230607 Sin fotos por El Monte.
Ayer me senté tranquilamente en el puerto de Fisterra para deleitarme con su visión y con una cerveza mientras grupos de Peregrinos y Peregrinas andaban por el lugar como si hubieran llegado al final de una experiencia inolvidable en su vida. Seguro que sí. Solo que yo no me emociono tanto. Volví al restaurante Maruxa y la atención no fue de la misma calidad que en la comida, el producto si. Se nota en todos los sitios cuando hay profesionales y cuando alguien está en un sitio porque no tiene otra cosa que hacer.





Como tenía un apartamento bastante cómodo para mi solo con vistas al mar me volví a eso de las 22 horas al mismo. Todavía no había anochecido del todo. Nos vamos acercando al solsticio veraniego y si además estás en un sitio que debiera tener otro horario pues anochece especialmente tarde.
Seguí leyendo un rato y me fui a mi cama no sin antes dejar ya preparada a Hortensia para el viaje de hoy.
Me levanté esta mañana a eso de las cinco de la mañana y comprobé que el suelo estaba mojado. Como soy un optimista irredento, pensé que había llovido por la noche y cuando me pusiera en marcha habría finalizado el episodio lluvia.



Otra vez me engañó el optimismo. Cuando a las ocho de la mañana estaba desayunando en el lugar que encontré abierto ya llegué bastante mojado. Me demoré como pude en el desayuno pero aquello no cesaba. Agua y más agua en Fisterra. Justo enfrente de donde estaba desayunando había una marquesina de autobús donde se agolpaban bajo su techo mas de cincuenta personas. Supongo que al menos ellos no se mojaron demasiado. En el lugar del desayuno había también algunos peregrinos que parecía se estaban despidiendo en ellos y ellas para siempre. Seguro que hay algún reencuentro. Al menos por lo que duraban los abrazos.
A las 8:30 y en vista de que el agua no cesaba y el señor del tiempo de mi móvil no daba buenas noticias. Me he puesto en marcha.
Vuelta marcha atrás por la misma carretera por la que ayer llegué hasta el final del trayecto. Las playas estaban allí, pero la lluvia casi me impedía verlas y mucho menos pararme para hacer fotos. Lo que unas gafas empapadas me permitía ver me decía que también el paisaje es bonito con lluvia, pero no estaba en disposición de inmortalizarlo en una fotografía.
A la altura de CEE me he desviado del camino de ayer y el navegador me ha metido por una especie de carretera de tres carriles con indicaciones en verde que parecía una autovía pero no lo era. Eso sí, había que subir y subir.




La primera parada ha sido en Dumbria. Me ha costado encontrar un lugar donde tomarme un café e intentar entrar en calor.
Un andariego se ha tomado un café con un bollo, volvía también de Fisterra y avanzaba bajo la lluvía hacía Santiago.
Cuando he salido de Dumbría parecía que había disminuido la lluvia. Eso no impedía que los calcetines, las deportivas, los calcetines y los guantes estuvieran totalmente empapados.
He vuelto a enchufar el GPS y me ha intentado llevar por medio del monte cuando le he preguntado como llegar hasta Negreira. A la vista de una pista forestal donde podéis imaginar como estaba el firme he vuelto sobre mis pasos y he preguntado a una paisana que parece que conocía mejor el camino que el GPS y ya me ha puesto en el camino correcto. Volvía a llover y volvían las cuestas en ambos sentidos. Yo solo me quejo de las de subida. Las de bajada me parecen maravillosas.
En el camino mucho monte con sus eucaliptos, pero la lluvia no permitía disfrutar del olor de ese árbol como lo había conseguido en etapas anteriores. Seguramente es que al estar empapado mi único objetivo era mantenerme firme en la bicicleta y evitar charcos que pudieran llevarme al suelo.




Cuando he visto el primer cartel en donde ponía Negreira decía que quedaban 22 kilómetros para llegar a esa ciudad. Al final la bicicleta me ha indicado que he recorrido 27 kilómetros hasta llegar a esa ciudad. Parecía que alguien que me tenía manía la iba alejando de donde yo estaba. Chaparrones, momentos sin agua y en el camino no había ningún sitio donde pararse. Pueblos muy pequeños donde a la vista no había ni un bar. He parado para fumar en un par de ellos y el paquete de tabaco que llevaba en el bolsillo estaba tan mojado como el resto de mi cuerpo.
Negreira, que en mi planificación inicial era el final de mi etapa de hoy, me ha parecido interesante. En cualquier caso no he visto casi nada. Digo que era el final de mi etapa hasta que comprobé que no encontraba ningún alojamiento a un precio razonable. Todos los que ví en booking superaban la cantidad que yo me puedo permitir por noche. Tras fumar un cigarro mojado de los que llevaba me he puesto en marcha para hacer los últimos diez kilómetros de esta etapa. Otro tramo duro, mas de subidas que de bajadas. Eso sí, por una carretera sin prácticamente ningún coche. En cualquier caso, según dicen los “pijos”, había una ventana sin lluvía y tenía que aprovecharla. Con todo he llegado hasta el Hotel Camiño de Mar en URDILDE. Este si tenía un precio asequible, pero está en un sitio donde no existe más que una calle y poco más. Tan es así que he tenido que comer en el mismo hotel y es posible que también tenga que cenar en el lugar. La habitación es bastante mejorable.




Haciendo evaluación del desastre de la lluvia indicar que llevaba unos boletos de primitiva en la cartera y les he tenido que tender por la habitación. No se si tocaran, pero que al menos puedan ser válidos. Lo que llevaba dentro de las alforjas no ha sufrido nada. Calcetines para cambiarlos inmediatamente. Deportivas también, pero solo tengo unas chanclas y no parece este un día para moverse con ese calzado.
La ración de oreja que me han puesto para comer era bastante copiosa y estaba buena. Ahora bajaré a dar una vuelta por el lugar. He visto a lo lejos una Iglesia y me acercaré para hacer unas fotos y poder ilustrar esta entrada.




Quedan pocos kilómetros hasta Santiago y de esta forma acabaré este tercer camino. Han sido poco más de 900 kilómetros y ha estado bien. Los paisajes muy interesantes y lo vivido aquí está.
La idea es ir mañana a la plaza del Obradoiro y dejar a Hortensia en un taller de bicicletas para que le cambien la cubierta trasera. Tengo billete de tren para volver a Madrid. Después empezaremos el cuarto camino aunque sea en sentido inverso.

He bajado hasta la Iglesia y también había un cementerio. Nada especial. Tenía que gastar el carrete de fotos del día.







Mariano, no te fíes de tu intuición, estamos con la borrasca Carlos, ayer estuvo aquí casi todo el día lloviendo. Qué bonitas las playas. Por cierto….en el hotel Camiño do Mar, ¿qué son esos tubos que parece que están en prisión, aire acondicionado?. Ya te queda poco, tienes ya preparado el siguiente?. Un abrazo de tu groupie.