240725 llegar al final.

El día 20 de junio llegué al Mediterráneo en Sete, después recorrer casi mil kilómetros por el canal de los dos mares. Ya lo conté. Lo titulé entonces: he llegado al Mediterráneo, hoy he vuelto a llegar al mismo mar y procedente también del Océano Atlántico. Os puedo asegurar que el viaje no ha sido lo mismo. Intentar unir los dos mares en nuestra península es un poco más complicado que en Francia. Hay que salvar bastantes desniveles que en el país vecino no se producen. Las vías verdes ni están tan cuidadas como los canales franceses, ni por supuesto están tan señalizadas. Pero el objetivo ha sido cubierto.

Ayer, después de publicar, bajé a una de las calles principales de SEGORBE y me tomé una cerveza en el “chino” del lugar. Busqué un restaurante apañado y como no le encontré pese a las indicaciones de Google, volví al “chino” para cenar algo. Era tan insignificante que ni foto hice del plato.

Está mañana, bastante pronto, he bajado todos los artilugios y he cargado a Hortensia. He tenido suerte y el paisano de la lavandería tenía abierta la puerta del aparcamiento. En recepción no había nadie.

He vuelto al “chino” y he desayunado. Tampoco era cosa de buscar un sitio peor. Mas o menos por intuición, y con alguna colaboración del navegador he llegado a la vía verde de Ojos Negros. Como en la última parte del recorrido de ayer era una bajada muy agradable. El problema, y ya lo conté en su momento, es que hay casi veinte kilómetros que son compartidos con la circulación de vehículos a motor. Muchos recovecos, cambios de un lado al otro de la autovía, de la vía del tren que une Teruel con Valencia y muchos tramos que han  pensado en ciclistas “patas fuertes”. Cuando no sabían como hacer la continuidad de un trayecto una subida fuerte y que disfruten los ciclistas. También, otra solución, ha sido unas bajadas especialmente pronunciadas. Todo se justifica por tener la vía verde más larga de la península.

Es verdad que la vez anterior que recorrí esta vía verde no llegaba hasta Sagunto y ahora le han dado continuidad.

Cuando he llegado al final de la vía que llevaba recorriendo desde Santa Eulalia, he visto perfectamente la señal de final del recorrido. Previamente un par de ciclistas me habían indicado que mi camino seguía hacía el final de la vía verde. Se equivocaron. Tuve que volver doscientos o trescientos metros para emprender el “bidegorri” que va desde Sagunto hasta Pujol. Durante toda el recorrido me he ido encontrado bastantes ciclistas en ambos sentidos. Parece un recorrido especialmente transitado. Tampoco ha sido posible rellenar los bidones hasta haber recorrido casi cincuenta kilómetros.

Unos aventureros de la bicicleta me indicaron como coger la vía verde Xurra y pasadas tres calles me perdí. Carretera comarcal y a buscar nuevamente el recorrido seguro.

Esto del empleo es muy curioso. Paras en una gasolinera donde siempre había gente del lugar a preguntar y te encuentras que los empleados de la misma que ni son de ese pueblo, ni tienen interés alguno en conocer las cosas de donde trabajan. Tiempos Modernos que titulo Chaplin.

Mal que bien conseguí volver a la vía verde y allí recordé mi recorrido anterior por esa zona. Es una vía verde bastante apañada, pequeña y por donde circulan infinidad de patinetes. Volví a pasar por Alboralla, el lugar emblemático de la Orxata, vi el lugar más característico de ese producto y no paré porque mi objetivo era llegar al mar. Unir de verdad pedaleando Santander y Valencia (el Atlantico con el Mediterráneo) y además no admitían pago con tarjeta.

Nada más llegar a Valencia paré a un jovén que venía del mismo sitio que yo y le pregunté como llegar hasta la Malvarrosa. Los autores valencianos siempre han tenido especial predilección por esa playa.

Grande, de arena fina. Muy urbana. La gente llega andando o en su bicicleta, aparca la misma y se dá un baño.

He tomado la cerveza de rigor y he preguntado a dos paisanos como llegar hasta la estación de Joaquín Sorolla. El primero me ha dicho que era imposible llegar hasta allí en bicicleta. Ahora bien, el se movía en bicicleta con una sombrilla al hombro. El segundo parecía tener más conocimientos y me ha dicho que siguiera paralelo al mar y que prácticamente todo el recorrido era carril bici.

Lo ha clavado, he tenido que cambiar de calles, he tenido que cruzar bastantes semáforos, pero salvo 200 o 300 metros los ochos kilómetros que separaban la Malvarrosa de la estación eran carril bici.

Y eso se nota mucho. Una parte importante de los ciudadanos se mueven tranquilamente con vehículos de movilidad personal. Sean bicicletas, patinetes, monopatines eléctricos o cualquier artilugio que no contamine y te permita llegar a tu destino en poco tiempo. No sé, y no quiero apostar, a si con el cambio de alcalde pretenden revertir esa situación en la ciudad de Valencia. En Valladolid ya han comenzado.

Pese al empeños del primer ciclista llegué hasta la estación del tren. Antes de entrar busqué un sitio donde comer y la recomendación de mi móvil era el GASTROBAR Sorolla. Bastante animado, pero no me han permitido comer Paella. La oferta era exclusivamente paella con pollo y mi religión (que no tengo) me impide comer ese animal.

He tenido que pasarme a un revuelto de boletus y ajetes que estaba realmente delicioso, tampoc era barato. Se levanto un poco de aire y entre café y café aguanté en la terraza hasta las cuatro y media de la tarde.

Llegué a la estación y me encontré el tradicional muro de los empleados de las contratas que trabajan para Renfe. Les explique que viajaba en el tren tal, que llevaba a Hortensia, que podía pasar hasta el tren con ella y desmontarla en el momento, pero fueron incapaces de entender mi explicación. O yo fui muy torpe explicándome. Busqué un carro, desmonté a Hortensia, la coloqué el correspondiente preservativo y esperé el momento de embarque. Menos mal que el vigilante de seguridad del escáner viendo el carnet ferroviario, miró para otro lado y me permitió no desmotar la bici del carro y como elemento añadido no quiso ver las bombonas de CO2 que llevo en las alforjas.

El interventor un poco mas estirado de lo normal, pero una vez que Hortensia estaba dentro del tren he decidido lo hacerle la pelota. Me he sentado tranquilamente en mi asiento, he dejado la bici donde el me indicó, y como desde Valencia no para hasta Madrid, tengo la certeza de que llegaré a casa.

Han sido bastantes días de viaje. Bastantes kilómetros, algunos inconvenientes, algunos alojamientos manifiestamente mejorables, alguna comida que también era posible que estuviera mejor. Pero después de casi mil kilómetros por los caminos que he recorrido creo que ha merecido la pena. Son retos inútiles que uno se marca y compensa llegar hasta el final. Los maratonianos esperan bajar de las dos horas en su recorrido, yo no bajo ni con la bici y cuesta abajo, pero cada uno de nosotros se marca unas metas y cumplirlas creo que da una gran satisfacción.

Y eso es igual para todo lo que uno hace en la vida. Ahora intentaré que revisen un poco a Hortensia, la noto con achaques y eso no es bueno, esperaré la vuelta de Tere desde Toro y organizaremos el viaje de toda la Troupe hacía el Mediterráneo, esta vez en Vera. Pero hasta ese sitio llevaré la bicicleta pero viajaré en coche. Tampoco es cosa de abusar.

En ese pueblo también tengo prefijados algunos recorridos que me permitirán practicar este entretenimiento.

Voy a intentar publicar desde el tren y luego quedará lo más complicado, volver a reconstruir a Hortensia y bajar la Castellana madrileña con cuarenta grados.

 

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3 comentarios

  1. Has conseguido llevar a Hortensia en el AVE?
    Con las dimensiones obligatorias por RENFE de bolsa portabicicletas140x90x40cm sirve quitando las 2 ruedas y girando el manillar?
    Una ruta con gran potencial pero ya descuidada en su mantenimiento y si se recupera el túnel de La Engaña con sus 7km seria la joya de la via verde Santander – Mediterráneo, aunque creo que van a tardar muchos años a ser una realidad.

    1. Me decía un paisano de la zona que no lo van a recuperar nunca por una normativa que dice que los túneles de más de cinco kilómetros para hacer andando o en bicicleta están prohibidos. Veremos.

    2. Subí a Hortensia y como le he contestado a mi amigo Goyo, hay que parecer tonto. Compré el billete en la aplicación de Renfe, clase del billete: elige y añadir bici (sin coste), llegar a la estación. Pillar un carro portaequipajes, desmontar rueda delantera. La normativa dice que hay que desmontar también los pedales, nadie mira. Las dimensiones son un poco aleatorias, en el check-in no tienen metro. Meter a tu Hortensia en una funda y para dentro. Tampoco es que el tren tenga muchos espacios, pero si no viaja el PMR, es un sitio ideal. Ayer no iba muy lleno el tren y conseguí meterla en el coche siete, dejarla aparcada y cuando llegábamos a Madrid montarla y salir pedaleando de allí. Inténtalo, nada se pierde.

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