240724 no por mucho madrugar amanece más temprano.
Como por la incomodidad del Hostal el Cartero tuve que pasarme toda la tarde deambulando por Teruel, a eso de las nueve y media (que es mi hora) fui al Bar Teruel para cenar. Plato de embutido como hago habitualmente en casa y a las diez ya estaba fuera del establecimiento. Camino hacía el hostal y a eso de las diez y media ya me había metido en la cama. Para molestar a la señora del hostal pusé un ventilador que había a toda su potencia y mirando para la ventana. El caso era hacer gasto. A las cuatro de la mañana no aguanta el ruido ni yo, le apagué. No soy constante en mis maldades.








Dado que me había acostado tan pronto me levanté a las seis de la mañana y tras perder el tiempo de costumbre a las siete ya estaba en la calle buscando el café matutino. Estaba el hostal tan mal situado, o los servicios turolenses dejan tanto que desear, que tuve que subir nuevamente hasta la plaza del “torico” para encontrar algo abierto. Antes había dejado todas mis pertenencias al final de las escaleras del lugar.



Cuando volví, la señora que cobraba por el aire acondicionado ya estaba allí. Cogí a Hortensia, la cargué y emprendí el camino. Una vez más me fié del Google Maps y eso hizo que perdiera más de hora y medía para salir de Teruel y encima me toco empujar bici durante cerca de quinientos metros. Un suelo muy mal compactado y en pendiente.
Los últimos veinte o treinta metros, donde ya el firme era compacto, no tuve fuerzas para subir una cuesta con más del 25% de desnivel. Bajé una de las alforjas, subí la cuesta andando con ella, cuando bajaba a por la bici un paseante (el paseante, no había más) se ofreció a empujar a Hortensia y entre los dos la pusimos en la vía verde. Cargué la alforja desmadejada, charlé un rato con el paseante y nos despedimos. Me había indicado que en el primer pueblo del recorrido había un bar (que habitualmente no abría) allí me fui para llenar los bidones de agua. Tuve suerte y hoy le tocaba abrir. No los había recargado en Teruel por dos cosas. Que no estaba dispuesto a darle dos euros a la señora del Hostal y que luego el Google me llevo por donde no había ningún bar abierto.




Rellené bidones y de esa forma se viaja más tranquilo. Un ciclista apareció por allí y empezó a darme conversación. El había salido a pasear y no tenía un destino fijo, yo sí. Cuando nos metimos en la vía verde nuevamente le indiqué que fuera a su velocidad y que no le entretenía. Parece que lo entendió. Desde donde rellené los bidones quedaban trece kilómetros de subida hasta el puerto de Escandón. Parando en alguna de las zonas de descanso para la función mingitoría y el cigarro seguí hacía arriba y como un kilómetro antes de llegar al puerto adelanté a un padre y un hijo ciclistas que había visto previamente rellenando los bidones en la plaza del Torico. Llegamos a la par al puerto y les hice la foto de rigor para su albúm. Me ofrecieron almorzar juntos y decliné la invitación. Ellos solo viajaban hasta Barracas y yo cuarenta kilómetros más.






Les transmití, si querer una información falsa, les dije que desde el puerto era todo bajada, ese era mi recuerdo. No es verdad, bajas doscientos metros hasta Barracas, pero sigues llaneando y subiendo hasta el parque eólico que hay cinco kilómetros después de Barracas. Cuando veías el mapa que cuelgo habitualmente vereís que en el día de hoy he realizado un montón de desvíos, en todos los casos ha sido para rellenar los bidones de agua. Me he gastado casi diez euros en agua y encima la he tomado caliente la mayor parte de las veces. Estaba calentando bien. Dicen los expertos que las personas mayores no salgamos de casa en las horas centrales del día, pero si tenía que recorrer bastantes kilómetros no me podía quedar en el aire acondicionado de un bar. He optado por hidratarme como lo haría un hipopótamo, agua, agua y más agua.








Vista la hora que era y lo que me quedaba por delante he optado por desviarme en Barracas y en un bar de carretera. “Bar-Restaurante-Hostal Norte” comer. También he aprovechado para recargar la batería y para meter durante una hora los bidones en el congelador del bar.
Un pie de cerdo picantito, unas olivas cortesía de la camarera y un par de cafés. En lo que hacía tiempo para cargar la batería se me han aparecido dos paisanos para que os lo cuente. El primero diciendo que el tenía una casa rural en el pueblo y que podía quedarme en ella por un precio más ajustado que el que me cobrarían en el María Luna de SEGORBE y otro que al parecer era camionero, que por el tacografo tenía que esperar hasta las ocho de la tarde para reemprender ruta y que se ha empeñado en que fuera por la carretera. Para ir descansando le he visto que se ha tomado dos copas de orujo verde. Supongo que a las ocho esté algo más sereno. Llevaba bastantes identificaciones nacionales.



Después de una hora de parada, más o menos, he reemprendido el camino a las tres de la tarde. El calor que hacía no se lo cuento ni mi amigo Mauro. Era ciertamente aplanador. Como yo soñaba que desde mi parada todo sería una bajada maravillosa, pues me ha fastidiado que otros cinco kilómetros más fueran de subida hasta los molinos de viento.
Subiendo ese tramo me ha picado una avispa y para que engañaros, me ha molestado. Pero claro, ayer le pusieron la vacuna de los cuatro años (que no sabemos la que es) a Irene y ni se quejó. No podía el abuelo quejarse de una picada de avispa.





Desde el punto comentado ya si ha sido bajada. Pero bajada, bajada. Hortensia viajaba entre 25 y 28 kilómetros por hora sin tener que esforzarme. Solo las paradas necesarias para rellenar bidones.
Voy a comentar una cosa, que seguro que ya hice la vez anterior que recorrí la vía de ojos negros. Los de Teruel tienen la vía bien, pero son parcos, ni una indicación, las zonas de descanso “regularás” y bastantes desprendimientos en los caminos. Los Valencianos consideran la vía como un logro y desde el límite provincial cambia todo. Las indicaciones son más correctas, las zonas de descanso tienen sombre y papeleras, el firme es mucho mejor y se lo han trabajado.
Como, además, mucho del camino es descendente, te crees que estás a punto de alcanzar la gloria.
Aún así, aunque en la ultima parte del recorrido no fuera necesario dejarse el alma en el viaje, venir de Teruel a SEGORBE para un sexagenario ha sido cansado.
En el termino múnicipal de Altura me he encontrado a una paisana y la he preguntado si me quedaba mucho. La información ha sido: Estás en Altura y debe quedar algo hasta SEGORBE. Menos mal que la información era por hablar con alguién. Que poca capacidad comunicativa de alguna gente.



En la salida hacía SEGORBE he puesto el Google en marcha, no le he obedecido un par de veces y con mi intuición he llegado a la entrada del pueblo.




Preguntando por el hotel, la gente ha decidido que con la bici hay que cumplir las normas de circulación y me ha obligado a dar una vuelta y unas subidas innecesarias.
Cumpliendo toda la ordenanza municipal he llegado al hotel a las seis menos diez. Informar a mis deudas de mi llegada y hacer el check-in, resulta que en mi anterior viaje por la vía de ojos negros ya había parado aquí. La desmemoría es un elemento habitual en los sexagenarios.
El alojamiento mucho mejor que el Hostal El cartero, tienen deficiencias sí. No pueden llenarme un vaso con hielo para hidratarme con agua fresca, pero hacen lo que pueden. La habitación espaciosa y el wi-fi, inseguro, pero bien.
Obviamente, a la hora que he llegado no he dormido la siesta, no he visto Verano Azul, ni a Jordi Hurtado en la dos.
Ahora procuraré asearme, refréscame y bajar al primer bar que pongan una cerveza. Luego veremos donde ceno.



Si hay algo por lo que me pongo “pines” es por conseguir los objetivos cada día.
Empezó mal, no nos hagamos trampa, cualquiera podría haber justificado que la climatología estaba en contra. Pero si al final consigues tu objetivo. Un “pin” mejorable.



Mañana acometo la ultima etapa de mi recorrido entre Santander y Valencia, según las previsiones es cómoda, pero lo iremos viendo. Si todo va bien pernoctaré en Madrid con Hortensia en un Ave y yo sentado como un señor en el vagón de silencio del tren. ¿Qué más se puede pedir?
Que residencia tienes al calor y al sol
¡¡¡¡¡AYYYYYY Mariano!!!!!!! qué desastre con el aire (ventilador-ruidoso) y fatal no recargarte los bidones de agua…..Bueno….a su favor las viandas de chacina no tienen mala pinta…Espero que la familia que iba a Barracas, no te tome en cuenta la información un poco imprecisa que les has dado, siempre puedes recurrir a tus maravillosos años y que la memoria te ha pasado una mala jugada, seguro que sales airoso, ¡Qué buen detalle lo de invitarte a almorzar, queda gente amable.
Me descojono con lo de la paisana de Altura y sus indicaciones para llegar a Segorbe, te ha «despachao» en medio minuto,,,je,je,je.
Vaya dos «alicates» los del bar de carretera, yo también espero que para la hora de coger el camión hubiese metabolizado el camionero sus «copitas»
Si que tiene que estar cotizado el hielo por la zona, para no poder poner un cubito en un vas…en fin…
Y claro, Mariano, si vas en bici tienes que cumplir las normas de circulación….»asín» son las cosas.
Mi mente calenturienta, me ha llevado por otros pensamientos cuando hablabas del «pin», perooo, ya me he reconducido. Enhorabuena por ese Pin…je,je,je.
Fatalidad lo de la avispa, pero efectivamente, tómatelo a lo Irene, como la vacuna de los cuatro años…
Bueno amigo, aunque retrasada, siempre me encanta leerte.
Un besazo de tu grupee favorita.