240810 mismos paisajes, distintos nombres.
Ya llevamos ocho o nueve días en Vera. Incluso el día de llegada, el 2 de agosto, cogí la bici para ir hasta Pueblo Laguna para que me solucionaran un problema que se había producido en Hortensia durante el viaje. El resto de los días me he movido por las proximidades de Vera. Me he acercado hasta el mirador de la Granatilla, desde donde se vé perfectamente, tanto Carboneras, como el hotel inconcluso del Algarrobico. He recorrido en todas las direcciones posibles los pueblos de Villaricos, Cuevas de Almanzora, Antas, Los Gallardos, Turre, Mojacar, Garrucha, El Pozo del Esparto, San Juan de los Terreros y he llegado al menos una vez hasta Aguilas.




Me he dedicado cada mañana a mover a Hortensia por tierras almerienses y murcianas. El día nueve (viernes), decidí buscar nuevos objetivos en mis andanzas por estas tierras.








Salí antes de las nueve de Vera Playa y en Garrucha tuve que evitar dos cosas: los puestos del mercadillo semanal y los clientes de ese mercadillo. Conseguí llegar hasta el final del pueblo y emprendí el camino hacia Mojacar, nueva subida y nueva bajada hacía Turre. Por el camino habitual me dirigí hacia Los Gallardos. Antes de llegar al pueblo hay un desvío hacia Alfaix. Este lugar es una pedanía de los Gallardos, creía cuando planifiqué ayer el viaje, que no había ido nunca. Cuando llegué vi la misma imagen que hace cuatro o cinco años cuando recalé en ese lugar. Una especie de bar, estanco, supermercado y algo más donde un grupo de paisanos (todos hombres) estaban almorzando. Paré, pregunté por mi destino y uno, que parecía el que conocía el paño, me indicó por donde seguir. Un imprudente, que no debía ser del pueblo, me indicó sugirió otra opción, pero rapidamente se arrepintió. Las indicaciones del primero eran las que valían. Volví sobre mis pasos y paralelo a la autovía avancé hacía las pedanías de Sorbas a las que tenía intención de llegar. Subidas, bajadas y lo más desagradable, los camiones que llevan yeso desde Sorbas a Garrucha y vuelven a Sorbas me adelantaban o me les cruzaba. En un momento ví los carteles que me apartaban de la carretera hacía la yesera. Los Giles, La Huelga. El primer pueblo estaba a dos kilómetros y el segundo a cuatro. El paisaje el mismo. Muy similar a un desierto, el cauce de un par de ríos secos. Algún puente, alguna casa aislada y nadie en el camino que había emprendido.












Los Giles pasaron delante de mí, sin apenas percatarme, es una pedanía casi insignificante. Perdonen los lugareños, no ví nada destacable. Y al final llegué a mi objetivo del día: LA HUELGA. Otra entidad local menor, depende del ayuntamiento de Sorbas. Pero el nombre me había llamado la atención.
Antes de ir había mirado en internet los datos históricos del lugar, nada en la web y nada en wikipedia. No quise consultar a Chat-GPT, me parecía que las explicaciones serían cuando menos atrevidas.
Para llegar hasta la iglesia del pueblo tuve que forzar la maquina. Está en lo más alto del lugar y la cuesta se las trae, mientras avanzaba hacía la iglesia fui mirando si encontraba algún paisano o paisana para que me explicaran el origen del nombre del pueblo. NADIE.
Hice unas fotos, descansé un poco y emprendí el camino hacía Vera. Al bajar del pueblo me encontré un paisano que estaba trajinando con su coche (al menos eso parecía). Paré en seco y a el me dirigí. Tenía tanta curiosidad que no podía perder la posibilidad de que el único paisano que había me aclarara las raíces del nombre. Lo primero que me soltó es que el no era del pueblo, que era de Lucainena de las Torres. Me contó, que cuentan los lugareños, que ese lugar era un Cortijo de la Casa De Alba y que allí, como todos los señoritos, celebraban las “juergas”, las fiestas, los desmadres, y que de esa actividad viene el nombre. No acabo de creerlo, pero tiene cierta verosimilitud. De vuelta a Los Gallardos y el mandamás de mi equipo de campaña, el Google Maps, me ha enviado por el cauce seco de un río. Un camino mucho más agradable que la carretera de los camiones de yeso, eso sí, con muchas piedras y algún recoveco del que había que estar pendiente.
Al llegar al apartamento pregunté a Chat – GPT datos sobre el citado pueblo, lo que me contestó es de vergüenza.




En algún punto del recorrido había un señor recogiendo alguna hierba e iba acompañado un perro que, por supuesto, me ladró todo lo que pudo.
Avanzando hacía el destino encontré un grupo de siete personas (de nacionalidad europea) que estaban haciendo el recorrido andando. No les arriendo las ganancias. Llegado a un punto me encontré que mi camino estaba cortado por obras. Vuelta a la carretera y nuevamente me encontré donde los hombres almorzaban por la mañana. No entré. Seguí por la carretera hasta Los Gallardos. Eran las doce de la mañana y tenía todavía un rato de pedaleo para llegar hasta el apartamento. Puse un wats a la familia y me disculpé por no llegar a “mi hora” del baño. Tenía previsto otro recorrido, pero dada la hora que era, opté por coger la carretera directa. Es la misma por la que circulan centenares de camiones diarios para acarrear el yeso al puerto de Garrucha. Me armé de valor y ganas y adelante con los “faroles”. Me pasaban los camiones a pocos centímetros de la alforja, me zarandeaban por su impulso, yo agarrado al manillar y sin cejar en el pedaleo. Pasé la entrada de Turre, el desvío hacia Mojacar que estuvo en obras el pasado año y tres kilómetros antes de llegar a Garrucha todo el tráfico parado. Avancé sin pudor por el arcén y me puse al principio del atasco. Un semáforo de esos de carretera que habían puesto a la altura de la pista de kark que hay a la entrada de Garrucha impedía avanzar. Cuando abrió el semáforo me lance con todas las fuerzas que tenía para solventar esa dificultad. Llegué al punto alto de Garrucha y pese a que seguían adelantándome los camiones, emprendí la bajada a toda la velocidad que mis piernas, Hortensia y la cuesta me permitieron. Ya estaba en el cruce hacía Vera pueblo y el resto del camino era coser y cantar.
Llegué antes de la una de la tarde a la urbanización donde nos alojamos. Hice las operaciones habituales para guardar a Hortensia y visto que mi sillín estaba afectado por los calores de la zona perdí un rato embadurnándole de nívea. Hay que tratar bien a los materiales con los que uno trabaja.
A tiempo de las cervezas. Alguno ya me sacaba una de ventaja, rapidamente les igualé y disfruté del momento “mágico” del día. Comida, siesta y a pasar calor en la terraza. No hay ni una gota de brisa. Vaya días que nos esperan.






Tere, Ruth e Irene bajaron a la playa y a la piscina, yo me quedé como siempre viendo el mar desde el apartamento. Habíamos quedado en irnos pronto a cenar a Garrucha. A las 20:30 salíamos en dirección al Espigón. Ese establecimiento tiene un importante defecto (o no), no se puede hacer reservas, por lo que, o llegas pronto o te toca esperar al segundo o tercer turno de cenas.
Pedimos la tradicional ensalada de tomate del lugar y un rodaballo de un tamaño considerable. Irene cenó, jugó con un grupo de niños y niñas que había en el lugar y nosotros dimos buena cuenta del “Fabius Maximus”. Después nos quedaba toda una planificación (la que hace todo el mundo con niños en Garrucha) de nuestra estancia en el pueblo: Helado en la JIJONENCA (que pena que hayan ido cerrando todos los establecimientos menos uno) y atracciones de feria. En el camino Ruth compró algo en los puestos del paseo marítimo y Tere por no ser menos se “pidió” un bolso-mochila de color rosa. Fuimos la abuela y yo a por el coche y recogimos a la muchacha y a su madre en las proximidades de la feria. Llegamos al apartamento pasadas de las doce de la noche.
Para hoy, pese a que siempre me levanto pronto, puse el despertador a las siete de la mañana. Tenía programado un día completamente diferente. Se levantó Tere por solidaridad y se levantó Irene por “no dormir”. Me apañé pronto y a las ocho y cuarto estaba saliendo del apartamento.
Fui hasta Garrucha para aprovechar la gasolinera low coast y con el vehículo lleno de gasolina emprendí el camino hacía el Hotel Entremares de la Manga del Mar Menor. Allí está pasando, hasta mañana día 11, una semana de vacaciones mi hermano.
Hoy no tenían programada ninguna excursión y he ha aprovechado para pasar un buen rato con él.
Llegué a eso de las diez y media. Ya me esperaba en Luis en la recepción del Hotel. Hablé con una de las monitoras que les acompañan y nos fuimos a dar una vuelta por la zona. Lo primero tanto para él como para mí, fue fumar un cigarro a la sombra. Después nos dimos un paseo hasta encontrar una buena terraza en la misma playa del mediterráneo, nos tomamos unos cafés y me contó sus vacaciones, lo estaba pasando estupendamente, no había ido a los baños de barro a los que fueron el resto de los componentes del viaje. Mi hermano no es de muchas novedades, el resto de excursiones habían sido muy divertidas y ayer se lo pasó muy bien en un recorrido en barco de tres horas. Estaba muy satisfecho con la cocina de buffet en el hotel y sentía especialmente que las vacaciones fueran tan cortas.




Mientras estábamos en la terraza ha llamado Alba para hablar con su tío. Le ha hecho mucha ilusión.
Nos hemos tomado otro refresco en una terraza menos glamourosa, pero más cercana al hotel y he comprado agua para el viaje de vuelta.
A eso de la una menos cuarto entrábamos en el hotel al mismo tiempo que un grupo de su viaje que había estado de compras con las y los monitores. Saludé a Esther que es la responsable del viaje y volví como siempre que les veo trabajar, a admirar a esas personas que dedican su tiempo a los demás. Es algo que no todos estamos dispuestos a hacer.
Había mandado un mensaje a Tere para que fueran comiendo y no me esperaran. Mi idea era acercarme a la Terraza Carmona de Vera, tomar una cerveza y un par de pinchos y hacer como que había comido.
No siempre hace uno lo que quiere. Cuando he llegado al restaurante por antonomasia de Vera casi no lo reconozco, han ido ampliando y ampliando y ahora su estructura ocupa un par de manzanas del pueblo además de otra entera para aparcamiento de sus clientes. Todo el mundo debía haber pensado lo que yo. Ni a empujones he encontrado un sitio para que me atendieran. Y mira que tengo experiencia en dar empujones.
Frustrado he ido al Mercadona de Vera y he vuelto a casa sin nada en el estomago. Menos mal que Maribel, mi groupie favorita, me había subido una ración de callos que estaban bastante buenos.
Hemos dormido la siesta como cualquier día y cuando Irene se ha levantado me ha quitado la tableta, que es donde escribo, para ver un rato Cocomelón. Eso sí, en inglés.
Ya he conseguido, que la abuela, la nieta y la madre se bajen a la piscina y a la playa y me han dejado concluir esta entrada.
A la noche tenemos una barbacoa de productos cárnicos que ha traído Tere desde Toro para celebrar con los amigos la prejubilación. Y mañana, otra vez a Villaricos para comprar fruta en el mercadillo y sobre todo comer unos churros en la plaza. Es toda una tradición. Veremos si a partir de mañana que se va Ruth, y por tanto nos quedamos los abuelos con Irene, si podré o no ir de excursión con Hortensia. Lo que sea se verá.



Por cierto, creo que el mundo no se acaba de momento, hace un par de días descubrimos una pequeña salamanquesa en la terraza del apartamento. Hacía años que esta especie autóctona no lo habíamos visto. Es un canto a la esperanza.

Bueno Mariano, no nos ha quedado muy clara la procedencia del nombre de Las Huelgas, pero sí como se realizan y lo que se consigue…je,je,je.
Ya lamento que no encontraras mesa en la Terraza Carmona, ya sabes que como una de mis virtudes es la envidia, según te oí decirlo en la playa ya me reservé yo mesa para la cena….
Qué buena tu visita y la llamada de Alba a tu hermano, seguro que lo pasasteis genial.
Me alegro que te gustaran los callos y ahoraaaa estoy recordando que te dije que te iba a llevar una ración de manitas de cerdo y no he cumplido lo dicho…Mariano….soy una charlatana mal queda….Te compasaré.
Nosotros hemos tenido durante varios años una salamanquesa en el jardín, pero el otro día ví una completamente aplastada en la zona del aparcamiento y creo que era la nuestra, porque ya no la volvimos a ver. Me encanta que veas los capítulos de Cocomelón en la Tablet con Irene, con quién mejor que con el abuelo.
También es tradición agasajar a las vecinas con torta de chicharrones para impedir que se pierdan 20 gramos de grasa en periodo vacacional.
Por cierto, muy ricos los melocotones y los kiwis que consumimos a medias con la pequeña.
Aunque no haya estado Ruth, os manejáis perfectamente con «nuestra» Irene, ya ves el poder que tengo de posesión.
Un abrazo de tu grupee favorita.