290705 Un paseo por mis recuerdos. Valladolid.
Escribo siempre estas entradas para contar lo que hago en mis viajes y sobre todo para dejar anotadas cosas que es posible que con la edad se me olviden. Hoy recupero muchos recuerdos de mi vida en Valladolid para compartirles con vosotros y vosotras y para que queden escritas. Estoy seguro de que algunas cosas de las que voy a contar están suficientemente maquilladas por los años y puede que fueran así o no. Este viaje no lo realicé en bicicleta.
Por circunstancias raras en la vida me convocaron a dos reuniones distintas en Valladolid los días 29 y 30 de junio. Ambas estaban relacionadas con la vida de mí hermano y me pareció importante acudir. Me tocó reservar un alojamiento en Valladolid (El Hotel El Nogal). Muy céntrico y bastante aceptable.
Ya he dicho que realicé el viaje en tren. En esta ocasión todo fue bien, salvo que en Madrid – Chamartín Clara Campoamor me tocó andar “casi hasta Fuencarral” para montarme en el tren correspondiente.
En Valladolid lo primero que hice fue ir hacia la casa familiar. Tenía pendiente hablar con dos operarios sobre distintos trabajos en la casa. Tuve suerte y localicé a uno, el otro estaba de vacaciones.

Estado de unas ridículas obras de vallado en la casa Vallisoletana. Como nos gusta poner puertas al campo.
Solucionado, lo que podía solucionar, me dirigí hacía la zona que generalmente recorro cuando voy a Valladolid. El entorno de la plaza Mayor, que es donde están gran parte de los mejores bares de tapas de la ciudad.
Comí un pincho en los Zagales y otros dos en el Gastrobar La Pasión. Ambos en la misma calle. Después fui al Hotel y descansé un rato antes de emprender la marcha vespertina.



El nuevo pincho de los Zagales y pinchos más tradicionales del Gastrobar La Pasión.
El Nogal está situado donde en mi juventud había un bar que frecuentaba bastante y donde ponían “tapas” de sangrecilla. Que alimento más antiguo (me sigue gustando).
Las instalaciones están bien y teniendo en cuenta lo que he ido pagando por el alojamiento durante mis viajes, este tenía una relación calidad-precio adecuada.

Habitación del Hotel el Nogal.
La reunión del día 29 era a las seis de la tarde en la calle Expósitos y era para informarnos a los familiares de las vacaciones de los nuestros este año en Salou. Como hasta esa hora tenía bastante tiempo fui andando poco a poco hasta la Real Chancillería de Valladolid donde había una exposición de carteles de mi buen amigo Manolo Sierra. Está organizada por Comisiones Obreras de Castilla y León con motivo de su 45 aniversario.

Primer panel de la exposición con una muy breve biografía de Manolo Sierra.
Hasta la exposición fui andando por calles que habitualmente no visito cuando voy a Valladolid pero que utilicé bastante tanto en mi infancia como en mi juventud. Calle San Juan de Dios (detrás del Teatro Calderón) donde está el Arzobispado, calle de San Martín (antigua judería vallisoletana), avenida Ramón y Cajal hasta llegar a la Chancillería para ver la exposición.








Camino a la Chancillería. (Antigua cárcel Vallisoletana).
Suponía que en la exposición me iba a encontrar con lo más importante de los que ha pasado en Castilla y León en los últimos cuarenta y cinco años. Manolo se ha implicado siempre con todos los movimientos progresistas y se ha apuntado con sus carteles, pinturas y murales a cualquier acontecimiento ciudadano.
Como llegué a las cinco de la tarde que es cuando abre la exposición, el vigilante tuvo que abrírmela para mí y pude disfrutarla en soledad.








Algunos de los paneles de la exposición de Manolo Sierra.
Llevo viviendo fuera de Valladolid desde el mes de mayo de 1982, sin embargo, he seguido muchos de los acontecimientos que se narran en los carteles de esta exposición. Ha sido una visita muy interesante. La recomiendo para cualquier Castellano Leonés, le recordará gran parte de su vida, y si es muy joven le enseñará lo que ha pasado en su región durante los mucho tiempo. Pero también la recomiendo para cualquier ciudadano de este país que visite Valladolid hasta el 30 de septiembre. Descubrirá un gran cartelista, pero sobre todo a un gran pintor, además comprometido con sus convecinos. Entre los carteles, y no quiero destacar ninguno comprobé que sigue trabajando para el grupo de Teatro Teloncillo. Allí nos conocimos Manolo y yo hace unos 50 años.



































Algunos de los carteles de la Exposición visitada.



Panel conmemorativo del 45 aniversario de CC.OO. de Castilla y León. Bocetos.
Finalizada la exposición, salí en dirección a la reunión mencionada. Frente a la exposición está el Centro Asistencial Residencia Nuestra Señora del Carmen (si no recuerdo mal a ese edificio de ladrillo le llamábamos en su tiempo “El Asilo”), poco más allá está la calle Gondomar donde se situaba un centro de telefónica (cuando la cosa del teléfono era física), volví sobre mis pasos y emprendí el camino por la Calle Padilla, este no era un lugar de paso obligatorio para mí, pero la curiosidad que teníamos con doce o trece años nos obligaba a pasar por esa calle. A la puerta de locales inmundos se situaban las señoras que ejercían de putas en la ciudad. Ahora es una calle moderna (por cierto, la están remodelando) y muy céntrica.





A la salida de la Exposición.
Al final de la calle me encontré con la calle Cadenas de San Gregorio, de esta calle tengo dos recuerdos importantes. Nada más entrar en la calle me encontré con el Palacio del Conde de Gondomar, conocido como la Casa del Sol, en este lugar, que ahora es parte del museo de Escultura y que algún día tendré que visitar, vivían unas “monjitas” especialistas en zurcir ropa, cuando por algún despiste me quemaba un pantalón, que yo entendía que estaba bastante nuevo, llevaba el pantalón a las habitantes de la Casa del Sol y tras un par de días y unas buenas pesetas, te devolvían el pantalón como nuevo.

Siguiendo por la misma calle, a la derecha está el Colegio de San Gregorio, sede histórica del Museo Nacional de Escultura. De aquí es el otro que he mencionado. Cuando decidía que una clase en el Instituto José Zorrilla no me interesaba, por la razón que fuese, me iba a visitar ese museo o si tenía algo más de tiempo al Juzgado para asistir a algún juicio. Cuanto más truculento fuera el tema, mejor.
Eran los dos sitios más próximos del Instituto de Bachillerato al que yo asistía. El otro edificio próximo era el Palacio de Villena, era el Gobierno Civil y por tanto no era visitable. Ahora también forma parte del Museo Nacional de Escultura.








Museo Nacional de Escultura.
Seguí mi camino hacia la reunión y me sorprendió el trato recibido por la escultura “Lo profundo del aire” de Eduardo Chillida. Pongo la foto y vosotros y vosotras juzgáis el trato que se le da a esa escultura en mi ciudad. A los bien pensantes del lugar nunca les gustó y han hecho todo lo posible por ocultarla. Ahora lo han conseguido.

Después accedí a la plaza de San Pablo. Lo más destacado de la plaza es la iglesia de su nombre, el Palacio Real (antigua capitanía general de la séptima región militar) y el Palacio Pimentel (Diputación Provincial).
La Iglesia que gestionan los Dominicos es increíble en su portada, el interior en mi modesta opinión es menos interesante, hay que verla, en cualquier caso.
El Palacio Real no lo conozco por dentro, recuerdo que, en mi infancia, a la hora oportuna arriaban banderas al ritmo del himno nacional y todos los viandantes se tenían que parar y presentar sus respetos a la bandera. Recuerdo a más de uno que lo hacía brazo en alto. Creo que eran los padres y los abuelos de los que ahora gobiernan la ciudad de la mano del PP y de VOX, pero no lo sé con toda seguridad.
El Palacio de Pimentel siempre ha sido visitable y creo recordar que tiene una interpretación de “media historia” de España en azulejos. Lo más importante de ese Palacio es que en él nació Felipe II y hay una historia relacionada con su bautizo en la Iglesia de San Pablo y una ventana del edificio. Cualquier tour guiado de la ciudad os lo contará mucho mejor que yo.
Ahora, lo más importante de esa plaza se producía en mi infancia. Allí iba cada tarde mi abuela María a pasar la tarde y de vez en cuando me pasaba a verla y me caía “un duro” de propina. Para los que no sepáis que es un duro por edad, eran cinco pesetas.
Cuando visitaba a mi abuela en la plaza, junto con el resto de los chicos que allí jugábamos, nos íbamos a columpiar a unas cadenas que había a la puerta de la Iglesia de San Pablo. Muchas veces he visto esas cadenas rotas por desgaste de nuestra fechoría. Ahora solo queda una de muestra, entonces cada una de las columnas con león estaba unida a las otras por esas cadenas.
Cuando ya tuve quince años y era un jovenzuelo, estudié como ya he dicho, en el Instituto José Zorrilla situado también en esa Plaza.
Por la mañana era José Zorrilla para alumnos del género masculino, por las tardes era Instituto “Núñez de Arce” para alumnas del género femenino. Tampoco era cosa de mezclarnos.







Plaza de San Pablo. Valladolid.
En ese Instituto, teniendo ya 16 años, participé en la primera huelga de mi vida. La Unión Democrática de Estudiantes de Enseñanza Media, convocó un plante en contra de varias cuestiones de la vida doméstica del Instituto y reivindicando la democracia. Nos cerraron las puertas del centro para que no pudiéramos salir y manifestarnos en la calle y la mayoría de los alumnos saltamos por las ventanas del primer piso.
También en esa plaza está una escultura de Felipe II igual que la que hay junta a la catedral de la Almudena de Madrid. Pero como nunca me gusto ni el personaje ni la estatua, casi se me olvida.
Me quedaba algo de tiempo antes de entrar en la reunión. Es la ventaja de los sitios “razonablemente pequeños”, desde la calle San Quirce me metí a la Plaza del Viejo Coso. Una plaza de toros octogonal que nunca conocí con esa función y si como la comandancia vallisoletana de la Guardia Civil. Cuando las instalaciones ya no reunían las condiciones adecuadas la benemérita se trasladó y remodelaron los edificios para hacer unos apartamentos. Quedó bonita y no es un lugar que se visite habitualmente. Muchos árboles en su interior y especialmente un Tejo añoso. Por supuesto el conjunto del edificio es singular.







Plaza del Viejo Coso.
Como crucé la Plaza del Viejo Coso salí en la calle San Ignacio y al paso comprobé que seguía el Museo de bellas artes y arqueología en la Plaza de Fabio Nelli. Creo que le he visitado un par de veces y no me interesó mucho. Es posible que tenga que visitarle nuevamente y sacar una conclusión más actualizada.
Desde esa misma plaza sale la calle Expósitos que es donde tenía la reunión. Antes de llegar, recordé también a mi abuelo Gregorio, que acudía a un frontón que había en esa calle y donde se jugaba pelota. Le derribaron y construyeron un edificio moderno. Mi abuelo se quedó sin ese entretenimiento.




Plaza de Fabio Nelli. Calle Expositos. La fotografía de abajo es del edificio que sustituyo al frontón existente en esa calle.
Llegué a tiempo a la reunión y como duró razonablemente poco, pude proseguir con la visita que había comenzado esa tarde. Crucé nuevamente la calle San Quirce y me situé en la plaza de la Trinidad. Allí hay tres edificios a destacar, el Real Monasterio de San Quirce y Santa Julita que nunca he podido visitar, la Iglesia de San Nicolás de Bari a la que mi madre acudía un número, que no recuerdo, de lunes consecutivos a pedir algo a ese Santo, y lo que ahora es la Biblioteca de Castilla y León, que yo recuerdo como “El Hospicio”. El mismo nombre de la plaza está relacionado con la función que tenía ese edificio desde que en 1723 se fundó.




Plaza de la Trinidad. Valladolid.
Poco más allá en dirección hacía el Puente Mayor está situado el Grupo Escolar Isabel la católica. Ahora C.E.I.P. ISABEL LA CATÓLICA. El edificio es una muestra de la arquitectura que se realizó durante la segunda república para dotar a pueblos y ciudades de centros escolares.
Además de lo dicho, este fue el segundo colegio al que yo fui, creo recordar que empecé allí a los cinco años y me fui cuando iba a cumplir los diez. No me debió ir mal en ese centro, eso sí, tengo tres recuerdos muy claros. El primero era de un profesor (o director) que cuando llegabas tarde te esperaba en la puerta con una regla de madera y te daba con ella en los dedos, que como podéis imaginar, llevábamos casi congelados los alumnos. El otro es que compartí pupitres con bastantes compañeros de etnia gitana y fue una experiencia muy enriquecedora y el tercero que había una piscina cubierta a la que nos llevaron una o dos veces y me pareció maravillosa. En realidad, era una especie de aljibe redondo, pero para aquellos tiempos era una autentica excentricidad.





Colegio Isabel la católica. Un lugar donde me ayudaron a ser un poco menos analfabeto.
Me quedé en este lado del puente Mayor y no crucé el río Pisuerga. Al otro lado está el barrio en el que viví desde los cuatro hasta los dieciocho años. La Victoria se llama el barrio y puede que en algún otro momento pasee por mis recuerdos de ese sitio.
Continué por el Paseo de Isabel La católica, que antes de que hicieran esas casas y ese paseo se llamaba Las Moreras, allí hacía punto mi madre con sus compañeras de tertulia y allí jugábamos los hijos de sus compañeras y yo.
Debajo de ese parque estaba y está la playa de las Moreras y allí hemos pasado unos buenos ratos de la infancia. Era el lugar donde se situaban las atracciones durante las Ferias Vallisoletanas.



Puente Mayor y parque de las Moreras.
Volví hacia el centro por calle San Agustín y al fondo divisé la Antigua iglesia del mismo nombre) actual Archivo Municipal. Le he visitado una vez y me pareció bastante interesante. Por los alrededores están situados varios conventos. Unos en uso y otros pendientes de transformarse en algún elemento cultural de la ciudad. También el Museo Patio Herreriano, que como la mayoría de los museos de Arte Moderno están bien, pero en mi opinión son un poco pobres.
En lo que realmente era el Patio Herreriano se montaron con el primer ayuntamiento democrático bastantes conciertos de mucha calidad.











Entorno del Museo Patio Herreriano con sus conventos y el archivo municipal. Enfrente del archivo municipal está el Instituto Núñez de Arce que cuando le construyeron dejó de estar en el edificio del Instituto Zorrilla en sesión de tarde. Pero siguió siendo femenino durante bastante tiempo.
Estimé que el paseo por mis recuerdos por ese día ya había concluido. Me fui a la Plaza Mayor a tomarme una cerveza en la terraza del Café del Teatro Zorrilla.
Tras ese paréntesis, me desplacé hasta la plaza de San Miguel (que era el sitio donde vivió mi otra abuela, la Abuela Bene) y donde también jugaba en mi infancia.

Había decidido cenar en el Restaurante Ángela, situado en la calle Doctor Cazalla. Hasta casi los cuatro años viví en esa calle. Solo que entonces se llamaba “Héroes de Teruel”. Un par de pinchos de su producción y un café.


Cena en el restaurante Ángela.
Crucé nuevamente la Plaza de San Miguel y por la calle San Antonio de Padua (creo recordar que antes se llamaba Calle de los Arces) me dirigí hacía la Plaza de los Arces.
En esa calle, San Antonio de Padua, estaba el primer barbero que me cortaba el pelo cuando no había cumplido los cuatro años, la tienda de Benjamín, que es donde compraba los comestibles mi madre y allí tuvimos durante algunos años, en casa de un buen amigo, la imprenta clandestina de las Juventudes Comunistas. Allí pasé bastantes noches dándole a la manivela para surtir de panfletos sobre distintas cosas a la ciudad. En aquella época se podía dormir poco. Ahora se duerme menos, pero es por la edad.






Calle San Antonio de Padua, Plaza de los Arces y plaza del Val.
El día 30 tenía la reunión en Laguna de Duero a las 11:45 horas y como me levanté bastante pronto fui a desayunar al mercado del Val que está justo al lado del lugar donde había pernoctado. Aproveché para comprar algunos quesos. No hice fotos del mercado. Ya he publicado en este blog bastantes. Es uno de los sitios a los que acudo con normalidad.


Farola desde mi habitación en el Hotel el Nogal.
Pasé por la Plaza Mayor nuevamente. En Valladolid es un lugar de paso obligado si te mueves por el centro de la ciudad. No eran ni las diez de la mañana y ya había una pareja esperando para casarse en el Ayuntamiento junto con los invitados al evento.



Paseo hacia la plaza Mayor y los que estaban esperando para la boda.
Recorrí pausadamente la calle Santiago, vía principal para el paseo, llegué hasta la plaza de Zorrilla. (En la ciudad casi todo se llama Zorrilla).




Plaza Zorrilla.
Desde esa plaza se accede al parque más emblemático de la ciudad: EL CAMPO GRANDE. Es verdad que Alba dice ahora que no es tan grande, pero muchas generaciones de vallisoletanos y visitantes hemos disfrutado y disfrutaremos de ese parque.
A la entrada por la Plaza Zorrilla estaba el Teatro Pradera donde creo recordar que disfruté de mis primeras sesiones de cine. Un poco más allá, en dirección a la plaza de Colón estaba el auditorio en el que entre otras actividades pudimos ver los primeros guiñoles que llegaban a la ciudad.
A ese parque nos llevaban nuestros padres para que “El catarro” nos diera un paseo por el estanque mientras nos contaba historias increíbles. Allí también mis padres llevaron a Alba cuando era pequeña y allí llevaremos nosotros a Irene cuando corresponda.
En el mismo parque había una serie de “pajareras” que nos servían para familiarizarnos con algunas especies de aves que tenían en el parque su vivienda. Dentro del parque está la “Pérgola” donde cuando tenía quince o dieciséis años acudí a algunos de mis primeros conciertos. Nada que ver con los festivales actuales. Una cosa mucho más modesta.
También hubo un tiempo que, a un alcalde, no recuerdo a quién se le ocurrió meter una pareja de ciervos o gamos (tampoco los conocía tanto) y se multiplicaron tanto que casi invaden todo el parque. Tuvieron que sacarlos del lugar.
Allí, cuando fui más mayor aproveché los lugares apartados para disfrutar con mi pareja de los momentos de soledad que toda pareja necesita. Es verdad que el parque se cerraba a determinada hora y había un guarda del parque que siempre llevaba unos calcetines de cuadros que si veía una pareja cuando el parque debía estar cerrado las/nos perseguía.







Una pequeña parte del Campo Grande.
Cuando salí del Campo Grande me encontré de frente con lo que fue el Hospital Militar. Ahora cumple distintas funciones sanitarias y administrativas, pero también es un lugar importante. En ese hospital militar, allá por el año 1973 oí con nitidez como me declaraban INUTIL TOTAL para el servicio militar. Fue un momento especialmente importante en mi vida.

Parte del edificio que fue el Hospital Militar.
Desde allí me desplacé hasta Laguna de Duero y disfruté junto a mi hermano de la primera barbacoa veraniega. Es verdad que era a mediodía, pero era la oferta existente. Pasamos un buen rato.


Barbacoa con mi hermano.
Luego vuelta a la estación de Valladolid – Campo Grande y viaje a Madrid para volver a la rutina de cuando no estoy de viaje.
El tiempo ahora no acompaña mucho para viajar en bicicleta, no sé cuando realizaré el próximo viaje y por tanto cuando publicaré nuevamente una entrada en este blog. Gracias por acompañarme en mis viajes.

Pues nada Mariano, me quedo a la espera de que vuelvas al camino, a la bicicleta. Mientras tanto disfruta todo lo que puedas con tu familia y tus amigos.
Ay Mariano, esta vez he tardado mucho en contestarte, ya lo siento, y sabiendo que yo también tengo mi público, me acabo de coger una pausa de baño en el trabajo para escribirte.
Me encanta lo reivindicativo que ya eras desde tu adolescencia, Qué lastima lo del derribo del frontón, aunque pensaba que ese deporte era más del norte de España.
Que sepas que a mí también me daba con la regla en los dedos o en la palma de la mano, en mi caso ers Don Porfirido (tela el nombrecito).
Al final no nos llevamos tantos años, en mi infancia las madres también se reunían a hacer prendas de punto mientras estábamos en el parque, en mi caso en el de El Chepa (el jardinero era chepudo, así somos de crueles).
Por cierto, el hotel Nogal, está de maravilla, no cómo algún antro en los que te has metido.
Cómo ya te dije ayer desconocía tu faceta de actor en el Teloncillo, ahora entiendo el seguimiento que haces de la compañía.
Qué buen negocio el de los zurcidos de las monjitas, que no solo de dulces vice el clero,
Es preciosa, o a mi me lo parece la fachada del Museo Nacional de Esculturas.
Gracias por tu Tour de Valladolid, espero recorrerlo algún día en tu compañía, por supuesto también con Tere y Tato.
Un abrazo de tu groupi favorita y besos para Alba y Ruth.
Nos vemos en el pecado.
Por cierto, veo a tu hermano estupendo, cosa que me alegro, también de dará tranquilidad a tí.
Ahhhh, se me olvidaba, hay hortensias por todos lados, pero como «la nuestra», ninguna.
Lo dicho un abrazo de tu groupie.