220624 Un día de San Juan «transgresor».

Una vez que el día anterior había recorrido la vía verde del Ferrocarril Vasco Navarro tocaba volver a Estella-Lizarra para reencontrarme con la furgoneta y seguir viaje. Por supuesto no hay un autobús directo entre Bergara y Estella y tuve que buscar combinaciones posibles.
La que fue mas de mi agrado era irme hasta Donostia, pasar media mañana en esa ciudad y desde allí en otro autobús llegar a Estella.
Como tampoco quería estar demasiado pronto en San Sebastián elegí un servicio que salía a las nueve menos cinco y en menos de media hora estaba en el destino, me dio tiempo a recoger lo poco que había sacado de la alforja, a perder el tiempo como todas las mañanas y tomar un buen desayuno en uno de los bares del pueblo.
Cuando pasé por la plaza del ayuntamiento los operarios de limpieza estaban con todo su ardor eliminando los vestigios de la hoguera nocturna. No había nadie más en la plaza.
Llegué con suficiente antelación a la parada de autobuses (no es una estación) y para mi desesperación vi pasar dos autobuses que no tenían bodega para la bicicleta. Fue una falsa alarma. El que yo tenía que utilizar si tenía para guardar la bici y encima fue gratuito.
Me habían contado en el hotel que justo donde está ahora la parada del autobús es donde estaba la estación del Ferrocarril Vasco Navarro de Bergara. Desgraciadamente se perdió.
Llegué a San Sebastián pronto y al salir de la estación subterránea de autobuses me encontré de golpe con dos cosas. La primera que la estación de ferrocarril está justo encima de la de autobuses y por tanto tienen un centro intermodal de transportes muy bien situado y la otra, la más importante, de allí salían “bidegorris” o “carriles bici” para todos los lados de la ciudad. Vamos como debiera ser en el resto de las ciudades.



Como en esa ciudad no tenía nada que hacer, salvo darme una vuelta, escogí el carril bici que me pareció que me venía mejor y por él, sin salir en ningún momento al trafico normal llegué hasta la Playa de la Concha, estuve un rato por allí y desde allí y por el boulevard fui a dar una vuelta por el Mercado de la Bretxa (que ya no es lo que era) y por el Paseo Nuevo, viendo el mar en todo momento, hasta la construcción vacía de Oteiza. Intenté bajar al Puerto por el ascensor del Aquarium pero estaba averiado.
Justo al lado del Monumento de Oteiza es donde celebraron la noche de San Juan los Donostiarras, está claro que yo no lo vi, pero cuando pasé por allí estaban limpiando los restos de la hoguera. Estos iban mas retrasados que en Bergara, o la hoguera fue de mayores dimensiones.





Después me estuve entreteniendo por la Parte Vieja. En esta zona no hay carriles bici dado que es prácticamente peatonal toda la zona. Ahora, yo no solté mi bicicleta en ningún momento.
Me sorprendió, porque nunca había pasado por allí a esa hora, ver la Plaza de la Constitución convertida en un aparcamiento para los camiones y furgonetas de reparto. Llegué hasta la Plaza de la Trinidad que es el primer sitio que conocí en esa ciudad, fue en el año 72 del siglo pasado y fue para ver un concierto de Jazz. Entonces el “Jazzaldia” se celebraba en esa plaza.




Seguí perdiendo el tiempo por esa zona y acabé comprando unas zapatillas a Irene que me parecieron muy bonitas. La vendedora se empeñaba en que no podía ser un número tan pequeño, pero como todavía no se las hemos probado, me temo que el número 21 de zapatillas le vengan grandes.

Antes de volver a la estación para montar con destino a Estella-Lizarra me aprovisioné de un buen bocadillo de tortilla de bacalao en un clásico de la zona: Juantxo Taberna. Voy a hacer publicidad. UNOS BOCADILLOS MARAVILLOSOS. Aún después de tantos años me sigue pareciendo que son muy buenos.





Y ya para la estación. Sin salir de los carriles bici llegué con más de media hora de anticipación a la estación. No se tarda nada en una ciudad como San Sebastián en llegar a cualquier sitio con ese medio de transporte.
Enfrente de la Estación de tren, encima de la estación de autobuses y junto al puente María Cristina Zubia había un aparcamiento increíble para bicicletas. Ya puse las fotos en Facebook, pero me dio una envidia que no os cuento.


Había sacado el billete hasta Estella por Internet y cuando me acerqué al autobús el conductor me dijo que faltaba el billete de la bicicleta. Seis euros me costó, la mitad que mi billete, pero seis euros. A todo esto se quejó mucho, el espacio en las bodegas del autobús es sobre todo para maletas, etc., etc. Yo sin hacer mucho caso metí la bicicleta, pagué los seis euros y me senté en mi plaza hasta el destino.
Ya en Estella compré un bote de cerveza en un “chino” y tranquilamente, en el parque que hay próximo a donde había aparcado la furgoneta me comí el bocata del Juantxo con la cerveza.
Tenía camino por delante. Me quedaba todavía una vía verde del País Vasco por recorrer, la del Arrazola. Está en Axpe-Achondo. En realidad a solo dieciséis kilómetros de Vergara, pero esos se hacen por carretera y la combinación para recuperar mi otro medio de transporte en Estella no era buena, así que preferí ir hasta allí en la furgoneta y realizar el viaje por carretera.
Había estado en el kilómetro cero de esa vía verde el año pasado. Es verdad que yo entonces era bastante más neófito en esto de las vías verdes y como un paisano me ratificó en el año 21 que por esa vía verde no se podía circular en bicicleta (cosa que pone en la página de la fundación de los ferrocarriles españoles), me di la vuelta y no la acometí el año pasado.
Este año tenía intención de recorrerla aunque fuera andando. Me había llevado los palos de andar en previsión de que se empeñaran en que no podía recorrerla en bicicleta.
Nada mas aparcar al lado de la vía verde dos “viejas” -podían ser de mi edad- pero tenían espíritu de “vieja” me dijeron que no se podía circular por la vía verde en bicicleta, me despedí educadamente de ellas y emprendí el camino sin hacer mucho caso.


Está bonita y bien cuidada, ahora bien, el viernes día 24 de junio a las cinco de la tarde, no había nadie en la vía verde por lo que la recorrí en los dos sentidos sin problema alguno.




Entre las pocas personas que me encontré en el camino había una muchacha con bicicleta y perro, la vi pero seguí hasta el final sin pararme a saludarla. A la vuelta la muchacha avanzaba en sentido contrario al mío y me paré para comentar la prohibición con ella. Me dijo que era una tontería del alcalde y que ella se saltaba la prohibición todos los días.



Estaba a las seis menos cuarto con la bicicleta guardada en la furgoneta, para que os hagáis idea del tamaño de la vía verde. Insisto, está muy bien y es muy bonito el paisaje, pero tiene el hándicap de no poder circular en bicicleta, aunque esta vez yo no lo hubiera respetado.

Antes de emprender el siguiente recorrido fui a comprar una botella de agua para amenizar el camino. Hablé con la paisana de la panadería donde la compré y me dijo que ella con los niños recorre habitualmente la vía verde en bicicleta. Ahora bien, me dio un argumento que podía ser coherente. Dijo que los fines de semana se pone la zona como la Calle Sierpes sevillana en la “madrugá” y no hay quien ande ni en bicicleta, ni andando.
Una prohibición o recomendación selectiva sería mas adecuada que EL CARTEL de BICIS NO.
Me había librado ya de las vías verdes del País Vasco. Las había recorrido todas. Me quedaba una suelta que el año anterior no encontré en Asturias, me había documentado bien este año y la tal vía verde está próxima a Gijón así que hice una reserva en el Hotel Castilla de esa ciudad y para allí me fui con la furgoneta.
Son solo 304 kilómetros y quién no es capaz de hacer esos trescientos kilómetros para recorrer una vía verde de 9 kilómetros. Pues hasta allí que me fui. Cuando pasé por Bilbao salían todos los Bilbaínos con destino a Castro Urdiales y Laredo y acompañado de ellos recorrí bastantes kilómetros en atasco.
Después ya, para completar un día de San Juan completo empezó a llover de verdad y los últimos cien kilómetros fueron bajo una buena tromba de agua.
Cuando llegué a Gijón y siguiendo las indicaciones de Google Maps me puse a buscar aparcamiento en algún lugar próximo al hotel. Yo buscaba la calle en los carteles que había en las distintas esquinas por las que pasaba y la calle Corrida no aparecía nunca.
Desesperado por aparcar lo intenté hasta en un aparcamiento de “pago”. Menos mal que me di cuenta a tiempo. El galibo del aparcamiento era de 1,95 m y la furgoneta medía 2,4 m. Me salvé dando una marcha atrás bastante pulguera.
Por no enredar más, después de varias vueltas encontré un agujero y también guiado por el “puto Google” fui hasta el hotel. Coño, que está en una calle peatonal, como iba yo a ver esa calle cuando circulaba con la furgoneta.
El hotel era el más barato que encontré en la ciudad, la calidad del mismo era bastante inferior al precio.
Salí a cenar algo y encontré un bar: La Nueva Piedra en las proximidades del hotel. Tiene 4,7 estrellas otorgadas por 591 reseñas en Google. Cuantos amigos deben tener los dueños del local. Era muy malo. Comí una sartén de pulpo con langostinos y mejor que describirlo pongo una foto.

El día 25 de junio, ya no era San Juan, pero como lo que voy a contar es breve lo meto en esta entrada.
A las seis de la mañana me levanté. Tenía que estar en Valladolid a la una de la tarde y previamente tenía que recorrer la Vía Verde del Ferrocarril Estratégico.
Me había llevado, como he dicho, hasta las coordenadas tanto del principio como del final de la vía verde.
Intenté desayunar y el único lugar que abre los sábados por la mañana en el centro de Gijón a primera hora permanecía cerrado. Sin esperar al desayuno me fui hasta la coordenada primera, la situada cerca de una factoría de Arcelor Mittal, vuelta para arriba, vuelta para abajo en una carretera comarcal y siempre me mandaba el navegador a una casa particular. Paré allí y no había camino alguno. Como era muy pronto tampoco encontré a nadie para preguntar. Me resigné y en la furgoneta me fui hasta la otra punta de la vía verde. Tampoco en esa punta encontré la vía verde. Esperé un rato, pregunté a los dos paisanos que pasaron con un coche y que previamente les paré y como había quedado con mi hermano en Valladolid para comer abandoné el objetivo.


Me queda por tanto la Vía Verde del Ferrocarril Estratégico en Asturias sin recorrer. Un fracaso en toda la regla.


Me puse en marcha dirección Valladolid y hasta el Área de Servicio de Caldas de Luna no conseguí desayunar. Lo demás del día bien. Comí con mi hermano, estuve con él hasta las siete de la tarde y desde allí hasta casa. Al día siguiente pude devolver la furgoneta sin penalización alguna. No la había dado ningún golpe y no descubrieron que había fumado dentro. Soy un “transgresor”. Sigo preparando una nueva ruta para los próximos días.
Mariano me encantan las zapatillas de Irene. La cazuela de pulpo la verdad, yo tampoco la veo buena cara. Me alegro que hayas devuelto la furgoneta intacta, me tenías en un ayyyyyy., trasgresor. Un abrazo.