220530 Me reconcilio con la tecnología y después me peleo.
Ya contaba en mi entrada de ayer que estaba en El Puerto de Santa María. Un hotel bastante cómodo y muy céntrico, por eso esta mañana he encontrado un sitio bastante bueno para desayunar.




Había dejado preparada la alforja y el resto de bultos en la habitación y tras desayunar baje con todas las impedimentas a por la bicicleta que había dormido la pobre en un almacén, eso sí, en compañía de otras bicicletas.
Tengo el mismo defecto por tres causas: viejo, vivir en Madrid y herencia de mi padre. Me agobio un poco cuando tengo que coger un medio de transporte y tiendo a presentarme con excesivo tiempo de antelación. Por viejo, pues tengo tiempo y así es más seguro. Por vivir en Madrid, por las distancias existentes y la posibilidad de que surja un contratiempo y finalmente no llegue a la hora de la partida. Por herencia de mi padre, el lo hizo siempre, se presentaba en la estación (nunca cogió un avión) con más de una hora de antelación.
Con esos datos y teniendo en cuenta que el hotel estaba a tres minutos en bicicleta de la Estación del Puerto de Santa María, me presenté con más de media hora de antelación a la salida del tren. Cambio de vía mediante dos ascensores. En el primero cabía la bicicleta, en el segundo “numero circense”.
Tranquilamente esperé a la llegada del tren que me llevaría en un primer lugar a Dos Hermanas. Conseguí que en uno de los sitios habilitados en el tren para bicicletas se quedara mi compañera y me dediqué a leer y oír musica.
El trayecto no era muy largo y en una hora ya estaba en la estación de destino. Nuevo cambio de vías, y como lo había sufrido el día anterior, ya sabía que en los dos ascensores tenía que montar el “numerito”. Cuarenta mínutos de espera y llegó el tren con destino a Málaga – María Zambrano que me iba a dejar en Marchena.
En este tren no había un lugar para dejar las bicicletas y me quedé de pie todo el trayecto sujetando la bici, los bultos y a la gente que pasaba. Tampoco fué para tanto.
Situado en Marchena casí a la una de la tarde, pensaba comer algo y comprar agua para el viaje. El primer paisano al que pregunté me indicó que la vía verde partía a unos doscientos metros al otro lado de las vías actuales. Me puse en marcha y ni comí un bocadillo para el camino, ni compre agua.



La vía verde está bien señalizada en su comienzo pero nada más. Los paisajes cambian considerablemente de los que he venido recorriendo en días pasados. Siguen existiendo olivares pero no exclusiva. Hay cereal, girasol y otros cultivos. Mucha tierra yerma.
Que decir de la vía verde en esta primera etapa. Un camino blanco, especialmente polvoriento, sin subidas ni bajadas que reseñar. Vamos el nombre lo dice todo: Vía Verde de la Campiña. Todo llano y polvoriento.
No me encontré a nadie en todo el recorrido y cuando vislumbraba el pueblo De Fuentes de Andalucía, en una zona de descanso estaban sentados un padre y su hijo bastante pequeño. Habían ido en bicicleta hasta allí. De la conversación que mantuve con el padre saqué dos conclusiones: la primera es que desde la llegada al pueblo hasta su continuación no hay continuidad de la vía verde, la segunda que tenía que meter aire como fuera a la rueda trasera de la bicicleta. El me dijo que la llevaba baja de presión, la realidad es que al ir tan cargado y con lo que yo peso, la pobre rueda sufre mas de lo necesario durante todo el camino.



Llegué enseguida al pueblo y accedí al mismo por la parte del cementerio. En ese pueblo, como en la mayoría de los que estoy visitando estos días, ya están en clave elecciones municipales y están haciendo las mismas obras que hace cuatro años para inaugurar antes de los comicios. Si nuestros regidores pensaran como el que plantó la encina de la que hablé aquí, que distinto sería todo.
En la gasolinera del pueblo metí aire a la rueda trasera y en un bar del pueblo me comí un “mini bocata” con su cerveza. Un café y recargué los bidones de agua.
Tras varias vueltas por el pueblo encontré la continuación de la vía verde. Que les costaría a quien gestione eso señalizar las cosas.
En este segundo tramo la vía verde consiste en un camino polvoriento para caminantes y ciclistas y uno paralelo para coches, tractores, cosechadoras y cualquier vehículo a motor. El primero mas estrecho y con algún trozo de traviesa en vertical, el segundo lleno de baches por El Paso de vehículos.
De vez en cuando confluyen ambos caminos y tienen la deferencia de poner un cartel que dice que “tramo compartido”. Cuando acaba el “tramo compartido” no sabes que camino coger y pasas la mayor parte del tiempo por el de los vehículos a motor. La vía verde está sin desbrozar y es complicado el acceso a ella y mucho más la circulación por la misma.




Y en esta, con los dos caminos paralelos, llegas a La Luisiana y de pronto, nuevamente, se pierde la vía verde. Intuyes que siguiendo una carretera y cruzando por debajo de un puente podría haber seguido el ferrocarril y ese camino seguí.
A partir de ese momento, pese a lo que digan en la Fundación de los Ferrocarriles Españoles y los gestores de la vía verde. NO HAY VÍA VERDE DE LA CAMPIÑA.
Se recorre por una vía de servicio polvorienta y paralela a la autovía los kilómetros que van desde La Luisiana hasta Villanueva del Rey. Eso sí, sin ningún cartel, y como es un lugar por el que circulan vehículos a motor está llena de unos baches imposibles de sortear.



El paisaje, ni fú ni fá, unos pinares, algunos cultivos, almacenes, fabricas y hasta un desguace. De áreas de descanso ni hablamos y De Fuentes con agua, nada.
Como quiero contar aquí lo que me va pasando, y casi se me había pasado, al salir de Las Fuentes de Andalucía me encontré con un ciclista que venía de Castellón, que había subido hasta Albacete y avanzaba hacía Sevilla. Como le admiro, lleva una bicicleta con asistencia pero no la usa nada más que en subidas especialmente complicadas. Me ha contado que desde que salió de Castellón solo había gastado un 12% de la batería. NO SÉ CÓMO LO HACE.
Tras la charla cada uno siguió en su dirección. El llevaba un peso total de 50 kilogramos, yo no me he atravido a pesar la bicicleta. Será menos y encima me quejo.
Por esa vía de servicio llegué hasta el cruce de Villanueva del Rey y en ese sitio comienza nuevamente la Vía Verde.



Está señalizada, hay mojones kilométricos y hasta algún cartel. Comienza en zonas de cereal, encontré dos cosechadoras trabajando para acabar el ciclo de ese cultivo.
Todo el trayecto hasta Écija es descendente, la primera parte por un recorrido razonablemente cómodo. El ultimo trayecto (cuatro o cinco kilómetros) por medio de la “selva”. Han dejado una anchura diminuta a la vía verde, hay arboles plantados a ambos lados y además nadie ha pasado una desbrozadora para las “malas hierbas”. Está tan mal que hemos coincidido un caminante y yo y el se ha tenido que meter en los campos de cultivo.
Llegué al final hasta Écija y tenía pensado alojarme en el Hostal Santiago que hay en una de las gasolineras del pueblo. Cuando he llegado allí había un cartel: “cerrado de 16:00 a 20:00”. Unos auténticos campeones.
He buscado otro hotel y al final me he alojado en el Platería. No está mal.
Titulaba esta entrada con mi reconciliación con la tecnología y mi posterior pelea. Lo cuento.
En la bicicleta, y dado que me la robaron hace un tiempo, puse un geolocalización, cuando miraba la localización de la bici en la aplicación siempre me decía que estaba en casa (Madrid). Esta mañana, que tenía tiempo, he desmontado el dispositivo y he comprobado que ciertamente está en Madrid. Había pensado que se había estropeado, que tendría que reiniciarle o algo así. Cuando lo he abierto he comprobado que no está en la bicicleta y que me le subí para cargarle. No le bajé y allí puede estar. La tecnología no me había fallado.
Por la tarde cuando he llegado al hotel donde me voy a pernoctar no había nadie. He llamado a un timbre y alguién desde su casa, desde la piscina o donde quiera que estuviera me ha contestado. Me ha dado unas normas para entrar en el hotel.
El siguiente paso, una vez dentro, era volver a llamar desde otro interfono. Mediante esa tecnología me ha indicado como registramente, como pagar, como coger la llave, me ha dado la clave para acceder al hotel y hasta la del WIFI. Me he vuelto a pelear con la tecnología. Si sirve para que las personas no tengamos contacto y encima se pierdan más puestos de trabajo me cabrean.
Como entre ir al Hostal Santiago y seguir las indicaciones de los interfonos eran las 6 de la tarde ya no he dormido la siesta. Una buena ducha, apuntar algunas cosas en mis hojas de cálculo, ver la descripción de la etapa de mañana y una vuelta por Écija. Me parece un pueblo interesante, los monumentos son en general barrocos y no es la arquitectura que más me interesa, pero el pueblo es interesante.








No he empezado a preguntar como continua la vía verde. Ya lo haré. Seguro que hay sorpresas.





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