240619 el cumpleaños de Ruth.
Ya dije ayer que la caseta de madera con jacuzzi incorporado estaba a kilómetro y medio del pueblo, lo que no dije es que era cuesta abajo y después tenía que subir ese mismo recorrido. Bajé pues con Hortensia y del panorama que me ofrecía el puerto del canal elegí una pizzería que tenía bastante ambiente con los lugareños. Evité repetir pizza y me pasé a un carpaccio manifiestamente mejorable. Había bastante ambiente, los niños jugando en la amplia explanada del puerto y los padres y madres como en todos los sitios, dandole a la cerveza o al vino en todo momento “pendientes” de sus vástagos.



Para pedir el carpaccio, la biere y el descafeinado express, me supe hacer entender. Para pagar tuve que comprobar en la maquina registradora lo que me pedían.
Los ciclistas y las ciclistas que habían circulado conmigo por el canal estaban desaparecidos, es posible que muchos se hubieran disfrazado (como yo) de no ciclistas, otros no hicieron noche en Trèbes y la última opción, se habían metido en su alojamiento y no estaban a la vista.
Otra vez con Hortensia hacia la cabaña. Como aquello estaba tan aislado como un igloo en pleno Polo norte, no me encontré con nadie. Tampoco lo esperaba. Seguía sin funcionar el wifi del lugar, lei mas bien poco, hice las abluciones nocturnas y me acosté como un señor en la amplia cama de la cabaña.
A las cinco de la mañana ya estaba arriba, he salido al patio como estaba indicado para fumar un cigarro y caía un poco de agua. No para preocuparse, pero pese a lo que decía el señor del tiempo de mi móvil estaba lloviznando.
He vuelto dentro, me he vuelto a acostar para nada, no había forma de demorarse mucho más en la cama.
Cuando he entendido que era una hora prudente he mandado el parte a Tere, Ruth, Alba e Irene y sobre todo he felicitado a Ruth que hoy cumple algunos años, no entraré en el detalle por preservar su intimidad. Desde que la conocí allá por 1982 siempre ha sido una chica, una joven y una mujer maravillosa. Cuánto la queremos y cuanto se hace querer.




Ya he contado que hoy se van a cenar las cuatro a una pizzeria del parque de Aluche, siento no estar allí. Me pierdo algunas cosas, pero si quiero recorrer sitios no puedo estar permanentemente en Madrid.
Lo del Jacuzzi ha sido para hacer un master. No tenía ninguna pretensión de darme un baño con burbujas, solo una ducha. Lo de todos los días. Había que encender el artefacto y luego conseguir la posición adecuada para la expulsión de agua. Tras varios minutos de prueba error, conseguí que saliera por un artilugio similar a una ducha, solo que no tenía ningún soporte para el artilugio. Como he podido me he mojado, me he enjabonado y me he aclarado. El jacuzzi no absorbía el agua y me he puesto de Pepe Gotera y Otilio para que lo que se había acumulado en ese sitio pudiera evacuar. Prueba tras prueba voy consiguiendo el objetivo.
Algo antes de las ocho de la mañana ya estaba en el puerto de TREBES, del bullicio de la noche anterior no quedaba nada. Entré en una panadería para pedir un croasan y un café y me indicaron que el café en la tienda de tabacos. Compré mis dos cafés en vaso de papel y volví a la panadería para tomarme los tres productos en un banco. Desayuné que es lo importante.
Volví a la tienda de tabacos para que rellenaran los bidones y me ofrecieron una botella de agua mineral. Me puse autentico y no acepté. Emprendí el camino con un bidón medio lleno y el otro vacío.



A eso de diez kilómetros del punto de partida he parado para tomar un café y rellenar bidones. La única calle del pueblo, por la que circulábamos todos estaba en obras. Un semáforo temporal te indicaba el tiempo que tenías que esperar para comenzar la marcha. En ambos sentidos no ha pasado de dos minutos. En el bar del pueblo me han puesto el café y me han ofrecido un segundo croasan, me he abstenido. Tenían maquina del EUROMILLÓN, pero ya me había comprado Alba dos apuestas para este viernes en las que nos jugamos 195 M., no sé si el EUROMILLÓN que compras en Francia se puede cobrar en España y aunque sea esa cantidad no es cosa de hacer viajes innecesarios.
En el camino han caído también algunas gotas, nada que fuera amenazante. El camino tiene un firme bastante peor que del que disfrute en el canal de Garona. En todos los casos está, en general, mucho mejor que en muchos de las vías verdes que he recorrido por España.
Una muchacha, de la que no sé el nombre, nada tenía con Sabina, llevaba cuatro alforjas y algún lugar de almacenamiento más. La he adelantado, cuando he parado alguna vez para fumar me ha adelantado, cuando me he puesto en plan marcha sin parar la he vuelto a adelantar, y así hasta que la he dejado comiendo en uno de los puentes del canal sobre un río. Estaba comiendo y lavándose los pies. No la he vuelto a ver.

Ella es como yo, lleva todo lo necesario, pero eso implica llevar mucho peso.
He parado en una especie de castillo que en realidad era un puesto de desgustación y venta de vino. Allí estaba un barco de carga llamado Marie Therese. No cuento nada más.







Por esta zona los pasos por debajo de los puentes son de unos cantos rodados que hacen difícil avanzar, te recomiendan poner pie a tierra. La única vez que me he saltado la recomendación he visto que el gálibo no daba para mi cabeza y me he abollado en la pared del puente. Herida tonta en el codo, mancha de sangre en el cortavientos y decisión clara de cumplir las normas.
Cuando he llegado a una esclusa el empleado del lugar me ha dejado que me limpiara la herida y me ha dado una toallita desinfectante absolutamente seca. Ha cumplido su misión.
Ya sabéis mi adversión a las aglomeraciones, había un lugar especialmente concurrido y he intentado salir de allí por pies. Está claro que me he equivocado de orilla. Un muchacho, y lo siento, me ha dicho que debía ir por allí. El viajaba en una bicicleta sin alforjas y tenía 20 años, a mi me ha costado media vida atravesar esas zonas más escarpadas de a las que estoy acostumbrado.
He llegado a un final del canal donde estaban amarrados un montón de barcos. Sin salida natural.
Momento reflexión. He encontrado una pasarela en el canal, he dejado las alforjas abandonadas, he llevado a Hortensia al otro lado, he vuelto a por lo que había dejado abandonado, lo he vuelto a poner en la bici y he cruzado a la otra orilla del canal.
Después ha sido un poco onírico, el camino me llevaba hacia otro puerto inmenso y allí otra vez pie a tierra. Cruce el canal y en ese punto hacia la izquierda seguía hacia donde yo pretendía llegar y hacia la derecha el canal seguía hasta NARBONNE.







Dos mujeres ciclistas estaban en el punto donde paré la bicicleta. Volví a fumar y al poco las alcancé, no he sabido nada más de ellas.
Las indicaciones del canal eran cuando menos confusas, he recorrido cinco kilómetros con un solo cartel: CAPESTANG a 10 kilómetros. Son cosas del camino.
En algún otro sitio me he vuelto a meter por el camino más próximo al canal y había zonas dificultosas. Nada insuperable.
Los kilómetros no menguan, si una ciudad está a diez kilómetros ella no se acerca a ti, si avanzas bien, si no avanzas sigue estando a la misma distancia.
Llegar a CAPESTANG ha sido un podo duro, un poco más de ochenta kilómetros y la hora que me indicaba las dificultades que iba a tener para comer.
Aunque durante un rato de viaje pensé que CAPESTANG era una auténtica entelequia, al final la ví, y supe que había llegado.
Subí hasta el centro del pueblo y me senté en la plaza a tomar una cerveza, cuando acabé la cerveza me cerraron la puerta en síes restaurantes. Todos estaban cerrados. Me dieron una sola opción, comprar pan y algo para dentro y hacerme un bocata.



Lo conseguí, un queso San Ettien, y una baguette, volví a la plaza y me organicé el bocata.


El cuchillo del café do paix era de los que ponen en los colegios para que no corten.
Me comí el bocata, me tomé un café y al final di una vuelta por CAPESTANG. Ya en el hotel indescriptible, pongo fotos y que cada uno o una dictaminen. No tengo fotos de la escalera. Mejor.

















Puedo acoplarme aquí, puedo acoplarme en cualquier otro sitio, pero es de vergüenza que alquilen sitios como este.





Bueno Mariano, felicidades a RUTH, que efectivamente doy fe de lo que la queréis y de lo que se hace querer, hasta yo tengo buenos sentimientos hacia ella. Vaya odisea la duchita en la cabaña/polvera y que obediente eres con lo del fumar, yo fumo en todas las habitaciones, les dejo las ventanas abiertas desde que me levanto y les prendo incienso, nadie se me ha quejado de momento. Con respecto a los 196 millones de euros, si hay que ir a cobrarles a TREBES, solicito excedencia y te acerco al pueblo. Mucho habías tardado en «desconcharte», miedo me das cuando dices que no ha sido nada, no tenemos el mismo concepto de «nada». Qué mal acostumbrados estamos con los horarios de las comidas en España, así nos pasa que la mitad de las veces toca bokata o desayunar prácticamente. Con respecto a tu último hospedaje, no te puedes quejar, tienes hasta una barra con accesorios por si te quieres montar tus 50 Sombras de Grey y lo de los edredones/colchas no los mires mucho tiempo fijamente que capaz de provocarte un ataque epiléptico. La verdad que en el último bokata no se como estaría el queso pero el pan tiene una pinta cojonuda.
Espero que en esta etapa tengas mejores viandas. Cuídate mucho. Buen camino.
Un abrazo de tu grupee favorita.