240722 dos programas de tv que empezaron en la misma fecha.

La cena de ayer, que fue una tostada de bacalao, mejorable. No recomiendo Mamá Dolores en Calatayud. Era lo que había para cenar y me ajuste a la oferta.

Volví al Hotel Monasterio Benedictino de la ciudad, hice algunas fotos, que por supuesto me salieron movidas y subí a la habitación. Después de la paliza de ayer mejor acostarse pronto y descansar.

A las cuatro y medía me desperté, cumplí con las funciones mingitorias y conseguí aguantar en la cama hasta las seis treinta. Ya no tenía opción, no tenía más ganas de dormir.

Perdí el tiempo como siempre. Cigarro, noticias de la cadena ser donde me contaron bastantes veces que el candidato demócrata se había retirado y ahora no sabían muy bien lo que hacer. Parece que se han confabulado para que un energúmeno vuelva a presidir Estados Unidos del Norte de América.

Iremos viendo. Aburrido de las noticias, me duché, me tomé la medicación diaria que todo anciano necesita y preparé las alforjas. Bajé las baterías y pedí las llaves del aparcamiento de Hortensia. La recuperé, pusé las baterías y subí a por el resto del equipaje.

El personal de los hoteles siempre es muy especial explicando las cosas. Para decirme donde podía desayunar me ha dado un plano y me ha marcado el camino. En realidad era coger la calle donde estábamos y girar a la derecha en la primera calle. Bueno, como todavía no soy tonto del todo, lo entendí y entendía que Calatayud está a cuatrocientos metros de altitud y Calamocha a mil metros. Queda claro que el camino era fundamentalmente en pendiente ascendente.

No perdí mucho tiempo en el desayuno y comencé el camino. Salir de Catalayud fue ascendente pero los vehículos a los que estaba “jodiendo” fueron especialmente respetuosos.

Abandoné Calatayud por la carretera. Había una opción de seguir la vía verde que estoy recorriendo, pero según la página de las Vías Verdes era de solo ocho kilómetros y me complicaba la vida. CARRETERA. Ese tramo de la vía verde ya la había recorrido dos veces y no tenía especial interés. El camino todo el rato ha sido por las proximidades del Valle del Río Jiloca, pero algunos de los tramos han sido especialmente pronunciados y me he tenido que esforzar.

El tramo en el que evité la vía verde era hasta Paracuellos de Jiloca, seguí por la carretera: Maluenda, Velilla de Jiloca, Fuentes de Jiloca, Montón y el puerto de Villafeliche. Luego lo cuento. Desde allí hasta Daroca, Villanueva de Jiloca, San Martín del Río, Báguena, Burbáguena y Calamocha. Han sido solo setenta kilómetros y por tanto he llegado antes de las trece horas.

Llevo dos días observando un ruido extraño en Hortensia, no soy especialmente aprensivo, pero cuando algo suena hay que intentar saber las razones.

En Calamocha he preguntado por talleres de bicicleta. Los viejos que siempre están a la puerta de los bares, me han dicho que había dos talleres. Uno el de un tal Gómez, que reparaba bicis y maquinaría agrícola, fui esta ese sitio y el tal Gómez tenía unos dedos de la anchura de mi brazo. Ha revisado las pastillas de freno y me ha indicado que la trasera está en las últimas. No tenía repuesto. Después me he ido al otro taller. Compartía la tienda de bicicletas de Alberto (el padre) con un taller de informática, del hijo.

El establecimiento se llama SIJBIKE, Cuando he llegado estaba atendiendo a un paisano que se llevaba su bici en un remolque. Le he contado mis cuitas y en ese momento ha llegado una paisana con sus nietas. Ha hablado en todo el rato que estaba esperando de bicis a doscientos euros, de que la atendieran sin esperar su turno, ha perdido todo el tiempo del mundo para que sus nietas compraran (de su dinero) unas gafas y unos guantes, no ha pensado en ningún momento en los cascos. No todos los ciclistas somos iguales.

Alberto se ha empeñado en buscar el ruido. Primero ha localizado el primer ruido en la potencia, para los no expertos, en el manillar.

Después ha buscado el ruido que a mí me preocupaba. Ha realizado varias tentativas y al final a engrasado una parte del cambio. Funcionará o no, pero lo ha intentado.

En realidad nos hemos pasado casi una hora hablado de nuestros viajes. Esto es como lo de los pescadores. Todos han pescado la trucha más grande y mejor.

Me ha contado y es de agradecer, que si me hubiera ido hacía Villafliche había encontrado una mágnifica vía verde hasta Calamocha. Solo hay un problema en esa información. Que no está en la lista de vías verdes y los que venimos de fuera no podemos intuir esa información.

Han sido casi cuarenta kilómetros que hubiera podido hacer por una vía verde y al final me la he comido por la carretera. En lo de la carretera también tengo que hablar. Vale que las carreteras las saquen del centro de pueblo, pero a los ciclista nos tienen que indicar que por el centro de pueblo se hace menos subidas y es más cómodo.

Como hoy estaba empeñado en hacer meta muy pronto me ha dedicado a subir, a poco bajar, y a subir. Pasar de cuatrocientos a mil metros es un trabajo real.

He llegado a eso de las doce y medía a Calamocha y he perdido el resto de la mañana en mis relaciones con los talleres que ya he comentado.

Cuando he llegado al Hotel Lorenzo eran ya las dos de la tarde. Tenían el comedor completo, la barra completa, después de diez minutos he conseguido que me pusieran una estrella Galicia, no daban para más.

Después de la primera cerveza he vuelto a entrar en el bar y el panorama no había cambiado.

He pedido otra cerveza y un plato de jamón de Calamocha. Un poco crudo.

Finalizado el proceso de comida, he intentado que me dieran la habitación. Desde las tres hasta las tres y media. El paisano de la barra me ha agradecido la paciencia. ¿Y si tuvieran personal?

Subí las alforjas, subí las baterías, bajé y guardamos a Hortensia en un lugar seguro. Tere, siempre lo procuro.

Cuando ya había puesto a cargar las distintas baterías he puesto la tele en la dos. No tenía ninguna intención de ver los que ponían, pero me he encontrado con dos programas que comenzaron en la misma fecha. Uno ha sido repuesto hasta la saciedad: Verano Azul. El otro sigue emitiéndose a diario: Saber y Ganar. Jordi ha ganado de calle a Chanquete. Uno se ha muerto, el otro sigue trabajando.

Mañana pretendo llegar hasta Teruel por la vía verde de Ojos Negros. Tenía unas previsiones y tengo claro que las voy a restringir. Lo de ir hasta la mina me parece innecesario, lo de pasar por la localidad De Alba en homenaje a mi hija pequeña, creo que también. Iré directo hasta Santa Eulalia y comenzará la vía verde en ese punto.

Os contaré como se desarrolla el camino.

Por cierto, Pablo no ha vuelto a aparecer.

 

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Un comentario

  1. Bueno Mariano, retomo mis lecturas habituales, siento haberte abandonado en el Blog, espero haberlo suplido con los achuchones in-situ. La «tosta»de bacalao tiene casi mejor pinta que el jamón de Teruel, donde esté el de nuestro Valdés……Me imagino que hija pequeña te echará el puro por no pasar por el pueblo con su nombre, pero bueno no me adelantaré a los siguientes capítulos. Haces bien en hacer caso a nuestra Tere, que algunas (bastantes) veces es sensata y lleva razón.
    Habrá que estudiar quién es el paisano del busto, tiene pinta de militar, pero por más que agrando la foto no leo nada.
    Bueno amigo un fuerte abrazo de tu grupee favorita y en este caso una abandona blogueros.

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