240612 no sé donde he dormido la siesta.
La cena de ayer era manifiestamente mejorable, un “no se qué” de queso con patatas asadas y una cerveza de esas que están de modo, las artesanales en francés. Sirvió para poderme ir al ¿hotel? Con la tripa llena o no.


Me volví a acostar bastante pronto y dormí como un niño chico hasta las seis de la mañana. Después remoloneé bastante tiempo en la habitación. Volver a preparar las alforjas, ver las ultimas tonterías de la actualidad española y ducharme en un lugar absolutamente deplorable. Cosas de los viajes. Me explico y mi amiga Maribel lo va ha entender rápidamente. Una cortina que no cubría la ducha y una alcachofa que no soltaba el agua suficiente. Un caos de baño, vamos como el resto de la habitación.
Duchado, con desodorante en las axilas y un poco de colonía por coquetería cerré las alforjas y bajé a la planta baja del hotel du park. Donde ayer estaban unos pantalones cortes secándose, hoy había un paisano desayunando. Es una opción.
La señora que atendía el ¿hotel du park? Se había puesto un chándal de color burdeos y llevaba unas chalinas de ese mismo color. Indescriptible.



Salí por piernas del lugar y busqué un sitio, cerca del Río Garona, para desayunar. Un café que estaba bien y yo estaba solo, casí cinco euros, al menos me rellenaron gratis los bidones. Me dio indicaciones para el camino. Crucé el puente de piedra. Previamente, el carril bici que hay en la margen derecha del Río Garona fui encontrandome con multitud de bicicletas, el tráfico de vehículos de dos ruedas era superior al de los coches. Lo han entendido y disfruto con esa situación. Que se jodan los conductores.






Tras pasar el puente de piedra perdí otros diez minutos en tomar el siguiente café. Las indicaciones que me había dado el de los primeros dos cafés y el del tercero no correspondían con lo que yo tenía anotado, decidí confiar en google maps y dejarme llevar.
El recorrido fue por el margen izquierdo del Garona y en todo momento era un magnifico carríl bici.
Cuando eso se acabó y el google me metió por una carretera fueron doscientos o trescientos metros hasta llegar a la pista ciclable Roger Lapábie. No me lo podía creer. Era una vía verde por un ferrocarril extinto pero habían decidido cuidarla. Que maravilla. Firme de asfalto y ni una sola mala hierba en el camino. Quiero suponer que también se pagó con fondos comunitarios, pero estos señores y señoras saben lo que hacen. El paisaje por el que discurre es espectacular y el cuidado de la pista ciclable es absolutamente maravilloso. Solo puedo equiparar ese cuidado a la vía verde del ferrocarril vasco-navarro y al de Plazaola en el país Vasco. El resto en España tiene que ponerse las pilas.






Siguiendo la pista ciclable, el bidegorri, o el carril bici llegué hasta Creón. Era día de mercado y la mayoría de las gentes de Creón estaban en la plaza y comprando. La oferta era amplia, ropa, comida para llevar, maravillosas mieles de un taller de miel, frutas y hortalizas (tenían unos tomates de color naranja-amarillo, que debían ser la caña.






Al final encontré un puesto de seres vivos, gallinas, patos y cualquier bicho susceptible de estar en una granja.




Pretendía comerme un croasan, no había sido posible hasta este sitio. Fui hasta la panadería del lugar y pillé uno por 1,1 €, no era barato, en el escaparate tenía una espectacular velosole que fue un producto francés que llegó a nuestro país.
Pepe, el practicante, entonces no se hablaba de ATS, de enfermeros y de cosas así. Tenía una velosole, no funcionaba especialmente bien y siempre que se ponía a reparar el artilugio llegaba a casa con las manos un poco deterioradas. Nos ponía las inyecciones con las manos que llevaba. Era lo normal.
La pista ciclable es una auténtica maravilla, hay subidas, hay bajadas, hay un túnel en el que he sentido frio y he disfrutado como un perrillo chico. Muchos viandantes, muchos más ciclistas y las estaciones en un estado de consevación inimaginable en España. No creo que el vandalismo sea mayor en España que en Francia. Es cosa de la dejadez.






Acelerando el recorrido he llegado hasta el final de la Pista Ciclabe. Se había acabado y yo tenía que llegar a mi lugar de PERNOCTACIÓN: La Réole.
Una carretera comarcal con subidas y bajadas y sin arcén. Quince kilómetros y el destino estaba a mi alcance. Llegamos Hortensia y yo hasta La Réole. Parada para situarnos en el lugar y a buscar alojamiento. El primer sitio que figuraba en Booking y en Google era un alojamiento que me ofrecían una habitación compartida con otro ocho pedorros. No me pareció aceptable. Di vueltas y mas vueltas. Encontré dos sitios de google que no estaban operativos. Me ayudaron. Al final fui a un lugar donde me ofrecían una habitación para cuatro, dos camas estaban desmontadas. La señora que tenía conocimientos hablo con unos y con otras y al final me encontró una habitación.
Era de la señora X, está en el centro del pueblo y el lugar es para contarlo. Un espacio exclusivo de cerca de 40 metros, el baño compartido es para mi solo y se respira arte. La pareja de la dueña es pintor.













He dormido una buena siesta y me he sentado en una buena mesa para escribir esta entrada. No llega el wifi hasta la habitación, pero me apaño.
Estoy especialmente sorprendido. Recorró el canal de los dos mares y todavía no le he visto. Será cosa del camino.
En el alojamiento, que no sé como llamarle me han indicado una condición. Tengo que abandonar la habitación mañana a las siete y media. Veremos.
Ayyyyyyy Mariano, que aascazoooooooooo lo de la cortina y la alcachofa a bajo rendimiento…..no puedo con ello….No te desesperes con las viandas, es cuestión de acostumbrarse a los productos franceses. Me encanta que estés disfrutando de los bide-gorris franceses, ya te tocaba caminos apañados, efectivamente van a ser en eso superiores a nosotros, aunque me joda reconocerlo. Me aterra sólo de imaginarme a la «paisana» con su chándal y chalinas a juego del hotel du park Lo de la belosole entiendo que es la moto del escaparate. La pasta no tiene mala pinta y la presentación está curiosa en esa fuente alargada. Claro que para «pintaza» la de los tomates del mercadillo de Creón, qué buenas rodajas de tomate «aliñao». Qué lugares más peculiares donde duermes, están interesantes estos 40 mts de La Réole. Entiendo que en algún momento empezaras a ver el Atlántico. Buen camino amigo. Un abrazo de tu grupee favorita.