240620 hemos llegado al Mediterráneo.

Pero como hemos llegado.  Lo solvento rápido, hemos llegado empapados. Hortensia y yo no estábamos preparados para hacer una limpieza de Hortensia. Habitualmente la limpieza de la bici la hago con mucho primor e intento que no sufran los componentes. Hoy la limpieza la ha realizado la lluvía y creo que no ha realizado el trabajo como se debe. Acabo con la limpieza de la lluvía, empiezo con la inmersión de marianoenbicicleta.blog en las circunstancias que hoy me he encontrado. Vaya puto día.

Abandoné el hotel donde había dormido a eso de las ocho de la mañana. Me había tomado dos cafes y dos cigarros. No tenían crosanes. Me fui hasta una panadería, pedí otro café y un bollo. Una muchacha me hizo un croquis del camino que me quedaba hasta el canal. No me enteré de nada. Volví a usar el google maps. No sé donde me llevaba, pero llegué al canal como un kilómetro antes de lo que decía el mapa.

He estado todo el viaje un poco tonto. Había realizado una reserva en el Hotel du Paris, para hoy. Me pasaron un mensaje diciendo que no habían realizado el cargo en la tarjeta y que me anularían la reserva si no pagaba correctamente antes de las doce de la mañana. Me he esforzado para llegar rápido hasta SÈTE.

Cuando te pones una prueba no realizable, no disfrutas del camino y vives un poco angustiado, creo que a la mitad del camino decidí que no importaba si me cancelaban la reserva. A partir de ese momento todo fue mucho más cómodo.

Ayer no conté que desde que había optado por seguir por la rama del canal que llevaba hasta Béziers y SÈTE, no había ninguna esclusa. Cuando desde un punto elevado he visto Berciers al fondo había una multi esclusa inimaginable. Casi cien metros de altura desde donde llegaba el canal hasta que los barcos conseguían llegar a las proximidades de la ciudad. Impresionante. No he visto funcionar el juego de esclusas pero tiene que ser de mucha nota.

Cuando he llegado a la parte más baja había un canal que salía a la derecha donde estaban bastantes barcos, luego ha sido la vorágine de pasar una ciudad más o menos grande. Subir cuestas, bajarlas, orientarme peor que mejor y al final ya estaba camino de Sète. Un carril bici, otra vez a la puta carretera y al final he llegado otra vez a un ramal del canal del midi que me acercaba al destino. Un rato mejor camino, otro rato peor, pero podía avanzar. Eran los restos del canal, era un camino que seguro que el señor Google Maps no me habría recomendado, llegué al mar.

Luego fue de mucho circo, un camino intransitable, sujetar el manillar de la “velo” para conseguir superar cada una de las dificultades, como siempre al final se llega a todos los sitios.

Después una carretera, muchas rotondas y un cumplimiento estricto de las normas de circulación llegué a Agdé, desde allí se suponía que salía un camino para bicicleta. Menos mal que apareció un ciclista por allí, me indicó el camino correcto. Otro ramal del canal de Midi, ya estaba un poco cansado de los canales y nada me aportaba el resto del recorrido.

Llegué hasta el final de ese ramal del canal o lo que fuera. Desde allí partía un carril bici hasta la ciudad más próxima de Sète. Todo perfecto. Luego según mis apuntes tendría desde allí al lugar donde me esperaba alojar un maravilloso bidegorri. Puta torpeza. En algún momento del recorrido perdí el carril bici y me metí en una carretera bastante estrecha. A los coches les incomodaba mi presencia, mi pitaban, después empezó a llover. Conscientemente no había sacado el chubasquero de la alforja. Solo llevaba el maillot que me había puesto hoy para llegar exultante al Mediterráneo y el corta vientos. Toda la puta carretera a casi vienticinco kilómetros por hora. No podía parar, no quería molestar a los coches, pero sobre todo no me quería suicidar. Han sido diez o quince kilómetros trabajados hasta la extenuación. Encontré una entrada al carril bici y me metí.

Más despacio pero mejor. El puto agua seguía cayendo, los pantalones, los gayumbos empapados, las alforjas resistieron.

Lllegué a Sète. No esperé mucho tiempo para encontrar un lugar donde tomar una cerveza y comer. El móvil estaba desatado. Hacía llamadas que no necesitaba y se comportaba por el agua como si no tuviera dueño.

Reservé un nuevo alojamiento y hablé con la persona que me atendió. Me dijo que no había problema para que me presentara el apartamento cuando me parecería bien. Mentira. Tuve que esperar media hora para que me dieran la llave. Todo esta bien, cuando todo acaba bien.

Las alforjas, las baterías, el casco, los guantes el pañuelo de la cabeza que me regalo José Antonio, todo estaba absolutamente mojado y todo para el apartamento para intentar secarlo.

Las fotos del Mediterráneo son deplorables, pero con lluvia es lo máximo que consigo.

Comí unos espaguetis o algo parecido y esperé que me dieran la llave. No estaba en la playa el apartamento pero tampoco lejos en bicicleta. Un complejo turístico que hoy, por la lluvía estaba claramente en sus momentos más bajos.

He vuelto a acercarme al mar. Ya no llovía y el paseo en bicicleta era agradable.

Busqué restaurantes por el sitio y me recomendaran el petit Bristo, nada del otro mundo. Un paté con un pan mejorable y nada barato.

Hoy especialmente he esperado hasta las veintidós treinta para publicar esta entrada en verano. Estoy seguro de que el verano será especialmente caluroso, pero la entrada en él ha sido de “cojones”. Se me olvidaba, en realidad no se me olvida, tenía pudor de contarlo. Ayer después de cenar un Camembert con embutidos me hice un simpa. No me atendían, vi la oportunidad y salí andando como un señor del lugar. No creo que me hayan echado de menos.

He concluido el objetivo, llegar desde el Atlantico hasta el Mediterráneo por Francia en bicicleta. Está vez no he utilizado ninguna trampa. Todo en las piernas.

Han sido casi mil kilómetros en un paseo agradable por los canales franceses. Los recomiendo. Ofrecen un recorrido de costa a costa y lo puede hacer.

Después contaré otros viajes, ahora estoy trabajando en como volver a Madrid en tren.

Tengo billetes hasta Portbou, intentaré dormir en Tarragona y después llegar hasta Madrid. Veremos.

 

 

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Un comentario

  1. Ayyyyy Mariano, aquí el tiempo también ha estado un poquito desapacible. Me alegro que hayas conseguido todo tu objetivo y tirando de «patas», va a dar gusto verte este verano. Menos mal que ya termina tu viaje, de lo contrario ya estaríamos con la «movidita» de llevar los gayumbos a una lavandería o hacerte otra aportación para comprar otros. Lo del platito de espaguetis….tiene lo suyo, espero que por lo menos estuvieran buenos, porque de aspecto dejaban mucho que desear. Con respecto a lo del «sin pa» no le «eches cuenta», tómalo como una invitación para despedirte de nuestros vecinos o de un detalle del Hotel Paris por no haber pernoctado finalmente en él, y para fidelizarte para otro momento.
    Espero que no tengas problemas con el Hortensia en los trenes, y no tengas que andar restregando el salvoconducto.
    Deseando tenerte en tierras madrileñas.
    Feliz vuelta amigo.
    Un brazo de tu grupee favorita.

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