210810 CARAVA-BULLAS-MULAS-MURCIA-AGUILAS-VERA
Algunas marcas comerciales importantes ponen en sus fachadas los lugares donde están situadas, así aparece en algunas: TOKIO-NEW YORK-PARIS-MADRID-ALBACETE, por ejemplo.
He querido poner en el título algunos de los lugares por los que he pasado en Via Verde que hoy he recorrido. La vía verde del Nordeste Murciano.
Pronto, muy pronto, me levanté. Había quedado con mi amigo José Antonio para ir juntos hasta Caravaca De la Cruz. El para realizar sus gestiones (vive allí y allí tiene sus negocios) y yo para recorrer la vía verde mencionada.
A las 7 de la mañana, cuando el apareció con su Mercedes, estaba ya preparado para cargar la bicicleta en su coche y meter también la alforja, los bidones de agua y la rueda delantera que tenía desmontada.
Con mucha calma fue conduciendo hasta la autovía primero y luego por la A-7 hasta el desvío que pone CARAVACA DE LA CRUZ, en ese punto entramos en una carretera en la que era difícil adelantar, así que poco a poco y tras unos camiones que siempre hay en los caminos fuimos acercándonos hasta el comienzo de mi vía verde. En la conversación del coche me fué ilustrando sobre los distintos tipos de suelos y cultivos que había por los lugares por los que íbamos pasando y los que me podía encontrar en el recorrido que me esperaba.
A las 8:15 ya estaba la bicicleta montada al inicio (final) de la vía verde. Para mí era el principio, para quien siga las pautas que vienen en la guía de vías verdes de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles o de la Consejeria de Turismo de la región de Murcia, era el final.
Había optado por hacer el recorrido inverso por dos cuestiones. Tenía transporte hasta Caravaca y no lo tenía hasta Murcia, y sobre todo, Caravaca está mucho más alto que Murcia, por lo que se suponía que me encontraría con más bajadas que subidas en el recorrido elegido por mi.
Ya he comentado a la hora que me puse en marcha y me sorprendió algo de la vía del Nordeste, en el punto donde la comencé había más gente paseando que en la Gran Vía madrileña en tiempo de rebajas.
Cuando comienzo un recorrido y cómo siempre tengo interés en hacerle le pongo un 10 al camino que empiezo y luego según voy avanzando le voy quitando algún punto dependiendo de varios parámetros que comentaré más tarde.
En el punto de partida hay dos tipos de firme en la vía. El lado izquierdo según avanzo es asfalto y el lado derecho es zahorra. Supongo que la práctica de distintos deportes en ese entorno recomendará los dos tipos de firme. Yo personalmente elegí el asfalto por ser más cómodo con la bicicleta.
Sorteando paseantes y algunas bicicletas fui avanzando hacia el siguiente pueblo, Cehegin a solo 7 kilómetros del comienzo. Ya tenía ganas de parar a mear, pero como seguían recorriendo el camino una multitud me tuve que aguantar. Después del pueblo citado comenzaba la subida hasta Bullas que es una subida constante de 10 kilómetros. En ese tramo ya pude detenerme a fumar un cigarro, mear y comprobar la riqueza vegetal de la zona, bastante antes de llegar a Bullas aparecieron los viñedos característicos de la zona.
Hasta ese punto, el recorrido seguía teniendo dos tipos de firme, estaba razonablemente bien señalizado y sobre todo no había ninguna interrupción en el recorrido. La vía verde seguía teniendo el 10 que le había adjudicado en la salida.
Poco antes de llegar al Pueblo, con él a la vista, se acababa la vía verde y había que tomar una carretera desde una zona de descanso en la que encontré a unos ciclistas que me enviaron por la carretera que salía hacia la derecha del punto en donde nos encontrábamos.
Llegué a Bullas y cosas del destino, me tocó atravesar todo el pueblo para llegar hasta donde recomenzaba el recorrido. No había un solo cartel en el pueblo que indicara hacia donde dirigirse y solo la información de unos paisanos primero que me dijeron que tenía que atravesar todo el pueblo y la de otro paisano en una gasolinera me permitió retomar la vía verde. La falta de información en Bullas hizo perder de golpe un punto a la vía verde. Le quedaban 9.
El firme a partir de Bullas era exclusivamente de zahorra. Caminos anchos, quizás menos información, pero ganaba ese camino en dos cosas: que prácticamente tenía todo el recorrido para mí solo y que comenzaba una bajada permanente de casi 40 kilómetros. Estuve a punto de titular esta entrada: Un tobogán de 40 kilómetros, gratuito. Pero me contuve.
Hasta Mula hay otros 20 kilómetros y prácticamente hice todo el recorrido con la asistencia apagada. Se bajaba con cuidado a una velocidad media de 27 km/h sin ningún problema.
He dicho sin ningún problema y miento. Al llegar al Niño de Mula se llega hasta una carretera, enfrente ves una señalización que podría ser de la vía verde, pero el acceso a esa señalización está cortado por una valla de madera. Sigues las indicaciones hasta el pueblo, El Niño de Mula: 0,3 kilómetros, preguntas en uno de los dos bares y te indican que vuelvas a la casilla de salida. Otra vez a revisar si hay algún paso que no había visto, otra vez a recorrer los 0,3 km. Cuesta arriba y después de dar un poco la lata te mandan por una calleja donde están acumulados los cubos de basura y allí si se puede seguir la vía verde. Este tipo de cruces, en mis valoraciones hace perder otro punto al conjunto de la vía. Ya solo le quedan 8 puntos.
La llegada a Mula sin problema alguno, otra vez a recorrer el pueblo para poder seguir la vía verde, pero por la misma razón no debo quitarle más puntos al recorrido. Siguen siendo unos paisajes bastante frondosos y dedicado todo el campo a la agricultura. Hortalizas, frutales, almendros, todo bien cuidado y muy trabajado. No es una zona de cultivos bajo plásticos, por lo que puedes ir viendo sin problema todo lo que se cultiva por la zona.
Después hay otros 10 kilómetros de bajada hasta Puebla de Mula, la vía verde sigue siendo de zahorra, la señalización no mejora ostensiblemente y hasta ese punto el recorrido sigue discurriendo por paisajes de huertas y frutales.
Desde este punto, pasando por Baños de Mula, Albuidete y Campos Del Río sigue siendo bajada, sigue el mismo tipo de firme, mejora la señalización pero el paisaje cambia absolutamente. No se cultiva nada, la tierra es blanca, hay muy pocos matojos y los árboles ni se intuyen. Son prácticamente 20 kilómetros de travesía del desierto. No se puede soñar ni con una sola sombra.
Es verdad que durante el recorrido tuve la suerte de que el cielo andaba un poco nublado y el calor no apretó como es habitual en la Región de Murcia en agosto. Pero sombra en este recorrido ninguna. Tampoco encontré sitios para reponer los bidones de agua, aguante con el agua caliente y a otra cosa.
La vía verde se estaba dando bien. El horario que me había marcado lo iba cumpliendo aproximadamente y todo se desarrollaba según lo previsto.
En cualquier caso, es curioso que algunas estaciones estén rehabilitadas, y se halla montado un bar en ellas y sus horarios (el de los bares) no coincidan para dar servicio a los que circulan por la vía verde. Entiendo que un negocio es un negocio, pero en la concesión se debiera tener en cuenta lo de dar servicio a los usuarios de la vía.
Poco antes de llegar a Alguazas vuelve a cambiar el paisaje. La presencia Del Río Segura en la zona hace que vuelva a ser una zona de huertas y frutales. Paisajes realmente interesantes. La bajada que había empezado en Bullas sigue, menos pronunciada, pero sigue.
Pasado Alguazas nos encaminamos hacia Molina del Segura, que podrá ser muy bonito, pero por donde pasa la vía verde es una zona de fabricas, almacenes, naves. Vamos no es la parte más estética de la zona. Hay parte del recorrido que va pegado a una carretera y otra parte que discurre en zonas industriales. Esa parte no me gustó, pero tampoco es razón para quitar ningún punto a la vía verde.
Desde Molina, empieza una subida hasta Torrealta, pasando previamente por Ribera De Molina. La subida, como todas en este recorrido es perfectamente digirible y sin aumentar mucho la asistencia de la bicicleta se puede hacer a una media de 20 km/h. Sin problemas. Otra cosa es que en Torrealta y hasta llegar al final del trayecto en el campus del Espinardo la entrada a Murcia es fea, pero fea. Tampoco hay que perseguir la perfección en un recorrido.
Casi sin darte cuenta y bajando desde el paraje de Torrealta te encuentras sin más en el kilómetro 0 del recorrido de la vía verde del Noroeste de Murcia. Ya no me quedaba recorrido. Otra vía verde finalizada.
Parado en el punto de llegada vi a un padre con dos muchachos pequeños en bicicleta y a él me dirigí para que orientara mis siguientes pedaladas. Cómo era joven, lo primero que me sugirió es que utilizara el GPS del móvil para llegar a la estación de Murcia del Carmen que es a donde me dirigía. Entiendo que es una cuestión generacional. Si la información te la puede dar el teléfono, para que vas a hablar con nadie.
Tras decirme lo del GPS me oriento perfectamente para llegar a mi destino, pero la reacción inicial está claro que es generacional.
Por la Avenida Juan Carlos “palito” me fui, prácticamente sin tráfico, hasta el centro de Murcia y desde allí a una zona asolada por algún desastre natural o realizado por la mano del hombre. La Estación de Murcia.
Amarre adecuadamente la bicicleta al mobiliario urbano del lugar y me dirigí hasta las taquillas de la estación. Según andaba por dentro de la estación llevaba la vista fija en lo que yo conocía como las vías de la estación y sólo había desolación. Ni un atisbo de via, ni de anden, ni de viajeros, ni de nada relacionado con las funciones habituales de una estación. Solo obras.
Tras comprobar que mi título de transporte era válido para el viaje que pretendía hacer, me tomé una cerveza en el bar de la estación y comprobé en su barra que sufría un contagio terrible de las obras comentadas. No tenía nada apetecible. Es más, no tenía nada.
Otra vez en bicicleta a buscar un sitio donde al menos se pudiera comer un bocadillo o algo similar, a menos de 300 metros y en la acera de enfrente de la estación había dos bares, que si no se habían contagiado de la hecatombe que es la estación en este momento, les faltaba poco.
Me pedí un bocadillo de jamón (aunque fuera de sobre), otra cerveza y un café y di por terminada la comida.
Según miras de frente la estación, a su izquierda hay una pasarela provisional que da acceso a las vías (provisionales). Para subir a la pasarela hay unos ascensores donde difícilmente cabe la bicicleta, pero a esos contratiempos está uno acostumbrado.
Una buena siesta en el recorrido hasta Aguilas para compensar el madrugón y una vez que el tren había finalizado el recorrido bajé la bicicleta del tren, donde por cierto, no hay ninguna entrada para bicicletas – que puede ser grave -, pero tampoco hay ninguna entrada habilitada para PMR y eso creo que es imperdonable.
Lo dicho, ya esta en Aguilas y tocaba recorrer el resto del camino. Ya he comentado en otras entradas de este blog que el recorrido entre la ciudad Murciana y Vera se hace por la costa y a través de una serie de subidas y bajadas que hay que recorrer con la máxima atención, ya que hay bastante tráfico. No me duro mucho el recorrido, en menos de hora y media ya estaba guardando la bicicleta después de parar para comprar agua y para llamar a mi hermano que está pletórico por los siete días de vacaciones que ha pasado en Cala de Finestrat (Benidorm), me proporcionó mucha alegría que mi hermano estuviera animado.
Guardada la bicicleta, y sin que sirva de precedente, me bajé a la playa para ponerme un rato en remojo.
Después de 113 kilómetros pedaleando había acabado una vía verde y los recorridos necesarios para hacerle. Ya quedan menos de las que hay por la zona. Seguiré recorriendo las pendientes, y en la medida de las posibilidades, seguiré contando lo que veo.
Por si no habéis realizado las cuentas. Acabé la Vía Verde dándole un 7 final. Soy muy benévolo.








































Suerte tuviste Mariano de comer algo cerca de la estación de Murcia, cuando nosotros fuimos a recoger a Laura, el bar de la estación cerrado, y lo más apetecible que encontramos fue la tienda de la gasolinera.