover y yo avanzaba hasta el hotel. A la puerta del mismo un número importante de jubilados (como yo) estaban fumando el “penúltimo” cigarro del día.

Subí, previo cigarro a la habitación y tras actualizar mis números en mis hojas de calculo me puse a dormir.

He despertado un par de veces, como casi siempre, y he comprobado que los muchachos y muchachas pasaban por la calle sin bolsas de plástico.

Cuando he decidido levantarme a eso de las seis y media de la mañana pasaban unas muchachas que seguro han pasado una buena noche. Una de ellas había agarrado un cono de carretera y le llevaba abrazado como solo se puede abrazar a alguien querido. De lo que estoy seguro es que tal cómo avanzaban por la calle les iba a pasar lo que a mí. De sexo ni hablamos.

He pedido en el hotel recuperar a Hortensia y el momento ha sido indescriptible. Estaban en el cambio de turno de recepción y nadie encontraba la llave de donde estaba alojada mi fiel compañera. Al final la he recuperado y he montado batería y alforjas. Una “ejercito” de jubilados y jubiladas de Aranjuez andaban por allí buscando a su guía para que les dijera cuando cargaban las maletas en el autobús y preguntando donde estaba la bolsa de picnic para el viaje hasta su casa. Prefiero mi forma de viajar. No digo que sea mejor, pero al menos no dependo de nadie.

Después un desayuno. Eran las ocho de la mañana y estaba el mismo camarero que anoche a las once de la noche. Seguro que me despisto pero no acabo de entender las jornadas laborales de la hostelería.

Después, como siempre, me he fiado del Señor Google Maps y me ha llevado por un lugar realmente tranquilo, la Universidad Laboral. Solo que para llegar por ese camino hasta la N-632 había una subida del 25%. Tranquilos, he puesto pie a tierra y he empujado los 100 o 150 metros que me separaban de la carretera. Ya en la citada carretera la cosa no ha sido fácil pero ha sido posible.

El primer lugar donde tenía previsto llegar era Villaviciosa. Allí estaba la fabrica de Sidra el Gaitero (famosa en el mundo entero). No he parado para hacer fotos. Pero he pasado por la fábrica. Estaba en una de las interminables subidas y no podía perder el tiempo para ofrecer unas imágenes perfectamente prescindibles.

Luego he tenido que llegar hasta Colunga. Una cosa muy común en los fines de semana es la cantidad de moteros que recorren estas y otras carreteras. Algo de envidia me dan. Cuando yo llego a cualquier sitio ellos han llegado y además están descansados. Seguiré con Hortensia. No puedo serle infiel.

Algunas fotos en el camino. Muchos ciclistas que me han adelantado y muchos más que circulaban en sentido contrario y pocos peregrinos.

Al final, como siempre, he llegado al destino. Ribadesella. Lo poco que he visto hasta ahora es que es un pueblo, una ciudad o una villa muy bonita. Después de publicar esta entrada la recorreré.

Creo recordar que según me decía mi madre aquí vive mi prima Mari Carmen. Ciertamente no he tenido contacto con ella en los últimos treinta años y si me la encontrara por la calle no la reconocería.

Eso mismo me paso ayer en Gijón. Se por terceros que vive en esa ciudad mi primo Ángel Luis González. No tengo ni idea de en que sitio vive y si en mi largo paseo por la ciudad me encontré con él no pude reconocerle. Esto que acabo de contar muestra que las relaciones con las diferentes personas tiene mucho más que ver con la empatía que con la afinidades familiares. Eso pienso hoy.

Cuando he llegado al Hotel Argüelles de Ribadesella la habitación no estaba preparada. Sin problemas. He dejado a Hortensia donde tenía que dejarla y las alforjas y baterías en el vestíbulo.

Me he recorrido la zona portuaria y al final he decidido comer en el lugar donde había sitio y la comida parecía que realmente estaba fresca. El Pesquerú. Tienen la buena costumbre de ofrecer medias raciones y me he comido una andarica (encorado) a la plancha y media de calamares. Todo buenísimo. Tras el café que también he tomado en el Pesquerú, camino al hotel y siesta.

Ahora estoy sentado en el bar más próximo al hotel para aprovechar su wifi que desde luego no es una maravilla. Veremos como consigo publicar.

Entre nosotros, y que no salga de aquí, todo mejorable en el Hotel. Pero me han subido a la habitación alforjas y baterías. Estoy en una habitación del segundo piso.

El cielo amenaza lluvia, pero quien soy yo para opinar del tiempo en Asturias.

Que conste que ahora mismo estoy uniformado de la manera más ridícula posible. No hace sol pero llevo una visera para evitar que se me derrita la sesera. Son cosas de ir de viaje sin filtros.

El recorrido de hoy.

Me faltaba justificar el título de esta entrada. Hace muchos, muchos años, en Ribadesella y para el puerto que tenían entonces pusieron estos elementos para el amarre de los barcos que llegaban hasta aquí. Hoy no tienen función alguna pero siguen siendo un elemento imprescindible para el puerto de la ciudad. Son tan estables como cada uno de vosotros y vosotras y como mi fiel HORTENSIA.

Un Noray anclado a la vida.

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Un comentario

  1. Mariano, efectivamente ha sido el día de «la parrocha»……..Lo de los horarios de la hostelería yo tampoco los concibo, alomejor ese es uno de los motivos por el que no se encuentran camareros. Qué rica una «sidriña’ aunque debo reconocer que soy más aficionada a la natural que a la del Gaitero. Empatizo perfectamente con la jovenzuela agarrada a un cono a las 6 de la mañana 🤭🤭🤭🤭 A simple vista el hotel Arguelles no tiene mala pinta, pero me fio más de tu criterio. Haz una reseña y otro ofendido al grupo 😱😱😱😱. Los calamares tienen buena pinta, perooo la nécora (si es que es una nécora) está un poco opa a, ahoraaaaaa ese cachopo tiene muy buena pinta. Cuídate mucho Mariano. Un abrazo de tu groupie favorita.

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