Soy un señor mayor que no tiene «casi» ninguna obligación y he decidido, entre otras cosas, recorrer la península ibérica en Bicicleta. Aprovechando, más o menos, los cursos de los distintos ríos.
Comencé nada mas jubilarme de Renfe a recorrer el Canal de Castilla. Posteriormente recorrí el Río Duero, desde su nacimiento hasta Oporto. Y antes de abrir este blog también he recorrido el Río Tajo desde Frías de Albarracín (Teruel) hasta Oporto.
En este Blog pretendo contar, más bien con imágenes, los recorridos que realice y los proyectos de viaje que tengo.
Como presentación, por ahora, puede valer. Colgaré una página con cada uno de los recorridos realizados y cuando inicio un nuevo viaje iré colgando día a día las peripecias del mismo.
Canal de Castilla en Fromista.Río Duero cerca de Peñafiel (Valladolid).Nacimiento del Río Tajo en Frías de Albarracín (Teruel)Desembocadura del Río Tajo en Lisboa.
Canal de Castilla en Grijota.
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Ayer comentaba que me había tocado dormir en el Castillo de Manzanares. Un autentico lujo. Cinco habitaciones tiene el establecimiento. El precio del mismo 62 € e incluye el desayuno. El pueblo no tiene demasiadas cosas que ver, pero el lugar merece la pena.
Conté que había ido a un taller de bicicletas por que oía un ruido muy desagradable en el cambio de Hortensia, no supieron hacer nada y de esa manera concluyo el momento bicicleta de Manzanares.
El castillo dondé dormí ayer. El gran teatro es una foto para mi amigo Rafa. Siempre le emociona que existan teatros por estos caminos.
Por la mañana me he levantado a una hora razonable, he bajado todos los bártulos hasta Hortensia, he ido a devolver la llave y el recepcionista me ha sugerido que pasara a desayunar. Los cafés y la tostada tradicional y todo gratis.
Me han abierto el portón del hotel, y he emprendido el camino. Pretendía recorrer el camino hasta San Carlos del Valle para concluir el recorrido en Santa Cruz de Múdela.
El google Maps me ha mandado por distintos caminos. Estaban bastante bien y señalizados con una divisa verde como “ruta don quijote”. Deben ser caminos oficiales, cuando llevaba algo menos de diez kilómetros he visto un grupo considerable de ciclistas parados en el camino. Según me acercaba he comprobado que era un grupo de escolares (muchachos y muchachas de instituto) que realizaban una excursión ciclista. He hablado con los profesores y profesaras y algún mozalbete, siempre el gracioso de la clase, ha intentado vacilarme. He atajado la conversación con el muchacho sin demasiado miramiento. Pretendía cambiarme una bicicleta un poco “pulguera” por Hortensia. No le he dado opción.
El profesorado me ha recomendado la visita a la plaza mayor de San Carlos del Valle. Les he comentado que ese era mi objetivo. He seguido el camino y allí les he dejado componiéndose del esfuerzo que llevaban en el cuerpo.
Hortensia seguía dando síntomas de fatiga. Según cambiaba de “velocidad” el ruido subía el tono, avanzando poco a poco comprobé que las velocidades mayores me bloqueaban el pedaleo. Aproveché mientras pude las más cortas que me permitían avanzar. Pasé por campos casí desierticos y por majuelos en los que había un grupo de operarios recogiendo uvas.
Al final nuestra querida HORTENSIA se ha bloqueado y no he podido avanzar de ninguna manera. Pie a tierra, he hablado con un paisano de un grupo de vendimiadores y me ha indicado como llegar a la carretera más próxima.
Después de algo más de un kilómetro empujando la bici he llegado a la carretera CR-644 que une La Solana con San Carlos del Valle. He estado cerca de una hora esperando que apareciera un Bienvenido Cano como el del otro día. Vano intento. Intentaba parar solo furgonetas, pero solo han parado dos, que me han indicado que llevaban mucha carga y que era imposible montar la bicicleta.
Los demás a los que he suplicado que pararan han mirado para otro lado. Siempre hay gente buena por los caminos, pero hay mucho “hijo de puta”.
Cansado de esperar un buen samaritano he pensado un plan B, para salir de la situación. He buscado un taxista del lugar a donde pretendía llegar y le he llamado. Estaba disponible, me ha pedido que le mandara la ubicación y media hora o poco más después, ha aparecido con una furgoneta mercedes.
Lo de venir hasta Santa Cruz de Múdela no era un empeño ridículo, Tenía pagado el hotel en ese pueblo y además tiene estación de Ferrocarril que me puede evacuar de lugar.
José María que así se llama el taxista me ha comentado que unos ciudadanos de Madrid habían ido a San Carlos del Valle a comer y el lugar se había convertido en un sitio muy demandado. Todos estos de los pueblos deben pensar que en Madrid nos conocemos todos como ellos en los pueblos. Me ha dado el nombre de los comensales y no me sonaban de nada: Felipe y Leticia. Encima no me ha dado más datos.
Todo ha concluido sin que yo vea la plaza mayor de San Carlos del Valle y no haya podido sentarme en su bonita plaza mayor. Volveré.
El nombre del hotel de hoy prometía. Hotel Boutique Ángel. El taxista me ha desengañado rápidamente.
El hotel está en un área de servicio de la autovía que vá hacía Andalucía. Y no se ha equivocado. Gasolinera, restaurante, zona de aparcamiento de camiones y el hotel. Se puede llegar al pueblo andando, los camiones hacen bastante ruido según se dirigen al aparcamiento próximo al hotel.
La llave me la han dado en la gasolinera, Hortensia está guardada en el almacén de ese lugar y yo estoy varado en mitad de una autovía.
Sobre la avería de Hortensia tengo que citar a Tere, que como casí siempre tiene razón, me dijo que la ultima vez que llevé a revisar la bicicleta a Escapa no habían acertado en la reparación. Pues tenía razón y me cobraron una pasta.
CAPÍTULO LXXIV
De cómo don Quijote cayó malo y del testamento que hizo y su muerte Como las cosas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios hasta llegar a su último fin, especialmente las vidas de los hombres, y como la de don Quijote no tuviese privilegio del cielo para detener el curso de la suya,[1] llegó su fin y acabamiento cuando él menos lo pensaba; porque o ya fuese de la melancolía que le causaba el verse vencido[2] o ya por la disposición del cielo, que así lo ordenaba, se le arraigó una calentura que le tuvo seis días en la cama, en los cuales fue visitado muchas veces del cura, del bachiller y del barbero, sus amigos, sin quitársele de la cabecera Sancho Panza, su buen escudero. Éstos, creyendo que la pesadumbre de verse vencido y de no ver cumplido su deseo en la libertad y desencanto de Dulcinea le tenía de aquella suerte, por todas las vías posibles procuraban alegrarle, diciéndole el bachiller que se animase y levantase para comenzar su pastoral ejercicio, para el cual tenía ya compuesta una écloga, que mal año para cuantas Sanazaro había compuesto,[3] y que ya tenía comprados de su propio dinero dos famosos perros para guardar el ganado, el uno llamado Barcino y el otro Butrón,[4] que se los había vendido un ganadero del Quintanar.[5] Pero no por esto dejaba don Quijote sus tristezas. Llamaron sus amigos al médico, tomole el pulso, y no le contentó mucho y dijo que, por sí o por no, atendiese a la salud de su alma, porque la del cuerpo corría peligro. Oyolo don Quijote con ánimo sosegado, pero no lo oyeron así su ama, su sobrina y su escudero, los cuales comenzaron a llorar tiernamente, como si ya le tuvieran muerto delante. Fue el parecer del médico que melancolías y desabrimientos le acababan. Rogó don Quijote que le dejasen solo, porque quería dormir un poco. Hiciéronlo así y durmió de un tirón, como dicen, más de seis horas: tanto, que pensaron el ama y la sobrina que se había de quedar en el sueño. Despertó al cabo del tiempo dicho y, dando una gran voz, dijo: —¡Bendito sea el poderoso Dios, que tanto bien me ha hecho! En fin, sus misericordias no tienen límite, ni las abrevian ni impiden los pecados de los hombres. Estuvo atenta la sobrina a las razones del tío y pareciéronle más concertadas que él solía decirlas, a lo menos en aquella enfermedad, y preguntole:
—Las misericordias –respondió don Quijote–, sobrina, son las que en este instante ha usado Dios conmigo, a quien, como dije, no las impiden mis pecados. Yo tengo juicio ya libre y claro, sin las sombras caliginosas[6] de la ignorancia que sobre él me pusieron mi amarga y continua leyenda de los detestables libros de las caballerías. Ya conozco sus disparates y sus embelecos, y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan tarde, que no me deja tiempo para hacer alguna recompensa[7] leyendo otros que sean luz del alma. Yo me siento, sobrina, a punto de muerte: querría hacerla de tal modo, que diese a entender que no había sido mi vida tan mala, que dejase renombre de loco; que, puesto que lo he sido, no querría confirmar esta verdad en mi muerte. Llámame, amiga, a mis buenos amigos, al cura, al bachiller Sansón Carrasco y a maese Nicolás el barbero, que quiero confesarme y hacer mi testamento. Pero de este trabajo se excusó la sobrina con la entrada de los tres. Apenas los vio don Quijote, cuando dijo: —Dadme albricias,[8] buenos señores, de que ya yo no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de «bueno».[9] Ya soy enemigo de Amadís de Gaula y de toda la infinita caterva de su linaje; ya me son odiosas todas las historias profanas de la andante caballería; ya conozco mi necedad y el peligro en que me pusieron haberlas leído; ya, por misericordia de Dios escarmentando en cabeza propia, las abomino. Cuando esto le oyeron decir los tres, creyeron sin duda que alguna nueva locura le había tomado, y Sansón le dijo: —¿Ahora, señor don Quijote, que tenemos nueva que está desencantada la señora Dulcinea, sale vuestra merced con eso? ¿Y ahora que estamos tan a pique de ser pastores, para pasar cantando la vida, como unos príncipes, quiere vuesa merced hacerse ermitaño? Calle, por su vida, vuelva en sí y déjese de cuentos. —Los de hasta aquí –replicó don Quijote–, que han sido verdaderos en mi daño, los ha de volver mi muerte, con ayuda del cielo, en mi provecho. Yo, señores, siento que me voy muriendo a toda priesa: déjense burlas aparte y tráiganme un confesor que me confiese y un escribano que haga mi testamento, que en tales trances como éste no se ha de burlar el hombre con el alma;[10] y, así, suplico que en tanto que el señor cura me confiesa vayan por el escribano. Miráronse unos a otros, admirados de las razones de don Quijote, y, aunque en duda, le quisieron creer; y una de las señales por donde conjeturaron se moría fue el haber vuelto con tanta facilidad de loco a cuerdo, porque a las ya dichas razones añadió otras muchas tan bien dichas, tan cristianas y con tanto concierto,[11] que del todo les vino a quitar la duda, y a creer que estaba cuerdo. Hizo salir la gente el cura, y quedose solo con él y confesole.
El bachiller fue por el escribano y de allí a poco volvió con él y con Sancho Panza; el cual Sancho, que ya sabía por nuevas del bachiller en qué estado estaba su señor, hallando a la ama y a la sobrina llorosas, comenzó a hacer pucheros[12] y a derramar lágrimas. Acabose la confesión y salió el cura diciendo: —Verdaderamente se muere y verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el Bueno; bien podemos entrar para que haga su testamento. Estas nuevas dieron un terrible empujón a los ojos preñados de ama, sobrina y de Sancho Panza, su buen escudero, de tal manera, que los hizo reventar las lágrimas de los ojos y mil profundos suspiros del pecho; porque verdaderamente, como alguna vez se ha dicho, en tanto que don Quijote fue Alonso Quijano el Bueno a secas, y en tanto que fue don Quijote de la Mancha, fue siempre de apacible condición y de agradable trato, y por esto no sólo era bien querido de los de su casa, sino de todos cuantos le conocían. Entró el escribano con los demás, y después de haber hecho la cabeza del testamento y ordenado su alma don Quijote, con todas aquellas circunstancias cristianas que se requieren, llegando a las mandas,[13] dijo: —Iten,[14] es mi voluntad que de ciertos dineros que Sancho Panza, a quien en mi locura hice mi escudero, tiene, que porque ha habido entre él y mí ciertas cuentas, y dares y tomares, quiero que no se le haga cargo de ellos ni se le pida cuenta alguna, sino que si sobrare alguno después de haberse pagado de lo que le debo, el restante sea suyo, que será bien poco, y buen provecho le haga;[15] y si, como estando yo loco fui parte para darle el gobierno de la ínsula, pudiera ahora, estando cuerdo, darle el de un reino, se le diera, porque la sencillez de su condición y fidelidad de su trato lo merece. Don Quijote dicta testamento
II, LXXIV Y, volviéndose a Sancho, le dijo:
—Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he caído de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo. —¡Ay! –respondió Sancho llorando–. No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese de esa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver.[16] Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber yo cinchado mal a Rocinante[17] le derribaron; cuanto más que vuestra merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros y el que es vencido hoy ser vencedor mañana. —Así es –dijo Sansón–, y el buen Sancho Panza está muy en la verdad de estos casos. —Señores –dijo don Quijote–, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño.[18] Yo fui loco y ya soy cuerdo; fui don Quijote de la Mancha y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno. Pueda con vuestras mercedes mi arrepentimiento y mi verdad volverme a la estimación que de mí se tenía, y prosiga adelante el señor escribano. »Iten, mando toda mi hacienda, a puerta cerrada,[19] a Antonia Quijana mi sobrina, que está presente,[20] habiendo sacado primero de lo más bien parado de ella[21] lo que fuere menester para cumplir las mandas que dejo hechas; y la primera satisfacción que se haga quiero que sea pagar el salario que debo del tiempo que mi ama me ha servido, y más veinte ducados para un vestido. Dejo por mis albaceas al señor cura y al señor bachiller Sansón Carrasco, que están presentes. »Iten, es mi voluntad que si Antonia Quijana mi sobrina quisiere casarse, se case con hombre de quien primero se haya hecho información[22] que no sabe qué cosas sean libros de caballerías; y en caso que se averiguare que lo sabe y, con todo eso, mi sobrina quisiere casarse con él y se casare, pierda todo lo que le he mandado,[23] lo cual puedan mis albaceas distribuir en obras pías a su voluntad. »Iten, suplico a los dichos señores mis albaceas que si la buena suerte les trujere a conocer al autor que dicen que compuso una historia que anda por ahí con el título de Segunda parte de las hazañas de don Quijote de la Mancha, de mi parte le pidan, cuan encarecidamente ser pueda, perdone la ocasión que sin yo pensarlo le di de haber escrito tantos y tan grandes disparates como en ella escribe, porque parto de esta vida con escrúpulo de haberle dado motivo para escribirlos. Cerró con esto el testamento y, tomándole un desmayo, se tendió de largo a largo[24] en la cama. Alborotáronse todos y acudieron a su remedio, y en tres días que vivió después de este donde hizo el testamento se desmayaba muy a menudo. Andaba la casa alborotada, pero, con todo, comía la sobrina, brindaba el ama y se regocijaba Sancho Panza, que esto del heredar algo borra o templa en el heredero la memoria de la pena que es razón que deje el muerto. En fin, llegó el último de don Quijote,[25] después de recibidos todos los sacramentos y después de haber abominado con muchas y eficaces razones de los libros de caballerías. Hallose el escribano presente y dijo que nunca había leído en ningún libro de caballerías que algún caballero andante hubiese muerto en su lecho tan sosegadamente y tan cristiano como don Quijote; el cual, entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaron, dio su espíritu, quiero decir que se murió. Viendo lo cual el cura, pidió al escribano le diese por testimonio como Alonso Quijano el Bueno, llamado comúnmente «don Quijote de la Mancha», había pasado de esta presente vida y muerto naturalmente;[26] y que el tal testimonio pedía para quitar la ocasión de que algún otro autor que Cide Hamete Benengeli le resucitase falsamente y hiciese inacabables historias de sus hazañas. Este fin tuvo el ingenioso hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero.[27] Déjanse de poner aquí los llantos de Sancho, sobrina y ama de don Quijote, los nuevos epitafios de su sepultura,[28] aunque Sansón Carrasco le puso éste: Yace aquí el hidalgo fuerte que a tanto extremo llegó de valiente, que se advierte que la muerte no triunfó de su vida con su muerte.[29] Tuvo a todo el mundo en poco, fue el espantajo y el coco del mundo, en tal coyuntura, que acreditó su ventura[30] morir cuerdo y vivir loco. Y el prudentísimo Cide Hamete dijo a su pluma: «Aquí quedarás colgada de esta espetera[31] y de este hilo de alambre, ni sé si bien cortada o mal tajada péñola mía,[32] adonde vivirás luengos siglos, si presuntuosos y malandrines historiadores no te descuelgan para profanarte. Pero antes que a ti lleguen, les puedes advertir y decirles en el mejor modo que pudieres: —¡Tate, tate,[33] folloncicos! De ninguno sea tocada, porque esta empresa, buen rey, para mí estaba guardada.[34] Para mí sola nació don Quijote, y yo para él: él supo obrar y yo escribir, solos los dos somos para en uno, a despecho y pesar del escritor fingido y tordesillesco que se atrevió o se ha de atrever a escribir con pluma de avestruz grosera y mal deliñada[35] las hazañas de mi valeroso caballero, porque no es carga de sus hombros, ni asunto de su resfriado ingenio;[36] a quien advertirás, si acaso llegas a conocerle, que deje reposar en la sepultura los cansados y ya podridos huesos de don Quijote, y no le quiera llevar, contra todos los fueros de la muerte, a Castilla la Vieja, haciéndole salir de la fuesa[37] donde real y verdaderamente yace tendido de largo a largo, imposibilitado de hacer tercera jornada y salida nueva:[38] que para hacer burla de tantas como hicieron tantos andantes caballeros, bastan las dos que él hizo tan a gusto y beneplácito de las gentes a cuya noticia llegaron,[39] así en éstos como en los extraños reinos. –Y con esto cumplirás con tu cristiana profesión,[40] aconsejando bien a quien mal te quiere, y yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que por las de mi verdadero don Quijote van ya tropezando y han de caer del todo sin duda alguna». Vale.[41] FIN
Espero que mi buena amiga Hortensia no concluya su vida como el señor que me ha acompañado en este viaje. Seguro que tiene remedio. Pero aquí concluye mi viaje por la Ruta de Don Quijote. He conseguido anular dos de las tres habitaciones que tenía reservadas para los próximos días. Los del Hotel Almagro no me han permitido la anulación. Son mala gente. El hotel Puerto en Puerto Lápice y el Hotel Carlos V de Toledo no me han cargado nada.
Supongo que volveré a recorrer estos caminos. Según escribo mi amigo Mauro de Bilbao me desea que Hortensia no me abandone, ella tiene sus ideas particulares y me ha dejado colgado. Según mis datos llevo recorridos con ella 21.500 kilómetros desde que la compré en enero del pasado año. Tampoco está tan mal.
Lo rojo es el recorrido que hice andando.
Como experiencia, decir que esta zona tiene infinidad de posibilidades y que el gobierno de la zona. Como decía el taxista desde Mari Cospedal al gobierno actual todos dicen cosas pero no se trabajan las posibilidades de la zona. Que poco costaría crear una ruta única de Don Quijote y cuanto turismo podría atraer. Seguiré peleándome contra los elementos.
Me decía ayer Tere que mejor no fuese hasta el próximo martes para evitar la situación de obras en las que nos encontramos en nuestro domicilio. No será posible.
Lo de ayer en Ossa de Montiel no tiene nombre. Acabé de escribir el blog y me lancé a la calle. No había nadie, y no encontré ningún sitio donde trasegar cervezas y cenar. Al final volví a Don Quijote y mas o menos solventé la cosa de la restauración.
Volví al Hostal La Paz y me encontré a todos los jubilados que poblaban el lugar. Nada que decir de ellos, solo que van muy despacio por la vida.
Dormí como lo que soy, un señor, y esta mañana cuando he realizo todos los tramites habituales me he situado en la calle de la Paz y había un número indeterminado de jubilados que salían de desayunar.
He preguntado a la jefa del lugar y me ha aclarado sin ninguna duda que podía desayunar en el hostal, que los setenta euros que me costo la habitación no incluían el desayuno.
Como siempre dos cafés, media tostada y me han llenado los bidones con agua de botella. La camarera no se fiaba del agua del pueblo.
Desde allí las indicaciones eran más o menos complicadas. En cualquier caso he llegado a la “redonda”, nosotros la llamamos rotonda donde había una bicicleta gigante.
Desde allí había que subir y subir hasta llegar a la cueva de Montesinos. Vaya despropósito, llegué a la cueva y que sorpresa, estaba cerrada entre semana. Buena campaña de los señores de Castilla Mancha para atraer turistas.
El siguiente paso era visitar el castillo de Rochafrida. Imposible, una bajada muy pronunciada que luego había que volver a subir. Recojo las fotos de google.
Todas las fotos de Google.
CAPÍTULO XVIII
De lo que sucedió a don Quijote en el castillo o casa del Caballero del Verde Gabán, con otras cosas extravagantes Halló don Quijote ser la casa de don Diego de Miranda ancha como de aldea; las armas,[1] empero, aunque de piedra tosca, encima de la puerta de la calle; la bodega, en el patio; la cueva,[2] en el portal, y muchas tinajas a la redonda, que, por ser del Toboso,[3] le renovaron las memorias de su encantada y transformada Dulcinea; y suspirando, y sin mirar lo que decía, ni delante de quién estaba, dijo: —¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas, dulces y alegres cuando Dios quería![4] »¡Oh tobosescas tinajas, que me habéis traído a la memoria la dulce prenda de mi mayor amargura! Oyole decir esto el estudiante poeta hijo de don Diego, que con su madre había salido a recibirle, y madre y hijo quedaron suspensos de ver la extraña figura de don Quijote; el cual, apeándose de Rocinante, fue con mucha cortesía a pedirle las manos para besárselas, y don Diego dijo: —Recibid, señora, con vuestro sólito agrado[5] al señor don Quijote de la Mancha, que es el que tenéis delante, andante caballero, y el más valiente y el más discreto que tiene el mundo. La señora, que doña Cristina se llamaba, le recibió con muestras de mucho amor y de mucha cortesía, y don Quijote se le ofreció con asaz de discretas y comedidas razones. Casi los mismos comedimientos pasó con el estudiante, que en oyéndole hablar don Quijote le tuvo por discreto y agudo. Aquí pinta el autor todas las circunstancias de la casa de don Diego, pintándonos en ellas lo que contiene una casa de un caballero labrador y rico; pero al traductor de esta historia le pareció pasar estas y otras semejantes menudencias en silencio, porque no venían bien con el propósito principal de la historia, la cual más tiene su fuerza en la verdad que en las frías digresiones.[6] Entraron a don Quijote en una sala, desarmole Sancho, quedó en valones y en jubón de camuza,[7] todo bisunto[8] con la mugre de las armas: el cuello era valona a lo estudiantil, sin almidón y sin randas;[9] los borceguíes eran datilados,[10] y encerados los zapatos. Ciñose su buena espada, que pendía de un tahalí de lobos marinos,[11] que es opinión que muchos años fue enfermo de los riñones; cubriose un herreruelo[12] de buen paño pardo, pero antes de todo, con cinco calderos o seis de agua, que en la cantidad de los calderos hay alguna diferencia, se lavó la cabeza y rostro, y todavía se quedó el agua de color de suero, merced a la golosina[13] de Sancho y a la compra de sus negros requesones, que tan blanco pusieron a su amo. Con los referidos atavíos y con gentil donaire y gallardía, salió don Quijote a otra sala, donde el estudiante le estaba esperando para entretenerle en tanto que las mesas se ponían, que por la venida de tan noble huésped quería la señora doña Cristina mostrar que sabía y podía regalar a los que a su casa llegasen. En tanto que don Quijote se estuvo desarmando, tuvo lugar don Lorenzo, que así se llamaba el hijo de don Diego, de decir a su padre: —¿Quién diremos, señor, que es este caballero que vuesa merced nos ha traído a casa? Que el nombre, la figura y el decir que es caballero andante, a mí y a mi madre nos tiene suspensos. —No sé lo que te diga, hijo –respondió don Diego–; sólo te sabré decir que le he visto hacer cosas del mayor loco del mundo y decir razones tan discretas, que borran y deshacen sus hechos: háblale tú y toma el pulso a lo que sabe, y, pues eres discreto, juzga de su discreción o tontería lo que más puesto en razón estuviere, aunque, para decir verdad, antes le tengo por loco que por cuerdo. Con esto, se fue don Lorenzo a entretener a don Quijote, como queda dicho, y entre otras pláticas que los dos pasaron dijo don Quijote a don Lorenzo: —El señor don Diego de Miranda, padre de vuesa merced, me ha dado noticia de la rara habilidad y sutil ingenio que vuestra merced tiene, y, sobre todo, que es vuesa merced un gran poeta. —Poeta, bien podrá ser –respondió don Lorenzo–, pero grande, ni por pensamiento. Verdad es que yo soy algún tanto aficionado a la poesía y a leer los buenos poetas, pero no de manera que se me pueda dar el nombre de grande que mi padre dice. —No me parece mal esa humildad –respondió don Quijote–, porque no hay poeta que no sea arrogante y piense de sí que es el mayor poeta del mundo. —No hay regla sin excepción –respondió don Lorenzo–, y alguno habrá que lo sea y no lo piense. —Pocos –respondió don Quijote–. Pero dígame vuesa merced: ¿qué versos son los que ahora trae entre manos, que me ha dicho el señor su padre que le traen algo inquieto y pensativo? Y si es alguna glosa, a mí se me entiende algo de achaque de glosas, y holgaría saberlos; y si es que son de justa literaria, procure vuestra merced llevar el segundo premio, que el primero siempre se le lleva el favor o la gran calidad de la persona, el
«Hasta ahora –dijo entre sí don Lorenzo– no os podré yo juzgar por loco. Vamos adelante.» Y díjole: —Paréceme que vuesa merced ha cursado las escuelas: ¿qué ciencias ha oído?[15] —La de la caballería andante –respondió don Quijote–, que es tan buena como la de la poesía, y aun dos deditos más. —No sé qué ciencia sea ésa –replicó don Lorenzo–, y hasta ahora no ha llegado a mi noticia. —Es una ciencia –replicó don Quijote– que encierra en sí todas o las más ciencias del mundo, a causa que el que la profesa ha de ser jurisperito y saber las leyes de la justicia distributiva y conmutativa,[16] para dar a cada uno lo que es suyo y lo que le conviene; ha de ser teólogo, para saber dar razón de la cristiana ley que profesa, clara y distintamente, adondequiera que le fuere pedido; ha de ser médico, y principalmente herbolario,[17] para conocer en mitad de los despoblados y desiertos las yerbas que tienen virtud de sanar las heridas, que no ha de andar el caballero andante a cada triquete[18] buscando quien se las cure; ha de ser astrólogo, para conocer por las estrellas cuántas horas son pasadas de la noche y en qué parte y en qué clima del mundo se halla; ha de saber las matemáticas, porque a cada paso se le ofrecerá tener necesidad de ellas; y dejando aparte que ha de estar adornado de todas las virtudes teologales y cardinales,[19] descendiendo a otras menudencias, digo que ha de saber nadar como dicen que nadaba el peje Nicolás o Nicolao,[20] ha de saber herrar un caballo y aderezar la silla y el freno, y, volviendo a lo de arriba, ha de guardar la fe a Dios y a su dama; ha de ser casto en los pensamientos, honesto en las palabras, liberal en las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con los menesterosos y, finalmente, mantenedor de la verdad, aunque le cueste la vida el defenderla. De todas estas grandes y mínimas partes se compone un buen caballero andante. Porque vea vuesa merced, señor don Lorenzo, si es ciencia mocosa[21] lo que aprende el caballero que la estudia y la profesa, y si se puede igualar a las más estiradas[22] que en los ginasios y escuelas se enseñan.[23] —Si eso es así –replicó don Lorenzo–, yo digo que se aventaja esa ciencia a todas. —¿Cómo si es así? –respondió don Quijote. —Lo que yo quiero decir –dijo don Lorenzo– es que dudo que haya habido, ni que los hay ahora, caballeros andantes y adornados de virtudes tantas. —Muchas veces he dicho lo que vuelvo a decir ahora –respondió don Quijote–: que la mayor parte de la gente del mundo está de parecer de que no ha habido en él caballeros andantes; y por parecerme a mí que si el cielo milagrosamente no les da a entender la verdad de que los hubo y de que los hay, cualquier trabajo que se tome ha de ser en vano, como muchas veces me lo ha mostrado la experiencia, no quiero detenerme ahora en sacar a vuesa merced del error que con los muchos tiene:[24] lo que pienso hacer es rogar al cielo le saque de él y le dé a entender cuán provechosos y cuán necesarios fueron al mundo los caballeros andantes en los pasados siglos, y cuán útiles fueran en el presente si se usaran; pero triunfan ahora, por pecados de las gentes, la pereza, la ociosidad, la gula y el regalo. «Escapado se nos ha nuestro huésped –dijo a esta sazón entre sí don Lorenzo–, pero, con todo eso, él es loco bizarro,[25] y yo sería mentecato flojo[26] si así no lo creyese.» Aquí dieron fin a su plática, porque los llamaron a comer. Preguntó don Diego a su hijo qué había sacado en limpio del ingenio del huésped. A lo que él respondió: —No le sacarán del borrador de su locura cuantos médicos y buenos escribanos tiene el mundo:[27] él es un entreverado loco,[28] lleno de lúcidos intervalos. Fuéronse a comer, y la comida fue tal como don Diego había dicho en el camino que la solía dar a sus convidados: limpia, abundante y sabrosa; pero de lo que más se contentó don Quijote fue del maravilloso silencio que en toda la casa había, que semejaba un monasterio de cartujos.[29] Levantados, pues, los manteles, y dadas gracias a Dios y agua a las manos, don Quijote pidió ahincadamente a don Lorenzo dijese los versos de la justa literaria, a lo que él respondió que, por no parecer de aquellos poetas que cuando les ruegan digan sus versos los niegan y cuando no se los piden los vomitan, «yo diré mi glosa, de la cual no espero premio alguno; que sólo por ejercitar el ingenio la he hecho». —Un amigo y discreto –respondió don Quijote– era de parecer que no se había de cansar nadie en glosar versos, y la razón, decía él, era que jamás la glosa podía llegar al texto, y que muchas o las más veces iba la glosa fuera de la intención y propósito de lo que pedía lo que se glosaba, y más, que las leyes de la glosa eran demasiadamente estrechas, que no sufrían interrogantes, ni dijo, ni diré, ni hacer nombres de verbos, ni mudar el sentido, con otras ataduras y estrechezas con que van atados los que glosan, como vuestra merced debe de saber. —Verdaderamente, señor don Quijote –dijo don Lorenzo–, que deseo coger a vuestra merced en un mal latín continuado,[30] y no puedo, porque se me desliza de entre las manos como anguila. —No entiendo –respondió don Quijote– lo que vuestra merced dice ni quiere decir en eso del deslizarme. —Yo me daré a entender –respondió don Lorenzo–, y por ahora esté vuesa merced atento a los versos glosados y a la glosa, que dicen de esta manera: ¡Si mi fue tornase a es, sin esperar más será, o viniese el tiempo ya de lo que será después…![31] Glosa Al fin, como todo pasa, se pasó el bien que me dio fortuna, un tiempo no escasa,[32] y nunca me le volvió, ni abundante ni por tasa.[33] Siglos ha ya que me ves, fortuna, puesto a tus pies: vuélveme a ser venturoso, que será mi ser dichoso si mi fue tornase a es. No quiero otro gusto o gloria, otra palma o vencimiento,[34] otro triunfo, otra victoria, sino volver al contento que es pesar en mi memoria.[35] Si tú me vuelves allá, fortuna, templado está todo el rigor de mi fuego, y más si este bien es luego, sin esperar más será. Cosas imposibles pido, pues volver el tiempo a ser después que una vez ha sido, no hay en la tierra poder que a tanto se haya extendido. Corre el tiempo, vuela y va ligero, y no volverá, y erraría el que pidiese, o que el tiempo ya se fuese o viniese el tiempo ya. Vivir en perpleja vida, ya esperando, ya temiendo, es muerte muy conocida, y es mucho mejor muriendo buscar al dolor salida. A mí me fuera interés acabar, mas no lo es, pues, con discurso mejor, me da la vida el temor de lo que será después. En acabando de decir su glosa don Lorenzo, se levantó en pie don Quijote, y en voz levantada, que parecía grito, asiendo con su mano la derecha de don Lorenzo, dijo: —¡Viven los cielos donde más altos están, mancebo generoso, que sois el mejor poeta del orbe, y que merecéis estar laureado, no por Chipre ni por Gaeta, como dijo un poeta que DiosDespués ha sido un recorrido maravilloso por las lagunas del ruidera.
—No entiendo –respondió don Quijote– lo que vuestra merced dice ni quiere decir en eso del deslizarme. —Yo me daré a entender –respondió don Lorenzo–, y por ahora esté vuesa merced atento a los versos glosados y a la glosa, que dicen de esta manera: ¡Si mi fue tornase a es, sin esperar más será, o viniese el tiempo ya de lo que será después…![31] Glosa Al fin, como todo pasa, se pasó el bien que me dio fortuna, un tiempo no escasa,[32] y nunca me le volvió, ni abundante ni por tasa.[33] Siglos ha ya que me ves, fortuna, puesto a tus pies: vuélveme a ser venturoso, que será mi ser dichoso si mi fue tornase a es. No quiero otro gusto o gloria, otra palma o vencimiento,[34] otro triunfo, otra victoria, sino volver al contento que es pesar en mi memoria.[35] Si tú me vuelves allá, fortuna, templado está todo el rigor de mi fuego, y más si este bien es luego, sin esperar más será. Cosas imposibles pido, pues volver el tiempo a ser después que una vez ha sido, no hay en la tierra poder que a tanto se haya extendido. Corre el tiempo, vuela y va ligero, y no volverá, y erraría el que pidiese, o que el tiempo ya se fuese o viniese el tiempo ya. Vivir en perpleja vida, ya esperando, ya temiendo, es muerte muy conocida, y es mucho mejor muriendo buscar al dolor salida. A mí me fuera interés acabar, mas no lo es, pues, con discurso mejor, me da la vida el temor de lo que será después. En acabando de decir su glosa don Lorenzo, se levantó en pie don Quijote, y en voz levantada, que parecía grito, asiendo con su mano la derecha de don Lorenzo, dijo: —¡Viven los cielos donde más altos están, mancebo generoso, que sois el mejor poeta del orbe, y que merecéis estar laureado, no por Chipre ni por Gaeta, como dijo un poeta que Dios perdone,[36] sino por las academias de Atenas, si hoy vivieran, y por las que hoy viven de París, Bolonia y Salamanca! Plega al cielo que los jueces que os quitaren el premio primero, Febo los asaetee[37] y las musas jamás atraviesen los umbrales de sus casas. Decidme, señor, si sois servido, algunos versos mayores,[38] que quiero tomar de todo en todo el pulso a vuestro admirable ingenio. ¿No es bueno que dicen que se holgó don Lorenzo de verse alabar de don Quijote, aunque le tenía por loco? ¡Oh fuerza de la adulación, a cuánto te extiendes, y cuán dilatados límites son los de tu jurisdicción agradable! Esta verdad acreditó don Lorenzo, pues condescendió con la demanda[39] y deseo de don Quijote, diciéndole este soneto a la fábula o historia de Píramo y Tisbe: SONETO El muro rompe la doncella hermosa que de Píramo abrió el gallardo pecho; parte el Amor de Chipre[40] y va derecho a ver la quiebra[41] estrecha y prodigiosa. Habla el silencio allí, porque no osa la voz entrar por tan estrecho estrecho; las almas sí, que amor suele de hecho facilitar la más difícil cosa. Salió el deseo de compás,[42] y el paso de la imprudente virgen solicita por su gusto su muerte. Ved qué historia: que a entrambos en un punto, ¡oh extraño caso!, los mata, los encubre y resucita una espada, un sepulcro, una memoria. —¡Bendito sea Dios –dijo don Quijote habiendo oído el soneto a don Lorenzo–, que entre los infinitos poetas consumidos que hay he visto un consumado poeta,[43] como lo es vuesa merced, señor mío, que así me lo da a entender el artificio de este soneto! Cuatro días estuvo don Quijote regaladísimo en la casa de don Diego, al cabo de los cuales le pidió licencia para irse, diciéndole que le agradecía la merced y buen tratamiento que en su casa había recibido, pero que por no parecer bien que los caballeros andantes se den muchas horas al ocio y al regalo, se quería ir a cumplir con su oficio, buscando las aventuras, de quien tenía noticia que aquella tierra abundaba, donde esperaba entretener el tiempo hasta que llegase el día de las justas de Zaragoza, que era el de su derecha derrota;[44] y que primero había de entrar en la cueva de Montesinos, de quien tantas y tan admirables cosas en aquellos contornos se contaban, sabiendo e inquiriendo asimismo el nacimiento y verdaderos manantiales de las siete lagunas llamadas comúnmente de Ruidera. Don Diego y su hijo le alabaron su honrosa determinación y le dijeron que tomase de su casa y de su hacienda todo lo que en grado le viniese, que le servirían con la voluntad posible, que a ello les obligaba el valor de su persona y la honrosa profesión suya. Llegose, en fin, el día de su partida, tan alegre para don Quijote como triste y aciago para Sancho Panza, que se hallaba muy bien con la abundancia de la casa de don Diego y rehusaba de volver a la hambre que se usa en las florestas y despoblados y a la estrecheza de sus mal proveídas alforjas. Con todo esto, las llenó y colmó de lo más necesario que le pareció, y al despedirse dijo don Quijote a don Lorenzo: —No sé si he dicho a vuesa merced otra vez, y si lo he dicho lo vuelvo a decir, que cuando vuesa merced quisiere ahorrar caminos y trabajos para llegar a la inaccesible cumbre del templo de la Fama, no tiene que hacer otra cosa sino dejar a una parte la senda de la poesía, algo estrecha, y tomar la estrechísima de la andante caballería, bastante para hacerle emperador en daca las pajas.[45] Con estas razones acabó don Quijote de cerrar el proceso de su locura,[46] y más con las que añadió, diciendo: —Sabe Dios si quisiera llevar conmigo al señor don Lorenzo, para enseñarle cómo se han de perdonar los sujetos y supeditar y acocear los soberbios,[47] virtudes anejas a la profesión que yo profeso; pero pues no lo pide su poca edad,[48] ni lo querrán consentir sus loables ejercicios, sólo me contento con advertirle a vuesa merced que siendo poeta podrá ser famoso si se guía más por el parecer ajeno que por el propio, porque no hay padre ni madre a quien sus hijos le parezcan feos, y en los que lo son del entendimiento[49] corre más este engaño. De nuevo se admiraron padre y hijo de las entremetidas razones de don Quijote, ya discretas y ya disparatadas, y del tema[50] y tesón que llevaba de acudir de todo en todo a la busca de sus desventuradas aventuras, que las tenía por fin y blanco de sus deseos. Reiteráronse los ofrecimientos y comedimientos, y con la buena licencia de la señora del castillo, don Quijote y Sancho, sobre Rocinante y el rucio, se partieron.
He parado en dos o tres sitios, os pongo las fotos. En una de las lagunas me he encontrado con dos ciclistas con perro, que solo hablaban inglés, no nos hemos entendido.
También paró un autocar de jubilados catalanes. Tenían curiosidad. Me han parecido interesantes.
No he entrado en Ruidera, cuando llegué al cruce empecé a subir, a subir y no encontraba el final.
Han sido cincuenta y algunos kilómetros hasta Manzanares. Muchos de ellos subiendo y subiendo. Voy a confesarlo, Hortensia no está bien. Me preocupa.
Ayer hable de la Soledad, hoy en la Nacional que me traía hasta Manzanares la he vuelto a sentir. No había nadie, nadie me podía auxiliar. La península vacía.
Ya he contado las dificultades que me está dando mi hortensia. Aún así y con bastante esfuerzo he seguido el camino. Hasta La Solana he recorrido el camino de forma ascendente, desde ese pueblo he bajado hasta Manzanares.
Mucho tráfico, la Nacional 430 está imposible. Pero he llegado a Manzanares.
Hablando con Tere me he informado de las obras que el seguro de Ocaso han acometido en nuestro domicilio. Siento terriblemente no estar allí para apoyar, aunque sea moralmente a Tere.
El alojamiento de hoy, en un castillo, inmejorable. Las luces escasas, el lugar espléndido. Y estoy dispuesto a dormir en un lugar como ese varios días.
No es posible, mañana tengo que volver al camino.
Ya he dicho, o lo digo ahora que HORTENSIA está sufriendo. La he llevado a un taller de bicis y no se han atrevido a meterle mano.
He jugado al euromillón, he comprado cuatro paquetes de herencia y estoy dispuesto a cenar cualquier tradición del lugar.
Siempre me ha sorprendido los nombres de las funerarias. LAS ANGUSTÍAS, LA SOLEDAD, LA DOLOROSA, en Galicia, se llamán Ramón Perez o Juana López. También en Albacete se llaman Laureano Zafrilla, La Patria, Ibáñez, Hijos De Francisco Santacreu, etc.
La historía no va de funerarias, va de SOLEDAD. Volveré sobre el tema.
Dije ayer que no tenía intención de visitar los múseos del lugar, me permití ver las Iglesias del lugar, la torre antigua, la plaza mayor y el resto de monumentos, no conseguí ir hasta el “supuesto” puente romano y nadie me dio señas del paraje de Ruz.
En cualquier caso la visita cultural fue interesante. Por alguna razón la mayoría de restaurantes en San Clemente cierran los martes. Me toco volver al rincón de la nueva y darme a la chacina y al queso. No estuvo mal.
Previamente conseguí en un estanco jugar al EUROJACKPOT y al CUPONAZO. En la plaza mayor me tomé una cerveza.
Sentí bastante fresco. Me había puesto una camiseta y un cortavientos, llevar las sandalias habituales me produjo un poco de frío. Tras la cena me dirijí a la calle Molina para volver al hotel Milán. Seguía dando vueltas al tema de la ducha.
Está mañana cargué los bidones de agua en una fuente que había en el hotel y dado que el restaurante Milán estaba cerrado me fui hacía el final del pueblo y conseguí desayunar en un bar de la calle principal. El paisano del Bar que llevaba dos pulseras con franjas rojas y gualdas no supe decirme como llegar hasta Villarrobledo por el Camino Viejo. Lo solventé con Google.
Un ciclista, a la altura del cementerio de San Clemente me insistió en que cogiera el camino de El Provencio. No le hice caso.
Hasta Villarrobledo el discurrir fue entre pinares y tierras de viñas y frutales. Buen recorrido. De Villarrobledo solo he visto zonas industriales y un pueblo sin mucho interés.
Un tractorista me indicó que el camino hasta Ossa de Montiel era recto desde donde estaba. Bien. Varias rotondas inmensas hasta conseguir llegar al kilómetro 34 de la carretera hacia el pueblo donde pretendía pernoctar.
Según avanzaba por la carretera comprobé dos cosas. La primera y más importante, las rachas de viento me impedían avanzar. Pedaleaba, intentaba recorrer un par de cientos de metros y cuando llegaba hasta el siguiente hito me parecía que estaba anclado en la carretera.
Todo el camino era ascendente. Creo que ese impedimento no era el principal, lo terrible eran las rachas de hasta 60 kilómetros por hora en contra que esa carretera me deparaba. Veía como las baterías se iban agotando. Yo trabajaba como cualquier día. No avanzaba.
Recorrí de los 34 kilómetros que me distanciaban de Ossa del Montiel 22. Me planté en la carretera y estaba dispuesto a cualquier cosa.
A los diez minutos vi aparecer una furgoneta. El propietario era Bienvenido Cano, un empresario dedicado a las estructuras metálicas. Paró donde le indiqué y sin ninguna duda decidió acercarme hasta el pueblo de mi destino.
Hortensia entró perfectamente en la furgoneta. Las alforjas hicieron de contención de la bicicleta. No había pensado en ningún momento en las subidas que había que realizar para llegar hasta el pueblo, eran 12 kilómetros y un desnivel acumulado de 300 metros. Menos mal que existe gente como Bienvenido Cano.
Hablando con él me ha confesado que es ciclista los domingos. Entiendo que esa actividad le ha aconsejado socorrerme. Menos mal.
Me ha dejado en la puerta del Hostal La Paz. Ha sido desconcertante, una paisana me ha dicho que quería atenderme. Hay dos Hostales La Paz. Han discutido dos señoras donde debía alojarme. Al final, y por el tamaño de Hortensia me han acoplado en la habitación 210 de uno de los Hostales.
Garaje para Hortensia, ascensor hasta la habitación y un grupo de yayos que estaban en el alojamiento. Me han dejado dormir la siesta.
El pueblo no dá muchas opciones, he ido hasta el restaurante DON QUIJOTE y la oferta era la habitual en estos sitios. No me ha disgustado el sitio. Andando estaba muy lejos.
Un paté de pato, que podía ser de cualquier cosa. Estaba frío y no sabía a nada. Los panecillos de “fabrica”. Luego he pedido unas croquetas. Bien. Inmensas y la bechamel mejorable.
He vuelto tranquilamente hasta el Hostal la Paz y me he tomado el tiempo adecuado para dormir la siesta. El resto de los paisanos y paisanas que duermen en el hostal la paz no me han molestado.
Mañana tengo pesamiento descubrir nuevamente las lagunas del ruidera y dormir en Manzanares, como me “joda” excesivamente el viento estoy dispuesto a buscar otro Bienvenido.
Tengo que comprar un boleto del euromillón. Mañana tendré opción de ese trabajo.
CAPÍTULO XXII
Donde se da cuenta de la grande aventura de la cueva de Montesinos, que está en el corazón de la Mancha, a quien dio felice cima el valeroso don Quijote de la Mancha[1] Grandes fueron y muchos los regalos[2] que los desposados hicieron a don Quijote, obligados de las muestras que había dado defendiendo su causa, y al par de la valentía le graduaron la discreción,[3] teniéndole por un Cid en las armas y por un Cicerón en la elocuencia. El buen Sancho se refociló[4] tres días a costa de los novios, de los cuales se supo que no fue traza comunicada con la hermosa Quiteria el herirse fingidamente,[5] sino industria de Basilio, esperando de ella el mismo suceso que se había visto: bien es verdad que confesó que había dado parte de su pensamiento a algunos de sus amigos, para que al tiempo necesario favoreciesen su intención y abonasen[6] su engaño. —No se pueden ni deben llamar engaños –dijo don Quijote– los que ponen la mira en virtuosos fines. Y que el de casarse los enamorados era el fin de más excelencia, advirtiendo que el mayor contrario que el amor tiene es la hambre y la continua necesidad, porque el amor es todo alegría, regocijo y contento, y más cuando el amante está en posesión de la cosa amada, contra quien son enemigos opuestos y declarados la necesidad y la pobreza; y que todo esto decía con intención de que se dejase el señor Basilio de ejercitar las habilidades que sabe, que aunque le daban fama, no le daban dineros, y que atendiese a granjear hacienda por medios lícitos e industriosos, que nunca faltan a los prudentes y aplicados. —El pobre honrado (si es que puede ser honrado el pobre)[7] tiene prenda en tener mujer hermosa, que cuando se la quitan, le quitan la honra y se la matan. La mujer hermosa y honrada cuyo marido es pobre merece ser coronada con laureles y palmas de vencimiento y triunfo. La hermosura por sí sola atrae las voluntades de cuantos la miran y conocen, y como a señuelo gustoso se le abaten las águilas reales y los pájaros altaneros; pero si a la tal hermosura se le junta la necesidad y estrecheza, también la embisten los cuervos, los milanos y las otras aves de rapiña: y la que está a tantos encuentros firme bien merece llamarse corona de su marido.[8] Mirad, discreto Basilio –añadió don Quijote–: opinión fue de no sé qué sabio que no había en todo el mundo sino una sola mujer buena, y daba por consejo que cada uno pensase y creyese que aquella sola buena era la suya, y así viviría contento. Yo no soy casado, ni hasta ahora me ha venido en pensamiento serlo, y, con todo esto, me atrevería a dar consejo al que me lo pidiese del modo que había de buscar la mujer con quien se quisiese casar. Lo primero, le aconsejaría que mirase más a la fama que a la hacienda, porque la buena mujer no alcanza la buena fama solamente con ser buena, sino con parecerlo,[9] que mucho más dañan a las honras de las mujeres las desenvolturas y libertades públicas que las maldades secretas. Si traes buena mujer a tu casa, fácil cosa sería conservarla y aun mejorarla en aquella bondad; pero si la traes mala, en trabajo te pondrá el enmendarla, que no es muy hacedero pasar de un extremo a otro. Yo no digo que sea imposible, pero téngolo por dificultoso. Oía todo esto Sancho y dijo entre sí: —Este mi amo, cuando yo hablo cosas de meollo y de sustancia, suele decir que podría yo tomar un púlpito en las manos y irme por ese mundo adelante predicando lindezas; y yo digo de él que cuando comienza a enhilar sentencias y a dar consejos, no sólo puede tomar un púlpito en las manos, sino dos en cada dedo, y andarse por esas plazas a ¿qué quieres, boca?[10] ¡Válate el diablo por caballero andante, que tantas cosas sabes! Yo pensaba en mi ánima que sólo podía saber aquello que tocaba a sus caballerías, pero no hay cosa donde no pique y deje de meter su cucharada.[11] Murmuraba esto algo Sancho, y entreoyole su señor y preguntole: —¿Qué murmuras, Sancho? —No digo nada, ni murmuro de nada –respondió Sancho–; sólo estaba diciendo entre mí que quisiera haber oído lo que vuesa merced aquí ha dicho antes que me casara, que quizá dijera yo ahora: «El buey suelto bien se lame».[12] —¿Tan mala es tu Teresa, Sancho? –dijo don Quijote. —No es muy mala –respondió Sancho–, pero no es muy buena: a lo menos, no es tan buena como yo quisiera. —Mal haces, Sancho –dijo don Quijote–, en decir mal de tu mujer, que en efecto es madre de tus hijos. —No nos debemos nada –respondió Sancho–, que también ella dice mal de mí cuando se le antoja, especialmente cuando está celosa, que entonces súfrala el mismo Satanás. Finalmente, tres días estuvieron con los novios, donde fueron regalados y servidos como cuerpos de rey. Pidió don Quijote al diestro licenciado[13] le diese una guía que le encaminase a la cueva de Montesinos, porque tenía gran deseo de entrar en ella y ver a ojos vistas si eran verdaderas las maravillas que de ella se decían por todos aquellos contornos. El licenciado le dijo que le daría a un primo suyo, famoso[14] estudiante y muy aficionado a leer libros de caballerías, el cual con mucha voluntad le pondría a la boca de la misma cueva y le enseñaría las lagunas de Ruidera, famosas asimismo en toda la Mancha, y aun en toda España; y díjole que llevaría con él gustoso entretenimiento, a causa que era mozo que sabía hacer libros para imprimir y para dirigirlos a príncipes.[15] Finalmente, el primo vino con una pollina preñada, cuya albarda cubría un gayado tapete o arpillera.[16] Ensilló Sancho a….
Pues en estos lugares donde Sancho es protagonista estoy. Mañana, si el viento lo permite recorré los lugares Cervantinos hasta Manzanares.
Vuelvo a la SOLEDAD. En el camino desde Villarrobledo hasta donde me ha recogido Bienvenido, he sentido que no había nadie a mi alrededor. No oía nada, no veía a nadie. Me jodía un camino sin opciones de de socializar. Vaya recorrido.
Me pedía Maribel en su comentario sobre la entrada de ayer la receta de duelos y quebrantos. A continuación la tienes:
Ingredientes
Para 1 personas
Huevos 3
Sesos de cordero 1
Chorizo fresco 50 g
Panceta 70 g
Aceite de oliva virgen extra
Sal
Agua con sal
Cómo hacer duelos y quebrantos
Dificultad: Fácil
Tiempo total21 m
Elaboración4 m
Cocción17 m
Como toda pieza de casquería, lo primero que debemos hacer es lavar y preparar los sesitos. Para hacerlo basta con que los escaldemos enteros en agua con sal hirviendo durante cinco minutos y luego los enfriemos en agua fría con hielo.
Mientras tanto, desmigamos el chorizo y lo sofreímos a fuego bajo junto al tocino para cocinarlo y que suelten la grasa, que desecharemos, pues solo nos interesa cocinar las carnes, no la grasa que desprendan.
Fijaros si era un plato importante en la cocina que solo se lo permitía Don Quijote los fines de semana.
El hotel de ayer estaba pelín retirado del centro del pueblo. Como compensación estaba en las proximidades el Bar el Cruce. Cuando acabé de cenar a eso de las once de noche estaba abierto, a las cinco cuando me he despertado para la cosa mingitoría ya estaba abierto. No paran.
Por abreviar el recorrido de ayer no me pasé por el lugar de donde era natural DULCINEA, hoy lo he intentando, pero suponía un desvío de poco más de treinta kilómetros. He decidido que Dulcinea me puede esperar en su pueblo, hoy no era el día de conocer de primera mano a tan insigne dama. Realmente no es mi tipo esa señora.
Después de desayunar en el bar el cruce he tomado el camino hacía Campo de Criptana. He visto los molinos a lo lejos y cuando me acercaba al paraje donde están “los gigantes” he decidido seguir mi camino. Lo mismo me pasó ayer, vi los molinos de Alcazar de San Juan y cuando pretendía fotografiarlos, la vista no era la adecuada.
Las fotos de los Molinos de Campo de Criptana son cortesía de Google.
Desde Campo de Criptana he acometido el recorrido hasta la provincia de Cuenca. He pasado por Pedro Muñoz, Las Mesas, después he cogido un camino que me ha llevado hasta El provencio y desde allí, nuevamente por carretera hasta San Clemente.
En mi pueblo es el Niño Jesús de Praga. En Las Mesas “El Santo Niño de la Bola”, son mucho más prácticos.
Había gente vendimiando, había majuelos a los que todavía no le habían metido mano y tenía el fruto colgado. Los pueblos por los que he pasado están bien para ser de la península vaciada. Poco que ver y desgraciadamente poca gente a la que preguntar por mi camino.
En el camino entre Las Mesas y El Provencio he comprobado como cosechan cebollas por estas tierras. Es momento de acordarse de lo que Don Quijote recomendaba a Sancho en el cuarenta y tres de la novela que nos traemos entre manos.
Recolectando cebollas.
“CAPÍTULO XLIII
De los consejos segundos que dio don Quijote a Sancho Panza ¿Quién oyera el pasado razonamiento de don Quijote que no le tuviera por persona muy cuerda y mejor intencionada? Pero, como muchas veces en el progreso de esta grande historia queda dicho, solamente disparaba[1] en tocándole en la caballería, y en los demás discursos mostraba tener claro y desenfadado entendimiento, de manera que a cada paso desacreditaban sus obras su juicio, y su juicio sus obras; pero en esta de estos segundos documentos que dio a Sancho mostró tener gran donaire y puso su discreción y su locura en un levantado punto.[2] Atentísimamente le escuchaba Sancho y procuraba conservar en la memoria sus consejos, como quien pensaba guardarlos y salir por ellos a buen parto de la preñez de su gobierno. Prosiguió, pues, don Quijote y dijo: —En lo que toca a cómo has de gobernar tu persona y casa, Sancho, lo primero que te encargo es que seas limpio y que te cortes las uñas, sin dejarlas crecer, como algunos hacen, a quien su ignorancia les ha dado a entender que las uñas largas les hermosean las manos,[3] como si aquel excremento[4] y añadidura que se dejan de cortar fuese uña, siendo antes garras de cernícalo lagartijero,[5] puerco y extraordinario abuso. »No andes, Sancho, desceñido y flojo, que el vestido descompuesto da indicios de ánimo desmazalado,[6] si ya la descompostura y flojedad no cae debajo de socarronería, como se juzgó en la de Julio César.[7] »Toma con discreción el pulso a lo que pudiere valer tu oficio, y si sufriere que des librea a tus criados,[8] dásela honesta y provechosa más que vistosa y bizarra, y repártela entre tus criados y los pobres: quiero decir que si has de vestir seis pajes, viste tres y otros tres pobres, y así tendrás pajes para el cielo y para el suelo; y este nuevo modo de dar librea no le alcanzan los vanagloriosos. »No comas ajos ni cebollas, porque no saquen por el olor tu villanería.[9] »Anda despacio; habla con reposo, pero no de manera que parezca que te escuchas a ti mismo, que toda afectación es mala. »Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina[10] del estómago. »Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra. »Ten cuenta, Sancho, de no mascar a dos carrillos ni de erutar delante de nadie.”
Por lo demás el camino llano y bastante bueno. Me he ahorrado casi 15 kilómetros por ese camino y ha sido mucho más agradable que sufrir el humo de los camiones.
En El Provencio, había tres o cuatro viejos a la puerta De la Iglesia, he visto llegar un coche fúnebre que se acercaba a donde estaban. He huido de allí. Hay cosas que mejor no relacionarse con ellas.
El Provencio.
En San Clemente he comido en el Rincón de la Nueva. Un bar sin pretensiones que tenía un magnifico paté de perdiz y un lomo de orza riquísimo. Dos medias raciones hubieran dado para comer y cenar. Se estaba bien en el establecimiento.
La comida en el rincón de la nueva.
Lo del hotel ha sido un poco más complicado. Cuando he llegado estaba todo cerrado. Un teléfono para hablar con la recepción. Al rato apareció por el lugar una señora con su bata de “guatiné”, me ha dado las llaves y una charla sobre la utilidad de cada una de ellas y ha desaparecido.
La habitación está bastante bien, solo hay un problema. Tiene un jacuzzi que no pienso usar y me tocará ducharme a trozos.
La habitación en Hostal Milán I.
No son todavía las seis de la tarde y como las moscas tampoco me han dejado dormir la siesta ya he acabado de escribir la entrada de hoy.
Ahora toca la visita cultural del día. Ya veremos lo que nos depara el lugar.
Según el buscador tengo que ver la plaza mayor, diversos museos (que por supuesto no visitaré) la Iglesia De Santiago Apóstol, la Torre Vieja, el puente romano (que seguramente no sea romano) y el paraje de Rus (que dice google que es un lugar Cervantino). Vamos a recorrer San Clemente.
El bar del hotel de Tembleque cierra los lunes. Me tocó ir un par de kilómetros en dirección contraria para desayunar. Está claro que en coche dos kilómetros no se notan, dos kilómetros de ida y otros dos de vuelta son cuatro en bicicleta. No digo más.
Teníamos un objetivo, dormir en Alcazar de San Juan, en el medio teníamos varios lugares que son parte de mi particular “Ruta de Don Quijote”, unos los he visitado, otros me les he ahorrado y al final he replanteado todo el recorrido.
Villacañas, La Villa de Don Fadrique, La Puebla de Almoradiel, Miguel Esteban y Alcazar de San Juan. Poco más de 75 kilómetros y una buena mañana de ciclismo.
Ayer se me olvidó comentar que había pasado por el terrible “penal de Ocaña”, parece terrible desde fuera. No quiero imaginar lo que sufrían los presos en esa cárcel dentro. Sé que soy injusto, me acuerdo especialmente de aquellos hombres que por su ideología eran encerrados en ese terrible penal.
Lo de hoy ha sido raro. Como soy un poco maniático, me ha jodido que al comenzar el recorrido las baterías estaban “solo” al 96%, que desastre.
Os voy a ser muy sincero, los distintos pueblos que he visitado no me han aportado mucho. He tirado algunas fotos, nada especialmente interesante. Creo yo.
Por el camino hay muchos majuelos, según avanzaba veía aquellos que ya habían sido vendimiados y los que no. Hojas lacias, terreno pisoteado y la falta de uvas nos describía claramente los viñedos que han sido recogidos. Aquellos que sus hojas están tersas y los caminos están inmaculados son los que todavía tienen pendiente su recolección. No he podido parar. Circulaba por la carretera. He visto dos tipos de vendimia. La de la familia que está recolectando sus terrenos y la de aquellos que contratan personal y ponen en la vendimia cada uno de sus posibles para conseguir hacer una buena recolección. Un grupo de inmigrantes trabajando, el propietario de los viñedos coordinando es lo que caracteriza este tipo de vendimia. Del primer tipo tengo un ejemplo en Toro. Abelardo y Feli, tenían unas viñas, cada año en tiempo de vendimia recurrían a sus tres hijos e incluso en algún momento echaron mano de mi suegra para recolectar el fruto de su trabajo.
El segundo tipo de recogida de uvas me recuerda a mi juventud. Para conseguir dinero y poder sacar el carnet de conducir, me fui a la vendimia a Matapozuelos. Es verdad que los propietarios vendimiaban mucho más rápido que nosotros.
Tuvimos suerte. El tiempo amenazaba lluvía y el paisano propietario de las viñas se empeñaba en pagarnos (año 1972) 300 pesetas por día. Viendo que se le podía “joder” la cosecha nos plantamos y le exigimos 400 pesetas por día. Ganamos la batalla. No tenía ni dieciocho años y ya estaba dando por el culo a la patronal.
Acabada la vendimia en la denominación de origen “Rueda”, todavía no existía. Me fui a completar los ingresos a CIGALES. Coincidí en el viñedo con mi buen amigo José María Fernandez Calleja. Chomín. Un gran peridista y una víctima del COVID.
En CIGALES conseguimos que nos pagaran 450 pesetas día. Había que pagar el autobús de Valladolid a CIGALES y vuelta, compensaba.
Conseguí mi carnet de conducir en el año 1973, Para que nos hicieran un diez por ciento de descuento: 6300 pesetas en Autoescuela Tudela, había que hacer un grupo de cinco personas: Ángel Allué. El Porno, El Nazí, Otro que no recuerdo y yo.
Llegado al momento en que he contado todas las bobadas que tenía guardadas nos enfrentamos al momento de la verdad.
He llegado a Alcazar de San Juan, la verdad es que no he visto nada que fuera especialmente interesante. Este pueblo, como todos, es un ejemplo de magnífico de las marcas. No voy a pelearme con ellas.
Comí Duelos y quebrantos emulando a Don Quijote. Es un plato delicioso y en el lugar que lo he comido lo preparaban bien.
Estamos mirándonos el ombligo, dicho eso, es posible que sigamos disfrutando del viaje. Que se joda el camino.
Dos pequeñas cosas para cerrar este capítulo, hoy he comido Duelos y quebrantos. Página uno del libro que nos acompaña.
En cuanto a la vendimia comentar las opiniones de Don Miguel sobre las uvas.
He felicitado a mi amigo Fernando Marín, ciudadano de Ciadad Real. Me ha deseado una feliz estancia en tierras de la Mancha.
CAPÍTULO PRIMERO
Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente hidalgo don Quijote de la Mancha[2] En un lugar[3] de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme,[4] no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero,[5] adarga antigua,[6] rocín flaco[7] y galgo corredor.[8] Una olla de algo más vaca que carnero,[9] salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados,[10] lantejas los viernes, algún palomino de añadidura[11] los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.[12] El resto de ella concluían sayo de velarte,[13] calzas de velludo para las fiestas,[14] con sus pantuflos de lo mismo,[15] y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino.[16] Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza[17] que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años.[18] Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro,[19] gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir[20] que tenía el sobrenombre de «Quijada», o «Quesada»,[21] que en esto hay alguna diferencia en los autores que de este caso escriben, aunque por conjeturas verisímiles se deja entender que se llamaba «Quijana». Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración de él no se salga un punto de la verdad.[22] Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso –que eran los más del año–, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas fanegas de tierra de sembradura[23] para comprar libros de caballerías en que leer, y, así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber de ellos; y, de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva,[24] porque la claridad de su prosa y aquellas intricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos,[25] donde en muchas partes hallaba escrito: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura». Y también cuando leía: «Los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza…».[26] Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mismo Aristóteles, si resucitara
CAPÍTULO LI
Del progreso del gobierno de Sancho Panza, con otros sucesos tales como buenos Amaneció el día que se siguió a la noche de la ronda del gobernador, la cual el maestresala pasó sin dormir, ocupado el pensamiento en el rostro, brío y belleza de la disfrazada doncella; y el mayordomo ocupó lo que de ella faltaba en escribir a sus señores lo que Sancho Panza hacía y decía, tan admirado de sus hechos como de sus dichos, porque andaban mezcladas sus palabras y sus acciones, con asomos discretos y tontos. Levantose, en fin, el señor gobernador, y por orden del doctor Pedro Recio le hicieron desayunar con un poco de conserva[1] y cuatro tragos de agua fría, cosa que la trocara Sancho con un pedazo de pan y un racimo de uvas; pero viendo que aquello era más fuerza que voluntad, pasó por ello, con harto dolor de su alma y fatiga de su estómago, haciéndole creer Pedro Recio que los manjares pocos y delicados avivaban el ingenio, que era lo que más convenía a las personas constituidas en mandos y en oficios graves, donde se han de aprovechar no tanto de las fuerzas corporales como de las del entendimiento. Con esta sofistería[2] padecía hambre Sancho, y tal, que en su secreto maldecía el gobierno, y aun a quien se le había dado; pero con su hambre y con su conserva se puso a juzgar aquel día, y lo primero que se le ofreció fue una pregunta que un forastero le hizo, estando presentes a todo el mayordomo y los demás acólitos, que fue: —Señor, un caudaloso río dividía dos términos de un mismo señorío, y esté vuestra merced atento, porque el caso es de importancia y algo dificultoso… Digo, pues, que sobre este río estaba una puente, y al cabo de ella una horca y una como casa de audiencia, en la cual de ordinario había cuatro jueces que juzgaban[3] la ley que puso el dueño del río, de la puente y del señorío, que era en esta forma: «Si alguno pasare por esta puente de una parte a otra, ha de jurar primero adónde y a qué va; y si jurare verdad, déjenle pasar, y si dijere mentira, muera por ello ahorcado en la horca que allí se muestra, sin remisión alguna». Sabida esta ley y la rigurosa condición de ella, pasaban muchos, y luego en lo que juraban se echaba de ver que decían verdad y los jueces los dejaban pasar libremente. Sucedió, pues, que tomando juramento a un hombre juró y dijo que para[4] el juramento que hacía, que iba a morir en aquella horca que allí estaba, y no a otra cosa. Repararon los jueces en el juramento y dijeron: «Si a este hombre le dejamos pasar libremente, mintió en su juramento, y conforme a la ley debe morir;
Vosotras las familiares Inevitables, golosas Vosotras, moscas vulgares Me evocáis todas las cosas
Oh, viejas moscas voraces Como abejas en abril Viejas moscas pertinaces Sobre mi calva infantil
Moscas de todas las horas De infancia y adolescencia De mi juventud dorada De esta segunda inocencia Que da el no creer en nada En nada
Moscas del primer hastío En el salón familiar Las claras tardes de estío En que yo empecé a soñar
Y en la aborrecida escuela Raudas moscas divertidas Perseguidas, perseguidas Por amor de lo que vuela
Yo sé que os habéis posado Sobre el juguete encantado Sobre el librote cerrado Sobre la carta de amor Sobre los párpados yertos De los muertos
Inevitables golosas Que ni labráis como abejas Ni brilláis cual mariposas Pequeñitas, revoltosas Vosotras, amigas viejas Me evocáis todas las cosas.
No era mi intención citar a Don Antonio Machado, la siesta que me han ofrecido las “putas moscas” me ha hecho recordar este maravilloso poema.
No he dormido nada por culpa de esos peculiares insectos.
Estreno hoy el otoño, pedaleando. Cualquier cambio de estación es un buen momento para realizar una excursión en bici.
Desde que volví de Vera (Almería) he estado pendiente de que nos resuelvan la avería que nos hizo el vecino del tercero. He dedicado unos buenos ratos para conseguir que comprobaran la avería el albañil, el parquetista, el carpintero y el pintor. He conseguido casi todas las citas y al final será Tere quien se ocupe de atender a tantos operarios.
Mi idea para era salir de Madrid y recorrrer algunas de las carreteras de la provincia de Toledo.
No he acertado nada. Viaje en tren hasta Aranjuez y de golpe una carrera popular en el interior de Aranjuez que me impedía visitar el palacio. Tuve la suerte de ver a una paisana, en el Tajo, alimentando a los patos y a los cisnes.
Nuestro querido Google se empeñó en meterme por un camino intransitable. Barro, piedras sueltas, vamos, camino impracticable. Pregunté a un “galán” sobre un camino más adecuado. Mejor que se hubiera dedicado como era su costumbre al onanismo. No conseguí sacarle ninguna información coherente.
Trabajando mi intuición y temiendo equivocarme conseguí encontrar la carretera de Ontigola. Según me informaban en ese pueblo está el espacio natural del Mar de Ontigola, no ví nada.
El siguiente “hito” era llegar hasta Ocaña. Volvimos a recorrer la A4 en su vía de servicio. Estoy convencido de que no es el mejor paisaje, pero no había otro.
Encontré tiendas de muebles de las que siempre se anunciaban en Madrid. Muebles xxxx, en la carretera de Andalucía kilómetro xxx. Están claramente en proceso de cierre.
Comprobé como era el recorrido hasta Tembleque entrando en Ocaña y evitando el pueblo. Decidí ver la plaza mayor de ese lugar de la provincia de Toledo.
Entré hacia Ocaña y me resultó imposible circular por el carril bici de la localidad hasta casi dos kilómetros desde que me desvié hacia esa población.
Llegamos Hortensia y yo hasta la plaza Mayor de Ocaña. Realmente bonita. Ocupada, como todas por las terrazas de distintos establecimientos hoteleros.
Fotos, camino a la inversa por dirección prohibida, y muchos datos de los lugareños que nos impiden emprender el correcto camino.
Hasta Tembleque nos quedan 33 kilómetros, el recorrido por caminos, por nacional IVa y por donde díos se equivocó para indicarnos como llegar al pueblo de nuestra estancia. Mucho camino, muchos pasos por encima y por debajo de las autovías, pinares, olivares y viñedos. Estos últimos, unos recolectados y otros en pleno proceso.
Tuve que hacer un pequeño receso para sentarme en el campo. No me gustó nada.
Por malos caminos llegamos Hortensia y yo hasta Tembleque.
La plaza mayor del lugar es realmente espectacular. Ojalá sea visitada por más gente.
Comí en la plaza. Unas migas y una Torrija con helado de canela. Bien.
“CAPÍTULO LIX
Donde se cuenta del extraordinario suceso, que se puede tener por aventura, que le sucedió a don Quijote Al polvo y al cansancio que don Quijote y Sancho sacaron del descomedimiento de los toros socorrió una fuente clara y limpia que entre una fresca arboleda hallaron, en el margen de la cual, dejando libres sin jáquima[1] y freno al rucio y a Rocinante, los dos asendereados amo y mozo se sentaron. Acudió Sancho a la repostería[2] de sus alforjas y de ellas sacó de lo que él solía llamar condumio;[3] enjuagose la boca, lavose don Quijote el rostro, con cuyo refrigerio cobraron aliento los espíritus desalentados. No comía don Quijote, de puro pesaroso, ni Sancho no osaba tocar a los manjares que delante tenía, de puro comedido, y esperaba a que su señor hiciese la salva;[4] pero viendo que llevado de sus imaginaciones no se acordaba de llevar el pan a la boca, no abrió la suya y, atropellando por todo género de crianza,[5] comenzó a embaular en el estómago el pan y queso que se le ofrecía. —Come, Sancho amigo –dijo don Quijote–: sustenta la vida, que más que a mí te importa, y déjame morir a mí a manos de mis pensamientos y a fuerzas de mis desgracias. Yo, Sancho, nací para vivir muriendo y tú para morir comiendo; y porque veas que te digo verdad en esto, considérame impreso en historias, famoso en las armas, comedido en mis acciones, respetado de príncipes, solicitado de doncellas: al cabo al cabo, cuando esperaba palmas, triunfos y coronas, granjeadas y merecidas por mis valerosas hazañas, me he visto esta mañana pisado y acoceado y molido de los pies de animales inmundos y soeces. Esta consideración me embota los dientes, entorpece las muelas y entomece las manos y quita de todo en todo[6] la gana del comer, de manera que pienso dejarme morir de hambre, muerte la más cruel de las muertes. —De esa manera –dijo Sancho, sin dejar de mascar apriesa–, no aprobará vuestra merced aquel refrán que dicen: «Muera Marta, y muera harta». Yo a lo menos no pienso matarme a mí mismo, antes pienso hacer como el zapatero, que tira el cuero con los dientes hasta que le hace llegar donde él quiere: yo tiraré mi vida comiendo hasta que llegue al fin que le tiene determinado el cielo; y sepa, señor, que no hay mayor locura que la que toca en querer desesperarse[7] como vuestra merced, y créame y después de comido échese a dormir un poco sobre los colchones verdes de estas yerbas, y verá como cuando despierte se halla algo más aliviado. Hízolo así don Quijote, pareciéndole que las razones de Sancho más eran de filósofo que de mentecato, y díjole:
Llegar al hotel se complicó, pero lo conseguimos. No había nada tan grandes: y es que mientras yo duermo, obedeciendo tus consejos, tú te desviases un poco lejos de aquí y con las riendas de Rocinante, echando al aire tus carnes, te dieses trescientos o cuatrocientos azotes a buena cuenta de los tres mil y tantos que te has de dar por el desencanto de Dulcinea, que es lástima no pequeña que aquella pobre señora esté encantada por tu descuido y negligencia. —Hay mucho que decir en eso –dijo Sancho–. Durmamos por ahora entrambos, y después Dios dijo lo que será.[8] Sepa vuestra merced que esto de azotarse un hombre a sangre fría es cosa recia, y más si caen los azotes sobre un cuerpo mal sustentado y peor comido: tenga paciencia mi señora Dulcinea, que cuando menos se cate[9] me verá hecho una criba,[10] de azotes; y hasta la muerte, todo es vida: quiero decir, que aún yo la tengo, junto con el deseo de cumplir con lo que he prometido. Agradeciéndoselo don Quijote, comió algo, y Sancho mucho, y echáronse a dormir entrambos, dejando a su albedrío y sin orden alguna[11] pacer del abundosa yerba de que aquel prado estaba lleno a los dos continuos compañeros y amigos Rocinante y el rucio. Despertaron algo tarde, volvieron a subir y a seguir su camino, dándose priesa para llegar a una venta que al parecer una legua de allí se descubría. Digo que era venta porque don Quijote la llamó así, fuera del uso que tenía de llamar a todas las ventas castillos. Llegaron, pues, a ella; preguntaron al huésped si había posada; fueles respondido que sí, con toda la comodidad y regalo que pudiera hallar en Zaragoza. Apeáronse y recogió Sancho su repostería en un aposento de quien el huésped le dio la llave, llevó las bestias a la caballeriza, echoles sus piensos, salió a ver lo que don Quijote, que estaba sentado sobre un poyo,[12] le mandaba, dando particulares gracias al cielo de que a su amo no le hubiese parecido castillo aquella venta. Llegose la hora del cenar, recogiéronse a su estancia; preguntó Sancho al huésped que qué tenía para darles de cenar, a lo que el huésped respondió que su boca sería medida[13] y, así, que pidiese lo que quisiese, que de las pajaricas del aire, de las aves de la tierra y de los pescados del mar estaba proveída aquella venta. —No es menester tanto –respondió Sancho–, que con un par de pollos que nos asen tendremos lo suficiente, porque mi señor es delicado y come poco, y yo no soy tragantón en demasía. Respondiole el huésped que no tenía pollos, porque los milanos[14] los tenían asolados. —Pues mande el señor huésped –dijo Sancho– asar una polla[15] que sea tierna. —¿Polla? ¡Mi padre! –respondió el huésped–. En verdad en verdad que envié ayer a la ciudad a vender más de cincuenta; pero, fuera de pollas, pida vuestra merced lo que quisiere.
—De esa manera –dijo Sancho–, no faltará ternera o cabrito. —En casa por ahora –respondió el huésped– no lo hay, porque se ha acabado, pero la semana que viene lo habrá de sobra. —¡Medrados estamos con eso![16] –respondió Sancho–. Yo pondré[17] que se vienen a resumirse todas estas faltas en las sobras que debe de haber de tocino y huevos. —¡Por Dios –respondió el huésped– que es gentil relente[18] el que mi huésped tiene! Pues hele dicho que ni tengo pollas ni gallinas, ¡y quiere que tenga huevos! Discurra, si quisiere, por otras delicadezas, y déjese de pedir gullurías.[19] —Resolvámonos, cuerpo de mí –dijo Sancho–, y dígame finalmente lo que tiene y déjese de discurrimientos, señor huésped. Dijo el ventero: —Lo que real y verdaderamente tengo son dos uñas de vaca que parecen manos de ternera, o dos manos de ternera que parecen uñas de vaca;[20] están cocidas con sus garbanzos, cebollas y tocino, y la hora de ahora están diciendo: «¡Comeme! ¡Comeme!».[21] —Por mías las marco desde aquí –dijo Sancho–, y nadie las toque, que yo las pagaré mejor que otro, porque para mí ninguna otra cosa pudiera esperar de más gusto, y no se me daría nada que fuesen manos, como fuesen uñas. —Nadie las tocará –dijo el ventero–, porque otros huéspedes que tengo, de puro principales, traen consigo cocinero, despensero[22] y repostería. —Si por principales va –dijo Sancho–, ninguno más que mi amo; pero el oficio que él trae no permite despensas ni botillerías: ahí nos tendemos en mitad de un prado y nos hartamos de bellotas o de nísperos.[23] Ésta fue la plática que Sancho tuvo con el ventero, sin querer Sancho pasar adelante en responderle, que ya le había preguntado qué oficio o qué ejercicio era el de su amo. Llegose, pues, la hora del cenar, recogiose a su estancia don Quijote, trujo el huésped la olla, así como estaba, y sentose a cenar muy de propósito. Parece ser que en otro aposento que junto al de don Quijote estaba, que no le dividía más que un sutil tabique, oyó decir don Quijote: —Por vida de vuestra merced, señor don Jerónimo, que en tanto que traen la cena leamos otro capítulo de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha.[24] Apenas oyó su nombre don Quijote, cuando se puso en pie y con oído alerto[25] escuchó lo que de él trataban y oyó que el tal don Jerónimo referido respondió: —¿Para qué quiere vuestra merced, señor don Juan, que leamos estos disparates, si el que hubiere leído la primera parte de la historia de don Quijote de la Mancha no es posible que pueda tener gusto en leer esta segunda?
—Con todo eso –dijo el don Juan–, será bien leerla, pues no hay libro tan malo, que no tenga alguna cosa buena.[26] Lo que a mí en éste más desplace es que pinta a don Quijote ya desenamorado de Dulcinea del Toboso.[27] Oyendo lo cual don Quijote, lleno de ira y de despecho alzó la voz y dijo: —Quienquiera que dijere que don Quijote de la Mancha ha olvidado ni puede olvidar a Dulcinea del Toboso, yo le haré entender con armas iguales que va muy lejos de la verdad; porque la sin par Dulcinea del Toboso ni puede ser olvidada, ni en don Quijote puede caber olvido: su blasón es la firmeza, y su profesión, el guardarla con suavidad y sin hacerse fuerza alguna. —¿Quién es el que nos responde? –respondieron del otro aposento. —¿Quién ha de ser –respondió Sancho– sino el mismo don Quijote de la Mancha, que hará bueno cuanto ha dicho y aun cuanto dijere, que al buen pagador no le duelen prendas? Apenas hubo dicho esto Sancho, cuando entraron por la puerta de su aposento dos caballeros, que tales lo parecían, y uno de ellos, echando los brazos al cuello de don Quijote, le dijo: —Ni vuestra presencia puede desmentir vuestro nombre, ni vuestro nombre puede no acreditar vuestra presencia: sin duda vos, señor, sois el verdadero don Quijote de la Mancha, norte y lucero de la andante caballería, a despecho y pesar del que ha querido usurpar vuestro nombre y aniquilar vuestras hazañas, como lo ha hecho el autor de este libro que aquí os entrego. Y poniéndole un libro en las manos, que traía su compañero, le tomó don Quijote y, sin responder palabra, comenzó a hojearle, y de allí a un poco se le volvió, diciendo: —En esto poco que he visto he hallado tres cosas en este autor dignas de reprehensión. La primera es algunas palabras que he leído en el prólogo;[28] la otra, que el lenguaje es aragonés, porque tal vez escribe sin artículos,[29] y la tercera, que más le confirma por ignorante, es que yerra y se desvía de la verdad en lo más principal de la historia, porque aquí dice que la mujer de Sancho Panza mi escudero se llama Mari Gutiérrez, y no llama tal, sino Teresa Panza: y quien en esta parte tan principal yerra, bien se podrá temer que yerra en todas las demás de la historia. A esto dijo Sancho: —¡Donosa cosa de historiador! ¡Por cierto, bien debe de estar en el cuento de nuestros sucesos, pues llama a Teresa Panza, mi mujer, «Mari Gutiérrez»![30] Torne a tomar el libro, señor, y mire si ando yo por ahí y si me ha mudado el nombre. —Por lo que he oído hablar, amigo –dijo don Jerónimo–, sin duda debéis de ser Sancho Panza, el escudero del señor don Quijote. —Sí soy –respondió Sancho–, y me precio de ello.
—Pues a fe –dijo el caballero– que no os trata este autor moderno[31] con la limpieza que en vuestra persona se muestra: píntaos comedor y simple y nonada gracioso, y muy otro del Sancho que en la primera parte de la historia de vuestro amo se describe. —Dios se lo perdone –dijo Sancho–. Dejárame en mi rincón, sin acordarse de mí, porque quien las sabe las tañe,[32] y bien se está San Pedro en Roma. Los dos caballeros pidieron a don Quijote se pasase a su estancia a cenar con ellos, que bien sabían que en aquella venta no había cosas pertenecientes[33] para su persona. Don Quijote, que siempre fue comedido, condescendió con su demanda y cenó con ellos. Quedose Sancho con la olla con mero mixto imperio,[34] sentose en cabecera de mesa, y con él el ventero, que no menos que Sancho estaba de sus manos y de sus uñas aficionado. En el discurso de la cena preguntó don Juan a don Quijote qué nuevas tenía de la señora Dulcinea del Toboso, si se había casado, si estaba parida o preñada o si, estando en su entereza, se acordaba, guardando su honestidad y buen decoro, de los amorosos pensamientos del señor don Quijote. A lo que él respondió: —Dulcinea se está entera, y mis pensamientos, más firmes que nunca; las correspondencias, en su sequedad antigua; su hermosura, en la de una soez labradora transformada. Y luego les fue contando punto por punto el encanto de la señora Dulcinea y lo que le había sucedido en la cueva de Montesinos, con la orden que el sabio Merlín le había dado para desencantarla, que fue la de los azotes de Sancho. Sumo fue el contento que los dos caballeros recibieron de oír contar a don Quijote los extraños sucesos de su historia, y así quedaron admirados de sus disparates como del elegante modo con que los contaba. Aquí le tenían por discreto y allí se les deslizaba por mentecato, sin saber determinarse qué grado le darían entre la discreción y la locura. Acabó de cenar Sancho y, dejando hecho equis[35] al ventero, se pasó a la estancia de su amo y en entrando dijo: —Que me maten, señores, si el autor de este libro que vuesas mercedes tienen no quiere que no comamos buenas migas juntos:[36] yo querría que ya que me llama comilón, como vuesas mercedes dicen, no me llamase también borracho. —Sí llama –dijo don Jerónimo–, pero no me acuerdo en qué manera,[37] aunque sé que son malsonantes las razones, y además, mentirosas, según yo echo de ver en la fisonomía del buen Sancho que está presente. —Créanme vuesas mercedes –dijo Sancho– que el Sancho y el don Quijote de esa historia deben de ser otros que los que andan en aquella que compuso Cide Hamete Benengeli, que somos nosotros: mi amo, valiente, discreto y enamorado, y yo, simple gracioso, y no comedor ni borracho.
—Yo así lo creo –dijo don Juan–, y, si fuera posible, se había de mandar que ninguno fuera osado a tratar de las cosas del gran don Quijote, si no fuese Cide Hamete, su primer autor, bien así como mandó Alejandro que ninguno fuese osado a retratarle sino Apeles. —Retráteme el que quisiere –dijo don Quijote–, pero no me maltrate, que muchas veces suele caerse la paciencia cuando la cargan de injurias. —Ninguna –dijo don Juan– se le puede hacer al señor don Quijote de quien él no se pueda vengar, si no la repara en el escudo de su paciencia,[38] que a mi parecer es fuerte y grande. En estas y otras pláticas se pasó gran parte de la noche, y aunque don Juan quisiera que don Quijote leyera más del libro, por ver lo que discantaba,[39] no lo pudieron acabar con él,[40] diciendo que él lo daba por leído y lo confirmaba por todo necio,[41] y que no quería, si acaso llegase a noticia de su autor que le había tenido en sus manos, se alegrase con pensar que le había leído, pues de las cosas obscenas y torpes los pensamientos se han de apartar, cuanto más los ojos. Preguntáronle que adónde llevaba determinado su viaje. Respondió que a Zaragoza, a hallarse en las justas del arnés, que en aquella ciudad suelen hacerse todos los años. Díjole don Juan que aquella nueva historia contaba como don Quijote, sea quien se quisiere, se había hallado en ella en una sortija falta de invención, pobre de letras, pobrísima de libreas, aunque rica de simplicidades.[42] —Por el mismo caso –respondió don Quijote– no pondré los pies en Zaragoza y así sacaré a la plaza del mundo la mentira de ese historiador moderno, y echarán de ver las gentes como yo no soy el don Quijote que él dice. —Hará muy bien –dijo don Jerónimo–, y otras justas hay en Barcelona donde podrá el señor don Quijote mostrar su valor.[43] —Así lo pienso hacer –dijo don Quijote–; y vuesas mercedes me den licencia, pues ya es hora, para irme al lecho, y me tengan y pongan en el número de sus mayores amigos y servidores. —Y a mí también –dijo Sancho–: quizá seré bueno para algo. Con esto se despidieron, y don Quijote y Sancho se retiraron a su aposento, dejando a don Juan y a don Jerónimo admirados de ver la mezcla que había hecho de su discreción y de su locura, y verdaderamente creyeron que éstos eran los verdaderos don Quijote y Sancho, y no los que describía su autor aragonés. Madrugó don Quijote y, dando golpes al tabique del otro aposento, se despidió de sus huéspedes. Pagó Sancho al ventero magníficamente y aconsejole que alabase menos la provisión de su venta o la tuviese más proveída.”
Está claro que Don Alonso Quijano comió lo mismo que yo en estas tierras.
El objetivo de este viaje es recorrer una de las posibles rutas de Don Quijote. En los próximos días nos acompañaran en el blog textos de Don Miguel de Cervantes.
Salí de casa con deportivas, pantalón largo, camiseta y maillot “abrigón” todo por indicaciones de mi asesora personal: Tere.
Como me ha sobrado toda esa ropa. Su intención era buena, el resultado desastroso.
Ahora estoy como en Vera. En pelotas, así se siente uno mejor.
He vuelto a la carretera o a los caminos en el inicio del otoño. Veremos como nos vá el camino.
Que conste que hoy he realizado mi buena acción como si fuera Scout. Les he indicado a Tato y Maribel un sitio en Teruel donde disfrutar de buena comida. Me lo han agradecido.
Ya se sabe, si estoy en Madrid o en Vera, no tengo costumbre de poner entradas en este blog. Creo que todos los recorridos de ambas zonas ya les he comentado en un momento u otro en el blog. Creo que ya me repito demasiado como para volver a describir como voy de Los Gallardos a Antas o de Mojacar a Turre. Os ahorra mi charla innecesaria.
Hoy el recorrido ha sido uno de los habituales. Un poco más corto para llegar pronto al apartamento, pero de los que hago con normalidad. Playas de Vera, Garrucha, Mojacar, Turre, Los Gallardos, Antas, Vera, playas de Vera.
Poco más de cincuenta kilómetros y antes de las doce de la mañana ya estaba en la piscina con Irene. Le dí el relevo a Tere en el divertimento piscinero. Un buen rato de ver como la niña y los amigos ocasionales nos van mostrando sus habilidades acuáticas.
Cuando ella lo estimó pertinente cambiamos de liquido elemento, de un agua especialmente clorada a la del mar Mediterráneo. Otro baño, más o menos en colectividad y cuando sonaron las campanas del aperitivo me dirigí al Chiringuito habitual. Volvimos a juntarnos toda la “troupe” de Vera y dimos cuenta de las diferentes bebidas con las que mareamos a Alejandra (la camarera del lugar). En esa promiscuidad alimentaria que vivimos en la playa, la comida de Irene se la ha bajado mi groupie favorita: Maribel. Había estado ayer o antes de ayer en la Golondrina y tenía excedente de arroz abanda. Esa ha sido la comida de la niña. Los demás hemos dado cuenta de cortezas, ensaladillas, arroces varios, “cascarujas” que dicen los murcianos del grupo y por supuesto huevos cocidos.
Ya en el apartamento nos hemos dado el “manguerazo” de rigor e Irene se ha metido en su piscina particular. Advierto para los mal pensados, se llena con menos de cincuenta litros de agua y luego la reciclamos para fregar, regar y lavar ropa. No derrochamos ese bien escaso.
Ayer había ido a comprar pescado al sitio habitual de la zona: Pescadería Guevara de la calle Martinete de Garrucha. Cenamos un riquísimo atún a la plancha y para hoy quedaban dos productos más que adquirí junto con el atún: unos Galanes (pescado especialmente delicioso de la zona) y unas gambas rojas de garrucha. Optamos por este segundo producto.
Sobró ayer un poco de crema de calabacín y como primer plato lo hemos comido Tere y yo, y luego hemos preparado unas pocas de gambas a la plancha.
Cuando las hemos puesto encima de la mesa, Irene ha dicho que le gustaban los bigotes de la gamba. Solo recordaba una cita a esa parte del crustáceo decápodos, la había realizado un insigne entrenador de fútbol y su cita, pese a todo, era especialmente machista.
Don Luis Aragones (zapatones) hizo en su momento unas declaraciones, probablemente sacadas de contexto, en las que decía que en el culo no le cabía ni el “pelo” de una gamba.
Pues Irene, va y dice, que le gustan los bigotes de las gambas.
Nos pusimos a comer y le dí la parte reclamada por ella de lo que estábamos comiendo. Fue imposible que comiera nada.
Como compensación me dediqué a pelarle gambas de la zona y dio buena cuenta de las cinco o seis que le pelé. No insistió en lo de los bigotes.
Después de la siesta, y tal como venía anunciado el señor del tiempo, ha comenzado una tormenta importante. Hemos pasado del sol abrasador almeriense a una lluvía considerable que ha regado todas las plantas del lugar y que Tere piensa que ha lavado su coche. Ingenuidad.
Comenzó la tormenta a las 17:00 horas y una hora después, cuando escribo esto ya van despejándose las nubes y estoy seguro de que volveremos al habitual calor del lugar.
Traía Tere en su tableta algunas películas descargadas de Netflix para solucionar situaciones como la de hoy. Ha puesto la película Mascotas y en eso anda entretenida nuestra nieta.
Creo que si esperamos un rato más acabaremos bajando nuevamente a la piscina.
Ya llevamos ocho o nueve días en Vera. Incluso el día de llegada, el 2 de agosto, cogí la bici para ir hasta Pueblo Laguna para que me solucionaran un problema que se había producido en Hortensia durante el viaje. El resto de los días me he movido por las proximidades de Vera. Me he acercado hasta el mirador de la Granatilla, desde donde se vé perfectamente, tanto Carboneras, como el hotel inconcluso del Algarrobico. He recorrido en todas las direcciones posibles los pueblos de Villaricos, Cuevas de Almanzora, Antas, Los Gallardos, Turre, Mojacar, Garrucha, El Pozo del Esparto, San Juan de los Terreros y he llegado al menos una vez hasta Aguilas.
Me he dedicado cada mañana a mover a Hortensia por tierras almerienses y murcianas. El día nueve (viernes), decidí buscar nuevos objetivos en mis andanzas por estas tierras.
Salí antes de las nueve de Vera Playa y en Garrucha tuve que evitar dos cosas: los puestos del mercadillo semanal y los clientes de ese mercadillo. Conseguí llegar hasta el final del pueblo y emprendí el camino hacia Mojacar, nueva subida y nueva bajada hacía Turre. Por el camino habitual me dirigí hacia Los Gallardos. Antes de llegar al pueblo hay un desvío hacia Alfaix. Este lugar es una pedanía de los Gallardos, creía cuando planifiqué ayer el viaje, que no había ido nunca. Cuando llegué vi la misma imagen que hace cuatro o cinco años cuando recalé en ese lugar. Una especie de bar, estanco, supermercado y algo más donde un grupo de paisanos (todos hombres) estaban almorzando. Paré, pregunté por mi destino y uno, que parecía el que conocía el paño, me indicó por donde seguir. Un imprudente, que no debía ser del pueblo, me indicó sugirió otra opción, pero rapidamente se arrepintió. Las indicaciones del primero eran las que valían. Volví sobre mis pasos y paralelo a la autovía avancé hacía las pedanías de Sorbas a las que tenía intención de llegar. Subidas, bajadas y lo más desagradable, los camiones que llevan yeso desde Sorbas a Garrucha y vuelven a Sorbas me adelantaban o me les cruzaba. En un momento ví los carteles que me apartaban de la carretera hacía la yesera. Los Giles, La Huelga. El primer pueblo estaba a dos kilómetros y el segundo a cuatro. El paisaje el mismo. Muy similar a un desierto, el cauce de un par de ríos secos. Algún puente, alguna casa aislada y nadie en el camino que había emprendido.
LA HUELGA
Los Giles pasaron delante de mí, sin apenas percatarme, es una pedanía casi insignificante. Perdonen los lugareños, no ví nada destacable. Y al final llegué a mi objetivo del día: LA HUELGA. Otra entidad local menor, depende del ayuntamiento de Sorbas. Pero el nombre me había llamado la atención.
Antes de ir había mirado en internet los datos históricos del lugar, nada en la web y nada en wikipedia. No quise consultar a Chat-GPT, me parecía que las explicaciones serían cuando menos atrevidas.
Para llegar hasta la iglesia del pueblo tuve que forzar la maquina. Está en lo más alto del lugar y la cuesta se las trae, mientras avanzaba hacía la iglesia fui mirando si encontraba algún paisano o paisana para que me explicaran el origen del nombre del pueblo. NADIE.
Hice unas fotos, descansé un poco y emprendí el camino hacía Vera. Al bajar del pueblo me encontré un paisano que estaba trajinando con su coche (al menos eso parecía). Paré en seco y a el me dirigí. Tenía tanta curiosidad que no podía perder la posibilidad de que el único paisano que había me aclarara las raíces del nombre. Lo primero que me soltó es que el no era del pueblo, que era de Lucainena de las Torres. Me contó, que cuentan los lugareños, que ese lugar era un Cortijo de la Casa De Alba y que allí, como todos los señoritos, celebraban las “juergas”, las fiestas, los desmadres, y que de esa actividad viene el nombre. No acabo de creerlo, pero tiene cierta verosimilitud. De vuelta a Los Gallardos y el mandamás de mi equipo de campaña, el Google Maps, me ha enviado por el cauce seco de un río. Un camino mucho más agradable que la carretera de los camiones de yeso, eso sí, con muchas piedras y algún recoveco del que había que estar pendiente.
Al llegar al apartamento pregunté a Chat – GPT datos sobre el citado pueblo, lo que me contestó es de vergüenza.
En algún punto del recorrido había un señor recogiendo alguna hierba e iba acompañado un perro que, por supuesto, me ladró todo lo que pudo.
Avanzando hacía el destino encontré un grupo de siete personas (de nacionalidad europea) que estaban haciendo el recorrido andando. No les arriendo las ganancias. Llegado a un punto me encontré que mi camino estaba cortado por obras. Vuelta a la carretera y nuevamente me encontré donde los hombres almorzaban por la mañana. No entré. Seguí por la carretera hasta Los Gallardos. Eran las doce de la mañana y tenía todavía un rato de pedaleo para llegar hasta el apartamento. Puse un wats a la familia y me disculpé por no llegar a “mi hora” del baño. Tenía previsto otro recorrido, pero dada la hora que era, opté por coger la carretera directa. Es la misma por la que circulan centenares de camiones diarios para acarrear el yeso al puerto de Garrucha. Me armé de valor y ganas y adelante con los “faroles”. Me pasaban los camiones a pocos centímetros de la alforja, me zarandeaban por su impulso, yo agarrado al manillar y sin cejar en el pedaleo. Pasé la entrada de Turre, el desvío hacia Mojacar que estuvo en obras el pasado año y tres kilómetros antes de llegar a Garrucha todo el tráfico parado. Avancé sin pudor por el arcén y me puse al principio del atasco. Un semáforo de esos de carretera que habían puesto a la altura de la pista de kark que hay a la entrada de Garrucha impedía avanzar. Cuando abrió el semáforo me lance con todas las fuerzas que tenía para solventar esa dificultad. Llegué al punto alto de Garrucha y pese a que seguían adelantándome los camiones, emprendí la bajada a toda la velocidad que mis piernas, Hortensia y la cuesta me permitieron. Ya estaba en el cruce hacía Vera pueblo y el resto del camino era coser y cantar.
Llegué antes de la una de la tarde a la urbanización donde nos alojamos. Hice las operaciones habituales para guardar a Hortensia y visto que mi sillín estaba afectado por los calores de la zona perdí un rato embadurnándole de nívea. Hay que tratar bien a los materiales con los que uno trabaja.
A tiempo de las cervezas. Alguno ya me sacaba una de ventaja, rapidamente les igualé y disfruté del momento “mágico” del día. Comida, siesta y a pasar calor en la terraza. No hay ni una gota de brisa. Vaya días que nos esperan.
Tere, Ruth e Irene bajaron a la playa y a la piscina, yo me quedé como siempre viendo el mar desde el apartamento. Habíamos quedado en irnos pronto a cenar a Garrucha. A las 20:30 salíamos en dirección al Espigón. Ese establecimiento tiene un importante defecto (o no), no se puede hacer reservas, por lo que, o llegas pronto o te toca esperar al segundo o tercer turno de cenas.
Pedimos la tradicional ensalada de tomate del lugar y un rodaballo de un tamaño considerable. Irene cenó, jugó con un grupo de niños y niñas que había en el lugar y nosotros dimos buena cuenta del “Fabius Maximus”. Después nos quedaba toda una planificación (la que hace todo el mundo con niños en Garrucha) de nuestra estancia en el pueblo: Helado en la JIJONENCA (que pena que hayan ido cerrando todos los establecimientos menos uno) y atracciones de feria. En el camino Ruth compró algo en los puestos del paseo marítimo y Tere por no ser menos se “pidió” un bolso-mochila de color rosa. Fuimos la abuela y yo a por el coche y recogimos a la muchacha y a su madre en las proximidades de la feria. Llegamos al apartamento pasadas de las doce de la noche.
Para hoy, pese a que siempre me levanto pronto, puse el despertador a las siete de la mañana. Tenía programado un día completamente diferente. Se levantó Tere por solidaridad y se levantó Irene por “no dormir”. Me apañé pronto y a las ocho y cuarto estaba saliendo del apartamento.
Fui hasta Garrucha para aprovechar la gasolinera low coast y con el vehículo lleno de gasolina emprendí el camino hacía el Hotel Entremares de la Manga del Mar Menor. Allí está pasando, hasta mañana día 11, una semana de vacaciones mi hermano.
Hoy no tenían programada ninguna excursión y he ha aprovechado para pasar un buen rato con él.
Llegué a eso de las diez y media. Ya me esperaba en Luis en la recepción del Hotel. Hablé con una de las monitoras que les acompañan y nos fuimos a dar una vuelta por la zona. Lo primero tanto para él como para mí, fue fumar un cigarro a la sombra. Después nos dimos un paseo hasta encontrar una buena terraza en la misma playa del mediterráneo, nos tomamos unos cafés y me contó sus vacaciones, lo estaba pasando estupendamente, no había ido a los baños de barro a los que fueron el resto de los componentes del viaje. Mi hermano no es de muchas novedades, el resto de excursiones habían sido muy divertidas y ayer se lo pasó muy bien en un recorrido en barco de tres horas. Estaba muy satisfecho con la cocina de buffet en el hotel y sentía especialmente que las vacaciones fueran tan cortas.
Esta foto es de la puesta de sol que vieron desde el barco ayer.
Mientras estábamos en la terraza ha llamado Alba para hablar con su tío. Le ha hecho mucha ilusión.
Nos hemos tomado otro refresco en una terraza menos glamourosa, pero más cercana al hotel y he comprado agua para el viaje de vuelta.
A eso de la una menos cuarto entrábamos en el hotel al mismo tiempo que un grupo de su viaje que había estado de compras con las y los monitores. Saludé a Esther que es la responsable del viaje y volví como siempre que les veo trabajar, a admirar a esas personas que dedican su tiempo a los demás. Es algo que no todos estamos dispuestos a hacer.
Había mandado un mensaje a Tere para que fueran comiendo y no me esperaran. Mi idea era acercarme a la Terraza Carmona de Vera, tomar una cerveza y un par de pinchos y hacer como que había comido.
No siempre hace uno lo que quiere. Cuando he llegado al restaurante por antonomasia de Vera casi no lo reconozco, han ido ampliando y ampliando y ahora su estructura ocupa un par de manzanas del pueblo además de otra entera para aparcamiento de sus clientes. Todo el mundo debía haber pensado lo que yo. Ni a empujones he encontrado un sitio para que me atendieran. Y mira que tengo experiencia en dar empujones.
Frustrado he ido al Mercadona de Vera y he vuelto a casa sin nada en el estomago. Menos mal que Maribel, mi groupie favorita, me había subido una ración de callos que estaban bastante buenos.
Hemos dormido la siesta como cualquier día y cuando Irene se ha levantado me ha quitado la tableta, que es donde escribo, para ver un rato Cocomelón. Eso sí, en inglés.
Ya he conseguido, que la abuela, la nieta y la madre se bajen a la piscina y a la playa y me han dejado concluir esta entrada.
A la noche tenemos una barbacoa de productos cárnicos que ha traído Tere desde Toro para celebrar con los amigos la prejubilación. Y mañana, otra vez a Villaricos para comprar fruta en el mercadillo y sobre todo comer unos churros en la plaza. Es toda una tradición. Veremos si a partir de mañana que se va Ruth, y por tanto nos quedamos los abuelos con Irene, si podré o no ir de excursión con Hortensia. Lo que sea se verá.
Por cierto, creo que el mundo no se acaba de momento, hace un par de días descubrimos una pequeña salamanquesa en la terraza del apartamento. Hacía años que esta especie autóctona no lo habíamos visto. Es un canto a la esperanza.
El día 20 de junio llegué al Mediterráneo en Sete, después recorrer casi mil kilómetros por el canal de los dos mares. Ya lo conté. Lo titulé entonces: he llegado al Mediterráneo, hoy he vuelto a llegar al mismo mar y procedente también del Océano Atlántico. Os puedo asegurar que el viaje no ha sido lo mismo. Intentar unir los dos mares en nuestra península es un poco más complicado que en Francia. Hay que salvar bastantes desniveles que en el país vecino no se producen. Las vías verdes ni están tan cuidadas como los canales franceses, ni por supuesto están tan señalizadas. Pero el objetivo ha sido cubierto.
Ayer, después de publicar, bajé a una de las calles principales de SEGORBE y me tomé una cerveza en el “chino” del lugar. Busqué un restaurante apañado y como no le encontré pese a las indicaciones de Google, volví al “chino” para cenar algo. Era tan insignificante que ni foto hice del plato.
Está mañana, bastante pronto, he bajado todos los artilugios y he cargado a Hortensia. He tenido suerte y el paisano de la lavandería tenía abierta la puerta del aparcamiento. En recepción no había nadie.
He vuelto al “chino” y he desayunado. Tampoco era cosa de buscar un sitio peor. Mas o menos por intuición, y con alguna colaboración del navegador he llegado a la vía verde de Ojos Negros. Como en la última parte del recorrido de ayer era una bajada muy agradable. El problema, y ya lo conté en su momento, es que hay casi veinte kilómetros que son compartidos con la circulación de vehículos a motor. Muchos recovecos, cambios de un lado al otro de la autovía, de la vía del tren que une Teruel con Valencia y muchos tramos que han pensado en ciclistas “patas fuertes”. Cuando no sabían como hacer la continuidad de un trayecto una subida fuerte y que disfruten los ciclistas. También, otra solución, ha sido unas bajadas especialmente pronunciadas. Todo se justifica por tener la vía verde más larga de la península.
Es verdad que la vez anterior que recorrí esta vía verde no llegaba hasta Sagunto y ahora le han dado continuidad.
Cuando he llegado al final de la vía que llevaba recorriendo desde Santa Eulalia, he visto perfectamente la señal de final del recorrido. Previamente un par de ciclistas me habían indicado que mi camino seguía hacía el final de la vía verde. Se equivocaron. Tuve que volver doscientos o trescientos metros para emprender el “bidegorri” que va desde Sagunto hasta Pujol. Durante toda el recorrido me he ido encontrado bastantes ciclistas en ambos sentidos. Parece un recorrido especialmente transitado. Tampoco ha sido posible rellenar los bidones hasta haber recorrido casi cincuenta kilómetros.
Unos aventureros de la bicicleta me indicaron como coger la vía verde Xurra y pasadas tres calles me perdí. Carretera comarcal y a buscar nuevamente el recorrido seguro.
Esto del empleo es muy curioso. Paras en una gasolinera donde siempre había gente del lugar a preguntar y te encuentras que los empleados de la misma que ni son de ese pueblo, ni tienen interés alguno en conocer las cosas de donde trabajan. Tiempos Modernos que titulo Chaplin.
Mal que bien conseguí volver a la vía verde y allí recordé mi recorrido anterior por esa zona. Es una vía verde bastante apañada, pequeña y por donde circulan infinidad de patinetes. Volví a pasar por Alboralla, el lugar emblemático de la Orxata, vi el lugar más característico de ese producto y no paré porque mi objetivo era llegar al mar. Unir de verdad pedaleando Santander y Valencia (el Atlantico con el Mediterráneo) y además no admitían pago con tarjeta.
Nada más llegar a Valencia paré a un jovén que venía del mismo sitio que yo y le pregunté como llegar hasta la Malvarrosa. Los autores valencianos siempre han tenido especial predilección por esa playa.
Grande, de arena fina. Muy urbana. La gente llega andando o en su bicicleta, aparca la misma y se dá un baño.
He tomado la cerveza de rigor y he preguntado a dos paisanos como llegar hasta la estación de Joaquín Sorolla. El primero me ha dicho que era imposible llegar hasta allí en bicicleta. Ahora bien, el se movía en bicicleta con una sombrilla al hombro. El segundo parecía tener más conocimientos y me ha dicho que siguiera paralelo al mar y que prácticamente todo el recorrido era carril bici.
Lo ha clavado, he tenido que cambiar de calles, he tenido que cruzar bastantes semáforos, pero salvo 200 o 300 metros los ochos kilómetros que separaban la Malvarrosa de la estación eran carril bici.
Y eso se nota mucho. Una parte importante de los ciudadanos se mueven tranquilamente con vehículos de movilidad personal. Sean bicicletas, patinetes, monopatines eléctricos o cualquier artilugio que no contamine y te permita llegar a tu destino en poco tiempo. No sé, y no quiero apostar, a si con el cambio de alcalde pretenden revertir esa situación en la ciudad de Valencia. En Valladolid ya han comenzado.
Pese al empeños del primer ciclista llegué hasta la estación del tren. Antes de entrar busqué un sitio donde comer y la recomendación de mi móvil era el GASTROBAR Sorolla. Bastante animado, pero no me han permitido comer Paella. La oferta era exclusivamente paella con pollo y mi religión (que no tengo) me impide comer ese animal.
He tenido que pasarme a un revuelto de boletus y ajetes que estaba realmente delicioso, tampoc era barato. Se levanto un poco de aire y entre café y café aguanté en la terraza hasta las cuatro y media de la tarde.
Llegué a la estación y me encontré el tradicional muro de los empleados de las contratas que trabajan para Renfe. Les explique que viajaba en el tren tal, que llevaba a Hortensia, que podía pasar hasta el tren con ella y desmontarla en el momento, pero fueron incapaces de entender mi explicación. O yo fui muy torpe explicándome. Busqué un carro, desmonté a Hortensia, la coloqué el correspondiente preservativo y esperé el momento de embarque. Menos mal que el vigilante de seguridad del escáner viendo el carnet ferroviario, miró para otro lado y me permitió no desmotar la bici del carro y como elemento añadido no quiso ver las bombonas de CO2 que llevo en las alforjas.
El interventor un poco mas estirado de lo normal, pero una vez que Hortensia estaba dentro del tren he decidido lo hacerle la pelota. Me he sentado tranquilamente en mi asiento, he dejado la bici donde el me indicó, y como desde Valencia no para hasta Madrid, tengo la certeza de que llegaré a casa.
Han sido bastantes días de viaje. Bastantes kilómetros, algunos inconvenientes, algunos alojamientos manifiestamente mejorables, alguna comida que también era posible que estuviera mejor. Pero después de casi mil kilómetros por los caminos que he recorrido creo que ha merecido la pena. Son retos inútiles que uno se marca y compensa llegar hasta el final. Los maratonianos esperan bajar de las dos horas en su recorrido, yo no bajo ni con la bici y cuesta abajo, pero cada uno de nosotros se marca unas metas y cumplirlas creo que da una gran satisfacción.
Y eso es igual para todo lo que uno hace en la vida. Ahora intentaré que revisen un poco a Hortensia, la noto con achaques y eso no es bueno, esperaré la vuelta de Tere desde Toro y organizaremos el viaje de toda la Troupe hacía el Mediterráneo, esta vez en Vera. Pero hasta ese sitio llevaré la bicicleta pero viajaré en coche. Tampoco es cosa de abusar.
En ese pueblo también tengo prefijados algunos recorridos que me permitirán practicar este entretenimiento.
Voy a intentar publicar desde el tren y luego quedará lo más complicado, volver a reconstruir a Hortensia y bajar la Castellana madrileña con cuarenta grados.
Como por la incomodidad del Hostal el Cartero tuve que pasarme toda la tarde deambulando por Teruel, a eso de las nueve y media (que es mi hora) fui al Bar Teruel para cenar. Plato de embutido como hago habitualmente en casa y a las diez ya estaba fuera del establecimiento. Camino hacía el hostal y a eso de las diez y media ya me había metido en la cama. Para molestar a la señora del hostal pusé un ventilador que había a toda su potencia y mirando para la ventana. El caso era hacer gasto. A las cuatro de la mañana no aguanta el ruido ni yo, le apagué. No soy constante en mis maldades.
Dado que me había acostado tan pronto me levanté a las seis de la mañana y tras perder el tiempo de costumbre a las siete ya estaba en la calle buscando el café matutino. Estaba el hostal tan mal situado, o los servicios turolenses dejan tanto que desear, que tuve que subir nuevamente hasta la plaza del “torico” para encontrar algo abierto. Antes había dejado todas mis pertenencias al final de las escaleras del lugar.
Cuando volví, la señora que cobraba por el aire acondicionado ya estaba allí. Cogí a Hortensia, la cargué y emprendí el camino. Una vez más me fié del Google Maps y eso hizo que perdiera más de hora y medía para salir de Teruel y encima me toco empujar bici durante cerca de quinientos metros. Un suelo muy mal compactado y en pendiente.
Los últimos veinte o treinta metros, donde ya el firme era compacto, no tuve fuerzas para subir una cuesta con más del 25% de desnivel. Bajé una de las alforjas, subí la cuesta andando con ella, cuando bajaba a por la bici un paseante (el paseante, no había más) se ofreció a empujar a Hortensia y entre los dos la pusimos en la vía verde. Cargué la alforja desmadejada, charlé un rato con el paseante y nos despedimos. Me había indicado que en el primer pueblo del recorrido había un bar (que habitualmente no abría) allí me fui para llenar los bidones de agua. Tuve suerte y hoy le tocaba abrir. No los había recargado en Teruel por dos cosas. Que no estaba dispuesto a darle dos euros a la señora del Hostal y que luego el Google me llevo por donde no había ningún bar abierto.
Rellené bidones y de esa forma se viaja más tranquilo. Un ciclista apareció por allí y empezó a darme conversación. El había salido a pasear y no tenía un destino fijo, yo sí. Cuando nos metimos en la vía verde nuevamente le indiqué que fuera a su velocidad y que no le entretenía. Parece que lo entendió. Desde donde rellené los bidones quedaban trece kilómetros de subida hasta el puerto de Escandón. Parando en alguna de las zonas de descanso para la función mingitoría y el cigarro seguí hacía arriba y como un kilómetro antes de llegar al puerto adelanté a un padre y un hijo ciclistas que había visto previamente rellenando los bidones en la plaza del Torico. Llegamos a la par al puerto y les hice la foto de rigor para su albúm. Me ofrecieron almorzar juntos y decliné la invitación. Ellos solo viajaban hasta Barracas y yo cuarenta kilómetros más.
Les transmití, si querer una información falsa, les dije que desde el puerto era todo bajada, ese era mi recuerdo. No es verdad, bajas doscientos metros hasta Barracas, pero sigues llaneando y subiendo hasta el parque eólico que hay cinco kilómetros después de Barracas. Cuando veías el mapa que cuelgo habitualmente vereís que en el día de hoy he realizado un montón de desvíos, en todos los casos ha sido para rellenar los bidones de agua. Me he gastado casi diez euros en agua y encima la he tomado caliente la mayor parte de las veces. Estaba calentando bien. Dicen los expertos que las personas mayores no salgamos de casa en las horas centrales del día, pero si tenía que recorrer bastantes kilómetros no me podía quedar en el aire acondicionado de un bar. He optado por hidratarme como lo haría un hipopótamo, agua, agua y más agua.
Vista la hora que era y lo que me quedaba por delante he optado por desviarme en Barracas y en un bar de carretera. “Bar-Restaurante-Hostal Norte” comer. También he aprovechado para recargar la batería y para meter durante una hora los bidones en el congelador del bar.
Un pie de cerdo picantito, unas olivas cortesía de la camarera y un par de cafés. En lo que hacía tiempo para cargar la batería se me han aparecido dos paisanos para que os lo cuente. El primero diciendo que el tenía una casa rural en el pueblo y que podía quedarme en ella por un precio más ajustado que el que me cobrarían en el María Luna de SEGORBE y otro que al parecer era camionero, que por el tacografo tenía que esperar hasta las ocho de la tarde para reemprender ruta y que se ha empeñado en que fuera por la carretera. Para ir descansando le he visto que se ha tomado dos copas de orujo verde. Supongo que a las ocho esté algo más sereno. Llevaba bastantes identificaciones nacionales.
Después de una hora de parada, más o menos, he reemprendido el camino a las tres de la tarde. El calor que hacía no se lo cuento ni mi amigo Mauro. Era ciertamente aplanador. Como yo soñaba que desde mi parada todo sería una bajada maravillosa, pues me ha fastidiado que otros cinco kilómetros más fueran de subida hasta los molinos de viento.
Subiendo ese tramo me ha picado una avispa y para que engañaros, me ha molestado. Pero claro, ayer le pusieron la vacuna de los cuatro años (que no sabemos la que es) a Irene y ni se quejó. No podía el abuelo quejarse de una picada de avispa.
Desde el punto comentado ya si ha sido bajada. Pero bajada, bajada. Hortensia viajaba entre 25 y 28 kilómetros por hora sin tener que esforzarme. Solo las paradas necesarias para rellenar bidones.
Voy a comentar una cosa, que seguro que ya hice la vez anterior que recorrí la vía de ojos negros. Los de Teruel tienen la vía bien, pero son parcos, ni una indicación, las zonas de descanso “regularás” y bastantes desprendimientos en los caminos. Los Valencianos consideran la vía como un logro y desde el límite provincial cambia todo. Las indicaciones son más correctas, las zonas de descanso tienen sombre y papeleras, el firme es mucho mejor y se lo han trabajado.
Como, además, mucho del camino es descendente, te crees que estás a punto de alcanzar la gloria.
Aún así, aunque en la ultima parte del recorrido no fuera necesario dejarse el alma en el viaje, venir de Teruel a SEGORBE para un sexagenario ha sido cansado.
En el termino múnicipal de Altura me he encontrado a una paisana y la he preguntado si me quedaba mucho. La información ha sido: Estás en Altura y debe quedar algo hasta SEGORBE. Menos mal que la información era por hablar con alguién. Que poca capacidad comunicativa de alguna gente.
En la salida hacía SEGORBE he puesto el Google en marcha, no le he obedecido un par de veces y con mi intuición he llegado a la entrada del pueblo.
Preguntando por el hotel, la gente ha decidido que con la bici hay que cumplir las normas de circulación y me ha obligado a dar una vuelta y unas subidas innecesarias.
Cumpliendo toda la ordenanza municipal he llegado al hotel a las seis menos diez. Informar a mis deudas de mi llegada y hacer el check-in, resulta que en mi anterior viaje por la vía de ojos negros ya había parado aquí. La desmemoría es un elemento habitual en los sexagenarios.
El alojamiento mucho mejor que el Hostal El cartero, tienen deficiencias sí. No pueden llenarme un vaso con hielo para hidratarme con agua fresca, pero hacen lo que pueden. La habitación espaciosa y el wi-fi, inseguro, pero bien.
Obviamente, a la hora que he llegado no he dormido la siesta, no he visto Verano Azul, ni a Jordi Hurtado en la dos.
Ahora procuraré asearme, refréscame y bajar al primer bar que pongan una cerveza. Luego veremos donde ceno.
Si hay algo por lo que me pongo “pines” es por conseguir los objetivos cada día.
Empezó mal, no nos hagamos trampa, cualquiera podría haber justificado que la climatología estaba en contra. Pero si al final consigues tu objetivo. Un “pin” mejorable.
Mañana acometo la ultima etapa de mi recorrido entre Santander y Valencia, según las previsiones es cómoda, pero lo iremos viendo. Si todo va bien pernoctaré en Madrid con Hortensia en un Ave y yo sentado como un señor en el vagón de silencio del tren. ¿Qué más se puede pedir?
Ayer después de publicar la entrada correspondiente encontré al paisano del Hotel Lazaro más tranquilo y ya pudo cobrarme tanto la habitación como la comida. Busqué otro sitio donde cenar y por lo sorprendente del nombre eligí el Restaurante Carlos Arguiñano. También tenía buenas críticas en Google Maps. Hicieron un intento de que entrara dentro del restaurante pero al final conseguí que me pusieran una mesa en medio de la calle. Es lo que tiene el vicio de fumar.
Elegí una croqueta de Txangurro y gambas y de verdad que estaba muy cremosa y tenía muy buen sabor. Para completar la cena pedí unas alcachofas que tenían muy buena pinta y también muy buen sabor. Solo un pequeño problema detecté en ese restaurante de nombre singular. Cuando llevaba bebida media cerveza me advirtió el camarero que no tenía más. Me la tuve que racionar.
Está mañana he recuperado a Hortensia del garage donde pernoctó anoche y he desayunado en el hotel.
Con esto de las vías verdes me estoy haciendo un pequeño lío, según los paisanos del lugar hay vía verde desde Calamocha hasta Santa Eulalía. Siguiendo las indicaciones de un mapa que me dibujó uno de los parroquianos del Hotel he recorrido una parte que podría ser vía verde y otra parte por carreteras comarcales. En cualquier caso, el recorrido no estaba identificado por los símbolos de la vía verde. Poyo, Fuentes Claras, estación de Caminreal, Torrijo, Montreal, Villafranca del Campo, Alba y Santa Eulalia.
El mapa que me fabricó el parroquiano del bar.
Cuando en el año 2021 estuve otra vez en Santa Eulalia para empezar la vía verde que he vuelto a comenzar hoy (la de ojos negros), ya conocí de la existencia de un pueblo denominado Alba. Hija pequeña me afeó entonces que no me hubiera acercado hasta el pueblo que lleva su nombre. Es verdad que en los tres años que han pasado desde entonces no la he visto con intención de viajar hasta ese pueblo. Hoy y ya que me lo encargó hace todo ese tiempo he pasado por él. Como el resto de los que he pasado “manifiestamente mejorables”. Entre que en los pueblos hay bastante poca vida y que todo el camino estaba plagado de granjas de ganado porcino, podéis imaginar la sensación olfativa que tenía cuando he llegado a Santa Eulalia. Pongo fotos del pueblo del que estoy hablando para que las vea hija pequeña. Pero podían ser de cualquier otro de los que he pasado.
De los dos bares que hay en Santa Eulalia uno estaba cerrado, me ha tocado ir al que está pegado a la estación. Vamos donde estuve también hace tres años.
Alba.
He renovado el agua de los bidones con agua fresca y hielos y todo seguido para coger la vía verde de ojos negros. Dos o tres kilómetros de subida hasta la Cementera el Molino y nada más pasarla a la izquierda comienza el camino que quería hacer. Si no es por los carteles que indicán que hay un cruce peligroso y que son del color que indican las vías verdes. Vas por ella sin enterarte que estás en la vía verde más larga del país. Ni un cartel, ni una indicación de lo que estás recorriendo y lo que es mas gordo y una mala sombra.
He pasado por la estación de Cella, por el famoso aeropuerto de Teruel y luego en una pronunciada bajada he llegado a la Estación del ferrocarril de Ojos Negros de Teruel. Desde allí y hasta el centro de la ciudad algo más de cinco kilómetros que tendré que recorrer mañana en sentido inverso.
Lo primero ha sido tomar una cerveza en la plaza del “torico” y después buscar un lugar donde comer. Como la mitad de las calles son bastante prohibidas he aprobado un “decreto” municipal que me permitierá llegar hasta La Barrica omitiendo Hortensia y yo algunas de las prohibiciones.
De verdad estaba bien recomendado por mi asesor personal. Un pincho de rabo de ternera y otro de ternasco y he comido mágnificamente. Un café y a buscar el Hostal El Cartero. Está vez no he acertado nada. Me ha abierto una señora bastante más mayor que yo por la entrada de un garage. He descargado todo lo que había que descargar de la bicicleta y yo con las alforjas al hombro, se ha recreado en tomar todos los datos del DNI, hasta el teléfono me ha pedido. Cuando se la habían mandado desde booking. Costumbres de la tercera edad.
La habitación en una segunda planta (bastante empinada) sin ascensor. Tres camas, una silla, un frigorífico pequeño subido a un altillo y el baño. No había nada más en el habitáculo.
Cuando he entrado en la habitación he descubierto que poner el aire acondicionado tenía un suplemento de seis euros. Hay gente mezquina de verdad.
He intentado dormir, pero el calor y esta vez no las moscas, me han impedido pegar ojo. Después de haber oido los dos programas de televisión que citaba ayer en mi entrada, me he levantado de la cama, me he duchado y como no había ninguna posibilidad de ponerme a escribir en el habitáculo del que he hablado me he lanzado al fresco Turolense de los treinta y seis grados.
Además, en su empeño por ser original con su cartelería, la dueña del hostal amenaza en uno de los carteles con expulsar a cualquier huésped si ella detecta el más leve olor a humo y prohibé en otro expresamente que te lleves un ligue a la habitación. Está claro que la segunda prohibición no me afecta en absoluto, pero la primera me molesta que se ponga tan taxativa.
Ayer se me pasó cumplir con mis obligaciones de jubilado y no comprobé los boletos de la primitiva y resto de juegos que habítualmente fomentan mi ludopatía. Hoy en Teruel he remediado esta anomalía en mi comportamiento. He entrado en la primera lotera que he encotrado y me habían tocado todos los boletos que llevaba. Después de jugar lo de esta semana me ha devuelto sesenta centimos. No ha habido la misma suerte con los sorteos de la once, he pagado los siete euros habituales.
Hoy me he metido otros noventa y tres kilómetros. Vamos bien.
Como sigo en la calle y aquí estaré hasta la hora de cenar me he bajado la batería externa para cargar el móvil y la tablet. El móvil se niega a aceptar la carga hasta que no alcance una temperatura adecuada. Así estamos.
La cena de ayer, que fue una tostada de bacalao, mejorable. No recomiendo Mamá Dolores en Calatayud. Era lo que había para cenar y me ajuste a la oferta.
Volví al Hotel Monasterio Benedictino de la ciudad, hice algunas fotos, que por supuesto me salieron movidas y subí a la habitación. Después de la paliza de ayer mejor acostarse pronto y descansar.
A las cuatro y medía me desperté, cumplí con las funciones mingitorias y conseguí aguantar en la cama hasta las seis treinta. Ya no tenía opción, no tenía más ganas de dormir.
Perdí el tiempo como siempre. Cigarro, noticias de la cadena ser donde me contaron bastantes veces que el candidato demócrata se había retirado y ahora no sabían muy bien lo que hacer. Parece que se han confabulado para que un energúmeno vuelva a presidir Estados Unidos del Norte de América.
Iremos viendo. Aburrido de las noticias, me duché, me tomé la medicación diaria que todo anciano necesita y preparé las alforjas. Bajé las baterías y pedí las llaves del aparcamiento de Hortensia. La recuperé, pusé las baterías y subí a por el resto del equipaje.
El personal de los hoteles siempre es muy especial explicando las cosas. Para decirme donde podía desayunar me ha dado un plano y me ha marcado el camino. En realidad era coger la calle donde estábamos y girar a la derecha en la primera calle. Bueno, como todavía no soy tonto del todo, lo entendí y entendía que Calatayud está a cuatrocientos metros de altitud y Calamocha a mil metros. Queda claro que el camino era fundamentalmente en pendiente ascendente.
No perdí mucho tiempo en el desayuno y comencé el camino. Salir de Catalayud fue ascendente pero los vehículos a los que estaba “jodiendo” fueron especialmente respetuosos.
Abandoné Calatayud por la carretera. Había una opción de seguir la vía verde que estoy recorriendo, pero según la página de las Vías Verdes era de solo ocho kilómetros y me complicaba la vida. CARRETERA. Ese tramo de la vía verde ya la había recorrido dos veces y no tenía especial interés. El camino todo el rato ha sido por las proximidades del Valle del Río Jiloca, pero algunos de los tramos han sido especialmente pronunciados y me he tenido que esforzar.
El tramo en el que evité la vía verde era hasta Paracuellos de Jiloca, seguí por la carretera: Maluenda, Velilla de Jiloca, Fuentes de Jiloca, Montón y el puerto de Villafeliche. Luego lo cuento. Desde allí hasta Daroca, Villanueva de Jiloca, San Martín del Río, Báguena, Burbáguena y Calamocha. Han sido solo setenta kilómetros y por tanto he llegado antes de las trece horas.
Llevo dos días observando un ruido extraño en Hortensia, no soy especialmente aprensivo, pero cuando algo suena hay que intentar saber las razones.
En Calamocha he preguntado por talleres de bicicleta. Los viejos que siempre están a la puerta de los bares, me han dicho que había dos talleres. Uno el de un tal Gómez, que reparaba bicis y maquinaría agrícola, fui esta ese sitio y el tal Gómez tenía unos dedos de la anchura de mi brazo. Ha revisado las pastillas de freno y me ha indicado que la trasera está en las últimas. No tenía repuesto. Después me he ido al otro taller. Compartía la tienda de bicicletas de Alberto (el padre) con un taller de informática, del hijo.
No sé quién fué este insigne nativo del lugar, pero buena pinta no tiene.
El establecimiento se llama SIJBIKE, Cuando he llegado estaba atendiendo a un paisano que se llevaba su bici en un remolque. Le he contado mis cuitas y en ese momento ha llegado una paisana con sus nietas. Ha hablado en todo el rato que estaba esperando de bicis a doscientos euros, de que la atendieran sin esperar su turno, ha perdido todo el tiempo del mundo para que sus nietas compraran (de su dinero) unas gafas y unos guantes, no ha pensado en ningún momento en los cascos. No todos los ciclistas somos iguales.
Alberto se ha empeñado en buscar el ruido. Primero ha localizado el primer ruido en la potencia, para los no expertos, en el manillar.
Después ha buscado el ruido que a mí me preocupaba. Ha realizado varias tentativas y al final a engrasado una parte del cambio. Funcionará o no, pero lo ha intentado.
En realidad nos hemos pasado casi una hora hablado de nuestros viajes. Esto es como lo de los pescadores. Todos han pescado la trucha más grande y mejor.
Me ha contado y es de agradecer, que si me hubiera ido hacía Villafliche había encontrado una mágnifica vía verde hasta Calamocha. Solo hay un problema en esa información. Que no está en la lista de vías verdes y los que venimos de fuera no podemos intuir esa información.
Han sido casi cuarenta kilómetros que hubiera podido hacer por una vía verde y al final me la he comido por la carretera. En lo de la carretera también tengo que hablar. Vale que las carreteras las saquen del centro de pueblo, pero a los ciclista nos tienen que indicar que por el centro de pueblo se hace menos subidas y es más cómodo.
Como hoy estaba empeñado en hacer meta muy pronto me ha dedicado a subir, a poco bajar, y a subir. Pasar de cuatrocientos a mil metros es un trabajo real.
He llegado a eso de las doce y medía a Calamocha y he perdido el resto de la mañana en mis relaciones con los talleres que ya he comentado.
Cuando he llegado al Hotel Lorenzo eran ya las dos de la tarde. Tenían el comedor completo, la barra completa, después de diez minutos he conseguido que me pusieran una estrella Galicia, no daban para más.
Después de la primera cerveza he vuelto a entrar en el bar y el panorama no había cambiado.
He pedido otra cerveza y un plato de jamón de Calamocha. Un poco crudo.
Finalizado el proceso de comida, he intentado que me dieran la habitación. Desde las tres hasta las tres y media. El paisano de la barra me ha agradecido la paciencia. ¿Y si tuvieran personal?
Subí las alforjas, subí las baterías, bajé y guardamos a Hortensia en un lugar seguro. Tere, siempre lo procuro.
Cuando ya había puesto a cargar las distintas baterías he puesto la tele en la dos. No tenía ninguna intención de ver los que ponían, pero me he encontrado con dos programas que comenzaron en la misma fecha. Uno ha sido repuesto hasta la saciedad: Verano Azul. El otro sigue emitiéndose a diario: Saber y Ganar. Jordi ha ganado de calle a Chanquete. Uno se ha muerto, el otro sigue trabajando.
Mañana pretendo llegar hasta Teruel por la vía verde de Ojos Negros. Tenía unas previsiones y tengo claro que las voy a restringir. Lo de ir hasta la mina me parece innecesario, lo de pasar por la localidad De Alba en homenaje a mi hija pequeña, creo que también. Iré directo hasta Santa Eulalia y comenzará la vía verde en ese punto.
Después de publicar la entrada del blog de ayer, y por cambiar de ambiente, me bajé hasta la piscina del municipio, en el camino me encontré con un ciclista con dos alforjas bastante cargadas y una tienda de campaña encima.
Le paré y nos pusimos en animada conversación, el venía desde Euskadi y había llegado al túnel de la Engaña sin pasar el puerto del Escudo. En cualquier caso, su ejercicio era encomiable, llevaba una bicicleta sin motor y el piñón más grande no era ni de treinta dientes. Con ese armamento es difícil recorrer alguno de los caminos en los que vamos coincidiendo. Había llegado a Gómara a eso de las dos de la tarde y se había quedado en la piscina. Baño y descanso. Muy buena idea. Teníamos ideas diferente sobre como llegar a Valencia, cada uno seguirá la suya.
El buscaba ahora un lugar donde plantar la tienda. Yo ya estaba alojado en la pensión del lugar. Está claro que cada uno viaja como puede. Como soy un bocazas le he recomendado mi blog. Cuando acabé la charla con el ciclista encontré un mensaje de un tal Mario, que me decía que se apeaba de leer mi blog. Le he dado las gracias por el tiempo que hemos compartido. No soportaba mis planteamientos ideológicos ni los tacos que suelto en lo que escribo. Está en su derecho. Seguro que mañana aparecerán mas seguidores o no.
Adíos Mario, muy buena suerte en tus convicciones. No estoy dispuesto a no contar lo que pienso en este rato que dedico a contar lo que hago.
En la piscina tampoco parece que existan muchas especialidades para cenar. Veremos.
Ya me han dicho que la pensión me puede dar el desayuno a partir de las ocho u ocho y cuarto. Tampoco es tan grave.
El ciclista había plantado la tienda y bajó otra vez a la piscina. Cenamos juntos. Me sorprendió su planteamiento vital. Trabajaba en las estaciones de invierno francesas, vivía en una autocaravana y dado que tenía seis meses de vacaciones, se dedicaba a recorrer distintos lugares con su bicicleta.
Me pareció un tipo interesante. Tampoco nos vamos a hacer novios.
Volví a la “guarrí” pensión, y subí, tuve suerte, por la noche no atacarón como por la tarde las moscas. Ahora, en deferencia a Mario, no pongo el taco que acompañaba en mi entrada de ayer a esos insectos.
Esta mañana me ha tocado esperar casi media hora hasta que la dueña del establecimiento ha abierto el establecimiento. Nos habíamos agolpado siete u ocho clientes hasta que la paisana abrió el bar. Ella tiene sus costumbres, empezó despachando a los habituales, cuando me llegó el turno me servió los cafés y me contó que no me podía ofrecer una tostada. Luego se puso a colocar las mesas y sillas de la terraza. Cuando he conseguido que me diera una botella de agua pasaban de las ocho y medía. He partido en dirección a la vía verde. Si ayer fueron cinco kilómetros complicados de subida, hoy ha sido un paseo maravilloso.
La vía verde hasta Ciria ha sido un poco tediosa, muchas rectas y nadie en el camino, ni siquiera Pablo.
Ya me habían advertido de que tuviera cuidado, que era posible que cuando acabara la vía verde no hubiera opción para salir a la carretera. Pasé el túnel, continué hasta el final del camino, vislumbre que estaba entrando en Aragón y me tuve que volver. Bajé hasta Ciria y como no había nadie en el pueblo tiré de google maps. La opción que me ofrecía era ir hacía Aranda del Moncayo. El nombre manifestaba claramente como era el perfil del recorrido, subidas, bajadas y sobre todo volver a tocar cumbre.
He aguantado bastante bien, en Aranda del Moncayo, he preguntado por el camino. Pues a seguir las indicaciones del paisano que me ha asesorado. Es verdad que llevaba una pulsera con banderita, pero he querido creerle.
Después he pasado por las proximidades de Gotor, cuando he llegado a Illueca, un total de cinco paisanos se han puesto a discutir como debería viajar. Al final, y dado que no se ponían de acuerdo he vuelto a la carretera por la que venía. Brea de Aragón, Morés. Aquí me dijeron que siguiera hasta Sabiñán, allí solo estaba un viejo mayor que yo, y más o menos me ha ratificado el camino.
Una carreterilla, en bastante mal estado: Paracuellos y Embid de la Ribera y después a subir y a bajar. Todo eran desfiladeros donde se supone que no tienes mucho que subir. Falso.
No eran grandes ascenso, pero eran continuados. He optado por no poner mucha asistencia a la bici y sufrir todo lo que pudiera. Desde Embid había una carretera que marcaba doce kilómetros hasta la ciudad Bilbilitana. Subir, subir y alguna bajada. La verdad es que no me he encontrado con vehículos por esa carretera. Una furgoneta absolutamente guarra se cruzo en el camino. Cuando me aproximaba a Calatayud me ha adelantado. Ni se ha parado para preguntarme si necesitaba ayuda. Se lo agradezco.
Había optado por no recorrer uno de los tramos de la vía verde entre Torralba de Jiloca y Calatayud. El recorrido con las indicaciones de los paisanos que me habían asesorado no me permitía recorrer ese camino. Puedo ahorrármelo.
Pablo no sé donde estará, marianoenbicicleta.blog ha llegado a Calatayud. Han sido ciento nueve kilómetros, para un pro, es un kilometraje insignificante, pero un sexagenario es una auténtica exageración. Paré en la Plaza de España, me tomé una cerveza y decidí comer allí. Un rabo de toro al estilo cordobés, bien. Un poco dulce, pero bien.
La batería estaba al dieciocho por ciento, había sido una buena etapa, pero he acabado bastante cansado.
Superar subidas, conseguir llegar hasta arriba y volver a bajar ha sido bastante cansado. Cuando se ha acabado la carretera que me traía hasta Calatayud he llegado hasta una rotonda. Desde allí quedaban otros tres kilómetros y medio. Estábamos preparados.
He llegado hasta el centro de la ciudad y tras comer me he dirigido hasta el Hotel Monasterio Benedictino, he realizado el check-in, he guardado a Hortensia en un aparcamiento adecuado y he subido a la habitación. No me han molestado las moscas y he dormida una buena siesta.
Otra vez sentado en el teclado he conseguido contar mis tonterías. Ahora bajaré a tomar una cerveza y a leer un rato.
Estoy en Aragón. Hemos pasado Cantabria, Burgos, Soría y ahora aguantaremos un rato en esta regíon.
Vamos avanzando. El recorrido, pese al cansancio divertido. Podeís disfrutar de estos caminos.
Ocupado en las subidas y bajadas y que en la carretera no puedo pararme, lo de las fotos de hoy es algo virtual.
Desde la vía verde que de entrada no aparece en la aplicación de la fundación de los ferrocarriles españoles y que he encontrado por pura casualidad, he tenido que recorrer cinco kilómetros para llegar a donde me alojo.
Pero vamos por partes. El desayuno que estaba incluido en el alojamiento en Navaleno, empezaba a las ocho y medía. Antes de las ocho ya había bajado las alforjas en la bici y estaba fumando un cigarro cuando a las ocho y cuarto apareció el dueño del establecimiento. Le dejé que se situará y entré a pedir mi ración de desayuno. Había una amplia oferta, pero elegí lo habitual.
A las ocho y medía salía del pueblo donde había dormido y me esperaba (ya lo sabía) una subida de poco más de tres kilómetros. Los había bajado el día anterior y de un día para otro las carreteras no cambian.
Puse una marcha suave y fui encontrándome con los caminantes que a esa hora se dirigían a los pinares. Una vez en la vía verde comenzamos a subir, siempre una subida suave.
Pasamos por Pinar Grande, que ya lo he dicho en otra entrada de este blog, Pinar Grande es una reserva de pinos inmensa. Hay que recorrerla.
Me habían dicho ayer que había una romería en la Ermita de la Blanca. Como yo no tengo muchas referencias de las cosas católicas, me acordé de mi amigo Chuchi, que cada año cuelga en Facebook su participación en la fiesta de la blanca de Vitoria-Gazteiz, la ermita es otra cosa.
Cuando he llegado los distintos puestos que pretenden animar la festividad estaban colocándose en la campa próxima a la Ermita. En ese momento llegaron un par de coches y abrieron la Ermita. Descargaron de los coches distintos ornamentos litúrgicos y abrieron la puerta que siempre me había encontrado cerrada. Tampoco parece una maravilla de iglesía, y lo importante, he visto las andas donde van a procesionar a la virgen, pero no he conseguido ver al muñeco de la virgen.
Desde la Ermita hasta Soria ha sido una bajada suave, pero bajada y por tanto he ido muy cómodo y la batería a aguantado mucho mejor en el recorrido del día de hoy.
Las distintas estaciones están en un estado deplorable, solo se salva alguna que ADIF tiene alquilada a alguien y que los alquiladores han vallado y la utilizan para su ocio.
Todas tienen un cartel donde pone “edificio en ruinas” NO PASAR.
Hortensia y yo seguíamos bajando hacía Soria. Hoy como era sábado había algo más de tráfico en la vía verde, más de diez ciclistas que me encontrado y que iban en dirección Navaleno, y tres que he adelantado. Les ví hacer un raro en un cruce. Alguno se bajo de la bici y no sabía la razón de su comportamiento anómalo. Luego cuando llegué al cruce comprobé que algún gilipollas ha tirado un camión de arena muy fina en ese cruce. Hortensia casi se encalla.
Seguí camino de Soria que cantaba no sé que grupo allá por la movida. Y un ciclista me adelantó. Me contó que iba muy cargado. Vamos, como si yo después de tanto tiempo no me hubiera dado cuenta.
Ya sé que entre las alforjas y el peso de marianoenbicicleta.blog vamos al límite, pero no sé hacer mejor las alforjas.
Continué con bastante premura para llegar a Soria, tenía una encomienda imprescindible que hacer en esa ciudad. Y no, no era comer un torrezno. Era comprar tabaco. Hoy es sábado y mañana seguro que en mi destino no hay ningún estanco abierto.
En la ciudad debían de estar de fiestas, y grupos de majorettes de distintas nacionalidades (sobre todo de Sudamérica) competían por enseñar más piernas que las oponentes. No he tirado ninguna foto de ese acontecimiento.
He comprado agua y ya me marchaba cuando el del establecimiento me ha indicado que mejor le pagara. Que puto despiste.
No paré para hacer una foto del padre Duero, luego pillaré una de internet y la colocaré por aquí. La salida de Soria con unas pocas subidas y poco tráfico, cuando ya he pillado la carretera de Calatayud han empezado una serie de toboganes muy agradables. Subías y con la inercia de la bajada subías la siguiente cuesta.
Estás fotos no son mías.
No mucho después de cuatro o cinco kilómetros de estar en esa carretera he visto la señaletica de una vía verde. Nada más que he podido me he metido en ella y ha sido bastante cómodo seguir avanzando por ella. Resulta que es la continuación de la vía verde del Santander – Mediterráneo que no figura en la aplicación de las vías verdes.
Podeís imaginar que a eso de la una de la tarde por allí no circulaba nadie. Solo he adelantado a un paisano que supongo que estaba quitándose la tajada de la noche y avanzaba en la misma dirección que yo. Se asustó cuando le adelanté.
Las rectas parecían interminables, el agua que había cargado con hielos en Soria, estaba caliente, había que seguir.
Cuando he estimado que tenía que estar cerca de mi destino, he parado en unos silos y un paisano que estaba observando sus cultivos me ha indicado el camino. Han sido cinco kilómetros hasta el pueblo con más subidas que bajadas y con bastante viento en contra.
Lo de la pensión, muy mejorable. La habitación guarrilla, la organización impresentable. La clave del wi-fi no funciona, el lugar a donde dá la ventana de la habitación no quiero contarlo, tiene mierda para aburrir. Pero realmente ha sido barato.
La comida era menú del día y al final he conseguido (y no he realizado foto) un plato de dos huevos fritos y un poco de cinta de lomo. Bien.
Ayer, por cambiar, me fui a un sitio a cenar donde en la carta ofrecían un pie de cerdo relleno de trufas y setas. Era el pie de cerdo con mucho rebozado, con todos lo huesos, y con poco sabor a los aderezos que decían que tenía.
Mañana tengo un par de tramos de vía verde hacía Calatayud, el resto por carretera. Como es domingo supongo que no circularán excesivos camiones y coches y el viaje será cómodo.
Esto de viajar en bicicleta es una buena opción para quitarte la polilla que nos puede machacar a los jubilados. Mejor moverse que estar encerrado en casa.
Pero tiene una gran desventaja. Hoy es el cuarto cumpleaños de nuestra Irene y no he podido darle el beso y la felicitación que se merece. Sé que a los cuatro años esas cosas se olvidan, a los sesenta y ocho no.
Y que me decís de la tele que no funciona. Hoy he intentado dormir el tour con la radio y no es lo mismo. Entre las moscas y que no tenía a Pedro Delgado no he pegado ojo.
Pensaba haber grabado un mensaje y enviárselo por wapps-app, pero me dá mucha vergüenza ponerme a grabar un video en este pueblo. Muchas felicidades Irene.
Hoy hemos seguido uniendo territorios, una parte por la vía verde Santander – Mediterráneo, otra parte por una carretera nacional. Es obvio que la parte de carretera no tengan reflejo fotográfico. Cuando acabé la vía verde burgalesa en Cascajares me encontré de golpe y no con un acceso fácil me coloqué en la nacional 232, creo. El primer punto que tenía anotado en mi recorrido era Barbadillo del Mercado. Con un arcén bastante bueno y apurando la subida llegué hasta Barbadillo. Paré junto a un bar, pero como era pronto y había desayunado copiosamente no tenía especiales ganas de tomar nada. La parte mingitoria la tenía resuelta no entré en el bar.
Pregunté a un paisano y fue claro. La carretera era buena, luego se demostró que no, pero que hasta Hontoría del Pinar que era el segundo punto referenciado me encontraría con subidas y subidas.
La carretera marcaba como destinos Soria y La Gallega. Torpe que soy de propio natural pensé que La Gallega era un pueblo donde podría descansar. Subidas suaves, camiones adelantándome, coches que respetaban el metro y medio de separación entre vehículos y bicicletas. Quedaban quince kilómetros hasta la “famosa” La Gallega, venga de subir, venga de subir. Que conste que no tenía nada que ver con el Escudo, era una subida asumible.
Cuando ya llegué al hito de La Gallega comprobé que era el alto del mismo nombre, mil ciento doce metros. Es verdad que había un pueblo en las proximidades que se llamaba como el alto, pero como ya había corononado puerto ni pensé en pararme. Seguía habiendo desniveles pero tampoco eran tan importantes.
Dando pedaladas y con paciencia llegué hasta Hontoría del Pinar, me quedaba solo un 30% de batería así que en el bar donde estaban todos los cuídanos del pueblo puse a cargar la bicicleta. Me pedí una cerveza, estuve un buen rato mareando la cerveza y concluí pidiéndome una botella grande de agua.
Retrocedo en la narración. Esta mañana me levanté bastante temprano, hice todas las cosas necesarias para partir y a las siete y media tenía todas los cosas cargadas en Hortensia. Bene, el dueño consorte del alojamiento LA CERCA DE DOÑA JIMENA, ya estaba por allí y me preparó un desayuno opíparo, zumo de naranja, dos piezas de fruta (que no toqué), una tostada de pan integral con aceite y dos cafés. Ayer cuando hablé con él, fue complicado sacarle información. Le pregunté sobre el número de cabras que tenía. La primera contestación que me dió es que desde ayer tenía una más. Entiendo que alguna cabra había parido, pero tuve que apretar para que al final me dijera que con la que había nacido ese día tenía seis. Pues tampoco hay que darse tanta importancia. Concluimos que lo de “echar” las cabras era llevarlas a una finca donde le dejan entrar y que piensa que en una semana o dos conseguirá dejarla limpia. No sé si con las seis o con las cinco que tenía antes.
Mientras estaba desayunando aparecieron dos ciclistas que según ellos habían salido a pedalear a las cinco y veinte de la mañana. Esté bien ser previsor, pero esa madrugada a mi no me acaba de venir bien.
Estaban contentos de poder desayunar. Bene el dueño consorte de la Cerca de Doña Jimena, les aclaró bien la situación. Si este gilipollas que escribe no se hubiera empeñado en desayunar a las ocho de la mañana ellos habrían encontrado el hostal cerrado a cal y canto. El no estaba para atender a la gente a esas horas de la madrugada.
Desde Modular de San Cibrían bajé hasta Los Ausines y ya me incorporé a la vía verde. Tuve que recorrer unos cinco o diez kilómetros que ya había recorrido ayer, pero cuando uno se equivoca, se equivoca.
Del recorrido burgalés por la vía verde he de desdecirme de lo que dije ayer. Las desbrozadoras no pasan por allí desde hace varios años. Arañazos, golpes con las distintas plantas que están en el camino, no en los márgenes, en el mismo camino.
Los brazos y las piernas llenos de arañazos, he sangrado como un cerdito pequeño y por supuesto el maillot se ha puesto perdido de sangre. No había otra opción.
En todo el camino no he encontrado nada más que dos ciclistas en sentido norte. Parece que las normas que dicen de no hacer deporte en las horas centrales del día la gente las sigue.
Según he llegado a la vía verde en Hontoría he recordado perfectamente mi anterior recorrido por estos caminos.
Seguía bastante agreste el camino en la parte burgalesa y mejoró considerablemente en el camino soriano. Seguíamos subiendo y gracias a la carga que había conseguido en el bar de Hontoría pude llegar bastante bien al destino.
Hacía hasta Navaleno pasé por San Leonardo. Sigo sin poner el apellido que sigue en el nombre de esa población. Tienen, y seguro que ya lo he contado, dos acontecimientos en su historia. La primera es que en ese pueblo y gracías a las artimañas del dictador Franco se mató el General Yagüe, otro de los golpistas españoles.
La segunda es que en su zona se filmó parte de la película Doctor Zhivago. Todavía tienen toda una zona dedicada a ambos acontecimientos, está claro que no sean gente que mire al futuro. Ahora bien, siguen siendo madereros y sacan un gran partido a sus pinares.
Ya recordaba que después de San Leonardo y la zona que le siguen dedicando a la película, hay un tramo de la vía verde que se corta por una finca particular que sigue teniendo vías y un tren de juguete para “joder” a los circulantes por la vía verde.
Superado esa incomodidad, llegué nuevamente a la vía tradicional. Allí estaba un grupo scout, que parecía que no tenían nada importante que hacer. El jefe del grupo se empeñó varias veces en darme agua fresca. Tenía que cumplir su obligación de “la buena obra del día”. Desde donde encontré a los jovenes scout, había todavía tres kilómetros hasta Navaleno.
Llegué, me refresqué, hice el check-in en el alojamiento y comí. Mientras me tomaba una cerveza hablé con un vizcaíno que vacaciona en la zona. Es ciclista y me habló de la maravilla de caminos existentes en la zona, pero como siempre, me dijo que hay que conocerlos.
Comí en la Casona del Herrero y me subí a dormir la etapa del tour. Hace ciertamente mucho calor.
Mañana me tocará subir los tres kilómetros que he bajado desde donde estaban los scout y luego continuar por la vía verde hasta Soria. Vamos avanzando en el objetivo planteado.
Objetivo de mañana: Gómara. Ya veremos.
Esta iconografía requeté no me la explico, estaba en el bar que he comido.
Imaginar, no demasiado, un país gobernado por los desalmados de VOX e incluso por los no convencidos “demócratas” del PP. Esa gentuza decidió que el día en que se levantaron contra la democracia de la segunda república era la fecha adecuada para percibir los trabajadores la paga extraordinaria de esa fecha. Es verdad que la habíamos cotizado previamente, pero el regimen dictatorial de franco, nos contaba que era una paga que obteníamos por su generosidad.
Oña, la ventana de la bandera no era la mía.
Que tiempos. Aunque hoy ya es una fecha olvidada, algunos ancianos nos acordamos de esos momentos vividos sin democracia en nuestro país.
He aprovechado que estoy en tierras burgalesas para acordarme de que la dictadura estableció su primera capital en la ciudad que yo he pasado casi sin tocarla.
Me voy explicando, esta mañana desayuné en Oña, en el hostal donde había dormido. Me han dado la llave del almacén donde estaba guardada Hortensia y no me he encontrado con ninguna sorpresa, el liquido que lleva la rueda había sellado adecuadamente el pinchazo y tenía aire para seguir el camino.
Dos cafés, la medía tostada y como me han dicho en Oña, todo el rato a subir y subir. Es verdad que siendo una vía verde no hay ninguna pendiente fuerte pero noventa kilómetros de subida se hacen largos.
He ido hilvanando los tramos que en su momento recorrí del Ferrocarril Santander – Mediterráneo, sinceramente salvo que siempre olvidan pasar la desbrozadora y por tanto las piernas y los brazos sufren ataques de la maleza, el camino está ahora mejor que nunca. Si alguién quiere recorrer este camino, el próximo mes de septiembre es el momento. La temperatura descenderá y como he dicho ahora la vía verde está de dulce. Bien señalizada, buen firme y todos los trozos que hice en su momento por partes, están ahora unidos.
En dos días he recorrido la comarca de las Merindades, la de la Bureba y el Alfoz Burgalés. Se hace un poco tedioso por el paisaje, pero es emocionante ir avanzando kilómetros y kilómetros hasta el destino de cada día.
Luego pondré fotos de las distintas estaciones por las que he ido pasando, el primer objetivo de hoy era llegar hasta Burgos en hora para que repararan el pinchazo de ayer. Según entraba en la ciudad he visto una tienda-taller de bicis y allí me han puesto un parche en la rueda delantera y me han metido liquido en ambas ruedas.
He tenido que esperar algo más de tres cuartos de hora, pero el parche tenía que secar.
He salido de Burgos cerca de las dos de la tarde, eso ha provocado que haya tenido que parar en el camino para comer algo y llegar hasta Modular de San Cibrían a eso de las cuatro de la tarde. Los del hotel unos campeones, he llamado bastantes veces a los dos teléfonos que figuraban en su fachada y la dueña ha decidido no contestar. Me dijo Tere que la señora estaría durmiendo la siesta. Ella lo ha negado. Pero cara de que había estado descansando tenía.
Me ha ofrecido una habitación cálida y otra fresca. He elegido la última, la ventana que hay en la habitación está abierta en un muro de un metro. Entiendo perfectamente lo de habitación fresca.
Solo he podido dormir los últimos quince kilómetros del tour, pero las circunstancias del día han provocado esa situación.
Las piernas han sufrido bastante, pero después de la siesta creo estar en forma para seguir mañana.
En Modular, no hay ni tienda, ni bar, ni nada para hacer una visita cultural. Encontré alojamiento, pero no me fijé en que esto era el “culo del mundo”.
La dueña del hotel me ha contado que el marido comparte su atención del hotel con “echar” las cabras. No tengo claro lo que es “echar” las cabras pero supongo que es dejarlas en el campo.
Todo muy rural. Hablaba mi amiga Maribel del país deshabitado que me encontré en el Escudo, para país vacío esta zona burgalesa.
Hasta ahora voy cumpliendo objetivos, Hortensia funciona y marianoenbicicleta casi también.
Me ha dicho la dueña del hotel que si quería cenar y me ha dicho que hay pollo, filete de ternera y albóndigas. Una oferta muy amplia como podéis ver.
Ayer casi no llego, el puto puerto del Escudo demostró todas mis deficiencias. En realidad ya las las conocía, soy incapaz de subir algo más de una tachuela, cuando la carretera se pone seria y los desniveles son superiores al 10% mis piernas y las capacidades de Hortensia se confabulan y deciden que ese recorrido no es para mí. Quiero recordar que cuando me jubilé decidí recorrer los ríos de la peninsula desde el nacimiento hasta la desembocadura pensando (ingenuamente) que todo sería descendente. Nada más falso que esa suposición. Los ríos tienen sus ascensos y descensos y son un poco cabrones.
Esta mañana he despertado a nueve grados, hacía fresco de verdad. He tomado mis dos cafés habituales y media tostada con aceite. Es complicado lo de pedir una tostada, la muchacha que me ha servido entendió que la miga de la barra de pan es algo deseable. Si le quito la miga deja de ser una tostada y si no se la quito no me gusta. Manías de viejo.
Pregunté a un paisano el camino hacía la boca sur del túnel de la Engaña. Me dio todos los detalles. Yo me equivoqué y recorrí algo más de cinco kilómetros innecesarios.
De vuelta al pueblo con el google maps encontré el camino. El cartel no decía túnel de la Engaña, decía ESPINOSA DE LOS MONTEROS, os podéis imaginar que era una dirección que no me ponía nada. Pero al final hay que hacer caso a los mapas y si para ir al túnel de la Engaña hay que pasar por ese pueblo de nombre fastista, pues vamos hacía ese sitio.
Un rato largo de subida y luego una bajada divertida. Llegué a la boca sur del túnel de la Engaña.
Ahora voy a perder un poco de tiempo hablando de esa mágnifica obra. Un túnel que unía Castilla con Cantabría, en ese trabajo estuvieron cientos, quizás miles de presos republicanos, hicieron unos barracones para su alojamiento. En cualquier caso, cuantos murieron, cuantos sufrieron de explotación, cuantos acabaron el túnel sin ninguna opción de que su trabajo fuera reconocido. El túnel se finalizó. Nunca fue puesto en funcionamiento, ahora está cerrado y es posible que nunca se vuelva a abrir. Que lastima de trabajos forzadas para tan poco resultado real.
Desde el túnel de la Engaña he sido muy disciplinado y he recorrido por la vía verde del Santander – Mediterráneo todos y cada uno de los kilómetros que he encontrado en el camino. La verdad es que ahora la vía verde está mucho mejor que la vez anterior que la recorrí. Las estaciones, salvo dos o tres, en estado deplorable. El camino divertido. Todo era bajada hasta la Estación de Trespaderne.
Por cierto, en el año 1984 estuve por esta zona con un tren de vapor y recorriendo por ultima vez esas vías, después decidieron cerrarlas.
Ahora es una mágnifica vía verde, pero no sería ninguna tontería pensar en el medio de transporte (ferrocarril) que uniera por esos caminos el Atlantico y el Mediterráneo.
Os voy a confesar una sensación. Los paseantes, los ciclistas de aquí son como los franceses. No se levantan pronto de ninguna manera. Hasta más de las diez de la mañana no he visto a nadie en la vía verde. Luego sí, pero dado que se presuponía que hoy tendríamos temperaturas elevadas no parece adecuado que el personal se aguante hasta media mañana para salir a pasear.
Otra manía de viejo. Ciertamente el trabajo que han realizado en la vía verde es de verdad maravilloso, ahora es un recorrido especialmente agradable. Primero las Merindades, después algo intermedio entre la zona norte de Burgos y la Bureba. Sigo pensando que para la inversión que hemos realizado en este recorrido está muy poco utilizado y muy poco rentabilizado. Al llegar a Villarcayo me encontré con tres ciclistas sentados tranquilamente. Aseguraron que eran de Bilbao y que estaban alojados en el camping, como si todo el mundo supiéramos donde estaba el camping. Me ha dado la sensación de que salían en bici por la mañana para evitarse tener que ayudar en las labores domésticas. También es una opción.
Lo que puedo asegurar es que no se machacan mucho con la bicicleta. Después de la charla yo he continuado mi camino y ellos han vuelto al camping que sigo sin saber donde estaba.
En Trespaderne había otro ciclista, este estaba probando sus habilidades y conociendo la vía verde. Había ido desde Oña hasta donde me le encontré y supongo que después volvería a Oña.
Los últimos diez kilómetros entre Trespaderne y Oña son realmente espectaculares. El río Ebro a la derecha en un desfiladero muy bonito, la vía verde paralela al río y con unos túneles que permiten al paseante, al ciclista recorrer esa zona sin ningún problema. Algunas abuelas con sus nietos en bicicleta, algunos padres dando lecciones de como circular por la vía verde y sobre todo muchos insectos dando por el culo.
La estación de Oña se mantiene y hay un conjunto de edificaciones que son parte fundamental de las infraestructuras del pueblo.
El pueblo en este caso está en alto. Desde la vía verde hay que ir hasta el final del pueblo para empezar ascender hasta la parte habitable del pueblo. Recomiendo la visita a Oña, tampoco es para quedarse a vivir. Es muy bonito.
Cuando he llegado al lugar donde me alojo he comprobado que la rueda delantera perdía liquido del tubeles. Siguiendo las instrucciones del listo del pueblo he dejado el pinchazo pegado al suelo y parece que el liquido ha realizado su función y ha sellado el pinchazo. Veremos mañana. Me ha surgido un nuevo trabajo, llegar hasta Burgos y buscar un taller de bicicletas para que arreglen el pinchazo. La información que me han dado es que los dos talleres de bicis que hay en la zona están en Medina de Pomar, que ya la había pasado, y en Briviesca (capital de la Bureba).
Estos recorridos míos son de mucho riesgo, sobre todo si eres, como es mi caso, incapaz de arreglar nada con las manos.
Al final ayer decidí que la quesada no podía continuar viaje y me la cené sin contemplaciones. Un café para pasar el trago y la quesada cortada en porciones con mi navaja suiza.
Es posible que mi cuerpo pidiera algo más de cena, pero tenía la quesada y no podía desaprovecharla.
El paisano que me puso el café era colombiano, la muchacha que me atendió ayer por la mañana y me ha dado el desayuno también era de un país de latino América, ambos vivían en ese pueblo remoto de Burgos. Me decía el colombiano que el alquiler de una vivienda en el pueblo es de trescientos euros y que con salario de camarero se lo puede permitir.
Si los servicios en pueblos como ese nos lo ofrecen inmigrantes, donde está el problema. Estos señores y señoras que hablan de limitar la emigración en que cojones piensan. Si todos y todas las personas que nos atienden en el camino son inmigrantes y así funciona el mundo, que razón hay para hacer proclamas en contra de esas personas. En mi caso muy satisfecho de que me atendieran esas personas y muy contento de que tengan un futuro en nuestro país. Que se jodan los Espinosas de los Monteros y todos los corifeos del partido popular.
Hoy no he venido oyendo la cadena ser, me he dado a la música y ha sido realmente agradable.
Mañana veremos si el tubeles ha sellado adecuadamente la rueda delantera y consiga llegar hasta Burgos para su reparación. En caso contrario tendré que improvisar.
Aprovechando la festividad me he metido en tierras donde esa fiesta no significa nada. Es verdad que he empezado mi recorrido en el Atlantico (mar cantábrico), pero era muy pronto para que la Virgen del Carmen estuviera levantada. Una vez que he abandonado Astillero me he metido en serio hacia los montes que separan Cantabria de Burgos por lo que las reminiscencias de las virgenes marineras ha desaparecido.
La primera parte del recorrido de hoy ha sido la Vía Verde de Pas. Solo recordaba que cuando la recorrí estaba cortada a dos o tres kilómetros de Astillero y me tuve que volver. Hoy que la he recorrido de principio a fin (Alceda), he de decir que es muy bonita y está especialmente cuidada. Solo tiene un pequeño problema, la falta de señalización. Hay un punto, y lo veréis en el mapa que incluyo en esta entrada que la vía se corta y adivinar por donde sigue es un trabajo de “geografos”, en mi caso lo ha resuelto una tienda de bicicletas que me ha indicado correctamente el camino. Eso sí, había recorrido a lo tonto dos kilómetros de ida y otros dos de vuelta.
Si había ambiente en el recorrido de la vía verde. Demasiados perros sueltos y demasiadas bostas de vaca o caballo. Antes de llegar a Alceda adelanté a un grupo de paseantes. Cuando la vía verde marcó su final y mientras pensaba en el siguiente paso del recorrido llegaron a mi altura. Charlamos un rato y decidieron que en vez de ir por el puerto de la Magdalena que ellos no conocían, debía ir por el puerto del Escudo. Como en general soy bastante obediente me fui hasta la carretera donde comenzaba el citado puerto. Hice otra encuesta a unos ciclistas y me ratificaron que mejor por el Escudo. Ganas de subir y subir tenía pocas, pero entre Cantabria y Castilla y León siempre han existido las montañas y en este caso (dado que no hay túneles operativos) me tocaba subir. El señor de la guadaña (no era la muerte) que me encontré me mintió con evidentes muestras de afecto. Me dijo que hasta el Escudo quedaban diez kilómetros. Quinientos metros más arriba comprobé por los carteles que eran dieciocho. Algunos tramos eran cómodos, incluso he podido quitar la asistencia de la bicicleta y andar a una velocidad razonable. Ha llegado un momento en que las subidas eran especialmente pronunciadas y me ha vuelto a pasar lo que me ocurrió subiendo O Cebreiro, Hortensia entendía que ya había apurado mucho la maxima asistencia y se bloquea. Parar, descansar y vuelta a empezar. Así varias veces. Pondré fotos de los sitios donde he podido parar.
Cuando faltaban tres kilómetros y medio para hacer cumbre, mi cabeza y la batería de Hortensia han dicho BASTA. Me he colocado en una recta de subida bastante larga, he aparcado la bici y he esperado con tranquilidad hasta que llegara el buen samaritano que me subiera en su vehículo esa pequeña parte del camino. Lo primero que pensé fue en una furgoneta donde pudiera meter a Hortensia durante ese corto trayecto. No os equivoquéis, tampoco son tantos los vehículos que suben por el puerto del Escudo. En esa maravillosa recta he estado parado algo más de una hora. Cuento todos los datos. La batería estaba al diecinueve por ciento, mis piernas estaban agotadas pero con ayuda hubiera conseguido hacer cumbre, pero me quedaban bastantes kilómetros para llegar al lugar de alojamiento. Si quemaba todos los cartuchos subiendo hasta el Escudo estaba seguro que la batería no me respondería para llegar hasta Soncillo. Bastantes “hijos de puta” que no pararon para preguntarme la razón por la que les hacía señales de parar. Algunos bien intencionados que me demostraron que no cabíamos Hortensia y yo en su vehículo y un ángel de la guardía que paró. Llevaba un pequeño remolque en el coche, dentro una escalera y una antena vieja. Hemos subido entre los dos a Hortensia en el remolque, la hemos asegurado con un par de pulpos y hemos subido no solo hasta el puerto, hasta la “aduana” entre Cantabria y Castilla y León. Había niebla y la temperatura había descendido considerablemente.
En la explanada que hay en esa intersección hemos bajado la bicicleta, las alforjas y sorprendentemente mi ángel de la guardía ha vuelto por la carretera hacía Cantabría.
Veréis en el mapa de mi recorrido de hoy que hay un hilván de tres kilómetros y medio que falta, es lo recorrido con mi protector favorito del día.
Desde allí he cruzado al otro lado de la carretera, me he puesto con cara de ciclista experimentando y he comenzado la bajada del Escudo. Ha sido coser y cantar, el puerto es mucho más pequeño en el lado burgalés y en menos de cinco minutos estaba en la base del puerto. Luego tenía que pillar la nacional hacía Logroño para llegar a mi destino. Muchas bajadas en las que he apagado la asistencia de la bici y alguna subido. He llegado con un catorce por ciento de batería. Ahora se está cargando.
Soncillo para sus habitantes seguro que es el pueblo más bonito del mundo, lo que yo he visto es que es uno del montón y sin demasiados servicios. Que le vamos a hacer. Hemos entrado en la España vacíada. He intentado comer en dos sitios y cuando uno de los lugares (no siendo una hamburguesería) su oferta estrella son hamburguesas, mal recorrido para la gastronomía.
Al final en el Capricho de Clemente, que así se llama el hotel he pedido media ración de ibéricos y media de queso. No eran ibéricos y los quesos, pues eso, quesos. No buenos.
Ayer conté que pretendía hilvanar distintos recorridos. Pues ya hay un tramo de tres kilómetros y medio que han quedado sin los pespuntes necesarios. Siempre me abocharnaré de no conseguir llegar hasta el puerto del Escudo. Bueno, cuando digo siempre podemos dejarlo en hoy y quizá mañana.
Esta mañana desayuné quesada por indicaciones De Alba. Aquí la tengo, cuando acabe de escribir esta entrada comeré un trozo y me temo que no me va a acompañar mucho más tiempo. Los elementos inútiles es mejor dejarles en el camino.
Tere ya está en Toro con Salvadora, Alba trasmitiendo un partido de fútbol femenino desde A Coruña, yo en este pueblo y la única que está en su sitio es Ruth, pero Irene está en Guardamar del Segura.
¿Hay alguna familia más desestructurada?
Pues eso, mañana comenzaré viajando hasta la boca sur del túnel de la Engaña y después a recorrer la vía verde del Santander – Mediterráneo. Son formas de pasar el tiempo.
Lo sé, soy un poco imbecil, hay unos trenes que van desde Madrid – Chamartín Clara Campoamor hasta Santander en poco menos de cuatro horas y me podría haber ahorrado todo el recorrido que hemos realizado Hortensia y yo. Pero había dos elementos que me impedían coger ese tren. El primero era que tenía que parar en Valladolid para estar un rato con mi hermano, el segundo es que, aunque las normas de Renfe digan que se puede viajar en ese tipo de trenes, conozco suficientemente la serie 130 de Talgo como para saber que no hay espacio para las bicis y sería complicar la vida al personal del tren.
Preparativos de la Pantalla Gigante en el Puente del Rey (Madrid) y estación de Príncipe Pío (Norte) de Madrid.
Con ese preámbulo innecesario, ayer día 14 de Julio, día de la republica francesa, me monté en un tren que salía de la Estación del Norte de Madrid (Príncipe Pío) y llegaba a la estación del Norte de Valladolid (Campo Grande). Me dio tiempo a leer medio libro de Rosa Rivas: Peces abisales y escribir una entrada que no voy a publicar.
Intenté cambiar de bares donde comer en Valladolid y será por la costumbre o porque los elegidos habitualmente son los buenos, acabé en los mismos de siempre. El Corcho, donde comí una tajada de balao y una croqueta y el GASTROBAR la Pasión, donde pudé comer merluza rellena de Txangurro. Un café y la siesta.
Pantalla gigante de Valladolid en la plaza ZORRILLA y procesión fluvial de la virgen del Carmen.
En taxi hasta Laguna de Duero y desde algo antes de las seis hasta pasadas las ocho de la tarde estuvimos tomando algo Luis y yo. Dejé a mi hermano en su casa y volví a Valladolid. Realmente estaba preocupado, encontrar un bar sin televisión para comer algo fue una tarea titánica, hasta el Alhambra donde ponen pinchos de cordero y donde no recuerdo que tuvieran televisión la habían puesto.
Un pincho de bonito en una terraza de la calle de las Angustias, donde no había televisión y corriendo al Hotel Mozart, donde me alojaba. Para evitar el fútbol que era lo único que había en ese momento, podría mentir y decir que puse en la tableta una película porno, sería mentira. Estuve viendo una serie catalana de principios de siglo. No puede existir algo menos motivante.
También mentiría si dijera que no estuve pendiente del resultado. Me enteré en tiempo y forma de que “España” era la mejor y todos decidimos que éramos los campeones de Europa, aunque solo jugaran 26 jugadores.
Contento con la satisfación general me dormí a eso de las once y media o doce.
Esta mañana me he levantado bastante pronto y he disfrutado en la cadena ser de José Luis Sastre como sustituto de la “Barceló”, le ha dedicado todo el tiempo del mundo a lo buenos que somos todos en el fútbol y el “pseudoatentado” al candidato republicano de los Estados Unidos. Tengo una duda sobre lo que han dicho tanto Sastre como los contertulios. Un atentado al candidato a la presidencia de un país se puede considerar “magnicidio” o simplemente es que en ese país están todos locos y han montado esa coreografía para darle mas votos al loco del pelo panocha. Hay lo dejo.
El ocho de chocolate y el hotel MOZART.Tampoco estaba mal el Hotel Mozart de Valladolid.
Tenía mucho tiempo y bajé a desayunar a la Chocolatería El Castillo, está en la calle Montero Calvo. Pongo fotos de la esquina de esa calle con Menéndez Pelayo. Justo en esa intersección perdí mis dos paletos superiores. Un encuentro desafortunado con un taxi hizo que tuviera que ir al dentista durante algo más de seis meses y que siempre haya tenido la boca como si fuera prestada.
En la chocolatería no pedí ni chocolate, ni churros. Me conformé con unos cafés y un ocho de chocolate. Pura golosina.
Subí otra vez al hotel que estaba a menos de cincuenta metros y bajé todos los bártulos.
El de recepción me abrió el lugar donde había dormido Hortensia y con algo de arte conseguí ponerla en posición vertical para que entrase en el ascensor.
A la estación del Norte de Valladolid (Campo Grande) llegué con tiempo suficiente para jugar a la primitiva, el EUROMILLÓN, el gordo de la primitiva, el EUROJACKPOT y el CUPONAZO. Total 16,50 €.
Viajaba con Hortensia, llevaba mi pantalón y mis chanclas de Decathlon, la camiseta era de color rojo y pese a esa apariencia absolutamente innoble todo los viajeros que pretendían ir desde Valladolid a cualquiera de las estaciones que hay hasta Santander me preguntaron sobre si ese era el tren. Creo que no me he quitado el uniforme de interventor aunque abandoné esa profesión en 1984.
A punto de emprender el viaje a Santander.
Coloqué a Hortensia en el lugar previsto dentro del tren. Me acoplé en mi asiento y pudé completar el libro de Rosa Ribas. En las estaciones intermedias pudé recordar aquellas que son importantes en el recorrido del Canal de Castilla: Palencia, Fromista y Alar de Rey. En esta ultima había un cruce con el tren que venía de Santander y pude fumar un cigarro.
El viaje me ha parecido un poco largo, pero ya he comprobado que tengo bastante aguante.
He llegado un poco tarde (quince minutos después de la hora prevista) a Santander. La ciudad tenía ese punto gris de estar nublada, pero especialmente luminosa.
Lo tenía claro, la comida en el barrio pesquero. Aunque hoy es lunes algo tendrían para disfrutar de los productos del mar.
Por un carril bici y presuponiendo donde estaba ese barrio llegué rápidamente al lugar. Era la fiesta grande del barrio. LA VIRGEN DEL CARMEN. Las conversaciones que he oído según comía me han descubierto lo importante que es para alguna gente este tipo de celebraciones. Un paisano había pedido dos días de vacaciones en su empresa para participar en la procesión del día 16 de julio, ese mismo tenía fotos vestido de marinero con un año y participando de la procesión, la señora con la que hablaba le contó que ella parío el siete de julio de un año y el día dieciséis su hija participó en la procesión. No sé si eso es fé o simplemente costumbre, pero a esa gente no les muevas de lo importante: LA VIRGEN DEL CARMEN.
Santander, su puerto pesquero y la comida del día.
Ayer según me daba una vuelta por Valladolid vi la celebración que se hacía a esa Virgen en la ciudad. Estuve a punto de titular esta entrada como Valladolid ciudad Marinera, pero al final no me he atrevido. Una barca, una vuelta por el Pisuerga y la virgen en la orilla de la “oliva” esperando que alguién cargara con ella. No es lo mismo.
La comida ya he dicho que ha sido en el barrio pesquero. Había varios establecimientos en la calle principal, donde además estaban puestos los puestos de la fería del Carmen. He encontrado un bar en una calle perpendicular. El Vivero. Muy popular y con un producto magnífico. Unas “rabas” y unas sardinas plancha. El cuerpo no me daba para pillar también unas anchoas de Santoña.
Vuelta a la estación y viaje en las “espectaculares” cercanías de Santander hasta Bujedo. Lo que cuento a partir de ahora me lo estoy inventando. Mi madre citaba este pueblo y Los Corrales como unos lugares donde mi padre había tenido que ir a trabajar por falta de personal en ambos lugares. Ella consideraba ese periodo como una especie de exilio innecesario.
El hotel de Guarnizo y un pequeño recorrido por la zona.
Como siempre me he equivocado. He viajado hasta Bujedo en las cercanías y cuando he llegado a la estación he preguntado por el Hotel Los Angeles. Me han indicado como ir. También me han dicho que era mejor que me hubiera bajado en Boo. Cuando no se sabe, no se sabe.
Mañana empieza el viaje con Hortensia. Todo lo que tengo previsto recorrer ya lo he recorrido. Solo que esta vez pretendo “hilvanar” varios recorridos para que tengan algo de sentido. Veremos.
Recuerdo que el pasado año disfruté de la noche de San Juan en una maravillosa playa de Donostia. Había llegado hasta allí después de recorrer el camino de Santiago del Norte en sentido inverso, es decir, de Santiago a Hendaya. Los problemas que en aquel viaje tuve con la lluvia ya les conté en su momento, las alegrías de encontrarme con distintos amigos en Bilbao también.
La noche en la playa, con las hogueras, con la puesta de sol y con unas buenas sardinas del Cantábrico fue maravillosa.
Esta vez, esta noche especial estaré en casa con Tere, Ruth e Irene, estoy casi seguro de que no tendremos hogueras, que tampoco la puesta de sol será como en las playas de Donostia, pero estaré en mejor compañía.
Cuento todo esto por la razón de que al final llegué ayer por la tarde a Madrid.
Sabiendo que la estación de Tarragona estaba a dos minutos andando del hotel donde había pernoctado remoloneé todo lo que pude en la habitación y no salí hasta casi las nueve quince de la mañana. Paré en el bar de la esquina para desayunar y comprar un par de bocadillos para el camino. El croissant (ya me había acostumbrado) había sido recalentado en horno, incomestible, los cafés pasables y dada la experiencia temí lo peor para los bocadillos de tortilla francesa y butifarra. La propietaria y cocinera en ese momento del bar era claramente racionalizada de antecedentes orientales. Verla preparar una butifarra me mosqueó, sobre todo después de como había trabajado la bollería fina.
En cualquier caso, salí disparado hacia la estación y me encontré el andén número uno, que era del que salía mi tren, totalmente atestado. Bajaron muchas personas provenientes de Barcelona y las estaciones intermedias en Tarragona. Subimos muchos más. Conseguí meter a Hortensia en la plataforma del tren y una madre y una abuela me miraron bastante mal por si arrollaba con la bicicleta el coche de su bebé. Aguanté estoico las malas miradas y según bajaron en la siguiente estación algunos de los viajeros me hice un lugar en plaza asignada a los viajeros con movilidad reducida y allí realizó el viaje todo el camino nuestra Hortensia.
La aglomeración existente cuando nos montamos quedó reducida a unos pocos viajeros a la media hora del viaje.
Ya pude colocarme tranquilamente en dos asientos. Uno para la bolsa de viaje y todas las tonterías que llevo habitualmente en ella y otra para mis posaderas.
Suelo del tren en el que viajé ayer. Este símbolo de Renfe que nosotros llamábamos la pelota desapareció de la iconografía de la empresa hace más de quince años. Imaginar el tipo de tren.
Al ser un tren regional no habían sabido darme billete de ferroviario en la estación y me monté sin titulo valido de transporte.
Pasó el primer interventor y no hubo problemas. Como una hora antes de Zaragoza, por las noticias que nos dieron, se había averiado un tren que circulaba delante y teníamos que esperar o su evacuación o su reparación. Fueron cuarenta minutos en los que obviamente no abrieron ni las puertas (estábamos en mitad del campo), mal momento para seguir fumando.
Acompaño la entrada con fotos del recorrido por los dos canales.
Arrancamos pasado ese tiempo. Llegamos con ese retraso a las distintas estaciones de Zaragoza y me puse con los bocatas comprados por la mañana. Estaban fríos y la cerveza caliente, pero dada la experiencia del día anterior, me parecieron comestibles.
Había montado un nuevo interventor en Zaragoza, volvió a mirar los viajeros que íbamos en el tren y tampoco me dijo nada de mi viaje sin billete y con Hortensia.
Ambos baños del tren estaban “condenados”, no se podía acceder a ellos y el viaje realmente es largo. Entre el interventor consiguieron habilitar uno de los baños a la altura de Calatayud. Aproveché el tiempo de esa parada para bajarme al andén y fumar un cigarro.
Al poco alguien volvió a trastear y volvió a joder el acceso al único baño usable. El personal del tren tiró la toalla y decidió que hacían una parada extraordinaria en Sigüenza para que los viajeros pudiéramos mover las piernas, fumar algún cigarro e ir al baño de la estación. Mientras el maquinista volvió a resolver el problema existente.
Dos muchachas, tampoco niñas, bajaron conmigo a lo del cigarro solo que ellas se fumaron unos canutos que quisieron compartir.
A los diez minutos nos indicaron que subiéramos al tren y se volvió a poner en marcha con destino a Madrid – Chamartín Clara Campoamor. Subieron y bajaron algunos viajeros en Baides, Jadraque y los pueblos que nos separaban de Guadalajara. Luego directos hasta la estación final del trayecto.
Llegamos con más de cuarenta minutos de retraso pero que le vamos a hacer. Comprobé que habían acabado las obras de muchos de los andenes de Chamartín y casi me sentí un extraño en la forma de uso de las vías de cercanías. Hay que descender a un vestíbulo inferior -el ascensor de la vía donde habíamos llegado no funcionaba- y tuve que bajar a Hortensia por las escaleras mecánicas. Las muchachas de los canutos se despedían afectuosamente consumiendo un nuevo cilindro en el andén y al final conseguí salir de la estación por la vía uno que yo sabía que tenía un acceso al aparcamiento de Agustín de Foxá.
Desde allí y por el Paseo de Castellana hacía casa. Tere ya me había llamado y sabía que estaban ella e Irene esperando en casa.
Solo reseñar dos cosas del camino por la Castellana, el ayuntamiento había realizado solo una parte de las seis de las que se compone el futuro carril bici norte-sur de la ciudad. Bueno pues esa pequeña inaugurada hace unos tres meses ya está levantada a la altura del Santiago Bernabéu. Muestra inequívoca del afecto que el ayuntamiento madrileño tiene hacia la movilidad sostenible. Es verdad que al ser sábado ayer no había mucho tráfico y se podía bajar envuelto entre los coches.
La segundo y esta me sorprendió más se produjo cuando llegué a la altura de Neptuno. A la derecha cerca donde acaba la Carrera de San Jerónimo había un grupo como de cien personas gritando a voz en grito: “campeones, campeones”, iban todos vestidos con sus mejores galas y llevaban una bandera del Atlético de Madrid. Pegados a la fuente una pareja de recién casados. Esta ciudad nos ofrece sorpresas por doquier.
Llegué por fin a casa y hoy ha sido un día de parque y juegos con Irene. Me tocará bajar dentro de un rato otra vez a disfrutar de la bicicleta ajena. Hoy descanso.
Voy a ver si puedo meter un par de enlaces a dos canciones con la que todos los años comienzo la noche de San Juan. Una de una obra del grupo catalán Dagoll Dagom de 2010: La Noche de San Juan y que interpretaba Jaume Sisa.
La otra de Joan Manuel Serrat: Fiesta.
Creo que ambas recogen perfectamente lo que supone una noche como esta para todos nosotros.
No quiero añadir más canciones. Ahora a preparar algún nuevo viaje.
Mañana cumpleaños un buen amigo vallisoletano: Jesús Anta, muchas felicidades.
No tener que pedalear te relaja un poco y consigues relajarte un poco y duermes hasta las siete de la mañana. Luego organizarse rápido, hasta la estación tenía un recorrido de más de veinte minutos. No he desayunado en el apartamento, solo faltaba que perdiera el tren. Según me acercaba a la estación vi una ciudad que ayer con la lluvia permaneció oculta.
Puede que SÈTE sea hasta bonita. No pude reparar ayer en ello, llegar empapado y tenerme que cambiar toda la ropa (digo toda la ropa) no hacía la ciudad especialmente atractiva. Hoy con el sol si ha sido mucho más agradable el paseo con Hortensia.
La “cantina” de la estación estaba cerrada desde hacía tiempo. Me tuve que conformar con un par de cafés de una maquina que había en el vestíbulo de la estación. Tampoco eran baratos. Un euro con sesenta cada uno.
El servicio de información de la SNCF ha sido maravilloso, me han puesto varios mensajes, uno sobre la hora de llegada de mi tren, del anden donde se colocaría. Todo maravilloso.
Han bajado varias bicicletas en Sète y permanecían en el tren otras más. Coloqué a Hortensia con el resto de las bicicletas. No ha pasado ningún empleado de la compañía. Un cartel luminoso informaba de la llegada a las distintas estaciones. He pasado por las ciudades que ayer recorrí pedaleando. Hoy más cómodo. A la hora exacta he llegado hasta NARBONNE, las dos únicas bicicletas que quedaban en el tren han bajado en esa ciudad.
A las diez ya estaba tomándome un café como dios manda y un croasan. En esta ciudad si hay “cantina”.
Me he sentado en la terraza correspondiente y he aprovechado para ver el correo y empezar a escribir esta entrada.
Adrede cuando ayer saqué los billetes dejé un lapso de dos horas entre la llegada a NARBONNE y la salida hacía Portbou para poder hacer el viaje mucho más tranquilo. Ahora tengo bastante tiempo en la ciudad para leer un rato, no me atrevo a realizar una visita a la ciudad y tampoco fui previsor. No compre nada para comer pensando en poder hacerlo en Portbou. Craso error.
No he encontrado la foto de uno de nuestros aves circulando por NARBONNE, me ha emocionado.
En el tren regional francés he seguido leyendo y al rato me he dado cuenta de los mágnificos paisajes que se ven desde la ventanilla en ese tramo del recorrido, algunos paisajes he podido apreciar, la mayoría al estar pendiente de Hortensia me los he perdido. En caso de viajar por esta zona pillar una ventanilla del tren y veréis maravillosas playas y espléndidos acantilados.
Llegamos a Portbou casi a la hora, vi que no había bar en la estación y me sugirieron bajar al pueblo. Como soy un puto miedoso preferí pasar hambre antes del perder el tren. Otra pelea con otros ascensores de estaciones. Nunca sabré la diferencia de precio de hacer un ascensor grande y otro minúsculo. Con el primero das servicio a todo el mundo, con el segundo hasta las sillas de ruedas entran con dificultad. No lo entiendo.
Quitar alforjas, poner la bici en vertical, bajar al subterráneo la bici, subir a por las alforjas, cruzar los pasillos, llegar al nuevo ascensor y otra vez la misma operación. Ya son ganas de joder.
Esperé pacientemente la media hora en la estación, hasta me dio envidia un paisano que había bajado hasta el pueblo y había comprado unas patatas fritas.
Llegaron dos ciclistas catalanes sin mucho interés en confraternizar, acoplaron sus bicicletas y no les volví a ver hasta la bajada en la Estación de Barcelona-Sants.
El viaje ha sido de mucha nota, en los primeros tramos el paisaje seguía siendo maravilloso, el mar a la izquierda y una amplia vegetación a la derecha. No había cobertura en mi móvil. Fui sentado junto a Hortensia en el lado que menos se veía el mar. Son cosas de llevar una niña a la que hay que cuidar.
En una estación, no me preguntéis en cúal, ví correr a una señora con un carro de niño y otra hija de cerca de diez años, supe que se había acabado la tranquilidad.
Llevo la silla del niño hasta donde estaba alojada Hortensia y le cedí mi asiento. Torpe de mí, no busque otro asiento. He viajado cerca de una hora y media de pie. En el camino la señora del carro dío de comer a su hijo un par de veces con sus glándulas mamarias, después también le dio agua, algún producto con frutas, vamos que viajaba en el tren para dar de comer al vástago.
Se fue llenando el tren, viajábamos de pie más gente que sentada, además había hoy competición, entrenamiento o lo que carajo fuera en el circuito de fórmala 1 de Cataluña y en la estación fue un autentico aluvión de gente “bien peinada”, es una forma de hablar.
El número de bicicletas que he podido contar en el tren han sido muchas más de cincuenta, cada uno hacía lo que podía para colocar su artefacto.
Llegamos con un poco de retraso a Sants, subir en un ascensor, este adecuado y volver a bajar en dos minutos a la misma vía donde había llegado. Ni un cigarro pude fumar. Tenía que coger el tren con destino a Calpe. Ese tren era de todo menos cómodo. Cuatro escalones para subir la bici, departamentos estructurados para que la gente fuera sentada, ni un puto espacio para poder alojar a mi compañera.
Nos sentamos como pudimos nada más entrar en el tren y volví a perderme la costa mediterránea. Menos mal que la primera parte del recorrido no tenía paradas y por tanto no ha subido nadie, después ya empezaron a subir viajeros, menos mal que no han subido bicis, tendríamos que haber puesto una encima de otra.
Cuando ya estábamos cerca de Tarragona los vigilantes jurados de servicio en el tren me han indicado que tenía que colocar la bici de forma que los viajeros pudieran pasar. Les he dicho que me bajaba en Tarragona y han asumido que dejara las cosas como estaban.
Menos mal que ellos también se bajaban en esta estación y me han ayudado con Hortensia y con las alforjas. Buena gente.
En el mismo anden de la estación me he fumado mi primer cigarro después de mucho rato. Serio como soy, he ido ha sacar un billete para el tren que quiero coger mañana destino Madrid. En el sistema de venta no daba opción a llevar la bici. No me han dado el billete y en cualquier caso mañana me monto en el tren y que me bajen la bicicleta.
Voy de carreras, son las nueve menos cuarto, no he comido y no quiere perder la opción de cenar. Mañana seguiré contando.
He llegado cerca de las diez menos cuarto para comerme unos pies de porc y un poco de pan tumac.
Al final he hablado de unas estaciones, no he realizado fotos de la horrible estación barcelonesa, no he tirado fotos de la estación de Tarragona, tenían una avería cojonuda. Mañana las realizaré.
Encontré un hotel a un precio ¿razonable? Cerca de la estación y conseguí acoplar a Hortensia y las alforjas.
He hablado de las estaciones de tren por las que he pasado, he llegado hasta Tarraco, queda menos para reunirme con mi familia en Madrid, será un autentico placer. También tendré que ver si mi Maribel ha superado su COVID y podemos reunirnos para gastarnos un dineral en cervezas.
Pero ahora toca hablar de las otras estaciones. Ayer estábamos en primavera y hoy estamos en verano, casi mis dos estaciones preferidas.
Pero como hemos llegado. Lo solvento rápido, hemos llegado empapados. Hortensia y yo no estábamos preparados para hacer una limpieza de Hortensia. Habitualmente la limpieza de la bici la hago con mucho primor e intento que no sufran los componentes. Hoy la limpieza la ha realizado la lluvía y creo que no ha realizado el trabajo como se debe. Acabo con la limpieza de la lluvía, empiezo con la inmersión de marianoenbicicleta.blog en las circunstancias que hoy me he encontrado. Vaya puto día.
Abandoné el hotel donde había dormido a eso de las ocho de la mañana. Me había tomado dos cafes y dos cigarros. No tenían crosanes. Me fui hasta una panadería, pedí otro café y un bollo. Una muchacha me hizo un croquis del camino que me quedaba hasta el canal. No me enteré de nada. Volví a usar el google maps. No sé donde me llevaba, pero llegué al canal como un kilómetro antes de lo que decía el mapa.
He estado todo el viaje un poco tonto. Había realizado una reserva en el Hotel du Paris, para hoy. Me pasaron un mensaje diciendo que no habían realizado el cargo en la tarjeta y que me anularían la reserva si no pagaba correctamente antes de las doce de la mañana. Me he esforzado para llegar rápido hasta SÈTE.
Cuando te pones una prueba no realizable, no disfrutas del camino y vives un poco angustiado, creo que a la mitad del camino decidí que no importaba si me cancelaban la reserva. A partir de ese momento todo fue mucho más cómodo.
Ayer no conté que desde que había optado por seguir por la rama del canal que llevaba hasta Béziers y SÈTE, no había ninguna esclusa. Cuando desde un punto elevado he visto Berciers al fondo había una multi esclusa inimaginable. Casi cien metros de altura desde donde llegaba el canal hasta que los barcos conseguían llegar a las proximidades de la ciudad. Impresionante. No he visto funcionar el juego de esclusas pero tiene que ser de mucha nota.
Me he saltado la gran esclusa, no encuentro las fotos.
Cuando he llegado a la parte más baja había un canal que salía a la derecha donde estaban bastantes barcos, luego ha sido la vorágine de pasar una ciudad más o menos grande. Subir cuestas, bajarlas, orientarme peor que mejor y al final ya estaba camino de Sète. Un carril bici, otra vez a la puta carretera y al final he llegado otra vez a un ramal del canal del midi que me acercaba al destino. Un rato mejor camino, otro rato peor, pero podía avanzar. Eran los restos del canal, era un camino que seguro que el señor Google Maps no me habría recomendado, llegué al mar.
Luego fue de mucho circo, un camino intransitable, sujetar el manillar de la “velo” para conseguir superar cada una de las dificultades, como siempre al final se llega a todos los sitios.
Después una carretera, muchas rotondas y un cumplimiento estricto de las normas de circulación llegué a Agdé, desde allí se suponía que salía un camino para bicicleta. Menos mal que apareció un ciclista por allí, me indicó el camino correcto. Otro ramal del canal de Midi, ya estaba un poco cansado de los canales y nada me aportaba el resto del recorrido.
Llegué hasta el final de ese ramal del canal o lo que fuera. Desde allí partía un carril bici hasta la ciudad más próxima de Sète. Todo perfecto. Luego según mis apuntes tendría desde allí al lugar donde me esperaba alojar un maravilloso bidegorri. Puta torpeza. En algún momento del recorrido perdí el carril bici y me metí en una carretera bastante estrecha. A los coches les incomodaba mi presencia, mi pitaban, después empezó a llover. Conscientemente no había sacado el chubasquero de la alforja. Solo llevaba el maillot que me había puesto hoy para llegar exultante al Mediterráneo y el corta vientos. Toda la puta carretera a casi vienticinco kilómetros por hora. No podía parar, no quería molestar a los coches, pero sobre todo no me quería suicidar. Han sido diez o quince kilómetros trabajados hasta la extenuación. Encontré una entrada al carril bici y me metí.
Más despacio pero mejor. El puto agua seguía cayendo, los pantalones, los gayumbos empapados, las alforjas resistieron.
Lllegué a Sète. No esperé mucho tiempo para encontrar un lugar donde tomar una cerveza y comer. El móvil estaba desatado. Hacía llamadas que no necesitaba y se comportaba por el agua como si no tuviera dueño.
Reservé un nuevo alojamiento y hablé con la persona que me atendió. Me dijo que no había problema para que me presentara el apartamento cuando me parecería bien. Mentira. Tuve que esperar media hora para que me dieran la llave. Todo esta bien, cuando todo acaba bien.
Las alforjas, las baterías, el casco, los guantes el pañuelo de la cabeza que me regalo José Antonio, todo estaba absolutamente mojado y todo para el apartamento para intentar secarlo.
Las fotos del Mediterráneo son deplorables, pero con lluvia es lo máximo que consigo.
Comí unos espaguetis o algo parecido y esperé que me dieran la llave. No estaba en la playa el apartamento pero tampoco lejos en bicicleta. Un complejo turístico que hoy, por la lluvía estaba claramente en sus momentos más bajos.
He vuelto a acercarme al mar. Ya no llovía y el paseo en bicicleta era agradable.
Busqué restaurantes por el sitio y me recomendaran el petit Bristo, nada del otro mundo. Un paté con un pan mejorable y nada barato.
Hoy especialmente he esperado hasta las veintidós treinta para publicar esta entrada en verano. Estoy seguro de que el verano será especialmente caluroso, pero la entrada en él ha sido de “cojones”. Se me olvidaba, en realidad no se me olvida, tenía pudor de contarlo. Ayer después de cenar un Camembert con embutidos me hice un simpa. No me atendían, vi la oportunidad y salí andando como un señor del lugar. No creo que me hayan echado de menos.
He concluido el objetivo, llegar desde el Atlantico hasta el Mediterráneo por Francia en bicicleta. Está vez no he utilizado ninguna trampa. Todo en las piernas.
El Mediterráneo y el Atlantico.
Han sido casi mil kilómetros en un paseo agradable por los canales franceses. Los recomiendo. Ofrecen un recorrido de costa a costa y lo puede hacer.
Después contaré otros viajes, ahora estoy trabajando en como volver a Madrid en tren.
Tengo billetes hasta Portbou, intentaré dormir en Tarragona y después llegar hasta Madrid. Veremos.
Ya dije ayer que la caseta de madera con jacuzzi incorporado estaba a kilómetro y medio del pueblo, lo que no dije es que era cuesta abajo y después tenía que subir ese mismo recorrido. Bajé pues con Hortensia y del panorama que me ofrecía el puerto del canal elegí una pizzería que tenía bastante ambiente con los lugareños. Evité repetir pizza y me pasé a un carpaccio manifiestamente mejorable. Había bastante ambiente, los niños jugando en la amplia explanada del puerto y los padres y madres como en todos los sitios, dandole a la cerveza o al vino en todo momento “pendientes” de sus vástagos.
Para pedir el carpaccio, la biere y el descafeinado express, me supe hacer entender. Para pagar tuve que comprobar en la maquina registradora lo que me pedían.
Los ciclistas y las ciclistas que habían circulado conmigo por el canal estaban desaparecidos, es posible que muchos se hubieran disfrazado (como yo) de no ciclistas, otros no hicieron noche en Trèbes y la última opción, se habían metido en su alojamiento y no estaban a la vista.
Otra vez con Hortensia hacia la cabaña. Como aquello estaba tan aislado como un igloo en pleno Polo norte, no me encontré con nadie. Tampoco lo esperaba. Seguía sin funcionar el wifi del lugar, lei mas bien poco, hice las abluciones nocturnas y me acosté como un señor en la amplia cama de la cabaña.
A las cinco de la mañana ya estaba arriba, he salido al patio como estaba indicado para fumar un cigarro y caía un poco de agua. No para preocuparse, pero pese a lo que decía el señor del tiempo de mi móvil estaba lloviznando.
He vuelto dentro, me he vuelto a acostar para nada, no había forma de demorarse mucho más en la cama.
Cuando he entendido que era una hora prudente he mandado el parte a Tere, Ruth, Alba e Irene y sobre todo he felicitado a Ruth que hoy cumple algunos años, no entraré en el detalle por preservar su intimidad. Desde que la conocí allá por 1982 siempre ha sido una chica, una joven y una mujer maravillosa. Cuánto la queremos y cuanto se hace querer.
Ya he contado que hoy se van a cenar las cuatro a una pizzeria del parque de Aluche, siento no estar allí. Me pierdo algunas cosas, pero si quiero recorrer sitios no puedo estar permanentemente en Madrid.
Lo del Jacuzzi ha sido para hacer un master. No tenía ninguna pretensión de darme un baño con burbujas, solo una ducha. Lo de todos los días. Había que encender el artefacto y luego conseguir la posición adecuada para la expulsión de agua. Tras varios minutos de prueba error, conseguí que saliera por un artilugio similar a una ducha, solo que no tenía ningún soporte para el artilugio. Como he podido me he mojado, me he enjabonado y me he aclarado. El jacuzzi no absorbía el agua y me he puesto de Pepe Gotera y Otilio para que lo que se había acumulado en ese sitio pudiera evacuar. Prueba tras prueba voy consiguiendo el objetivo.
Algo antes de las ocho de la mañana ya estaba en el puerto de TREBES, del bullicio de la noche anterior no quedaba nada. Entré en una panadería para pedir un croasan y un café y me indicaron que el café en la tienda de tabacos. Compré mis dos cafés en vaso de papel y volví a la panadería para tomarme los tres productos en un banco. Desayuné que es lo importante.
Volví a la tienda de tabacos para que rellenaran los bidones y me ofrecieron una botella de agua mineral. Me puse autentico y no acepté. Emprendí el camino con un bidón medio lleno y el otro vacío.
A eso de diez kilómetros del punto de partida he parado para tomar un café y rellenar bidones. La única calle del pueblo, por la que circulábamos todos estaba en obras. Un semáforo temporal te indicaba el tiempo que tenías que esperar para comenzar la marcha. En ambos sentidos no ha pasado de dos minutos. En el bar del pueblo me han puesto el café y me han ofrecido un segundo croasan, me he abstenido. Tenían maquina del EUROMILLÓN, pero ya me había comprado Alba dos apuestas para este viernes en las que nos jugamos 195 M., no sé si el EUROMILLÓN que compras en Francia se puede cobrar en España y aunque sea esa cantidad no es cosa de hacer viajes innecesarios.
En el camino han caído también algunas gotas, nada que fuera amenazante. El camino tiene un firme bastante peor que del que disfrute en el canal de Garona. En todos los casos está, en general, mucho mejor que en muchos de las vías verdes que he recorrido por España.
Una muchacha, de la que no sé el nombre, nada tenía con Sabina, llevaba cuatro alforjas y algún lugar de almacenamiento más. La he adelantado, cuando he parado alguna vez para fumar me ha adelantado, cuando me he puesto en plan marcha sin parar la he vuelto a adelantar, y así hasta que la he dejado comiendo en uno de los puentes del canal sobre un río. Estaba comiendo y lavándose los pies. No la he vuelto a ver.
Ella es así.
Ella es como yo, lleva todo lo necesario, pero eso implica llevar mucho peso.
He parado en una especie de castillo que en realidad era un puesto de desgustación y venta de vino. Allí estaba un barco de carga llamado Marie Therese. No cuento nada más.
Por esta zona los pasos por debajo de los puentes son de unos cantos rodados que hacen difícil avanzar, te recomiendan poner pie a tierra. La única vez que me he saltado la recomendación he visto que el gálibo no daba para mi cabeza y me he abollado en la pared del puente. Herida tonta en el codo, mancha de sangre en el cortavientos y decisión clara de cumplir las normas.
Cuando he llegado a una esclusa el empleado del lugar me ha dejado que me limpiara la herida y me ha dado una toallita desinfectante absolutamente seca. Ha cumplido su misión.
Ya sabéis mi adversión a las aglomeraciones, había un lugar especialmente concurrido y he intentado salir de allí por pies. Está claro que me he equivocado de orilla. Un muchacho, y lo siento, me ha dicho que debía ir por allí. El viajaba en una bicicleta sin alforjas y tenía 20 años, a mi me ha costado media vida atravesar esas zonas más escarpadas de a las que estoy acostumbrado.
He llegado a un final del canal donde estaban amarrados un montón de barcos. Sin salida natural.
Momento reflexión. He encontrado una pasarela en el canal, he dejado las alforjas abandonadas, he llevado a Hortensia al otro lado, he vuelto a por lo que había dejado abandonado, lo he vuelto a poner en la bici y he cruzado a la otra orilla del canal.
Después ha sido un poco onírico, el camino me llevaba hacia otro puerto inmenso y allí otra vez pie a tierra. Cruce el canal y en ese punto hacia la izquierda seguía hacia donde yo pretendía llegar y hacia la derecha el canal seguía hasta NARBONNE.
Dos mujeres ciclistas estaban en el punto donde paré la bicicleta. Volví a fumar y al poco las alcancé, no he sabido nada más de ellas.
Las indicaciones del canal eran cuando menos confusas, he recorrido cinco kilómetros con un solo cartel: CAPESTANG a 10 kilómetros. Son cosas del camino.
En algún otro sitio me he vuelto a meter por el camino más próximo al canal y había zonas dificultosas. Nada insuperable.
Los kilómetros no menguan, si una ciudad está a diez kilómetros ella no se acerca a ti, si avanzas bien, si no avanzas sigue estando a la misma distancia.
Llegar a CAPESTANG ha sido un podo duro, un poco más de ochenta kilómetros y la hora que me indicaba las dificultades que iba a tener para comer.
Aunque durante un rato de viaje pensé que CAPESTANG era una auténtica entelequia, al final la ví, y supe que había llegado.
Subí hasta el centro del pueblo y me senté en la plaza a tomar una cerveza, cuando acabé la cerveza me cerraron la puerta en síes restaurantes. Todos estaban cerrados. Me dieron una sola opción, comprar pan y algo para dentro y hacerme un bocata.
Lo conseguí, un queso San Ettien, y una baguette, volví a la plaza y me organicé el bocata.
El cuchillo del café do paix era de los que ponen en los colegios para que no corten.
Me comí el bocata, me tomé un café y al final di una vuelta por CAPESTANG. Ya en el hotel indescriptible, pongo fotos y que cada uno o una dictaminen. No tengo fotos de la escalera. Mejor.
Puedo acoplarme aquí, puedo acoplarme en cualquier otro sitio, pero es de vergüenza que alquilen sitios como este.
Desde la una de la tarde que estaba en el bar de al lado de donde me alojé, llamé y me dijeron que imposible entrar antes de las seis de la tarde. Ya conté que me fui a comer y luego pasé la tarde a base de cafés en el Grand Bar. A las cinco y cincuenta busqué el lugar y comprobé que no tenía ni que mover a Hortensia. Estaba aparcada a la puerta del alojamiento. Unos paisanos de París que hablaban algo de castellano también estaban esperando a la hora exacta. Ellos con sus bicis y yo con la mía. Al rato aparecieron otros dos, estos últimos bastante mayores, pero también viajaban con sus bicicletas. Dieron las seis, las seis y diez, las seis y quince y a las seis y veinte minutos apareció un paisano como si se apareciera de golpe una estrella de cine.
Fuimos pasando por “sus garras” y nos fue dando un alojamiento, tampoco penséis que era la séptima maravilla, adjunto fotos.
No he puesto la foto del excusado.
Las bicicletas de nosotros cinco, más otro par de ellas que ya estaban allí, las bajó por una rampa a un sótano. No quise ni saber como hacía la operación.
Tras refrescarme levemente bajé a dar una vuelta por el pueblo. No había nada especial, un par de iglesias y un pueblo con aspecto de triste. Los bares del resto del pueblo, como buen lunes, estaban cerrados y tuve que volver a lo de la cerveza al Grand Bar.
El trato que nos dío el del alojamiento ya he dicho que no tiene nombre, miento a sabiendas, es un HIJO DE PUTA. Trabajo yo diez minutos y mis clientes que se jodan.
Antes de las nueve ya había hablado con Tere y con Alba, había sido un día de muchas emociones. El festival fin de curso de Irene. Me llenaron la memoría del telefono de magnificas fotos de mi niña. Después Tere Salió de carreras para una revisión de los efectos colaterales de su operación. Vamos un NON STOP.
Cuando acabé con mis conferencias telefónicas internacionales (que eran las que costaban un Huevo y la mitad de otro), miré las opciones que tenía para cenar.
O el restaurante donde me alojaba o el hotel de enfrente. De verdad que lo intenté en el hotel de enfrente, pero no servían fuera y no me daba la gana de no fumar. Opción no elegida. El sitio donde me alojaba.
Un foie de canard, vamos un paté de pato con su mermelada y la cerveza que pedí que superaba en precio, que no en calidad, a todas las que he tomado en este país.
Allí estaba yo sentado comiendo mi foie y vi que una muchacha ciclista hacía diferentes operaciones para aparcar la bici y buscar alojamiento. Pero ya eran las nueve y algo de la noche y los ciudadanos del país donde estoy estaban pendientes de la cosa de M-Bapé, (seguro que no he acertado al escribirlo), al final la muchacha consiguió lo que perseguía y se sentó a mi lado. Empezamos a hablar. Ella en perfecto castellano y yo, pues de Valladolid, no digo más.
Os la presento, voy a hablar de ella un rato. Se llama Sabina, Italíana, vive a menos de una hora de Suiza, se dedica al marketing, hizo el Erasmus en Toulouse, su novio o pareja es de Palencia (si la tierra de las mantas) y trabaja en Airbus de Toulouse. ¿Ha sido completa la presentación?, pues así me puse de inquisidor hasta que obtuve toda esa información. Se pidió un rissotto de gambas y parece que le gustó.
Había llegado ese día hasta Toulouse con el novio en avión, tenía determinados objetivos que el viento la habían trastocado. Su objetivo era llegar con la bici del Palentino hasta Sète y tumbarse en la playa. Creo que se organizaba especialmente bien. Llevaba una sola bolsa de lo que ahora llaman el bicipacking, En ese lugar guardaba todo. Me confesó que llevaba comida por si le entraba hambre en el camino, también llevaba un bañador para meterse en la playa de Sète. Me confirmó que transportaba al menos dos bragas y un sujetar diferente al que llevaba puesto. (No me lo enseño), me dijo que también llevaba otra camiseta además de las que llevaba puestas (si me las enseño). Increíble lo que puede hacer alguién bien organizada.
Oía desde el restaurante que la Grand France ganaba un partido de fútbol. Me despedí con dos besos de Sabina y subí a la habitación. El Wifi no funcionaba, ninguna sorpresa, me puse el partido y me dormí sin ver como acaba el fútbol francés.
No he dormido nada mal, pero ya he dicho que la habitación es para apuntarla en el museo de los horrores.
Está mañana he realizado lo habitual y he bajado con las baterías cargadas y una alforja. Me han indicado los otros huéspedes que había que bajar al sótano y subirla. La estrella de cine no puede estar para todo.
Por puro cabreo me he tomado los cafés y el croasan en el bar de al lado, que se jodan.
Me han llenado los bidones y vuelto al camino. Como hoy también tenía el handicap de que no podía entrar hasta las cinco de la tarde, no me he precipitado. A eso de las nueve o nueve y medía he partido. Sigue igual el camino, mejorables los caminos de sirga, pero infinitamente mejores que los de mi canal favorito (el de Castilla).
He vuelto a ver operaciones en esclusas, siguen pareciéndome algo inexplicable. Un receptáculo donde entra un barco, llenamos o quitamos agua y el barco sigue en camino ascendente o descendente sin tener que hacer un esfuerzo. Coño, eran listos los del siglo XVIII.
Unos muchachos de Nimes han mantenido una conversación conmigo en una esclusa. Ellos tenían que llegar hasta diez kilómetros después de Trébes, gente muy agradable y como siempre, ellos nos ganan por goleada en idiomas.
Los muchachos eran jubilados como yo. No os volvaís locos.
Ya había comentado que el firme es un poco peor que en el canal del Garona, pero tampoco es imposible, lo único que hoy nos ha estado jodiendo es lo que decía en mi titulo de ayer. Ha cambiado el viento y ahora es este – oeste y por tanto me lo estoy comiendo de cara todo el rato.
Pondré fotos de las distintas esclusas, no sé si tendré alguna de una pareja que viajaba en tandem y que se lo estaba currando que no os podéis imaginar. El camino ha sido el esperado. Cuando he llegado a la esclusa “x” estaban dos escluseros, una muchacha y un muchacho, les llamo así a todos porque son insultantemente jovenes.
A esa hora estaban esperando todavía el primer barco. Me ha contado tambíen que a las siete de la tarde se cierran todas las esclusas, los escluseros se van a su casa y los barcos pueden navegar sin problema entre una esclusa y la siguiente, pero no las pueden pasar.
Estos franceses parecen gente organizada.
Ha sido un no parar hasta llegar hasta CARCASSONNE, los ciclistas me adelantaban cuando paraba para hacer fotos y sobre todo fumar un cigarro. Siempre hay la disculpa del paso de un barco por una esclusa.
Después les adelantaba yo y quedábamos en el siguiente punto. Muy bien en el camino.
Existe la esclusa de Carcason, me quedaban cinco kilómetros para llegar y no he parado. Cuando estaba en esa ciudad he cruzado el canal por un puente y me he puesto a buscar la Ville Medievale, la primera señora con un castellano pseudo aceptable me ha mandado a la oficina del turismo. Lo normal.
Al final un paisano me ha dado las indicaciones adecuadas. Es un puto castillo tan inmenso que a mi paso es imposible visitar en un solo día, que bien cuidado lo tienen.
Lo de la tapa del water y el cenicero son memorables.
Me encontrado con hispano parlantes (de Barcelona) y hemos confraternizado. Luego cada uno por su lado, ellos han comido en un sitio y yo he comido un crepé salado, dicen que se llaman galletes, queso, jamón York, huevo y trigo sarraceno. Sin problema para los celiacos. Ya lo sabes Laura.
Después he seguido mis pasos de la mañana y me he perdido como un auténtico campeón. He recorrido el río que pasa por CARCASSONNE y si no es por un maravilloso ciclista que se ha puesto delante de mí y me ha llevado hasta el canal podía seguir alli ahora mismo.
Buena gente, siempre hay buena gente.
El resto del camino eran solo unos diez kilómetros, como no me gustan los recorridos vespertinos me desplacé a toda la velocidad que mis piernas y las rachas de sesenta kilómetros de viento de este me permitían.
En una esclusa había tres barcos esperando el paso, no me quede a verlo y parecía interesante.
Llegué hasta el final del recorrido Trèble, creo que se escribe así. Allí estaba la señora que viajaba en el tandem, el viento tiró sillas y sombrillas, no era el momento de estar allí.
Me puso un mensaje mi “alojadora” del día. No me lo podía creer, estaba el alojamiento a kilómetro y medio del canal y en un chalet a las afueras. Dentro ya ha sido indescriptible. Una cabaña de madera con jacuzzi, un montón de consideraciones sobre la limpieza de la cabaña y sobre todo un globo de color plata de bienvenida.
¿Quién espera algo mejor al final de su jornada laboral?
Perdonad, no está mal, pero me supera. Ya he escrito a mi amiga Maribel que tiene COVID, para que se venga hasta aquí y me enseñé el funcionamiento de todos los mandos de la bañera de hidromasaje o jacuzzi.
El, o la propietaria del lugar se había montado una polvera y parece que no la ha usado con ese fin y nos la alquila a las almas cándidas que recorremos el canal para que simulemos la polvera. El puto wifi tampoco funciona.
Después de escribir la entrada en la que contaba todo el recorrido que nos hizo Pablo por Toulouse, bajé a sentarme tranquilamente en una terraza. Evité, como ya dije, lo de contemplar el Garona al atardecer y ver si los ladrillos se veían rosa o naranja. Fue una tarde bastante apacible y mucho más descansada que la mañana.
Un par de cervezas y un poco de cena, tampoco para exagerar. Como esta gente cierra tan pronto a eso de las diez ya estaba leyendo en la habitación. Y es que no cunde ponerse a leer en esos momentos, sin una silla adecuada, con las luces generales de la habitación y fumando a escondidas es casi imposible concentrarse mucho más de media hora.
Al rato ya estaba en la cama. El wifi no funcionaba, la tele aunque no la entendiera se quedaba congelada, vamos que tenían una panoplia de entretenimientos completa. Son cosas del Hotel Raymond IV. Está mañana, y dado que seguía sin wifi, he preparado la publicación y no me he querido demorar más en contar mis tonterías.
Ya he bajado con todo preparado para comenzar el camino. Desde el hotel al canal de midi había unos quinientos metros, lo importante era saber en que dirección debía emprender mi camino hacía el este. Una de las mil paisanas que circulaban en bicicleta por las aceras del canal me ha indicado el camino. Lo primero desayunar unos cafés y unos croasan.
Luego reanudar la marcha. Los primeros diez kilómetros han sido de atasco permanente de bicicletas. Había que recorrer el camino con mucha precaución. Bicicletas que te adelantaban, bicicletas a las que adelantabas, muchas bicicletas de frente por lo que había que ir con bastante tino. Había bicis de carga, bicis para llevar hasta dos niños al cole. Vamos, como la fiesta de la bicicleta que se celebraba en algunas ciudades españolas, pero a diario.
En esos primeros diez kilómetros he llegado hasta la factoría de Airbus, donde ayer me explicaron que ensamblaban los aviones de la marca europea.
Después ya ha sido canal con el tráfico normal. Ha diferencia del canal que había finalizado el sábado en este había bastantes menos barcos y un trafico fluvial más escaso. En cualquier caso me he divertido bastante un par de veces que he visto como dos barcos traspasaban las esclusas. El método, la tranquilidad en todas las operaciones, como se van llenando las esclusas y cuando ha pasado el barco se cierran para llenar la siguiente. Todo un derroche de ingenio.
Por el camino iba encontrándome con ciclistas locales que recorrían un tramo del canal o que simplemente entrenaban por esa zona y en ambas direcciones encontré locos como yo que estaban recorriendo el canal del midi. Como tengo esa facilidad para los idiomas casi siempre me quedo en blanco cuando me hablan de sus recorridos y de sus experiencias. Consecuencia clara de haber sido un mal alumno en las clases de francés y eso que en el Instituto Zorrila me daba clase de ese idioma el consúl francés de Valladolid. Monsieur Petit.
Entro en lo del título de hoy. Había leído que por esta zona hay días con rachas de viento bastante importantes. Podía haber realizado el camino de este a oeste o al revés que es como decidí hacer el viaje. Había comprobado la dirección del viento de los primeros días, pero nada me dijeron que cuando abandonara Toulouse el viento iba a cambiar y ahora sopla de este a oeste, vamos, que tengo el aire de frente. Como jode. El recorrido es más o menos suave con bastantes más vueltas y revueltas que el canal anterior pero muy interesante. El viento te impide avanzar mas de lo que uno quisiera. Amenaza con seguir con el viento en esa dirección mañana. No he mirado más días, no puedo cambiarlo.
Creo que en las proximidades de Avignonet-Lauragais había una laguna y complejo deportivo con el canal como elemento principal, pero estaba en la otra orilla, no he podido verlo.
Hasta ese punto el firme del camino era mejor que muchas carreteras de las que he circulado con Hortensia o con la BH por España. Desde ese punto hemos pasado a la zahorra y se hacía más costoso avanzar. Bien señalizado y casi limpio todo el recorrido.
Hoy no he salido en ningún pueblo, el canal no daba opciones y había que seguir avanzando.
Había mercadillo en CASTELNAUDARY, se organizan mucho peor que los de Villaricos que para mí es referencia. Era casi la una de la tarde y estaban recogiendo. Mucho puesto y no me he fijado si había algo interesante.
En el primer bar que hay en la Cr de la République, he aparcado la bici junto a otra que estaba en las próximidades del bar. El ciclista que por la bandera que llevaba en las alforjas era de Estrasburgo me ha indicado que me sentara en su mesa, el iba en dirección contraria a la mía y pretendía llegar hoy a Toulouse, tenía el viento a favor.
Nos hemos tomado una cerveza cada uno, el ha entrada al bar, ha abonado su consumición y se ha marchado. Luego he pagado yo la mía. Tampoco tenía ninguna obligación.
He llamado al alojamiento y solo le he entendido que se ratificaba en que el check-in era a las seis de la tarde y que no se podía adelantar.
Así que he ido a comer O’ Bistro, me han puesto mi tercer tartar francés, esta vez con tuétano de vaca. Estaba realmente bueno.
Luego he vuelta al primer bar para tomarme cafés sin parar hasta que lleguén las seis de la tarde. Me parece una muy mala hora para entrar en cualquier alojamiento. Me han jodido la siesta y poder escribir la entrada al blog desde la habitación. Ahora lo estoy haciendo en la puta calle. Menos mal que me han dado las claves del wifi del bar para poder trabajar.
Dos o tres mesas más allá de la mía hay un grupo de al menos cuatro ciclistas que tienen pinta de estar recorriendo también el canal de midi. No se han puesto en contacto conmigo y yo tampoco con ellos.
Ahora solo siento no poder estar en Madrid para ver la actuación de Irene en el Festival Fin de Curso de su cole. No se puede tener todo.
Está mañana Ruth me mandó una foto suya con una cara de pocos amigos que era para espantar, pero que cara se puede poner a las siete de la mañana en una foto.
Por cierto, esta mañana que ha sido de mucho trafico de whaps me he enterado que el guía que nos acompañó ayer en el tour por Toulouse es conocido De Alba. El mundo es un pequeño pañuelo.
Ayer tranquilamente me fui a la plaza del Capitolio, hice las fotos de rigor mientras recogían las casetas de lona de lo que hubieran celebrado en el lugar. Compré más Gauloise a un precio prohibitivo y busqué un sitio donde cenar. Tres me dieron que estaban completos, uno me dijo que el producto del que disponían era para más de cuatro personas. Acabé en la misma calle cenando un tartar. Lo sirvieron crudo y había que añadirle la cebolla, el pepinillo, las alcaparras y el huevo. Estaba bueno.
Lo único impresentable del sitio es que ofrecían un chupito de plátano, hice como que lo me bebía y salí corriendo del lugar.
Otra vez en hotel, estoy seguro que como Toulouse es una ciudad universitaria con cerca de cien mil estudiantes ayer hubo marcha en el lugar hasta romper la pana. Me abstuve.
A las cuatro, a las cinco, a las seis ya estaba despierto. He aguantado hasta casi las ocho para despertarme del todo.
El mingitorio, las abluciones matinales, bajar la batería y el GPS a Hortensia y al Free Tour. Dos cafés y un croasan, camino sabido hasta el capitolio.
Esperar mientras desmontaban todas las casetas de lona que había en la plaza. Paseé por el lugar y Pablo llegó con la lengua fuera. Es lo que tiene disfrutar de la noche y trabajar por la mañana.
Estoy empezando a asimilar todo lo que nos ha contado, o estoy empezando a olvidar las tonterías que nos ha contado. No sé cual de ambas cosas reflejen mejor mi disposición.
Hemos disfrutado de la plaza del Capitolio, nos ha mostrado las pinturas que hay en la arcada de la misma plaza y no he entendido nada.
Luego hemos recorrido las diferentes calles de Toulouse con las adecuadas explicaciones. No hemos visto el convento de las Catalinas, el Hotel de Ville y la catedral. Subsanable.
Lo demás completado. Iglesias, palacios o Hoteles, calles y ciudadanos que circulan en Velo (bicicleta) es lo más en Toulouse. Decía Pablo (el guía) que es improbable salir de esta ciudad sin que te atropelle una velo, hasta ahora lo he conseguido, pero no descarto nada.
Desde ayer tenía un come come en el cuerpo. Había realizado las reservas para los días que me quedan en Francía y o por mi torpeza o por que la aplicación de Booking no funcionó correctamente tenía tres reservas para el mismo día en tres lugares diferentes. Es obvio que no podía estar en todos los sitios a la vez.
Alba se ha ocupado de molestar a Booking esta mañana, después de la larga caminata me he puesto yo. Creo que lo he conseguido, tampoco es seguro.
Acabado el tour con Pablo visité la iglesia románica que nos colocó delante. Una autentica maravilla, por las formas y por el tamaño.
Comí un espléndido sándwich francés (bocadillo) y recorrí lo que me faltaba. La capilla de las carmelitas, con unos frescos en el techo que estaban bien, pero en mi opinión no eran cosa del otro mundo, la sala de los ilustres en el Capitolio y la catedral. El guía del Tour nos había recomendado beber una botella de vino y comer un poco de queso para conseguir ver en el río Garona que Toulouse es una ciudad rosa. Me he librado de esa parte. Si es rosa o naranja que lo resuelvan los tolosanos.
La tarde la he convertido en una gestión permanente con Booking.es, creo que no se me ha dado mal después de una llamada de 43 minutos. La paciencia da para todo.
Está mañana Ruth mando un video de Irene buscando a Alopecia en los inmensos terrenos de su casa de Los Ángeles de San Rafael, es broma lo de inmensa, la niña recorría el lugar en pijama y conseguía llegar hasta el gato y volver con él en brazos. Las capacidades que tiene una niña de menos de cuatro años son indescriptibles.
Me lo paso bien con eso videos. Según el cuenta pasos del móvil he recorrido cerca de nueve kilómetros, me he cansado como un perro chico y luego la tarde la he dedicado ha resolver el desaguisado de las reservas.
Mañana emprendo el camino por el segundo canal, el del MIDI, creo que es algo mas complicado por el firme que me encontraré, en cualquier caso apasionante.
Hortensia ha descansado un día, las baterías están cargadas y creo que conseguiré disfrutar de un paisaje espectacular.
Ayer, cuando publiqué la entrada del blog correspondiente, salí a dar una vuelta por Castellsarrin, en la tienda de enfrente que tenían tabaco y las primitivas francesas no conseguí tomar un café. En marcha por el camino conocido entré en una iglesia, debían estar en una de sus celebraciones. El señor que estaba en el altar me indicó sin recato que no hiciera fotos. Lo entiendo. Salí de allí. Seguí caminando por el pueblo, entré en otra iglesia que no tenía actos y concluí en el bar de la plaza del Hotel de Ville donde había parado por la mañana. Una cerveza y a consultar en el Google Maps donde podía cenar. Las ofertas que me ofrecían dejaban mucho que desear: Un kebab, un japonés y casi tiro la toalla. Al final una pizzería que ni era cara ni tenía mal genero. Pero eran las nueve de la noche y ya había cenado y tomado un descafeinado (o no). Todo cerrado -pese a ser viernes nuit y solo tenía una opción el apartamento.
Leí un rato, no excesivo y me acoplé a dormir. Claro, a las cuatro de la mañana ya me he levantado para las cosas mingitorias, lo he intentado con fruicción y a las seis y cuarto ya estaba haciéndome un café. Cosas de cambiar los horarios a los de estos europeos de toda la vida. No está mal, pero hay que acostumbrarse.
Mi deseo de buenos días a mis cuatro chicas lo he lanzado hacía las seis y medía. He intentado retrasar lo máximo la salida del alojamiento, pero a las siete y medía había perdido todo el tiempo posible y no tenía nada que hacer allí. He bajado a la panadería de la esquina y he tomado otro café (el tercero) y un croasan. El café en vaso de cartón.
Conociendo el camino me he dirigido a la plaza. Estaba cortado y dos policías “amables” me han permitido pasar para llegar nuevamente al canal. Después todo ha sido bastante cómodo. Al principio no estaban en el canal ni los de los perros. Según avanzaba iba encontrándome con algún viandante y con un par de ciclistas que estaban reparando una bicicleta. Ya eran dos, no he querido pararme. Fui haciendo paradas cada quince kilómetros. En una de esas paradas me adelantaron los ciclistas de la avería. Uno de ellos estaba especialmente dolido y le comprendo. Tenía un sillín brooks y había perdido la pieza del enganche. Tenía que usar ahora un sillín normal. Nada que ver. El otro disfrutaba de un asiento como el mío y viajaba como un auténtico señor. Vamos, como yo.
Viajaban hasta Montpellier y les he dejado avanzar. Seguía habiendo pocos ciclistas y caminantes por el canal pero me ha sorprendido el número de “señores”, que no señoras, que dedican la mañana o el día para pescar. El tráfico fluvial, muy reducido. No he visto hoy el paso de ninguno por una exclusa.
A mitad de camino más o menos, está el pueblo de GRISOLLES, una buena plaza del mercado con una historía de más de cien años, un café (ya no tenían croasanes) y una visita a la iglesia. Las fotos comprobareis que son bastante oscuras, no había luz y no he querido encender el flash, en una esquina de la iglesía había un operario pintando. Con esa luz no sé como le habrá quedado.
Nuevamente en marcha y ya los caminantes y los ciclistas se veían por decenas, si no más, algunos de los ciclistas debían estar preparandosé para el Tour de la Velo, ni contestaban, otros bastante más amables y me contestaban al Bon Jour que yo pronuncio de oficio.
Lo de los perros, pese a lo que piense Alba, es más complicado. Unos amarran a su mascota al cruzarnos, otros le llaman y es cuando el perro salé disparado para meterse en la rueda de la bicicleta. He superado todos esos momentos sin problema.
Vaya mierda de pila bautismal.
Avanzaba, me iba acercando hacía el final del día y solo había que contar las exclusas que faltaban, la exclusa tres, la dos y la uno. Se acababa el canal del Garona. Luego han sido otros cuatro kilómetros para llegar al puerto fluvial de Toulouse, seguía siendo interesante el recorrido. Al final el Canal del Garona desemboca en un puerto y desde allí nace el canal del MIDI, que es el que me tocará recorrer a partir del lunes.
Mañana descanso del pedaleo. No por cansancio. Creo que estoy en una ciudad que merece la pena ver. He contratado un free-tour para mañana a las diez, que ya me han retrasado hasta las diez y media, pero espero que lo que me enseñen sea satisfactorio.
Cuando he llegado Toulouse he perdido bastante el tiempo hasta que he recurrido al Google Maps que me ha llevado en quince minutos hasta el hotel Raymond IV. Antes de llegar al hotel he parado a tomar una biere a pressión perfectamente mejorable. Es lo que hay.
Habitación 302 que es donde no llega bien el Wifi, pero mucho más que digna. Me descoloca que el sitio donde sentarse en el WC sea uno y el lavabo y la ducha estén en otro aposento. Así no hay mezcla de olores. Supongo.
Desde la habitación se vé un Magnolio maravilloso y encima está en flor. Precioso. Como voy a estar dos días en el sitio he sacado todas las bolsas de basura donde transporto mis pertenencias. Me he expandido como hace Tere siempre. Y no tengo remordimientos. Yo que siempre pretendo no sacar nada para no tener que volverlo a guardar en las alforjas hoy me he desparramado.
Salí con ropa de calle (no de ciclista) a recorrer las calles y comer y me encontré sin ninguna explicación con un montón de policiacas (CRS) en una calle que está a unos ciento cincuenta metros del hotel. Van vestidos como Robocop, protección en los brazos, protección en las piernas, botas de caña altas, guantes y un par de artilugios que no he sabido descifrar. Además llevan un casco de metacrilato que se supone que les protege de posibles agresiones. Son en realidad unos muchachos de entre veinte y treinta años y no saben para quien vendimian, pero eso es lo que hemos montado en nuestra sociedad.
La comida
Sin prestar mucha atención me fui a comer a una especie de marisquería del lugar. Lo más barato eran tres ostras, tres langostinos caribeños, unos caracoles de mar bastante bastos pero sabrosos y unos bígaros bastante mal cocidos, la mitad no se podían sacar. Ha estado bien.
Comí todo ordenadamente, primero los caracoles bastos, después lo bígaros, seguí con los langostinos y finalicé con las ostras. No me llené pero quedé satisfecho.
Salí del establecimiento y me encontré con la manifestación de Toulouse en contra del avance de la derecha en Francia. Las fotos, los videos, me recuerdan a mis paseos por Madrid, gente mayor que nos agarramos a unos derechos que nos han costado mucho conseguir y que no estamos dispuestos a que nos los arrebaten. ¿Había gente jovén? Si, pero no tanta.
Vista la manifestación me he vuelto al hotel para la siesta. Ha sido bastante agradable y a continuación me he puesto a contar lo que me ha pasado en el día, al menos de lo que me acuerdo.
Ya he dicho que mañana no toco a Hortensia. Me iré al Free Tour y seguiré viendo lo que me depare Toulouse. Está siendo un viaje especialmente placentero. Muy cómodo y por sitios que merece la pena visitar. Por lo que leo en el diario.es las manifestaciones francesas han sido todo un éxito. Esperemos que eso se transforme en votos en las próximas elecciones legislativas de este país.
Una ultima nota. En ninguna plaza, en ninguna rotonda, en ningún sitio de los que estoy recorriendo hay una BANDERA FRANCESA inmensa. Ellos ya saben que están en Francia y los que vamos de turistas o viajeros también. Son formas de entender la vida. Podría continuar desatándome sobre lo que hace determinada gente en mi país, lo evito. Tampoco las hay en las ventanas o balcones de las casas. Con eso he dicho todo lo que quería decir.
Después de la visita vespertina por AGEN, y una cena que puedo no describir, casi me como una hamburguesa. Lo evité al final. Una ensalada y al apartamento que estaba bastante céntrico y bien.
Como cualquier día me he levantado pronto y después de las bobadas habituales en las que pierdo el tiempo como hago siempre he cogido las baterías, el casco y los bidones y he bajado a la avenida de la republique donde había dejado atada a Hortensia.
He colocado las baterías y me he ido a desayunar. Dos cafés en vaso de cartón y un cruasán. Mientras que hacía todas esas cosas me estaba mojando un poco.
Como dice el insigne Núñez Feijoo me he mojado porque he querido, si me hubiera quedado en el apartamento no me habría pillado la lluvía, tampoco hubiera realizado la etapa de hoy.
Es verdad que cuando llevaba unos veinticinco kilómetros ha dejado de llover, pero quién sabe algo certero del tiempo.
Ya amenacé ayer con publicar fotos del puente sobre el río Garona que lleva el canal al otro lado del Río. Realmente espectacular. Luego me he encontrado dos o tres puentes del canal igualmente interesantes.
El puente sobre el río Garona donde el canal pasa por encima del Río. Las galería Lafallete del AGEN.
Ya lo comenté en mi entrada de ayer, esta gente no madruga. Los primeros kilómetros, prácticamente hasta Valence de Anges no me he encontrado nada más que a los paseantes de perros. En ese pueblo he realizado una parada donde he incluido otro café y otro croasan. Está bien, se ve en poco más de media hora con la bici.
Las vistas del Garona y el canal del mismo nombre realmente magnificas. Solo un pequeño handicap. Había dos chimeneas con una forma especialmente características y que expulsaban un humo blando. El Google Maps dice que es una centra electrica, creo que es una forma “fake” de hablar de una central nuclear. Si parece un perro, ladra como un perro y muerde como un perro es posible que sea un perro. Me quedo con la seguridad de que es una central nuclear. Es posible que no me motiven ese tipo de energías. Los franceses las tienen plenamente asumidas.
Desde el inicio del camino me he ido encontrando con un ciclista que llevaba bastante desordenado el equipaje (no como yo), le he adelantado, cuando he parado en Valence de Anges me ha adelantado, le he vuelto a pillar cuando grababa en video el paso de un barco por una exclusa, me ha vuelto a adelantar cuando he entrado en MOISAC. En el puerto de esa ciudad me he puesto de conversación con él, me ha dicho que hoy pretendía llegar hasta Toulouse donde estaba su hija o sus hijas (no lo he entendido bien). En el puerto fluvial de MOISAC, estaba tomando notas en un cuaderno. Como era difícil la conversación la he abandonado cuando me ha contado que de España conoce el centro budista existente en nuestro país. Era raro.
Por el camino he encontrado bastantes caminantes. Una de ellas me ha dicho que estaba realizando el Camino De Santiago y que tenía problemas de ampollas, no le arriendo las ganancias.
Sinceramente no sé cual es el camino que están haciendo. Se dirigían hacia el oeste, es posible que avanzaran hacía Irún para hacer el camino del norte. Todo eso me lo imagino.
Entré en MOISAC di una vuelta por el pueblo y comprobé que había una iglesía De Santiago. Me gano el nombre y entré, había una exposición de artistas locales donde no me he quedado con ninguna obra especialmente significativa.
Una de las dos mujeres que estaban en la exposición hablaba perfectamente castellano y me ha contado que la iglesia estaba desacralizada desde hace sesenta años. Me ha contado algo de su ciudad y me ha recomendado especialmente que haga una parada larga en Toulouse. Eso haré.
Esto de los apartamentos turísticos es un mundo. Me pusiero un mensaje de donde estoy hoy que me indicaban que la entrada era a las 15 horas. Lo acepté, cuando llegué a Castellsarrin opté por sentarme en la plaza donde está el Ayuntamiento (Hotel de Ville) y tomarme una cerveza. Volví a escribir al propietario del apartamento y al rato me llamó y me conmino para que fuera inmediatamente. Todo esto en un francés que yo no entendía. Me esperaba en la calle y me enseñó el apartamento. Colocada en una silla había una señora de la edad de mi suegra esperando. Me presentó el apartamento, la maquina de café, el wifi del lugar y lo que no me contaron es que el apartamento dá a la única carretera de la ciudad. Mucho ruido, sabré superarlo.
Me fui a comer a la misma plaza donde había tomado la cerveza y conseguí un sitio a la sombra. Me volvieron loco con la comanda. Yo quería un tartar y me endiñaron una ensalada. Era de melón, jamón y hierbas. No estaba mal. El tartar magnifico. Todos nos quejamos de la falta de idiomas de los camareros españoles, lo franceses no ofrecen mucho más.
Después de la comida, he vuelto al apartamento, he intentado dormir la siesta y el ruido de la carretera me lo ha impedido, supongo que por la noche el ruido sea menor.
Aunque había traído bastante tabaco y en previsión de quedarme sin mi vicio, he comprado por segunda vez unos paquetes de Gauloises, el precio sinceramente es prohibitivo. Trece con veinte el paquete. Me volveré a España para seguir fumando.
El puerto fluvial de esta ciudad se llama Ivette Cousteau. Seguro que se lo merecía.
El titulo de estos videos los pone la maquina. Esto es lo menos épico que he realizado.
Son poco después de las cinco de la tarde, la siesta mejorable, pero ya he acabado de escribir la entrada del día. Ahora toca recorrer las distintas iglesias y sitios de interés del lugar. Ya sabéis que aquí se cena bastante pronto.
Tranquilos y tranquilas, no me he vuelto un forofo de la República (que lo soy), solo es que hoy me he emocionado al ver que la calle mayor principal de AGEN está dedicada a la Segunda República Española. Nosotros poniendo todos los impedimentos posibles para recuperar los cuerpos de los republicanos asesinados y aquí le dedican su mejor calle. Es verdad que en las Elecciones Europeas ha ganado Le Pen, pero el concepto republicano lo tienen bastante claro.
Es para estar orgulloso de nuestro pasado
En la casa del pintor donde ayer me alojé el sitio era realmente cómodo. Escribí tranquilamente la entrada del blog. Con el impedimento de que no llegaba el wifi a la segunda planta que era donde yo estaba. Un sitio especialmente cómodo.
Bajé hasta la plaza De la Iglesia para tomar una cerveza, dí una vuelta por el pueblo y cené en el lugar donde había preguntado por los distintos alojamientos que no encontré.
En cualquier caso tenía un lugar donde pernoctar y Hortensia estaba adecuadamente guardada.
La REOLE (no se donde poner el acento) es una supuesta ciudad medieval. Un par de casas que simulan antigüedad y poco más.
En el ranking de las visitables no está ni entre las cien primeras. Como me había comprometido a las siete y media de la mañana estaba en posición de marcha. Es lo que me habían pedido y yo cumplo. Bajé hasta el bar donde ayer me había tomado la cerveza de bienvenida al pueblo y pedí directamente un croasan, con dos cafés. Tiene razón MARIBEL, no hay que pelearse con las costumbres del lugar. Estos tienen croasan, pues se come croasan y nos olvidamos de las tostadas de aceite.
El paisano del bar me indicó como llegar al canal después de que la muchacha que me atendió llenara los dos bidones de agua.
Pasar un puente, llegar hasta una estatua horrible de una Madonna y llegar al canal. Todo cierto. He comprobado que los viejos franceses no madrugan. En el canal he recorrido casi treinta kilómetros sin encontrarme ninguno, después a eso de las diez de la mañana han empezado a aparecer. Serán sus costumbres.
Es difícil que explique la magna obra de este canal, el del Garona. Cuantas “peonadas” se tuvieron que hacer para conseguir que el agua discurriera por el canal. Cuánto trabajo titánico tuvieron que hacer para que fuera posible la navegación de barcos. No lo puedo ni imaginar. A lo mejor la Ilustración trajo a la Francia un claro mejoramiento de las infraestructuras que nosotros no pudimos alcanzar. Conozco perfectamente el canal de Castilla, pero esto es otra cosa. Lo más importante es que todavía sigue siendo navegable y hay infinitos barcos que utilizan el canal. En el de Castilla hay tres barcos de las distintas diputaciones que hacen unos recorridos muy cortos. No quiero decir ridículos.
A eso de las diez de la mañana se ha animado el cotarro y me he encontrado bastantes ciclistas en sentido contrario al mío.
Algunos puertos fluviales a lo largo del recorrido y sobre todo una señal. Muy pequeña pero clara. Váyase usted a la derecha o siga recto. Creo que no hay nada más que pedir. Por favor señalicen como los franceses. Parece una loa a esta gente. Pero lo hacen muy bien.
Estoy seguro que es fácil poner esta señal.
Todo el camino, salvo algunos pequeños tramos, han sido para las bicicletas y los caminantes. Ni siquiera permitían que fueran a caballo. Que se jodan. Cuando hay caballos dejan unas bostas imposibles de esquivar.
He cumplido con el objetivo del día y he llegado a AGEN poco después de las trece horas. El sitio de la cerveza de bienvenida ha sido un desastre. He empezado a beberla veinte minutos después de sentarme. Ya me contareis.
Después he encontrado un lugar para comer bastante decente. Una especie de sándwich de trufa que tenía bastante genero.
Al final me ha llegado el mensaje del día. Donde me alojaba y las claves para entrar en el alojamiento. A continuación de la Carrera de la segunda república española esta el Boulevard de la República y en el 129 de esa calle estaba el alojamiento.
Salvo las escaleras todo magnífico. Un lugar cómodo, una mesa para escribir mis tonterías y cocina, frigorífico y pila para lavar. Lo único que no he encontrado es la cuerda para subir la persiana. En algún sitio estará.
He visitado la catedral de AGEN, que sinceramente es bonita, pero no tanto y dejo para mañana las fotos del puente del canal sobre el río Garona. Son 539 metros de puente y se lo tuvieron que currar los esclavos de esta obra.
Mañana presupongo una etapa mas corta. En cualquier caso seguiré disfrutando del canal del Garona.
Ya tengo reservas de alojamiento para mañana y para dos días en Toulouse. No hay nada como planificar.
La cena de ayer era manifiestamente mejorable, un “no se qué” de queso con patatas asadas y una cerveza de esas que están de modo, las artesanales en francés. Sirvió para poderme ir al ¿hotel? Con la tripa llena o no.
Me volví a acostar bastante pronto y dormí como un niño chico hasta las seis de la mañana. Después remoloneé bastante tiempo en la habitación. Volver a preparar las alforjas, ver las ultimas tonterías de la actualidad española y ducharme en un lugar absolutamente deplorable. Cosas de los viajes. Me explico y mi amiga Maribel lo va ha entender rápidamente. Una cortina que no cubría la ducha y una alcachofa que no soltaba el agua suficiente. Un caos de baño, vamos como el resto de la habitación.
Duchado, con desodorante en las axilas y un poco de colonía por coquetería cerré las alforjas y bajé a la planta baja del hotel du park. Donde ayer estaban unos pantalones cortes secándose, hoy había un paisano desayunando. Es una opción.
La señora que atendía el ¿hotel du park? Se había puesto un chándal de color burdeos y llevaba unas chalinas de ese mismo color. Indescriptible.
Salí por piernas del lugar y busqué un sitio, cerca del Río Garona, para desayunar. Un café que estaba bien y yo estaba solo, casí cinco euros, al menos me rellenaron gratis los bidones. Me dio indicaciones para el camino. Crucé el puente de piedra. Previamente, el carril bici que hay en la margen derecha del Río Garona fui encontrandome con multitud de bicicletas, el tráfico de vehículos de dos ruedas era superior al de los coches. Lo han entendido y disfruto con esa situación. Que se jodan los conductores.
Tras pasar el puente de piedra perdí otros diez minutos en tomar el siguiente café. Las indicaciones que me había dado el de los primeros dos cafés y el del tercero no correspondían con lo que yo tenía anotado, decidí confiar en google maps y dejarme llevar.
El recorrido fue por el margen izquierdo del Garona y en todo momento era un magnifico carríl bici.
Cuando eso se acabó y el google me metió por una carretera fueron doscientos o trescientos metros hasta llegar a la pista ciclable Roger Lapábie. No me lo podía creer. Era una vía verde por un ferrocarril extinto pero habían decidido cuidarla. Que maravilla. Firme de asfalto y ni una sola mala hierba en el camino. Quiero suponer que también se pagó con fondos comunitarios, pero estos señores y señoras saben lo que hacen. El paisaje por el que discurre es espectacular y el cuidado de la pista ciclable es absolutamente maravilloso. Solo puedo equiparar ese cuidado a la vía verde del ferrocarril vasco-navarro y al de Plazaola en el país Vasco. El resto en España tiene que ponerse las pilas.
Siguiendo la pista ciclable, el bidegorri, o el carril bici llegué hasta Creón. Era día de mercado y la mayoría de las gentes de Creón estaban en la plaza y comprando. La oferta era amplia, ropa, comida para llevar, maravillosas mieles de un taller de miel, frutas y hortalizas (tenían unos tomates de color naranja-amarillo, que debían ser la caña.
Al final encontré un puesto de seres vivos, gallinas, patos y cualquier bicho susceptible de estar en una granja.
Y una belosole espectacular.
Pretendía comerme un croasan, no había sido posible hasta este sitio. Fui hasta la panadería del lugar y pillé uno por 1,1 €, no era barato, en el escaparate tenía una espectacular velosole que fue un producto francés que llegó a nuestro país.
Pepe, el practicante, entonces no se hablaba de ATS, de enfermeros y de cosas así. Tenía una velosole, no funcionaba especialmente bien y siempre que se ponía a reparar el artilugio llegaba a casa con las manos un poco deterioradas. Nos ponía las inyecciones con las manos que llevaba. Era lo normal.
La pista ciclable es una auténtica maravilla, hay subidas, hay bajadas, hay un túnel en el que he sentido frio y he disfrutado como un perrillo chico. Muchos viandantes, muchos más ciclistas y las estaciones en un estado de consevación inimaginable en España. No creo que el vandalismo sea mayor en España que en Francia. Es cosa de la dejadez.
Acelerando el recorrido he llegado hasta el final de la Pista Ciclabe. Se había acabado y yo tenía que llegar a mi lugar de PERNOCTACIÓN: La Réole.
Una carretera comarcal con subidas y bajadas y sin arcén. Quince kilómetros y el destino estaba a mi alcance. Llegamos Hortensia y yo hasta La Réole. Parada para situarnos en el lugar y a buscar alojamiento. El primer sitio que figuraba en Booking y en Google era un alojamiento que me ofrecían una habitación compartida con otro ocho pedorros. No me pareció aceptable. Di vueltas y mas vueltas. Encontré dos sitios de google que no estaban operativos. Me ayudaron. Al final fui a un lugar donde me ofrecían una habitación para cuatro, dos camas estaban desmontadas. La señora que tenía conocimientos hablo con unos y con otras y al final me encontró una habitación.
Era de la señora X, está en el centro del pueblo y el lugar es para contarlo. Un espacio exclusivo de cerca de 40 metros, el baño compartido es para mi solo y se respira arte. La pareja de la dueña es pintor.
Al final tuve que probar el Burdeos.
He dormido una buena siesta y me he sentado en una buena mesa para escribir esta entrada. No llega el wifi hasta la habitación, pero me apaño.
Estoy especialmente sorprendido. Recorró el canal de los dos mares y todavía no le he visto. Será cosa del camino.
En el alojamiento, que no sé como llamarle me han indicado una condición. Tengo que abandonar la habitación mañana a las siete y media. Veremos.
Cuando concluía mi entrada a blog de ayer en las proximidades de la estación de la SNCF de Burdeos se acercó Sara, me contó que había visto mis ultimas entradas en el blog y que le parecían interesantes. Es lo que tenía que decir, en caso contrario se habría abstenido de hacer comentario. Como soy bastante espartano no me había pedido nada de comer para el desayuno (he intentado poner lo petit de… y no he encontrado las letras adecuadas.) Se acercó a donde estaba sentado y me hablo de las bobadas que cuento en el blog. Hablamos y me regaló un croasan (en realidad medio) que me vino bastante bien. Tengo que cambiar las opciones de desayuno, en Francia uno o dos croasanes.
La estación de Burdeos es ciertamente ejemplar. El acceso a las vías es por un paso inferior. Escaleras mecánicas para bajar y ascensor espacioso. Después hay unas rampas suficientemente largas para poder subir hasta el andén. No hay escaleras mecánicas, no hay ascensores, pero es maravilloso subir con Hortensia sin problema.
Vía 4 el tren que me llevaría hasta Arcachón. Nos situamos los ciclistas en un determinado lugar, entiendo que los que se habían puesto por allí sabían algo más que yo de la disposición de tren. Nos montamos en el tren de la Nueva Aquitanía y aquello era un desmadre de bicicletas para no contar. Menos mal que una paisana del lugar hablaba castellano y me dijo que colocara a Hortensia en su sitio para que entraran el resto de bicicletas. Todas al mogollón y mi Hortensia en el medio.
Al final hemos llegado a Arcachón un par de bicicletas, la de la muchacha que me había dicho que colocara a Hortensia y la mía.
He bajado en la zona playera y amenazaba lluvia, me he acercado hasta el Atlantico y he realizado las fotos de rigor para decir que mi excursión es del Atlantico al Mediterráneo por el medio de Francia. Seguro que lo conseguimos.
Ni son las mejores ni he podido incluir algunas que me interesaban. Pero estaba en el Atlantico
Después de la playa he cogido una “pista velo” para salir de Arcachón. No todo el recorrido ha sido por carriles bici, pero sí el 60 o el 70 por ciento. Tampoco sé si han sido sufragados por fondos europeos, pero esta gente tiene ideas diferentes a los pacatos españoles. La bici es un medio de transporte y tienen que darle opciones. Lo hacen y yo estoy agradecido.
La primera parada que hice saliendo de Arcachón fue en una zona boscosa donde se perdía el carril bici. Trabajé lo de la próstata y casi donde había realizado el acto mingitorio ví una superficie de un ser auténticamente prehistórico. Una tortuga de tierra. No tengo ni idea si es un animal endémico o si algún desaprensivo la ha dejado allí. En cualquier caso me pareció maravilloso ese hallazgo.
Mi nueva Lucrecia.
Por el tamaño y por los años que tenía podía habérmela llevado a casa, pero en cualquier caso ese no era el objetivo. Allí quedo la tortuga, que recordando a una que yo tuve en mi casa de Duque de Rivas de Madrid, la he llamado LUCRECIA.
La mía se suicidó.
He seguido por los distintos sitios que me indicaban los paisanos y paisanas y el Google Maps.
He recorrido el camino inverso al que había realizado en el tren. Muchos pequeños pueblos y sobre todo un recorrido por las Las Landa Occitanas. Espectacular toda la zona de pinares y lo cómodo que es el recorrido. He parado a comer un “puto bocata” a 30 kilómetros de burdeos. Mejorable pero suficiente.
Después casi no he parado, carriles bici, carretera, arcenes adaptados a los ciclistas y obras. Perfecto.
Ya pondré el video del recorrido para que veaís por donde me he movido.
Sin contemplaciones he llegado hasta Burdeos. He tomado un café express que me ha costado media vida y me he ido hasta el ¿hotel?. Siesta tranquila y otra vez a la puta calle. Una terraza en las proximidades del Río Garona y a escribir.
Recapitulando. Maribel me recomienda Biarritz, he dejado un poco al sur esa localidad. Mi amigo Mauro se enfada porque he estado en Euskadi y no he pasado a verlos, el objetivo este año era otro. Recorrer desde el Atlantico hasta el Mediterráneo por las Galias.
Lo de hoy ha sido una auténtica boutade, no está en ninguna guía que uno se vaya hasta Arcachón para ver el Atlantico pero así soy.
Lo del hotel no voy a insistir, NO ME HAN HECHO LA CAMA y no han recogido ni la papelera. Vaya gente.
Pondré una nota deficiente en Booking.
Por lo demás estamos en plena forma y mañana emprenderemos el camino del canal de Garona para seguir por el canal de MIDI.
En el hotel, como no hay mesa, me he puesto a dictar en el procesador de textos la entrada de hoy. Estoy seguro de que es un gran avance, pero como yo hay muchas veces que dudo de lo que voy a poner y dio “eh” o cualquier otra tontería, pues de momento no me sirve.
Acabamos el día de viaje hasta DONOSTI cenando un pincho de Txangurro y una tortilla de bacalao, el primero bien, el segundo mejorable.
Cena en DONOSTI.
Me fui a la pensión a eso de las once de la noche y me quedé embelesado con los resultados electorales veinte minutos o media hora. Como el cabreo podía subir de grado preferí desconectar y dormir. Esta mañana a las seis he vuelto a oír a Angels Barceló en la cadena de Ser. Me ha ratificado lo que sabía, tanto Sumar como Podemos se han dado una Hostia considerable, el PSOE ha aguantado medianamente y lo que más me preocupa. Los fascistas de VOX aguantan el tirón y el descerebrado de Alvise ha obtenido tres escaños y casi novecientos mil votos. No puedo creer que existan en nuestro país novecientos mil descerebrados. O sí.
Bajé a desayunar bien pronto y me encontré con los vendedores de hortalizas del mercado de DONOSTI colocando sus puestos. Me indicaron el café próximo y me tomé un par de cafés. No tenían tostada.
Recogí a Hortensia que estaba aparcada en el boulevard de San Sebastián y fuimos juntos hasta la pensión. Recogí todos los bártulos que ya tenía preparados, dejé la llave en la mesilla y bajé (en ascensor) hasta la bicicleta. Siguiente paso, ir a la estación de Amara de los Ferrocarriles Vascos. En diez minutos o un cuarto de hora ya estábamos allí. Billete hasta Hendaya 2,75€, con bici incluida. Entré en Amara y esperé la llegada del Topo. Admitían bicis sin problema. En lo que yo veía viajaban al menos diez, y sin problema.
Bastantes paradas, las bicis subían y bajaban, otras nuevas se incorporaban, pasamos las tres o cuatro estaciones de Irún y llegamos al final a Hendaya antes de las nueve de la mañana y me pude tomar un “café noir” en una terraza frente a la estación de Hendaya.
No insistí en lo de la tostada. Esperé bastante rato hasta que una paisana me indicó que mi tren estaba a la derecha del anden primero. Hacía allí me dirigí y coloqué a nuestra Hortensia. De verdad, que maravilla, hay espacio suficiente para las bicicletas. Coloqué a Hortensia en el lugar indicado, después llegaron otras dos bicicletas y tras quitar las alforjas se pudieron colocar perfectamente.
Hemos recorrido toda la costa atlantica francesa hasta Burdeos. San Juan de Luz, Biarritz, Dax y seguro que algún pueblo o ciudad más que no puedo recordar.
Antes de la una de la tarde ya estábamos en Burdeos. Hasta el hotel tres kilómetros, todo por Bidegorris o carriles bici. Maravilloso recorrido, prácticamente por la margen de río Garona. El hotel del park estaba cerrado a cal y canto. Después de varias llamadas a la puerta decidí llamar por telefono, al final bajó una señora que me dio acceso al ¿Hotel?. Los interrogantes son intencionados.
Subí las alforjas, me dieron las llaves de la habitación y me fui a comer. Los horarios franceses. Encontré un restaurante próximo donde me permití el lujo de comer tres ostras de Arcachón y un paté de canard riquísimo. Comprobé que lo de las terrazas no es exclusivo de España, aquí lo aprovechan a tope también.
Que no está mal, de inicio, pero que al final en todos los sitios los establecimientos de hostelería tengan más metros en la calle que dentro, yo que sé, a lo peor nos están timando. Nuestro espacio común utilizado por gentes que nos venden cervezas, que están muy buenas, pero es nuestro espacio y lo utilizan sin rubor.
Después de la comida he vuelto al ¿”hotel”? He sacado todas las bobadas que llevo en las alforjas y he podido dormir un rato de siesta.
Después tenía contratado un free – tour de Burdeos. Nos intento colocar en uno de mañana a las diez y parece que no le funcionó. Habíamos quedado en el monumento a los Girondinos a las seis de la tarde. Éramos cerca de quince clientes. Rafael el Gabacho lo hizo bien, pero tiene la costumbre de hablar en todo momento por lo que, salvo los que van pegados a él, no se enteran. En cualquier caso me hice una idea general de como es Burdeos. Me parece una bonita ciudad, con amplias avenidas y sobre todo con dos redes que la recorren en su totalidad: la del tranvía y la de los carriles bici. Es una maravilla andar por un sitio como este en bicicleta. Por eso hay tantas.
Como el free tour no acabó hasta casi las ocho de la tarde tuve que darme prisa para buscar un lugar donde cenar. Los horarios europeos. Encontré a través de google un restaurante muy francés donde pude cenar unos caracoles y un poco de pato. Es verdad que no pille sitio en la terraza, pero que le vamos a hacer.
Andando poco a poco llegué al ¿Hotel du Park? A eso de las diez de la noche. Intenté escribir en la habitación para publicar esta entrada, la falta de una silla y una mesa me impidió cumplir con mi obligación.
Me dormí bastante pronto y hoy me he levantado a las seis de la mañana. He dejado las cosas más o menos ordenadas en la habitación y me he venido hasta un café próximo a la estación de Burdeos – San Juan. Me he tomado los cafés de rigor y he podido dar una vuelta a esta entrada. Dentro de un rato salgo en tren hacía Arcachón desde donde volveré a esta ciudad en bicicleta. Al menos eso espero.
La anterior entrada la escribía desde el cabreo que me produjo no poder viajar en tren por una “supuesta” norma de Renfe. Una vez que hube descansado de la paliza que supuso el autobús desde Algeciras a la estación Sur de Madrid, me propuse averiguar todo los necesario sobre esa norma. Gracías a mi amigo Jesús, que sigue trabajando en Chamartín, tengo una copía del documento y en caso de encontrarme con algún incompetente como la muchacha de Algeciras les obligaré a leer la circular entre cinco y diez veces. Solo hasta que la entiendan correctamente.
Llevaré este documento en todos los viajes en tren. Podéis usarle.
Hoy es día de elecciones europeas. Como tenía previsto viajar voté en tiempo y forma por correo. Mi voto no va a faltar para arrinconar a las fuerzas reaccionarias de este país y de Europa.
Algo antes de las ocho de la mañana he salido de casa. He dejado a Tere e Irene en la cama. Creo que no las he molestado mucho.
A las 8:10 horas ya estaba en la Estación de Príncipe Pío (Estación del Norte) aunque el tren no salía hasta las 9:06, he dejado pasar el tiempo fumando y charlando con el interventor del tren.
Estación de Príncipe Pío. (Norte).
Del viaje no hay nada reseñable, viajeros subían y bajaban y yo me mantenía en el tren. Villalba, El Escorial, Avila, Arévalo, Medina del Campo, Valladolid, Venta de Baños, Palencia, Burgos – Rosa de Lima, Briviesca, Miranda de Ebro, Vitoria – Gazteiz y desde allí se convertía el tren en uno cercanías que me ha situado en la estación de San Sebastían – Donostía a las cinco menos diez de la tarde. Largo viaje a fé mía.
Un café y a la pensión. No figura ni el nombre en los whats que me han enviado. En cualquier caso está en plena zona centro (El Antiguo) y hay ascensor.
Zona de la pensión.
He dejado los bártulos en la habitación y me he dado una vuelta en bici hasta El Peine de los Vientos, Iglesia del Buen Pastor y Paseo Nuevo.
Me he sentado un momento para dar señales de vida y decir que emprendo un nuevo camino.
Ahora me moveré otro poco con Hortensia hasta el barrio de Gros, tomaré una cerveza y cenaré de pinchos.
No me da tiempo a mucho mas, el bar en el que estoy sentado ha recogido todas las mesas y sillas y solo quedo yo.
La idea para mañana es coger un tren a Burdeos y comenzar el nuevo recorrido. Iré contando.
Tal como comenté en mi anterior entrada estaba en Tarifa y dado que era imposible entrar en la Isla de Tarifa hasta el día 24 por lo que me debía quedar descansando dos días en el lugar opté por llegar hasta el punto más meridional de la península que era hace accesible y dar por rematado el viaje.
Emprendí el paseo pertinente, y dado que la ciudad no es excesivamente grande, conseguí llegar hasta la verja que separa ambos recintos: la ciudad y la isla. Me había dicho la de la oficina de Turismo que hasta hace dos años no se podía entrar en ese lugar ya que era un recinto militar además de un parque natural. Ahora la visita es guiada y se hace exclusivamente una al día. Es difícil pillar plaza si además como yo no tienes costumbre de hacer estancias prolongadas en ningún sitio.
Paseo vespertino uno.
Después de llegar hasta el final del objetivo del viaje me senté tranquilamente a tomar una cerveza, mientras aproveché para seguir leyendo el libro de cabecera del momento.
Paseo vespertino dos.
Cuando decidí ir a buscar un sitio donde cenar me encontré con que el lugar donde había comido estaba cerrado y la mayoría de los bares que encontré ofrecían productos tan raros como crepés de harina de trigo sarraceno o distintos productos vegetarianos e incluso veganos. Al final una cena manifiestamente mejorable. Una ensaladilla de langostinos y ya.
Cena claramente mejorable.
Vuelta al Hostal Tarifa y a prepararme para emprender el siguiente camino. Había decidido que me volvía a Madrid. Las existencias de ropa eran cada vez más escasas, de los medicamentos habituales que tomo por “viejo” me quedaba producto para tres días y recorrer otra vez la costa sur de Portugal para llegar a Madrid por el oeste peninsular podía esperar.
Al día siguiente dejé todo preparado en la habitación del Hostal y bajé a desayunar. Cuando en el bar de enfrente pregunté al paisano por el camino hacia Algeciras me ratificó lo que ya sabía, había unos trece kilómetros de subida sostenida. Me habló de dos puertos en el camino. Subí a por las alforjas y emprendí el camino. Salí un poco más tarde y emprendí el camino, tenía billete para el tren de hoy y dado que el tren salía casi a las tres de la tarde creía que tenía tiempo suficiente para llegar a la estación de Algeciras y cambiar el billete para ayer.
Empecé la subida de ambos puertos: Uno se llamaba algo así como “del Cabrito” y otro “El Bujeo”, en mitad de ellos está el mirador del Estrecho.
Poco a poco, pero sin descansar hasta el Mirador fui haciendo el recorrido necesario para superar ambas elevaciones. Por la altitud que figuraba en sus respectivos carteles no parecen especialmente altos, pero si partes del nivel del mar subir dos veces consecutivas a poco más de trescientos metros, ya os digo yo que fue una subida cansada.
Mirador del Estrecho.
Después del Bujeo, todo era bajada, prácticamente no tuve que dar pedales hasta bien entrado en Algeciras. Encontré la estación y directamente me fui a la taquilla para cambiar el billete.
La factora, o como creo que se llaman ahora operador comercial, me dijo que las bicicletas eléctricas desde no se que norma no pueden viajar en los trenes, y que por tanto ella no me cambiaba el billete. Es verdad que podía realizar el cambio en la aplicación del operador ferroviario y arriesgarme después a que no me dejaran montar en el tren.
Decidí irme a la próxima estación de autobuses, dejé atada la bicicleta a una farola en el exterior de la estación y pregunté por autobuses a Madrid. Eran las once menos diez de la mañana y el de la taquilla me dijo que salía uno a las once treinta. No lo dudé, compré el billete y que fuera lo que la providencia y el conductor del autobús quisieran.
Si quería hacer las cosas medio bien, no me daba tiempo a ir a ningún sitio para comprar un bocadillo.
Me acerqué a la dársena número ocho y allí estaba el autobús, el conductor y un guardia de seguridad. Directamente hablé con el conductor sobre si podía cargar ya a Hortensia en la bodega del autobús y me dio la autorización. Con media hora de anticipación llegas el primero al autobús y puedes cargar la bici ocupando el sitio necesario sin pelearte con ningún otro bulto.
Desmonté la rueda, puse la funda y metí la bici en el lugar donde realizaría el viaje hasta Madrid. Mientras hacia esa operación cuatro policías nacionales y un perro denominado SIETE, estaban buscando droga a los viajeros de los distintos autobuses. El perro subía a las bodegas de cada uno de ellos, luego se metía por la puerta de acceso y olfateaba a los pasajeros. Mis alforjas y la bicicleta también las olisqueó, pero no parece que le interesara nada de los olores que estos bultos desprendían.
El guardia de seguridad le recordaba al conductor de autobús la normativa que me habían aplicado en Renfe de la prohibición de viajar con bicicletas eléctricas, el conductor hacía como que no iba con él. Los cuatro policías de uniforme se unieron a otros cuatro de paisano que llevaban unas chinas en la mano. Magro alijo obtenido por SIETE. Con todos esos entretenimientos me dio tiempo a comprar una botella de agua y fumar un par de cigarros con el conductor. Me comentó que sabía perfectamente la norma pero que le parecía una “putada” dejar a alguien en tierra por esa norma bastante irracional.
Emprendimos el camino. Eran las once treinta de la mañana. Primera parada Estepona, segunda Marbella, tercera Málaga. Como había bebido parte de la botella de agua que había comprado y la próstata aguanta lo que aguanta, intenté en las dos primeras paradas ir al servicio. Imposible.
Antes de Málaga me percaté de la existencia de un baño diminuto en el autobús y ya la cosa mejoró en ese terreno.
El vehículo llevaba veintinueve pasajeros por lo que cada uno pudimos usar dos asientos que hacían un poco más cómodo el trayecto. Tampoco mucho.
La siguiente parada se produjo a las cuatro de la tarde, en una espantosa área de autovía: ABADES DE PEDRO ABAD. En ese lugar nos dieron media hora de descanso. Un bocata de jamón, manifiestamente mejorable, una cerveza, dos cafés y otras dos veces a un baño en el que me pudiera mover.
Pedro Abad y el bocadillo.
Con tantos incidentes en la estación de autobuses me debí aturdir un poco y no saqué ni la tableta ni el cargador de móvil. A las cuatro y media cuando salíamos de Pedro Abad, tenía un treinta por ciento de batería en el móvil, no tenía ningún otro elemento de entretenimiento y cuatro horas más de agradable estancia en un autobús.
Ni siquiera fui capaz de dormir una siesta que me hubiera ayudado a sobrellevar el viaje. Estoicamente y pendiente del conductor que seguía siendo el mismo desde que habíamos salido llegamos a Madrid a casi las nueve de la noche.
Mucho más cansado que si hubiera estado pedaleando seis o siete horas. Había momentos en los que no sabía ni como ponerme para que no me doliera todo el cuerpo de estar sentado.
Todo acaba en algún momento. Llegamos a la Estación Sur, donde no había ni policías ni perros llamados SIETE, organicé otra vez a Hortensia, me fumé un cigarro con el conductor del autobús y le volví a agradecer su deferencia. En la charla con él, me contó que no había otro autobús diurno hasta el próximo lunes y que los nocturnos van todos llenos. Menos mal que tomé la decisión en ese momento.
Si en párrafos anteriores me he quejado de lo cansado que es un viaje en autobús no quiero hacerme idea del cansancio que llevaría en el cuerpo el amable conductor que me permitió montar a Hortensia en su autobús y que cuando me despedí de él todavía tenía que llevar el vehículo hasta San Sebastián de los Reyes.
Ya en casa volví a la más absoluta normalidad. Cenar viendo el Intermedio, ver un capitulo de alguna serie de las plataformas habituales y dormir.
Ahora el problema es como solventar la prohibición ridícula relacionada con las bicicletas eléctricas. Estuve leyendo ayer una página del ministerio de transporte y movilidad sostenible donde destacaban que se estaba haciendo un importante esfuerzo para conseguir que el transporte ferroviario y las bicicletas fueran transportes complementarios. No tengo ni idea de como se puede conseguir esto con estas prohibiciones.
Tendré que aclarar hasta donde y hasta cuando alcanza esa prohibición y buscar medios alternativos y complementarios a la bicicleta para realizar mis viajes. Supongo que alguna solución encontraré.
Casi ya en Marruecos.
No tengo intención de desistir de mis viajes y de publicar mis tonterías en este blog.
Es tradicional que cuando uno llega a la plaza del Obradoiro digo que ha concluido el camino De Santiago. Ahora mi recorrido era otro. Venía desde Estaca de Bares, cierto que parte del recorrido en tren por las inclemencias climáticas, y la pretensión era llegar hasta Tarifa. Pues poco a poco lo he conseguido.
Anoche bajé en bicicleta para repetir en el restaurante Pepe de Benalup-Casas Viejas. La plaza donde está el restaurante y donde había bastante ambiente al medio día, estaba desierta y todos los bares vacíos. Incluido el salón de juegos. No pretendía entrar, pero estaba cerrado.
Subí nuevamente con la bici. Cuando digo subí es que era una buena cuesta. Encontré un bar a mitad del camino y paré a tomar una cerveza. Un par de paisanos estaban dedicados a lo mismo que yo y pudimos hablar. Me confirmaron lo que me había comentado ese mismo día un paisano. Había un camino mucho mejor por las Jandas (laguna desecada) hacía Tarifa.
Me indicaron donde cenar, me mandaron al “Oze Mari”. Si os digo la verdad nunca hubiera entrado en ese lugar, pero recomendado por los lugareños entendí que merecía la pena.
La cena y el nombre del establecimiento.
Unos chocos y un poco de carrillada. Bien guisadas ambas cosas. El precio mucho más que aceptable.
Cuando volví a las Grullas estaba todo cerrado. Subí a la habitación y tras enchufar todos los artilugios para que se cargaran durante la noche y leer un rato me dormí.
Esta mañana, sabiendo que el recorrido era un poco más corto que otros días, he estado vacilando en la habitación hasta eso de las ocho de la mañana. Cuando he bajado, el propietario de las Grullas estaba tranquilamente sentado en el comedor. Me ha contado que el establecimiento estaba abierto, pero ha tardado más de veinte minutos en poner el café y la tostada.
Juan, el señor de las Grullas, tenía como ayer un carácter claramente mejorable. Mirá que es costumbre decir que los gaditanos son gente graciosa y amable. No debe ser del lugar. Que “desaborido”. Cuando le he preguntado por el camino para Tarifa me ha mandado por la carretera de Veger, que como dice Maribel, no deja de ser otro pueblo blanco.
Claro que le he oido, pero no le he prestado ninguna atención. Me habían dado la opción de las Jandas y a ese camino me agarré como una lapa.
Las Jandas 1
Los paisanos de la cerveza de anoche me comentaron que en las proximidades de Las Jandas uno de ellos tenía una explotación de aguacates. Cuando le comenté una de las “supuestas verdades” que sobre ese cultivo tenía en mi menté, lo de que era un cultivo con grandes necesidades agua, me comentó que eso era falso. Que los aguacates necesitan mucha agua los dos primeros años, que luego no demandan más agua que otro cultivo y que la biomasa de ese cultivo atrae la lluvia. No deja de ser una conversación de bar.
Al final he seguido las indicaciones para realizar el camino como me habían comentado. Hay que bajar hasta el final del pueblo y a poco más de un kilómetro del mismo sale una carretera que recorre Las Jandas. Empieza siendo una carretera y acaba siendo un mal camino lleno de malas hierbas. Ha sido un buen camino. Vacas, caballos, ovejas e insectos. Esa es la fauna que me he ido encontrando por el recorrido elegido.
Las Jandas 2
Es cierto que solo había un desvío. En este caso he acertado y cogido el camino correcto.
Al llegar a las proximidades de Facinas se ha acabado el camino. Ya había que entrar en la carretera. He parado tranquilamente al final de Las Jandas. He fumado mi cigarro, he aprovechado para las cosas necesarias que uno tiene que hacer cuando viaja y he ha acometido la ultima parte del viaje.
Nacional 340, una primera subida hasta el Puerto de Facina y un buen camino hasta el final. Según avanzaba iba encontrando desvíos para Playa Bolonia, Punta Paloma, Valdevaqueros y cualquier playa idílica de las que uno se puede encontrar en esta zona.
Las Jandas 3 y la carretera.
He seguido hasta el final. Según entraba en Tarifa he encontrado una tienda de bicicletas y le he pedido que me revisara la Tija de Hortensia. El paisano de la tienda ha puesto mucha voluntad pero no ha hecho absolutamente nada. Me ha dicho que funciona correctamente y que no podía hacer nada.
He llegado hasta el centro de Tarifa. Ha sido emocionante. Una grúa municipal estaba retirando un vehículo de la calle por la que pasaba. Me he apartado de la carretera y he estado tranquilamente viendo toda la operación. Había dos municipales y el operario de la grúa. Increíblemente han tardado veintitrés minutos en retirar el vehículo. Eso es eficacia y lo demás son las tonterías que hacen en las grandes ciudades.
He entrado con Hortensia en el centro de Tarifa y finalmente, sin pararme, he vuelto a la calle de la grúa donde había visto un hostal.
Me alojo en el Hostal Tarifa. Bastante cómodo de inicio.
Me he cambiado de ropa y he vuelto al centro de Tarifa. Una especie de pueblo árabe totalmente preparado para el turismo. Bares, teterías y establecimientos con productos típicos. Y cuando hablo de productos típicos estoy incluyendo el surf.
En la zona central de Tarifa deambulábamos dos tipos de personas. Los que teníamos pinta de “guiris” que cumplíamos con nuestra función de arrastrar los pies por las calles en busca de algo que nunca sabemos lo que es y los autóctonos que en gran parte estaban disfrazados de surfistas (pantalón corto, muchos tatuajes, el pelo desastrado por el viento y dándose a lo más importante cuando no están en el mar), las cervezas. También había gente trabajando, no vamos a minusvalorar la actividad económica de Tarifa.
Hace días se me había roto la cremallera de la funda de las gafas de sol, había preparado un apaño con una brida, pero ayer comprobé que no se sujetaba ni la brida. No había Dios que sacara o metiera las gafas. He recorrido las tres ópticas que hay en el pueblo. En la última me ha encontrado una en la que caben las gafas, pero tenía un pequeño problema, no las podía agarrar a las alforjas. Me ha mandado el óptico a unos chinos que hay en las proximidades. Me dijo que comprara un mini mosquetón y que mediante ese medio podía sujetar la funda a las alforjas. La china (y no quiero racializar el comentario) era borde hasta decir basta. Lo primero que me ha dicho es que no tenía nada de lo que pedía. Ayudado por una empleada he encontrado lo que buscaba y cuando he ido a pagar me ha escupido la cifra de un euro. Coño, que difícil es entenderse con esa mujer. Después he ido a la oficina de turismo, he manifestado mi interés en visitar la isla de Tarifa y una mujer realmente encantador me ha dicho que no era posible hasta el próximo viernes. La visita de hoy ya se había realizado, mañana había una visita de escolares y por tanto la próxima visita disponible era el viernes. Mi gozo en pozo. Ya me ha indicado hasta donde me puedo aproximar para culminar mi objetivo. También me ha ratificado lo borde que es la del comercio asiático.
He comido en El Perulero, otra vez unos chocos y unas croquetas y he vuelto al hostal para la siesta y escribir este blog.
Creo que me dará tiempo para llegar al punto que me ha indicado la de la oficina de turismo.
El recorrido del ultimo mes de Hortensia.
Mañana tengo decidido ya, viajar hasta Algeciras, para el viernes retornar a Madrid en Tren y decidir nuevos caminos. Seguiré informando.
Siempre es una satisfacción que lo que uno escribe, sin mayores pretensiones, tenga alguna influencia en otras personas. Hoy he recibido una alegría por parte de un seguidor de Tarrasa que me dice que le he descubierto un pueblo para sus viajes. Muchas gracías Egarense.
También me escribe en privado mi buen amigo Goyo, me recomienda la ruta del Cid. Voy ha ser claro, he recorrido una parte importante de esos caminos. A través de las vías verdes y del camino del Turia. Siempre he negado ha recorrer el camino de ese personaje de la historía. En el colegio me hicieron admirarle como un gran personaje de la lucha contra los árabes que nos habían colonizado. Luego, perdiendo el tiempo en estudiar algo más he comprobado que el tal personaje presentado como adalid de la cristiandad resultó que era un soldado de fortuna que se vendía a cualquiera por unos buenos dividendos. Luchó igual a favor de los reyes cristianos, como de los reyes árabes. Un mal personaje. No seguiré su camino.
Me decía mi buena amiga Maribel que no entendía lo de la gratuidad del agua. Lo explico. Como soy bastante pijo, habitualmente relleno los bidones con agua mineral, ayer acepté que me los rellenaran con agua del grifo y tampoco me fue tan mal. Hoy he repetido.
He bajado pronto del Hostal Málaga y me he desplazado al Voy y Voy. He tomado el desayuno habitual y también me he encontrado con el “pesado” de todos los bares que emprende la conversación hablando de la bici y pretende darte la brasa con su vida.
He salido como he podido de la conversación y he empezado el camino. Lo mismo que ayer dije que la subida a Arcos de la Frontera hoy he comenzado el camino con una bajada muy considerable. Es una buena forma de empezar el camino.
El brasas del bar me dijo que en el camino me encontraría como lugar interesante la Finca La Cantora. He ido pendiente pero sinceramente no he visto nada que se le pareciera. Quizá esperaba encontrar un montón de unidades móviles con periodistas esperando que saliera la Pantoja. Nada de eso en el camino. He llegado hasta donde debería haber dormido ayer. Paterna de la Rivera y como todo en esta zona. Una subida bastante pronunciada para llegar al pueblo. Entiendo que todos estos pueblos en su momento se crearon como plazas fortificadas para defenderse de las posibles invasiones, pero hoy podían hacer una carretera que bordeará el pueblo por la parte de abajo y evitar a los tontos que viajamos en bicicleta la subida y la bajada del pueblo.
El siguiente punto de importante del camino era Medina Sidonia. He tenido que desplegar todo el esfuerzo de Hortensia y de Mariano para llegar hasta arriba de ese pueblo. El castillo, desde lejos, mejorable. El pueblo, como dice Maribel, uno más de los pueblos blancos. Y ratificando su opinión, visto uno, visto todos.
Estaba en lo que yo creía lo más alto del pueblo y pregunté como seguir. Las explicaciones que me dió no las pude entender y el paisano se esforzó. Tuve que preguntar nuevamente. A lo peor es que no le quise entender. El segundo me ratificó que había que seguir subiendo para reemprender el camino. Fueron otros trescientos metros de subida y las fuerzas ya estaban en lo mínimo. Llegué al final al punto más alto del pueblo donde dos paisanos de mi misma edad estaban tranquilamente sentados en un banco. Coño, que listos los paisanos.
Hablé un rato con ellos y me aseguraron que empezaba lo bueno. Fue más o menos verdad. Desde ese punto había una bajada de más de tres kilómetros que disfruté a medias. Era tan pronunciada la bajada que tenía que utilizar los frenos más de lo que yo quisiera.
Una vez que en el cruce me aclaré cual era el camino, la llegada hasta Megalup-Casas Viejas fue un paseo agradable. Alguna subida más o menos suave y un par de pueblos. En Los Badalejos desde un MESÓN me han llamado reiteradamente y me he tenido que detener. Resulta que un paisano me había confundido con su hermano Enrique que parece que también monta en bicicleta. El segundo le he pasado de largo, pero me ha dado tiempo para pensar en la mala suerte que tienen algunos. El nombre del pueblo tiene mala hostía y no hay por donde cogerlo. SAN JOSÉ DE MALCOCINADO. Ya me diréis con que orgullo van por el mundo los ciudadanos de ese pueblo.
Al final he llegado a Casas Viejas. Ahora se llama Benalup – Casas Viejas, tenía interés en venir a este pueblo. Uno de los momentos más trágicos de la II República española ocurrió en este pueblo. Un grupo importante de trabajadores del campo anarquistas atacaron el cuartel de la Guardia Civil, murió demasiada gente. Fue un momento en el que el movimiento campesino rompió de alguna manera con la República. Después ganaron las derechas en las elecciones.
Me decía un paisano en Los Badalejos, que mañana recorriera La Janda para ir hasta Tarifa. Era un paisano de izquierdas de sesenta y tres años. Me ha contado que LA JANDA es una zona desecada por el General Franco de muchas hectáreas, que luego regaló a uno de sus corifeos para que plantara algodón.
Me dio un detalle, a la gente la cogían en los pueblos en un camión y les llevaban a cultivar lo que mandaba el “señor” por unas miserables monedas. Seguro que exageraba, pero lo ha descrito como la explotación de los esclavos andaluces. No me extraña del regimen fascista del Franco.
El pueblo, es realmente feo, no tengo ningún problema en declarar que no me ha gustado nada. Calles más o menos paralelas, chalés o vivienda unifamiliares diseminados por el municipio. Nada que mostrar.
Me pareció gracioso que hubiera un Hostal denominado García. Me dirigí hacía él. Desde el primer piso dos perros algo impertinentes me ladraban con toda la pasión del mundo.
La señora del Hostal abrió la puerta y me contó que hacía años que no funcionaban como HOSTAL. Me tuve que ir hasta el Hostal Las Grullas. Es la ventaja de ir a un pueblo con varios presuntos alojamientos.
Las Grullas está bien, Hay dos Hortensias floreciendo. El paisano que atiende el hosta y el bar se debe llamar Juan, hay varias camisetas firmadas a su nombre. Su actitud en relación con los clientes diría que es mejorable. Es verdad que no sé si está padeciendo alguna dolencia grave, si tiene una hija casadera y no sabe donde celebrar la boda o sencillamente que tiene cara de borde.
He mirado los restaurantes de CASAS VIEJAS y la Grulla no aparece siquiera en Google Maps. Después de alojarme he vuelto a montar en la bici y me he ido a comer al restaurante Pepe. Medía ración de ortiguillas y otra media de queso payoyo. En la plaza donde he comido estaban tres ciclistas que venían desde Málaga. Hemos arrancado prácticamente al mismo tiempo. Me he permitido poner el turbo a la bici y dejarles a muchos metros en la subida que hay hasta el hotel. Uno que es competitivo.
En el tiempo que habitualmente pierdo en el despacho de casa tenía previsto rematar este viaje en Tarifa. Sigo en esa idea. Después quería ir hasta Cádiz por la costa. Después con un despliegue logístico de transporte ir hasta Sevilla, volver en tren hasta Huelva, dejar la bicicleta en esa ciudad, irme a Madrid a cambiar la dotación de calzoncillos y volver a Huelva para emprender un nuevo camino.
Me siento algo cansado, el recorrido por la costa portuguesa ya lo he realizado con furgoneta. Hoy estoy pensando cambiar de planes. Desde Tarifa puedo irme hasta Algeciras y volver Hortensia y yo a Madrid.
Veremos que recorrido emprendo después.
Ayer, cuando compré tabaco me sorprendió el precio del paquete de la marca que compro habitualmente. Debían tener los paquetes de hace varios años y por tanto está seco, como no sabía si iba a encontrar más estancos compré nueve paquetes a 3,65€, el precio habitual es de 5,65€.
Veremos si mañana voy por LA JANDA o por carretera. Veremos si me voy hacía el Altalantico y las playas de Bolonia, Zahara de los Atunes o me voy para Algeciras y pillo el Intercity que me llevará a Madrid.
Ya ayer hice una etapa hasta El Coronil que solo fue ciclo turismo y me encontré con el restaurante Miguel que era de lo mejorcito de la zona y con un pueblo bastante mas tranquilo por la tarde, las motos habían partido del lugar y la carretera seguía siendo el lugar ideal para que los muchachos y muchachas jugaran con sus bicicletas y los padres y madres trasegaran con tranquilidad las cervezas.
El restaurante del medio día estaba cerrado y me conformé con el siguiente en valoración del lugar que por supuesto no estaba a su altura. Un poco de mojama y una tapa de ensaladilla. Abandoné la zona de alterne dejando a los niños y niñas peleándose por las bicicletas y a los padres y madres consumiendo lo que yo supongo que serían las últimas cervezas dominicales.
Ya tenía todo preparado en la bicicleta cuando ha aparecido la limpiadora del Hostal cuan tribunal de la inquisición. Me pregunto por si había dejado la llave y olfateo el ambiente cuan perro perdiguero en busca de algún olor a tabaco que la desagradara. No le he dado tiempo a un ultimo olfateo. Mas que nada por si tenía cualidades ocultas.
He bajado hasta el lugar del bullicio de ayer y no había nadie, tampoco bares abiertos. Unos paisanos que estaban mareando la perdiz sobre como descargar unas vigas de hierro me ha indicado donde se encontraba el bar de los desayunos en El Coronil. Allí hemos coincidido todas las fuerzas vivas del pueblo, los trabajadores de las “peonás”, algún empresario agrícola, los dos Guardías Civiles que estaban de servicio y yo.
Cuando está la autoridad en un establecimiento hay que preguntarles directamente a ellos. He indagado por el mejor camino hacía mi destino y me han jodido la mañana. Lo primero que me han dicho es que era imposible llegar al destino previsto. “No sabe usted lo difícil que es ese camino”. Decía el más veterano aseverando que el no había ido nunca, pero que el camino era especialmente difícil. Tras los cafés, la tostada y el rellenado ritual de los bidones, que esta ves ha sido gratis, he comenzado el recorrido. Montellano, Puerto Serrano (creo recordar algo truculento de ese pueblo), Villamartín, el embalse de Bornos, Bornos y Arcos de la Frontera.
Al final han tenido razón los miembros de la benemérita. Tenía previsto llegar hasta Paterna de la Rivera y me he quedado en Arcos. Había recorrido ya sesenta kilómetros, la batería tenía una carga del 40% y Arcos es la entrada a los pueblos blancos gaditanos que nunca había podido visitar porque cada vez que he llegado en un vehículo a motor no he encontrado un sitio para aparcar.
Tampoco las subidas han sido espectaculares, he tenido que dar al pedal, pero se podía recorrer el camino con normalidad.
Veis que tengo una gran capacidad para inventarme tonterías que justifican mis actos.
Voy por orden, he encontrado un hostal (MÁLAGA) donde alojarme en Arcos, he pagado la habitación con tarjeta pese a las reticencias de la propietaria y he anulado la reserva que había realizado telefónicamente en Paterna.
Lo del hostal Málaga tiene su aquel. He llamado reiteradamente al timbre y no ha aparecido nadie. He subido hasta el primer piso y al final me ha oido la “Kelly” del lugar. La propietaria era una “vieja” que ha sido “vieja” desde que tenía dieciocho años. Avanzaba por el pasillo con una muleta y hasta que no se ha sentado no me ha dicho si tenía o no habitación. Ha rellenado los papeles de registro y una vez que me había dicho el precio: 33 euros, le aumentado en 2 por la bici. No me ha dado la gana pagárselo en efectivo. Ha pretendido que le dejara la tarjeta para cuando viniera su hijo. NO HE CEDIDO. La Kelly como siempre le ha sacado las castañas del fuego.
No está mal el lugar, un poco abuhardillado pero parece limpio. Estoy tranquilamente el hostal de al lado y que era el que tenía que haber contratado. Tiene ascensor y parece un pelín más decente. Siempre se equivoca uno.
Después de la siesta he ido a recorrer el pueblo. Una visita a al centro. He comprado tabaco y he jugado al EUROMILLÓN y esas cosas y al final he decidido subir hasta el hostal y mi zona de confort en taxi. Cuatro euros y las piernas mucho mejor después de ese viaje.
La verdad que este pueblo si lees lo que dice la wikipedia y la pagina de turismo del municipio tiene muchas cosas que ver. Yo he dado una vuelta y le doy por amortizado. Tendría que tener mejores piernas para recorrer todo lo que dicen los manuales que hay que ver en Arcos.
Antes de la siesta he comido en el restaurante la Garrocha, una tapa de jamón, otra de carne mechada y he finalizado con unos chipirones en salsa verde. Bien. Ha contacto conmigo, después de una WhatsApp que le he puesto mi amigo José Antonio. Ya están en Astorga. Solo les queda unas pocas subidas y el santo les dará todas las bendiciones.
Como mi viaje es un poco menos piadoso, yo sigo avanzando hacía el objetivo. Pensándolo bien es un poco tonto lo de recorrer sitios sin que un obispo te dé la bendición. Y es más tonto hacer un recorrido esperando que un señor que está en su despacho te diga que has ganado cielo. Y eso que ya he recorrido seis caminos De Santiago.
De momento estoy en Arcos de la Frontera. Creo que mañana tendré una etapa buena y conseguiré llegar a Casas Viejas después de pasar por el pueblo de la Marquesa Roja. Ese es el objetivo. Como la entrada de ayer ha sido censurada por Alba, no podré seguir subiendo la apuesta de las cervezas que nos tomaremos Maribel, Tato, Tere y yo. Y por supuesto no podré hablar de supuestos sueños eroticos. Es lo que tiene exponerse en publico.
Quizá empece mal esta entrada. Las “Kellis” merecen toda mi admiración y sigo pensando que son trabajadores muy importantes en nuestro país y que no son debidamente reconocidas. Hoy he tratado con dos, ambas super eficientes, la del Coronil estaba dispuesta a que nadie manchara sus aposentos y la del Hostal Málaga tenía que cubrir las deficiencias de la dueña del hostal. Y seguro que ambas insuficientemente pagadas.
Que un muy buen amigo cumpla años, que además le deba una visita a su pueblo desde 2020 y que quiera desearle lo mejor es suficiente titular para esta entrada del blog.
Hoy es el cumpleaños de mi amigo Gregorio García Hernandez, no he querido mirar en Facebook los años que cumple pero no creo que me saque muchos. MUCHAS FELICIDADES querido Goyo. También es el cumple de otro compañero del sindicato y sin embargo amigo, Jorge Carrillo, si es el hijo de Don Santiago, y si fue mi profesor en curso de la UJCE (juventudes comunistas) en el que participé a los dieciocho años en una municipalidad próxima a Paris. Felicidades, Jorge.
Ya habían sido dos noches en el mismo lugar y había que levantar el vuelo. Ayer cené en un bar próximo al seis que había sido mi referente en las Fuentes de Andalucía y que según el señor al que pregunté estaba cerrado como todos los del pueblo. No sé si no tenía ni puta idea o era que como paseaba con la mujer no quería mostrar sus conocimientos de la hostelería local.
Una cena como otra cualquiera.
La cena moderada, un poco de Melva con pimientos, unos calamares y unos caracoles. Tampoco subío tanto la cuenta.
Volví al hotel a esa hora que mi amiga Maribel dice que los mayores como yo vamos necesitando descansar y creyendo que no había nadie mas en Casa Manolo me encontré con dos paisanos que entraban o salían de sus habitaciones.
Haciendo algo absolutamente prohibido, fumé un cigarro en la ventana que daba a un patio del alojamiento, mientras yo tenía un vaso lleno de agua para apagar adecuadamente el cigarro mi vecina o vecino de la ventana de la izquierda había lavado sus bragas y las tenía extendidas para que se secaran.
Como podéis imaginar en estos viajes que hago en bicicleta el sexo, salvo el amor propio, está absolutamente vetado. Imaginé quien sería la propietaria de esas bragas y las posibilidades que uno tendría de hacer el ridículo con ella. Advierto, el modelo de bragas era más de ir al médico que de triunfar en una noche loca.
Con ganas de retomar el camino bajé todos los impedimentos y me dispuse a organizar a Hortensia para partir. Bajó una señora del Bar Manolo que sinceramente me quitó las ganas de seguir imaginando algo sobre las bragas de color carne que había visto tendidas en el pollete de la habitación. Se cabreó porque el Bar Manolo no estuviera abierto y volvío a subir. En ese momento acabó para el día de hoy mis sueños eroticos.
Hoy si estaba abierto el seis y me tomé mis cafés, mi tostada y rellene de agua los bidones. Para la hostelería deben ser espabilados, para dar indicaciones sobre los caminos de su zona no.
Me toco recorrer algunas calles hasta que recuperé la vía verde de las campiñas en dirección a Marchena. Continuación de lo que describí en mi entrada de antes de ayer. La vía verde impracticable y paralela a ella un camino rural con bastante buenas condiciones. Ni un kilómetro he ido por la vía verde. Los responsables de la misma se lo tienen que hacer mirar.
Prácticamente ha sido una bajada prolongado hasta Marchena y al llegar a ese pueblo me encontré con un grupo considerable de ciclistas que estaban a sus cosas y les costó informarme del camino hacía el Arahal. Divertido camino. Toboganes hasta el pueblo subir, bajar, subir, subir e incluso bajar. Paré en el pueblo, fumé un cigarrillo y me indicaron el camino hacía El Coronil que era el punto final de mi etapa.
El dueño del hotel Don Juan de El Coronil me puso un WhatsApp para saber cuando llegaba y le indiqué donde estaba y lo que se tardaba en bicicleta.
Ciertamente el camino hasta El Coronil era bastante cómodo, si excluyo que el viento en contra era de 25 km por hora. No he parado salvo para hacer unas fotos de la base de Morón de la Frontera y he seguido camino de El Coronil con todas las fuerzas que en ese momento tenía.
Las fotos de la base de Morón no están en la tableta.
Al llegar al pueblo he realizado una maniobra inadecuada que el coche de la guardia civil que pasaba por allí no ha tenido en cuenta.
Cerveza (cruz campo) deplorable en el primer bar que encontré y otra vez en marcha hacía el hotel Don Juan.
Estaban limpiando cuando he llegado. He dejado cargando la batería de la bicicleta y me he ido a la zona de Bares del pueblo. No sé si ha sido para felicitar a mis dos buenos amigos o para aturdirme a mí. Hay una concentración motera en el pueblo y los que pasaban hacían todo el ruido que era posible con las “amotos”. Cerveza en el bar más concurrido de El Coronil y comida en el restaurante Don Miguel. Los moteros, como todas las especies de ciudadanos también tienen clases. Mientras los que más se ajustan en el presupuesto han comida en la campa de la concentración motera, un grupo sevillano de mujeres y hombres talluditos, han ido al restaurante Don Miguel y supongo, porque me fui, que han saboreado sus viandas.
Hasta en reloj me ha saltado la alarma de ruido excesivo.Lo que hubieran organizado mis amigos de Caravaca con ese limón. Yo ni lo toque.
Volví al hotel, hostal o como quiera que esto se llame y me dispuse a lo más importante del día. La siesta. Nunca acierto. Estaba tranquilamente durmiendo y ha empezado a sonar una puta puerta dando golpes. Siempre uno supone que esas cosas no van con él y se desentiende. Era mi puerta, que no había cerrado con llave, se abría y cerraba al ritmo del viento.
La cerré y seguí en la celebración más intima del día: la siesta.
Me he levantado a tiempo para poder escribir esta entrada ruidosa del blog y para una vez concluida irme a dar una vuelta por las atracciones turísticas del EL CORONIL.
Mi buena amiga Maribel siempre me sorprende. Hoy ha doblado la apuesta. Dice que donde yo pongo 50 euros para beber cervezas, ella pone otros 50. Eso aunque seamos varios en el convite puede hacernos llegar a casa con una intoxicación etílica considerable. No puedo negarle ese derecho. Nos beberemos los participantes de ese festejo cien euros de cerveza. Y luego ya veremos.
La ultima foto es de Chat GPT. No sé lo que significa pero me ha gustado.
Voy moderando las etapas y no me planteo llegar el día previsto hasta Tarifa. Tampoco es tan importante, salvo por los calzoncillos.
Ya informé ayer de que hoy tenía que hacer una excepción en el pedaleo y volver en medios de transporte ¿públicos? Hasta Córdoba, recoger un maillot y unas llaves y regresar hasta Fuentes de Andalucía.
Como uno consigue serenarse y no entrar en pánico es algo que creo que consigo pero no soy capaz de decir como lo hago.
Bajé del Bar Manolo hasta donde se alojaba Hortensia, recoperé la batería que se podía retirar sin llave y la subí a la habitación para tener algo finalizado.
A las ocho de la mañana estaba en el bar próximo al de Manolo y me tome medio mollete y tres cafés. Alargué todo lo que pude mi estancia en el lugar. A las nueve de la mañana ya me salían por las orejas los cafés, las conversaciones, el mollete y hasta los cigarrillos que utilizaba como forma de entretenerme.
Fui a lo que una señora me dijo ayer que era un edificio modernista que hacía las veces de estación de autobuses. En ese momento la realidad me superó totalmente. Justo delante de la “supuesta estación” estaban poniendo el mercadillo sabatino del pueblo. Me tranquilicé un poco, fueron llegando viajeros hacía Sevilla y todos se colocaban allí. Los del pueblo no podían ser tan tontos como yo.
Apareció el autobús con quince minutos de retraso. Su salida era a las 9:40 horas y salimos del pueblo a más de las diez. Ya que pretendía hacer el mismo recorrido en las dos direcciones saqué billete de ida y vuelta. Lo que me dijo después el conductor era que tenía que formalizar la vuelta en la taquilla. Y ni siquiera sé donde está la estación de autobuses.
El conductor de autobús tuvo que apartar las vallas del mercadillo, que capacidad tienen algunos trabajadores.
El bús era directo. Hizo una primera parada en algún punto de Sevilla que no me quedó clara y cuando paró por segunda vez vi claramente que era la estación de Santa Justa. Me bajé y estuve esperando otra hora para montarme en el primer tren y el segundo medio de transporte del día.
Era un AVE con destino a Madrid y llegué en tiempo y forma a Córdoba. He pillado un taxi hasta el Hotel Maestre que es donde se quedaron el Maillot y las “putas” llaves. Creo que me ha dado alguna vuelta de más. Acababa de estrenar un Toyota Corola y tendría ganas de estrenarle.
En la receptición de los apartamentos donde pernocté tenían el cartel de ALOJAMIENTO COMPLETO.
El de recepción tenía cara de incompetente y ha tenido que hacer dos llamadas para recuperar mi deseada prenda. Cuando salía en busca de ella hacia el hostal ha aparecido una empleada amabilísima con el maillot en la mano. Casi me he alegrado como si me hubiera tocado la primitiva. Era una forma exagerada de hablar.
Donde ayer desayuné antes de emprender el camino en hortensia me he tomado una cerveza. Todo me ha empezado a sonar un poco raro. Las mujeres con sus trajes (quiero suponer que de cordobesas y los hombres con la característica gomina en el pelo).
Me he acordado de que finalizados las cruces y los patios empezaba este fin de semana la feria cordobesa. Ni siquiera me he planteado saber donde se celebraba el evento. Hombres y mujeres debidamente ataviados esperaban autobuses para acercarse al sitio del evento. He recorrido una parte de Córdoba en busca de un cajero y poco a poco me he ido acercando a la estación.
Para poder incluir alguna imagen gráfica he realizado algunas fotos de las gentes que se dirigían a la feria.
Ellos más desenfadados, con o sin gomina, zapato plano. Ellas con su traje que puede ser muy tradicional y les provocará maravillosas nostalgías, pero cada una a la que he mirado los pies llevaban zapatillas con una cuña bastante pronunciada.
Si como supongo la zona de la feria no está especialmente confortable y como tengo certeza la estancia en la fería es de pasar horas y horas de pie en las distintas casetas trasegando distinto tipo de productos, no me extrañaría nada que muchas de las mujeres, aparecieran esta noche con los pies de la mano. He dicho pies y no zapatos. Cuando todo el mundo se pondrá la ropa y el calzado adecuado para lo que va a realizar.
Cuantas reuniones más o menos infructuosas en ese edificio del centro de la imagen.
En cualquier caso quien más lo sufren son las mujeres.
Andando, andando he llegado hasta la estación de Córdoba. Recordando la canción de Serrat, por cierto al techo no le iría nada mal una mano de pintura. Pues a la estación, que lleva abierta desde 1992 no le vendría nada mal una potente revisión.
Según estaba haciendo fotos para constatar algunos defectos de la estación cordobesa me llegó un mensaje de Renfe. El tren donde yo tenía previsto viajar para regresar a Sevilla venía bastante retrasado y habían optado por reubicarnos en otro tren que partía 27 minutos después de la hora prevista.
Me ha producido una agradable impresión. Todavía siguen utilizando las contraseñas que yo creé para cuando tenía que reubicar a los viajeros en los trenes por cualquier anomalía. Que conste que las que yo hacía eran completamente impresas, no tenía el personal de servicios en tierra escribir coche, tren, hora y plaza a mano. Será más barato como lo hacen en este tiempo.
Supongo que llegaré a Sevilla – Santa Justa, podré tomar algo antes de irme a la estación de autobuses Del Prado de San Sebastían y volver finalmente al Bar Manolo De Fuentes de Andalucía. Como no llegaré hasta las ocho de la tarde puedo decir que prácticamente he jodido el día en distintos medios de transporte.
La comida, aunque tarde bien.
Dos autobuses, dos trenes y dos taxis. Y todo por la estupidez de olvidarme algo tan importante en una habitación de hotel y por la incapacidad de la gente del hotel en darme una solución razonable para mi problema.
Luego vendrá booking con la encuesta habitual. Que te ha parecido el hotel, que tal estaba situado, estaba limpio, puntúa al personal del hotel, etc. Tendré que decidirme si juzgo al incapaz de esta mañana en la recepción con un cero gordo o por el contrarío le doy al menos un tres por la actitud de la muchacha que ha salido a entregarme el maillot. Seguiré reflexionando.
Por cierto mi amigo José Antonio ha partido desde Burgos para realizar el Camino De Santiago en Bicicleta con otros tres ciclistas Caravaqueños. Feliz camino para todos ellos y para las coequipier que van en la furgoneta auxiliar. Disfrutar mucho.
Al final, casi a las cinco de la tarde he vuelto a comer en el Carlos Alberto próximo a la estación de Santa Justa. Jamón y Gambas. Buen producto, regular servicio.
Otro taxi hasta la estación Del Prado de San Sebastían. Tengo una media historia en ese lugar que se remonta a 1991 o 1992, antes de que ganara el PSOE las elecciones generales de calle. Me habían contratado para organizar en la parte artística el encuentro mundial de la CIOLSL en Sevilla y este encuentro mundial finalizaba en una manifestación en el Prado de San Sebastían Sevillano. En el escenario estábamos Felipe Gónzalez, Alfonso Guerra y yo. Por supuesto yo era el importante aunque no me toco intervenir.
Ya he puesto a cargar la batería. Estoy en Fuentes de Andalucía. La mayoría de bares está cerrado y me he tenido que sentar en uno que me han dicho que la clave del WI-FI solo se la sabe su padre.
Finalizó la entrada con el concepto trusa. Ayer hablé de la posibilidad de que mi existencia de calzoncillos limpios estuviera en peligro. Tere, en su pragmatismo habitual me dijo que fuera a una lavandería y así no añadía peso a mi carga habitual. Mi groupie favarita: Maribel, ha optado por otra solución. Que me compre unos nuevos y vaya eliminando aquellos que estén mas deteriorados.
Como apoteosis de esa ultima opción me ha invitado un Bizum para que me compre esas trusas, gayumbos o calzoncillos. Veré si mañana voy a una lavandería o me compro esas prendas. En cualquier caso la cantidad de bizum la multiplico por cinco y estoy dispuesto a beber con Tato, Maribel, Tere y quien se apunte hasta que se acabe la cantidad del bizum y mi apuesta.
Creo que mañana puedo seguir el camino. La batería está cargándose, en el bar MANOLO me habian adecentado el cuarto y yo estoy feliz de haber descansado un día de pedaleo. Estoy más cansado que si hubiera estado pedaleando toda la puta mañana.
Tengo buenas noticias, Irene que ayer pillo uno de esos putos virus que afectan a las y los infantes y les joden la cosa del estomago está bien y hoy se hay de comunión con el vestido que le compro para el evento Abu Tere.
Cene ayer en donde Pepe el de la Judería, estuvo bien. Como es mi habito cené de pie y me metí para el cuerpo un salmorejo y un cochifrito. Todo magnifico. Me retiré pronto al hotel y a eso de las 23:30 ya estaba dormido.
Nunca entenderé la razón por la que en los establecimientos Andaluces tienen como costumbre la de no tirar el papel higiénico al inodoro.
Esa costumbre europea de acostarme pronto me va a complicar la vida. No es cosa de irme de copas si luego tengo pedalear, pero tampoco tengo interés en ser como las viejas castellanas que se acuestan a la hora de las gallinas.
En cualquier caso, en mi apartamento número uno del hotel Maestre estaba sobando a esas horas intempestivas. A las siete ya estaba danzando por la habitación. Preparar todo para emprender el camino.
Me dijeron que el lugar para desayunar más próximo era el bar de los cuatro califas y allí me tomé mis dos cafés y mi medio mollete con aceite.
Recogí la bicicleta que estaba en un lugar distinto del que me había alojado y preparé la marcha. Hoy siguiendo las indicaciones de mi amiga Maribel pretendía hacer el recorrido por una vía verde (la de la campiña), ya la había recorrido hace un par de años o tres. Los ciclistas que me consideran veterano me preguntan que vía verde es la más bonita. Puedo atestiguar, sin miedo a equivocarme, que esta no lo es.
Ir hasta la vía verde desde Córdoba has sido unos doce kilómetros por carreteras y polígonos industriales. Google Maps muy mal. He llegado. Recordaba como había completado la vía verde la vez anterior y sabía que había unas instalaciones ferroviarias de mercancías al lado del lugar donde debía empezar mi camino. Hasta ese momento, pese a los inconvenientes de Google, todo bien. Lluvia, aire y un tiempo manifiestamente mejorable.
Últimos momentos en Córdoba e inicio de la vía verde de las campiñas.
Saqué el chubasquero, me coloqué el chubasquero encima del maillot y el cortavientos y superé el momento lluvía.
Según avanzaba por la vía verde la campiña comprobaba que en la parte cordobesa estabá más o menos señalizado y más o menos en buen estado. El último tramo de esa provincia, hasta la Carlota deplorable. Solo había empezado el desastre. Mal cuidada, sin información y arañándome las piernas con los distintos cardos y zarzas del camino.
Algún caminante, un solo ciclista y nadie que pudiera ayudarme en el caso de que me pasara nada. Eso es la aventura. O no.
La entrada en la provincia de Sevilla mucho peor, que abandono, que falta de cuidados de todo lo público. Luego pediremos fondos comunitarios para arreglar nuestras infraestructuras, pero el estado actual es patetico.
He llegado hasta Écija y en ese lugar desparece la Vía Verde y reaparece, si lo sabes, cinco kilómetros más adelante. No puedo entenderlo.
Tuve la suerte de encontrarme con un ciclista que me dio las claves de cómo seguir. Hubiera preferido no saberlo. El tramo en el que me metí era realmente impracticable. Árboles en medio del camino, follaje en los laterales y mis pobres alforjas se llevaban un rozón cada veinte metros. Salí de la Vía Verde y cogí lo que se suponía una carretera que me acercaría hasta Fuentes de Andalucía. Al final me tocó recorrer bastantes kilómetros por las vías de servicio de la autovía A-4, y si estuviera señalizado magnifico, pero no lo estaba. Preguntar a unos y a otras, con algunos conductores realmente impresentables. Si les haces señas de que paren no se puede entender que aceleren según pasan cerca de tu lado.
Mal que bien llegué por las vías de servicio hasta La Luisiana, desde ese punto se suponía que me quedaban 12 o 13 kilómetros de marcha. Es verdad que allí me indicaron correctamente como continuar. Bajar por una carretera hasta la Chatarra (un desguace), subir y volver a coger la vía verde. Sorprenderte el estado de la misma. La vía verde estaba llena de zarzas y al lado había una carretera de tierra, pero carretera que circulaba paralela a la vía verde. Obviamente elegí esa opción. El viento jodía un poco y las baterías de HORTENSIA estaban en mínimos. Tuve bastante suerte, como por el sol no veía la pantalla de la bici no sabía que estaba acabando las baterías. Feliz inconsciencia.
Al final, siempre hay suerte, he llegado al Bar Manolo De Fuentes de Andalucía con un tres por ciento de batería. Para que os hagáis una idea, ella sola se ponía en modo “eco” para no gastar más.
La comida en bar Manolo.
La comida en el lugar de alojamiento y a desmontar a Hortensia para cargar baterías y dormir la siesta.
Planchazo total. El maillot que había utilizado ayer, de manga larga, me lo había dejado en Córdoba y en él estaban las llaves de la batería de la bicicleta.
He hablado con el Hotel Maestre de ayer y su colaboración ha sido escasa, he llamado a SEUR y dado que estábamos en fin de semana tampoco me podían ofrecer el servicio de traerme el maillot con las llaves hasta donde me encuentro. Nuevamente a improvisar. He visto la forma de ir yo hasta Córdoba (obviamente sin bicicleta) y tendré que coger un autobús hasta Sevilla, un AVE hasta Córdoba. Recoger el Maillot y las llaves y volver en AVE a SEVILLA para volver a coger un autobús hasta donde hoy estoy.
Suerte que no me amilana casi nada pero vaya putada. Y lo más grave, traía los calzoncillos justos para los días que pensaba estar en el camino. Tere me ha dicho que busque una lavandería. Veremos si mañana en visita a Sevilla o Córdoba no me compro un par de ellos o tres para alargar el recorrido.
El Bar Manolo ha cerrado. Mañana tienen la comunión de un sobrino y hoy para organizarse han cerrado a las cinco de la tarde. Estoy yo en la habitación siete y le he mandado un bizum por el alojamiento de mañana. Es lo que tienen los tiempos actuales.
La estación de autobuses está cerca del alojamiento y mañana solo hay una frecuencia. Espero cumplir con mi objetivo. De momento la página de Renfe está caída y no puedo comprar el billete para Córdoba. También son cosas de los tiempos actuales.
Ya tengo billetes para ir a Córdoba y volver a Sevilla. Veremos como se dá lo del autobús.
Después de confraternizar poco tiempo con los participantes en la romería de San Isidro les dejé desenfrenados en las barras con bebidas espiritosas (y nada de comida) en la plaza del pueblo. Siguiendo las indicaciones de la propietaria del Hostal cerré la puerta de hierro para que no se metiera nadie en el lugar.
Esta mañana cuando he bajado las baterías y las alforjas he comprobado que era imposible abrir la puerta desde dentro. Estaba atrapado en el Hostal. Gracías a la mujer que estaba limpiando la plaza de los excesos del día anterior que ha atendido mi llamada y me ha abierto la puerta desde fuera. Creía que me quedaba secuestrado en el lugar.
Abandonado el lugar del alojamiento me puse a buscar lo que el día anterior había sido imposible encontrar. Un bar para tomar unos cafés y una tostada. En un bar de los que tradicionalmente utilizan los trabajadores de la zona para tomar la copa matinal he conseguido tomar los cafés, la tostada imposible. Me ha sugerido el propietario ir al mercado para comprar unos churros, no era mi objetivo.
Nos hemos puesto en marcha Hortensia y yo, pensando que ya encontraríamos un lugar para reponer fuerzas. Pues he tenido que llegar hasta Montoro para encontrar un bar abierto que ofrecieran ese producto.
Hasta allí el camino ha sido bastante cómodo, he seguido por la N-420 y salvo alguna pequeña subida todo ha sido un fuerte descenso. Podía haber seguido ayer hasta esa población. Cuando llegué a Cardeña tenía todavía un 35% de la batería, hoy hasta ese lugar solo he gastado un 15%, por tanto no habría tenido ningún problema y seguro que habría podido comer y cenar.
Como uno no sabe lo que se va ha encontrar opte por una alternativa y hubiera sido mejor la otra alternativa.
Después de comer la tostada han empezado las dificultades. Ya no existía la carretera 420 y había que seguir por la vía de servicio de la autovía A-4, con algunas indecibles he encontrado el lado adecuado para ir paralelo a la autovía.
Bien hasta que ha desaparecido la vía de servicio, había que recurrir a carreteras provinciales. Hasta Ademuz un par de subidas del 10% y bastante largas, en Adamuz no había nada de interés, no he sacado ni el móvil para hacer fotos.
El siguiente tramo era hasta Villafranca de Córdoba, ya me dijo el del bar del pueblo que había un par de subidas considerables. Su puta madre, si yo me dedico al ciclo turismo para hacer bajadas. Con toda la ayuda y con el piñón más grande creía que no llegaba. Pero hay veces que uno es un poco cabezota y consigue llegar a donde se propone. No os hagáis líos, las subidas las he realizado a 10 u 11 kilómetros por hora. Luego más lío. Salir de Villafranca se me ha complicado. No entiendo la razón por la que los paisanos del lugar dan por echo que conoces tanto como ellos la zona. Te dicen que vayas por esa carretera y no te dan más indicaciones. Resulta que en la primera rotonda había que coger otra carretera. Mas subidas, algún paisaje de olivos y cultivos varios y después de unos diez kilómetros he llegado hasta Alcolea. Desde ese punto no había mas opción que coger la N-4 hasta el destino previsto. Debía ser la hora de salida de los polígonos industriales y el tráfico era bastante considerable. Sin hacer mucho caso, he puesto la directa y he conseguido llegar hasta Córdoba. Cuantas veces había llegado tan cómodo sentado en el AVE hasta esta ciudad. Hoy me ha costado un poco más. Han sido algo más de noventa kilómetros y un desnivel acumulado de subida de 1000 metros.
Parada para tomar una caña y buscar alojamiento y lugar donde comer. El hotel Maestre situado en la zona céntrica me ha ofrecido un buen precio, la Damajuana me ha dado para comer un rabo tradicional Córdobes. Al menos ya no dicen que es de Toro, lo presentan como de ternera que es lo que ha sido siempre.
Intento de dormir la siesta. Me han dado un apartamento en vez de una habitación. Tres camas, un sofá cama en la cocina – salón y un baño que tiene un extractor cuando enciendes la luz con un sonido atronador.
He escrito esto bastante rápido, me voy a dar una vuelta y visitar nuevamente la Mézquita y algo de la judería. Veremos donde ceno y cuando después de obtener alguna foto de la ciudad publico esta entrada.
Pues se jodío, salí del hotel Maestre a las 18:00 horas, me dirigí directamente a la Mézquita y como siendo un patrimonio de todos nosotros lo gestiona el obispo del lugar ha decidido que cierran a las siete. A partir de las 18:30 no venden entradas. Otra vez que se han torcido los planes. Entiendo que no será la última vez en mi vida que llegue a Córdoba y que pueda deleitarme viendo ese monumento.
Errante, como todos los visitantes de Córdoba, he paseado por la Judería con dos encomiendas: ver tranquilamente esa bonita zona de la ciudad y encontrar un estanco para comprar tabaco. He cubierto ambos objetivos.
Decía lo de que los visitantes de la ciudad como esta andamos errantes por ella por que los veo, como a mí, arrastrar los pies, llevar la vista fija en un mapa o en la pantalla del móvil y parece que no sabemos a donde vamos. Seguro que todos encontramos el lugar al que nos dirigimos, pero no lo parece.
No lo he contado antes, el hotel Maestre, donde he reservado me ha adjudicado el apartamento en un edificio contiguo. Se han armado un lío tremendo para guardar a HORTENSIA. Si es lo más fácil del mundo. Una habitación o un patio suficientemente seguro. No pido mucho.
Me han contado que la celebración de los patios cordobeses se había acabado hace un par de días, me he tenido que conformar con una Hortensia que estaba florenciendo en el patio del alojamiento.
En mi paseo por la judería he llegado al hotel amistad. Cuando viajaba por cuenta de la empresa me podía permitir esos derroches. Ahora voy a hostales de una o media estrella y como ayer un lugar donde si no es por la persona que estaba en la plaza me podía haber quedado encarcelado.
Dejé marchar a los trabajadores que están revisando la vía del AVE en la zona de Brazatortas, bajaban del hostal la Zarza con sus uniformes de distintas empresas cargados de pack de agua y seguro que habian desayunado fuerte. No bajé para comprobarlo. Por la ventana vi marcharse a los distintos tajos que tenían encomendados.
Mi camarera favorita de Brazatortas me puso los cafés y una tostada calcinada. Me dijo que podía cambiármela, asumí que ya estaba en el plato y me la comí sin problemas. Llegaron un grupo de “supuestos” cazadores con uniformes militares. Cada uno hacemos el ridículo como podemos.
Yo, como el famoso “Maño”, pita pita que como no te apartes tu yo no me aparto. He cogido la N-420 y no estoy dispuesto a abandonarla, sigo en dirección Córdoba y no me muevo de ese camino.
Empezó el recorrido con una buena subida, no dio tiempo ni para calentar los músculos. A todos esos entrenadores personales les pregunto ahora como hacer cuando te encuentras con una subida y sin tiempo para entrenar.
El camino ha sido especialmente entretenido, muchas subidas, por tanto bajadas espectaculares. Había momentos en los discurría por las carreteras a más de cincuenta kilómetros por hora. He coronado tres puertos y algún momento de subida sin que al final apareciera una marca con un punto final de haber coronado un puerto especialmente destacado.
Tras haber recorrido unos setenta kilómetros he llegado hasta CARDENAS. Un pueblo en mitad del camino hacia Córdoba. Me pareció adecuado quedarme en este lugar, es verdad que no sabía nada de lo que podía ocurrir en un lugar como este.
Miré en Google Maps y había un alojamiento donde pernoctar. Algún que otro bar y por tanto tenía todo lo que yo busco en un lugar en el que me quedo a dormir.
Llegué hasta la plaza mayor del pueblo. No había nadie, mi sensación era que estaba toda la población trabajando. Error de bulto, los ciudadanos de este pueblo disfrutaban de un día de fiesta, San Isidro es un día de especial celebración en este pueblo.
Todo cerrado. Y cuando digo todo cerrado es que no había bares, no había tiendas, no había nada donde comprar nada.
Voy a intentar ir explicar lo que me ha pasado. Llegué hasta el alojamiento encontrado, tuve que llamar a un par de teléfonos y conseguí que me abrieran. La propietaria del establecimiento me ha contado lo importante de lo que pasaba en el pueblo. Todos los ciudadanos y ciudadanas del lugar estaban en la Romería de San Isidro, por tanto todo estaba cerrado. No había nadie para atender a los viajeros que llegáramos a este lugar. Lo importante hoy era ir a comer la tortilla a la romería.
Solo encontré el surtidor de gasolina abierto, compré un par de paquetes de salchichón y chorizo bastante mejorables. Paré también en la panadería del pueblo y compré una barra. También estaba abierto un chino donde pude hablar con un ciclista que estaba haciendo un recorrido por la zona. Nos sentamos en la plaza, el comío y yo me tomé una cerveza de las qu había comprado en la estación de servicio. El ciclista se consideraba de Ronda, vivía en Málaga. Lo suyo era de verdad un buen trabajo con las piernas, Yo doy hasta donde doy.
Con Hortensia guardada en el establecimiento, con el ciclista de Málaga siguiendo su camino, subí hasta la habitación que he contratado para esta noche. No tiene ni televisión, está bien, una mesita para escribir esto, un baño donde podré ducharme y las vistas son a un patio interior. La otra posibilidad era que la habitación diera a la plaza donde a partir de las diez de la noche seguirán celebrando el día de SAN ISIDRO.
Ha sido especialmente triste. Comer de dos blister de embutido manifiestamente mejorable no me había ocurrido ninguna vez hasta ahora. Puedo anotarlo en mis circunstancias.
Marcharse de Madrid para evitar la romería de San Isidro y encontrarme con un pueblo en el que celebran a tope este día me ha sorprendido, no estoy preparado para no encontrar un solo lugar donde tomar una puta cerveza.
Hay que adaptarse. Esperaré con mucha paciencia la llegada de la romería al pueblo. Me dijo la paisana de la estación de servicio que aunque los bares no ofrezcan nada de comer, los vecinos llegarán con el resto de la tortilla que han llevado a la romería y la pueden compartir. Espero ansiosamente.
Queda más de una hora para que los ciudadanos de CARDENAS vuelvan a su pueblo. Espero poder cenar algo y completar mi alimentación diaria.
Vaya mierda de situación.
Me escribió mi amigo Fernando Marín, dijo que su ciudad (CIUDAD REAL) está muy lejos de despeñaperros, diga lo que diga Fernando he recorrido el valle de la Alcudia, el parque natural de la sierra de la Madrona, y comenzado a recorrer el parque Natural de Cardeña y Montoro.
En Montoro celebré en el mes de octubre o septiembre la procesión de la borriquilla hace dos o tres años, era el no se que aniversario de la llegada de la imagen al pueblo. Al final la mayoría de los de la romería de San Isidro llegaron a la plaza a ritmo de petardos y celebraron al Santo con una verbena. Se pudo tomar una cerveza y me acabé los blister de salchichón y chorizo, los bares seguían sin tener alimento para el hambriento.
Empiezo por lo importante. Hoy no he cumplido mi objetivo. Pensaba llegar a un lugar (fuencaliente) y al final me he quedado en Brazatortas. Valga como idea que mi amigo Rafa Gónzalez, se dedicó durante un tiempo a preparar todo para el funcionamiento del primer AVE en esta zona. Quiero suponer que él se movía con algo más de rapidez que yo por estos caminos. Yo he partido de Ciudad Real, he abandonado las Cruces de Mayo y pillado la carretera nacional 420 he llegado hasta este pueblo. Os pongo en antecedentes. Pasar de la meseta hacía Andalucía siempre se había hecho por Despeñaperros, la carretera y el ferrocarril pasaban por esa sierra. La novedad del AVE Madrid – Sevilla fue que el paso se hacía por Brazatortas, menos pendiente, menos dificultades orográficas y mayor facilidad para construir la línea por la que discurre el tren. Pues yo sigo en paralelo la vía del tren. De vez en cuando me toca hacer una subida para salvar la vía y cuando antes tenía las vías del tren a la derecha las voy viendo a la izquierda. Hasta el siguiente paso elevado.
Parques de Ciudad Real y la cena de ayer.
Hoy ha sido un día especialmente desagradable por el viento. Esa alteración meteorológica consume batería.
Ya he contado varias veces que cuando estoy sentado en el despacho de casa me crezco y creo que soy capaz de cualquier cosa, cuando empiezo a pedalear se me viene la realidad encima y me doy cuenta de que no soy un “macho-man” y que las piernas y Hortensia dan para lo que dan.
Desayuné en el Hotel Santa Cecilia, que por cierto seguía metiendo agua a la piscina de la foto de ayer. Menos mal que el río Guadiana que ví en la próximidades de Ciudad Real viajaba con bastante agua. No creo que el llenado de la piscina vacié el embalse próximo. Me sorprendió especialmente un cartel que indicaba que había que moderar la velocidad. No quedaba en ese punto el cartel, continuaba diciendo que por esa zona cruzan las nutrias y (esto es mío) mejor no las maten.
En el lugar donde pernocté ayer no acerté con los lugares donde comer y cenar. Recurrí como siempre a Google y me dijo que uno de los sitios mejor valorados era un sitio de chacinas. Allí estaba el camarero pendiente de que se acabara su jornada laboral y me puso media de chorizo de jabalí y media de lomo. Estaba bien, pero no era ciertamente algo especialmente suculento. No se puede acertar siempre.
Como siempre me recogí pronto y a eso de las once y media ya estaba durmiendo. No sé porque no consigo ese horario en casa.
A las seis de la mañana ya estaba en pie. He remoloneado todo lo que he podido. Hasta me he permitido actualizar el sistema operativo del telefono y de la tableta, aún con esos tiempos de espera estaba desayunando en el hotel a las 8:30 horas. Tenían lleno el comedor con los clientes que habían pagado por el desayuno y me ha costado un poco que me atendieran. En cualquier caso buenos cafés y buena tostada.
A un paisano que pregunté la única opción que me daba para ir hasta Puertollano era la autovía. Gracías a los distintos responsables del ministerio de transporte que han mantenido utilizable la carretera nacional 420. Te acercas a la autovía y siempre hay una opción para seguir circulando con semoviente, andando o con bicicleta.
El primer pueblo que encontré fue Poblete, que tampoco tiene un nombre para poner en una orla. Entramos Hortensia y yo en la comarca de Calatrava, pasé por la proximidad de varios pueblos de la comarca: Corral de Calatrava, Caracuel de Calatrava, Argamasilla de Calatrava y llegué hasta Puertollano. En el AVE des Ciudad Real diez minutos, en mi excursión bastante más tiempo.
Paré a fumar un cigarro, seguía con el maillot de invierno y no me molestaba. El siguiente esfuerzo era avanzar hacía las partes del recorrido con más desnivel. Ya he dicho que mi objetivo era Fuecaliente, pero tampoco tenía nada que llamara especialmente hacia ese pueblo. No sé nada de él, solo tenía la certeza de que había un hostal para alojarme.
Ví una primera entrada hacía Brazatortas y ni siquiera me planteé entrar en el pueblo, pero avanzando y viendo las cuestas que me tocaba empezar a subir decidí que hasta aquí había llegado.
El viento desgasta mucho.
Después de calibrar sesudamente la decisión decidí quedarme en Brazatortas. El pueblo salvo lo que he contado antes no tiene ningún interés, pero tenía un hostal y podía hacer noche.
Estaba parado en la mediana de la carretera y emprendí el camino sin mirar adecuadamente. Un coche que venía de bastante lejos me ha pitado (creo que ha agotado la batería). Se que es culpa mía, pero tampoco es para ponerse tan auténtico.
Llegué al Hostal la Zarza y aunque la hora era temprana estaban dando de comer a toda la tropa que anda por esta zona rehabilitando la línea de alta velocidad. La camarera veía la ropa que llevaban y anotaba la comida a la empresa correspondiente. Creo que tienen una buena relación las gentes de Brazatortas con los trabajadores que realizan el mantenimiento del AVE.
En el camino y un paté de jabalí. Que ha sido la comida de hoy. No dan medias raciones.
Os digo la verdad, con todo lo que me he abrigado siento fresco. Esto es un sin dios.
Oyendo esta mañana el Hoy por Hoy de la cadena ser me he enterado del cisma que unas monjitas han decidido hacer por algún problema inmobiliario. Como siempre estos cismas siempre van hacía lo más extremo derecho del arco ideológico. Se dedican a preparar trufas y parece ser que son especialmente apreciadas en los grandes restaurantes. No sé yo si eso es la contemplación del señor, pero está claro que de algo tienen que vivir. Pelearse con el obispo de Burgos y decidir que se separan de la IGLESIA CATÓLICA por un problema de propiedades inmobiliarias me informa de algo que debiéramos saber desde hace tiempo. Los moviéndose De la Iglesia católica siempre tienen relación con el dinero. Vendamos el producto como queramos, lo importante es el dinero.
Al final he cambiado de planes. No voy a Fuencaliente, mañana intentaré llegar a algún pueblo de la provincia de Córdoba y al día siguiente quiere ver la mezquita cordobesa. Veremos si soy capaz. Un día de retraso en el camino. Tampoco es tan importante, o sí.
Claro que no me interesan esas muestras de este tipo arcaico de la religión católica, sabía de su existencia porque cuando trabaja en el ave Córdoba tenía entre sus atractivos turísticos las CRUCES DE MAYO, nunca fui a esa ciudad para ver ese momento. Si fui para ver los patios y me parecieron espectaculares, conseguir la belleza que ofrecen solo con tiestos me parece especialmente interesante.
Pues hoy, al llegar a Ciudad Real me he encontrado de frente con un par de cruces y me ha recordado esa parte del contenido turístico cordobés. Me han parecido especialmente feas, pero cada uno hace lo que le parece y los ayuntamientos tienen derecho a promocionar esas monstruosidades.
Cuando he parado en un local de loterías para satisfacer mi ludopatía, la empleada del lugar me ha recomendado que fuera hacia Piedrabuena donde lo que exponen merece realmente la pena. He acordado con ella que lo haré en otro momento y cuando venga con coche. Ir a Piedrabuena alargaría la etapa de mañana algo mas de veinte kilómetros. Por muchas cruces bonitas que expongan en ese pueblo creo que no me merece la pena ese esfuerzo.
No es la primera vez que me pasa, pero otra vez ha coincidido. Me he levantado en Los YEBENES con el hotel del Sr. APELIO cerrado (ya me habían avisado), organicé las cosas para partir desde ese pueblo hasta Ciudad Real. Habéis visto que todavía no había desayuno. Me había indicado APELIO qué en la salida del pueblo, en la carretera había otro hotel que sí abria los lunes.
La mujer del servicio de limpieza de LOS YEBENES me dijó que para pillar la carretera debía hacer un extraño recorrido por el pueblo. AVISO, mi groupie favorita me ha recordado en su comentario diario que donde había pernoctado ayer era el pueblo de una conocida concejala que apareció en los medios con una actuación sexual que a medio mundo escandalizó. No lo recordaba.
Los YEBENES y la cena de ayer. Cecina de caza y corzo.
No hice ni puto caso a la empleada del ayuntamiento y por dirección prohibida me fui hasta la carretera nacional 401 y sobre todo al hotel donde me podían ofrecer unos cafés y una tostada. Llené los bidones de agua y reemprendí el camino.
No recuerdo, no digo que no haya pasado, pero desde mi partida hasta el primer pueblo más de cuarenta kilómetros. No digo que no haya parado para hacer fotos y fumar, pero coño que largo se hace que el primer pueblo del recorrido esté a más de dos horas de la partida.
En Fuente el Fresno, que era el pueblo a cuarenta kilómetros ni siquiera he entrado, han decidido que las infraestructuras viarías tengan una carretera de circunvalación en casi todos los pueblos y yo como bien mandado que soy sigo las indicaciones de la carretera y me he ahorrado el pueblo. Mala decisión. Menos mal que a la salida del pueblo había un restaurante en el que he podido recargar los bidones de agua.
En el camino.
La verdad es que todo el recorrido era prácticamente llano y no he tenido que forzar mucho. El siguiente pueblo de recorrido es uno de los más citados en cualquier conversación. Siempre se ha dicho que sales de Málaga y te metes en Malagón. Pues ese pueblo, Malagón, le he dejado a mi derecha según seguía recorriendo mi camino.
Pese a ser una carretera nacional el tráfico era escaso y en general todos los vehículos que me han adelantado han sido bastante corteses con el “puto” ciclista que se encontraban en el camino.
Solo he entrado en un pueblo desde Los YEBENES hasta Ciudad Real. Fernán Caballero. Se lo habían ganado. Tienen un equipo en el pueblo que recorren las carreteras para limpiar los carteles que indican la distancia y el nombre de Fernán Caballero aparece en la carretera limpio y claro. Ciudad Real puede aparecer borroso, pero FERNÁN CABALLERO está claramente identificado.
Entré en el pueblo, que tampoco me ofrecía nada que no hubiéramos visto en el resto de recorridos que uno hace por los caminos de la peninsula y parando en el bar que estaba abierto me he encontrado con el “pesado” del pueblo. Solo han sido diez minutos, pero ha intentado contarme toda su vida. Gracías a que han llegado unas señoras y ha decidido atenderlas que me he podido marchar sin ser especialmente descortés. Es que me ha contado hasta cuando fue de putas en Boecillo, un pueblo de Valladolid. Entendéis o no entendéis mis ganas de salir corriendo del lugar.
Al final, con esfuerzo y viendo a mi izquierda la vía del Ave he llegado hasta Ciudad Real. Muchas veces hice el recorrido entre Madrid y esta ciudad en el AVE. Son cincuenta minutos. He tardado dos días. Mi amigo Fernando Marín que vive aquí lleva haciendo ese recorrido a diario desde hace más de quince o veinte años. Es un autentico héroe.
En el camino dos.
No tenía reservado Hotel para esta noche, booking me ha ofrecido el Hotel Santa Cecilia a un precio aceptable y he realizado la reserva. Céntrico, espacioso y con ascensor. Que mas se puede pedir.
Cuando acabaremos con dos cosas: La Uralita y las palomas.
He comido mi primer salmorejo de la temporada. Entre nosotros, los que hacía Tere con la Termomix estaban mejores que el que me han ofrecido en el GASTROBAR la CAVA, pero últimamente ha decidido comprar los de Mercadona. Sigo negándome a comer productos de ese tipo.
La comida en el GASTROBAR LA CAVA.
Medía razón de jamón y siesta. La ventana de la habitación dá a la piscina del hotel. No estaba entre mis planes bañarme, tampoco la tenían preparada.
Para mi cartografía del amianto, justo debajo del hotel hay dos techos de uralita. Cuando acabaremos con esa pesadilla. Es cancerígeno.
Después de dormir tranquilamente he bajado a dar una vuelta por la ciudad. Fotos de las Cruces de Mayo. Cumplir con la tradicción de jugar a la primitiva, al EUROMILLÓN, al gordo de la primitiva, al eurojakpot y al CUPONAZO. Total 16,50€. Hasta esa cantidad llega mi aficción al juego.
He visto en una tienda del lugar la moda prevista de bañadores para el verano de 2024. Lo digo y pongo foto para Tere y mis amigas de Vera: Maribel, Belén, Mari Cruz, Pilar y Estrella. Aunque ahora que recuerdo no las he visto nunca con bañador. Es posible que no lo necesiten.
Queridas amigas. Podéis elegir el bañador que no os vais a poner.
Mañana empieza lo duro. Quiera o no tengo que pasar al otro lado de despeñaperros y eso indica que tengo que subir unas pocas de cuestas. Lo veremos.
Siempre se me olvida lo importante. Hoy hace siete años que compré mi primera bici eléctrica. Era una del modelo NIZA fabricada en LEÓN. Era adecuada para ir a trabajar y hacer recorridos urbanos. Me fue bien con ella. Después vino la BH y ahora me acuesto con Hortensia. Sinceramente nunca pensé que pudiera ser tan constante. He recorrido desde el día De San Pedro Regalado del año 2017 un total de 57.050 kilómetros. No son muchos ni pocos, son los que he podido recorrer. Espero que el cuerpo y la mente me aguanten para seguir acumulando recorridos.
No tengo ninguna foto a mano de primera bici. Pongo la de Hortensia para que os vayáis encariñando con ella.
Ya conté ayer que me había librado de la excursión a la pradera de San Isidro con Tere, mi suegra Salvi, Ruth e Irene. Me narra Tere que lo primero que pidió Irene fue unos churros con chocolate. La zona donde comió ese producto fue declarada catastrófica y nadie más se pudo sentar en esa parte de la pradera. Está claro por lo que intento huir de SAN ISIDRO.
Ya dije en mi anterior entrada que pretendía volver a los caminos hoy. Antes de las siete de la mañana estaba levantado y esperando que Tere e Irene se levantaran, tomé varios cafés, no comí la tostada habitual que desayuno en los viajes. Quedaba en casa el pan justo para las tostadas de Irene y de Tere. Ayer ya había bajado una de las alforjas a la bici. Después de una buena ducha y de vestirme con lo que tenía preparado para hoy, cerré la otra alforja y bajé a por Hortensia.
Era de esperar, los hijos del dueño del local pernoctaban en el local. Entré y salí con la maxima discreción y a las ocho y media estaba dispuesto a emprender la marcha. Ya lo tenía claro desde la planificación. Recorrido suave hasta Atocha y allí coger el tren hasta Aranjuez. Como podeís imaginar un domingo, pese a que los madridistas estuvieran desatados, a esas horas era como en la pandemia, no había nadie en la calle. Llegué a Atocha, fumé un cigarro y entré en la estación. Faltaban siete minutos para la salida del tren hacía Aranjuez. Tornos, ascensor y un poco de espera hasta la llegada del tren. Viajábamos solos Hortensia y yo.
Pasaron las estaciones del recorrido y finalmente llegamos a la magnifica ciudad de Aranjuez. Pregunté por el camino adecuado a dos autobuseros y el tercero, que es el que sabía, porque era ciclista, se resistió, no estaba en el autobús.
Por cierto, volviendo a mi pelea habitual, los ascensores de Aranjuez, etiquetados en 2022, son tan pequeños que la bici cabe muy justa de pie. PUTA PLANIFICACIÓN DESDE UN DESPACHO. Fuera alforjas, poner en vertical la bicicleta, bajar al paso inferior, dejar a Hortensia abandonada, subir a por las alforjas, subir con la bici a la salida, bajar a por las alforjas y después de quince minutos conseguir lo que sería instantáneo con un ascensor adecuado a la demanda. ASCENSORES DE LA ESTACIÓN DE ARANJUEZ IMPRESENTABLES.
Puse en marcha el GOOGLE MAPS y me llevó por una carretera de adoquines hasta desembocar en el camino de las barcas. Ni puta idea de las razones del GPS, no venía mal, pero el camino era manifiestamente mejorable.
Algún ciclista que no tenía en sus intenciones salir de la comunidad de Madrid y por tanto no tenía claro el recorrido han colaborado poco en mi viaje. Salí de los caminos y recuperé el terreno más familiar para mí, las carreteras. Pasé cerca la estación de Castillejo – Añover y fui divisando durante parte del recorrido a nuestro buen amigo el río Tajo.
La primera parada de verdad fue Villasequilla, compré una botella de litro y medio, recargué los bidones y después de beberme el resto de la botella parecía que no tenía fuerzas para seguir. Sería una pájara momentanea, después Villamuelas. Hago un paréntesis, salvo los paisajes de olivos, cereal y algo de viña, los pueblos citados no son para situarles en los lugares idóneos para pasar un fin de semana.
Entré en Mora, el gps me decía que no era necesario, pese a ello entré. Mi objetivo había sido dormir en esa población, no encontré lugar donde pernoctar y así me planteé llegar hasta LOS YEBENES.
Siguiendo las indicaciones del GPS emprendí el camino hacía Los YEBENES, encontré a una pareja de ciclistas domingueros en el camino y me indicaron lo que yo ya sé, el GPS se equivoca de medio a medio. Me acompañaron hasta la carretera adecuado, charlamos un rato y emprendí el camino adecuado.
El último tramo del día transcurría entre Mora, Manzaneque y Los YEBENES. Mala carretera pero muy tranquila, subida, pocas bajadas y la sensación de que estoy atacando los montes de Toledo. Puede que no sea así, pero las aplicaciones me dan un desnivel acumulado positivo de 700 metros. Que bobadas cuento, quién coño sabe lo que es un desnivel acumulado positivo.
Llegué a Los YEBENES a las 14:30, una hora mágnifica para tomar una cerveza. Tenía reservado alojamiento en el HOSTAL RESTAURANTE APELIO. He conocido a APELIO. En mi vida había oido ese nombre. Será cosa de la mancha.
Una vez que estaba en la plaza de la Constitución. Ayuntamiento, zona peatonal, Hostal, bares, etc. Como me podía plantear recorrer el pueblo. Cerveza, comida y siesta en la casa de APELIO.
La comida ha consistido en una ensalada de perdíz y un corzo adobado a la plancha. Como no me había bajado el móvil no he podido hacer fotos, pongo las que tiene nuestro amigo APELIO en la carta.
Por cierto, poco ambiente. Supongo que al no ser temporada de caza no tienen clientes y el otro gran cliente del mes de mayo que son las comuniones parece que se celebran exclusivamente los sábados. Mejor para mí.
En el camino además de las fotos que publico en este blog me han acompañado bastantes mosquitos, arañas y otros insectos que para mi son ignotos pero que “joden”.
Voy acabando. Me ha mandado Ruth fotos de Irene en la pradera de San Isidro. Es obvio que no las voy a compartir, mi viaje me ha librado de esos momentos maravillosos de una niña poniendosé hasta el culo de churros, de chocolate y descendiendo sin medida por un tobogán hinchable.
Me dice APELIO que mañana cierra. Me ha indicado donde desayunar, pero tendré que montar en Hortensia para tomar un café. ¿Es que nada puede funcionar adecuadamente?
Además del Río Tajo que me ha acompañada durante alguna parte del recorrido también me han acompañado las vías del tren de Alta Velocidad Madrid – Sevilla. Que recuerdos.
Cerca de casa, en Aluche, todas las calles tienen nombre de pueblos de Toledo. Viví en la calle Quero, mi suegra tiene su casa en la calle Camarena, mi tío Arturo vivía en la calle Ocaña, Tere recorre con bastante fruición la calle Illescas donde hay un mundo de zapaterías increíble, existe también la calle de LOS YEBENES, pero en más de treinta años que llevó viviendo en la zona, lo único que me dice esa calle es que está el MIDAS donde llevo de vez en cuando los vehículos a reparar y creo que hay una gasolinera. NO ME DICE MÁS, la calle de Los YEBENES. El pueblo tampoco.
lite Bikes de Ponferrada tengo en mi poder el sillín que se rompió y puede reemprender el camino próximamente.
Voy por partes, del sillín Brooks se había roto el tornillo que sujeta el maravilloso sillín en el que asientan mis posaderas.
Miré en la página de Brooks y comprobé que un “puto” tornillo costaba bastante dinero. En Madrid, como es una gran ciudad, existen tiendas absolutamente inimaginables. Una de ellas es la “casa del tornillo”, cerca de Atocha y a unos 100 metros, cruzando la ronda de atocha está la casa del muelle.
Bueno pues conseguí un tornillo que podía valer para sustituir al que se había roto del sillín.
El amigo de Ponferrada que me había guardado el sillín en mi anterior periplo me había mandado lo que quedaba de él a través de correos. Llevé la montura y el tornillo a mi taller favorito de bicicletas y pese a que Raúl hizo un amago de que le dejara la bicicleta accedió a resolver la situación tal como habíamos hablado. Es decir, en el momento.
Se apañó bastante bien, me pidió que el tornillo fuera más largo, en eso estoy. En cualquier caso, la silla de montar en mi bicicleta está disponible para seguir viajando.
Resuelto el tema bici. Ya estoy en preparado para reemprender la marcha. Antes de comenzar el camino bicicletero me he ido a Valladolid para estar con mi hermano. Antes de mi visita he realizado alguna gestión, que no viene al caso, y me he cabreado bastante con la desidia de la gente. Pero eso es otro tema. Realizando la gestión me reencontrado con Javier, el marido de mi prima Sara, que me ha facilitado el papeleo en lugar de la Junta de Castilla y León donde debía realizarla.
Resuelto ese desencuentro con la administración autonómica, viaje hasta Laguna de Duero y a seguir con las gestiones familiares.
A las 12:00 había quedado con mi hermano. Allí estaba y nos fuimos a tomar un café. Apareció el suplente de la muchacha que le acompaña cada día y estuvimos los tres juntos. Mi hermano estaba bien, con reticencias.
Volví a mi ciudad de origen. Todavía era un poco pronto para comer y me fui hasta el café del Teatro Zorrilla a tomar una cerveza. Sentado en la terraza estaba el propietario del establecimiento. SANTIAGO.
Es un personaje importante de la hostelería y la cultura vallisoletana. Ha tenido un largo recorrido, pero simplificando, antes de ese establecimiento fue el responsable del CAFÉ ESPAÑA, donde sorprendentemente ofrecían conciertos cuatro o cinco días por semana. Hay que recordar que fue en ese establecimiento donde se grabó el último disco en directo del ILUSTRE Javier Krahe.
El Café España de Valladolid.
Cuando por discrepancias con el propietario de local tuvo que cerrar el Café España obtuvo la concesión del establecimiento mencionado en la Plaza Mayor de Valladolid.
Me había sentado en una mesa y cuando me bajo la cerveza Santi, me dijo que me sentara con él. Bombazo total. Cierra el próximo día 13 de mayo, festividad de San Pedro Regalado. Se jubila.
Voy a la almendra de la entrada. Mi madre, DOÑA MAGDALENA DE LA FUENTE DÍEZ, tenía una serie de referentes. El pan se compraba en el establecimiento x, la carne en el establecimiento y, la ropa de caballero en el establecimiento a, la de señora en el b, la de cama en el c y de esta forma tenía todo controlado en su cabeza. No había producto que no supiera asignar a un establecimiento.
Según pasaba el tiempo iban cerrando la tienda c o la x, y eso a mi madre la trastocaba. Tenía algo más de 90 años y buscar un proveedor de cualquier cosa diferente al que había tenido en los últimos cuarenta le descolocaba. El ultimo establecimiento que cerró y la confundió del todo fue la Mercería de Esperanza que estaba en la misma calle que donde vivía. No digo que fuera un establecimiento con productos maravillosos, pero era al que recurría mi madre para una serie de compras. Murió Esperanza y cerró. A mi madre la descolocó especialmente. Por cierto, los productos en la Mercería de Esperanza eran mucho más caros que en cualquier otro sitio. Era un lugar de referencia.
Pues eso me ha pasado hoy a mí, Santiago y el Café España fueron un referente para ir por la noche cuando pernoctaba en Valladolid, le reencontré en el Café del Teatro Zorrilla y hoy me ha contado que se marcha, que se jubila y que, además, de momento no queda nadie en su lugar. Está claro que en mi ciudad encontraré lugares para tomar una cerveza, pero me descoloca, como a mi madre, la desaparición de los lugares de referencia. Mi buen amigo Santi, comenzará una nueva vida. Me ha contado que de momento se irá a Bolivia con unos amigos y depende de como le vaya en aquel lugar, volverá, o no. Y se irá a alguna localidad interior de Málaga. Querido Amigo, nos veremos.
Imágenes del Café del Teatro ZORRILLA de Valladolid.
Estoy seguro de que a más de uno o una de vosotros y vosotras os pasaría lo mismo.
He ido a comer al Ángela, unos caracoles y unos callos y rápido al tren.
La comida en el Ángela de Valladolid.
Ya estoy en marcha nuevamente. Tengo previsto ponerme en marcha el próximo domingo. Tengo que aprovechar la época de más luz del año y tengo que evitar las fiestas de San Isidro que se celebran en la proximidad de mi casa.
Una vez que había dado una vuelta por A Coruña que sigue pareciéndome bonita, pero de la que tantas avenidas en pendiente y tanto edificio alto mi distancian un poco, pase a la fase final del día 29 de abril. Había caminado bastante por la parte próxima al mar y decidí parar a tomar una cerveza en las proximidades del hotel donde me alojaba. Lloviznaba un poco, pero tanpoco era trascendental. Concluida esa parte de la clásica ceremonia vespertina busqué en el señor google un sitio donde cenar y me volvió a recomendar el lugar donde había comido. Hasta allí me desplacé y estaba completo. La ventaja que tiene disponer de tiempo es que puedes esperar hasta que se queda una mesa vacía.
Parte de la visita de A Coruña.
Sentado en una mesa alta comprobé que además de la cocina que tenían dentro del establecimiento había un pulpeiro que situado en la calle preparaba las raciones de pulpo.
Me pedí una y constaté dos cosas, la primera que los tradicionales platos de madera en los que se sirve el pulpo son cada vez mas pequeños. La segunda que el pulpo estaba realmente delicioso. Manifesté mi aprobación por lo bien cocinado que me había parecido el pulpo y el pulpeiro se puso de charla un rato conmigo. Me reconoció que todavía tenía las ollas de cobre pero que cocinaba en las de acero inoxidable por alguna prohibición sanitaria sobre el uso de la olla tradicional.
Cena en A taberna do CUNQUEIRO.
Entre unas cosas y otras se me hicieron las once de la noche y me retiré hasta el hotel. Tampoco, pese a ser una zona bastante céntrica vislumbré que hubiera mucho ambiente. Estoy seguro de que mis sentidos, desarrollados en otra época de mi vida para encontrar la marcha de los lugares, se han atrofiado ante la falta de uso. Así que antes de las doce de la noche me acosté en A Coruña. La tarde y el principio de la noche había transcurrido entre momentos de claros y chubascos cortos.
En el amanecer del día 30 de abril, cuando me desperté y preparé las alforjas para emprender la marcha tuve la ocurrencia de mirar por la ventana, hasta ese momento como estaba en un cuarto piso de nueve veía gris el día, pero no me había percatado de que estaba diluviando.
Bajé tranquilamente a desayunar al bar más próximo al hotel y en los diez metros que había desde la puerta del hotel al bar, y pese a bajar con el chubasquero puesto, me empapé.
Como soy especialmente terco, sobre todo cuando estoy de viaje con la bicicleta, no había querido hacer caso a los dos señores o señoras del tiempo que tengo alojados en el teléfono. Llevaban mas de una semana diciéndome que en la zona de Galicia por donde yo me iba a mover la climatología indicaba que se producirían lluvias intensas. Que razón tenía yo para pensar que acertarían con sus previsiones. Solo la realidad me situó en la disyuntiva necesaría en ese momento. Seguía adelante y por tanto recorría todos los kilómetros que tenía como objetivo para ese y los siguientes días bajo la lluvía, me buscaba un alojamiento en donde estaba y esperaba tranquilamente en un hotel hasta que cambiara el tiempo o la que al final decidí tomar. ME RENDÍA y volvía a casa sin cumplir el objetivo marcado.
Obviamente, con la poca sensatez que debe quedarme, decidí que me volvía a casa. Y a partir de ese momento empezaron las dificultades para volver.
Primero pensé en mandar a Hortensia por una empresa de transporte y volverme tranquilamente en tren. Ya recogería la bicicleta el día 3 de mayo en Madrid.
Me puse en contacto con SEUR (que anuncian un servicio de transporte de bicicletas en su página WEB), y telefónicamente me dijeron que me costaba unos 120 euros el traslado de la bici. Me hicieron una confesión (supongo que bajo cuerda) que si lo contrataba en la página web me costaba la mitad. Pues a contratar el servicio en la página de SEUR. Seguía diluviando. Cuando me pregunta la página por las dimensiones del paquete y le decía el tamaño de Hortensia me indicaba que no estaban permitidos los paquetes mayores de un metro. Opción SEUR abandona a las 9:30 horas de la mañana.
Segundo movimiento, me voy en tren hasta Santiago, que siendo la capital de Galicia tendrá mejores comunicaciones que el resto de las ciudades de esa comunidad. Subí a la habitación, cargué con las alforjas y monté la bicicleta en posición de marcha.
Pese a ir pertrechado con todas las prendas impermeables que me había llevado, en el kilómetro y medio que hay desde el hotel a la estación, llegué con necesidad de cambiarme completamente de ropa. No lo pude hacer.
Conseguí un billete para la bici y para mi en un tren que salía de A Coruña hacía Santiago de Compostela a las once de la mañana. En la taquilla donde compré el billete para ese tren me dijeron que en ningún tren que realizara el viaje desde Galicia a Madrid se admitían bicicletas. Empecé a ponerme nervioso.
Descarté la opción correos, en un viaje anterior la empleada de correos De Santiago ya me había dicho que mi bici no cabía en las cajas que tienen preparadas al efecto y que por tanto no podían trasladar a Hortensia.
En ese momento se me ocurrió recurrir a una compañera y un compañero que tuve cuando trabajaba en Renfe y que todavía siguen en la empresa. Hicieron algunas gestiones y me aseguraron que en un determinado tren podía existir plaza para una bicicleta en ese día.
Al ir a montar en el tren camino De Santiago el paisano del escáner me dijo que llevaba bombonas de CO2 en la alforja y que no podían pasar. Otra pequeña dificultad. (Aclaración: las utilizo en vez de la bomba de la bicicleta).
Nada más llegar a Santiago me coloqué en la taquilla para sacar el billete en el tren recomendado por mis excolegas. Después de una buena medía hora de espera me toco el turno y la mujer que me atendió se lo curró maravillosamente y a las 12 de la mañana tenía mi billete de tren para la bici y para mí en un tren que salía De Santiago a las cinco menos cuatro minutos.
La compañera y el compañero con los que había hablado de Renfe hicieron algunas llamadas para que la “interventora” del tren no me pusiera ningún problema.
Resuelto el problema de la evacuación De Santiago. Había también consultado horarios y disponibilidad de plazas en los Alsa y hasta había mirado alquilar una furgoneta para hacer el viaje por carretera. Lo había mirado todo antes de recurrir a las amistades.
Podía dedicarme a otra cosa. Decidí ir a por las COMPOSTELAS que había ganado haciendo los caminos de invierno e inglés. Como ya, por experiencia, se donde está la oficina del peregrino me dirigí directamente al lugar.
Como siempre una visita a la praza del Obradoiro.
Tuve suerte, seguía lloviendo, por tanto, el número de peregrinos que se acercaban en ese momento era escaso y me atendieron rápidamente. Otra cosa fue que según ellos el camino inglés no lo había realizado como dice el señor Obispo y solo me dieron (me vendieron) una COMPOSTELA. Peor para ellos, el señor nuestro señor, como dicen ellos sabe que yo he recorrido bastantes Caminos y por lo tanto me llevará al cielo o donde le de la gana en su momento. Digan lo que digan los papeles que concede el obispado.
A la una en punto de la tarde estaba a la puerta del establecimiento donde pensaba comer. He llegado a un acuerdo con el dueño del lugar para no citar el nombre, me aseguró que no necesitan publicidad y a mi me viene bien que cuando vuelva a Santiago tenga un pequeño sitio en ese bar. El establecimiento me le recomendó Alba, pero de mi boca no volverá a salir el nombre del mismo.
Una ración de empanada de xoubas, una nécora y unas pocas cigalas fue la comida. Maravillosa comida.
Magnífica comida en Santiago de Compostela.
Ya tenía resuelto todo lo que tenía que hacer en Santiago y por tanto me dirigí hacía la Estación para tomar café y hacer tiempo hasta la salida del tren.
En el control de acceso se repitió un episodio que ya había narrado en un viaje desde Córdoba. Aplicando la “supuesta” normativa, hay que desmontar la bicicleta antes de pasar el control y luego arrastra la bicicleta y el resto de los bultos hasta la puerta del coche que te corresponde. Cargar en el tren la bici embalada, la rueda delantera por separado y en mi caso las dos alforjas, el casco y los guantes.
Los mesopotanicos cuando inventaron la rueda hace ya más de 6000 años ya sabían que cualquier elemento que lleva ruedas se mueve con más facilidad que aquellos que no las llevan. Al final, otra vez a sacar el carnet de Renfe para que me dejaran pasar. ¿No sería más adecuado que modificaran la normativa y se permitiera pasar con la bicicleta montada hasta la puerta del tren?
Desmonté la bicicleta la coloqué en el lugar procedente y me fui a sentarme al asiento que me correspondía. Pude leer y escuchar música con toda la tranquilidad que te proporciona un tren con niños, pero mucho mejor que seguir embarrancado en Galicia y con lluvia era.
Llegamos a Madrid – Chamartín Clara Campoamor a eso de las 20:30 horas. Monté la bicicleta y dejé pasar delante de mí a las personas que habian necesitado una silla de ruedas para desplazarse por la estación. Cuando vi que habian subido en el ascensor de la vía 15 me acerqué hasta el mismo con todo organizada para volver a casa pedaleando. Última dificultad del día, el “puto” ascensor funciona con llave y tienes que buscar al empleado o empleada que tiene la llave del ascensor. Lo resolví con bastante rapidez.
Saco varias conclusiones de todo lo contado. Que el día 30 de abril no era mi día, que los medios de transporte no están concebidos para la gente que hace el Camino De Santiago en Bicicleta y mucho menos en otros sitios y que es terrible tener que recurrir a las amistades para la cosa más normal del mundo. Es difícil rendirse en este mundo.
Y el PRIMERO DE MAYO en Madrid.
Hoy, pues como siempre que he podido, a la manifestación del PRIMERO DE MAYO. Sigue pareciéndome que la marcha se hace cada año mas lenta por la edad de la mayoría de gente que participamos en ella y que como el publico no se renueve en unos años nos llevarán a los participantes con andador. Allí he estado esta mañana. Y esta vez he dejado descansar a Hortensia.
Parte del recorrido realizado estos días por tierras de León y de Galicia
Anoche Ferrol estaba bastante cerrado. Pocos bares y restaurantes estaban abiertos.
Después de publicar la entrada correspondiente al día 28 de abril bajé a la zona de la plaza del Callao que es donde pernoctaba. Todos los lugares que había elegido el google maps para cenar habian echado su cierre y fue difícil tomar una cerveza y luego comer algo. Acabé en el caserio vasco donde por una alguna razón inexplicable no había cobertura. Dado que todavía no había hablado con Madrid estuve entrando y saliendo del local para hablar con Tere y con Alba. Ruth estaba en Córdoba y no era cosa de molestar.
Me metí para el cuerpo un caldo gallego y una brocheta de rape. Todo riquísimo. No esperaba tanto de ese establecimiento.
La cena en el caserío Vasco.
Ahora lo puedo contar. Mientras estaba en el hostal zahara de Ferrol, ambos días, tuve que dejar a Hortensia en la calle. El hostal no tenía ningún sitio para guardar la bici, la habitación estaba después de 30 escalones bastantes empinados y los aparcamientos subterráneos de la ciudad no admitían bicicletas en sus establecimientos. Obviamente no se lo conté a Tere. Seguro que habría tenido dificultades para dormir con Hortensia en la puta calle. Ciertamente he tenido suerte y nadie ha cometido ninguna agresión a la bicicleta.
He bajado con todos los empedimentos habituales y he comprobado que la bici estaba bien. Me he desplazado hasta el bar de la esquina, que anoche estaba cerrado y me he tomado el desayuno habitual.
La salida de Ferrol ha sido complicada, cada paisano al que preguntaba me indicaba un camino distinto y todo eran carreteras mas o menos desagradables para ir en bici. Un puente imponente para salir de la ría de Ferrol y muchas subidas y bajadas. Llegué a Puentedeume. En ese momento me acordé dos paisanos que habían dormido en la habitación 11 del Hostal Zahara, ellos tenían la intención de llegar hasta esa localidad en su camino hasta Santiago.
En el camino 1.
Como yo viajo por las carreteras no les he visto avanzar en su camino. Buen camino para ellos. El camino entre Ferrol y A Coruña, es muy reiterativo en las formas de su topografía. Subir bastante, bajar hasta donde estaban las distintas rías del camino y otra vez a subir hasta el siguiente monte del camino. Tampoco he subido tanto, un desnivel acumulado de novecientos metros. Lo podemos aguantar. Algunas fotos y sobre todo lo importante de todo jubilado, comprobar los boletos de la primitiva y el resto de mis aficiones ludopatas, he jugado a todo lo que tengo costumbre parando en el camino.
Si oís que le ha tocado a un Gallego el EUROMILLÓN de este próximo martes es mentira. Me abrá tocado a mí.
Deseé a la familia un feliz día a primera de hora de la mañana y cuando ya había recorrido una parte importante del recorrido me encontré con un whatsapp de Tere en la que me comentaba que ya había realizado las gestiones médicas previstas para el día de hoy y que seguiría de baja hasta el próximo día 9 de mayo.
También me contó que había hablado con nuestra amiga Belén de Bilbao y que le había informado de la muerte de su gato THOR. Estaba afectada por su desaparición. Recuerdo a THOR desde siempre. Se desplazaba nuestra amiga Belén desde Bilbao hasta Vera con el gato, el animal había recorrido cantidad de lugares. Debía descansar una. Un abrazo para Belén, Jose y Diana.
En el camino 2.
Seguí en el camino tal como tenía previsto. La entrada A Coruña es realmente desagradable. Un montón de autovías, que no son autovías, pero que los conductores de coches piensan que sí y te arrinconan todo lo que pueden.
Cuando he llegado a las proximidades de la ciudad he intentado apartarme de esas AC10, AC12 y todo lo que pudiera parecer una autovía. No lo he conseguido.
Al final he parado un rato y he realizado las preguntas oportunas. Un paisano me ha dicho que había un carril bici desde donde estaba a las proximidades del hotel. Menos mal.
Un recorrido fantástico por las próximidades del puerto de A Coruña. Un paisano en patinete eléctrico me ha ido guiando hasta donde tenía que salir del carril bici para llegar hasta el hotel. La habitación bien.
He dejado perfectamente guardada en un cuarto del hotel a nuestra buena Hortensia, he subido todas las cosas a la habitación y me ido a comer. Empanada, zamburiñas y navajas. Buena comida.
La comida de hoy.
La siesta bien. Acabo de escribir esta entrada y bajaré para ver la playa de Riazor y el resto del centro Coruñés.
Tengo tiempo. El cielo se está encapotando y me hace barruntar que el resto del camino se va a complicar. Dijo en su momento el Gran Capitán que no había preparado su flota para luchar contra los elementos. Tremendo error. Yo tampoco pensaba que me iba a encontrar con unas lluvías que no ayudan nada para andar en bicicleta.
Recorrido del día y un curioso lavabo en el lugar donde he comido.
En el camino, sin que se entere la Guardia civil de tráfico, he venido escuchando el programa Angels Barceló, cuando he oido a Pedro Sánchez me he quedado tranquilo porque se mantenga como presidente del Gobierno Progresista que yo defiendo. Y me he quedado muy preocupado porque no haya explicitado las medidas que va a tomar para evitar que siga existiendo el lodazal politico que permanente utilizan los politicos y políticas de la derecha para embarrar la vida díaria de nuestro país. Hay que ser más decidido. Entre todos lo conseguiremos. Creo.
Puede parecer que estaba recorriendo caminos De Santiago. Ayer, aunque fuera en autobús, concluí el camino de invierno. Llegué hasta Santiago procedente de Ponferrada. Había concluido el recorrido previsto en ese Camino De Santiago. Hoy pretendía comenzar el Camino Inglés. La verdad es que por donde he pasado no pensaban ese camino. He tenido dificultades para que entendieran mi objetivo. Debía ser una nueva extravagancia de marianoenbicicleta.blog.
Ayer cené razonablemente bien, faltaba la servilleta de hilo, pero el genero era de verdad bueno. Una necora de las rías y unas alcachofas con jamón.
La cena de anoche.Algunas de las fotos que ayer no pude insertar en la entrada. No estaban perdidas del todo.
Volví al hostal Zahara y me acosté bastante pronto, sorprendentemente hay una farola de la ciudad de Ferrol en la ventana del hostal. Hice como si no me molestara y me dormí. Hoy tenía previsto levantarme a las 6:45 horas, el tren salía a las 8:20 y no quería llegar tarde.
Como siempre me levanté antes de la hora y me enteré de los últimos timos por internet en el programa Código de barras de la Cadena SER.
Hice las tonterías habituales de las mañanas y a eso de las siete y media ya estaba en marcha camino de la estación. Pese a equivocarme un par de veces llegué con suficiente tiempo para coger el tren de FEVE. Solo había un pequeño problema, no había desayunado. Mi carácter estaba como siempre que no he desayunado, especialmente iracundo. Tuve mucha suerte. En el tren viajaban el maquinista, el interventor, un paisano que se durmió según se sentó el tren y uno que a falta de ocho minutos para la salida del tren apareció agobiado para entrar en el tren.
Un mar de nubes en el camino. Desde la ventanilla de FEVE.
Obviamente también viajábamos Hortensia y yo. No creáis que aunque tenga tanta practica en viajar me relajo en los trenes, además de los FEVE no conozco los recorridos por lo que siempre parezco un “perrillo” en alerta por si se me pasa la estación de destino. No dormí en el camino.
El interventor, cumpliendo su promesa, me aviso de la llegada a O Barqueiro. Yo ya tenía preparada a Hortensia para bajarnos del tren.
En el camino no se exactamente por que lugares pasamos, pero por la ventanilla del tren se veían unos bancos de niebla impresionantes por debajo de donde nosotros circulábamos.
En O Barqueiro el tren me depositó. Abajo se veía el mar y el pueblo pero no sabía como llegar hasta el lugar. Pasó una mujer que apenas veía y conseguí que me dijera como salir del lugar. No era fácil, además llovía. Me puse en marcha con el agua y empecé a subir una cuesta hasta lo que allí llaman la carretera general. Tras unos cinco o diez minutos de subida empezó una bajada maravillosa hasta el puerto de O Barqueiro. No me estaba produciendo ningún placer. Esa bajada me estaba explicando sin decirlo que luego la tenía que subir, y eso me gustaba menos.
O Barqueiro.
A medio camino hacia el puerto estaba aparcado un autobús, por el tipo de viajeros parecía un viaje del inserso, puede que fuera de cualquier centro de mayores de nuestra geografía, en cualquier caso todos y todas parecían de mi edad e incluso mayores.
Paré en el primer bar que había en el Puerto y solicité mis cafés para desayunar. Caraspe, la mitad de los viajeros del autobús del inserso se habían metido en el mismo bar. Se demoró el desayuno pero lo conseguí. Allí me contaron una nueva mentira, el camino hasta el faro de Estaca de Bares, una vez que se sale del pueblo era llano, mentira. Subí la cuesta que había bajado previamente y después hasta llegar al cabo de Bares había bastantes subidas, también algunas bajadas pronunciadas.
Llegué hasta la villa de Bares y salvo un magnífico cementerio no había nada en el pueblo. Ni un solo establecimiento. Subí hasta el faro que se supone que es el punto más septentrional de la península y desde allí otra vez a desandar el camino. Lo que habian sido subidas se convirtieron en bajadas y viceversa. Otra vez en O Barqueiro. No os engañéis, no bajé hasta el pueblo. Ya había tirado unas fotos y no era necesario insistir. Paré en un estanco donde no tenían mi tabaco, aproveché para jugar al EUROMILLÓN del martes. El premio es de más de 160 M€, una exageración. Paré también en un bar de la zona donde me tomé un café. Me atendieron correctamente pero en ese momento estaban todos preocupados por un pajarillo que se había golpeado contra el cristal del establecimiento. Seguro que consiguieron reanimarle. No esperé.
Estaca de Bares.
El camino siguiente fue como el anterior, subidas y bajadas y una buena carretera. Tampoco nada especial, algún pueblo sin demasiada animación y unos paisajes demasiado cargados de eucaliptos. Siempre merece la pena recorrer Galicia.
Montado en Hortensia estaba en auténtico sin vivir, intentaba llegar en la bici hasta el Ferrol o paraba en Ortigueira y esperaba hasta las 18:30 horas en las que la página web de Renfe me informaba que pasaba el siguiente tren con destino a esa ciudad.
Y las Hortensias no han florecido aún.
La batería la tenía al 60% y no sabía lo que quedaba de camino, todo indicaba que no habría novedades y tendría que seguir subiendo y bajando.
En Ortigueira, ya había estado una vez en el festival de música celta del lugar, lo primero que ví fue la estación de FEVE y sorprendentemente me indicó el factor de circulación que el próximo tren con destino a Ferrol pasaría aproximadamente (cito textual) a las 13:30 horas. No pude contenerme y le indiqué que no era la forma adecuada de informar. Los trenes deben pasar a una hora determinada. El, mucho más joven, y mucho más listo que yo me indicó que hay una hora de circulación y otra que se parece más a la real y que en este caso la hora aproximada eran las 13:30, dejé la bicicleta en la estación y me fui al bar que había en la calle de atrás para tomar una cerveza. Ya me indicó el factor de circulación que no volvierá después de las 13:25 horas. Acertó de plano.
El tren con destino a Ferrol llegó exactamente a las 13:30, que no era su hora pero era la que había deducido el empleado de FEVE que sería la adecuado para el paso del tren.
Preparé a Hortensia en el andén y nos montamos ambos en el tren. El maquinista del tren matinal venía de viajero en el tren, el interventor seguía trabajando. Que desigualdad.
Esta vez no conté los viajeros y viajeras del tren, no era necesario. En todo el tren incluyendo el personal de servicio no éramos más de diez.
Hice una tontería con la aplicación del reloj para controlar los recorridos en bicicleta y sorprendentemente funcionó. Todo el rato que estuve montado en el tren el reloj se creyó que seguía pedaleando y al final subió la media de lo recorrido a 25,9 km/h mientras que lo realmente pedaleado estaba en 17 km/h y en vez de figurar los 40 kilómetros que había recorrido en la bicicleta figuran 78,31 km. Que fácil es engañar a las máquinas.
Llegué algo antes de las quince horas a Ferrol y busqué un lugar donde comer. El primero me dio calabazas, el segundo me permitió sentarme en la terraza y comerme una de pulpo.
Volví al hotel y pese a mi desconfianza me había arreglado la habitación. He tenido que dormir la siesta para compensar el madrugón matinal.
Preveo que bastantes bares estén cerrados el domingo por la noche. Veremos donde cenamos.
Esta tarde no he puesto la radio, están con la cosa del fútbol y de momento no me interesan los acontecimientos deportivos de ese cariz. Sigo en tensión de como se resolverá la crisis provocada por los poderes facticos en la gobernalidad de nuestro país. Me sumo a todo lo dicho en el acto que se ha celebrado en el auditorio Marcelino Camacho de Madrid esta mañana. Mi sensación, en cualquier caso, es que la terrible tormenta que se produce dentro de la M30, es infinitamente menor en el resto del país.
Mapa de FEVE con los recorridos coincidentes con los caminos De Santiago.
Ayer, para ir a cenar, fue complicado. Llevando chubasquero y pantalón impermeable conseguí mojarme bastante en los 600 o 700 metros que había hasta el lugar donde cené. No era cosa de repetir en el Hostal. Por la noche lo mismo, las pocas veces que me he levantado a curiosear (y a ir al baño) he comprobado que seguía lloviendo. Y no era precisamente un “cala bobos”, era lluvía de verdad, de la que se necesita en muchos lugares de la peninsula, pero va y cae aquí, que es donde menos se necesita. Visto el panorama decidí hacer la última etapa del Camino de Invierno. Entre Lalín y Santiago sentado en un autobús. El primero (y no sé si el último) era a las 10:28 horas de la mañana.
Desayuné tranquilamente en el hotel (estaba incluido en el precio) y vi como los dos portugueses que llegaron ayer a la tarde en bicicleta se disponían a partir por sus medios. Yo no hice ni intento. Me sorprendió en cualquier caso la escasez de medios que llevaban, para protegerse de la lluvia habían adaptado unas bolsas de basura para la parte de arriba del cuerpo, el resto si protección. Esos si son atletas.
Me fui bajo la lluvía hasta la estación de autobuses y como es tradicional en mi llegué con una hora de adelanto. La de la cafetería no sabía los horarios y con unos peregrinos que habian decidido hacer un tramo en autobús llegamos a la conclusión de que podríamos coger un autobús que nos acercara hasta donde iban ellos y a mi a Santiago.
Me bajé hasta las dársenas de la estación y estaba intentando oír “el a vivir” de la Cadena SER. Era una forma de pasar el tiempo como otra cualquiera. En estas llego un paisano que se las daba de cosmopolita porque había vivido en Andorra y me empezó a dar la “chapa” sobre los políticos corruptos de este país. Si no hubiera seguido insistiendo es muy probable que le hubiera prestado alguna atención. Era manifiestamente “facha” y hoy, especialmente, no tenía el “chichi pa farolillos”. Me desentendí como pude de su insistencia.
Hago un paréntesis. Cuando vas de viaje solo te puedes encontrar con gente encantadora y que la charla que mantengas con ella te interese sobre manera, pero también te puedes encontrar con los “chapas” profesionales con los que además no comulgas en absoluto y te pueden dar la mañana. Acabo el paréntesis.
La cosa fue mejorando, bajaron a la zona de embarque los peregrinos con los que había hablado antes y se fueron sumando a ellos un grupo no menor de quince que habían decidido lo mismo que yo. Todos unos cobardes. Si ninguno o ninguna de los peregrinos somos “gremlins” ¿Qué problema había con mojarnos un poquito?
Todavía se me puso mejor la mañana cuando un responsable de la estación me presto toda la atención de mundo para que pudiera llevar la bici en el bus. Para que me echaran una mano para meter a Hortensia en la bodega del autobús tuve que solicitarlo expresamente. No parece que seamos especialmente solidarios.
El autobús fue haciendo infinidad de paradas hasta el final. En todas y cada una de las paradas fueron subiendo peregrinos que habían intentado hacer un tramo andando y habían comprobado las consecuencias de esa lluvía en su ropa, su cuerpo y sus pertenencias.
Algunos también fueron bajando donde tenían concertado el albergue y a esperar que mañana pudieran hacer el tramo que les falta hasta Santiago. Yo llegué hasta el final del trayecto.
La estación de buses De Santiago está mas o menos concluida, su unión con la de trenes es otra cosa. Hay que hacer alguna filigrana para llegar a coger los trenes.
El tren hacía A Coruña salía a las 14:10 horas y prácticamente no me daba tiempo a subir has la plaza del Obradoiro y volver. En la estación estuve como una hora y medía viendo como llovía, salía el sol y volvía a llover. Vamos Santiago en estado puro.
Ahora muy en serio. Si están haciendo una estación nueva en cualquier sitio (en este caso en Santiago) y tienen todo el andén para construir los ascensores que razón hay para hacerlos tan pequeños que no entren las bicicletas. No es una pregunta. Es un cabreo manifiesto.
Para bajar al paso subterráneo conseguí meter la bicicleta después de quitarle las alforjas y apretarnos un poco. Para subir en la vía 4 fue imposible. Tuve que quitar las alforjas, subir a Hortensia por la escalera mecánica y bajar a por las alforjas. Diez, quince, veinte centímetros más de fondo y los ascensores sería perfectos.
El tren circulaba con bastante ocupación, pero como tuve la suerte de que no había mas bicicletas hicimos el trayecto de forma muy adecuada.
Y llegó la apoteosis del viaje. Según llegué a la estación de A Coruña, me fui a la taquilla para sacar el billete hacia Ferrol y me indican que los trenes con ese destino no admiten bicicletas. Que conste que eso no lo pone en la página de Renfe, pero como tantas cosas.
Me cargué de paciencia, cruce al bar que había enfrente de la estación, me tomé una cerveza, me pedí un bocadillo de tortilla y un café y asimilé que no podía llegar en tren hasta Ferrol.
Otra vez hasta la estación de autobuses correspondiente, según llegaba al lugar anunciaban la marcha de un bus hasta Ferrol y tuve que esperar otra hora larga hasta que saliera otro vehículo. Menos mal, este era directo, y desde las 16:30 que salimos de A Coruña nos plantamos a la 17:15 en la estación de Ferrol.
Había consumido un día completo en distintos medios de transporte. Los billetes para los viajes por carretera me han costado cada uno 4,85€ y el de tren cero euros. En gasto no ha estado tan mal.
Para completar la jornada he ido a la estación de ADIF de Ferrol y me han indicado que los billetes de lo que en su tiempo fue FEVE solo se pueden obtener para el día del viaje. Pues mañana a madrugar un poco mas.
Lo del hostal Zahara ya es otra cosa. Te obligan a realizar el chequing con tu telefono, te dan la clave de acceso al hostal y a la habitación y resulta que no son correctas. La “puta” tecnología hay veces que se alía en nuestra contra.
Quiero ir mañana hasta el Cabo de Bares que se supone que es el punto más septentrional de la península y volver al hostal Zahara pedaleando. Veremos como nos acompaña el tiempo y las fuerzas.
Una vez narrado el periplo de hoy creo que tengo la obligación de irme a dar una vuelta y conocer algo de una ciudad que me había vetado conocer hasta ahora. Primero lo del nombre completo que arrastraba no me la hacía interesante y después por verla siempre muy en la esquina de la península y a la que tienes que venir expresamente, no te pilla de paso para ningún otro sitio.
Algo conoceré del Ferrol.
Por alguna anomalía en la forma de pasar las fotos del teléfono a la tableta no me permite pasar las pocas que he realizado hoy. Además he borrado (sin querer) algunas de las que he realizado en las distintas estaciones por las que he pasado. Hoy toca publicar SOLO TEXTO. Lo siento.