230623 Noche de San Juan 2023.

Conté dos etapas del Camino del Norte fallidas (en cuanto a recorrido), la que me conducía a Bilbao desde Santoña, que viaje en un Alsa y la que me llevaba a Mutriku desde Bilbao, que la recorrimos Hortensia y yo en un tren de los Ferrocarriles Vascos. Después de publicar la entrada correspondiente al día 21 pasé la tarde paseando por el pequeño pueblo que es Mutriku lleno de cuestas y con algún ascensor que fui descubriendo. La lluvia, pese a que era Txirimiri, me puso perdido y tuve que refugiarme en un bar durante bastante rato. A la hora de cenar, el paisano del bar me contó que lo único abierto era el mismo restaurante donde había comida. No me gustaba mucho la idea, tampoco era una opción irme a la cama sin cenar.

Una calle de Mutriku.

Según subía a la plaza donde estaba el restaurante encontré un local abierto, había sido el Batzoki del PNV y ahora se lo tenían alquilado a una pareja de San Sebastián que habían estudiado en la escuela de hostelería.

Comí tres pinchos diferentes muy bien elaborados y un café. Dejé a los propietarios departiendo con los hermanos de la muchacha que vivían en Sevilla y había ido a verles en Batzoki.

Como seguía lloviendo, me fui a la Pensión Rin (traducido). Pase buena noche pero el agua seguía cayendo.

Cuando me levanté no era Txirimiri, llovía con muchas ganas. Hiciera o no hiciera la etapa dependiendo del tiempo, tenía que salir de Mutriku. Me vestí con mi uniforme de ciclista y me puse el chubasquero.

Partí de donde había pernoctado con lluvia y llegué a Deba sin agua. Aproveché para desayunar. En Mutriku no había nada abierto.

Se abría el panorama y tenía que acabar el camino pedaleando. No consideré ni el plan “b” que era acabar la etapa en un tren.

Como la única referencia que tenía del camino era el Google no podía imaginar lo que me costó salir de Deba. Era subir, subir y después subir más. Empezábamos la etapa de forma bastante trabajosa. Finalmente superamos el puerto (que no sé como se llama) y empezó el recorrido por lugares increíbles de la costa Guipuzcoana. Zumaya, Guetaria, Zarauz, dejamos de lado la carretera de Aia. Pasamos por Aguinaga de donde proceden las angulas que nunca volveré a comer. Entramos en Usúrbil y dejamos a un lado uno de los museos más agradables que nunca he visto: El Chillida Leku. Y casi sin darme cuenta estaba en San Sebastián – DONOSTI. A la entrada de la ciudad lo primero que vi fue el concesionario de la marca de Hortensia. Paré allí por parar y les pregunté por un pequeño problema del cuenta kilómetros. No supieron arreglarlo. Recorrí gran parte de la ciudad por BIDEGORRIS y cuando no me percataba de su existencia los automovilistas me lo indicaban ruidosamente. Tenía puesto el GPS para que me indicara el camino correcto para salir de la ciudad y llegar hasta el puente De Santiago en Hendaya. Que era el final de mi camino del Norte.

El primer tramo muy bien salvo que un municipal me mandó a un carril donde no figuraba dibujada una bicicleta. El sabrá, pero así no se hacen las cosas.

Después cogí la carretera hacía el alto de Miracruz y ya me fue metiendo por bidegorris o vías verdes que ya había recorrido en mi visita anterior.

Es uno de los problemas de los GPS, que no les avisan de las obras que emprenden los ayuntamiento, el lugar por donde me indicaba está en obras y el se empeñaba que pasara por donde había un camión hormigonera soltando producto.

Un par de vueltas a lo tonto y volví a encontrar un camino. Tenía una pequeña dificultad, tuve que bajar un poco más de cien escalones. Todo por acabar el recorrido con dignidad.

Recorrido obligatorio por indicación del Google Maps.

Otro tramo de bidegorri y finalmente acabé en la carretera que lleva a Hendaya. De casa venía ya con prevención hacia ese tramo de carretera. Fue peor, camiones y coches circulaban a toda velocidad y yo tenía que hacer auténticos equilibrios para mantenerme encima de Hortensia. No fueron muchos kilómetros, creo que ha sido la parte más peligrosa de todos los recorridos.

A eso de las 14:10 horas concluí mi aventura de cuatro caminos De Santiago en tres meses. Había llegado hasta donde me había propuesto y sin percance alguno.

Después todo fue mucho mejor. Me monté en un TOPO (trenes de los Ferrocarriles Vascos en Guipúzcoa) y volví hasta Intxaurrondo que era la parada que mejor me venía para llegar a la pensión Aida donde me alojo.

Antes de ir a la pensión comí un par de pinchos y ya preparado fui directo a la siesta. No duró mucho, pero fue gratificante.

La tarde la dediqué a pasear por el barrio de Gros y para comprar tabaco, sacar efectivo y después ir a cenar a un lugar muy recomendado en la zona. Estaba cerrado. Tampoco tuve problema para encontrar lugares alternativos.

A eso de las once de la noche me retiré a mis aposentos. Buena noche y sin lluvia.

Como hoy no tenía etapa he intentado remolonear en la cama. Imposible, a las 6:15 ya estaba levantado. He toqueteado la tableta, he estado escuchando un rato el Hoy por Hoy de la cadena ser y finalmente, tras dejar empacado todo, me he bajado a desayunar. Mal café y un bollo pequeño. Después un par de ridículos de los que soy protagonista habitualmente. Como tengo certeza de que mañana el tren con el que quiero ir a Madrid no circula en un tramo importante del recorrido me he ido a la estación de Gros para llegar a la de Donosti. Todo estaría bien si yo supiera el mapa de San Sebastián. De primeras me he ido hasta una estación que estaba más al norte. Ningún problema. He cambiado de andén y a los pocos minutos ha pasado otro tren en la dirección correcta. Después he vuelto a pasar por Gros y sin darme cuenta me había saltado la Estación de San Sebastián. No se parecía en nada a la que yo recordaba y que había usado muchas veces.

Me he bajado en Loila y aquí el tren en sentido contrario ha tardado 22 minutos. Como tengo bastante tiempo he estado tranquilo esperando la llegada del nuevo tren. Un cigarro, dos cigarros y un tren.

Esta vez si he acertado. Me he bajado donde correspondía. No me ha servido para nada, la estación está completamente desmontado y no hay ni puestos de información. Veremos mañana como resuelvo el problema.

He vuelto andando a la pensión. He cogido a Hortensia y la bolsa de mano con lo imprescindible. A partir de ese momento la mañana era completamente mía. Peine de los vientos, las distintas playas (maravillosas) de la ciudad. Y una visita obligada, la catedral del Buen Pastor. No penséis mal. Vivimos en una superstición y hemos decidido poner dinero a Los Santos o lo que sea para que Alba apruebe las oposiciones. Un Eurazo me ha costado, pero la ocasión lo merecía. Después tenía otro objetivo. El Faro de la Plata cerca de Pasaia. He vuelto a llegar al Restaurante de Juan Mari Arzak y desde allí partía una cuesta especialmente empinada. Después de 200 metros me he dado la vuelta. Quedaban dos kilómetros y medio hasta la cumbre. Lo de ir hasta ese faro era por una novela que he leído este invierno, pero creo que puedo escoger varias imágenes en Internet y no dejarme el alma en el empeño.

Vuelta a la ciudad y paseo con Hortensia de la mano por la parte vieja. Como era pronto no estaba especialmente masificada y se circulaba bien.

El tercer café ha sido ya a las 12 y pico de la mañana en el Antonio. Ese lugar en mi recuerdo es el Barandiaran y tenía unos camareros rijosos como pocos recuerdo. Nosotros lo éramos más. Ahora hay unas camareras muy agradables y que además saben todos los idiomas de los posibles clientes. Todo se va perdiendo.

He ido al restaurante que me ha recomendado Alba para comer y he dudado entre varios pinchos. Al final he elegido unos chipirones, un centollo relleno y otra tortilla de bacalao. Todo muy bien. Se llama Ramuntxo Berri.

Cuando he bajado desde el Restaurante Arzak, que estaba cerrado por vacaciones y por tanto no he podido comer allí. No lo he hecho nunca. He recorrido el paseo nuevo y llegando hasta el monumento de Oteiza. Allí los muchachos y sus padres estaban acumulando madera para hacer la hoguera de San Juan. Recuerdo que el año pasado llegué para ver los rescoldos de esa hoguera. He bajado al puerto en el ascensor que el pasado año estaba averiado.

Antes de subir a dormir la siesta he parado en el bar de debajo de la pensión y me han comentado de la existencia de una hoguera mejor y más próxima, elegiré a lo largo de la tarde.

Mañana me toca ir hasta Andoaian para montar en el tren. Me han contado que se puede hacer todo por Bidegorri. Veré si soy capaz. Luego me quedan casi ocho horas de tren.

Todo San Sebastián está lleno de banderolas para recibir el tour de Francia. La ciudad está animada y la leyenda dice: Bienvenidos al país de las bicicletas. Hay mucho de cierto.

Momento superstición.

Publicaciones Similares

Un comentario

  1. Ay Mari Mariano, te tengo abandonado, lo siento, he tenido unos días liados. .Enhorabuena por haber conseguido tus objetivos. Siento el periplo con los trenes vascos, y me alegro que por fin cogieras el correcto. Lo del GPS y las es escaleras, es de traca. Buena pinta esos pintxosy buen euro invertido en la oposición de Alba. Gracias por dejarnos viajar a tu lado. Bienvenido a casa.
    Un abrazo de tu groupie favorita.

Deja un comentario