220528 Vía Verde del Aceite (Segunda parte). Por las carreteras Andaluzas. Vía Verde de las Lagunas.
Podría haber llegado hasta Puente Genil en el día de ayer. Han sido algo más de 20 kilómetros entre Lucena y el final de la Vía Verde del Aceite en las ruinas de lo que fué la estación de Campo Real y desde allí hasta Puente Genil una carretera sin trafico de apenas 3 kilómetros.
Me levanté bastante pronto, tanto que no había bares abiertos para desayunar. Tras perder el tiempo como habitualmente salí a buscar un lugar (abierto en sábado) para tomarme mis cafés y mi tostada. Lo tuve que hacer en dos tiempos. Primero unos cafés donde todavía no les había llegado el pan para las tostadas y después de cargar mi pobre bicicleta, otro café, la tostada y la botella de agua de litro y medio habitual.

Volví a la estación de Lucena y estaba prácticamente como la había dejado el día anterior. Salvo un paisano recogiendo la basura y dos muchachas deportistas no había nadie en el entorno.



Ya sabía por donde había llegado el día anterior, por lo que fué fácil saber que camino tomar. En realidad lo que quedaba de la vía verde era más de lo mismo. Por algo se llama la vía verde del Aceite. Muchos olivos, plantaciones de olivos nuevos y para variar algunos viñedos, no muchos.
El recorrido es prácticamente descendente desde Lucena hasta el final, por lo que no me costó excesivo trabajo realizar esta parte del recorrido. Si ayer hubiera forzado un poco más la “maquina” podría haber rematado toda la vía verde, pero mi hubiera perdido la siesta y sobre todo escribir las dos entradas al blog que rematé ayer.
No sé si lo conté, pero en Lucena, toda la vida se realiza alrededor del la plaza donde está el ayuntamiento. Bastantes terrazas, puestos de la once y sobre todo una iglesia que en el rato (largo) que estuve les dío para celebrar todos los “sacramentos” posibles. Cuando llegué, a la puerta, estaba un coche funebre con el portón abierto. Posteriormente sacaron al difundo o difunda y salieron todos los deudos; después se celebró una boda con todos sus invitados vestidos para el evento; más tarde celebraron una misa donde acudieron bastantes de las beatas del lugar y antes de la misa llegaron un grupo de “chavales” de catequesis de realizar alguna actividad propia de la edad. Vamos, que los curas del lugar, se ganaron el sueldo.
Esta mañana lo único abierto cerca de la plaza era el mercado y el bar donde no había llegado el pan.
Al viaje que es lo que importa. El tramo que me quedaba de recorrer estaba bastante concurrido, probablemente por ser sábado y por estar próximo a poblaciones importantes.
Apenas queda ningún edificio ferroviario de interés y tampoco infraestructuras como túneles o viaductos.



Poco a poco he llegado a Puente Genil con la idea de seguir viaje hasta La Roda de Andalucía.

Salir de Puente Genil se complicó un poco. Resulta que hoy, y a la hora que yo pasaba por el pueblo, salían del pueblo los “rocieros” del lugar y para hacerlo habían montado una procesión a la patrona del lugar. Oye, y todos los coches del lugar aguantando.



Gracias a un ciclista del lugar, conseguí eludir la procesión y poner camino hacía Casariche que era mi siguiente punto de paso. Como este trayecto lo he realizado por carretera y siguiendo mi estricto criterio no hay fotos del mismo. La carretera en realidad vacía, no circulaban coches ni en un sentido ni en el otro. Ahora bien, me he vuelto a enfadar con el Google Maps, cuando dice que el trayecto es “mayoritariamente llano” no sé que criterios utilizan. Según lo que he comprobado he salvado un desnivel positivo entre este trayecto y el posterior de 450 metros. Si eso es “mayoritariamente llano” que venga dios y lo vea.
Pese a todo llegué a Casariche y me quedaba un último trayecto hasta La Roda de Andalucía.
Que “pesadilla”. Todo el mundo me quería mandar por la vía de servicio de la Autovía. No había forma de que me mandaran por una carretera normal, de las que podemos circular en bicicleta.
Después de varias vueltas por Casariche conseguí que me mandaran hacía Corcoya y desde allí hasta el final del recorrido por carretera. Antes de llegar a Corcoya y en una subida bastante pronunciada se agotó la batería de la bicicleta. Fueron menos de diez metros sin asistencia hasta un sitio donde me pudiera parar, pero para mí fué como si me hubieran obligado a subir al Everest sin oxígeno.
Resuelto el problema “energético” pude seguir mi camino, y mal que bien, sin nada que referir llegué hasta La Roda de Andalucía. Botella de agua muy fría, en el primer bar que ví. Un rato de descanso y a recargar los bidones. Casí me había bebido el litro y medio de Lucena y la poca que quedaba estaba a una temperatura inaceptable.
Convoqué un “referéndum” en el pueblo para saber donde comenzaba la vía verde siguiente. Ganó por mayoría el “no sabe, no contesta”, y eso que participaron en la consulta la “grupeta” oficial del pueblo.
La segunda contestación que habían dado era que comenzaba en el recinto ferial y para allí fuimos mi “amiga bicicleta” y yo. Ciertamente había atisbos de que allí comenzaba la vía verde de las lagunas.



Entre unas cosas y otras ya eran las 13:00 horas y por esta vía verde a esas horas no me encontré ni ciclistas, ni caminantes, ni corredores. Vamos no he visto a nadie.
Hay la indicación de que estás en la vía verde, mojones kilómetricos hasta el kilómetro 6, algunas áreas de descanso que cuando yo he pasado no tenían ni una sola sombra y un área descanso a la sombra de una encina singular y centenaria que me ha dado la vida.
Cuando he llegado a la encina he realizado la única parada del recorrido. Mucha tranquilidad y algunas reflexiones sobre aquellos que plantaron un árbol que sabían que la sombra del mismo la disfrutaríamos generaciones posteriores. Que altruismo. Si en el mundo hiciéramos algo pensando en que alguien dentro de ciento cincuenta años lo pueda disfrutar, como cambiaría el mundo. Bobadas de viejo.






La vía verde tiene un trazo ascendente hasta el kilómetro ocho aproximadamente, el firme es zahorra y no hay nada que se pueda destacar. Solo una cosa menor, no he visto ninguna laguna.
A partir del kilómetro 8 y hasta Pedrera, el firme es cemento o asfalto y el trazado es descendente. Vamos, un paraiso.

Llegué a Pedrera antes de las 14:00 horas. Paré en el primer bar para tomas esta vez sí una cerveza y me puse a buscar el lugar para pasar la noche. Hostal u Hotel Rio Seco. En un polígono industrial a las afueras. Acoplada la bicicleta en la recepción del hostal y con los bártulos en la habitación bajé a comer unos pimientos rellenos de “marisco”, vaya usted a saber.

Una buena siesta y otra vez en el pueblo, disfrutando de un “sucedanio” de hogar del jubilado donde hombres y mujeres siguen sentándose por separado.
Para mañana he cambiado radicalmente mis planes iniciales. Me levantaré, si es posible, antes de amanecer para estar en la estación de Pedrera a las 7:45 de la mañana. Aprovecharé los servicios de RENFE para llegar hasta El Puerto de Santamaría y así recorrer la vía verde de “Entre Ríos” que discurre entre las poblaciones de Rota y Sanlúcar de Barrameda.
Cuando en estas misma fechas del año pasado fuí a recorrer esa vía verde el cielo decidió descargar un diluvio y me “amilané”. Como estoy en la tarea de recorrer todas, vuelvo donde estuve el pasado año. Seguro que esta vez no llueve.
Esta parte de viaje, que no tenía previsto, me va a permitir olvidarme un “ratito” del mundo OLIVO y disfrutar, aunque solo sea visualmente, Del Mar.
Bueno, en la plaza del pueblo estoy. Y dispuesto a seguir circulando.
Una maravilla Marian.