230620 Escribo por la mañana.

Ayer, con toda la oferta que había para comer, se quedo en prácticamente ninguna para cenar. Después de la mojada que me había pegado en la visita cultural de Santoña, me puse a escribir la entrada correspondiente y me encontré que casi todos los bares y restaurantes estaban cerrados. Encontré uno según andaba hacia el alojamiento y allí me metí unas rabas y unas anchoas con pimientos para cenar. Menos mal que tenían café. Cuando llegué a la zona del hostal no había ningún bar abierto para tomar un segundo descafeinado.

La habitación, ya lo había comprobado, era muy mejorable. Daba a un patio interior y la luz que entraba de ese patio era bastante escasa.

Se empeñan en meter una cama grande y hace que solo entre la cama en el habitáculo. En el baño era peor, había que sentarse en diagonal para no dar con el armario que había debajo del lavabo. Durante toda la noche he oido una tormenta gorda. También ha estado cayendo agua para llenar varios pantanos.

A las seis, cuando me he levantado, seguía lloviendo. Una vez que he organizado todo he tenido que bajar a Hortensia en el ascensor. Mi sensación es que no se siente muy cómoda en esas circunstancias. Yo tampoco.

Eran las siete y media y ya estábamos la bici y yo buscando un lugar donde desayunar. Eso sí, bajo una intensa lluvia.

Me hablo un paisano de un bar junto a la plaza de abastos y allí fuimos. Había tres parroquianos que junto con el dueño-camarero sumaban más de cuatrocientos años (exagero solo un poco).

Tomé mis dos cafés habituales y como no tenían tostada tuve que conformarme con sobao que llevaba tiempo haciendo compañía al camarero.

Y seguía lloviendo. Me di una vuelta por el Mercado de Abastos y solo estaban abiertos una frutería y una carnicería. Quizás es que era demasiado pronto.

Como no se podía hacer otra cosa pedi un tercer café.

A las ocho y media ya estaba en el paseo marítimo mojándome mientras esperaba el barco que a las nueve me llevaría hasta el puntal de Laredo. He conversado con un paisano que me ha informado que los barcos que estaban saliendo eran los de la costera del bonito y que el había realizado el recorrido que yo estoy haciendo en moto.

A la que ha arreciado la lluvia se ha ido con su paraguas a su casa. Daba por finalizado su paseo.

A las nueve en punto se ha presentado el barco y entre un empleado de Barca del Puntal de Laredo-Santoña (viceversa) así reza en ticket y yo hemos subido a Hortensia al barco y con el patrón, el empleado colaborador y yo hemos emprendido el viaje. Seguían saliendo barcos a la costera y en poco mas de cinco minutos ya estábamos en la playa del puntal. Ha tirado una especie de pasarela y entre los dos marinos han bajado a Hortensia. Menos mal. Yo malamente he bajado solo. Allí estaba un grupo de peregrinos que cruzaban hasta Santoña.

He tenido que arrastra la bicicleta por la playa y después por una pasarela de madera que tenía bastantes tablas rotas. Al final he salido a una gran explanada y pese a la lluvia hemos arrancado la bici y yo por la avenida de la libertad de Laredo. Con la que estaba y está cayendo el viaje en bicicleta hasta Bilbao se ha puesto imposible. Si en los seis kilómetros que hay del puntal hasta el centro de Laredo he llegado completamente empapado, no quiero imaginar como acabaría después de ochenta kilómetros.

El billete de autobús entre Laredo y Bilbao cuesta cuatro euros con doce centimos. Por la bicicleta me han cobrado otros diez euros y como no me había traido la funda de la bicicleta (imprescindible para llevarla en autobús) me han vendido una por el módico precio de doce euros. Total 26,12€ por un viaje de poco más de cuatro. Así le funciona el negocio al señor Alsa.

Tampoco con Hortensia he podido hacer mucho recorrido por Laredo. He paseado por una de las calles principales, he visto un convento y la sede de CC.OO., poco más.

Aquí estoy embarrancado mientras me voy bebiendo un té frio y haciendo tiempo hasta la hora del autobús.

Esa es la razón de que me haya puesto a escribir por la mañana. Es verdad que no puedo narrar casi nada del viaje pero algo tengo que hacer para que la mañana discurra poco a poco. Ahora buscaré un lugar con wifi e intentaré publicar esta anómala entrada.

Una imagen de libertad en Santoña. Hoy no puedo poner ningún recorrido.

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2 comentarios

  1. Bueno Mariano, hoy no ha sido día de bicicleta, pero a cambio hemos «echado un buen rato en Bilbao». Un Bilbao lluvioso, a la antigua, con agua como no se veía desde hace tiempo.
    Me ha gustado muchísimo estar ese ratito contigo, la pena es que ha sido poco, me he quedado con ganas, espero que algún día podamos vernos algo más.
    Mañana, tal y como está el tiempo, yo no me lo pensaría y cogería ese tren hasta Deva sin guardarle luto a la bici. Como decía mi ama: hay más días que longanizas y tu ya tienes km hechos como para permitirte ese lujo y alguno más.
    Gracias por el rato de charla de hoy y hasta más ver Mariano.

  2. Bueno Mariano, esto de que nos cueste más el billete de Hortensia que el tuyo es de traka. Por cierto, no entiendo lo de tener que ponerle funda como si fuera un ORCO, con lo preciosa es nuestra Hortensia, si no es efectivamente por el afán de hacer caja.
    Como dice José Angel, puedes permitirte el lujo de un día de descanso, aunque me imagino que en tus planes no entra.
    Me encanta el mural de Santoña y Hortensia le da más valor todavía. Ya veremos si dura el mural o esta GENTUZA, hace por retirarlo.
    Mariano no estoy segura de haber leído todas tus entradas, te pido disculpas, esto no es propio de una groupie.
    Un abrazo de tu groupie despistada.

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