240522 llegar al final del camino.

Es tradicional que cuando uno llega a la plaza del Obradoiro digo que ha concluido el camino De Santiago. Ahora mi recorrido era otro. Venía desde Estaca de Bares, cierto que parte del recorrido en tren por las inclemencias climáticas, y la pretensión era llegar hasta Tarifa. Pues poco a poco lo he conseguido.

Anoche bajé en bicicleta para repetir en el restaurante Pepe de Benalup-Casas Viejas. La plaza donde está el restaurante y donde había bastante ambiente al medio día, estaba desierta y todos los bares vacíos. Incluido el salón de juegos. No pretendía entrar, pero estaba cerrado.

Subí nuevamente con la bici. Cuando digo subí es que era una buena cuesta. Encontré un bar a mitad del camino y paré a tomar una cerveza. Un par de paisanos estaban dedicados a lo mismo que yo y pudimos hablar. Me confirmaron lo que me había comentado ese mismo día un paisano. Había un camino mucho mejor por las Jandas (laguna desecada) hacía Tarifa.

Me indicaron donde cenar, me mandaron al “Oze Mari”. Si os digo la verdad nunca hubiera entrado en ese lugar, pero recomendado por los lugareños entendí que merecía la pena.

Unos chocos y un poco de carrillada. Bien guisadas ambas cosas. El precio mucho más que aceptable.

Cuando volví a las Grullas estaba todo cerrado. Subí a la habitación y tras enchufar todos los artilugios para que se cargaran durante la noche y leer un rato me dormí.

Esta mañana, sabiendo que el recorrido era un poco más corto que otros días, he estado vacilando en la habitación hasta eso de las ocho de la mañana. Cuando he bajado, el propietario de las Grullas estaba tranquilamente sentado en el comedor. Me ha contado que el establecimiento estaba abierto, pero ha tardado más de veinte minutos en poner el café y la tostada.

Juan, el señor de las Grullas, tenía como ayer un carácter claramente mejorable. Mirá que es costumbre decir que los gaditanos son gente graciosa y amable. No debe ser del lugar. Que “desaborido”. Cuando le he preguntado por el camino para Tarifa me ha mandado por la carretera de Veger, que como dice Maribel, no deja de ser otro pueblo blanco.

Claro que le he oido, pero no le he prestado ninguna atención. Me habían dado la opción de las Jandas y a ese camino me agarré como una lapa.

Los paisanos de la cerveza de anoche me comentaron que en las proximidades de Las Jandas uno de ellos tenía una explotación de aguacates. Cuando le comenté una de las “supuestas verdades” que sobre ese cultivo tenía en mi menté, lo de que era un cultivo con grandes necesidades agua, me comentó que eso era falso. Que los aguacates necesitan mucha agua los dos primeros años, que luego no demandan más agua que otro cultivo y que la biomasa de ese cultivo atrae la lluvia. No deja de ser una conversación de bar.

Al final he seguido las indicaciones para realizar el camino como me habían comentado. Hay que bajar hasta el final del pueblo y a poco más de un kilómetro del mismo sale una carretera que recorre Las Jandas. Empieza siendo una carretera y acaba siendo un mal camino lleno de malas hierbas. Ha sido un buen camino. Vacas, caballos, ovejas e insectos. Esa es la fauna que me he ido encontrando por el recorrido elegido.

Es cierto que solo había un desvío. En este caso he acertado y cogido el camino correcto.

Al llegar a las proximidades de Facinas se ha acabado el camino. Ya había que entrar en la carretera. He parado tranquilamente al final de Las Jandas. He fumado mi cigarro, he aprovechado para las cosas necesarias que uno tiene que hacer cuando viaja y he ha acometido la ultima parte del viaje.

Nacional 340, una primera subida hasta el Puerto de Facina y un buen camino hasta el final. Según avanzaba iba encontrando desvíos para Playa Bolonia, Punta Paloma, Valdevaqueros y cualquier playa idílica de las que uno se puede encontrar en esta zona.

He seguido hasta el final. Según entraba en Tarifa he encontrado una tienda de bicicletas y le he pedido que me revisara la Tija de Hortensia. El paisano de la tienda ha puesto mucha voluntad pero no ha hecho absolutamente nada. Me ha dicho que funciona correctamente y que no podía hacer nada.

He llegado hasta el centro de Tarifa. Ha sido emocionante. Una grúa municipal estaba retirando un vehículo de la calle por la que pasaba. Me he apartado de la carretera y he estado tranquilamente viendo toda la operación. Había dos municipales y el operario de la grúa. Increíblemente han tardado veintitrés minutos en retirar el vehículo. Eso es eficacia y lo demás son las tonterías que hacen en las grandes ciudades.

He entrado con Hortensia en el centro de Tarifa y finalmente, sin pararme, he vuelto a la calle de la grúa donde había visto un hostal.

Me alojo en el Hostal Tarifa. Bastante cómodo de inicio.

Me he cambiado de ropa y he vuelto al centro de Tarifa. Una especie de pueblo árabe totalmente preparado para el turismo. Bares, teterías y establecimientos con productos típicos. Y cuando hablo de productos típicos estoy incluyendo el surf.

En la zona central de Tarifa deambulábamos dos tipos de personas. Los que teníamos pinta de “guiris” que cumplíamos con nuestra función de arrastrar los pies por las calles en busca de algo que nunca sabemos lo que es y los autóctonos que en gran parte estaban disfrazados de surfistas (pantalón corto, muchos tatuajes, el pelo desastrado por el viento y dándose a lo más importante cuando no están en el mar), las cervezas. También había gente trabajando, no vamos a minusvalorar la actividad económica de Tarifa.

Hace días se me había roto la cremallera de la funda de las gafas de sol, había preparado un apaño con una brida, pero ayer comprobé que no se sujetaba ni la brida. No había Dios que sacara o metiera las gafas. He recorrido las tres ópticas que hay en el pueblo. En la última me ha encontrado una en la que caben las gafas, pero tenía un pequeño problema, no las podía agarrar a las alforjas. Me ha mandado el óptico a unos chinos que hay en las proximidades. Me dijo que comprara un mini mosquetón y que mediante ese medio podía sujetar la funda a las alforjas. La china (y no quiero racializar el comentario) era borde hasta decir basta. Lo primero que me ha dicho es que no tenía nada de lo que pedía. Ayudado por una empleada he encontrado lo que buscaba y cuando he ido a pagar me ha escupido la cifra de un euro. Coño, que difícil es entenderse con esa mujer. Después he ido a la oficina de turismo, he manifestado mi interés en visitar la isla de Tarifa y una mujer realmente encantador me ha dicho que no era posible hasta el próximo viernes. La visita de hoy ya se había realizado, mañana había una visita de escolares y por tanto la próxima visita disponible era el viernes. Mi gozo en pozo. Ya me ha indicado hasta donde me puedo aproximar para culminar mi objetivo. También me ha ratificado lo borde que es la del comercio asiático.

He comido en El Perulero, otra vez unos chocos y unas croquetas y he vuelto al hostal para la siesta y escribir este blog.

Creo que me dará tiempo para llegar al punto que me ha indicado la de la oficina de turismo.

El recorrido del ultimo mes de Hortensia.

Mañana tengo decidido ya, viajar hasta Algeciras, para el viernes retornar a Madrid en Tren y decidir nuevos caminos. Seguiré informando.

 

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Un comentario

  1. Madre mía Mariano te estas coronando con los «bordes». Me encanta el nombre del bar «Ozé María», si alguno día monto alguno, cosa que dudo muchíiiiiiisimo le voy a llamar «Mari Zabel». Yo tampoco entiendo mucho de agricultura, pero pongo un pongo en duda el argumento del paisano de la cerveza. El choco de Ozé María tiene mejor pinta que el de Tarifa.
    Ya te queda poco para que podamos cumplir nuestras apuestas, je,je,je.
    Cuídate mucho. Un abrazo de tu grupee.

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