230616 Lo conseguí. A medías.

La visita cultural de ayer no tenía ningún monumento. Novellana no tenía ningún monumento interesante. Solo tenía aquello lo que le ha dotado la naturaleza. Un paisaje espectacular. Hice una pequeña caminata hasta donde se podía ver el mar y ciertamente sus paisajes son espectaculares. Es cierto que no bajé hasta la playa. No era necesario. Lo que vi realmente me emocionó. Se que las fotos que ponga aquí no darán cuenta de los magnifico que es el paisaje. Pongo alguna y juzgáis.

A la vuelta del paseo entré en el otro local de “alterne” del lugar y comprobé que su carta se circunscribía a pizzas, hamburguesas y bocadillos. Me tomé una cerveza y desistí.

Volví al hotel en el que me alojaba y del que hablaba ayer en mi título: Desde mi ventana.

Y procedí a cenar. Por la mañana me habían ofrecido un cachopo de Merluza. Ya sabía que la merluza era buena y decidí probar. Muy buen producto. Sorprende la mezcla de jamón con pescado. Estaba realmente bueno.

Otra vez a dormir y esta mañana, cuando han abierto el restaurante del hotel a las ocho de la mañana ya tenía todas las cosas montadas en Hortensia. Mis cafés habituales y la media tostada y he emprendido la marcha.

No era mucho el recorrido que tenía hasta Gijón, pero me había guardado una excursión adicional para el día de hoy. Soto de Luiña, Soto del Barco y Avilés. El recorrido ha sido primero por la carretera N-632a y después por la N-632. La primera sin tráfico y la segunda con algo más de tráfico pero en la mayor parte del recorrido con arcén suficiente. La orografía, ya me lo decía mi amigo José Ángel de Bilbao es la característica de esta zona. Subidas largas y no excesivamente pronunciadas y bajadas similares. He coincidido con bastantes peregrinos que avanzaban tanto andando como en bicicleta hacia Santiago y yo siempre en la dirección contraria.

En Avilés he parado un rato pequeño. Lo suficiente para hacer alguna foto, fumar un cigarro y ver lo que me quedaba de recorrido. He visto al fondo el Centro Cultural Niemeyer. Y tras pasar por la pasarela que une Avilés con el complejo cultural he podido seguir por la ría de Avilés hacía mi destino.

Tenía decidido desde que salí de Madrid concluir, esta vez sí, la vía verde del Ferrocarril Estratégico. Había venido dos veces hasta aquí y no la había podido encontrar. De hoy no podía pasar. Cuando en su momento dije en este blog que no había podido encontrar la vía verde el ayuntamiento de Carreño me indicó como llegar. Pues ni así. He puesto el navegador. He preguntado en varios sitios y al final me han mandado hasta la Iglesia de Santa Eulalia en “el valle”. En el lugar no había cartel alguno y he vuelto a preguntar. Una señora que a las doce de la mañana todavía tenía el pantalón del pijama puesto me ha dado unas buenas indicaciones. He llegado hasta el lugar donde se entiende que está la vía verde y lo que he visto no me ha gustado nada. Ningún cartel, y lo que tenía que ser el camino estaba invadido por las malas hierbas. Me he puesto a recorrerla hasta que directamente las hierbas y el firme de lo que debiera ser la vía verde me ha indicado que de allí no podía pasar. He titulado que lo conseguí por que al fin encontré la vía verde. También he dicho que a medias, he recorrido 4 o 5 kilómetros de lo que es ese recorrido y al final no la he podido concluir. Quizá el que otras veces no la hubiera encontrado era una señal de que no me metiera en lugares inadecuados. Quién lo sabe.

He salido como he podido del lugar y tras una muy larga subida he tenido mucha suerte. He encontrado un paisano que venía en coche y me ha indicado como salir de allí y llegar hasta el final de la etapa: Gijón.

Desde allí ha sido realmente fácil llegar hasta el destino. Una carretera con mucho tráfico y con buenos arcenes. La Gijón10 que es lo que es y al final he entrado en la ciudad.

También tengo algún recuerdo de este lugar. Mis tías Rufina y Lucía tenían una casa en esta ciudad y alguna vez nos debieron de invitar. La estancia en su casa era como en los albergues de peregrinos. Un baño para veinte que estábamos alojados en el lugar. Tiempo con mis primos y prima hijos de ambas tías y mucha playa de San Lorenzo. No sé si en este lugar fue la primera vez que vi el mar, pero tampoco recuerdo esas estancias (fueron dos o tres) como algo imprescindible en mi infancia. Eran las vacaciones que se podían permitir mis padres y había que asumirlo. Veníamos en el 600 de mi padre y el viaje era una auténtica tortura. El retrovisor en este caso no me devuelve una imagen idílica.

Cuando ya estaba en Gijón he buscado llegar hasta el ayuntamiento donde recordaba que estaba el puerto pesquero y varios bares o sidrerías donde se podía comer unas buenas sardinas. He encontrado el lugar y por supuesto ya no es como en mi infancia. Fotos a Don Pelayo que preside una plaza en el entorno y a la plaza mayor. He encontrado la Sidrería Fernando donde ofrecían Sardinas a la plancha en su menú. El producto riquísimo, la atención increíblemente deplorable. Han tardado en servirme media ración de sardinas cerca de una hora. He tenido que pedir adicionalmente unos bígaros para no aburrirme esperando.

Después me he dirigido al Hotel Begoña. Justo antes de que yo llegara descargaba un autobús de muchachos de Pasajes (Guipúzcoa) que venían a jugar Hockey a esta ciudad. El checking de 50 muchachos y sus acompañantes ha sido rápido pero he tenido que esperar casi 15 minutos hasta que ha finalizado.

Cuando ya no quedaba nadie en recepción y procedido a identificarme y a que me asignaran habitación: la 403. Cuando he preguntado donde podía guardar a Hortensia la señora me ha dicho que hay que avisar previamente. Seguía con el auricular en el oído y no le he prestado mucha atención. La hemos guardado y he subido a dormir una siesta que me había merecido.

Ya después de ese momento delicioso me he sentando en el mismo hotel para poder contaros los avatares del día. No quiero acabar sin deciros que mi paso por la vía verde del Ferrocarril Estratégico me ha deparado bastantes heridas menores en los pies y en los brazos. Cuando te metes por caminos imposibles es lo que pasa.

Recorrido del día.

Voy a intentar publicar esto rápidamente. Me ducho y bajo a realizar mi visita cultural. Eso sí, previamente tengo que comprar tabaco.

Lo aclaro por si no ha quedado claro. No voy a volver a la vía verde del Ferrocarril estratégico.

No conseguí publicar esta entrada antes de salir. La wi-fi del hotel estaba fallando y no he querido tentar a la suerte. Los estancos pueden cerrar a las ocho de la tarde y no tenía ningún paquete sin empezar.

Después he paseado por la playa de San Lorenzo que realmente es tan bonita como yo recordaba y me han impresionado dos cosas. La primera el publico que había y la cantidad de astures que se bañaban a las ocho de la tarde. La segunda, que siguen haciendo contorsionismo para ponerse la ropa y quitarse el bañador sin que se les vea nada. Eso si me recuerda mi infancia. Mis tías antes citadas tenían una tela circular donde te metías y hacia de vestuario. Que poco tiene que ver con la playa de Vera donde vamos de vacaciones.

Por cierto, también recuerdo unos barquillos rellenos de miel que en su momento nos compraban en alguna ocasión. Eran empalagosos hasta decir basta. No he visto ningún barquillero.

Publicaciones Similares

Un comentario

  1. Mariano, no estoy muy segura de que hayas recorrido la via del Ferrocarril estratégico. Muy bonita la 🏖 de San Lorenzo y el hotel Begoña, parece acogedor. Un abrazo de tu groupie.

Deja una respuesta